Disclaimer: los personajes de Stephenie Meyer y la historia de mi calenturienta mente.

Capítulo Beteado por LuluuPattinson :3

Gracias a Mary de Cullen, Krisr0405, Maria, Mela Masen, Miss C, Kimmy, Tary Masen Cullen, Nadiia16, Andy55TwilightOverTheMoon y andreasotoseneca por sus reviews a lo largo de estos one-shots. También a todos esos reviews anónimos, y a mis chicas silenciosas :)


Edward POV

- ¡Amor, ya llegué! – Anuncié entrando por la puerta de casa batallando con las cajas de pizzas que traía para cenar - ¿Amor?

- En nuestro dormitorio – me gritó mi mujer, así que decidí subir para allá, antes dejando las pizzas en la cocina.

Isabella Swan y yo llevamos casados unos 7 años, desde los 19. Sí, sí, una locura pensaréis. Pero lo nuestro fue amor a primera vista, aun ambos teniendo pareja estable. Nos conocimos en una discoteca, acabamos teniendo sexo en mi Volvo esa misma noche y una semana después habíamos dejado a nuestras respectivas parejas y nos habíamos fugado a Las Vegas a casarnos.

La mayoría de nuestro pequeño pueblo nos trató de locos y excéntricos, pero desde que posé mis ojos en ella supe que estábamos destinados a vivir juntos, y ella piensa lo mismo… Y aquí seguimos, felizmente casados. Con nuestros altibajos pero… felices, que es lo importante.

Me encontré a mi esposa en un sexy negligé negro, admirándose desde todas las perspectivas en nuestro gran espejo de cuerpo entero barroco. Y me quedé echado sobre el marco de la puerta apreciando cómo ella se observaba a sí misma, mi pequeña luchadora.

Pensaréis… ¿Tantos años y aún sin hijos? Pues sí, y no porque nosotros no queramos tenerlos. Hace más o menos un par de años mi esposa sufrió un embarazo ectópico que derivó en una operación de urgencia y casi perderla… Y nos negamos a sufrir todo eso de nuevo. Nos costó meses de terapia para ambos poder tener sexo sin miedo a que fallen nuestros métodos anticonceptivos y volver a dejarla embarazada. Nos han asegurado que es muy poco probable que vuelva a repetirse pero… Aún no estamos preparados.

Notó mi presencia cuando me acerqué para admirar cómo ese minúsculo tanga negro realzaba su magnífico culo y dio un respingo.

- ¿Cuánto tiempo llevas ahí? – me dijo acusatoriamente

- Lo suficiente para darme cuenta que estás buenísima – me acerqué a ella para devorar esa pequeña boca que cuando se envuelve en mi polla me hace alucinar.

Me encanta follarla desde todas las posiciones y ángulos posibles… Pero el sexo oral viniendo de ella es indescriptible. Y con alguien observando… Lo mejor.

No… No somos voyeristas. Simplemente disfrutamos del sexo con otras personas. En ocasiones practicamos el poliamor con otras personas, como por ejemplo relaciones de tres o cuatro personas pero últimamente estamos cerrados en nuestra burbuja marital desde que ocurrió lo del embarazo ectópico.

Me aparta de un empujón juguetón y se pone su bata de satín negra que no cubre ese hermoso culo y baja al salón.

- Oh… Señor Cullen, y yo que hoy iba a ser su sirvienta y cocinar para usted con este negligé – me dice decepcionada al entrar a la cocina.

MI – ER – DA. Ya estoy duro de pensarlo. Jugar a la sirvienta y el amo de la casa es uno de nuestros juegos favoritos. Bien parece que nuestra racha apagada tras el fatídico incidente se acaba. Mi yo interno baila de felicidad.

- No se preocupe, señora Cullen, que será sirvienta para fregar todo después de comer – le anuncio, y da saltitos de felicidad.

Nos sentamos a comer y a conversar de cómo había ido nuestro día. Yo soy médico de urgencias y ella recepcionista del hotel del pueblo. Me está contando lo aburridísimo que ha sido su turno de mañana mientras una idea surca mi mente.

- ¡Mierda! He tirado mi servilleta al suelo – exclamo y me agacho para recogerla debajo de la mesa. Desde aquí, tengo la vista de ese delicioso coño totalmente depilado cubierto por el triangulito del tanga y me acerco sigilosamente hasta que lo tengo justo enfrente. Puedo percibir que mi esposa está totalmente excitada porque con ese atuendo se siente sexy y poderosa, y no hay nada que me guste más que una mujer segura de sí misma.

Paseo mi lengua por uno de sus muslos y puedo oír cómo su aire se atora en la garganta debido a la sorpresa.

