Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES + 18.


Capítulo 15:

Eres mi vida

PARTE II

"(…) Y el latido de tu corazón, lo considero el sonido más maravilloso del mundo. Estoy tan sintonizado con él, que juraría que puedo oírlo desde kilómetros de distancia."

SM.

La espera en cada segundo mantuvo a Bella en vilo, con una eternidad de terror en cada espacio de su cuerpo. Sentía que temblaba, inquieta, a punto de volver a desgarrarse, y quizá para siempre.

—El Sr. Cullen se encuentra estable —afirmó finalmente.

La Dra. Swan dejó ir el aire.

—No tiene criterio de riesgo inminente para su vida, pero requiere muchos cuidados por el momento.

Ella cerró sus ojos mientras todos dejaban ir un suspiro o grito de alivio.

—Tiene fractura expuesta de tibia derecha y un neumotórax controlado. Actualmente se encuentra consciente —informó.

—Tengo que verlo —suplicó Bella—, por favor —gimió.

—Es usted Bella Swan, ¿no?

Asintió mientras sollozaba.

—Ha estado preguntando por usted desde que recobró la conciencia. Venga con nosotros.

Bella tragó y miró hacia los padres de Edward, como pidiéndoles el consentimiento, pero ambos ya asentían con una sonrisa. Así que no tardó en correr hacia la sala, respirando de manera desacompasada ante la necesidad de poder verlo. Cuando llegó y lo vio conectado al drenaje pleural, usando la mascarilla de oxígeno, manteniendo la pierna en exposición y las diversas heridas en su cuerpo, lo primero que hizo fue mirar al cielo desde la ventana para agradecerle a Dios porque estuviera vivo. No se imaginaba, ni en el peor de los casos, el inmenso dolor que significaría no verlo nunca más. ¿Cómo pensó en huir en primera instancia? Si apenas podía estar separada de él.

Se sentó a su lado y lo contempló durante un largo segundo, acercando su mano a su rostro. Tenía los ojos cerrados y en sus mejillas corrían las lágrimas. A Bella se le apretó la garganta y lo besó en la frente, despertándolo del letargo. Cuando Edward la vio, creyó que había muerto. No había lugar mejor que aquel en el que ella se encontrara. Pero ahí estaba Bella, sonriéndole con los ojos llenos de lágrimas. Fue como volver a respirar.

—Mi Engreído —susurró, corriéndole el cabello.

Edward arqueó las cejas y volvió a llorar, lo que a la doctora le sacó un sollozo.

—No vuelvas a asustarme así, por favor —suplicó, apoyando su barbilla cerca de él.

Edward levantó su mano con todas las fuerzas que se pudo permitir y la llevó hasta la mejilla de su Dra. Gruñona. Quería abrazarla y suplicarle que no volviera a irse, que iba a explicarle todo. Bella cerró los ojos al sentir su caricia y siguió sonriendo mientras le caían las lágrimas por el rostro.

—Por poco haces que te pierda, ¿sabes lo que significa eso? —le preguntó ella—. Sentí tanto dolor al pensar en lo que significaría mi vida sin ti, Edward… No quiero seguir esto sin ti… No puedo…

Edward quería quitarse la mascarilla para hablar, pero Bella no se lo permitió.

—No me iré, estaré aquí contigo todo el tiempo, siempre, siempre, siempre —repetía mientras le besaba la frente.

Él cerró sus ojos y luego los abrió, mirándola con su iris brillante, lleno de vida y fuerza. Quería gritarle que la amaba.

—No me importa lo que esa mujer diga, sé de lo que es capaz y de lo que tú sientes por mí —gimió—. Perdóname por correr, a veces temo que me lastimen, olvidando todo lo que has hecho por mí, tu paciencia, tu entrega…

Se cayó porque el llanto era incontenible.

—Hiciste de mí una mujer que volvió a sentir tanto, Edward. Te amo.

Edward pestañeó y sonrió detrás de la mascarilla.

—Te amo, Edward, te amo demasiado —añadió.

