Resultó fácil encontrar a Menma. Envió otro diablillo para guiarla.

La criatura repulsiva de piel verde insistió en que se pusiera un amuleto para verificar y asegurarse de que estaban solos, insignificante magia que hizo a un lado con facilidad.

Sonriendo a la criatura de alquiler, dijo:

—Es un poco viejo para mí. Lléveme con tu empleador.

La ruta los llevó en círculos serpenteantes que le hizo querer sacudir al diablillo con impaciencia. Como si una capa tan débil detendría a un rastreador dedicado. Cuán poco sabía Menma.

Llegando horas más tarde al almacén vacío en el lado mortal, casi se rió del clásico escenario. ¿Tenían que pasar todos los hechos infames en un área remota en la noche? Aunque, teniendo en cuenta lo que quería hacer después del rescate, sería adecuado para su propósito porque el fracaso no era una opción. Salvaría a Naruto. Enviaría a Menma y a su madre de vuelta al infierno. Y después, haría lo más peligroso de todo; le daría a Naruto su confianza.

Una vieja familiar le recibió en la puerta, Mei, seguía llevando su atuendo medieval que consistía en un vestido negro y mantilla de encaje. Pero Hinata no tenía tiempo que perder con la amargada mujer.

—Así que la puta se presentó. Ve a decirle a mi hijo. —La matrona ordenó al diablillo.

Hinata canturreó unas palabras y agitó su mano. Encerrando al diablillo en una burbuja antes de que pudiera dar la alarma, sonrió ante el rostro sorprendido de Mei.

—Se supone que no eres capaces de hacer eso. El contrato dice… —balbuceó la matrona.

Hinata sonrió lentamente.

—Lo que pasa es que, alguien más asumió el control de los términos. ¡Sorpresa!

—Men…

Hinata rápidamente tejió un segundo hechizo y lanzó un cono de silencio alrededor de Mei antes de que pudiera terminar su grito.

—Normalmente, me quedaría y te torturaría yo misma —dijo—. Pero, tengo a un demonio que rescatar. ¡Oh, Kushina! —De las sombras detrás de ella, envuelta en el manto por la magia de su viaje, la madre de Naruto apareció.

—¿Es ella a la que le gusta jugar con fuego? —preguntó, refiriéndose a Mei con ojos rasgados, amarillos.

—Síp. Ella es también la que está tratando de hacerte perder tu apuesta por mantenernos a Naruto y a mí separados.

Tomando una postura mientras se acercaba, los ojos de Kushina se iluminaron con una violenta locura que Hinata encontró entrañable. Ahora aquí estaba una suegra que podría querer.

—Nadie se mete con mi bebé.

Con la boca abierta en un grito inaudible, Mei se giró para correr, pero no podría escapar a una madre inclinada al castigo. Hinata movió sus dedos despidiéndose mientras Kushina acechaba más allá de ella con su premio.

—Sólo recuerde llevarla de regreso a la prisión antes de la hora del almuerzo para que Naruto no tenga por qué pasar por la barbacoa otra vez.

Una demencial risita fue la respuesta de Kushina, con Mei escondida bajo un brazo, saliendo en la dirección del portal.

Una condenada alma abajo, sólo queda uno.

Tomando una respiración profunda, Hinata entró en el edificio abandonado.

Tiempo para rescatar a mi demonio...

Ser casi humano apestaba demasiado. ¿Cómo lo soportaban? Naruto se preguntó mientras tiraba de la cuerda que ataban sus muñecas. Cuerdas, de todas las cosas, manteniendo a un demonio de su calibre cautivo. Bueno, por lo menos los próximos minutos. Casi se había deshecho del nudo que lo ataba.

Debería haber leído la letra pequeña. Ansioso de ahorrarle a Hinata el dolor de su maldición, en realidad no hizo más que rozar el documento que Jiraiya redactó. Firmó su nombre con sangre y se felicitó a sí mismo por hacer lo más romántico que había hecho nunca. Pero, parecía que no sólo consiguió la totalidad del juego-de-fuego del problema diario, también había heredado por completo la debilidad al igual que un imbécil humano cuando las almas implicadas en la maldición estaban alrededor.

No es que eso importara al final. Aunque sus poderes de demonio fueron retirados, y sólo tenía su fuerza regular y el ingenio para ayudarle, Naruto pretendía prevalecer todavía.

En realidad, no podía esperar a tener su puño reuniéndose con la sonrisa de Menma.

Su molestia con el otro hombre se debía muy poco a la captura innoble de Naruto después de dejar la casa de su madre, perdido en sus pensamientos.

Una víctima de una emboscada estúpida de una docena demonios, a quienes haría que se los trajesen cuando regresara al infierno. Entonces, ¿qué si llevaban un rencor porque había dormido con todas sus novia en el pasado?

No era su culpa que no pudieran satisfacer a sus damas.

Pero eso no fue lo que le hizo enojar.

Oh no, finalmente había confrontado al imbécil de cabello oscuro con la cara bonita que no sólo tocó a su bruja en el pasado, también se había atrevido a lastimarla.

