¡Hola gente! ¡Feliz año! Agradezco sus comentarios profundamente. Sé que han estado algo ansiosos, lo cual significa que les está gustando la historia XD pero de todos modos, me disculpo por la tardanza, en especial con Ralulu1102, y doy gracias a todos por el apoyo. Espero que disfruten del capítulo.
LA LUZ SE FILTRABA POR LAS CORTINAS, QUE ERAN DEMASIADO CORTAS PARA VENTANAS TAN LARGAS COMO LAS QUE HAY EN MI HABITACIÓN. Necesitaba cortinas nuevas; sin embargo, la luz matutina o mis cortinas no son la razón detrás de mi inquietud. Hace tiempo no despierto con esta sensación de estar en serios problemas. Llevaba mirando al techo desde hace media hora. La verdad es que me sorprende que haya podido dormir tan plácidamente después de todo lo que sucedió ayer. La fatiga de la sanación fue arrolladora en su momento, pero ahora, con energías renovadas, mi cabeza está hecha un lío.
Al menos, no tuve que esforzarme para recordar la última conversación que tuve anoche.
"—De todas las mujeres con las que pudiste encapricharte…—", Zachary se movía como una bestia endemoniada. Lo escuché ir y venir por mi habitación mientras vociferaba: "— ¡¿Qué demonios pasaba por tu cabeza?!"
Él ya tenía 8 dólares como margen para decir groserías –había depositado 10 antes de irrumpir en mi cuarto- y me daba la impresión que terminaría debiéndole al bendito tarro otra vez.
"— ¿Podríamos dejar esta conversación para después?", pregunté tirado boca abajo sobre mi cama.
Fue como si no hubiera dicho nada.
"— ¡Empiezo a creer que lo haces apropósito! Quieres provocarme un derrame, ¡¿cierto?! ¡Quieres dejarme sin hígado!—", Zack estaba siendo muy dramático. Él debió notarlo porque casi inmediatamente volvió al meollo del asunto: "— ¡La sobrina de Carlisle! ¿Vas a decirme que no notaste el parecido?"
"— Zack, estoy cansado...—", de verdad necesitaba dormir.
"— ¡Claro que estás cansado, idiota! —", exclamó con frustración. Él sabía tanto como yo que tras resultar heridos, nuestra temperatura corporal se eleva por encima de la media, sudamos como cerdos y la fatiga termina de cerrar el ciclo de sanación, "— ¡Estaba extirpando un aneurisma a una muchacha de 15 años cuando dejaste que te lesionaran! ¿Sabes lo que me dijo mi jefe cuando me desplome en el quirófano?"
Sin abrir los ojos, respondí con voz sorna:
"—Conociendo a Carlisle, tal vez dijo que te estabas presionando demasiado y necesitabas descansar."
"—Sí. Exactamente—", Zack estaba muy indignado "—.No necesitaba descansar. ¡Necesitaba salvar a esa niña!"
Abrí los ojos, pero me quedé inmóvil. Un horrible nudo se apretó en la boca de mi estómago.
"— ¿Ella está bien?"
"—Claro que sí. Carlisle se encargó pero estás perdiendo el punto aquí, John—", señaló irritado, "—.No puedes permitir que te lastimen. Tengo que estar de pie la mayor parte del tiempo así que necesito mis malditas piernas en su estado óptimo."
El alivio inunda mi sistema, y el nudo que se había formado en mi estómago se desenreda.
"—Me gusta salir herido tanto como a ti, Zack. —", arrastré un poco las palabras, "—.Sólo pasó. Era recibir el golpe o visualizaciones en YouTube..."
"—Y es más fácil recibir el golpe y que la evidencia se desvanezca en un día o dos a enterrar algo en la web. Sí, sí. Ya lo sé, John. —", dejó escapar un bufido exasperado antes de continuar: "—. Estás siendo demasiado imprudente. Alguien podría empezar a notar discrepancias."
"—Bueno, no vale la pena que te preocupes por eso."
Era un poco tarde de todos modos.
"— ¿Eso significa que serás más precavido de ahora en adelante?"
En realidad significaba que Tanya ya sospechaba algo y tendría que encontrar una manera de lidiar con ella pero terminé asintiendo para cortar la conversación e ir a la cama temprano. Dudaba que hoy la situación fuera a mejorar por todo lo que estaba por suceder. En algún momento tendríamos que hablar sobre este asunto pero estaba claro que no sería hoy. Zack ya tiene suficiente presión sobre sí mismo. Además, no estaba de humor para un regaño.
Lo merecía porque había sido demasiado descuidado, pero no lo soportaría ahora mismo. Dejando de lado que detesto levantarme temprano un domingo, y por temprano me refiero a antes del mediodía, estaba muy molesto conmigo mismo. Debí sospechar que Tanya no iba a dejar pasar aquel comentario. Era mi deber proteger a mi familia, velar por nuestros intereses, y limpiar nuestros rastros. Debí haberlo visto venir, pero estaba tan deslumbrado por ella. Me había emocionado tanto por tenerla en mi casa, interactuando con mi madre y mi pequeña ogra que bajé la guardia.