Y entonces se la quitó sin importar cuánto le costaba respirar.

—Edward, no…

—Shh… —la calló, tomándole la barbilla—. Te amo.

Bella se rio mientras sentía el calor de las lágrimas en su rostro.

—Eres… la mujer… de mi vida —dijo, arrastrando cada palabra ante la falta de aire.

Le besó los labios y juntó su frente con la suya, cerrando los ojos con fuerza.

—Y tú el hombre de mi vida —respondió, volviendo a ponerle la mascarilla—. Descansa, ¿sí? Yo me quedaré aquí, nunca me iré, te lo juro por nuestra relación.

Bella miró el monitor conectado a él y se dio cuenta de cómo la taquipnea se normalizaba, así como la taquicardia y la saturación. Era como si su presencia lo sanara. Así que tomó su mano, entrelazó sus dedos con los suyos y se acomodó a su lado para permitirle el descanso, asegurándose una vez más que estuviera sano y salvo de lo que más temía: perderlo.

.

Miraba la trampilla en el drenaje, hipnotizada mientras sentía cómo dormía, todavía sosteniendo su mano. Bella le besó el dorso y suspiró, aliviada. El silencio era parte de ellos, pero mientras él dormía, ella al fin sentía paz. Todo lo que alguna vez la atormentó no significaba nada, porque ya había experimentado un dolor indescriptible y que no esperaba volver a sentir nunca más; la sola idea la agobiaba.

—Ahí está. Oh Dios —gimió Esme, caminando junto a Carlisle hacia la camilla.

Ella se levantó para permitirle un espacio a sus padres, pero ambos se negaron.

—No tienes que irte, eres su familia ahora —afirmó Carlisle—. ¿Te ha reconocido?

Bella asintió.

Esme respiró hondo y se acercó para acariciarle el rostro al chico al cual lo salvó de vivir en la miseria. Lo veía con unos intensos ojos de amor maternal, lo que a Bella le hizo recordar a su madre.

—¿Crees que esté bien? —preguntó ella, mirándola con temor.

—Tiene fuerza. La gran mayoría de los pacientes que están conectados a un drenaje pleural apenas pueden… —Sonrió—. Claro que estará bien.

—Cómo no, si tiene a su médico personal —respondió la mujer, mirándola con cariño.

Luego quedaron en un profundo silencio, como si tuvieran la necesidad de decirle algo personal. Esme se tomó las manos y miró a Carlisle, quien también parecía estar de acuerdo.

—Bella, hemos sido testigos de lo que ha sucedido entre ustedes —comenzó diciendo Carlisle—, pero quiero asegurarte que mi hijo te ama.

Los ojos de Bella se sintieron tan acuosos que no tardó en demostrarles el dolor a sus suegros. Ambos hicieron un movimiento con sus cejas, como si sintieran su dolor, y fueron con ella a calmarla.

—Yo también lo amo —les confesó, pestañeando a la par de sus más fuertes emociones.

Tanto Carlisle como Esme sonrieron.

—Quiero que sean felices. Eres una chica magnífica, todas mis hijas preguntan por ti, en especial Bree. Edward no pudo encontrar a una mujer mejor que tú y él lo sabe, soy su mamá, quizá no lo parí, pero… lo soy —afirmó, acercando su mano a la mejilla de Bella—. Y también sé que él jamás haría lo que dicen, jamás.

Bella tragó.

En ese minuto apareció el médico tratante, quien enseguida les sonrió.

—¿Cómo sigue mi hijo, doctor? —preguntó Carlisle.

—Bastante mejor que cuando llegó —afirmó, bastante optimista—. Su saturación ha mejorado bastante y es posible que podamos cambiar de mascarilla más pronto de lo que pensamos. El estado físico de Edward hizo que el impacto no fuera suficiente para acabar peor, pero pudo morir.

La sola idea en la mente de Bella la desasosegaba.

