CAPITULO 18

Albert, solo sonrió, entonces su princesa no estaba con ese hombre, ni esa niña era su hija, dios gracias a un estaba a tiempo de recuperarla, cuando es la gala.

-Este sábado, a las 8:00 puedo conseguirle una invitación.

-Si consígala, y necesito que haga otras cosas, quiero saber todo de Stefano Bruce, todo quiero saber a quién, me enfrento.

Está bien Sr. Andlay, yo atenderé su pedido.

Albert, se fue a su hotel para descansar, esperaría la gala para poder hablar con Candy, ya faltaba solo un día, no había caso en ir al pueblo y regresar así que hablaría con ella, después de la fiesta, sabía que ella iría, así que ahí la vería.

Candy, ya viajaba para asistir a la fiesta, ella se quedaría en su casa de Londres, donde Stefano, en la noche iría por ella, para ir juntos a la gala, estaba contenta realmente de ir acompañada de Stefano, estaba pensando muy detenidamente darse una oportunidad como su amiga le aconsejo, que debería dejar ir el pasado definitivo, hablaría con él y le contaría su verdad, le diría quien es su familia, que la realidad es que estaba casada pero que estaba dispuesta a pedir el divorcio.

Por otro lado, Stefano quería pedirle a Candy, que fuera su esposa, que se abriera con él, que, si tenía algún problema o estaba huyendo de alguien el, la ayudaría a resolverlo, la respaldaría y si aceptaba ser su esposa el, la cuidaría no dejaría que le hicieran daño, sabía que ocultaba algo, solo quería que pudiera confiar en él.

Ya era tiempo, de volver amar, de sentirse querida, ya era hora de rehacer su vida, que el tiempo había pasado y que lo más seguro es que su esposo, también desearía el divorcio, para esas alturas él y su mujer, ya debían de tener hijos, que quizás Albert, quería darles el lugar que les corresponde.

Se arregló para esa noche, se puso un vestido en color ocre, con un peinado alto con unas horquillas con plumas para darle mayor efecto al peinado, también levaba su contribución, para el orfanato al que estaban pidiendo el apoyo, se puso sus joyas, ya cuando termino su arreglo ya Stefano, la esperaba en la entrada en el vestíbulo, con su gran ramo de rosas.

Bajo por las escaleras, dejando a Stefano, atónico de lo hermosa que se veía esa noche _Candy, voy hacer el hombre más afortunado, llevando del brazo a la dama más hermosa de la fiesta.

-Muchas gracias, de verdad como siempre tan caballeroso, Cecil lleva las flores y ponlas en un jarrón, acomodándose los guantes.

-Bueno nos vamos, poniéndole el abrigo, para subir al carruaje y dirigirse a la gala.

Cuando llegaron a la fiesta, ya a los invitados no se les hacía raro verlos juntos, de hecho, ya esperaban que pronto formalizaran, a Stefano, se le veía muy enamorado se le notaba a leguas, de hecho no sabían porque habían esperado tanto, si eran personas sin ningún compromiso.

Candy, se fue con las señoras de la beneficencia, para saber cómo iban con los fondos si estaba llegando como se esperaban, Stefano se fue a platicar con el Sr, Dasch su socio, el cual le estaba informando que un inversionista importantísimo acababa de llegar y que pensaba presentárselo pronto, para hacer negocios.

Albert, también llegaba con su Frac, impecable lo compro especialmente para esa fiesta, sabía que Candy, ahí estaría, así que con toda su actitud entro al salón, había tanta gente que no se percataron quien había llegado, los murmullos de la gente con su charla, todo mundo estaba en su plática, algunos haciendo negocios, otras chicas casaderas buscando un prospecto para casarse.

Los que estaban recibiendo las aportaciones, también estaban con su charla, en fin, Albert entro buscando a Candy, en el camino hubo gente que lo reconoció y saludo, realmente mucha gente sabía quién era, así que se adentró saludando banqueros, inversionistas y políticos de la época.

Cuando la ubico vio por quien era acompañada, y que en ese momento Stefano le decía cerca del oído que quería hablar con ella, sacándola de ese lugar para llevarla al jardín.

-Esta hermosa la noche dijo Candy, a pesar de que es fría la luna está muy resplandeciente.

-Candy, esta noche yo, yo cerro los ojos, sacando un estuche pequeño, poniéndose de rodillas, yo en esta noche quiero pedirte que, si aceptas ser mi esposa, sé que dije que iba ser paciente pero ya no puedo más, estoy loco y estúpidamente enamorado de ti, también sé que aprecias mucho a mi hija y sé que se llevaran bien.

Nunca he visto a mi hija compartir con nadie más, como tú lo haces con ella, por eso y muchas razones más, te pido que lo pienses, que, si no me quieres contestar ahora, lo entiendo, solo dime que lo pensaras.