Eso me pasaba a menudo cuando Pastelito estaba cerca. Siempre me tomaba desprevenido de alguna manera. Primero con el episodio extraño que sufrió y su escapada de la tienda de abarrotes, luego su rechazo en el taller de Jake, la frialdad hacia mí en casa de su tío, la preocupación por mi lesión, su visita sorpresa a mi casa y ahora, el interés en mis rarezas… No entendía cómo podía cambiar tanto de un día para otro. Cielos, no esperaba que indagara directamente sobre mis rarezas. No esperaba que me confrontara. Pastelito es impredecible y por mucho que me guste eso de ella, ahora mismo era un problema.
Si ella piensa confrontarme y exigir respuestas cada vez que tenga la oportunidad, tendría que averiguar qué es lo que busca. "¿Qué la motiva a indagar sobre mis singularidades? ¿Por qué el repentino interés?" Me moví incómodo en la cama, sintiendo mi piel extremadamente sensible contra mi ropa y las sabanas. Cerré los ojos, intentando concentrarme y sintetizar la información que había recolectado hasta ahora.
Lamentablemente, es aquí donde entraban los "si", los "tal vez" y la maldita ambigüedad.
"—Segura. Morirá. Decidido"
Esas palabras atropelladas habían salido de su boca el día que la conocí y se han repetido en mi cabeza tantas veces que ya perdí la cuenta.
En el caso de que Tanya realmente había pensado matar a alguien aquel día –nada que pueda recriminar pues sin sangre, no hay culpa-, sus familiares estaban al tanto de lo que ocurría. Mi primera impresión fue que Jasper y Nessie intentaban auxiliarla pero la forma brusca en que las manos del rubio se cerraron alrededor de sus brazos… Ahora, tras un segundo vistazo, quizá su primo intentaba frenarla. Tampoco podía omitir lo rápido que hablaban. Lo suficientemente rápido como para que yo no entendiera lo que decían pero no tenían problemas para comunicarse entre sí. Aquello solamente sería posible si tuvieran un mejor oído que el nuestro.
Considerando que mi hermano y yo poseemos ciertas anomalías con respecto al resto de la población, no sería absurdo pensar en que existen otros. Me refiero a otras personas con capacidades sobrehumanas. Tenía que haberlas. No podíamos ser los únicos y aparentemente, no lo somos. La cuestión ahora es: "¿Son sus otros sentidos superiores a los nuestros?"
Fruncí el ceño hacia el cielorraso.
Me preocupaba más lo que desconocía sobre los Cullen que lo que ellos podrían saber de nosotros. No podía ser demasiado de todos modos. Aparte de desconocer si tienen mejores sentidos u otras habilidades, los Cullen nos superan en número. Me preocupaba no poder lidiar con ellos mediante el dialogo.
Había visto a Jasper moverse antes, el día en que conocí a Tanya. Sus movimientos eran tan rápidos que resultaban borrosos para mis ojos. No sabía si podría defenderme en caso de que esto se vaya a lo físico. Además, si ellos tienen un oído agudo, podrían compartir otras características. No tengo razones para pensar que sus familiares son inofensivos gatitos. Debía ser precavido con todos ellos, en especial si Pastelito era peligrosa en el sentido nocivo de la palabra.
"— ¡Puedo estar a solas con usted! Sólo me pregunto si es una buena idea. —", recordé las palabras de Pastelito la primera vez que visité la casa de sus primos, — "No creo que usted deba estar cerca de mí."
Apreté los dientes, recordando que se había puesto a mi lado cuando estaba toreando a mi hermano, a pesar de haberla dejado hablando sola en la cocina. Me irritaba que ella pensara que necesitaba ser protegido. Si algo me enseñó toda la mierda que he masticado en mi vida es que puedo cuidarme solo. No necesitaba ser protegido por alguien.
No cambiaría eso ahora.
"—No me culpe por preocuparme por usted, Jack. Nadie quiere verme haciéndole daño, sobre todo yo."
"¿Es esa la razón detrás de su rechazo? ¿Ella cree que va a lastimarme? ¿Por qué ella querría lastimarme de todos modos? ¡No le he hecho nada!"
Mientras más lo pensaba, más loca parece toda la situación. Necesitaba saber qué carajo estaba sucediendo. Mientras tanto, debía ponerme en contacto con algunos conocidos; necesitaba saber si ya había alguien escarbando en nuestro pasado. Desconocía sus intenciones, pero estaba claro que subestimarlos sería un error estúpido.
"Hablando de estupideces…"
Había un evidente conflicto de intereses en toda esta situación. Bueno, mis intereses estaban en conflicto. Una parte de mí, la inteligente y objetiva, sabía que el mejor plan de acción era enterrar mi interés por Tanya y alejarme de ella y su familia. La otra parte, la egoísta y emocional, rechazaba poner más distancia de la que ella ya ponía entre nosotros. De hecho, estaba seguro de que esa última era la parte se estaba manifestando ahora mismo.
Mi pene está como una maldita piedra. Al parecer la idea de ser acorralado por Tanya lo emocionaba. No había estado tan duro desde que tenía 14, un año en la vida de un chico cuando la más ligera brisa es capaz de darle una erección. Pasé mucho tiempo en el baño; mi madre pensaba que tenía un virus. Al sétimo día, ya no podía soportarlo. Fui al condominio de Diana Whitehouse, una linda chica tres años mayor, y lo hicimos como conejos en el sótano.
"Estoy en el séptimo día otra vez."
Y estoy siendo figurativo y literal.
