Abrió sus ojos un momento, viendo borroso, después los cerró y abrió de nuevo viendo igual, luego volvió a abrirlos y comenzó a parpadear varias veces hasta que pudo mantenerlos abiertos por completo, y sintió entonces un leve dolor en la cabeza, que se sobó mientras se sentaba ya que estaba acostado y cuando sintió que el dolor pasaba al fin alzó la vista y miró lo que lo rodeaba: oscuridad.
No podía ver nada y no entendía por qué, pero al comenzar a hacer memoria recordó que acababa de cancelar la boda y salía de su casa cuando sintió un fuerte golpe en la cabeza que lo hizo caer y después el brazo que lo apretaba sujetándole un pañuelo que probablemente fue el que lo hizo desmayarse.
Entonces comenzó a sentir lo que había a su alrededor y al poner las manos en el suelo se dio cuenta de que estaba tan sólo en el piso, tirado, luego se levantó y comenzó a caminar moviendo las manos delante de él para sentir si había algo enfrente y no chocar, entonces una de sus manos siguió sin tocar nada pero la otra chocó con algo, Víctor comenzó a tentar lo que había tocado y pronto se dio cuenta que parecía un tubo y pegando sus manos al tuvo las movió a los lados para que chocaran con más tubos, y fue entonces que se dio cuenta que se encontraba en una jaula.
"¡Ay no!" pensó, y sin más entró en pánico al entender que lo tenían secuestrado.
-¡Auxilio! ¡Alguien venga por favor!- gritaba frenético agarrando dos de los tubos de la jaula con sus manos al rededor- ¡Estoy secuestrado, necesito ayuda! ¡SOCORRO!- gritó la última palabra más fuerte y más desesperado.
De pronto cuando iba a gritar otra vez escuchó un ruido como el que se escucha cuando se mete la llave en una puerta y la abren, esperó un poco y pronto entró una luz perteneciente a una vela, que llevaba consigo su madre.
-¿Pero qué es todo este escándalo Víctor?- preguntó, tranquila pero denotando molestia- despertarás a los vecinos- dijo mientras dos hombres robustos y enormes entraban en la habitación y se situaba cada uno a un lado de ella.
-Madre ¿qué? ¿Qué está pasando?- preguntó Víctor, confundido- ¿dónde estoy? ¿Qué hago aquí?
-¿Qué no reconoces tu propia casa, hijo?- preguntó su madre, y en efecto, cuando Víctor volteó a ver a su alrededor se dio cuenta que estaba en el pequeño cuarto que estaba cruzando una puerta al lado de la sala principal, el cual siempre permanecía vacío y sólo se ocupaba cuando Víctor era castigado.
Pero en esta ocasión sí había algo en la habitación, y era una jaula grande color negra que abarcaba la mitad del pasillo y era ahí donde Víctor estaba.
-Madre, ¿qué estoy haciendo aquí? ¿Por qué estoy en esta jaula?- preguntó, a la vez que agarraba un barrote de cada mano y se jalaba hacia atrás, para comprobar si eran de verdad y no se equivocaba.
-¡Ay! Mi querido Víctor- comenzó a decir su madre- mi querido hijo luchador por sus "sueños" y "deseos", quise hacer esto fácil para ti, te advertí y te di oportunidad de olvidarte de esa otra chica y proseguir con la boda, pero tú no supiste aprovecharla y me vi en la necesidad de obligarte a la fuerza.
-¿Qué quieres decir?- preguntó Víctor, casi en un susurro.
-¡Ay! Víctor, ¿es que eres tan tonto para no comprender?- preguntó su madre, suspirando- haber, escucha, tú, vas a quedarte aquí en esta jaula hasta el día de tu boda ¡que ya es en tres días!- dijo esa frase con una sonrisa- y de esa forma- continuó ya seria- no podrás arruinarla por ser visto con otra y una vez casado deberás de irte de viaje a tu luna de miel por dos meses por lo que al fin te olvidarás de esa mujer quita hombres.
Víctor analizó las palabras.
-¿O sea- comenzó a preguntar lentamente- que eres tú quien mandó a desmayarme para secuestrarme?
-Chico listo- dijo su madre con una sonrisa cínica.
Víctor suspiró entre triste y aterrado, había asimilado las cosas lentamente porque apenas se había despertado y seguía algo afectado por la sustancia con la que lo durmieron, además que ¿cómo podía creer él que su madre, la mujer que le dio la vida y debería protegerlo y cuidarlo siempre, hacía ese tipo de cosas sólo por el interés del dinero que traería su matrimonio forzado?