-Yo, yo, Candy estaba fría, no se esperaba semejante proposición, menos una de matrimonio se le quedo viendo sin decir nada, inmóvil, solo balbuceaba, yo, yo,

Albert se fue detrás de ellos, esperando su respuesta, quería escuchar que ella le dijera que sí, pero no pudo, simplemente llego hasta donde la pareja_ porque no le contestas al Sr., porque no le dices que no puedes aceptarlo.

Candy, cuando escucho esa voz, la voz, de Albert, se giró lentamente para quedar viendo esos ojos azules, que la penetraban hasta el fondo de su ser, se tuvo que sostener de un árbol cerca para no caerse, ya que sentía que las piernas no le respondían, solo se quedó estática pronunciando ¡Albert! como un susurro.

-Porque no le dices al Sr., que no puedes corresponder a su propuesta y le eres honesta.

Candy, sentía que le faltaba el aire, solo se quedaba callada nunca se esperó que Albert, estuviera ahí, en ese preciso momento, solo las lágrimas comenzaron a salir sin poder evitarlo.

-Anda dile, porque no puedes aceptar su propuesta.

-Disculpe usted ¿Quién es? Y ¿Qué relación tiene con Candy?

Albert, solo se le quedo viendo con arrogancia, yo que tipo de relación tengo, que se lo diga ella, anda amor dile quien soy.

-Albert no, no hagas esto, no así.

-Hacer que, solo reclamar, lo que por derecho me corresponde.

-Derecho de que habla, Sr., muy intrigado Stefano.

-William Albert Andlay, esposo de Candy White Brown Andlay de Andlay, no es así querida.

Stefano, se quedó en shock, queee esposo, como Candy estaba casada, pero como por qué no se lo dijo, porque ocultar algo tan importante.

-Vamos querida dile al Sr, quien soy.

Candy, no dejaba de llorar, cuando pudo emitir sonido, hasta que algo se escapó de su boca, así es él, es mi esposo agachando la cabeza.

-Queee porque me lo ocultaste…. Tu solo, yo, solo cerro los ojos, claro cómo pudo ser tan idiota, eso era, como no se dio cuenta antes, como alguien como ella estaría sola, con su elegancia y soltura.

Stefano, enrabiado solo la dejo ahí, ni siquiera quiso escuchar más, solo volvió a la fiesta para pedirle a su amigo Cornelio, que cancelara todo lo que estaba planeado para después.

Candy, solo se quedó ahí viendo a Albert, con unos ojos de rencor el verde, de sus ojos de perdían en el azul de Albert.

-Creo que debemos hablar, no crees.

-No, no, quiero hablar contigo, ni ahora, ni nunca, se iba a retirar.

Cuando Albert, la tomo del brazo, _ ah no, no te vas, de aquí sales como mi esposa, vamos a entrar a esa fiesta, dejaremos nuestra contribución y después nos iremos, tenemos mucho de qué hablar, así que ya va siendo hora que vuelvas hacer la Sra. Andlay, sino quieres que todo este teatro se acabe, cerrando esta obra de caridad, sabes que tengo el poder de hacerlo.

Candy, solo respiro- como te atreves, eres un maldito, después de lo que me hiciste ahora vienes aquí, amenazando a esa pobre gente, pero claro que se puede esperar del gran William Albert Andlay.

-Bueno tú decides o entras conmigo, si no mañana mismo cierro el orfanato, créeme muy a mi pesar, lo haré sin dudar.

Candy, no quería un escándalo, así que acepto todo lo que Albert, decía…

Albert, tomo su cintura y entraron a la fiesta, los mormullos y los cuchicheos no paraban, pero quien traía a la señora Brown, de la cintura, como si fuera su posesión, el millonario, pero no cualquier millonario, ¿Qué tenía que ver son ella? A caso él, era su amante.

Los chismes, comenzaron a correr todos, querían saber que pasaba, realmente estaban estupefactos por la forma en que la traía, era una posición de la cual nadie querría, si es que era su amante, su reputación estaría acabada.

Una Leslie Dasch, estaba que no cabía de la felicidad, de ver ese cuadro _mira mama, la mosquita muerta, ya vez quien la está abrazando y de qué forma entro con el Sr. Andlay, realmente deja mucho que desear, eso le pasa a Bruce por fijarse en esa estúpida, ahora si nadie la va a respetar, ni se querrá casar con ella, jajajjaja es de risa realmente.

El anfitrión, que era el encargado de llevar la gala, _su atención por favor, como cada año se hace este baile, para agradecer sus aportaciones a tan noble causa, así que daremos a conocer a la persona que hizo su aportación más alta y agradecerle de ante mano, aquí dándole un reconocimiento público.

Bueno mi mayor agradecimiento al Sr. William Albert Andlay, por favor suba para darle un presente.

