Capítulo anterior.
Oigan, esperen… ¿qué pasará con los niños? Hiccup, debes llevar a Zephyr a la escuela, debes ir a trabajar.
—Y Heather en unas horas vendrá, Astrid tienes que aguantar, tienes que hacer entregas el día de hoy.
—Stormfly ¿qué parte de estoy agotada no entiendes? —replicó Astrid a medio camino de las escaleras, y siguió subiendo sin importar las críticas de su guía.
—Que Zephyr falte a la escuela, Toothless puedes cubrirme en el trabajo. —dijo el adormilado Hiccup en el sillón que ya se había abrazado a una almohada y cubierto con una frazada para dormir.
—Hiccup…—replicaría Toothless aquella orden, pero había sido demasiado tarde, su amo se había quedado dormido, y Hofferson se había escabullido en el segundo piso de la casa.
Los guías se miraron preocupados, a su manera de ver las cosas, los planes de sus amos no estaban funcionando, y eso, a ellos les estaba perjudicando.
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Capítulo 16.
Días desastrosos, días de cacería.
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Viernes 30 de noviembre 2018, 06: 35 a.m.
—Esto se está saliendo de control. —comentó el consternado Toothless aun sin poder creer que a su amigo se le hubiera hecho fácil dejarle toda la responsabilidad a él y a las guías.
—Te lo advertí Toothless, sabía que esto pasaría. —gruñó Stormfly furiosa.
—Pero… ¿qué podemos hacer? —preguntó Alúmini. —Lamentablemente para nosotros, ellos no durmieron en toda la noche, obligarlos a hacer sus quehaceres como quiera sería una estupidez.
—Entonces ¿cedemos? ¿Así de fácil? Si lo hacemos ellos nunca se harán cargo de sus responsabilidades y nosotros jamás podremos hacer nuestras vidas.
—Estoy muy consciente de ello Stormfly, créeme. —bufó la exhausta albina. —No sabes cuánto me ha afectado eso. —pensó viendo disimuladamente a su pareja.
—¿Y ahora qué? —preguntó Toothless.
—¿Toothless, Stormfly, Alúmini? — se escuchó de repente al pie de las escaleras.
Los guías resoplaron con cansancio al ver que Zephyr y Nuffink, ambos aún con sus pijamas puestas, eran ignorantes de lo que había sucedido con sus padres.
—Ni modo, creo que nos toca atenderlos. —susurró Stormfly entre dientes antes de cambiar su semblante a uno más amable, para que los niños no se preocuparan por la ausencia de sus irresponsables padres.
—Yo comenzaré a hacer el desayuno. —se rindió también Alúmini y se fue dejando solo a Toothless quien, aún pensante, no podía quitar la vista de su descuidado amigo.
—Y yo supongo tendré que hacer el resto. —dijo este en un resoplido, y rendido se dispuso a seguir a su pareja para ayudarle en lo que pudiera.
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Horas atrás.
Después de haber caído y escapado del ataque del perro del infierno, el par de hechiceros había quedado suspendido en la orilla de los fierros que comprendía una parte de las paredes del mirador. Astrid había enterrado a Sky entre la edificación para hacerla de su sostén, y con su otra mano sostenía la mano de su aliado.
Hiccup, al ver que no había alguna amenaza cerca, se concentró para crear una base por debajo de él, la cual estaba conformada por varios cuadros que asemejaban a un piso reluciente, donde ambos pudieron sostenerse para darse un respiro.
—¿Crees que se haya ido? —preguntó Astrid mirando hacia el vacío y tratando de percibir su presencia. —No puedo sentirlo.
—Ni yo tampoco. —comentó Hiccup preocupado. —No creo que haya huido, debe seguir por aquí.
Sin embargo, estaban buscando en la dirección incorrecta. Ambos estaban tan ensimismados buscando al animal por debajo de ellos que no se percataron cuando todo en el interior del mirador comenzó a oscurecerse por la sombra de una sigilosa y tenebrosa criatura de ojos rojos.
—Lo mejor es que bajemos y….
De repente, el cristal estalló por detrás de los hechiceros. El ataque había sucedido tan rápido y los había tomado desprevenidos que Hiccup perdió la concentración y el suelo de magia creado se desapareció, y ambos cayeron irremediablemente al vacío, teniendo a un enorme perro por encima de ellos.
Pese a las circunstancias, Hiccup y Astrid actuaron rápido. Ambos concentraron su egni en las armas y gritando los nombres de estas, las usaron como un propulsor destellante de fuego y luz que los condujo en dirección contraria a la caída y los impulsó justo al centro de la cabeza del animal.
