ESTRELLAS
MICHAEL CORNER
Noviembre de 1995
Ginny es elegante. Tiene una larga melena pelirroja que le llega hasta la cintura. Sus dedos son finos y su piel está cubierta de pecas doradas.
Michael siempre camina encorvado. Tiene unas profundas ojeras, tapadas por el frondoso flequillo que nunca aparta de su rostro. Podría ser invisible si no resultase tan excéntrico.
Es de noche. En realidad son las seis de la tarde, pero en el castillo ya ha anochecido. La adolescente repasa sus apuntes de Criaturas; Corner está tumbado, apoyado en las delgadas piernas de Weasley. Observa a las estrellas y se hace la misma pregunta que se hacen todos en el colegio: «¿Qué ve Ginny en alguien como yo?».
Está a punto de formularla en voz alta pero entonces ella, sin despegar la vista de los apuntes que flotan delante de sus ojos, se lo prohíbe.
—Ni se te ocurra. Y no te hagas el sorprendido, casi puedo leer tus pensamientos.
—¿Cómo?
—Porque pones esa cara —Señala a su rostro como si fuera lo más obvio del mundo.
—Bueno, yo no puedo verla.
—Pues deberías.
Se agacha y le da un beso en la frente. Bueno, en realidad en el pelo, pero, ¿a quién le importa?
—Me gustas, Michael, y es lo único que debería importarte. Por Godric, ¿no querrás explicaciones? Porque no te las pienso dar, no las tiene. No las necesito.
Él sonríe —al menos hace el amago de sonreír— y cierra los ojos. Las estrellas desaparecen pero por fin brilla en él un sutil rayo de confianza.