Él lastimó a mi Hinata. Y eso era algo que no podía tolerar. Vengaré a mi bruja.

Hablando del rey de Roma, Hinata debía haberse preguntado a dónde se había ido él. ¿Creía que la había abandonado después de conseguir que admitiera que lo amaba? Mierda. Esperaba que no. Había luchado por esa declaración.

Nada ni nadie lo arruinaría.

—Ya veo que todavía estás atado —dijo Menma pasando la mirada con una burlona sonrisa—. Demasiado para tu reputación como un gran demonio feroz. Tengo que decir, no veo tal cosa.

—Eso es porque no buscas lo suficiente —replicó Naruto—. Porque todo es acerca del tamaño.

— Hinata nunca se quejó cuando tomé su virginidad. Era como una gata en celo.

—¿Virgen? Tú nunca me dijiste que era una virgen —chilló una voz femenina.

Con un suspiro de fastidio, Menma se volvió hacia una mujer vieja.

—Y qué si la desfloré. Todavía era una bruja. Y me hechizó.

Mei frunció los labios.

—Voy a volver a comprobar las puertas. No confío en estos barrios mágicos que compraste de ese proveedor. —La matrona se alejó dejando a Naruto solo con el objeto de su molestia quien comprobaba su reloj otra vez.

—No creo que Hinata estuviera tan impresionada con tu habilidad en el dormitorio. El tiempo casi se acaba y ella todavía debe hacer algo para salvarte.

Bueno, al menos eso respondía a una pregunta. Hinata sabía que él no saldría corriendo hacia ella, y él la azotaría si se ponía en peligro tratando de salvarlo, ya que significaría ponerlo en ridículo ante todos los demonios.

—Libéralo o verás.

Naruto gimió mientras no pudo evitar imaginar las burlas que tendría que soportar. ¿Qué hombre se permitía ser salvado por su mujer?

—¿Qué estás haciendo, Hinata? Tengo esto bajo control.

—En serio, porque desde aquí parece que estás todo atado.

Ella entró en el campo de visión con una sonrisa fresca, con un traje que se vería mejor en el piso.

—Bah, como si algo como cuerda podría contenerme. —Él tiró sus brazos separándolos y le mostró sus manos libres, un momento antes de que un punto afilado se pegara en la parte posterior de su cuello.

—¡Muévete y él muere! —gritó Menma.

Ladeando la cadera y cruzando los brazos, una sonrisa cruzó los labios de la bruja.

—No lo creo. Ese demonio me pertenece, y lo prefiero en una sola pieza. Así que, aleja la daga antes de que te lastime. O no. Pero entérate de esto, si incluso apenas lo rasguñas, me aseguraré de que tu regreso al infierno sea aún más doloroso.

—Sabía que te importaba —exclamó Naruto.

—Al parecer, la locura en tu familia es contagiosa —respondió secamente—. Además, ya me obligaste a admitir que te amaba. Como tal, me di cuenta de que no podría dejar exactamente que Menma te matara. Eso es un placer sólo mío.

—Dices las cosas más dulces —bromeó Naruto.

—Pero mi sabor es aún más dulce —lanzó descaradamente de regreso.

A pesar del cuchillo en su garganta, Naruto se endureció al recordar. Es hora de terminar con esto.

—¡Basta! —gritó Menma—. Consigue que Lucifer me deje ir o tu amante aquí lo paga.

¿Había el pequeño bastardo interrumpido a él y a su bruja mientras admitía públicamente que le importaba? Oh, diablos no.

Naruto dio un codazo, se giró, luego se agachó mientras agarraba la daga que Menma empuñaba. Lo torció a la espalda del alma condenada y lo puso de rodillas.

—Lo siento, mi pequeña bruja. ¿Estabas diciendo algo sobre placer y tiempo a solas?

Sus labios temblaron y la alegría brilló en sus ojos.

—Debí dejar que te matara.

—¿Pero entonces a quién amarías y adorarías por toda la eternidad?

—No tienes que seguir diciendo eso.

—Oh sí tengo. Y porque pareces tener problemas en creerme, incluso conseguí el contrato para probarlo.

—¿Tú, qué?

Menma eligió ese momento para retorcerse y gritar obscenidades. Naruto le frunció el ceño.

—Estaba en medio de algo.

—Las interrupciones son tan groseras —estuvo de acuerdo cuando se acercó a su lado—. Estaré para verte más tarde, Menma.

—Ambos lo estaremos.

—Y hasta que podamos llegar y te agradezcamos que nos reunieras, he enviado mi gatito para darte la bienvenida en tu celda. Él ha estado esperando conocerte.

Naruto se echó a reír. Ahora había una bruja que encajaría perfectamente con su familia.

Hinata marcó a Menma y ni siquiera se molestó en ver como el hombre que había pensado una vez que le importaba, quien la lastimó tanto, desapareció.

Eso alivió el corazón de Naruto al ver que Menma no significaba nada para ella. Menos que nada. Pero la forma en que ella miraba hacia Naruto... le robó el aliento. Detuvo su corazón.

