- Cariño, quita esa cara. - le pidió su madre mientras colocaba una rebanada de tarta de fresa frente a ella. - Su motocicleta se averió, no podemos permitir que vaya a casa caminando.
- Entiendo, ¿pero tenemos que llevar a su conquista también?
Alejó la mirada hacia los causantes de su molestia. Tracie reía debido a algún comentario de Edward que estaba secando unos platos en la cocina del restaurante. Al sentir su mirada giró, le dedico una pequeña sonrisa a la distancia. La relación entre ambos se había convertido en una bastante cordial desde que su madre se entrometió. Bella intentaba ser lo más seria posible y cumplía con notificarle todos los días su estado, Edward le enviaba mensajes para saber sobre sus mareos todas las mañanas pero estos habían parado hacía unos días así que sus respuestas eran muy escuetas ya que no tenían otro tema del que hablar.
- Edward siempre lleva a Tracie a casa. No podemos dejarla si esta nevando.
Bella suspiró molesta. Era cierto. Tracie contaba con el servicio de transporte Masen, quería reír por la ridícula situación. No había llevado su camioneta por querer ahorrar en combustible, había empezado a llevar a su madre al trabajo y también la recogía en el auto de ella después de acabar su turno en el cine donde para su desdicha vivía otro drama con Jacob.
Tenía náuseas.
Camino hacia el baño evitando a toda costa ver a Edward pero eso no evitaba que él la viera a ella.
- Hey. - la saludó acercándose. - ¿Cómo estas?
- El bebé ya no parece molesto con la comida que le doy. Todo va bien.
- Me alegro. - sonrió abiertamente. - Oye... quería agradecerte por llevarme a casa... mi motocicleta se averió por la nieve y...
- Esta bien. - respondió cortante. - ¿Tracie vive cerca a ti? Quisiera ahorrar un poco de combustible.
- Eh... mierda. - parecia incómodo. - Ella vive cerca a la central eléctrica.
Bella abrió los ojos. ¿Iba hasta el otro lado del pueblo para dejarla todos los días? Demonios, ambos vivían en polos opuestos. No pudo evitar sentir la rabia fluir por su cuerpo, ella jamás tuvo la oportunidad de siquiera subir a esa motocicleta. Quizás el sexo con Tracie era superior y si merecía el esfuerzo.
- Pero puedes dejarme con ella. - se apuró en agregar el muchacho al ver su rostro descompuesto. - Yo puedo tomar el autobus.
Sacrificios por Tracie. Genial. Por Bella sólo había llegado a comprar helado de vainilla. Mierda y ahora le daría un hijo. ¿Habría algún día donde no se arrepienta de embarazarse de él?
- El autobus pasa cada media hora. Morirás congelado.
- Puedo esperar. - admitió muy seguro. - Es sólo media hora.
- Edward no tienes que ser un héroe para tu novia. - ella no contribuiría en mejorar su imagen ante ella. - Te llevaremos a tu casa.
El cobrizo se sorprendió por sus palabras.
- No es mi novia.
- No es mi problema. Te llevaremos. - quiso seguir su camino pero el la retuvo tomando su brazo.
- No estoy saliendo con Tracie. - volvió a repetir. - Nada pasa entre nosotros. Nada. - enfatizó.
- No es mi problema. - repitió lentamente. - Si lo tuyo con ella no es formal o si no existe en tu cabeza. No me interesa. - tiró de su brazo. - Suéltame, tengo náuseas.
Edward volvió a tirar de ella.
- Acabas de decir que ya no tienes náuseas.
- Tú las causas.
Se zafó de su agarre y se metió al baño antes de que pudiera reaccionar.
El cobrizo la alteraba con mucha facilidad.
Ir en el auto de su madre con los tórtolos era lo peor que podía pasarle. El querido Eddy recibía regaños de su amada por no utilizar una chaqueta acorde al clima de la estación.
- Siempre olvido usarla. - le contestaba él con ese tono ronco que volvía locas a todas las chicas.
- Eddy vas a enfermar. Díselo Renne. Es un inconsciente. - le pidió a su madre que estaba tensa mientras manejaba.
- Edward debes tener cuidado en esta estación. - Bella resopló al escuchar a su madre darle la razón a Tracie. - No debes enfermarte.
El tono de voz de su madre llamo su atención.
- Si señora Swan. No volveré a exponerme. - prometió el muchacho sorprendiéndola.
No se había dado cuenta si la relación entre su madre y Edward había cambiado. Parecía que ahora ella tenía el mando. Interesante.
