_ ¡Maldita sea! – golpeó la mesa Poseidón. – Pegaso no pudo detenerlo.
_ ¿De qué te sorprendes? – apareció Apolo detrás de él.
_ Tú… - miró fastidiado Julián Solo. - ¿¡En qué te beneficia esto, qué planeas Apolo!?
_ Deberías bajarme el tono. – una energía empezó a estrangular al millonario. – Las cosas se darán por sí solas ahora que han llegado a este punto.
Aquella energía botó lejos a Julián al piso.
_ ¡Arruinaré tus planes, Apolo! ¡Esos caballeros te acabarán, serán tu perdición!
_ Eso lo veremos, humano Solo.
Quince horas que eran eternas para los caballeros que viajaban.
_ Somos caballeros, hemos matado Dioses.
_ Hemos logrado el séptimo sentido y el octavo.
_ Hemos cruzado el inframundo.
_ Hemos superado la velocidad de la luz y elevado nuestro cosmos hasta el infinito.
_ Y aun así… Viajamos en avión…
_ Solo 14 horas más… – se quejó Hyoga.
_ Ya acéptenlo, habremos hecho cosas fuera de lo que un humano puede hacer pero estos son nuestros límites. – dijo Shiryu.
_ Llegaremos un día después, ya que son 7 horas más allá. – suspiró Shun.
Todos se voltearon a ver apenados a su amigo Pegaso, ellos sabían de sus sentimientos y de su malestar. Seiya estaba pensativo y frustrado, su mirada ya no era la misma, sus ojos no brillaban, el pesar de su mente lo dominaba.
_ Quisiera dar marcha atrás… - dijo. – Desearía haber recordado antes, así quizá yo…
_ Seiya…
_ ¡Hubiera podido hacer algo!
_ El destino quiso que así sea, Seiya. – respondió Kanon. – Por ahora, no sabemos lo que nos depare al ir a un lugar tan peligroso. ¿Te has puesto a pensar que quizá habrías muerto?
Hubo un pequeño silencio, sabían que el caballero de géminis tenía razón.
_ ¿Tú crees que a Atenea le hubiese gustado verte fallecer?
_ "Nuevamente soy impulsivo…" – pensó Seiya.
_ Ya pronto podremos verla y nos explicará por qué ha llegado a este punto.
La noche había llegado, el velo de Atenea fue colocado en un palo y Hefesto lanzó su fuego en esta. Los guerreros celebraban y tomaban.
_ ¡Aquí va…! – gritó Aquiles con un Lutróforo en brazos, lanzando su contenido y empapando a Hefesto.
_ ¡Hey, ¿pero qué haces?! – bufó el Dios.
_ Es una costumbre griega, mi señor. – sacó la lengua el caballero de la Sarisa, Atenea se estaba riendo de aquel suceso.
_ ¡No te rías mucho! – gritó Helén y ella quedó empapada sorprendida. -¡Ahora ambos están bautizados!
_ Qué graciosos son. – contestó el trigueño.
Entonces un ruido alarmó a los caballeros.
_ Uy perdón, quebré el plato. – dijo Paris.
Promet lo miró, agarró otro plato y lo tiró al suelo. Todos se pusieron en silencio un instante, para unos segundos después empezar a aventárselos.
_ Es una costumbre griega romper los platos para ahuyentar los malos espíritus. – dijo Tatsumi.
_ Gracias por estar nuevamente a mi lado, Tatsumi.
_ Mi señora. – besó su mano. – La extrañé muchísimo.
_ Yo igual. – ella sonrió.
_ Si él le hace algo me avisa y yo mismo me encargaré. – Ambos Dioses rieron.
_ La cuidaré como oro. – dijo el joven.
Todos se retiraron a sus cuartos después de una larga celebración, Saori estaba nerviosa de ir a dormir con un hombre. Ella entró y justo él se estaba quitando el polo, sus mejillas se tornaron rojas en ese momento.
_ ¡Perdón! – dijo ella.
_ No deberías incomodarte. – él se acercó acorralándola con la pared, ella estaba muy tensa. – No te obligaría a nada, Atenea. – al verla tan colorada decidió dar marcha atrás.
Ambos fueron a acostarse y él la abrazó, después de unas horas, Saori cogió un cuchillo que tenía escondido, estaba sujetándolo directamente al corazón de Hefesto.
Lo miró, lucía como un niño, confiado y sin temor. No sabía que ella podría acabar con él en ese mismo instante. Las lágrimas cayeron por el rostro de la Diosa, ¿qué estaba haciendo?
_ ¿No vas a detenerme? – preguntó ella y él abrió los ojos suavemente.
_ Yo sé que no lo harías, por eso no me preocupo en defenderme.
_ ¿Cómo puedes confiar tanto en una persona que tiene un cuchillo apuntando a tu corazón?