Albert, soltó por un momento a Candy, de la cintura para tomarla de la mano, subió al podio saludando al anfitrión, dando unas palabras.

-si muchas gracias, realmente me complace hacer este tipo de aportaciones, siempre me complace ayudar a los que menos tienen, esto lo hemos venido haciendo desde hace muchos años, tanto mi esposa, aquí presente y yo, nos es grato hacer estas contribuciones exhortando a los demás, compartir un poco de lo que tenemos, anda mi amor acepta el reconocimiento, tú también mereces esto.

Candy, la cual solo suspiro lo miro con rabia, lo recibió sonriendo, ya estaba hecho, ya sabrían quién era, en definitivo si quería ser reconocida y querían saber todo de ella, ya estaba hecho, Albert, se lo había facilitado.

El anfitrión, casi se atraganta con la bebida cuando Albert, dijo…

- Vamos mi amor, que tú también hiciste tu contribución, ya sé que no quieres que sepan que detrás de tu nombre de soltera, esta la ayuda para estos niños, pero ya es hora que sepan quién eres, así es señoras y señores la Sra. Candy Brown, es mi esposa, la señora Candy Andlay en realidad.

Inmediatamente, los murmullos no dejaron de escucharse en el salón, que la señora Brown, era una Andlay, pero eso era extraordinario, quien lo diría, ahí estaba todo, de donde salía el dinero, si era una de las familias más prominente de la Unión Americana y de Europa, la mujer era millonaria, ¿pero porque hacerse pasar por una simple mujer?

Muchas preguntas se hacían referente a la pareja, pero si su esposo estaba aquí, eso quería decir que vino por ella, claro una mujer hermosa y con una elegancia, unas decían, si yo la reconocí de los periódicos, claro si salía en las notas de sociales, otras vaya quien lo diría mira que supo ocultar su identidad.

Stefano, en una esquina junto con Cornelio, el cual se quedó en shock cuando escucho todo lo que decía Albert _vaya eso no me lo esperaba, amigo estas bien.

-Si solo sácame de aquí, soy un estúpido, no sé porque no me lo dijo, era muy fácil decirme que era casada, porque dejar que me hiciera ilusiones.

-Vamos, salgamos de aquí.

Se fueron a una taberna para beber, necesitaba desahogarse, después se irían a casa de Cornelio su amigo, estaba muy mal al enterarse de la verdad, se sentaron en su estudio con una botella en la mano.

Stefano, estaba muy decepcionado- amigo me enamore como un idiota, nunca había deseado a una mujer, como a ella, ¿Por qué me hizo esto?

-No, lo sé, realmente estoy igual que tú, la mujer logro ocultar muy bien su identidad, ni el investigador, supo dar con lo que ocultaba.

-Es que me lo hubiera dicho y no me hubiera hecho ilusiones, ¿Quién es él? Dime ¿Quién es? De donde vino, porque solo así, me la va arrebatar.

-Bueno amigo, que te digo él, es William Albert Andlay, un inversionista muy importante de América y de Europa, sé que es multimillonario, que su familia es muy antigua, bueno casi tan importante como la de los Rockefeller, para que te des una idea de quién es, su marido, amigo lo mejor será que te olvides de ella.

El hombre, es súper importante, que con tres chasquidos te sierran las fábricas, así que por tu bien, por el mío y de los socios, no la vuelvas a ver.

-No puedo, llorando la amo, la amo, con cada partícula de mi ser, cada gota de mi sangre ya le pertenece, no sé qué voy hacer ahora, solo sé que la amo, necesito que me explique todo.

-Te prometió acaso algo.

-No, pero si sabía que la amaba, se lo dije y ella me pidió tiempo, cierto que me dijo que no era libre, pero porque, dejo que me ilusionara.

En la gala, después de hacer su aportación, de subir con Albert al pódium, con cara de pocos amigos Candy, salió del baile para tomar un carruaje, no se quedaría para seguir alimentado las habladurías, así que se dirigió a la salida.

Albert, la siguió, para tomarla del brazo, -a dónde vas…

-A mi casa, ya te luciste no, bueno pues ya me voy, soltándose de su agarre y subiendo a un carruaje, para irse.

-Candy, Candy, ven acá, no puedes irte, aun no, pero Candy, ni volteo a verlo, el hizo lo mismo subió al carruaje y fue detrás de ella, al bajarse ya la esperaba la ama de llaves abriendo la puerta, entrando, apenas iba a cerrar cuando un pie se lo impidió.

-Disculpe, dijo la ama de llave, usted quien es.

-Candy, volteo a verlo - ¿Qué haces aquí?

- Que hago, vine a quedarme a casa de mi dulce esposa, soy tu esposo lo correcto es que me quede contigo, no querrás que mañana las habladurías digan que nuestro matrimonio está muy mal, entrando aun en contra de los deseos de Candy.

-Está bien Cecil, prepara una habitación para el señor, ya que se quedará esta noche.