—¡Hofferson, debemos destrozarlo por completo! —gritó Hiccup preparándose para dar la estocada final.
—¡No tienes que decirme, lo sé! —gritó esta, preparándose para enterrar su hacha en el centro de la cabeza del perro.
Pero estando sólo a unos escasos centímetros del animal, este desapareció en un parpadeo esquivando de esa manera el ataque.
Los consternados hechiceros apenas procesaban lo que acababa de pasar cuando el animal volvió a aparecer detrás de Hofferson.
—¡Cuidado! —advirtió Hiccup impulsándose con inferno hacia donde su aliada corría peligro.
Mientras que Astrid, sintiendo la presencia del animal, se movió lo más rápido que pudo para matarlo, pero nuevamente sucedió, el perro desapareció antes de que pudiera tocarlo con Sky.
Haddock detuvo su andar por el vacío cuando lo vio desaparecer, y rápidamente lo buscó con la mirada; sin embargo.
—¡Detrás de ti Haddock
La advertencia había llegado tarde, Hiccup sintió como aquel animal lo embestía por la espalda y lo hizo perder la magia de propulsión con la que se estaba suspendiendo en las alturas.
—Maldito perro. —gruñó mientras caía, teniendo aún al perro sobre él.
—¡Haddock, concéntrate! —escuchó de repente a su aliada por encima de él y del perro, con su hacha preparada para atacar también al animal por la espalda.
Era su oportunidad, también él se concentró para atacar en el momento adecuado y junto con su aliada hacer un sándwich de perro. Cuando llegó el momento, utilizó nuevamente su magia para impulsarse en dirección al perro, al mismo tiempo que Astrid estaba sólo a poco centímetros de llegar con ellos.
—¡Ahora! —gritaron ambos con sus armas puestas para encajarlas en el animal.
Pero de nuevo desapareció frente a sus ojos.
Tanto Astrid como Hiccup ahogaron un grito, al ver que ahora los blancos eran ellos, algo que trajo a ambos recuerdos del pasado, en especial a Astrid, quien rememoró no sólo en su mente sino en su cuerpo cómo era el ardor de las llamas de inferno, una sensación tan espeluznante que la hizo perder la invocación sobre Sky. Mientras que Hiccup, al ver la proximidad de su enemiga desapareció rápidamente a inferno para evitar nuevamente una tragedia. Sin embargo, debido al rezago del impulso de las dos armas, terminaron chocando entre sí, ella encima de él
—¡Hofferson, seguimos cayendo! —advirtió Hiccup sintiendo un extra de peso por tenerla encima.
Sin embargo, su aliada no respondió.
—¿Hofferson? —la zarandeó, pero esta no reaccionó y aún seguían cayendo. —Ay, no puede ser.
Viendo que faltaba poco para llegar al suelo, se concentró a cómo pudo para lograr una técnica básica que le habían enseñado en la academia.
—¡LEVITACIÓN!
Y como si fuera una ligera pluma, su cuerpo y el de su enemiga quedaron levitando a escasos centímetros del suelo.
—ay dioses, ay dioses. —repitió Hiccup una y otra vez con la respiración agitada.
Se reincorporó de su sitio y respiró hondamente una y otra vez, viendo atentamente a su alrededor. Había poca iluminación y no había ningún alma presente, claro que a excepción de ella. Tragando saliva, se sintió extraño de ver a su aliada enemiga, completamente inconsciente.
—Qué demonios. —bramó con su respiración más pausada. —¡Hofferson!
La acomodó a como pudo en su regazo y le dio unas palmaditas en las mejillas.
—¡Hofferson! ¡Hofferson, despierta!¡Despierta! ¡QUE DESPIERTES, MALDITA SEA!
Gracias a sus gritos nada delicados, la durmiente Astrid comenzó a abrir los ojos lentamente; sin embargo, al encontrarse con los ojos verdes de su enemigo, la hizo despertar de un sobresalto, y al ver la posición en la que estaba le hizo propinarle una cachetada.
—¡¿Por qué me pegas?! —se quejó Hiccup sobando su mejilla, al mismo tiempo que Astrid se levantaba tambaleante.
—¿Qué pasó? ¿D-d-dónde estamos? —preguntó abrumada pues en su convalecencia no había estado precisamente en el cielo.
—Que tonta eres, un cerberus loco nos acaba de atacar. ¿No lo recuerdas? —respondió este con fastidio y aun sobando su mejilla.
