— La pasión no dura. Se quema y evoluciona a otra cosa — dijo, haciendo de abogado del diablo.
— No soy ninguna ingenua. No creo que la gente siga teniendo eso después de veinte años. O quién sabe. A lo mejor sí. Pero sí sé que debes tenerlo al principio. El amor no puede ser algo completamente cómodo, como unas pantuflas viejas. Tiene que ser como unos zapatos de tacón de aguja, sexy, excitante y que valga la pena la incomodidad. Y si eso es lo que ha encontrado Harry, mejor para él.
Se encogió de hombros y sonrió.
— Eso es original — comentó él — Nunca había oído comparar el amor con zapatos.
— Yo no sabía que sentía así hasta que... bueno, hasta que empezaron los sueños. Y ahora que Harry me ha obligado a reconsiderarlo todo... No sé lo que pensarás tú, pero yo creo que el sexo entre nosotros ha sido increíble.
Draco tendría que haber sido tonto o haber estado muerto para no haber sentido orgullo.
Sonrió.
— Lo ha sido, ¿verdad?
— Y ya que hablamos de Harry, quiero que sepas que no tengo intención de contarle lo que ha pasado esta noche.
Aquello borró la sonrisa de su cara.
— ¿Porque te avergüenzas?
— No —lo miró como si estuviera loco —Porque es tu amigo y no quiero interponerme entre vosotros. Pero, sobre todo, porque no quiero que pienses que me he acostado contigo para vengarme de él. Me he acostado contigo porque me volvías loca en mis sueños y cuando te tuve aquí... fue aún peor.
— ¿Peor?
— Tú ya me entiendes. El sonido de tu voz, el contacto de tus manos en mis hombros, tu olor...
Hermione lo excitaba sin ni siquiera tocarlo. Y sólo había una respuesta lógica para eso.
Draco la hizo retroceder hasta la encimera y la besó.
Hermione pasó las manos por el pecho sudoroso de Draco. La reconciliación había subido su temperatura, pero la cocina era como un horno.
Recordó algo que había leído una vez en una revista. Parecía el momento perfecto para probarlo.
— ¿Quieres un polo? Si la electricidad tarda mucho en venir, se van a derretir de todos modos. Por lo menos estará frío.
Él se movió un poco, de modo que ella ya no estaba atrapada entre la encimera y el cuerpo duro de él.
— Sí. Hace años que no tomo un polo.
— Yo los compro cuando hace este calor. Son dulces y tienen menos calorías que los helados — abrió el congelador — Estupendo. Siguen congelados. ¿Cereza, fresa o uva?
— Definitivamente, cereza.
Hermione le pasó uno.
— También es mi favorito.
Desenvolvió el suyo y lo lamió despacio, primero por un lado y después por el otro.
— Hum.
Miró a Draco, se metió el polo en la boca y chupó con fuerza. Lanzó un gemido.
Draco la miraba apretando el suyo en la mano.
— No sé si puedo verte comer un polo sin tener un infarto — se apoyó en la encimera como si tampoco supiera si podían sostenerlo las piernas.
Hermione sonrió y mordisqueó la punta. Le encantaba ver cuánto lo excitaba. Se bajó el top y liberó sus pechos.
— ¿Qué te parece esto?
Pasó el polo por los pezones.
— ¡Vaya! Esto te enfría con rapidez.
Draco hizo un ruidito con la garganta.
— Hermione...
Definitivamente, había un bulto en la bragueta de su pantalón.
— ¿Quieres que nos llevemos esto al dormitorio? Me parece que estaremos más cómodos allí — y no tenía intención de hacer el amor delante de su gato. Tomó un tazón.
— Vamos — él le tomó la mano y casi la arrastró por el pasillo hasta el dormitorio.
— Humm. Me gustan los hombres entusiastas.
— Tu polo y tú habéis suscitado mi entusiasmo — repuso él.
Ella levantó del suelo la toalla con la que había salido él a por el gato, la extendió en la cama y se sentó en el borde.
Draco intentó abrazarla, pero ella se escabulló.
— Una cosa es el entusiasmo y otra la impaciencia. Todavía no es hora. Acabamos de empezar a disfrutar del polo.
Volvió a pasarlo por los pezones y después por el vientre y por la parte de arriba de los muslos.
— Hermione, por favor.
Se sentía una mujer perversa...Y le gustaba.
— Puedo decirte dónde necesito enfriarme un poco.