Hoy se cumplía una semana desde que conocí a Pastelito. Siete días. Siete días de malditas erecciones matinales, de masturbaciones e infinitas fantasías con alguien que me rechazaba constantemente por razones desconocidas pero tiene el valor de curiosear sobre mis rarezas.
Bajé la vista hacia el lugar donde estaba formando una tienda de campaña en mis pantalones deportivos. No creí que fuera posible, pero hoy era peor que ayer. Tocarme exasperaría el problema - ya lo había comprobado los últimos días. De acuerdo a mi experiencia diez años atrás, sólo había una manera de aplacar mi lujuria: requiero la asistencia de alguien más.
Frustrado, me restregué la cara con ambas manos. Resultaba irónico que la única mujer que deseo, se ve cada vez como la opción menos probable. Suspirando, miré el reloj de mi móvil; eran casi las 10 de la mañana y tenía un día bastante duro por delante. Será mejor ponerlo en marcha.
Había pensado que una ducha fría mejoraría mi humor. Bueno, lo hizo. Parcialmente. Todavía me sentía inquieto, como si tuviera una comezón deseando ser rascada. Necesitaba enfocar mi energía en otra cosa. Cualquier cosa que no fuera sexo. Era complicado considerando que soy hombre. Los hombres saludables piensan en sexo 24/7 y yo soy tan saludable que nunca me he resfriado -eso dice mucho del esfuerzo hercúleo que estoy haciendo.
Ahora me encontraba al frente de la casa, ayudando a revisar la camioneta para ir a casa de los Swan al lado de mi hermano y la pequeña ogra. Aunque esta última estaba algo ceñuda debido a que su padre no le estaba poniendo demasiada atención.
— ¿Por qué no traes el tarro de las malas palabras?—sugerí a mi sobrina—.Estoy seguro que habrá dinero yendo y viniendo en ese lugar.
Ella sonrió ampliamente. No como una niña de 6 años sino como un genio malvado. Amo a este pequeño demonio pero al igual que su padre, no tenía idea de lo que la esperaba. Annie no ha crecido con sus padres juntos, en el sentido marital de la palabra, pero no tenía idea de cómo reaccionará cuando se entere de que su padre está involucrado con una tercera. Supuse que esa era también una preocupación de mi hermano.
Decidí alivianar un poco su tensión.
—Así que Leah Clearwater, ¿eh?
La espalda de Zack se tensó con tanta brusquedad que sospechaba que tendrá una contractura.
— ¿Cuándo lo averiguaste?
—Hace unos días—.me encogí de hombros, quitándole importancia. Había asuntos más importantes: —. ¿Ella es como los otros chicos de la Reservación?
—Me diste tu palabra, John. —indica con brusquedad.
Hice una mueca. Aún no sabía si sentirme traicionado u orgulloso por la forma en que Zachary me hizo prometer que me mantendría al margen de su novia. Ella debía gustarle mucho si estaba dándole el beneficio de la duda.
—John, lo prometiste. —insistió al ver que yo no decía nada.
Rodeé los ojos.
—Sí, sí. No sacaré esqueletos del armario de tu novia.
Técnicamente, eso era exactamente lo que iba a hacer aunque no por Leah directamente. Los Cullen y los Quileute, a pesar de sus obvias diferencias, casi siempre vienen a mi cabeza al mismo tiempo. Estos dos grupos de personas interesantes tienen en común un espeso aire de secretismo, y considerando lo exclusivo de su relacionamiento unos con otros, diría que sus secretos son compartidos. Hacer propios los secretos ajenos es una navaja de doble filo, con la que no se puede hundir al otro sin acabar hundido junto con él pero lo que los une, la empuñadura, es la confianza. La confianza en que nadie abrirá la boca y hundirá ambos barcos. Si tengo razón acerca del secreto compartido de los Cullen y los Quileute, tendré que explicarle a mi hermano este vacío legal en algún momento.
"Joder. Se estaban acumulando las cosas que debo explicar."
—No te preocupes—dice con una leve sonrisa, luciendo un poco más relajado— .Si noto algo fuera de lugar, te lo diré en seguida.
La culpa apuntilló mi estómago sin misericordia. Debía ponerlo al corriente de la situación con Tanya. Debía decirle… pero no podía. No aún. Una vez se lo diga, exigirá que subsane la situación ahora mismo. No sería una petición alocada debido a que este asunto le concierne tanto como a mí; sin embargo… no quería discutir con él sobre el porqué no utilizaría el último recurso. De cualquier forma, necesitaba liberar algo de culpa. Necesitaba sincerarme sobre algo.
Cualquier cosa.
—Oye, Zack…
—Uh.
— ¿Recuerdas a la maestra de Annie?
Mi hermano parpadea algo sorprendido por la pregunta.
—Claro. La señorita Stanley—inclina la cabeza a un costado, intentando comprender porque traje a Jessica a la conversación—. ¿Te dio quejas de Annabelle otra vez?
—No es eso—. Quizá no era un buen momento para decírselo, no obstante, debía liberarme de un poco de culpa. Nunca he sido bueno lidiando con eso—. Me acosté con ella.
Me mira fijamente, sin parpadear.
"Uno. Dos. Tres…"
Cuento los segundos que le tomó asimilar mis palabras.
