15
Risas
Las risas de ellos
Sensuales y traviesas.
El malecón era cálido y la brisa del mar los golpeaba agradablemente, a pesar de que la tarde comenzaba a tiznar su atardecer. Aún era buena hora para seguirse divirtiendo antes de irse a continuar a un sitio más privado.
Giró sobre de su pasos y comenzó a caminar de espaldas. Sólo alcanzaba a ver cómo la enorme y mullida cabellera, negra y ensortijada, hacia desaparecer un tercio del cuerpo de Zephir.
—Dejen de besuquearse, por todos los dioses.
—¡He! ¿envidia? —comentó Enola mientras levantaba una ceja con gracia gatuna. —Si quieres puedo besarte a ti también.
—¡Ya quisieras!
—Cae mas pronto un hablador que un cojo —reviró el elegante pelinegro mientras abrazaba a Zephir y le daba otro beso en la mejilla.
—No lo digo por eso, vamos muy lento. Todavía tenemos que encontrar un sitio decente dónde comer y pasar la noche —se quejó Deathmask. —A menos que quieran que durmamos en la playa de nuevo.
—¡Ay no! —exclamó Dicro con cara de asco. —Yo no sé por qué la gente fantasea con tener sexo en la playa ¡pica horrible!
—¡He! No te escuché quejarte mucho mientras ocurría, y te veías deliciosa —le dijo él mirándola y aún caminando en reversa.
—¿En serio? —inquirió con ojos tiernos.
—Sí, lucias como un delicioso filete empanizado frito.
Por respuesta, ella le golpeó el hombro fuertemente, aún así él no perdió el paso ni un momento.
—¡Auch! Qué delicada.
—Se nota que ya tienes hambre —fue lo único que comentó ella mientras seguían avanzando.
Él le sonrió, sardónico, mientras un grupo de personas, en dirección opuesta, pasaba entre ellos sin inconvenientes. Para Dicro no pasó desapercibido cómo, de imprevisto, Deathmask trastabilló tan fuerte que necesitó girarse y caminar aceleradamente para evitar perder el equilibrio.
Ella, sin embargo, había sentido un escalofrío muy fuerte, como si hubieran abierto un refrigerador industrial de pronto, y el frío le golpeara su cuerpo caliente. Sintió las lágrimas saltar de inmediato a sus ojos, pero las contuvo a la fuerza, mientras lo alcanzaba para ver si podía ayudarlo a no aterrizar de cara al piso.
—¿Qué te pasó?
—¡Nada! Sólo soy un idiota y me tropecé con mi propio pie —trató de justificar.
Ella sabía que le estaba mintiendo, era la primera vez que veía que Deathmask mentía de esa manera. A él no le importaba nada ocultar sus errores, ¿por qué lo hacía ahora?
Deathmask notó su suspicacia y trató de evitar el tema, así que giró buscando a la parejita de lentos detrás de ellos.
—¡Hey! Aceleren el paso, si quieren coger, háganlo en el hotel —dijo sin observar antes qué pasaba.
Él y Dicro se detuvieron. Enola y Zephir les daban la espalda, mirando en la dirección en la que habían pasado las personas, quienes ya se habían perdido de vista. Estaban quietos, pero no era una quietud calmada. Estaban alertas, era extraño.
—¡Hey! ¿Están sordos o qué? —gritó de nuevo, pero esta vez Dicro le pidió que guardara silencio, no con palabras, si no colocando un dedo frente a sus labios, con una expresión casi aterrada.
Ella se acercó rápidamente, Deathmask la siguió y alcanzó a escuchar un "oh, no" muy preocupado de su boca. Cuando llegó con ellos observó con desconcierto: ambos tenían los ojos con la pupila alargada, la expresión estaba atónita y era pesada, como si hubiesen comido algo asqueroso y estuvieran tratando de pasar el bocado o escupirlo sin vomitar.