-Candy, tenemos que hablar y no me voy a ir hasta que lo hagamos.

-Está bien, te parece si hablamos mañana después del desayuno, ahora no es buen momento, subiendo los escalones para entrar a su habitación, dejando un Albert, ahí parado solo viéndola.

Albert, carraspeo, Cecil te llamas…

-Sí señor, dígame en que le puedo servir, un poco temerosa, ni siquiera ella, sabía que la señora era casada y menos con semejante hombre.

-Bueno Cecil, dame las llaves de la casa y de esa habitación.

-Pero señor, esa es la recamara de la señora, yo no puedo, la señora se va enojar y puede despedirme.

-Cecil, no tengo mucha paciencia para la servidumbre, hagamos esto, te voy a subir el sueldo al triple y del enojo de la señora, no te preocupes, yo me hago responsable, pero si no me das las llaves, tomas tus cosas y mañana no te querré ver aquí, es más te aseguro que te tendrás que ir muy lejos, ya que en Londre, no encontraras trabajo.

-Señor, por favor.

Albert, solo alargo la mano donde una Cecil, deposito las llaves, -Buena chica, ahora a dormir ha y no quiero que toquen esa puerta, escuchen lo que escuchen, estamos.

-Sí, señor, con la cabeza agachada, pero que podía hacer, la misma Candy, le había dicho que era su esposo y eso quería decir, que era el señor de la casa y para los efectos que sea, él mandaba.

También, quiero que mañana le digas al mayordomo, que vaya por mi equipaje a este hotel, pague mi cuenta y llevas este recado a este domicilio, bueno subiré a dormir, que pase buena noche.

-Sí, señor.

Albert, no le gustaba ponerse así con la servidumbre, siempre era muy amable, pero si se trataba de conseguir lo que quería, haría lo que fuera para conseguirlo, mas tratándose de Candy.

Ya habían pasado como 20 minutos de que ella, ingreso a su habitación, Candy, solo se metió al baño, súper irritada para quitarse el vestido y desmaquillarse, se puso su bata saliendo del baño para acostarse, cuando escucho que alguien abrió su puerta _ Cecil, no necesito nada, ya ve acostarte, pero se quedó paralizada, cuando vio la figura imponente de Albert, ahí cerrando la puerta con llave.

- ¿Qué haces? Sal de mi habitación, no tienes ni un derecho de estar aquí.

-Eso, no, es así mi amor, esta y las próximas noches, la pasare aquí contigo, no quiero que la servidumbre comience hablar que tu marido, duerme en una habitación aparte, no, eso no, ya sabes cómo cuchichean por ahí.

-Albert, por favor solo sal de mi habitación, no colmes mi paciencia.

-No, ya te dije que no, así que no hay de otra, esta noche dormirás conmigo, metiendo la llave en su bolsillo.

-Que quieres de mí, quieres el divorcio, te lo doy, no me voy a negar, no es necesario hacer esto.

Albert, se abalanzó sobre de ella, tomo su cintura y la arrincono en la puerta, solo se acercó y le susurró al oído, _ no quiero el divorcio Candy, yo no vine hasta aquí, para divorciarme de ti, si quisiera eso, no habría venido personalmente.

Candy, sintió que se estremeció con la cercanía, dios su olor la estaba matando, sus sentimientos comenzaron aflorar, lo seguía amando, si lo amaba como siempre, con la misma intensidad, pero porque sentía una mezcla de sentimientos encontrados, se sentía que su cuerpo la traicionaba, su respiración comenzó agitarse.

-Entonces, ¿qué es lo que quieres?, mirándolo a los ojos.

-A ti, acercando sus labios a los suyos, poseyendo sus labios, esos labios que había deseado desde hace mucho tiempo, la beso con pasión, con lujuria, su boca devoraba los labios de Candy, casi sin dejarla sin respiración, poniendo su cuerpo muy pegado al de Candy, sintiéndola como se estremecía ante él.

Candy, tomo valor de la poca cordura que el quedaba y con fuerza lo empujo-_no, no vuelvas a tocarme, no puedes venir aquí y solo mover mi vida a tu antojo, no, no sé qué paso con tu amante, pero si te dejo, no quieras venir aquí tratar de manipularme no.

-Candy, vamos hablar debo contarte todo, solo déjame hacerlo.

-No quiero escucharte, que no lo entiendes me destrozaste la vida, yo escuche todo lo que le decías, aun puedo escucharlo en mi cabeza, ¿qué paso? la cortesana esa, para no llamarla de otra manera te dejo, es eso, por eso decidiste buscarme.

-Candy, si me escucharas, sabrías, solo déjame hablar, escúchame.

Candy, derramaba sus lágrimas todo eso era demasiado para ella, volvió a revivir todo lo que sintió, cuando escucho todo lo que le decía a Helena y eso la estaba matando por dentro, pensó que ya lo había superado, pero no era así.