"Cuatro. Cinco. Seis…"
Un pestañeo después, sus ojos amenazan con salirse de sus cuencas. Ahora viene la reacción:
— ¡Te acostaste con ella! —gruñe exasperado con sus ojos negros como alquitrán.
Hice una rápida inspección del perímetro para asegurarme de que ninguno de nuestros vecinos estaba en los alrededores. La señora Franklin, la anciana de cabellos plateados por excelencia que vivía justo a la derecha, estaba sentada sobre la mecedora de su porche. La señora Franklin era amiga de mi madre. Estaba seguro que antes de que el día termine Margaret sabrá mis enredos con la maestra de mi sobrina.
"Estupendo."
— ¿Podrías decirlo más alto? —murmuré entre dientes—.Creo que la señora Franklin no te escuchó.
La señora Franklin me miró fijamente, como si hubiese estado esperando toda la mañana a que saliera alguien.
— ¡Hola, Señora Franklin! —saludé desde la distancia, agitando mi mano.
Los labios arrugados de la anciana se rizaron en una astuta sonrisa mientras imitaba mi gesto. Zack imitó mi gesto con una sonrisa tiesa en su rostro, cuando habló entre dientes:
— ¿En qué demonios estabas pensando?
Es evidente que no estaba pensando en ese momento. No con el cerebro de todos modos. Apelé a su lado emocional.
—Me sentía solo y ella quiso acompañarme…
—La mitad del pueblo quiere hacerte compañía, John—replica con brusquedad—. ¿Eso significa que te acostaras con ellos también?
—Quien sabe— sonreí un poco, recordando mi calentura—. Hoy es un buen día para poner mi libido a prueba.
La forma en que se pasa la mano por el rostro me da la impresión de que quiere arrancársela.
— ¿Cuántas veces sucedió?
—Una noche. Hace más de un mes.
— ¿Ella es consciente de que sólo sería una noche?
Algunas mujeres pueden manejar una aventura de una noche. Otras no pueden. Y yo definitivamente he estado en el lado equivocado de aquellas que no pueden el último mes.
—Digamos que está en negación.
Zachary frunció el ceño otra vez. Parece tener diez años más. Joder, realmente parece que estoy chupándole los mejores años de su vida.
—John, no quiero que mi hija salga perjudicada por esta situación.
Asentí en silencio. Él me mira con ojos entrecerrados hasta que sus ojos caen en la botella de vino en mi mano.
— ¿Por qué trajiste otra botella de vino?
La verdad es que una botella de chardonnay no era suficiente para lo que nos esperaba en casa de los Swan pero mi hermano no parecía saberlo o si quiera sospecharlo.
—Somos gemelos—respondí con una sonrisa—.Doble regalo.
Zack estaba tan molesto que ni si quiera se molestó en presionar por información. Me lanzó la mirada que decía cierra-la-boca-y-sube-al-auto. Me instalé en el asiento trasero de la camioneta plateada de Zachary con rapidez. Sentí su mirada asesina ocasionalmente a través del espejo retrovisor. Mi hermano no solía recriminarme por mucho tiempo mis parejas sexuales. Para bien o para mal, yo casi siempre estaba acompañado. Eso me hacía aún más proclive que mi hermano a caer en la tentación. Esa es la razón por la que sé que superara mi aventura con Jessica. Siempre he estado más expuesto que él.
Cuando Zachary dice que la atención siempre está sobre mí, habla en serio. Hay algo raro en mí. Siempre ha estado ahí, acentuándose con el tiempo. Es como una extremidad extra o algo así. Las personas pueden notarlo, miradas fijas y sonrisas sugerentes son señales de ello, pero no suelen analizar el porqué. Me miran y piensan que se sienten atraídos hacia mi apariencia. Me hablan y creen que es mi personalidad lo que les hace simpatizar conmigo. La verdad es que se dejan cautivar por ese extra que perciben en mí.
"Por eso Pastelito es tan interesante."
Cerré los ojos intentando frenar la imagen cercana de los besables labios de Tanya. Estuve tan cerca de besarla anoche; deseaba tanto hacerlo, pero sabía que ella no estaba lista para eso. Mientras tanto tendría que conformarme con fantasear con la idea de besarla. Eso era suficiente estimulo como para abrir un poco las piernas para aliviar la presión. Desconozco porque Pastelito no puede percibir lo que los demás ven o porque se resiste con tanta determinación a darme una oportunidad, pero eso me hace desearla más. Ella me hace anhelar ser percibido cuando nunca antes tuve que esforzarme por ello.
Cuando el auto se detuvo frente a la casa de los Swan, me vi forzado a poner en pausa mis calenturientas fantasías con Pastelito. Zack observa el panorama desde la comodidad de la camioneta, congelado. El horror en su cara mientras contempla a los individuos de más de metro ochenta que se pasean por la residencia de los Swan no tiene precio. La puerta principal estaba abierta de par en par, dando un buen vistazo de la algarabía que se vivía ahí adentro y permitiendo el sonido de risas llegar hasta nosotros.
Al ver que mi hermano no reaccionaba, abrí la puerta trasera y ayudé a Annie y mi madre a bajar de la camioneta.
—Adelántense, señoritas. Nosotros las alcanzaremos un minuto.
Mamá acarició mi mejilla, sonriendo.
—No saques de quicio a tu hermano, por favor.
"Me conoce tan bien."
