"A tu lado cambiaría de color"

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Los pliegues de las hojas se deformaban cuando le ponía presión con sus dedos para mantenerlos firmes, arreglando cuidadosamente cada hoja para que estuviera en un mejor estado.

La concentración era tal que ni el sonido de los empleados que cuchicheaban impactados de su estado, se atrevían a molestarlo; creían que si lo hacían, el trabajo con el que tanto esmero hacía, se iría a la borda.

Era un especie de fatalismo que lo dirigía directamente al unísono.

Onodera ordenaba el papeleo del trabajo que Takano-san le pidió con antelación, y como era de esperarse, él ejercía el labor con sumo cuidado y la mejor atención que pudo disponer para tenerlo presentable.

Él se fue vestido ese día de un traje color azul celeste, una camisa de Calvin Klein color crema, una corbata bien puesta del mismo color del traje y unos zapatos de vestir boleados que le hacían juego al atuendo; además, el día anterior se cortó el cabello, se hizo un ligero despunte, y se cambió del look, de modo que lucía jovial y atractivo.

Los cambios iban y venían, se desvanecían en un parpadeo y volvían con la misma intensidad que como desaparecían.

Nunca en su vida había estabilidad, mas que en el trabajo de editor.

Un editor terriblemente infeliz, pero sumamente dedicado y entregado al trabajo, como alguien que no tenía una vida interior desarrollada, quien no le quedaba más remedio que prestarle atención a las metas exteriores que se guiaban por motivaciones esclavizadas de la vida de un trabajador común.

Ojalá y su vida interior fuera tan desarrollada como la exterior, porque la exterior no le brindaba muchas satisfacciones en la vida diaria, ni cuando celebraba un logro, ese logro era momentáneo, pero la vida seguía avanzando y el ayer lo dejaba pasar.

Lo dejaba avanzar hacia adelante sin ejercer intromisiones por su cuenta.

Onodera no evitaba sentirse vacío por dentro, pero lleno de aportaciones exteriores; ni Takano se percató de su vacío interno, y juraba por todos los vientos que le amaba.

Cuánto fastidio le provocaba esos recuerdos nefastos.

Suspiró y siguió haciendo el trabajo a la perfección.

—Onodera— A la mención de su nombre, se puso de pie y sostuvo con cuidado el papeleo. Suspiró y comenzó a presentar el proyecto.

Quienes lo escucharon fueron Takano-san, Yokozawa y Hatori.

No le resultó novedoso saber que Yokozawa estaba en contra de su propuesta, y tampoco le impresionó que Takano lo defendiera y accediera a su propuesta, trayéndose consigo a Hatori, que no parecía tener mucha opción mas que aceptar.

Al finalizar la junta entre ellos, Takano lo intentó retener, pero él se rehusó, dándole la espalda con indiferencia.

—Tengo cosas qué hacer— Le dijo a Takano.

—Siempre tienes cosas qué hacer— Replicó Takano, en tono enfadado. —Acaso crees que te voy a creer?—

—No me importa si no me crees— Dijo Onodera, rechinando los dientes. —Sólo deja de molestarme—

Takano le puso la mano encima del hombro, y lo giró a su lado; Onodera se topó con los ojos color caramelo de Takano, quien lo observaba con recelo.

—No tengo tiempo para esto— Se zafó Onodera, quitándose la mano de Takano.

—Y cuándo tienes tiempo?— Inquirió, dando un paso en frente. —Últimamente has estado haciéndote cambios físicos, luego dices que no me amas, y después me desprecias— Volvió a dar otro paso, acorralando a Onodera en la pared.

Él al saberse acorralado, no quiso entregarse al pánico que sintió recorrerle la espina dorsal como un hilo muy delgado que estaba por romperse.

Le daba miedo que Takano le pusiera una mano encima, puesto que ya no sentía nada por él, mas que indiferencia.

—Estos cambios son para alguien más, no?— Le puso una mano en el cabello y vaciló con él, moviendo su textura entre sus largos dedos.

Onodera palideció del miedo, tratando de luchar contra el origen de su dolor.

—Ese silencio me dice que sí— Afirmó, poniendo semblante celoso.