No pudo con su curiosidad masoquista y observó el espejo retrovisor para ver a la pareja. Tracie estaba sentada muy cerca de él, sus manos casi se tocaban. Al subir la mirada a sus rostros vio a Tracie mirando por la ventana con esas pestañas imposiblemente largas mientras Edward tenía la mirada en Bella. La quitó porque no quería verlo, estaba especialmente molesta con él.
El largo trayecto a casa de Tracie acabo para su dicha. La muchacha se despidió muy agradecida por su amabilidad. Tenía una bonita casa de dos pisos con un gran patio donde un par de autos se veían. ¿No sabía conducir o no eran suyos? Quizás prefería ir en moto.
- Bien Edward. - su madre llamo su atención. - ¿Dónde vives?
El cobrizo se puso pálido antes de contestar.
- Puedo tomar el autobus. - comentó en voz baja. - No quiero ser una molestia.
- No lo serás. - replicó Renne mirándolo por el retrovisor. - Si te dejo aquí pescarás una neumonía y no es buen momento para enfermarse. El bebé te necesita sano.
El cobrizo asintió suavemente.
- ¿Entonces a donde?
- A la avenida Sherwood.
La familia de Edward vivía en esa calle desde que sus abuelos les dejaron esa casa cuando se mudaron a Florida para vivir su jubilación. La herencia les llegó en buen momento ya que su padre se dedicaba a restaurar casas y sus ingresos no alcanzaban para mantener a su familia. El señor Masen, William para sus amigos, era un hombre al que le gustaba beber con frecuencia lo que era un problema para sus hijos; Will, Dave y Edward. La señora Masen había fallecido por una lamentable enfermedad cuando sus hijos eran muy pequeños por lo que su padre se vio obligado a restaurar casas mientras sus hijos jugaban a su alrededor.
- ¿Hay alguien en casa? - le preguntó su madre al cobrizo cuando llegaron al barrio y miraban las casas.
- Eh no creo. - contestó algo nervioso. - Es la casa amarilla.
Se detuvieron donde el muchacho indicó.
- Gracias. Nos vemos mañana Señora Swan, adiós Bella.
Se despidió bajando del auto.
Ambas lo observaron caminar hacia la casa, cuando llegó a la puerta trató de abrirla pero no lo logró.
- ¿No tiene llave?
- Parece que no. - su madre respondió vigilando el accionar del muchacho.
- ¿Dónde esta su motocicleta? - Bella buscó con la mirada la supuesta motocicleta malograda.
- Algo sucede.
- Quizás el cerrojo esta mal.
- Hablare con él.
- Mamá no...
Su madre bajo del auto y se acercó al muchacho que seguía intentado abrir la puerta.
Bella no podía escuchar que rayos le decia y eso la estaba matando de la curiosidad. Edward se veía nervioso ya que se movía constantemente en su lugar mientras contestaba las preguntas de su madre.
Como no podía escuchar empezó a buscar con la mirada la motocicleta, esa que había sido protagonista de sus fantasías. Nunca tuvo la oportunidad de subir, Edward jamás la había llevado a dar si quiera un paseo. Era el bien más preciado de Edward, había ahorrado tres veranos para comprarla.
De pronto un auto se estacionó en la frentera de la casa. De él bajaron una mujer y un niño de unos cuatro años.
Pronto su madre y Edward se acercaron al auto donde Bella los esperaba.
- ¿Qué sucede? ¿No es su casa? - preguntó confundida.
- Edward no puede quedarse en su casa por el momento. Iremos a tomar un chocolate caliente a casa, ¿creo que compraste un par de barras en navidad?
- ¿Qué? ¿Chocolate?
- Si cariño, hace frío. - Renne encendió el auto partiendo tan rápido que Bella tuvo que agarrarse de la puerta.
-¡Mamá! - se quejó protegiendo su vientre.
- Perdón cariño.
- Dime que demonios esta ocurriendo. - exigió a su madre para luego girar a mirar acusadora a Edward que estaba pálido mirando sus zapatillas.
- Tranquila, hablaremos cuando lleguemos a casa.
- ¡No! ¡Díganme que sucede! ¡Ahora! - exigió pero esta vez mirando directamente a Edward que al escucharla levantó la mirada sorprendido. - ¡Habla!
- No puedo volver, mi padre me echó hace un par de semanas. - admitió nervioso y pálido. - No puedo volver a casa.
- ¿Qué... ? - preguntó confundida. - ¿Y dónde estás viviendo?
- Con nosotras. - contestó su madre dejandola sin palabras.
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Primero que nada pido disculpas a las lectoras de Vidas Ajenas por la confusión que hubo con esta historia, por esa razón quise reinvindicarme actualizando.
Quedo atenta a sus comentarios.