En ese momento, Astrid miró hacia lo alto viendo la estructura en donde minutos atrás habían sido atacados, luego miró hacia todos lados como si algo más le preocupara, una actitud extraña que no pasó por desapercibido para Hiccup.
—Oye… ¿Qué te pasa? ¿Sucede algo?
—Nada. —respondió esta calmando su ansiedad. —¿Dónde está ese maldito perro?
—No lo sé, si lo supiera yo…
De repente, un gruñido detrás de él, Hiccup resopló con cansancio al sentir de nuevo esa maligna y fastidiosa presencia.
—Está detrás de mí ¿verdad?...
Fue una larga noche.
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—Y eso fue lo que pasó, ese perro nos siguió burlando hasta que los primeros rayos del sol aparecieron, al parecer ese es su punto débil. —contó un descansado y relajado Hiccup.
Ya era de tarde en toda Berk. Los residentes de los alrededores que habían salido a trabajar por la mañana recién llegaban a sus casas. Heather recientemente se había marchado a la suya, después de un extenuante día de entregas en donde su compañera fue Stormfly debido a que Astrid no se había levantado en todo el día de la cama.
Mientras que Hiccup, para las 2 de la tarde ya se había levantado, y como había dejado a Toothless con la responsabilidad de hacerse pasar por él, se la pasó sin hacer nada el resto del día. Para no verse tan mal, ante la obvia y molesta Alúmini se ofreció a ir por Zephyr y por Toothless cuando llegara la hora de que ambos salieran.
Una vez que se reunieron todos en la casa, les contó los hechos para justificarse.
—Entiendo, amigo. —comprendió Toothless. —Pero lo que no entiendo es porque si ya habías descansado no fuiste a trabajar.
—Toothless, ¿qué iba a hacer en cuatro horas? Fue mejor así, además confío en ti.
El furia nocturna bufó disimuladamente, no quería reprender a su descuidado protegido en presencia de los niños, Alúmini y Stormfly, pero estaba muy molesto, ya que no le había ido muy bien de nuevo.
—Oye, ¿y qué hay de Astrid? ¿Cuánta energía gastó como para que todavía no se levante? —preguntó Stormfly muy seria.
—Eso no sabría decírtelo, tendrías que preguntárselo a ella. —respondió Hiccup haciéndose el desentendido. —Salvo por lo que les dije que de repente se desmayó, no pasó otra cosa.
—Pero Astrid ya está levantada. —comentó Zephyr que, hasta ese momento, sólo había estado escuchando atentamente la plática de los adultos.
—¿En serio?
—Sí, me pareció escuchar la regadera abierta en el cuarto de mis papás, creo que se está bañando.
—Ush… esa niña, iré a verla.
Levantándose de su lugar en la mesa, Stormfly acudió rápidamente al cuarto de su protegida, ciertamente preocupada por ella por aquel desmayo que había sufrido, pero también molesta con ella por no haber salido antes de la habitación.
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Mientras tanto, en el cuarto de baño, Astrid se encontraba sentada sobre la fría tina, mientras que el agua helada caía sobre ella. Totalmente desnuda, se mecía abrazada a sus piernas. Se sentía abrumada, desde el casi choque con la espada Inferno no había podido quitarse la sensación de estarse quemando por dentro, un indicio que ella sentía era un mensaje de lo que le esperaría una vez que muriera.
No era la primera vez que le pasaba eso, pero si la primera vez que la sensación le duraba mucho tiempo, por eso había optado por bañarse con agua helada esperando así poder quitarse esa sensación, que muchos también podrían definir como miedo.
—Astrid… ¿Te encuentras bien? —escuchó la voz de su guía.
Inconsciente de cuánto llevaba mojándose, se puso en pie para continuar con la rutina.
—Eh… sí. —cerró la llave de la regadera. —Ya salgo.
Completamente fresca, salió de la tina y se puso una bata de baño que la cubría de cuello a talones, así como otra toalla en el cabello.
Al salir del cuarto de baño, vio que Stormfly la esperaba sentada en la orilla de la cama.
—Y… ¿ya estás más descansada? —preguntó esta para hacer plática.
—eh… sí, dormí muy bien, perdón por no hacer nada en todo el día. —se anticipó a decir, mientras fingía buscar algo entre el tocador.
—¿Te encuentras bien? ¿No estás herida? —siguió indagando la guía.
—No, para nada.
Quitándose la toalla de la cabeza, tomó un cepillo para fingir cepillar su cabello.