—Pero está bien y se recuperará. Necesitamos estabilizarlo y mañana por la mañana entrará a pabellón para instalar los tutores en su pierna. El pronóstico es muy favorable y podrá volver a jugar en seis meses como mínimo, solo necesita una buena terapia y…

—Descuide —destacó Edward, llamando la atención de todos. Se había sacado la mascarilla—. Tengo a la mujer fisiatra del mundo.

Bella se rio y asintió.

—Estaré con él haciéndole mejorar, ya verán.

Los padres de Edward corrieron a abrazarlo, y mientras aquello ocurría, Bella sintió que la fuerza de sus piernas se perdía en el suelo. Tuvo que sujetarse de la camilla. La enfermera, que había entrado para cambiar la mascarilla del jugador, tuvo que sujetarla del brazo, lo que llamó la atención de todos.

—¿Está bien? —preguntó la enfermera.

—Sí, estoy bien —afirmó.

Edward tragó y quiso levantarse, recordando lo que ella le contó antes de marcharse del departamento.

—No, no vaya a levantarse, Sr. Cullen —dijo la enfermera con severidad.

—Estoy bien, tranquilo —insistió Bella, caminando junto a él para juntarse con su calor.

Edward tragó, recordando el dolor vivo de saber por lo que estaba pasando Bella y ella solo le contó cuando estaban discutiendo. Él, muy inquieto, permitió que la enfermera le pusiera la cánula sin quitarle los ojos de encima a su novia. No quería un mundo sin ella, de verdad que no, y sin siquiera tener espacio a la duda, iba a acompañarla en todo si era necesario, todo y cada una de las cosas que tendrían que enfrentar juntos.

—No pienses en eso, ¿sí? Yo estoy bien, nada hará que eso cambie —le susurró Bella mientras acomodaba las cobijas sobre él.

—Pero…

La barbilla de Edward tembló, incapaz de hablar.

—Shh… —Le hizo callar, acariciando sus labios con cuidado—. Debes recuperarte para la cirugía de mañana. Prometo que volverás a jugar.

—No quiero jugar si tú no estás aquí.

—Pero lo estoy…

—Sabes a qué me refiero —gimió.

—Edward.

Carlisle y Esme prefirieron salir con la enfermera y darles la privacidad adecuada. Lo necesitaban.

—Lo que me dijiste en la discusión… No dejé de pensarla mientras te buscaba —comentó Edward, levantando su mano para acariciarlo.

—Perdón por decírtelo así, pero estaba…

—No tienes que pedirme perdón, fue una reacción adecuada ante tanta mierda. Solo… debiste decírmelo a pesar de todo.

—Pero el fútbol…

—A la mierda —espetó—, mi familia es más importante, mucho más. Habría dejado todo por ti, tal como lo hice antes del accidente.

Bella tragó.

—Eres mi familia y te amo. Y de solo pensar que esa mierda volvió… —Sus ojos se tornaron acuosos y no tardó en derramar una lágrima, lo que para Bella fue fatal. Si bien, no se parecía nada al terror que sintió ante la inminente idea de no volver a ver a Edward, esto también la asustaba mucho. Era algo que no quería volver a experimentar, no ahora que era consciente de todo, ahora que… las ilusiones eran demasiadas.

—Edward, tenía miedo —susurró—, quiero poder estar contigo siempre, no quiero… morir.

Ella bajó la mirada y luego se abrazó a él. Edward tragó, porque a pesar de que era una enfermedad, su solo nombre siempre significaba sufrimiento, miseria y dolor. No quería ver a su Dra. Gruñona ahí, en aquella posición que dolía como ninguna. Pero, si era el caso, estaría junto a ella sin pensarlo, tal como estaba ahora en este momento, acompañándolo en todo esto que se les había interpuesto en el camino.

—No lo harás —susurró—, me niego.

—Edward…

—Esta oportunidad que me dio la vida de poder volver a estar contigo es una buena señal, algo de lo que no voy a retroceder. Te amo, Bella, y… no quiero perderte.

Bella cerró los ojos y juntó su frente junto a la suya, respirando hondo.

—Te amo, Edward.