-¿Cómo puedes estar haciéndome esto?- preguntó, en un susurro.
-¡Ay! Por favor Víctor, no comiences con tonterías y cursilerías- le dijo ella- siendo mi hijo deberías saber de los sacrificios que hay que hacer en la vida, y de las cosas que realmente importan.
-¿Lo dices tú?- preguntó Víctor- ¡¿cómo te dices saber de las cosas importantes de la vida si no sabes pensar más que en las cosas materiales y...
-¡Ay! Me está aturdiendo- dijo la señora Van Dort, llevándose las manos a las sienes- caballeros- dijo refiriéndose a los dos hombres que había contratado para "controlar" a Víctor- vuelvan a dormirlo, que no despierte hasta mañana- dijo y salió de la habitación mientras Víctor seguía gritando desesperado.
-Mmm, las 12:00 de la noche y él con su escándalo- dijo antes de entrar a su habitación, cuando los gritos de Víctor comenzaban a apagarse porque volvía a quedarse dormido.
Al día siguiente Víctor despertó al medio día, con dolor de cabeza debido a la sustancia además de que no comía nada desde la mañana del día anterior.
No había nadie en la habitación y la luz entraba por la ventana que tenía la pared que estaba a su espalda, aunque por desgracia no la alcanzaba además que estaba más alta que la jaula por lo que tampoco podría llegar hasta ella y escapar.
Se quedó acostado esperando que el dolor pasara, sintiéndose mal porque su madre le hiciera eso.
Entonces le vino a la mente...
-Emily- susurró- le dije que iba a ir esta noche para anunciarles nuestro compromiso a nuestros amigos, pensará que no tuve el valor para cancelar la boda por ella... me odiará.
Después se sentó con las rodillas pegadas a su pecho y se tapó la cara con las manos, comenzando a llorar, por lo que le hacía su madre, por lo decepcionada y triste que debía estar Emily de él, por estar ahí encerrado y secuestrado sin que él pudiera hacer nada.
Y poco a poco el dolor y la tristeza dio paso también a la impotencia, y se levantó y comenzó a golpear con las manos y con la cabeza los barrotes de la jaula mientras gritaba, a la vez del dolor por los golpes a la vez del dolor que sentía en su interior.
Siguió y siguió así, el dolor lo hacía de alguna forma liberarse, sentirse mejor, por un momento incluso opacaba el dolor interior al hacerse presencia el exterior.
Se perdió tanto en hacer eso gritando de coraje que no se dio cuenta de la persona que entró en la habitación y abrió la puerta rápidamente.
-¡Víctor! ¡¿Qué te pasa?!- gritó el señor Van Dort jalándolo por los hombros, aunque Víctor no se lo ponía fácil empujándose hacia los barrotes golpeándose aún.
"No voy a parar" "No voy a parar" "Ya no soporto esto" pensaba.
-¡Víctor! ¡VICTOR POR FAVOR!- siguió gritando e intentando quitar de ahí su padre- ¡TE ESTÁS DESANGRANDO HIJO!
Y en efecto, de sus manos y frente comenzaban a salir pequeños chorros de sangre así como cortadas, las cuales se habrían más con cada golpe, pero motivado por eso mismo el señor Van Dort jaló con todas sus fuerzas a Víctor haciéndolos caer a ambos, y Víctor comenzó a patalear y dar manotazos en el aire pidiendo que lo soltara, pero su padre no lo hizo y lo abrazó por detrás cruzando los brazos por delante de Víctor y sus brazos manteniéndolo inmovilizado.
Víctor siguió gritando sin control al igual que sollozaba, luego, sintió en su brazo una inyección que lo hizo cerrar sus ojos.
Tal como había hecho dos veces desde el día anterior abrió los ojos con trabajo debido a la sustancia, sintiendo nuevamente dolor de cabeza aunque más fuerte que otras veces, pero lo que cambiaba en esta ocasión es que no sentía la cabeza acostada en el frío y duro suelo, sino en algo más suave y cómodo, y mientras se preguntaba qué era ya que no podía enderezarse porque estaba débil sintió una mano acariciar su cabeza y se volteó como pudo, quedando mirando al techo, o mejor dicho a su padre, quien estaba arrodillado y mantenía la cabeza de Víctor acostada en sus rodillas.