_ Porque creo en ti.
Ella sorprendida soltó aquella arma y se echó a llorar.
_ No llores, no quiero que llores.
Ella lo besó callándolo ante la mirada atónita de él, quien después decidió cerrar los ojos.
Eran las 7 de la mañana en Japón, Jabú y sus compañeros habían llegado a aquel bosque, estaban molestos e iracundos ante lo que había sucedido a Ban. La sed de venganza y el deseo de ver a la mujer que había sido dueña de su corazón desde niño era lo único que invadía su mente. Pero, las cosas no podrían ser sencillas, sabía que quizá encontraría la muerte; sin embargo, deseaba que mereciese la pena.
Caminaron el unicornio, el oso, el lobo y la hidra macho. En un momento, pararon ante la silueta que estaba al frente.
_ No pensé que vendrías con tu jauría.
_ ¡Maldito, llamándonos perros! – se molestó Ichi.
_ Son las dos de la mañana, ¿qué hacen unas pequeñas ratas aquí? – preguntó. – Qué buena suerte que estaba de guardia, así será divertido jugar con ustedes.
_ Compañeros, él es quien mató a Ban.
_ ¡Acabaremos contigo! – declaró el oso.
_ ¡No tendremos piedad!
_ Quien no tendrá piedad seré yo… ¡Remolino de Mangual! – lanzó arrastrando a los jóvenes y aventándolos hacia el piso.
_ ¡Galope de Unicornio! – Lanzó el ataque mientras estaba cayendo al suelo.
_ ¡Arpa Mordaz! – lanzó Nachi de Lobo de igual manera.
_ Qué listos. – Lemnos saltó esquivandolo. - ¡Púas cósmicas!
Las quince horas se hicieron largas y finalmente cansados, a las 3 de la mañana estaban listos para emprender el bosque.
_ Lo mejor será esperar a que amanezca. – comentó Hyoga.
Pero Seiya no podía esperar…
_ ¡Seiya! – el castaño estaba corriendo con todas sus fuerzas.
_ ¡Vamos muchachos! – corrió Kanon y todos lo siguieron.
4 de la mañana, Saori estaba intranquila, miró la ventana y sintió que debía salir. Tomó su caperuza y caminó lentamente.
Seiya había llegado al bosque, había corrido tan rápido que incluso Kanon y los demás lo perdieron de vista. Como conocía aquel lugar, sabía qué camino era más conveniente para llegar antes. De pronto vio la cascada… Se sentó un instante a pensar…
_ ¿Qué le voy a decir a Saori? Es una mujer casada… - se paró molesto. - ¡Aun no puedo creerlo!
Tiró una patada al agua y vio el reflejo de ella en este.
_ Ahora hasta alucino que está atrás mío.
_ ¿Seiya?
_ ¡Saori! – se sorprendió y después se avergonzó de su manera de comportarse. – Yo… vine a verte.
_ Me casé, Seiya.
_ ¡Ya lo sé! – gritó frustrado. - ¡Es que no debías hacerlo!
_ ¿Por qué dices esto?
_ Yo… Te Amo Saori, ¿¡Por qué me borraste la memoria!?
Ella se sorprendió.
_ ¿Recuerdas todo?
_ Todo, recuerdo completamente todo. Recuerdo cuando casi me besas en el barranco… cuando sujetaste mi cuerpo maldecido por Hades en tus brazos, cuando me cuidaste en el momento en que estaba inválido, ¡Lo recuerdo todo!
_ Seiya…
_ ¿¡Por qué Saori!? Yo estoy loco por ti. ¡¿Por qué hiciste eso?!
_ ¡¿Qué querías que hiciera?! – ella gritó y el castaño se sorprendió. - ¡Estoy harta de verte bañado en sangre sacrificándote por mí!
_ ¡Ah mira tú, ¿ahora que me sacrifique por ti es una molestia?!
_ No digas tonterías… - se calmó ella. – Mi corazón… no lo tolera más, no puedo soportarlo. Imaginarte…muerto, Seiya, prefiero morir.
_ ¡Moriría por ti y lo sabes!
_ ¿¡Y crees que eso me causa felicidad, saber que soy tu perdición!? Solo deseo que seas libre y vivas bien… ¿¡Acaso soy egoísta por eso!?
Él la abrazó dejándola inmóvil.
_ Yo también soy un egoísta… - las lágrimas corrieron por el castaño. – Vivo pensando en ti y sólo quiero que estés a mi lado, sólo eso me basta.
_ Seiya… - ella empezó a llorar desconsoladamente. – Perdóname, Seiya, perdóname…
El caballero de Pegaso empezó a apretarla más…
_ No puedo perdonarte… porque alejarme de ti es lo peor que has podido hacerme. Te Amo, Saori, me niego a dejarte ir…
Aquel abrazo parecía que no tenía fin, que iba a durar por siempre. Las confesiones que siempre habían deseado escuchar, las palabras que nunca pudieron decirse.