—Haré lo que pueda. —prometí.
Una vez Annie se puso su bolso de conejito, mi madre tomó su mano. El tintineo de las monedas del tarro en el conejo acompañaba cada paso de las féminas.
—Lo sabías y no me lo dijiste—reprocha mi hermano cuando ellas ingresaron al inmueble.
—Pensé que sería más divertido si lo veías por ti mismo — confesé, mientras tomaba las botellas de chardonnay.
—Tienes un sentido del humor retorcido.
Mi hermano es socialmente ansioso. Naturalmente, es más precavido y retraído que yo. No se puede ser una cosa sin la otra supongo. Él sabe escuchar, pero es un hombre de pocas palabras. Los lugares poblados, abarrotados, lo ponían ansioso y ser el foco de la atención era algo así como su infierno personal. No entendía porque se preocupaba de todos modos. Mientras yo estuviera por aquí, la atención no se enfocaría en él por mucho tiempo.
—Relájate, Zachary. No es para tanto—le aseguré, mientras cerraba la puerta del acompañante—.Sólo es un almuerzo.
—No es sólo un almuerzo—me miro algo acongojado, mientras salía lentamente del coche—. A su madre… A Sue no le agrado.
"Tiene que ser un chiste."
Me acerqué al lado del conductor.
—Sue adora a todo el mundo. —comenté, cerrando con la pierna la puerta del conductor antes de que Zack considerara volver adentro.
—Créeme, John. No le gusto.
Me encogí de hombros.
—Si es así, algo tuviste que haber hecho. —señalé mientras le entregaba una de las botellas.
—No hice nada. —respondió rápidamente, tomando con brusquedad la botella. Sus mejillas sonrojadas y mirada esquiva me decían lo contrario.
Mientras caminábamos lado a lado hacia la entrada principal de la casa, repasé mentalmente los diferentes escenarios que pudieron haber sucedido. Llegué rápidamente a la peor conclusión posible:
— ¿Los atrapó mientras "tomaban café"?
Se sonrojé como un tomate. La mayor admisión de culpa que podía darme.
—Eres un idiota.
Me reí.
—Te fijaste en la única chica en Forks que tiene como familia a un enorme grupo de hombres que lucen como levantadores de pesas, y ¿yo soy el idiota? —bromeé un poco—. Sólo no lo arruines y estarás bien.
Ya estábamos frente a la puerta.
—Eres mi hermano—dice sin aliento, agitando nerviosamente la botella de vino en sus manos mientras mira más allá de la puerta—.Se supone que me des apoyo moral.
—Soy tu hermano mayor—.aclaré con la mejor de mis sonrisas—.Me alimento de tus lágrimas y tu sufrimiento.
Antes de que pueda replicar algo muy ofensivo al respecto, fuimos abordados por un amigo de la Reservación y ya que está aquí, debe ser uno de los "hermanos" de Leah.
—Empezaba a creer que nunca entrarían, chicos. —una voz burlona resuena. La cabeza de Embry Call aparece a un lado de la puerta, con una sonrisa de lobo feroz en los labios—. ¿Quieren una cerveza?
Zack y yo compartimos una mirada rápida de reojo antes de replicar al mismo tiempo:
—Que sean dos.
Mi única referencia de las novias de mi hermano era Lucille Sloan, la rubia de piernas kilométricas de la que se divorció. Supongo que no esperaba que Zack se alejara tanto de aquel biotipo. Además, cada vez que pensaba en Leah Clearwater, la perturbadora y divertida imagen de Seth con peluca aparecía en mi cabeza.
Debo admitir que es un alivio que ella no sea lo que me esperaba. Mientras intercambiamos saludos, no puedo evitar comparar la belleza frágil de Lucy con la apariencia de princesa amazónica de Leah. Su rostro es fuerte; tiene pómulos anchos y facciones voluptuosas. Sus ojos oscuros son cálidos y sus pestañas son larguísimas. Su metro ochenta de vistosas curvas era especialmente llamativo. La elegancia atlética con la que se mueve y la forma directa en la que se expresa, me dice que pobre del idiota que se intente pasarse de listo con ella.
Leah me agrada, en especial porque soy casi invisible para ella. Me mira e intercambia comentarios cínicos conmigo pero sus ojos se deslizan al hombre a mi lado constantemente. Casi como si necesitara mirarlo cada cierta cantidad de segundos. Es raro. A Zack le pasa lo mismo pero de una forma todavía más obvia. Deja frases inconclusas cada vez que la mira a los ojos. La mirada satisfecha de mi madre delataba que también había notado algo entre ellos. Inclusive sin tocarse o la introducción casual de ella-es-mi-novia-él-es-mi-novio, era obvio que estaban colados el uno por el otro.
"Están tan jodidos."
Hablando de estar jodido, hay una chica que no conozco y que me está mirando desde el otro lado de la sala. Bueno, mirando es una forma suave de decirlo pues su mirada me inquieta un poco. Esto es acoso callejero dentro de cuatro paredes. Mi acosadora es bonita, tiene un encantador par de piernas morenas y una mirada demasiado sucia para estar en medio de una reunión familiar.
"Tal vez podría acercarme y…", detuve mis pensamientos en seco, sospechando el giró que tomarían. Esto era preocupante. Ahora mismo estaba tan calenturiento que no me importaba que fuera castaña. Debía evitar todo contacto con ella o saldría de esta casa con un potencial desastre entre manos.