-Víctor, al fin despiertas- dijo con una sonrisa.
-Papá- dijo Víctor débilmente.
-Me diste un buen susto muchacho- dijo su padre siguiendo acariciándole el cabello- no te controlabas y tuve que llamar a los guardias para que te inyectaran un tranquilizante, además de que te tuve que vendar la cabeza y las manos porque alcanzaste a hacerte algunas heridas y moretones... ¿Pero en qué pensabas para hacer una tontería así?- preguntó su padre, tranquilo, despacio, como siempre lo hacía.
-¿Y tú me lo preguntas?- preguntó Víctor haciendo un intento de sonrisa sarcástica, de la cual sólo salió una mueca- ¿enserio? ¿Lo dice el hombre que tiene secuestrado a su propio hijo?
Su padre se vio triste ante la pregunta, y guardó silencio.
-No es un... yo...- intentó hablar al fin, suspirando- Víctor lo siento, sé que no es la mejor manera pero, tú madre...
-Por favor papá- dijo Víctor interrumpiéndolo- no lo digas como si todo lo que hiciera mi madre fuera correcto, porque al menos yo sé que no... por años he callado como tú dejando que me controle pero ya estoy harto de eso, creí que ocurría lo mismo contigo, pero de ser así me apoyarías para hacer lo que tú no te atreves, negarme a hacer algo que no quiero y que sólo ella quiere.
Después de hablar Víctor cruzó los brazos volteando un poco la cabeza aún en el regazo de su padre, enojado, pero no se quitó.
Y el señor Van Dort, triste, guardó silencio y siguió acariciando el cabello de su hijo.
A pesar de que el señor Van Dort no tenía el valor de apoyarlo y contradecir a su madre Víctor no quiso alejarse de él, porque apreciaba mucho esa muestra de afecto de que estuviera con él, algo que llevaba mucho tiempo extrañando, ya que su madre desde hace tiempo prácticamente les había quitado el tiempo juntos al mandar a Víctor a diferentes clases de lenguajes, tocar instrumentos e incluso modales, todo para que estuviera a la "altura" de la alta sociedad.
Gracias a que Víctor no había comido nada aún, y le habían puesto bastantes cosas para dormirlo además de los golpes en la cabeza y las caricias de su padre pronto volvió a dormir.
Despertó horas después, cuando ya era de noche, seguía en la misma posición que antes, con su padre, el cual había estado reflexionando desde que Víctor se había quedado dormido.
-¿Cómo te sientes hijo?- le preguntó, en un susurro.
-Me duele un poco la cabeza, pero menos que antes- dijo Víctor, con la voz un poco débil.
-Entiendo- dijo su padre acariciándole el pelo- escucha Víctor, yo... estuve pensando en lo que me dijiste y...
Sus palabras fueron interrumpidas cuando la puerta de la habitación se abrió.
-¡Ay! Aquí estás- entró diciendo la señora Van Dort- tengo que contarte sobre el café con la señora Everglot y sus amistades, todas divinas y bien acomodadas económicamente jajaja... ¿por cierto qué es lo que estás haciendo aquí?- hizo la última pregunta con vos y expresión enojada, reparando por primera vez en que su esposo estaba con su hijo cuando le había prohibido verlo, mucho menos consolarlo, y aún así llegaba y lo encontraba junto a él, prácticamente abrazándolo.
-Verás querida es que- comenzó el señor Van Dort- Víctor se puso mal hace rato y tuvo algunas heridas, así que he estado aquí para ver que estuviera bien.
La señora Van Dort revisó a Víctor con la mirada, y vio las vendas que se entrecruzaban al rededor de sus manos así como la que reposaba al rededor de su frente.
-Mmm, ¿y lo curaste?- preguntó la madre de Víctor.
-Sí querida- le respondió el padre de Víctor.
-¿Se encuentra bien?- preguntó ella.
-Sí mi cielo- respondió él.
-Mmm... ¡ay! Entonces está bien y no tienes que estar haciendo nada ahí, ¡sal inmediatamente! Parte de su castigo es estar ahí solo, haber si reflexiona- dijo la señora Van Dort, mirando a Víctor con desprecio.
-Pero Nell, el niño está mal- dijo el señor Van Dort.
-¡Tonterías! Sólo quiere llamar la atención porque no lo dejo estar al lado de la mujer que ama- dijo llevándose una mano a la frente e inclinándose haciendo una burla del "drama" que le parecía que armaba Víctor.