Se acomodó junto a él, sintiendo la paz de poder expresar sus sentimientos de la manera en la que lo hacía. Edward, con todo y el suero, la abrazó, protegiéndola del exterior como si nunca lo hubiera chocado un coche a alta potencia.

—Te prometo que estarás bien —le dijo, mirándola a los ojos.

—¿Cómo lo sabes?

Sonrió.

—Solo lo presiento. Te amo, Bells, muchísimo. Es tan liberador decirlo.

Ella se rio.

—Lo es. Muy liberador.

.

Edward fue llevado a pabellón para la instalación de los tutores mientras Bella vomitaba profusamente en uno de los baños del hospital. Sentía que iba a morirse, pero en cuanto terminó de botar todo en el retrete, sintió que se mejoraba de manera brusca. Era tan extraño.

Cuando salió del hospital, ella se encontró con su madre, quien se veía evidentemente muy nerviosa. Imaginó lo peor y corrió hacia ella, sintiendo los latidos de su corazón muy intensos, como si fuera a explotar.

—¿Qué le pasó a Edward? —inquirió, casi chillando.

—Tranquila, él está bien desde que entró a la cirugía —afirmó—, es solo que…

Apretó los labios y Bella frunció el ceño.

—Tanya ha venido a verlo —susurró.

Ella sintió que le crecían las llamas en el inicio de su garganta.

—¿Qué?

La hizo a un lado, buscando en cada rincón del hospital.

—Bella, espera —ordenó su madre.

—¿Dónde está esa maldita hija de perra? —espetó.

—Con los periodistas —respondió.

El rostro de Bella no daba crédito de lo que ocurría. Estaba… anonadada.

—¿Con los periodistas? —Su voz subió una octava—. Maldita sea —espetó.

—Ve con Edward, que ella no interrumpa tu vela con él. Sé que puedes hacerlo.

—Necesito saber dónde está —afirmó, muy tozuda.

—Bella…

—Mamá, ¡dímelo!

Iba a responder, pero Charlie se adelantó.

—Está en la entrada con la prensa —respondió Charlie—. No irás hacia allá, es peligroso para ti, que has estado muy cansada, pero también para lo que se vendrá.

—¿De qué hablas…?

—Vamos a demandarla, no dejaré que una aprovechadora como ella dañe más a mi hija, lo que ha hecho es suficiente y usaré mis influencias en hacerla pagar, te lo prometo —afirmó él.

—Tengo que ir —insistió ella.

—¡Que no! —espetó Charlie con autoridad.

Bella se calló y él cerró los ojos un momento.

—Voy a protegerte, hija, quizá es muy tarde, pero quiero hacerlo. —Bella tragó y Renée sonrió con quietud—. La haremos pagar, te lo aseguro.

Cuando su padre la rodeó con sus brazos, Bella no lo quitó, dejó de sentir la necesidad cuando abrió por completo su corazón. Charlie cerró sus ojos y la mantuvo así, muy pegada a él, esperando remediar en algo todos los años que estuvieron separados, lo necesitaba y ella también.

—Comenzando por seguir al lado de él, eso es lo que quería, ¿no? Que estuvieras lejos del hombre que amas.

Bella asintió con los ojos llorosos.

—Vamos a la sala de espera, ¿sí?

Cuando se quedaron esperando, toda la familia de Edward llegó, incluidas las pequeñas hermanas. En cuanto la vieron corrieron a su encuentro, en especial Bree, que estaba en remisión del tumor. Bella sintió que iba a llorar cuando imaginó lo mucho que su jugador querría celebrar eso, mientras ella aún se encontraba en vilo, sin saber el diagnóstico.

—No puedo creerlo, ¡estás mejorando! —exclamó Bella, abrazándola con fuerza.

—¿Lo ves? Tenías razón. Ahora mi hermanito tiene que saberlo —afirmó ella, optimista, casi… incapaz de sentir miedo. Bella sintió que debía aprender de su fuerza, pero le costaba mucho. A medida que los humanos se hacían adultos, era más difícil temer a las adversidades, en especial a la muerte, como si estuviera cerca.

—Edward se pondrá muy feliz —susurró, dándole un toquecito en la nariz.