- Ya decía yo que tardabas mucho en coger la servilleta – se ríe entre dientes disfrutando mis caricias.

- Lo iba a hacer… Pero me he encontrado un delicioso coño en la búsqueda y me lo voy a comer – declaro para justo después recorrer con mi lengua todo el tanga y hacer que se tenga que agarrar a la mesa. Empieza la fiesta, nena.

Bajo bruscamente el tanga, ella se recoloca sobre la silla y lleva sus manos a mi pelo para guiar mis movimientos, algo que me encanta. Ella, tan demandante como siempre, empieza a marcar el ritmo de cómo quiere las lamidas y yo como buen sumiso, me dejo a sus órdenes.

Cuando siento que está muy cerca del clímax llevo mi boca hacia su clítoris, lo rozo con mis dientes para hacer que se corra sobre mi boca y quede desmadejada sobre la silla. Pero aún no ha terminado la cosa. Salgo de debajo de la mesa, recojo su cuerpo laxo y nos siento en el sofá, ella sobre mí. Rápidamente agarra mi cara y me besa furiosamente y con prisa. Quiere correrse de nuevo, y yo necesito descargar o mi pene explotará en breves instantes. Mientras me besa quita mi camisa casi rompiendo los botones en el proceso y, una vez que lo ha conseguido, va hacia el botón del pantalón. Me hubiera gustado más lento, pero está muy caliente y quién soy yo para hacerla enfadar.

Baja mis vaqueros furiosamente hasta mis tobillos y con ellos mis bóxers. Se llena las manos de saliva y, una vez hecho esto, las enjuga por mi miembro hasta que está a su gusto. Mientras tanto, le ayudo a dilatar el ano adentrando uno de mis dedos en su cavidad, y una vez acostumbrada a la intromisión, le introduzco otro más… Y así hasta 4, que es más o menos el tamaño de mi miembro.

- Déjalos ahí – me ordena mientras ella misma se mete mi pene en la vagina. Y yo obedezco silenciosamente.

Comienza a saltar sobre mi miembro y veo las ganas que tiene de correrse rápidamente cuando sus saltos son casi frenéticos y me tiene al borde. Con mi mano libre, voy hacia su clítoris y le doy pequeñas pulsaciones, como a ella le encanta. Unos momentos más así hasta que ambos nos corremos gritando en la boca del otro y nos dejamos caer sobre el sofá.

Soy consciente de dos cosas.

Una: es el polvo más salvaje que hemos echado desde hace mucho tiempo.

Dos: me acabo de correr dentro de ella. Después de meses de miedo a esto… La acabamos de cagar rotundamente.

- Bella – la llamo, porque ahora mismo está acurrucada sobre mí casi dormida – amor… Lo siento, me he corrido dentro de ti. Ha sido sin querer…

- No pasa nada, amor. Estoy tan saciada ahora mismo que no me importa – me acalla – Sé un buen esclavo y llévame a la cama – me ordena.

¿Y quién soy yo para desobedecer esas órdenes?

Cuando voy a meterme en la cama Bella ya está medio dormida, pero se despierta un poco cuando la abrazo por detrás. Gruñe.

- Lo siento, amor… Pero sabes que amo dormir así. – Le digo besando ese punto debajo de su oreja que tanto le agrada… Y con el gemido bajo que se le escapa sé que me ha perdonado.

Se gira para mirarme.

- Oye… He estado pensado que hace mucho que no estamos con otras personas – me dice seria.

- Pues sí… Echo de menos ver cómo se la chupas a otro, o te ponen en cuatro para follarte – le digo, y de pensarlo ya corre la adrenalina por mis venas.

Se ríe porque sabe que ya estoy medio excitado solo de pensarlo.

- El sábado salimos a tomar algo y vemos qué pasa – me dice mientras veo cómo su mano se dirige a mi miembro erecto. Me hace cosquillitas y suelto una risita por el contacto.

- Ahora… también pasará algo… - le sugiero mientras la ponga boca arriba y me subo sobre ella.

- Por supuesto – me dice, empezando a bombear mi miembro.


Después de una cena romántica en un restaurante italiano, mi mujer y yo nos acercamos a la discoteca Night Fever, la única con ambiente liberal más cercana a nosotros. Decidimos pagar un poco más y pasar por la zona VIP, ya que tiene más privacidad por si hoy tenemos suerte y nos llevamos alguien a casa con nosotros, o si nos da el calentón y no podemos esperar ni siquiera a llegar al coche.