- Sabes Albert, realmente quiero creer que hay una explicación, pero hoy, estoy emocionalmente cansada, es mejor que duerma, por favor vete a tu habitación.

Albert, comenzó a quitarse el saco y sacarse la camisa, para quedar solo con los pantalones, la llave la traía el en su pantalón, haciendo imposible salir para Candy, se acostó a la cama, posando su mano en la cama llamando a la Cama a Candy, anda no me digas que te vas a dormir ahí parada, hace frio no querrás resfriarte, palmeando la cama, anda ven aquí.

Candy, solo se abrocho la bata, que podía hacer solo acostarse cerca de él, la llave la tenía el, ni como quitársela, muy molesta solo se acostó dándole le espalda, se sentía inquieta la sola presencia de Albert, la alteraba, pero que hacía, no iba a salir de esa habitación hasta la mañana siguiente.

-Pero una cosa era segura, mañana mismo correría a Cecil, como se atrevió a darle la llave, pero la pondría de patitas en la calle, mas faltaba.

Albert, quería abrazarla, besarla, hacerla suya, tomar lo que era suyo por derecho, pero, aunque se moría de ganas de traspasar la línea, aun no podía, si había actuado autoritario con ella, era porque la conocía, si llegaba con cara de culpabilidad, ella ni lo escucharía, sabía que su táctica, sería la diferencia entre recuperarla o perderla, en definitiva.

Candy, solo se hizo bolita, para no sucumbir ante el calor que Albert, le ofrecía, sabía que, si ella flaqueaba un momento, si la volvía a besar, como hace unos momentos lo hizo, no se iba a contener, se iba a traicionar a sí misma y todo lo que había trabajado se iba a ir a la basura, aunque se preguntaba que, hacia ahí con ella, durmiendo en la misma cama.

Pensando, si quisiera el divorcio, ya se lo hubiese pedido, hubiera mandado a George, en definitiva, a su abogado, pero que, hacia ahí en esa situación, que acaso venía a recuperarla, la sola idea la alteraba, la inquietaba.

Albert, estaba muy embriagado por su olor, quería volver a besarla, pero tenía que ir despacio por muy autoritario, si la tomaba a la fuerza, no eso no era de un hombre, además ella no lo merecía, solo se conformó con dormir a su lado, no le quedo de otra, solo que no quitaría el dedo del renglón.

Ninguno de los dos podía dormir, así que Candy, tomo la palabra _ Albert sé que no puedes dormir, así que dime que haces aquí.

-Ya te dije que, a recuperarte…

Candy, yo no viaje miles de kilómetros para regresar sin ti, vine por ti, por mi esposa, volteándola para ponerla frente de él, con la luz de la luna se filtraba en la habitación así, que se podía distinguir muy bien los rostros.

Candy, yo te amo, créeme mírame a los ojos, yo quería contarte todo lo que estaba pasando, pero sentía miedo, que no lo comprendieras.

-Comprender que Albert, que la amas a ella, que querías una vida con ella, ya está, no sé qué quieres de mí, si quieres el divorcio, te lo doy, no necesitas venir y mover mi vida, cundo ya está establecida.

-Candy, escúchame mírame a los ojos, yo nunca estuve con ella, al menos no como tú crees, mi amor, yo te iba a explicar todo, pero cuando yo llegue tú, ya no estabas, te habías ido, fui hasta Nueva York, pero no te encontré, te busque por todas partes, para explicarte.

-Explicarme que, que me ibas a dejar por tu amante, no Albert guárdate eso, no necesito saber volteándose y dándole la espalda de nuevo.

-Albert, la mueve y la acomoda debajo de él, _ yo quería esperar hasta mañana, pero quieres hablar lo haremos, viéndola a los ojos, si estuve ese día con Helena, fue porque ella, estaba muy enferma, le diagnosticaron, una enfermedad incurable, solo le quedaban unos meses de vida, los cuales yo la visitaba unos momentos para reconfórtala, si soy culpable de eso, no lo niego.

Pero me lo pidió como última voluntad, no podía negarme no soy una persona insensata, ni mucho menos alguien que no tiene sentimientos, ese día tu llegaste y escuchaste todo lo que le estaba diciendo, fue porque a los pocos minutos ella, perdió la vida, solo que tú no te quedaste hasta ese momento.

Candy, solo se quedó callada, le brotaban las lágrimas, sentía que se le estrujaba el corazón, escuchar a Albert, lo que le estaba contando, si quería decírtelo y ese fue mi error, no confiar en ti, debí habértelo contado, pero, por otro lado, no se tenía miedo que no me comprendieras, yo por ella, solo sentía compasión, mucha compasión.