Se acomodaron en la banca y esperaron pacientemente mientras todos daban vueltas como animales encerrados, expectantes por las noticias que podrían venir de Edward. Cuando el cirujano salió de pabellón, Bella sentía muchas ganas de llorar ante la incertidumbre, por lo que no tardó en correr hacia su colega para saber qué sucedía con el amor de su vida.

—Los tutores están listos. La lesión de Edward es severa, y si bien será un tiempo largo el que le tomará para volver a jugar, juzgando que ahora mismo deben estar preparados para el terreno de juego, estará bien si la terapia comienza pronto —dijo el médico—. De momento debe comenzar a pararse pronto, utilizará muletas durante un par de meses.

—¿Él está bien? —preguntó ella.

—Muy bien. Pueden verlo en una hora.

Bella botó el aire y sonrió.

Eso era suficiente para estar tranquila, nada más importaba, ni siquiera la incertidumbre de su estado de salud.

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Jasper hablaba con Garrett mientras fumaban un cigarrillo a las afueras del hospital. El abogado que habían contratado, el mejor de Europa, tenía las pruebas exactas para destruir a Tanya Denali y también a su trabajo, el cual le había aprobado la idea de lapidar a Edward públicamente para generar riquezas y fama. Cuando supieron que dentro del círculo estaba implicado un tal Jacob Black, las cosas se pusieron tan intensas que, sin duda, contrataron a otro abogado más, esta vez uno que hiciera todo lo posible para destruir sus existencias.

—¿Cuándo crees que es preciso esperar antes de que Edward permita la rueda de prensa? —preguntó Alice, caminando hacia ellos con la decisión en su cabeza.

Ella también había ayudado a dilucidar con sus conocimientos sobre toxicología y con los contactos que guardaba bajo la manga. Nadie iba a destruir a la única mujer que le había dado una mano en medio de un mundo de hombres. Para ella era inconcebible que, en medio de femicidios, machismo y sexismo, existieran mujeres capaces de hacer esto con una par, en especial con alguien que nunca haría eso con alguien más. Bella era su amiga, pero también mujer, y sabía que entre ellas debían ayudarse siempre.

—Hasta que el abogado permita difundir el video de la cámara de seguridad del bar y del hotel, con eso quedará completamente destruida. TMZ lo difundirá, tenlo por seguro —respondió Jasper, tan deseoso de venganza como los demás.

Garrett sonrió y envió un mensaje a sus contactos en Estados Unidos, dándoles a entender que la primicia pronto sería suya. Era momento de condenar eternamente a todos esos malditos que se habían atrevido a hacer tanto daño.

.

Edward se aferró a las barras de metal y cuando pudo seguir caminando sin sentir el intenso dolor que lo hacía llorar como un niño pequeño, sintió que al fin mejoraba. Mientras el profesional lo instaba a seguir caminando con sus tutores puestos, Bella estaba al final, sonriéndole para que siguiera su camino. Cada vez que la miraba sacaba sus inmensas fuerzas de dentro e iba hacia ella, finalizando con un abrazo de su parte. Había sido su pilar fundamental en ese mes que había estado intentando pararse y usar sus piernas, entre los inmensos dolores, la incomodidad de estar en la cama y no poder disfrutar completamente de su amor por Bella, todo había sido muy tortuoso. Con el paso de los días y luego de las semanas, ella estaba muy cerrada ante las llamadas que le daba el médico con los resultados de los análisis, como si no quisiera saber qué ocurría. Edward insistía, pero ella prefería ignorar, como si la posibilidad de verse enferma la asustara tanto que prefería actuar como si nada sucediera. Para él no pasaba desapercibido lo pálida que estaba, pero además de cómo se quedaba dormida antes de siquiera llegar a la silla. Sí, estaba tan preocupado, pero no quería aumentar el miedo que a veces veía en sus ojos.

Él siguió caminando mientras sudaba profusamente. Nunca pensó que el camino se hiciera tan largo en su último día en el hospital, pero ahí estaba ella, esperándolo con los brazos abiertos. Al llegar y abrazarse, Bella le dio un beso que le hizo cerrar los ojos durante un largo rato.