—Muchachos, ¿me escuchan? —les decía ella mientras tocaba sus mejillas y trataba que volvieran a mirarla a los ojos.
Ambos parecieron reconocerla, la miraron pero comenzaron a llorar con una expresión de rabia.
—Oh, dioses —exclamó tratando de mantener la calma.
—Huele a carne, Carys —le dijo Enola.
Deathmask logró ver que ya le habían crecido los colmillos en la boca y el verde de sus ojos brillaba como lo hacen los ojos de las bestias en la oscuridad.
—Carne y sangre... —terminó.
—Metal —murmuró Zephir con los bellos ojos azul hielo relumbrando igual. —Por todas partes... frío y ardiente...
Ambos se tomaron la cabeza como si estuviera a punto de estallarles y se contrajeron, como si les hubieran golpeado en el estómago.
—¡Lo veo dibujado en mi cabeza! —murmuró Zephir con exhalaciones de ira y esfuerzo. —Piel y huesos... ¡y sangre! ¡En todos lados!
—¡No puedo!, no lo soporto... ¡Ese olor! ¡Piel apenas tocada por el sol! —gritó Enola, tirando violentamente de su ensortijado cabello, como si ese dolor sirviera para borrar lo que estaba viendo. —¡No puedo! ¡NO PUEDO!
—¡Basta! ¡Ya basta! —rogaba o exigía Zephir mientras se enmarañaba la cabellera.
La chica de cabello vino invocó los guanteletes de su ágape y tomó de los hombros a ambos.
Desaparecieron en un momento ante los ojos de Deathmask. Él no tardó en entender lo que pasaba: Dicro los había cruzado a los tres al plano astral para que nadie los notara. Él decidió no cruzar, pero abrió su sexto sentido lo suficiente para poder ver lo que pasaba en la dimensión.
La agonía de los muchachos duró algunos minutos más, mientras gritaban cosas que le costaba entender, y entonces observó la transformación de ambos bacantes: cómo las orejas se volvían caninas, cómo las manos se hacían garras, y terminaron transformados en un enorme lobo negro y un zorro mediano de intenso cabello rojo, brillante, como hecho de cristal vivo. Ambos salieron corriendo con rumbo incierto, sin que la muchacha pudiera detenerlos.
Ella hizo brillar su cosmos y, al instante, aparecieron otros dos Erotas de Tréla, con las ágapes brillantes como gemas, oscuras, pero no tan atornasoladas como la de ella.
—¿Nos has llamado?
—Sí, Enola y Zephir entraron en Bakcheia por un rastro impuro, síganlos. Ya saben qué hacer.
—Sí, mi señora.
Ambos expandieron las bellas alas negras de sus ágapes en sus espaldas, y salieron volando rápidamente en la misma dirección. Dicro se abrazó aún con los guanteletes puestos, con una expresión agónica. Fue entonces que Deathmask la alcanzó en el plano astral.
—Qué sexy te viste dando órdenes a dos hombres arrodillados —comentó él mientras se acercaba con las manos en la cadera.
—¡Qué metiche eres! —dijo mientras hacía un mohín de molestia.
—¡Vamos!, no puedes culparme, eso fue demasiado extraño.
—Tenía tiempo sin pasarles.
Ella se retiró los guanteletes y volvió al plano común, con él siguiéndola.
—Vamos a buscar qué comer y dónde dormir. Hay que tenerles un sitio listo para que lleguen a descansar.
—¿Cómo se supone que sabrán dónde estamos?
—Seguirán nuestro aroma.
—¿Ellos pueden hacer eso?
—Sí, de hecho, eso fue lo que los puso así ahora.
Ella no explicó más en ese momento, pero algo en la mente del italiano lo entendió de pronto.
—Fue la persona que se cruzó, ¿cierto? La que apestaba a fosa común.
Ella abrió los ojos atornasolados, impresionada.
—¿La oliste también?