_ ¿¡Atenea, qué crees que haces!?
_ ¿Qué los impulsa a levantarse si cada vez están más dañados, caballeros? – preguntó el guerrero de mangual a los caballeros de Atenea.
_ No lo entenderías… - contestó Jabú.
_ ¿No lo entendería? – se rio en silencio y sonrió. - ¿Por qué son caballeros de Atenea?
_ ¡Somos fieles a sus ideales! – gritó Nachi.
_ ¿Fieles? ¿Aun cuando pueden fallecer aquí mismo?
_ A pesar de todo… - complementó Geki.
_ Ya veo…Yo igual. – miró al cielo Lemnos. – Nunca traicionaría al Dios Hefesto.
Los caballeros de Atenea lo miraron un poco sorprendidos de su palabra, se levantaron y estaban parados sin moverse.
Los recuerdos invadieron la mente de Lemnos.
*Flashback*
_ ¡Cratos! ¡Cratos! – lloraba un pequeño. - ¡Papá golpea a mamá nuevamente!
_ ¡Suéltala! – se aventaba su hermano mayor a proteger a la mujer.
El hombre lo agarró y lo tiró al suelo.
_ ¡Papá, no le hagas más daño a mamá! – gritaba Lemnos de niño.
_ ¡Tu madre es una prostituta!
_ ¡Por favor no hagas esto delante de los niños! – gritaba la sangrante mujer.
El hombre empezó a patearla mientras ella gritaba. La mesa atrás de la mujer contenía una vela que por el impacto cayó, la pequeña llama chocó con la madera de la mesa y la pared. El fuego empezó a extenderse. El pequeño Lemnos lloraba sin reaccionar, un niño de 6 años; Cratos seguía impulsándose a defender a su madre pero terminaba de igual manera tirado en el piso. El hombre al ver todo en llamas, corrió abandonando tanto a su esposa como a sus hijos. Lemnos se acercó a su mamá sacudiéndola levemente.
_ ¡Mamá despierta, mamá todo se incendia, mamá! – la mujer estaba inconsciente. - ¡Hermano, mamá no se despierta!
Pero una pared de fuego separaba a ambos niños, quitando la posibilidad de que el mayor se acercase a su madre y a él.
_ ¡Cratos! – lloraba Lemnos mientras veía como se desmayaba su hermano por el humo.
Siguió llorando desconsoladamente, no podía hacer nada, no tenía la fuerza, era solo un niño. Empezó a perder la conciencia cuando vio una sombra negra entrar a la casa en llamas; era definitivamente la sombra de un niño y todo el fuego alrededor de este desaparecía.
_ ¿Quién eres? – preguntó el casi desmayado Lemnos.
En medio de todo el humo unos ojos miel verdosa lo miraban, unas manos lo llevaban afuera de aquel lugar. Lemnos estiraba su manito hacia aquella persona que lo había dejado a salvo del peligro, mientras esta volvía a entrar a la casa para recoger a su madre y a su hermano.
_ ¿Por qué has arriesgado tu vida para salvarnos? – preguntó Cratos quien aún tosía.
_ Porque los amo, amo a los humanos y no deseo verlos heridos. ¿Se encuentran bien?
_ Dios Hefesto, la señora no tiene pulso.
_ ¿Qué dices?
_ ¡Mamá! – lloraba Lemnos.
_ Hari, por favor, préstame tu vasija.
El pequeño cortó un mechón de pelo y la incendió convirtiéndola en polvo, la mezcló con el agua contenida en la vasija y se la dio de beber a la mujer.
_ Por favor, no mueras… - la mujer abrió sus ojos levemente.
_ Gracias, joven Dios, has venido a rescatar… a mis hijos… y a mí… Te lo agradezco.
_ Tienes que luchar por vivir, por favor no hables más.
_ Por favor… se los encargo…
La mujer falleció y los niños, ambos, lloraban a mares.
_ Lo lamento, no llegué a tiempo. – dijo Hefesto.
_ Por favor. – habló Cratos. – Llévenos con usted, queremos ser fuertes, no queremos que nadie pase más por esto. Deseo un mundo mejor tanto como usted, joven Dios.
_ Quiero que mamá esté orgullosa de mí. – lloraba Lemnos. - ¡Por favor!
El niño Dios les sonrió y asintió, entonces los cuatro se fueron al día siguiente, después de haber enterrado a la mujer.
*fin flashback*
_ ¿Cómo podría traicionarlo después de tanto? – pensó Lemnos. – Acabaré con ustedes que intervienen en su felicidad.