-Pero no es así- replicó el señor Van Dort- está mal, me necesita, ¡ENTIÉNDELO!- gritó al final.
La madre de Víctor no se tomó nada bien eso y al instante sus ojos centellearon de furia.
-¿Te atreves a gritarme a mí, William?- preguntó- porque te recuerdo que a una orden mía te quitan las llaves y no sales de esa jaula al igual que tu hijo, les contraté para mantener en control a quien yo quisiera.
Ambos se miraron fijamente unos segundos, pero cuando la señora Van Dort se acercó a la puerta apunto de abrirla el señor Van Dort suspiró, deteniéndola, ya que eso era lo que ella esperaba.
-¿Vienes querido?- preguntó amablemente, volteándose hacia él.
Víctor miró a su padre triste, aún acostado en sus rodillas.
Su padre bajó la mirada hacia él y suspiró.
-Vas a estar bien hijo- susurró y luego lentamente le sostuvo la cabeza hasta recostársela en el suelo y después procedió a abrir la puerta, dar una última mirada a Víctor y salir de la jaula.
La señora Van Dort sonrió satisfecha y salió de la habitación.
El señor Van Dort se dio la vuelta y se dirigió a la puerta de la habitación, pero la voz de Víctor lo detuvo un momento.
-Por supuesto que lo estaré- dijo, su voz aún débil pero alta y con seguridad- después de todo siempre lo he estado sin su ayuda, la de ella por negármela y la tuya por seguirla a ella, padre- después se volteó en el suelo, aún acostado pero dándole la espalda a su padre.
Él lo miró triste, y después de unos segundos, salió, dejando a Víctor solo en la oscuridad, porque al igual que la felicidad de Víctor con el abandono de su padre, la luna también había sido tapada por las nubes grises.
Al día siguiente despertó temprano, pero sintiendo el mismo vacío de hace dos días, la cabeza le seguía doliendo y se sentía débil ya que era por no comer, pero esa mañana su madre le había llevado un plato de sopa diciéndole que el no haber recivido comida era parte de su castigo.
Él no dijo nada y sólo comió, estaba enojado con ella y sin duda no era para menos ¡ése ya era su tercer día secuestrado! ¡Por sus propios padres! Sabía que su padre no estaba de acuerdo en eso pero al final realmente no importaba si siempre pensaba obedecer a su madre, y mientras tanto él pensaba en qué podría hacer, la boda era pasado mañana y no podía seguir ahí, claro que estaba la solución de no aceptar estando en el altar, total, era su vida y lo que pensara la gente no debía de intervenir en sus decisiones, pero lo malo de este plan era que al momento de rechazar a Victoria y salir corriendo hacia Emily los hombres que su madre contrató para vigilarlo lo alcanzarían y aunque tal vez no lo obligaran a casarse sí que su madre estaría furiosa, ya se imaginaba incapaz de poder pararse gracias a los latigazos que le daría.
-¡Ay! ¡Todo esto por esa tonta boda!- gritó, sentado con las rodillas pegadas al pecho y llevándose las manos a las sienes- ¡odio todo lo que tenga que ver con ella!
Después se levantó y estuvo caminando al rededor de la jaula enojado y estresado, tenía ganas de volver a golpearse contra los barrotes de la jaula pero sabía que eso no le ayudaría en nada.
Se le pasó así el tiempo hasta que se abrió la puerta y entró su madre con un plato de frutas.
-Toma- dijo poniéndolo en el suelo por las rendijas.
Víctor la miró enojado, con odio.
-¡Ay! Quita esa cara de niño enojado- dijo su madre, indiferente.
-¡Te exijo que me saques de aquí ahora!- gritó Víctor, poniéndose de pie y acercándose a las rejas agarrándolas con las manos, quedando frente a su madre.
-¿Tú? ¿Exigirme a mí? Jajajajaja- rió su madre- que buena broma cariño, mejor tú se un buen niño, pórtate bien y aguanta, después de todo la boda es pasado mañana y ya no tendrás que estar aquí encerrado sino con tu esposa, así que concéntrate en pensar en eso mi amor, adiós- terminó de hablar su madre y rápidamente salió de la habitación.
-¡TE ODIO!- gritó Víctor- ¿cómo puedes hacerme esto si soy tu hijo?- susurró.