No podía contar con Annie como escudo esta vez. La pequeña ogra estaba correteando en el patio junto con un grupo de niñas cercanas a su edad que acaba de conocer. Aparentemente, ella tenía mejores cosas que hacer que preocuparse por las relaciones interpersonales de su padre o la posibilidad de que su tío vaya a ser ultrajado en público. Sin mi sobrina como salvadora, tuve que recurrir a la táctica más vieja de mi libro: la evasión.
Tras quedarme sin cerveza, me escabullí a la zona cero. De ahí provenía la comida y era el centro de operaciones de la mayoría de las mujeres. ¿Coincidencia o destino? Ni idea. Sólo sabía que nadie en su sano juicio intentaría coquetear conmigo en el lugar donde cualquier indicio de vagancia, sería eliminado con la asignación de una tarea culinaria o de limpieza. La cocina es un lugar seguro.
— ¿Se puede saber qué haces en mi cocina, Jack?— .Como esperaba, nada entra o sale sin que la jefa del hogar Swan y mente siniestra detrás de toda esta reunión lo sepa—.Se supone que hoy eres un invitado.
Miré hacia la respetable mujer. Su llamativo delantal rojo y verde con ribetes dorados deslucía en comparación a su habilidad con el cuchillo. Si a Sue no le agrada mi hermano, creo que lo más inteligente que él puede hacer es evitar esta área.
—Eso no me detuvo para ofrecer mis servicios antes—declaré con una sonrisa—. No lo hará ahora.
Necesitaba relajarme de todos modos. Cocinar siempre resultaba una buena distracción.
— ¿Tus servicios como qué? ¿Distractor? —añade la voz suave y femenina voz de Emily Uley. Su sonrisa estaba algo torcida debido a una cicatriz. Según escuché fue producto de un encuentro muy cercano con un oso.
Kim secundó a su amiga.
— ¿Quieres que alguna de nosotras pierda sus dedos?
— ¿Y tener que lidiar con sus maridos después? No, gracias—. negué con vehemencia. —No tengo ningún problema en cortar vegetales, pero primero hay algo que debemos negociar.
Me senté en la mesa de la cocina, bajo la mirada especulativa de las mujeres. Conocía a la mayoría de las mujeres presentes en esta reunión ya están comprometidas, embarazadas o ya son madres. Ese último era el caso de Emily y Kim, la esposa de Sam Uley y Jared Cameron respectivamente. Sus pequeñas creaturitas estaban revoloteando en el patio detrás de mi sobrina.
— Bueno, ¿de cuánto será la dote?
Los labios de Sue temblaron.
—Mi niña no tiene precio, Jack.
—Oh, lo siento. Creo que di una impresión equivoca, Sue. Estaba hablando de cuanto pagarás por mi hermano—. Las risas contenidas apagadas iban y venían dentro y fuera de la cocina—. Zachary es un buen espécimen. Es apuesto, no tanto como su hermano mayor, pero al menos su fertilidad ya está comprobada.
Sue soltó una carcajada seca. Continué, al ver que estaba esperando más razones de mi parte.
—Además, es un médico con un gran futuro por delante. No encontrarás un mejor pretendiente.
— ¿Tu hermano sabe que estás negociando en su nombre?
—Él sabe que siempre velaré por los intereses de la familia y puede que el que mi hermano no te simpatice afecte dichos intereses.
Sue presionó los labios; sus ojos conocedores se fijaron en mí con sospecha.
—Entonces, te envió para que suavizaras las cosas conmigo.
—Para nada. Zachary se encargará de arreglar las cosas contigo a su manera—estaba seguro de ello—. Sólo quiero asegurarme que vas a permitírselo.
Las líneas alrededor de sus labios se relajan. Con su expresión suavizada, vi una oportunidad.
—No sé qué sucedió exactamente, Sue, pero sé que está apenado. Él hubiera querido un mejor inicio contigo—comenté con sinceridad—. Además, es parte de la naturaleza masculina arruinar las cosas a la primera.
— ¿Eso le dirás a tu sobrina cuando tenga problemas con sus parejas?
—No tendré que decírselo—repliqué algo sorprendido por el cambio de enfoque—. Annie no tendrá novio.
—No por ahora. —señala Kim misteriosamente mientras pone un platillo lleno de bocadillos de salchicha frente a mí.
Fruncí el ceño sin comprender.
— ¿Qué quieres decir con eso? —pregunté. Kim me miró con diversión, las otras mujeres me miraban con extrañeza—. ¿Qué pasa?
—Ella crecerá, Jack—.indica Sue con voz sorna—. Eso es lo que pasará.
—Sí…—dije lentamente, entrecerrando los ojos—. ¿Qué hay con eso?
Kim y Sue parecían estarse divirtiendo con mi confusión. Emily tuvo la gentileza de explicarme que sucedía: —Lo que Kim y mi tía Sue quieren decir es que tarde o temprano Annie conocerá a alguien.
Fue como una patada en la entrepierna. No me es agradable pensar en eso y estaba seguro que a mi hermano tampoco le gustaba hacerlo. Annie tiene buenos genes. Ella está en camino a convertirse en una mujer capaz de provocar giros de 180 grados en cuellos a su paso. En algún momento, dentro de 10 o 20 años, algún imbécil intentará encajar sus sucias garras en mi pequeña ogra. La cuestión es que ante mis ojos, ningún individuo será lo suficientemente bueno para ella.