—¡Dioses, no! sólo eso me faltaría. Digo apestar figurativamente —contestó con cara de asco. —Yo tengo el sexto sentido limitado casi todo el tiempo, si no, no podría vivir en paz, pero a veces... —se detuvo a mirar en la dirección a donde esa persona, fuese quien fuese, se hubiera ido.
Había visto a varios del grupo irse juntos en taxis, otros se habían ido caminando a la estación del ferry.
—Cuando es muy fuerte no puedes evitarlo —completó ella la idea. —Nosotros los Erotas hacemos lo mismo, percibimos las emociones y necesitamos hacerlo o enloqueceríamos, pero es imposible cerrar el sexto sentido del todo. Por eso te tropezaste ¿verdad?
—Bueno, si —dijo con hastío, odiaba tener que admitir que sus dotes como médium seguían siendo un lastre a pesar de ser un Caballero Dorado. —Pero no puedes culparme, esa persona traía a toda una morgue encima. Sentir la presencia de los espíritus atormentados de sus víctimas es desesperante.
—No pensé que alguien como tú diría eso.
—Yo tengo a los espíritus capturados en los muros, ahí no me molestan y los manipulo a mi gusto. Además mis espíritus no son... como esos —se detuvo a contemplar el atardecer un momento y Dicro se detuvo con él. —Hay algo que no entiendo. Nosotros también lo sentimos, pero sólo ellos perdieron el control, ¿por qué?
—Porque son bacantes.
—¡Argh! ¿Esta es otra de esas cosas dionisiacas que no puedo saber?
—No, esto sí puedes saberlo.
—¿Entonces? —el italiano alzo una ceja, esperando la explicación.
Ella respiró resignada y comenzó a explicarle mientras seguían caminando a la zona de restaurantes.
—El pueblo báquico forma parte de la naturaleza misma, por esa razón sus 5 sentidos físicos están potenciados a niveles enormes.
—Eso no es nuevo, cualquiera que eleva el cosmos mas allá de lo común potencia también sus sentidos físicos.
—Pero no como los seguidores de Dionisio. El pueblo báquico tiene los sentidos más desarrollados que cualquier criatura del planeta. Ven a kilómetros mejor que águilas, corren más que guepardos, y huelen con una precisión que parecería imposible. Recuerda que toda información percibida por los sentidos es transmitida al cerebro a través de los nervios. Por eso nuestros recuerdos se activan con aromas o sonidos, o vemos imágenes y somos capaces de activar sensaciones como el hambre o el frío. El cerebro lo arma todo y nos lo proyecta claro como el día. Y ahora, teniendo eso presente, ¿qué crees que pasa en el cerebro de un ser que puede captar tanta información con sus sentidos físicos así de abiertos?
El canceriano lo examinó detenidamente, y la resolución en su cabeza fue aterradora.
—Ellos… lo ven —murmuró atónito. —Ellos pueden armar las situaciones en su cabeza.
—Sí, y mientras más fuerte el estímulo que perciben, con más exactitud lo recrean.
—¿Estás diciéndome que ellos pueden preconcebir el pasado mas probable ocurrido de acuerdo a lo que perciben sus sentidos?
—Sí, así como tú lo estás diciendo. Por eso son hedonistas, los estímulos placenteros son mil veces mas fuertes para ellos, por eso disfrutan cosas tan simples como el calor de un atardecer o el color de un arcoíris. Por supuesto, igual que nosotros con nuestro sexto sentido, ellos limitan sus 5 sentidos para poder coexistir sin inconvenientes, pero cuando el estímulo es demasiado fuerte no pueden evitarlo.