-Candy, yo a ti te amo, eso quiero que lo entiendas, te amo y eso no va a cambiar, sé que tenías derecho de estar enojada, sé que tenías derecho a irte, sé que te lastime y es algo que jamás voy a perdonarme, el perderte todos estos años, el dejar de verte, de sentirte, hizo que me diera cuenta, que no puedo vivir sin ti.

-Albert, yo, me dolió mucho escuchar todo lo que le decías, me lastimaste en lo más profundo de mi ser, realmente me quise morir, por eso me fui, te esperé, pero no llegaste, supuse que te habías ido con ella, a ese lugar que querías irte con ella.

-No es así amor, yo solo se lo decía porque ya se estaba hiendo, solo quería reconfortarla y si no llegue, fue porque me quede arreglar lo del funeral, nadie acudió, después de que mucha gente se sirvió de ella, nadie fue a despedirla, solo estuvimos su Nana, George y yo, cuando llegue para hablar contigo, me topé con la noticia que ya te habías ido.

Candy, créeme, comenzando a susurrarle al oído, créeme te amo, mi amor, dándole besitos en la cara, hasta llegar a su boca, tomándola, como saboreando su boca, como aquel que saborea una fruta, no sabes cuánto te extrañe, tu sabor, tu olor, dios Candy, me hiciste mucha falta, mi amor

Candy, comenzó a tocar la espalda desnuda de él, no le importaba la explicación que le acababa de dar, el hecho, era que ella también lo había extrañado, lo deseaba como mujer, en el tiempo que estuvo viajando, nunca estuvo con nadie, así que al sentir sus besos su cuerpo sucumbía a la pasión, que tenía escondida, era su esposo, entre besos y caricias, su cuerpo la traicionaba, deseaba que le hiciera el amor, deseaba que la tomara.

Entre los besos que Albert, le proporcionaba, ella escapo un gemido, el cual Albert lo tomo como una invitación, la cual comenzó acariciando sus piernas, sin dejar de besarla, pero en ese momento, que estaba a punto de perder la cabeza, solo lo empujo como pudo- no, no, no puedes venir y solo besarme, aun no te perdono, así que aléjate de mí.

Albert solo dijo, _está bien, si tienes razón, hare todo para recuperarte, no me rendiré.

Así, esa noche solo durmieron, aunque la tensión, la agitación, después de lo que acaba de pasar, Candy, entendió que nunca podría entregarse a nadie más, la pasión que sentía por Albert, no había desaparecido, ni el amor que sentía por él, ese estaba intacto.

Al siguiente día despertó y unos brazos la tenían rodeada de la cintura, el calor y el aroma de Albert, la embriagaba, se mordió un labio para no acercarse y besarlo, verlo ahí dormido a su lado, hacia que su cuerpo deseara estar con él, se lo pedía, se lo exigía, pero no lo haría, no se lo haría fácil, ha no, si lo perdonaba así de fácil, no quería ni pensar que la volviera a lastimar.

Aún estaba tan guapo, los años que habían pasado solo le habían asentado más interés a su persona, se quedó viéndolo un rato, ahí recostado, con sus ojos delineando sus facciones, estaba tan guapo, tan varonil, pero aun con todo lo que le había despertado, se fue a tomar un baño, se cambió, casi sin hacer ruido, busco la llave que se había salido del pantalón de Albert y salió de aquella habitación.

Afuera ya la esperaba Cecil_ señora disculpe, pero no me quedo de otra, el señor, ¿Por qué es el señor verdad?

-Me puedes decir, ¿porque le diste la llave, para entrar a mi habitación?, ahora si Cecil te pasaste, lo siento mucho, pero voy a tener que prescindir de ti.

-No señora, por favor, no me corra, no tengo a donde vivir.

-Eso, lo hubieras pensado antes, pero cómo pudiste dejarlo entrar a mi habitación.

-Bueno señora, me dijo, que era su esposo y que era el señor de a casa, así que yo, no tuve opción. Además, esta tan guapo, que no le pude negar nada, de verdad es su esposo, señora.

-Sí, así es Cecil él, es mi esposo.

-Ya ve señora, después me regaña, si es su esposo, debe dormir en su habitación, verdad como no queriendo mirarla.

Candy, solos suspiro, anda no te preocupes, ya de todas maneras no importa, ve y prepara su baño, en lo que ordeno el desayuno.

-Si señora con una sonrisita, pensando que tremendo hombre, era el esposo de la señora.

Candy, bajo escribió una carta para Kelly, diciéndole que le urgía verla, explicándole lo que había pasado, cuando salió del estudio, se topó con el mayordomo y el montón de maletas de Albert.

-Señora, el señor pidió que sus maletas fueran enviadas, ahora usted dirá donde las pongo, dijo el mayordomo.

-Candy, suspiro donde más a mi habitación, es mi esposo no, así que ahí es donde él, va a dormir.

Albert, despertó y vio que Candy, no estaba en la cama, se paró como resorte, al escuchar alguien en el baño, vio que era Cecil.