—Te noto extraña.
La hechicera torció la boca molesta, pues Stormfly la conocía demasiado bien como para no darse cuenta de qué algo le pasaba; sin embargo, como no quería contarle acerca de sus temores, decidió ignorarla y seguir cepillando su cabello.
—Astrid…
—Estoy bien. —se giró para confrontarla.
Pero Stormfly no le creyó, todos los movimientos de su protegida le indicaban que algo más le pasaba, pues esta se aferraba a la bata de baño como si temiera a que se la quitaran. Como si algo ocultara.
—¿No te vas a cambiar?
En ese momento, Astrid se coloró y se aferró más a la bata.
—S-sí, pero…
—Pero ¿qué? ¿Es por qué estoy aquí? No es la primera vez que te veo desnuda.
—Sí, pero ahora es diferente. —le dio esta nuevamente la espalda.
—¿Por qué? ¿Por qué ahora me veo como un humano?
—¡Pues sí! Stormfly, me siento extraña. —la encaró Astrid viéndola a través del espejo. —Ya no soy la misma de antes, ni tú tampoco. —dijo con decepción.
La guía torció la boca, sintiendo algo de verdad en aquello, por lo que asintió y optó por no molestarla más por el momento.
—Está bien, me voy para que te cambies, y también quería darte algo. —comenzó a esculcarse entre los bolsillos de esa faldita con la que siempre vestía en su forma de humana. —Ten, es lo que se ganó hoy con lo de la cosecha y las entregas, Heather ya tomó su parte.
Astrid dudó en aceptarlo, ya que no se le hacía correcto tomar algo que no se había ganado con su esfuerzo; sin embargo, Stormfly al verla indecisa, tomó su mano y se lo entregó.
—Stormfly, es que, no sé… ese dinero…
—Es tuyo. Tú eres la encargada de ese invernadero, te lo ganaste, créeme.
—Pero…
—Pero nada, y prefiero dejártelo a ti que al idiota de Haddock, porque sé que lo usarás bien y a beneficio de esos niños, porque tú eres su mamá.
La hechicera rodó los ojos al ver que otro tema de conversación nuevamente surgiría.
—Aunque me pongas esa cara Astrid. —regañó la guía. —Eres la mamá de esos niños y la jefa del invernadero, a partir de este momento hacer prosperar tu negocio dependerá mucho de las decisiones que tomes, así como las que tomes para tus hijos.
Concluyendo de esa manera el sermón que la guía quería darle, salió de la habitación dejando a Astrid en las mismas, pues, aunque Stormfly parecía que se preocupaba por ella, las expectativas que tenía eran muy altas.
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Minutos después, la disfuncional familia se reunió para comer. La encargada de hacer la cena había sido Alúmini, pues Hiccup ya no se había ofrecido a hacer algo más después de haber recogido a Zephyr y a Toothless.
Los niños, como siempre, estaban bien dentro de lo que cabía. Zephyr se mostraba ciertamente feliz por todo lo que estaba aprendiendo en su clase de música, mientras que Nuffink sólo se dedicaba a hacer lo que un niño de su edad hacía: comer, jugar y dormir.
Mientras que los adultos, cenaron en silencio y tranquilamente o eso parecía, ya que la única que parecía estar apresurada en comer era Astrid, ya que fue la primera en terminar su platillo y en seguida fue a servirse otra porción.
—Oye… tranquila, se te va a atorar la comida. —dijo Stormfly sorprendida.
—Es que no había comido nada desde ayer. —respondió esta tratando de no hablar con la boca llena.
—Que bárbara Astrid, te vas a enfermar si no cuidas tu alimentación.
—Stormfly tiene razón. —opinó Alúmini. —Además si comes demasiado, tendrás problemas para dormir.
—Por eso no hay problema. —se entrometió de repente Hiccup. —La necesito bien despierta.
Tanto Astrid, como los guías y los niños, dejaron de comer al escucharlo.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Toothless temeroso de una nueva locura.
—Dah… es obvio, Hofferson y yo aún tenemos cuentas pendientes con ese perro, iremos a buscarlo.
—¿Saldrán a buscarlo? ¿en la noche? —preguntó Alúmini comenzando a frustrarse.
—Sí, ese perro no se aparece de día y además ¿qué quieren? ¿qué ese perro nos encuentre en este vecindario y ataque a los niños y a los vecinos?
—Pero… pero… ¿Qué hay de su trabajo? Aunque sea sábado también trabajan medio día… ¿cuánto tardarán?