Ahora Deathmask lo entendía perfectamente, una persona con tantas almas inocentes pegadas no era normal, y por supuesto, alguien con esa capacidad asesina sin duda cargaría con el olor de sus crímenes. Eso era lo que percibían Enola y Zephir, por eso los volvía locos. Para ellos era como estarlo viendo mientras ocurría. Hizo una rememoración rápida de lo que habían dicho, ¡de todo!, y de pronto un escalofrío le recorrió la espalda
—"Piel apenas tocada por el sol", eso fue lo que dijeron. Por eso salieron corriendo. Se referían a que las víctimas eran muy jóvenes, ¿verdad?
Dicro apretó las manos con furia.
—Yo misma hubiera ido con ellos, pero me hicieron prometer que jamás los vería en ese estado, ni cómo hacían justicia con sus propias garras.
—Van a matar al responsable —no era una pregunta.
—Y lo disfrutarán mucho; lo cazarán, lo acorralarán, lo harán pedazos del modo más lento y doloroso posible, y los Erotas que envié se encargarán de que el asunto luzca como un incidente trágico pero accidental. Dejaran pistas para que los crímenes sean descubiertos, y los cuidarán hasta que vuelvan en si.
—Mencionaste que entraron en bakcheia. ¿Qué no se supone que la bakcheia es la locura ritual dionisiaca?
—Vaya, veo que lo conoces.
—Apenas, lo estudiamos con Shion hace mucho tiempo, no recuerdo demasiado. Además, podrás imaginarte que al Patriarca de la Orden de Athena no le interesaba mucho que la futura Élite Dorada estuviera mucho en contacto con los desenfrenos de Baco.
Por un rato interrumpieron la conversación mientras buscaban dónde comer y dormir. Para su buena suerte, había un hostal agradable y de buen tamaño que también contaba con un restaurante, y luego de calmar su apetito pidieron una habitación para 2 parejas con, obviamente, sólo dos camas. Ellos dormirían en una y dejarían la otra para los muchachos. El hostal parecía ser un negocio familiar, y cuando pidieron a un asistente que ayudara a "los novios" a subir sus cosas a la habitación, ambos se miraron y rieron con complicidad.
No eran novios, pero les divertía que lo pensaran, y lo permitían porque les evitaba gran cantidad de preguntas. En realidad a ellos no les importaba mientras los dejaran coger en paz. La habitación miraba hacia el mar en una dirección y hacia las calles de la pequeña ciudad en otra, cuando Dicro lo notó respiró de alivio.
—Aquí nos encontrarán fácilmente, y haber pedido la habitación con balcón servirá. Habrá que dejarlo abierto toda la noche hasta que lleguen.
Aquello trajo a Deathmask de nuevo a la realidad. Era bizarro pensar que, mientras ellos dos iban a pasar la tarde tranquilamente teniendo sexo, ellos se iban a dedicar a cazar.
—Aun no entiendo por qué entraron en backheia por un asesino —comentó mientras que la alcanzaba en el balcón. La noche ya comenzaba a caer y daba una vista un poco bíblica, apocalíptica seria tal vez mas adecuado decirlo.
—El pueblo báquico, igual que los animales, tiene un profundo sentido de comunidad. Se protegen entre si como una manada, y la mayoría de las razas de criaturas mitológicas son el fruto de las relaciones entre humanos y seres divinos. Por eso nos aman como amarían a cualquiera de su misma especie. Somos también parte de su manada. Y como en cualquier manada, cuando un depredador hace o busca hacer daño, defienden a los suyos destruyendo a los que los amenazan. Por eso aborrecen los crímenes de lesa humanidad.
—Es extraño que defiendan a la humanidad matando personas, ¡digo!, no es como que me moleste, yo lo entiendo, pero se trata de mi, ¿no se supone que el deber del Tíaso de Dionisio es traer alegría al mundo?