Primero nos quedamos un rato en la zona de pista, bailando al ritmo de la acalorada música. Mi mujer es la lujuria personificada en ese minúsculo vestido granate pegado a su cuerpo, que hace que se le marque hasta la tira del tanga que lleva puesto… Que por cierto no he podido observar por ser una sorpresa. Sube los brazos, contonea las caderas, baja los brazos por su cuerpo… ¡Oh, oh, oh…tranquilo, amiguito! No te pongas totalmente erecto aún que la noche es muy larga.

Pasamos a tomar unas rondas de chupitos de algo que no sabemos ni qué es pero nos hace tener más ganas de bailar y aún más desinhibidos. Soy consciente de que una chica rubia nos mira desde lejos y se está mordiendo el labio inferior, por lo que decido acercarme para ver si quiere pasar un rato agradable con nosotros.

- Ho-hola – le digo, intentando parecer sobrio.

Se sonroja. ¡Qué tierna!

- Hola, la chica con la que bailas es muy guapa – me dice, su cara más roja aún si cabe.

Así que le gusta mi mujer… Esto puede ser interesante, nunca ha tenido sexo con una mujer. Ni yo la he visto con una mujer.

- Sí, es mi mujer – le digo con orgullo - ¿Quieres conocerla?

Se encoje de hombros cohibida.

Me acerco a Bella que está demasiado ensimismada bailando con los ojos cerrados mientras sube las manos por sus costados. Está dando un buen espectáculo para algunos chicos que han reparado en ella. La tomo de la cintura y la conduzco frente a la chica rubia, que le está echando una buena ojeada.

- Bella, cielo, aquí hay alguien que te quiere conocer – le digo.

Se saludan con dos besos un poco más apretados de la cuenta. Y se quedan mirando sin saber qué hacer. Parece que a mi mujer se le ha bajado un poco la borrachera. Y a mí también.

- ¡Chupitos! – anuncio, y ambas aplaude entusiasmadas.

Nos acercamos a la barra y caen unas cuantas rondas de chupitos de según el camarero: "lo más fuerte que tienen". Los tres estamos mareados y tanto mi mujer como yo estamos más que excitados y listos para la acción. Y yo tengo que cruzar la discoteca con una erección de caballo.

Siento cómo mi mujer aprieta mi erección sobre la ropa y pega su culo a mí, y la otra chica (aún no sabemos su nombre) se acerca para ver qué ocurre. Viendo lo que está pasando, lleva una de sus manos a la cintura de mi mujer e inmediatamente se le endurecen los pezones, tanto que hasta puedo verlo sobre la tela de su blusa.

- Cariño – le digo a Bella, que continúa apretando mi erección sobre los pantalones – si sigues así, me voy a correr encima.

- Ese es el punto… Además de que te encanta, sé que has echado ropa de cambio para ambos – me dice y la otra chica se ríe. Y no aguanto más, las tomo de las muñecas y me las llevo a la sala VIP. No hay absolutamente nadie, y la música se escucha de lejos, amortiguada.

Siempre llevo ropa de cambio porque no se sabe cuándo puedes acabar con flujos de tu mujer sobre la ropa, o con corrida sobre la camisa… O pasar la noche en casa ajena… Hombre previsor.

Llegamos a un sofá enorme, mi mujer me sienta y sigue agarrando fuertemente mi paquete, porque ya sabe que estoy más que preparado. Le dice algo a la chica al oído y ésta asiente. Se coloca detrás de mí y coloca mis brazos detrás de mi cabeza. Ohhhhhhh…sí, por favor.

Mi mujer sigue a lo suyo, estrujando mi miembro sobre la ropa y la otra chica agarrándome, y yo estoy en el puto cielo. Comienzo a subir y bajar mis caderas porque ya estoy al límite y me queda muy poco para correrme. Empiezo a gemir sin control hasta que Bella me da ese pequeño apretón en los testículos que me lleva a ese punto sin retorno y siento cómo el cálido semen inunda mi ropa interior. Los tres observamos cómo la mancha comienza a aparecer por el pantalón. Necesito un momento para recuperarme.

- Uff…mi marido todo mojado - dice mi esposa – necesito restregarme sobre esa mancha de semen.

Se sube sobre mí, remanga su vestido y roza su coño enfundado en un tanga sobre mi entrepierna húmeda escondiendo su cara sobre mi cuello. La otra chica se queda un poco parada sin saber qué hacer y le indico con un gesto que la nalguee. Se coloca detrás de ella y lo hace fuertemente. Mi mujer suspira de satisfacción en el hueco de mi cuello. Le indico a la chica que la vuelva a nalguear.

Bella incrementa el roce sobre mi entrepierna mojada hasta que tiene que agarrarse a mi cuerpo porque se corre con grandes sacudidas, diciendo mi nombre. La levanto de mí y me pongo de pie, cojo a ambas chicas de las manos y me las llevo hacia el cuarto de baño de una manera un poco apresurada.