Después comió, no tanto porque quisiera pero sabía que si no lo hacía estaría débil y dormiría más (y temía que si eso pasaba se aprovecharan de él y le hicieran algo, a estas alturas esperaba cualquier cosa de su madre), además de que también debía de prevenir el dolor de cabeza, sólo así podría hacer un plan para escapar y volver al lado de Emily.
Las horas habían pasado lentamente y ya era de noche, Víctor no había echo más que pensar en lo desdichado que era al estarle pasando esto, el coraje hacia su madre no dejaba de crecer, es cierto que ella nunca había sido una mujer muy cariñosa y que expresara su amor hacia él, pero tampoco lo había maltratado como comenzó a hacer con el látigo cuando no quería tomar las clases para "pertenecer a la alta sociedad", ni le gritaba tanto como desde ese entonces o decía cosas que lo hacían quedar a él como un inútil, y ahora por si fuera poco lo secuestraba sólo por no querer casarse con Victoria y asegurarle una fortuna y cenas y tés con "la alta sociedad".
-Todo por la boda, si que era insoportable antes de eso pero desde que se le metió la idea de casarme no he tenido escapatoria- se decía Víctor- ¿qué eran unas horas en clases sofisticadas comparado con el evento que cambiará mi vida para siempre?... ¿pero qué hice yo para merecer esto? ¡Ojalá no tuviéramos nada de dinero para que los Everglot nunca se hubieran interesado en mí como esposo de su hija, quien también sufre!... ¡Ah! ¡Esta boda ha sido una maldición! ¡Gracias a esta boda estoy secuestrado! ¡Gracias a esta boda he tenido que asistir a miles de ensayos aburridos y sin sentido! ¡Gracias a esta boda he soportado los gritos de mi madre! ¡Gracias a esta boda he soportado los gritos de la señora Everglot! ¡Gracias a esta boda he soportado los sermones del casamentero! ¡GRACIAS A ESTA BODA ME DIERON LATIGAZOS HASTA SANGRAR! ¡GRACIAS A ESTA BODA ME HAN ESTADO DROGANDO PARA DORMIRME! ¡GRACIAS A ESTA BODA ME ESTABA DESANGRANDO! ¡GRACIAS A ESTA BOBA Y TONTA BODA HE TENIDO QUE RENUNCIAR A LO QUE QUIERO, ESCRIBIR POEMAS, VIAJAR, TOCAR EL PIANO Y...- Fue entonces que recordó algo, algo que en su dolor había olvidado, y es que, gracias a esta boda, hace ya varias noches, al ensayar los votos en el bosque le había propuesto matrimonio a un cadáver, gracias a esta boda conoció al mundo de los muertos, gracias a esta boda una vez resuelto el mal entendido tuvo que regresar a ese nuevo mundo a recuperar el anillo, gracias a esta boda escuchó por primera vez a alguien que lo comprendía, gracias a esta boda surgieron en él pensamientos que nunca pensó, gracias a esta boda obtuvo unos amigos divertidos que nunca lo juzgaban y lo aceptaban, gracias a esta boda Sobras había regresado a su vida, gracias a esta boda había encontrado la carta de su abuelo, gracias a esta boda había reunido valor para revelarse y estar dispuesto a no casarse... al menos no con Victoria, porque gracias a esta boda estaba a punto de casarse con la mujer que amaba- Gracias a esta boda conocí a Emily- se dijo en voz baja, y volteó a ver la ventana que estaba por arriba de él, de la cual la luna se asomaba en el cielo azul y le recordó a su amada Emily debido a su hermosura.
Se quedó callado unos segundos, analizando las cosas que le habían pasado desde hace tres semanas, luego se puso derecho con las manos empuñadas.
-De no ser por esta boda no habría conocido a Emily- dijo- no me habría enamorado de ella y mi vida seguiría siendo vacía gracias a las cosas materiales y locuras de mi madre, pero ella me enseñó una visión diferente, ella es humilde y nunca le ha importado lo material, ella sí sabe lo que es el amor, y me lo ha demostrado... ¡No es momento de seguir lloriqueando y sintiendo lástima de mí mismo! ¡Tengo que salir de aquí! ¡Tengo que hacerlo por Emily... y por mí mismo!- dijo alzando la voz, más seguro que nunca de que lo que hacía y pensaba era lo correcto.
Y en cuanto terminó de hablar el cerrojo de la puerta comenzó a moverse, y cuando la puerta estaba siendo empujada para abrirse Víctor estuvo listo para gritar y pelear por salir de ahí, pero se quedó sin palabras al ver quien era.