N-A-D-I-E.
—El Jack del futuro se encargará del problema cuando se presente—aseguré con mortal seriedad.
Las mujeres se rieron. Ellas creen que estoy bromeando.
—Casi suena como si fueras a asesinar a alguien. —señala Kim, sonriendo de oreja a oreja.
Ahora fue el turno de Emily de secundarla:
—Pobre del chico que ponga sus ojos en Annie.
"Oh, no tendrá ojos cuando termine con él."
—Eres un buen muchacho, Jack—.dice Sue con una suave sonrisa. Por la manera en que lo dice me hace pensar que cree que soy tierno. —Mientras Zachary valore a mi hija, siempre tendrá la oportunidad de rectificar conmigo.
—Es bueno saberlo. —sonreí ampliamente. "Entonces, dejaré que mi hermano lidie con los Quiluete por su cuenta"—.Hablando de valorar, yo valoro muchísimo a mi hermano. Te advierto que no será barato.
Sue golpea suavemente mi brazo, riendo.
—Encárgate de la ensalada, listillo. Hay un ejército que alimentar.
Una visita sorpresa arribó poco después del almuerzo. Claire, sus padres y por supuesto, Quil Ateara, llegaron a compartir un rato. Al parecer el doctor le había dado un permiso de algunas horas para salir del hospital. Dato importante de última hora: la chica de las miradas sugestivas se llama Kayla y es la tía soltera de Claire. Por una cuestión de comodidad para la niña, ella saludó a todos y luego, fue llevada a la habitación de Sue y Charlie. Me quedé con ella y su devoto guardián en la habitación mientras los Young almorzaban.
El estado de Claire no era bueno. Su cuerpo se veía débil y vulnerable; se veía incluso más delgada que la última vez que la vi. Su cabeza, que estaba calva desde hace unos años según había escuchado, sobresalía un poco por su tamaño. La palidez acompañaba su carita delgada junto con negras y profundas ojeras. Verla en este estado me hacía sentir culpable, pero preferí aquello a la ansiedad que me ataca por momentos. Estaba más habituado a la culpa que a la calentura insatisfecha.
— ¿Es cierto que Leah y el Dr. Lancaster son novios? —pregunta la pequeña Claire Young mientras yo reposaba mi cabeza en su regazo. A ella le gusta acariciar mi cabello y yo estoy ocupando la mayor parte de la cama ahora mismo.
Es un trato justo.
—Sí. —respondí con aire conspirador—.Parece que los rumores del hospital son ciertos esta vez.
— ¡Vaya! Eso sí que es una sorpresa—exclama con debilidad, antes de mirarme con sus ojos grandes y achocolatados—. ¿También tienes novia, Jacky?
La niña se había tomado la libertad de llamarme por el apodo que sólo Annie empleaba. No tenía ningún problema con ello y aunque lo tuviera no lo diría. Claire podía llamarme como quisiera y yo lo aceptaría con una sonrisa en la cara.
—Se podría decir que estoy trabajando en ello.
Quil se rió entre dientes o al menos fue lo más cercano a una risa que he escuchado de él desde que lo conocí. Se encontraba recostado a la pared con grandes ojeras bajo sus ojos. Me sorprendía que aún estuviera de pie por lo agotado que se veía.
— ¿Tienes algo que decir, Quil quinto en su nombre?
— ¿Cuándo vas a rendirte? —.réplica el hombre, con una sonrisa vacía. Todas sus sonrisas son así, bastante similares a las de un cadáver andante—. Ella no saldrá contigo.
Aparentemente, se había regado la voz de mis intentos fallidos con Tanya.
— ¿Por qué? —el rostro pálido de la niña se arruga con confusión.
—Esa es la pregunta del millón, pequeña Claire. —suspiré, sintiendo la marea alcalina emperezar mi cuerpo—.Ella no me ha dicho por qué.
— ¿Tiene que hacerlo?
Fruncí el ceño, mirándola sin entender.
— ¿Ella tiene que decírtelo? —repite la pregunta. Hay algo en Claire que es bastante maduro para tener nueve. Las chicas maduran más rápido supongo.
—Me gustaría que me lo dijera—conociendo la renuencia de Pastelito para hablar de sí misma, ya había dado por sentado que no lo haría—. Sería más fácil convencerla de salir conmigo si supiera porque me rechaza.
— ¿Seguro que no lo ha dicho? —dijo Claire refunfuñando—.Los niños son más despistados que las niñas.
Estaba por abrir mi boca para responder que a veces las chicas no son tan claras como creen cuando una idea me atravesó el cráneo. La renuencia de Tanya a dar información por más banal y ordinaria que parezca y su actitud defensiva evidenciaban un importante nivel de recelo hacia mí. Si se suma que al igual que yo, desconoce con qué está lidiando y no está dispuesta a ponerse en una posición desventajosa, solo puede haber una razón lógica detrás de su rechazo: Tanya y posiblemente su familia desconfían de mí y mis intenciones. Ahora que lo pienso, ella no estaba en una posición diferente a la mía.