—No lo estás entendiendo, la responsabilidad del Tíaso de Dionisio no es sólo dar alegría, también es liberar a las criaturas del dolor y de la pena, darles esperanza para seguir viviendo más allá de las dificultades y tragedias. Ellos pueden ver en la noche mas oscura, ven luz donde sólo reina la penumbra. Cuando ellos entran en bakcheia, como lo han hecho hoy, es porque la "persona" que detectan ya no es mas una persona, ya no hay luz en su corazón, ni una poca. Gente así, ya no la perciben como perciben a un humano o a un animal, la perciben como a un monstruo. Por eso no pueden evitar cazarlos y detenerlos, por que aman al mundo demasiado para dejar que esos monstruos sigan trayendo dolor y caos, no cuando ellos aman que los seres vivos sean felices —Dicro volteó a mirarle, sus ojos amatista atornasolados brillaban extraño con el reflejo de luz sanguinolenta del atardecer. —Ellos jamás podrían ignorar el llamado a proteger a los suyos. Jamás lo harán.
Santuario de Athena.
Presente. 3:33 am
Una brillante estrella cruzó el firmamento en plano descendente, con una luz tan intensa que llamó poderosamente la atención de Dohko. El Anciano Maestro iba caminando, de madrugada, hacia el templo principal, cuando aquella chispa extraña se perdió en un segundo de su vista.
—Qué extraño presentimiento —se dijo mientras analizaba lo que había sentido al ver el cometa.
Mas de dos siglos y medio le habían enseñado a ser observador y a prestar oídos a sus intuiciones. Aquella estrella había dejado a su paso una estela de angustia, como un llamado de atención a algo que podría pasar, pero no anunciaba aparentemente un peligro inminente, así que luego de unos minutos, cuando estuvo seguro que nada iba a pasar en ese momento, afianzó el canasto de mimbre que llevaba al hombro y continuó su caminata hasta arriba.
Cuando llegó, todo estaba tranquilo. Los guardias de ronda nocturna estaban despiertos, pero todavía espabilaron mas la espalda cuando lo vieron acercarse. Algunos comentaron al maestro que Shion estaba ya dormido y que lo anunciarían, pero Dohko, cuando escucho sus palabras, sólo rió, divertido:
—¡Son muy ingenuos, queridos muchachos, si creen que Shion está dormido! —los guardias lo miraron confundidos mientras lo dejaban pasar al pasillo que daba a la habitación de Shion.
Mientras tanto, Deathmask abrió los ojos abruptamente. Se desperezó de la cama, estaba sudando, la posición de la luna revelaba que estarían en la hora mas profunda de la noche, pasadas las 3 de la mañana seguramente. Se sentó en la cama y se tomó la cabeza. Aquello, más que un sueño, había sido un recuerdo.
Había soñado con un recuerdo de aquellos tiempos cuando comenzaba a salir con Dicro, Enola y Zephir a divertirse, cuando comenzaba a entender los misterios detrás del comportamiento báquico. Pero, había sido demasiado real, en verdad había transportado su mente a esa época. No recordaba quién era y que eso había sido un sueño hasta que, mirar los ojos de la joven de cabello vino, le había generado un paradójico y aterrador deja vú.
"¿Por qué? ¿Por qué eso precisamente vino a mi cabeza?" se decía mientras se tomaba la frente, y luego se volvía a girar a la cama con hastío. "Creo que masturbarme pensando en ella ya me está haciendo daño".
Trató de dormirse de nuevo, pero no pudo. A pesar de que se convencía de que lo que había soñado era sólo producto de sus desahogos antes de dormir, algo en su mente lo molestaba, insistiéndole en que aquello no era normal.
Se sintió de pronto asustado al no entender lo que podía estar pasando detrás de aquel sueño. Servino, quien había detectado su malestar, había despertado y acercado a la cama, donde recargó la cabeza en la orilla y le clavó la mirada, como preguntándole si estaba bien.
El canceriano le acarició las orejas y quiso decirle que se encontraba bien pero no pudo, se le atoraba la frase en la garganta, así que mejor optó por no decir nada y permitir, por esa noche, que el animalito subiera a su cama y durmiera a su lado.
Sólo así logro volver a dormir.