—Cállate— Onodera dijo exaltado, dándole un firme empujón con ambas manos desde su pecho. —¡Ya me cansaste!—

—Me parece que—

—No hables más, Takano-san!— Ordenó Onodera, frustrado, jalándose los pelos. —Tus acusaciones, tu acoso, todo eso ya me cansó, deja de hacerlo por favor!— Suplicó. —¡Déjame vivir mi vida en paz de una buena vez!— Exigió, con la voz cortada. —No te necesito en mi vida, entendiste? Lo único que haces en ella es arruinarla— Lo señaló, con los ojos cristalinos. —Me haces sentir como un objeto que sólo lo manipulas a tu antojo y lo condicionas a comportarse a la manera que tú quieres que se comporte, pero ya no seré más ese objeto del cual puedes jugar, ya no!— Gritó encolerizado, una lágrima escapándose de sus ojos. —Estoy cansado de tus tratos, de tus manipulaciones, de todo eso que llamas 'amor', ese 'amor'— Entrecomilló con sus dedos. —¡No es amor, no es amor, no lo es! ¡Maldita sea! ¡No lo es! Eso no es amor! Es manipulación— Se jaló los cabellos, sacudiendo la cabeza. —No es amor— Soltó un sollozo adolorido. —No lo es, Takano-san, no es lo que yo quiero— Las lágrimas se escurrían por sus mejillas pálidas, en lo que Takano lo miraba boquiabierto; totalmente sorprendido. —Yo no quiero ese 'amor' que tú me das— Dijo con fuerza, saliendo corriendo de la sala de juntas, ocultando su rostro entre sus manos.

—¡Onodera!— Lo escuchó gritar, pero él ya estaba muy lejos para regresar a su lado, porque ya no lo haría.

Él ya había cambiado de color.


Corrió y corrió tanto como sus piernas le permitieron, los pulmones ardiendo y suplicándole poder respirar, las lágrimas se derramaban constantes desde sus ojos y no parecían detenerse pronto, puesto a que todo en él estaba peor que roto.

Había sacado ese dolor que tanto sentía en relación a Takano, despojándose de las ataduras y de la enredadera que lo unía a él por el menoscabo del tiempo.

Había roto eso que lo forzaba a regresar al pasado.

Tal vez el modo en que lo hizo fue poco ortodoxo y poco fiable para discutirlo, mas no por eso se le descartaba su valor como una alternativa para resolver las cosas.

Ahora que estaba libre del pasado, podía vivir el presente.

Se detuvo en el parque en donde todo comenzó, el parque donde conoció a Yukina hacía unas dos semanas, aproximadamente.

Respiró hondo y profundo, recuperando el color de su rostro, el color que perdió al ser acorralado por Takano, quien de seguro lo estaría buscando o lo que fuera que estuviera haciendo él. Ya no le importaba lo que hiciera él.

Cayó rendido en la banca, esparciendo sus piernas, dejando caer su cabeza en la repostera de la banca.

Soltó un ancho suspiro abrumado, apesadumbrado de ánimo para lidiar con el día a día.

Cerró los ojos, deslindándose de todo lo que lo ataba a la sociedad.

Al menos un rato para mí, se dijo convencido de que su pequeño momento breve de alegría lo sacaba de soslayo de la tristeza penetrante.

El momento de silencio no le duró mucho, porque una dulce voz lo sonsacó de su trance; se percató de que se avecinaba hacia él, o al menos hacia su dirección.

Esa voz cantaba "I was made for loving you" de Kiss en compañía de unos amigos.

Abrió los ojos de mera coincidencia y ahí lo vio: Yukina Kou caminaba con un grupo de amigos de los cuales iban cantando alegremente.

Un rubor apareció en sus mejillas, y el corazón le reaccionó en relación a la presencia de Yukina, que caminaba sin ninguna preocupación, derrochando alegría por todos los poros de su rostro.

Onodera cambió de color, un color distinto, un color especial que se veía visto reflejado en sus mejillas en cuanto sus ojos se posaron en la figura de Yukina, y la siguieron atentamente en la dirección en la que se iba.

—¡Esa canción me encanta!— Confesó Yukina, flagelándose en los oídos de Onodera como una melodía tranquilizante.

—Todo te encanta, Yukina— Su amigo le respondió quejumbroso.

Yukina simplemente se rió.

No había sentido un vuelco en el corazón tan intenso como en ese momento en que oyó a Yukina reírse.

Se suponía que él no debería de reaccionar así, se suponía que todo sería obscuro, se suponía… ya no le cabía la menor duda de que cambió de color justo cuando se forzó en no volver a enamorarse, pero ya era muy tarde, mucho muy tarde para volver atrás.

Él ya estaba viendo a una persona que lo hacía cambiarse de color. Una persona que con sólo poner un pie en la calle, el mundo cambiaba de color y las cosas a cobrar sentido para él. Un sentido único e inigualable, un sentido importante e influyente. Una fricción entre ellos que cambiaba y se flagelaba en dirección a sus sentimientos que crecían y no paraban de crecer, pues cambiaban de color.

Un color en torno al amor.

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P.D. Qué les ha parecido el capítulo? Intenso sí, pero ojalá y haya sido de su agrado.