—Lo que tengamos que tardar amigo. —trató de consolar Hiccup a su guía. —Creo que esto es de mayor importancia que lo otro ¿No lo crees Hofferson?
A la mencionada casi se le atora la comida en la garganta, y gruñó por sus adentros pues corroboró lo que le había dicho durante la madrugada, su enemigo la necesitaba para zafarse de sus guías, pero a la vez tenía razón, ya que no podían dejar suelto a ese perro loco por ahí.
—Astrid… es muy irresponsable. —opinó la guía de esta antes de que pudiera decir algo.
—Pero tiene razón, Stormfly. No estaremos seguros hasta que acabemos con ese perro.
—Trataremos de atraparlo durante la madrugada, cuando lo hagamos, todo volverá a la "normalidad". —prometió Hiccup haciendo unas comillas con sus dedos.
—Entonces ¿el "tío Tannlos" me llevará mañana a la escuela otra vez? —preguntó Zephyr.
—Oye… pero mañana es sábado. —reclamó el guía.
—Sí, pero tengo "clases" de dibujo hasta medio día. —disimuló la pequeña sus actividades
—No te preocupes pequeñita, Toothless con mucho gusto te llevará. —le palmeó Hiccup la cabeza comprometiendo de esa manera a su guía que quedó boquiabierto al ver la facilidad con la que su amigo se deshacía de sus responsabilidades.
—Astrid, ¿ya no vas a regresar? —preguntó Nuffink viendo preocupado a quien consideraba su mamá.
—Claro que sí. —le acarició esta su cabello. — Es sólo que Haddock y yo tenemos unas cosas que hacer. ¿Está bien? ¿Estarás bien?
El niño asintió con una sonrisa y se bajó de su asiento sólo para pedirle un abrazo, un detalle que Astrid no le negó, al contrario, se lo devolvió con mucho cariño.
Toda aquella interacción no pasó por desapercibido por los presentes, en especial por Hiccup, que sentía que su aliada se estaba sobrepasando con su papel de mamá falsa, y Zephyr quien, a pesar de querer mostrarse más indiferente con todo lo que pasaba y estarse preocupando por otras cosas, sintió un poco de celos.
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Más tarde, al punto en que los guías volvieron a sus formas originales, el par de hechiceros salió de la casa en dirección a la torre donde se habían enfrentado al animal la noche anterior.
1 de diciembre 2018; 03:30 a.m.
Nada, no había nada.
Hiccup y Astrid tuvieron que esperar en uno de los edificios aledaños, ya que la estructura debido a los percances de la noche anterior fue cerrada al público para ser custodiada por personal policiaco.
—Creo que ahí esta ese hombre Dagur. —observó Hiccup por un catalejo hecho de magia. —Será un problema si ese perro aparece y ataca a los que cuidan la torre.
—Sí. —respondió la indiferente Astrid sentada en la orilla del edificio.
—¿Sí? —imitó este su modo de contestación. —¿Qué te pasa Hofferson?
—¿Te importa? —respondió esta sin quitar su mirada del punto donde habían sido atacados la noche anterior.
—Me importa que estés concentrada, bastantes problemas me causaste ayer…
—No me desmayé toda la noche, idiota.
—No, por suerte no, y me intriga, ¿qué fue lo que te sucedió? No pensé que fueras tan débil.
Astrid bufó con aquella acusación y molesta se levantó para encarar a su enemigo.
—Fue sólo algo de vértigo ¿de acuerdo? Como si tú fueras perfecto.
—No, pero…
—Pero ¿qué? Haddock, como fastidias… si tanto te molesta, te dejaré hacer las cosas solo, no me importa, mejor me voy a la casa.
—Claro, para que vayas a jugar a la mamá con esos niños. —acusó este molesto.
—Yo NO juego a nada. —le aclaró lentamente y enrojecida por el coraje.
—Entonces ¿qué fue todo eso que tienes con Nuffink? ¿no ves que ilusionas al pobre niño?
—¿Te preocupa?
—Me preocupa que dependa mucho de ti, sabiendo que no lo cuidarás por siempre, porque no te crees ese cuento de que eres su mamá ¿cierto?
Astrid tragó saliva y no pudo responder.
—¿Hofferson? —exigió Hiccup su respuesta, empezando a temer por lo tardada que estaba siendo. —¿crees… que ese niño es tu hijo? —repitió.
—¡No es eso! —gritó esta enrojecida.
—¿Entonces? ¿qué es?
—Me preocupa nada más, es muy pequeño, me recuerda a mi hermano.