De acuerdo a lo que ella misma me dijo no habla de sí misma con extraños. La solución más obvia sería volverme un conocido. Claro que aquella era la solución más obvia, no la más fácil. Agarrar al toro por los cuernos mientras se salta de un avión es tan complicado como suena. Dejarla ver partes de mi de las que evito hablar era más o menos lo mismo.
"¿Si cedo, si me sincero aunque sea un poco, ella también lo hará? ¿Me dirá qué es lo que le preocupa de salir conmigo?"
Bueno, sólo había una forma de averiguarlo y tendría que escaparme de aquí para descubrirlo.
— ¿No te cansas de ser tan madura, Claire?
—Nop.
La niña sonrió pero cuando levantó la mirada hacia el hombre en el fondo, la suave diversión en su rostro se esfumó.
—Quil, deberías bajar a comer. — sugirió, arrastrando las palabras. Quizá no tenía la energía para hablar ahora—.Lo único que has comido son barras de cereal del hospital.
—Estoy bien, Claire.
Ver el rostro pálido de la niña contrayéndose resultaba doloroso. Sus manitas estaban cerradas en forma de puños en la colcha de la cama de Sue y Charlie.
—Ve a comer, amigo.
—No tengo hambre. —replica tercamente, pero su rostro parecía estar agonizando.
Me vi en la obligación de levantarme de la cama y acercarme al hombre, bloqueando a la niña con mi cuerpo.
—No empieces tú también, Jack—advirtió entre dientes, previendo mis intenciones—Ya tengo suficiente con lo demás fastidiándome.
—No permitas que ella te vea así. —susurré, inclinándome hacia él. Sus ojos marrones parecían más sorprendidos que enojados. Yo no era tan cercano a él como Jacob o Seth o cualquier otra persona en la Reservación. Eso me daba una perspectiva más fría de la situación y me permite hablar con la cruda y dura verdad—. Ya tiene suficiente con su propio dolor como para preocuparse por el tuyo, Quil.
Una expresión de agonía total pasó por su cara antes de ponerse una máscara de falsa serenidad y asentir. Se acercó a la niña y deposita un beso en su calva cabeza.
—Volveré en 5 minutos—.prometió con una sonrisa antes de mirarme—.Vigílala mientras tanto, por favor.
Asentí en silencio. El hombre salió de la habitación. Cuando lo escuché bajar las escaleras, me acerqué a la niña. Me senté en la cama, frente a ella.
— ¿Del 1 al 10 qué tanto duele? —le susurré con gentileza.
Claire abrió mucho los ojos como quien no espera que sepa cuál es la primera pregunta que le hacen a un niño con cáncer al llegar al hospital. Ella es valiente. Sus ojos marrones se tornaron vidriosos pero no cayeron lágrimas. Levanta la mano temblorosa y me muestra cuatro de sus pequeños y delgados dedos.
Mi corazón se retorció dolorosamente.
—No les dijiste para obtener la autorización.
—Quería venir. —me suplicó con la mirada que no dijera nada. —Hace tiempo no los veo a todos.
La cuestión con los niños enfermos es que llega un punto en que están cansados de luchar pero no se permiten mostrarlo por las personas a su alrededor. La culpa apuntilló mi estómago. Esta es una de las razones por las que renuncié a practicar la medicina. No podía lidiar el sufrimiento de mis pacientes. Simplemente, no puedo soportarlo. Carezco de la fortaleza de mi hermano.
Mi fortaleza es otra.
Puse atención a lo que sucedía a las afueras de la habitación por un momento. Había un par de personas en el piso de arriba pero estaban lejos de la habitación. En el piso de abajo, esperaba que los muchachos retuvieran a los Young y a Quil por unos minutos más mientras me escabullía de la casa de los Swan. Sin moros a la vista, vi una oportunidad de mejorar la calidad de vida de esta niña al menos por un par de días.
—Entonces, déjame ayudarte—pregunté con una sonrisa, el latido en la posterior de mi cabeza comenzó a acelerarse.
Estoy en completo control de mis emociones, soy yo quien controla esa cosa y no al revés. La calma me llena, me conduce. El poder zumba por todo mi cuerpo, filtrándose por mis poros como un río de brea. Los latidos de mi corazón, que en un principio eran perezosos, ahora retumban en la habitación.
Los ojos y la boca de la niña se abren de par en par.
—Estás brillando…—.murmura Claire, incapaz de apartar su mirada vidriosa de mi cara.
Intenté controlar la arrolladora euforia que me invadía. Es magnífico y aterrador al mismo tiempo. Magnifico porque nunca me he sentido tan vivo como cuando recurro a este poder y aterrador porque es difícil aferrarme a alguna razón para no seguirlo usando.
"No es por ti.", me obligué a recordar. "Es por Claire. Haz lo mejor para ella."
Cuando Zack se entere de esto estará tan molesto que querrá estrangularme pero bueno... ya lo habré hecho, Claire ya lo habrá olvidado y yo estaré en otro lado del pueblo, a varios kilómetros de aquí, poniendo las cartas sobre la mesa de Tanya y del resto de su extraña familia. Independientemente de las cartas en su poder, la carta ganadora siempre estará bajo mi manga.
Sólo deseaba nunca verme forzado a emplearla contra Pastelito.
¡Hola de nuevo! Háganme saber lo que piensan por medio de sus reviews. Volveré a publicar a mediados de febrero XOXOXO