-Señor, su baño ya está preparado, aquí está todo lo que necesite.

-Y la señora.

-Se encuentra abajo, pidiendo el desayuno, lo espera para desayunar.

-Está bien, dígale que solo tomare un baño y bajo.

Así lo hizo, solo tomo un baño se afeito, se vistió y bajo, ahí estaba ella, en el comedor esperándolo, era como un sueño hecho realidad, ni siquiera podía creerlo, su Candy tan bella como siempre, se sentó en su lugar, tomo su mano y deposito un beso en su dorso, desayunaron, Candy, comenzó la plática _dime, como está la tía.

-Bien, te manda cartas, ha estado muy preocupada por ti, sabes que te quiere, le hiciste mucha falta, a ella y a mí también.

-¿Cómo están todos?

-Bueno Archie, tiene 2 bebes junto con Anny, Stife, se casó con Patricia y viven en florida, están esperando también su primer bebe, me imagino que intercambiabas cartas con la Srta. Pony y la Hermana María.

-Sí, apenas acabo de recibir una, pero están bien.

Candy, lo que quiero decirte, es que yo nunca te falte, no como tú piensas, te lo vuelvo a repetir, si lo hice fue por humanidad.

-Albert, no sé cómo tomar todo lo que me has platicado, realmente no sé, si, es porque soy más madura pueda lograr entender la situación, pero entiende para mí, es como si hubieras abierto la herida de nuevo, le echaras sal y limón al mismo tiempo, así que te pido tiempo, vamos a darnos un tiempo quieres, antes de tomar una decisión.

-Está bien, solo dame una esperanza, que puedas llegar a perdonarme, pero de verdad, sin dejar nada ahí guardado.

-No, lo sé, tengo mucho que pensar, mucho que analizar, así que no te puedo dar una respuesta inmediata.

- Yo, no vine hasta aquí, para pedirte el divorcio Candy, vine a recuperarte, realmente me pasé 5 años buscándote, ahora que lo hice, no me pienso ir sin ti.

-Que te hace pensar, que yo me quiero ir contigo, solo bienes aquí, con un quiero, Puedo, voy, pero no me has preguntado, si yo me quiero ir contigo, yo, soy la que decido en mi vida, tu no me vas a decir que hacer o que decisión tomar.

-No, si, eso lo sé, no lo hare, pero quiero ayudar a que te decidas, Candy, yo te amo, de verdad tienes que creerme.

-Creerte, después de que te escuche todo lo que le decías a esa mujer, después de que todo Chicago, se reía a mis espaldas, que te pasa, no pienso ser tu juguete de nuevo, hace mucho que te deje de querer.

-No me digas eso, yo te busque por todos lados, como desesperado, realmente agote todos los medios que tenía, quería explicarte lo que paso.

-Lo que paso, no es necesario que lo expliques, yo lo escuche, mirándolo con rabia.

-Lo que escuchaste, es el adiós a una moribunda, eso fue lo que escuchaste, solo eso, sé que te falle por no contarte, pero créeme, ya pagué con tu ausencia, cualquier cosa que te haya hecho, me sentí morir cuando te fuiste, pase días sin dormir, pensando si te había pasado algo, en lo que te lastime, perdóname, solo quiero que me perdones.

-Que fácil, no solo un perdón, pero todo lo que yo sufrí, que hay de las noches que me dormía y despertaba llorando por tu traición, que hay de eso, Albert, tú eras mi mundo, tú eras lo único que yo tenía, a lo que me aferraba en esta vida y cuando ya no te tuve, me dejaste caer del precipicio.

-Candy, acercándose para abrasarla, perdóname, ella, no significa lo que tú crees, ella está en el pasado, ella dejo de existir, desde antes de que tu llegaras de nuevo a mi vida.

-No, Albert, eso es mentira, siempre estuvo entre nosotros, desde que nos hicimos novios ella, ya estaba, desde antes de que tú y yo fuéramos algo, ella ya estaba, nuestra relación fue de tres y míranos ahora, sigue siendo de tres.

-Candy, no digas eso.

Candy, solo se acercó a la puerta, para retirarse del comedor, _ te dejo que tengas buen provecho y la verdad, es esta, quiero el divorcio, aunque eso me cueste el repudio de la sociedad.

-Albert, solo se quedó sin habla, así solo en esas cuatro paredes llorando y anhelando, ese amor que antes Candy, le profesaba y que ya había perdido.

Candy, salía del comedor, para subir a la recamara de invitados, ya que Albert, se había quedado en la de ella, se fue y se metió a bañar y se puso a llorar por todo lo sucedido, jamás se imaginó decir todo lo que sentía, le dolía el hecho, que aún lo amaba, que esa mujer, todo el tiempo siempre estuvo en su relación, desde que inicio, hasta el día de hoy, aún estaba, _maldita sea, que tan solo no se podía ir, de una buena vez.