—Oh… ya veo. —musitó Hiccup calmando su nivel de histeria a la vez que recordó a los que se habían quedado en el mundo oculto.
—Y…
Se giró nuevamente a su enemiga, que parecía que guardaba algo más dentro de ella.
—¿Qué?
—No sé si decirte esto.
—¿Qué Hofferson? Ya empezaste, ahora dilo.
—Bueno es que…—bufó. —Estoy preocupada, Nuffink me dice que una sombra lo acecha en sus sueños…
—A ver ¡¿cómo?! —se sacudió Hiccup sintiendo una repentina preocupación.
—Sí, dice que una sombra se le aparece entre sueños, que no le permite moverse ni gritar. Dice que es totalmente oscura, que esta envuelto como en una especie de capa y flota acechándolo.
—Me suena a las pesadillas que describen en el libro de los guardianes, los que son vasallos de Pitch Black.
—¿Verdad que sí? —concordó Astrid. —Stormfly me dijo que tal vez eran sólo inventos de Nuffink, que sólo quiere llamar la atención por cómo nos comportamos.
Hiccup no supo qué decir, y bajó la cabeza sintiéndose un poco apenado, pero a la vez preocupado no sólo por Nuffink sino por lo que podría implicar que realmente estuviera viendo cosas.
—¿tú que crees?
—Yo le creo a Nuffink.
El hechicero sintió el corazón retumbándole en el pecho al escuchar la respuesta.
—¿P-por qué? —preguntó titubeante.
—Porque extrañamente al parecer yo lo he combatido en sueños. Haddock, me he despertado con Sky en las manos y… Nuffink… él me dijo que yo alejé a esa cosa con la luz que emite Sky.
Eso no lo esperaba Hiccup, quien tragando saliva no concebía que ese niño tuviera esa misma habilidad y lo que conllevaba.
—Haddock… ¿qué opinas?
—Eh… lo investigaremos. —fue lo único que alcanzó a decir. —Creo que echaré un vistazo por ahí, señaló del otro lado del edificio.
Astrid no comprendió el cambio de actitud de su compañero, pero al menos se alegró de que este la tomara en serio a diferencia de Stormfly.
Mientras tanto, Hiccup del otro lado del edificio trató de calmar el agitado latir de su corazón, que le decía a gritos que lo aceptara, que aceptara que Nuffink, aquel niño que pensaba no tenía magia, tenía una habilidad igual a la de él: la habilidad de ver a las "pesadillas" o sombras tenebrosas como él las había llamado, unas criaturas que todo el mundo oculto pensaba eran mitos, pero que él, siendo también un niño, había tenido el infortunio de conocer. Unas criaturas que lo acecharon durante sus primeros años de vida, hasta que llegó Toothless para protegerlo.
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El sábado pasó tranquilamente, ni Astrid ni Hiccup habían tenido un encuentro con aquel perro y al parecer tampoco se habían presentado incidentes por los alrededores. El resto del día se dedicaron a descansar, después de que Toothless terminó con sus actividades y que Zephyr regresó de los ensayos.
Para cuando la noche llegó el par de hechiceros salió de nuevo de cacería.
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Domingo, 2 de diciembre 2018.
Nuevamente no se registró ningún percance, después de haber vigilado durante toda la madrugada, Hiccup y Astrid volvieron a la casa al punto de la salida del sol. Ahora para todos los residentes fue la oportunidad de descansar de lo que se podría decir la semana más agitada de sus vidas o eso parecía, puesto que cuando llegó otra vez la noche, los hechiceros no perdieron el tiempo para salir de nuevo.
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Lunes, 3 de diciembre 2018.
La historia parecía repetirse, a excepción de que el malvado cerberus parecía haberse tomado el fin de semana libre, puesto que, apenas comenzando el primer día laboral, alborotó a los hechiceros con su presencia cerca de la comunidad en donde vivían.
Durante toda la madrugada los mantuvo ocupados, apareciendo y desapareciendo en una especie de juego del gato y el ratón, o como sentían los cazadores, del perro y de los hechiceros.
Por más que trataban Hiccup ni Astrid lograban atraparlo, y el perro en cuanto empezaba a salir el sol se desaparecía.
Mientras tanto, a los guías les tocó sufrir nuevamente la rutina que a sus amos les correspondía.
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Jueves, 06 de diciembre.
Cuatro días tratando de atrapar al cerberus y no había resultados.