En sus ojos, pudo ver el miedo, pero también el amor. La necesidad. Era hora de demostrarle, que para él, ella lo significaba todo.

—Antes de que me bañes a besos por salvarte…

—Creo que se podría decir que jugué una parte.

—No cuando yo relate la historia, tú no. Pero podemos discutir sobre eso más adelante, desnudos... Como decía, tengo algo para ti.

Naruto sacó una hoja de papel de su bolsillo trasero y lo desplegó. Inicialmente se había preocupado de que fuera a ser demasiado corto. Pero como Jiraiya le aseguró cuando hizo el contrato y lo vinculó, entre menos cláusulas pusiera, más resaltaría su promesa. Entregándoselo a ella, esperó. Nerviosamente cuando no dijo ni una palabra. Casi se lo arrancó de las manos. Luego se tambaleó hacia atrás cuando ella se arrojó hacia él.

Yo, Naruto, el demonio más impresionante en el Infierno, declaro amar a la bruja Hinata, con temperamento fogoso y todo, por una eternidad. Nunca me desviaré. Nunca traicionaré su confianza. Nunca haré nada para causarle dolor sobre la pena de muerte permanente.

Esto lo juro en sangre, Naruto

Un simple contrato, con su misma falta de cláusulas y sub elementos, la asombró.

—¿Tanto así me amas?

La miró con incredulidad en el rostro.

—Por supuesto, te amo mucho. ¿Habría hecho todas las cosas que hice si no lo hiciera?

—Bueno, estás relacionado con una loca.

—Sí y tal vez es una locura de mi parte que te ame, pero lo hago. ¿Crees que cualquier mujer me inspiraría lo suficiente como para asumir una maldición sangrienta y dolorosa? ¿O soportar el hecho de que tiene un gigante gato come demonios? Sé que tienes problemas de confianza, y que yo no podría haber llevado la clase de vida que inspira confianza, pero te mostraré que puedes creer en mí. Quiero que me ames.

—Sé que lo haces. Y te amo. Sólo por ti vengo al rescate usando nada para cubrir mi trasero.

Sus cejas se dispararon.

—¿Viniste a combatir en una falda sin ninguna ropa interior?

Un lento asentimiento fue su respuesta.

Él sonrió, luego frunció el ceño.

—No harás eso de nuevo. ¿Sabes cuántos demonios viven en el alcantarillado y habrían podido mirar bajo tu falda? No los tendré mirando lo que es mío.Pensándolo bien. Tira a la basura toda tu ropa interior. Encabezaré la purga en las alcantarillas yo mismo así puedes pasear por allí con tus partes femeninas descubiertas para mi disfrute.

—Estás loco. —Se rió ella.

—Loco de amor por ti —estuvo de acuerdo—. Pero te advierto, que vamos a tener que cenar con mi loca madre por lo menos una vez al mes.

—O más a menudo. Me gusta bastante tu mamá. Tiene una manera refrescante de ver el mundo.

—Oh mierda. No me digas que ya se está pegando —gimió, mientras la tiró en sus brazos. Ella se acurrucó contra él. Aquí era donde pertenecía.

Pero ella tenía una pregunta.

—Como mi nuevo... ¿Cómo debería llamarte de todos modos? ¿Novio? ¿Demonio con el que duermo?

—Los siguientes términos son aceptables para mí. Tuyo. Pareja. Marido. Divino catador de tu…

Ella golpeó una mano sobre su boca.

—Me quedo con pareja.

—Y yo voy con mi súper, sexy, tócala y muere, fabulosa puma, bruja patea culos.

—Te reto a que grites eso cinco veces seguidas sin tropezar.

Él hizo que su incredulidad saltara a la vista.

—Te lo dije, tengo una lengua muy ágil.

—Lo recuerdo.

Chico, ella siempre lo hacía, así como lo hacía su coño.

—Entonces, ¿hay alguna razón de que estemos todavía en el plano mortal en lugar de volver a tu casa y follar como animales salvajes?

—¿Por qué esperar? No vine vestida así por nada. Y no veo a nadie alrededor. —Ella le lanzó una sonrisa tímida.

—Malvada bruja —gruñó.

—No, esto es malvado. —Empujándose lejos de él, se dio la vuelta y se inclinó, con las manos apoyadas en sus muslos. Lo miró fijamente sobre su hombro. La ardiente mirada en su rostro hizo que su corazón latiera a la carrera.

—Tú traviesa, traviesa bruja. ¿Qué voy a hacer contigo?

—¿Follarme?

—Definitivamente.

—¿Hacer que me corra?

—Obvio.

—¿Amarme?

—Por siempre y para siempre.

Y entonces él estuvo en su interior, acariciándola con su dureza, llenándola, tocándola, murmurando las palabras que se permitió abrazar. Llegaron juntos en un estallido explosivo, vinculados para siempre por el contrato, la elección y sobre todo el amor. Un demonio y su bruja, juntos, para siempre.

~Fin~