—Llegué. Al fin no siento ese dolor —le susurró.

—Eres tan valiente —respondió, mirándolo a los ojos.

—Tanto como tú.

Se sonrieron.

—Hoy es día de volver a casa —comentó, tan contenta que apenas y podía sostener tanta emoción junta.

—Supongo que eso se refiere a que irás conmigo a mi departamento y te quedarás conmigo para siempre —le dijo al oído.

Ella se rio.

—Eso y más.

Edward estaba inmensamente feliz de escucharla decir eso.

—¿Qué te parece si al llegar te hago algo para comer?

El jugador le besó la frente, aún sosteniéndose de las barras.

—Todo lo que quieras. Somos una familia.

Bella arqueó las cejas ante lo lindo que se escuchaba eso.

—Bien, creo que es momento de volver al hogar —dijo el terapeuta—. Vamos a tener que usar muletas, ¿qué me dices si te enseño cómo?

—Encantado aprendo —respondió él, optimista como bien sabía serlo.

.

Edward estaba terminando de abotonarse la camisa cuando escuchó que tocaban a su puerta. Pensó que se trataba de Bella, por lo que se giró con una sonrisa, pero se dio cuenta de que no era nada más ni nada menos que Tanya.

—Hola, Edward —saludó la mujer, muy nerviosa.

—¿Qué haces aquí? —espetó él, recordando todas las entrevistas que dio mintiendo sobre ellos.

Sintió la bilis en la garganta.

—Quería verte.

Tanya miraba la pierna de Edward y también los golpes que ya habían mejorado pero seguían en él, lo que le hizo sentir culpable a pesar de todo.

—A mí no me interesa. Quiero que te vayas, maldita mentirosa de mierda —exclamó, tomando las muletas para levantarse.

—Edward, yo…

—Ándate, ahora.

La mujer tragó.

—Es que…

—¡Que te vayas, carajo!

Dio un salto ante la fuerza de sus palabras.

—Por favor, Edward, quita la demanda, no puedo…

—¿Qué no puedes? ¿Quedarte sin trabajo? ¿Con una reputación de mierda? ¿Eh? —gruñó—. ¿Te parece poco todo lo que hiciste? Por poco me quitas al amor de mi vida con tus mentiras asquerosas, casi haces que todo se vaya al carajo por un capricho maldito de una pseudo profesional incapaz de ganarse el dinero con un trabajo digno. ¿Esperas que quite la demanda? ¿Tú crees que yo no sé que me drogaste? —siguió diciendo—. ¿Y pensabas que iban a creerte? La gente que conoce el medio sabe que yo no haría eso, no me acuesto con mujeres como tú, menos cuando tengo a una en casa a la que amo. De solo pensar en todo lo que hiciste siento asco y ganas de verte podrida en la cárcel, y llegaré a las últimas consecuencias, tenlo por seguro.

El nudo en la garganta de Tanya seguía ahí, impidiéndole hablar.

Bella había escuchado todo el discurso. No sabía que había evidencia de que Tanya lo había drogado, Edward había pedido que no le dijeran porque iba a ser una noticia demasiado difícil de digerir por el momento. Y claro que era así.

Cruzó el umbral y la vio en medio de la sala, con el Edward más explosivo que jamás había podido contemplar. Pero ni él se comparaba a cómo estaba Bella, dispuesta a explotar no solo por el daño que ella les había hecho, sino porque gracias a su mierda Edward por poco muere y porque había prometido ser su amiga.

—Lo drogaste —gimió, apretando las manos con fuerza—, eso hiciste para hacerme creer todas tus viles mentiras.

Tanya se giró a contemplarla con los ojos llorosos.

—Yo no…

—Eres un asco de ser humano, Tanya Denali, tú y Jacob.