Decido darle un poco más de protagonismo a la chica nueva y la pongo contra la pared mientras la beso fuertemente, lo que la hace derretirse contra mí. Mierda, sí que está buena, ya estoy duro de pensar en enterrar mi polla en ella mientras mi esposa nos ve.

- Ya es hora de que esta afortunada se corra mientras te cabalga… ¿No crees? – pregunta mi esposa inocentemente, y sé que le encanta ver cómo me cabalgan. Asiento en consonancia con ella.

La chica que nos ha escuchado desabrocha mi cinturón y le ayudo a bajar mi pantalón junto con mis bóxers. Mi polla salta dura y feliz por la atención, y con un gesto de la mano la coloco sobre mí mientras me siento sobre uno de los inodoros. Mi esposa cierra la puerta, se echa sobre ella y baja su vestido al suelo, quedándose simplemente en tanga. ¡Mierda! Si no es hermosa, que me jodan. Tengo una diosa como esposa.

Pero centrémonos en el bomboncito que quiere cabalgar mi polla ahora mismo. Le saco la blusa por la cabeza y me encuentro con un pecho de talla mediana cubierto por un sujetador burdeos. Entierro mi cabeza entre sus pechos y le saco un suspiro. Chupo, lamo y muerdo donde puedo en esa zona, hasta que la chica está casi suplicando que la empale con mi miembro.

Le subo la minifalda hasta el ombligo y le quito las braguitas que lleva, observando que su humedad ya está en grandes cantidades. Ella misma coge mi miembro y se lo introduce hasta el fondo, una vez que ha deslizado el condón que llevo encima. Comienza a cabalgarme como buena amazona y yo me sujeto a sus pechos. De reojo veo a mi esposa autocomplaciéndose con la escena que tiene delante y me encanta: mano en su coño y piernas semiflexionadas por ya estar bastante excitada. Reitero que es una maldita diosa.

Muerdo uno de los pezones de la chica mientras aumenta la velocidad de sus movimientos y llevo una mano a su coño, para acelerar su orgasmo, y lo consigo instantáneo. Mientras se está corriendo, yo también llego al clímax. Me salgo de ella y compruebo que el condón esté en perfectas condiciones. Mi chica sigue masturbándose, pero no ha llegado a correrse aún.

Me arrodillo delante de mi esposa, con mi cara a la altura de su sexo y le paso la lengua por donde alcanzo, sacándole un chillido. Le hago un gesto a la chica para que se una, y lo hace besando a mi Bella en los labios, lo que la hace derretirse. Y de repente, tengo una idea.

Me pongo de pie y separo a las chicas para ahora besar yo a mi esposa, la cual me recibe muy gustosa. Suelto a mi mujer, beso a la chica y cuando paro mi esposa toma mi lugar. Así durante un buen rato.

Cojo a mi mujer, la coloco en perrito con sus manos apoyadas en el inodoro y la chica le abre las piernas lo máximo posible sin que se caiga. Hago círculos en su ano y ya noto cómo es una masa temblorosa en mis manos. La chica se sienta a la altura de su coño y la veo introducir un dedo en su vagina, y esa es mi señal para introducir un dedo en su ano. Mi esposa deja salir un alarido, y se contrae alrededor de nuestros dedos.

Ambos la bombeamos con precisión hasta que suplica no poder más y querer correrse.

- Levántate – le digo a la chica – tiene toda la pinta que va a orinarse del gusto.

La chica suelta una risita y se pone de pie sin sacar sus dedos de mi esposa, y seguimos bombeando. Bella llega al orgasmo con grandes gritos ocultados por la música de fuera y una vez se ha relajado veo salir el líquido amarillento, dejando un charco grande en el suelo. Se ha orinado del gusto, como supuse. Veo a la chica mirar ojiplática esa lluvia dorada de mi esposa. Y a mí me pone duro de nuevo, me encanta verla ser tan cerda después del sexo.

Una vez todos vestidos y presentables de nuevo, con nuestras caras y sonrisas post-sexo, salimos del baño y nos miramos al espejo. Es la hora de separarse y volver a casa, yo con mi esposa obviamente.

- ¿Cómo te llamas, chica? – pregunta Bella, abrazándome por detrás.

- Kate, me llamo Kate. Encantada – Se ríe.

- Nosotros somos Bella y Edward. Esperamos que la próxima vez que vengamos por aquí estés también, nos encantaría repetir contigo.

Kate nos da una sonrisa y vuelve con la gente que estaba. Una mirada de mi esposa me sirve para afirmar que ha sido una de las mejores experiencias que hemos tenido.


FIN

¿Opiniones? ¿Tomatazos? ¡Dejen review!