En todos esos días, los guías se hicieron cargo de la casa y de los niños, pues Astrid y Hiccup llegaban demasiado tarde e iban directamente a la cama o sofá para dormir.
Despertarlos era difícil. Fácilmente Hiccup se quedaba dormido hasta después de medio día, y Astrid más tiempo que él.
Para cuando esta última despertaba ya no había mucho que hacer en la casa ni el invernadero, por lo que sólo se dedicaba a pasar un tiempo con Nuffink, quien era, a pesar de todo, el que más estaba apegado a ella. Mientras que Zephyr decidió concentrarse sólo en el próximo evento que se daría en unos días por lo que ocasionalmente trataba con los demás.
Mientras que Hiccup, a pesar de tener presente lo que Astrid le había contado, se mantuvo al margen y renuente a tratar demasiado con los niños.
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Miércoles, 12 de diciembre 2018.
Toothless estaba fastidiado, agotado y ciertamente decepcionado, su amigo llevaba más de una semana tratando de atrapar al cerberus, y él, había tenido que suplirlo en el trabajo.
Pero no era para nada fácil, todos los días lo regañaban por cualquier cosa, en vez de tener clientes felices se iban enojados con él, y no lo comprendía. Su jefe siempre lo sermoneaba y le hablaba de estadísticas y le mostraba gráficas; el dinero que recibió fue muy poco que ni siquiera se podría decir que recuperaban lo que habían gastado en la compra de los últimos víveres, y para colmo, Zephyr le había pedido dinero a Hiccup para un atuendo que llevaría para un evento y este con tal de quitársela de encima se lo dio sin ningún problema.
Sólo esperaba que su amigo atrapara a la criatura mágica lo más pronto posible o no sabría cuánto tiempo más soportaría.
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Viernes 14 de diciembre 2018, 04:15 a.m.
Era de madrugada, como en los días anteriores Hiccup y Astrid se encontraban persiguiendo al enloquecido perro que ya había llamado la atención con sus destrozos en varios sectores de la comunidad de Berk.
Cada día era un sector diferente, que había comenzado desde el centro de la ciudad y fue alejándose en dirección al sur. Previendo el siguiente movimiento del animal, Hiccup formuló un plan para atraparlo de una vez por todas, pero para eso necesitaba mucho del apoyo de su aliada que, aunque aun no lo soportaba, obedeció cada una de sus instrucciones, por lo que ahora él haciendo de carnada trataba de distraer al perro que lo perseguía en círculos por una colonia muy alejada a la suya.
El plan consistía en delimitar el área, hasta llevarlo a un punto de concentración donde se invocaría a una jaula mágica la cual tenía que ser fabricada durante la persecución, por lo que sólo esperaba la señal de su aliada, quien fue la encargada de poner unos pergaminos especiales en puntos específicos.
Cuando el momento llegó, Hiccup vio como un rayo deslumbraba desde la propiedad más alta de la colonia, señal de que Astrid había terminado de colocar los pergaminos, por lo que pausó la carrera que llevaba para hacerle frente al canino.
—Ha llegado tu hora, ¡Jaula de luz, aparece!
A su grito, el perro maligno inesperadamente se vio atrapado por varias columnas que se formaron alrededor del hechicero y de él, las cuales si se veía desde las alturas se podía apreciar que era en forma de una estrella de cinco picos.
El acorralado animal, trató de escapar, pero al tratar de traspasar por un espacio entre las columnas, fue repelado por una energía mágica que, aparte de no dejarlo salir, lo dejó mal herido.
—No podrás escapar, nadie sale ni nadie entra hasta que acabemos con esto. —desafió Hiccup maniobrando con la espada.
Ante la provocación, el herido animal se volvió hacia él furioso, y con ferocidad se lanzó hacia él mostrando todos sus colmillos encerados de saliva espesa.
Hiccup se posicionó con Inferno entre manos, esperando el momento adecuado, cuando de repente el perro desapareció frente a él como acostumbraba a hacerlo; sin embargo, después de días de estudiar sus movimientos, el hechicero ya tenía previsto el siguiente ataque, y siguiendo sus instintos, se agachó para luego dar un gran salto con inferno, con la que apuntó hacia el cielo.
El resultado: el cerberus terminó con la espada encajada en la garganta, momento que aprovechó Hiccup para incendiarlo y acabar con su esencia.
El perro irremediablemente cayó derrotado, y sus últimos momentos los vivió revolcándose en el suelo por el dolor.
—Hasta pronto maldito. —escupió Hiccup al suelo, no teniendo ningún tipo de remordimiento.