—Bella, lo siento mucho, es solo que…

—¿Qué? ¿Te obligaron? —Se rio—. No dimensionas cuánto quisiera que vivieras el dolor que me has hecho pasar en estas últimas semanas, Tanya. ¡Decías que eras mi amiga, hija de puta! —gritó—. ¡Sabías todo de mí! ¡Todo lo que me ha costado confiar en un hombre! ¡Cuánto me costó que me amaran con sinceridad! Pero lo hiciste, fuiste ambiciosa y usaste todo a tu favor con tal de destruirnos a los dos frente a las cámaras. Eres una miserable, Tanya.

—Bella, sigo queriéndote, sigues siendo mi amiga.

Bella acabó riéndose con más fuerza y dio dos pasos hasta tenerla en frente y darle una bofetada tan fuerte que la hizo caer. Cuando la vio en el suelo, apretándose la mejilla, no tardó ningún segundo en acercarse y decirle con claridad lo que sentía.

—Quiero verte podrir en prisión con tu carrera en el inframundo, Tanya Denali. No vuelvas a llamarte mi amiga, ¿bueno? Ahora lárgate.

En cuanto la mujer se levantó y se fue llorando de la sala, Bella sintió que sus hombros decaían al igual que su ánimo. Jamás era fácil sacar la fuerza cuando lo que más querías era ser débil y vulnerable, en especial al enfrentar a alguien a quien, sin duda, habías querido como a tu mejor amiga.

Al ver a Edward, lo primero que hizo fue ir con él y abrazarlo, pegando su rostro a su pecho. Él la abrazó con una de sus manos y le besó los cabellos, incapaz de separarse siquiera un poco.

—Lo siento, no quise decírtelo porque…

—Perdóname por creer todo lo de las fotografías, yo…

—Tranquila —susurró él—, eso es ya es pasado. Solo, por favor, nunca olvides que te amo.

Bella sollozó y le dio un beso profundo.

—Y yo te amo a ti. Tampoco lo olvides.

Edward le acarició la barbilla con suavidad.

—Es hora de ir a casa. No sabes cuánto quiero recostarme contigo.

—Y de tener algo rico para cenar y hecho por mí.

—Mmm… Nada mejor.

Ella se rio, relajándose lentamente.

—Es un nuevo comienzo, ¿qué me dices?

—Estoy muy de acuerdo.

.

Bella estaba acomodando el sofá y le subió la pierna a su Engreído, que estaba algo incómodo con las muletas.

—Iré a preparar algo para ti, juro que te encantará.

—Tanto como me encantas tú, supongo.

Ella se rio y le besó la frente, mirándolo a los ojos al instante.

—No sabes cuánto he querido decirte te amo como lo hago ahora.

Edward sentía que su Dra. Gruñona estaba luchando con su temor a amar y eso era suficiente para sentirse feliz.

—Y yo de escucharlo. Suena tan hermoso.

—¿Me abrazarás esta noche? Dime que sí.

—Ni lo dudes, no sabes cuánto extraño poder tenerte entre mis brazos hasta despertar —respondió Edward.

Ella suspiró y le volvió a dar un beso, para luego separarse e ir a la cocina. Pero antes de poder meterse de lleno en su cometido, sintió que su móvil vibraba en la isla. Era Alice.

—Alice, qué sorpresa, no pensé que fueras a llamarme tan pronto…

—Bella, tienes que ver los resultados.

Tragó.

—¿Qué hiciste?

La mujer suspiró.

—El médico quiso contactarse conmigo con urgencia, decía que necesitabas saberlo y… yo no pude negarme.

Bella sentía que sudaba helado en su nuca, aterrada, asumiendo lo que ya sospechaba.

—Es eso, ¿no? Lo viste. —Su voz se perdió ante las emociones tan paralizantes.

Alice se quedó un momento en silencio, pero luego continuó.

—Bella… Estoy impactada.

La doctora frunció el ceño y cuando escuchó lo que significaban sus exámenes, llevó inmediatamente su mano a su barriga, sintiendo la electricidad en todo su cuerpo.