Se tumbó de espaldas, apoyada en un codo. Colocó un pie sobre la cama y se abrió, con lo que Draco pudo ver claramente lo húmeda que estaba ya.
— Hermione... — gimió.
El beso del hielo en la parte interior del muslo le provocó una sensación intensa. Acercó despacio el polo a los labios.
Se sentía perversa y muy excitada. Introdujo un poco el polo y lo movió.
— ¡Oh!
Estaba duro y helado y ella estaba caliente. Draco se quitó los pantalones sin dejar de mirarla. Ella introducía y sacaba la punta del polo y se lamía los labios.
Draco se acercó al borde de la cama.
— Chupa el mío.
Hermione estaba tan cerca del orgasmo que podría haber explotado cuando oyó el tono erótico de él. Draco le rozó los labios con su polo y se lo introdujo en la boca.
Hermione no se había sentido nunca tan excitada como en ese momento. Estaba caliente por dentro, el polo se derretía en ella en un tiempo récord, deliciosamente frío contra su calor. Y la expresión de Draco...
Lamió el polo de él arriba y abajo.
— Parece que tienes calor — dijo — Yo sé cómo refrescarte. Con algo frío en la superficie y caliente por dentro.
Draco no esperó una segunda invitación. Se puso un preservativo y la penetró.
— ¡Oh! — exclamó Hermione. Nunca había sentido nada tan placentero como el tacto del pene de Draco contra la piel fría. Calor y frío. Dureza y suavidad. Era tan agradable que sabía que no podría durar mucho.
Draco se despertó con un sobresalto. Tardó un momento en darse cuenta de que sonaba su móvil, que estaba en sus pantalones en algún lugar del suelo oscuro.
Saltó de la cama y los buscó a tientas.
Cuando consiguió encontrarlos, había dejado de sonar. Miró su reloj. ¿Quién podía llamar a esa hora de la madrugada?
Hermione se incorporó sobre un codo.
— ¿Quién llama?
— Voy a verlo — marcó el buzón de voz.
— Draco, soy tu padre. Llámame cuando oigas esto. Espera, no puedes llamarme aquí — colgó.
— Mi padre — dijo Draco a Hermione, que estaba ya bien despierta — Primero me pide que lo llame y después dice que no puedo llamarlo. Pero voy a probar de todos modos.
Se sentía aprensivo. Sus padres no lo llamaban nunca. Aquello no podía ser nada bueno.
Antes de que tuviera tiempo de hacer la llamada, sonó de nuevo su móvil.
— ¿Papá?
— Draco, gracias a Dios que contestas. Estoy en el hospital City North. Creemos que tu madre ha tenido un infarto.
Las palabras de su padre fueron como un puñetazo en el estómago. Draco se sentó en la cama.
— ¿Dónde está ahora?
— Aquí, en el hospital.
— No, quiero decir si está en la UCI.
— No. Le están haciendo un electro en Urgencias. Necesita que vengas — hubo una pausa — Yo necesito que vengas.
Draco no vaciló. Para bien o para mal, eran sus padres.
— Voy para allá. Puede que tarde, pero voy para allá. Llevo el móvil encima. Llámame si cambia algo.
Colgó el teléfono y notó con sorpresa que le temblaban las manos.
— ¿Qué pasa?
— Mi madre ha tenido un infarto — decir aquello en voz alta le hizo sentir náuseas.
— ¡Oh, Draco! — Hermione lo abrazó por detrás — ¿En qué hospital?
— El City North.
Ella lo soltó y salió de la cama. Abrió un cajón de la cómoda y se puso un pantalón corto de correr. Draco se puso los vaqueros y la camiseta. Ella se puso un sujetador deportivo.
— ¿Qué haces? — preguntó él.
— ¿A ti qué te parece? Me visto. El City North está al noroeste de aquí. No tengo coche y no sé si podremos encontrar un taxi a estas horas, pero podemos ir corriendo — miró las botas Doc Marten de él — Si crees que puedes correr con eso. Mis deportivas no te valen.
— ¿Podemos?
Hermione se recogió el pelo en una coleta y lo miró por el espejo de la cómoda.
— Voy contigo.
— No es necesario.
— Sí lo es.
— ¿Y si no quiero que vengas?
— ¿Me estás diciendo que no me quieres allí?
El problema era que lo asustaba hasta qué punto la quería allí. Lo asustaba lo fácil que era querer apoyarse en ella cuando había vivido tanto tiempo solo.
¿Y qué importaba que él la quisiera allí o no? Conocía a Hermione y sabía que iría de todos modos.