—No… cantes victoria… hechicero. —respondió el animal de repente.
Hiccup se sobresaltó y quedó boquiabierto al escucharlo. Por un momento pensó que estaba alucinando, pero, entre los delirios del animal que lo veía con profundo odio pronto comenzó a formarse una expresión que podría describirse como cínica, y de su sangrante hocico comenzó a escuchar una risita macabra.
—Tal vez me hayas… derrotado hechicero… pero tú… en realidad no… has ganado nada…
—¿Q-qué quieres decir?! —preguntó este intranquilo.
—Yo me iré… pero tú…volverás… volverás a tu vida… aburrida y rutinaria…que peor castigo para ti…—se burló el cerberus comenzando a desaparecer misteriosamente. —Pobre de ti… pobre…
Y desapareció.
El consternado Hiccup se quedó estático viendo solo los residuos de cenizas que habían quedado del animal. Lo había matado, de eso no le cabía duda; sin embargo, se mostró intranquilo por sus últimas palabras.
Tenía razón. Extrañamente lo consideró. Sin el cerberus acechándolos no había más motivos para salir de noche y desobligarse de sus tareas matutinas.
—Pero… pero ¿qué estoy pensando? —se sacudió confundido al mismo tiempo que la trampa mágica desaparecía de su alrededor, permitiendo entrar a la brisa que se llevó los últimos residuos del canino.
—¡Haddock! — escuchó de repente a lo lejos.
Era Astrid, que corriendo con Sky entre manos se acercaba a donde estaba él.
—¡Haddock! ¿qué rayos? La trampa se activó y ya no pude entrar ni ver lo que pasaba. —contó esta agitada cuando lo alcanzó. —Dime… ¿lograste acabar con él? Ya no puedo sentir su presencia.
¿Acabar con él? —repitió Hiccup en su mente lo que lo hizo recordar nuevamente las últimas palabras del cerberus.
—¡Haddock, despierta!
El hechicero se sacudió para borrar esas imágenes de su mente.
—¿Qué pasa? ¿Te hizo algo? —volvió a preguntar Astrid comenzando a preocuparse.
Entonces Hiccup la miró a los ojos, e inevitablemente no pudo evitar recordar el cómo ella interactuaba con los niños. "Obligadamente". Lo que lo hizo tomar una decisión.
—No.
—No… ¿no qué? —preguntó esta exasperada. —¿No te hizo nada o no acabaste con él?
—No acabé con él. —respondió el hechicero con más seguridad y evitando verla. —Lo siento, se volvió a escapar.
—Ush… ¡No puede ser! Dijiste que la trampa funcionaría, pero… pero ¡si era una trampa muy buena! ¿cómo pudo haber fallado?
—Pues lo siento, no funcionó, ni modo, creo que tendremos que seguir vigilando de noche.
—Ay no, me siento muy cansada. No es lo mismo dormir de día que de noche.
—Pues si quieres ya no me acompañes, yo puedo hacerlo por mi cuenta.
—Sí, claro… como hoy. —acusó esta con sarcasmo. —Pero olvídalo, estamos en esto juntos, Haddock, y hasta que no vea desaparecer a ese cerberus no descansaré.
—como quieras. —sonrió este fingidamente.
—Ush… ya es tarde, creo que es hora de volver a la casa.
—Claro, después de ti. —le señaló Hiccup el camino para que avanzara primero.
Haciéndole mala cara, Astrid se adelantó en dirección hacia donde habían dejado estacionado el auto. Mientras que Hiccup, se permitió dar un respiro cuando su compañera se alejó lo suficiente de él. La decisión que había tomado había sido precipitada, sólo esperaba que nadie lo descubriera pues de seguro tendría graves consecuencias, pero prefería mil veces jugar al cazador que a la casita.
Continuará.
¿Se supone que este sería corto? Pero como había dicho, ciertos eventos pasarían rápidos.
¿Qué les pareció la mentirijilla de Hiccup? ¿cuánto creen que afecte si lo descubren?
Comentarios:
Maylu: bueno ya pasó más tiempo, y lo bueno viene en el siguiente y en el que sigue a este, así que no te lo pierdas XD.
Vivi: sí, pero ahora queda la cuestión de si Hiccup arruina todo con su mentira.
Nina: Sí, algo. Pero siempre se puede retroceder otra vez. Pero son los altibajos que tendrá esta historia.
A los seguidores, anónimos y favoritos gracias por leer, nos leemos para la próxima. Saludos.
26 de enero de 2020