Buenas noches, les traigo la segunda parte de esta historia. Como verán, pasaron tantas cosas que nuevamente tuve que dividir. Lo siento, es que es tan intenso jajaja, ¡y se mueren cuál es la respuesta de Alice! ¿Ya se imaginan qué? ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas

Agradezco los comentarios de DanitLuna, Nelly McCarthy, SeguidoradeChile, Milacaceres11039, Jenni98isa, Coni, Johanna22, florcitacullen1, Noriitha, Nat Cullen, freedom2604, debynoe12, Ilucena928, danielapavezparedes, Sandoval Violeta, Josi, maidely34, miop, nicomartin, Fernanda javiera, Jeli, Yoliki, lindys ortiz, Pam Malfoy Black, Cris, calia19, Valevalverde57, Fallen Dark Angel 07, Ceci Machin, CeCiegarcia, Diana2GT, catableu, Liliana Macias AniluBelikov, cavendano13, Alexandra Nash, Liz Vidal, camilitha cullen, saraipineda44, Chiqui Covet, Marken01, michi'cullen, twilightter, selenne88, krisr0405, Jade HSos, JocelynSalasHuitron, Mss Brightside, Holly Swan, Srita Cullen brandon, AlejandraVela96, AnabellaCS, Dania, Robaddict18, valentinadelafuente, Abigail, Gladys Nilda, beatrizalejandrabecerraespinoza, carlita16, Car Cullen Stewart Pattinson, natuchis2011b, Belli swan dwyer, kathlenayala, marieisahale, monik, Kamile PattzCullen, Kriss, valeeecu, Lore562, barbya95, patymdn, almacullenmasen, kaja0507, Kika, rjnavajas, rosycanul10, DannyVasquezP, Lizdayanna, NadiaGarcia, LicetSalvatore, MasenSwan, Tata XOXO, Ivette marmolejo, Twilightsecretlove, Lena, FlorVillu, PatyMC, Amy, Tina Lightwood, Yese, santa, BreezeCullenSwan, Tereyasha Mooz, Smedina, Brenda Cullenn, Aidee Bells, morenita88, NarMaVeg, georginiuxa, VeroG, beakis, ANDYDEEPALEXANDER, may jhonson D, Valentina Paez, Rose Hernandez, seelie lune, CazaDragones, claribelcabrera585, Pili, Elena, lunadragneel15, MaleCullen, Viridianaconti, maribel hernandez cullen, MariaL8, crazzyRR, Dominic Muoz Leiva, angi marie cullen, Elmi, Rero96, morales13roxy, Bitah, Alimrobsten, Maye, Pancardo, hanna1441, Fernanda21, Mayraargo25, keith86, zary65, joabruno, Flor Santana, SolyC, damaris14, Vanina Iliana, Nikol, Mar91, PaoSasuUchiha, Jocelyn, sool21, GabySS501, AndreaSL, Karina, ValeH1996, YessyVL13, ELI, akire33, VampireQueenR18, liduvina, Luisa huiniguir, isbella cullen's swan, alejandra19987, jupy, JMMA, Reva4, Retia, Angelus285, Iza, Yesenia Tovar, bbluelilas, amedina6887, Sabrina, Duniis, Maca Ugarte Diaz, micalu, Cinti77, AstridCP, LoreVab, GAN y Guest, espero volver a leerlas a todas nuevamente por aquí, cada gracias que ustedes me dejan es invaluable y un empuje a seguir en medio de tanta gente malintencionada, aprecio mucho su entusiasmo y el que ustedes me hagan sentir que hago algo lindo por ustedes

Recuerden que quienes dejen su review recibirán un adelanto exclusivo del próximo capítulo vía mensaje privado, y si no tienen cuenta, solo deben dejar su correo, palabra por palabra separada, de lo contrario no se verá

Pueden unirse a mi grupo de facebook que se llama "Fanfiction: Baisers Ardents", en donde encontrarás a los personajes, sus atuendos, lugares, encuestas, entre otros, solo debes responder las preguntas y podrás ingresar

Queda la tercera parte y final, y por supuesto el epílogo. ¿Cuándo? Depende de ustedes

Cariños para todas

Baisers!