Había deseado desde hace mucho escuchar esas palabras, aunque le doliera admitirlo, pero había hasta soñado, que Albert, llegaba y le decía que la amaba, que todo lo que escucho fue solo un mal entendido, que él, jamás amo a esa mujer, que solo fueron chismes, pero a realidad era otra, Albert, la había lastimado en lo más profundo de su ser, donde ya no podía haber más que destruir, ya que él, se lo había llevado todo.

Se levantó limpio sus lágrimas y se fue a maquillar necesitaba salir de ahí, necesitaba aire fresco, así que decido tomar su bolso y salir dela casa, necesitaba pensar. Candy apenas iba a salir cuando Albert la intercepto.

-Vas a salir.

-Eso, es algo que no te interesa.

-Vamos Candy, si me interesa, por dios, yo te sigo queriendo, quiero saber qué haces, a donde vas, todo, porque quiero recuperarte.

Candy, solo suspiro, _ si voy a salir, debo hacer algunas cosas que tengo pendientes.

-Está bien, yo igual, voy a las oficinas que tenemos aquí, para realizar algunas cosas que necesito terminar, cosas de la empresa, te parece si comemos, juntos.

-No, voy a tardar, así, que no sé a qué, hora vaya a regresar.

-Está bien, en cuanto termine estaré aquí esperándote, necesitamos hablar.

-Lo que tu hagas, es cosa que a mí, no me interesa, hablar yo pienso que tú y yo, no tenemos nada de qué hablar, solo que decidas otorgarme el divorcio, saliendo de la casa.

En la oficina de Dash, ya lo esperaba junto con Cornelio, el amigo de Stefano, para tratar asuntos sobre la textileria,

- SR. Andlay como esta, espero y su asunto personal con su esposa, se haya arreglado.

-Así es, ya está más que arreglado, pero bueno no es de mi vida personal de lo que quiero hablar, dígame, ¿cuáles serían los acuerdos para comenzar esta sociedad?

-Si solo que falta un socio, pero también está interesado, no sé si tenga tiempo, para hablar de todo esto con calma

-La verdad quede con mi esposa de estar temprano en casa, pero dígame tardara mucho su socio

-No, de hecho, ahí viene, Sr. Andlay, le presento a mi socio Stefano Bruce.

-Albert se levantó para darle la mano, _mucho gusto soy William Albert Andlay,

Stefano, correspondió igual, con un buen apretón en señal de que no lo intimidaba, - mucho gusto.

Se sentaron a platicar, sobre la inversión para la textileria ya que necesitaban que le inyectaran una buena suma de dinero para expandirse hacia América, así que necesitaban que un nuevo inversionista llevase la empresa a otro nivel y para eso el Sr. Dash, había invitado a Albert.

Para Stefano, no era nada cómodo, estar ahí en esa reunión, se sentía traicionado y más porque la mujer con la que había soñado los últimos meses, resultaba que era su esposa y por lo que sabía, ya hasta se había instalado en la casa de ella, lo peor que la servidumbre, como siempre hablaban de mas, ya le habían informado que habían dormido en la misma habitación.

Albert, al evaluar la oferta hablo sin titubeos…

-Bien, veo la situación de su empresa, está muy bien posicionada, de hecho, en un mes, llega mi mano derecha desde América, George Johnson, el cual lleva mis finanzas, pero esta es mi oferta yo inyecto el suficiente dinero, para llevar el crecimiento de esta empresa con nuevas sucursales, pero yo tendría el 51% de las acciones.

Tanto Dash, como Cornelio y que decir de Stefano, que no estaban de acuerdo con la oferta, sobre todo viniendo de quien, Stefano, de hecho, se había negado, por tener algo que ver con ese hombre de negocios sobre todo eso, tener que depender de él, era una humillación.

Stefano, se levantó y dijo _ por supuesto que no, esta compañía es toda mi vida, es la herencia de mi hija, no voy a permitir que alguien, solo venga y quiera apropiarse de ella.

El señor Dash, quiso mediar la situación, _ pero Bruce, pon esto en una balanza, no sabemos si en América, seremos recibidos con los brazos abiertos, esto es una buena oportunidad para crecer.

-Su amigo Cornelio, estaba ahí también analizando todo, en verdad la oferta era buena pero el hecho, que Wiilliam Andlay, sea el socio mayoritario, era algo que no le terminaba de gustar.

- Stefano, amigo solo es una oferta está en nosotros aceptar o no.

-Pues de antemano señor Andlay, le digo que no, a su propuesta, saliendo de aquella oficina furioso, realmente no sabía cuál era su furia, si era porque aquel hombre era el dueño de la mujer que amaba o porque el sentía, que se quería adueñar de su empresa.

El señor Dash, solo se quedó moviendo la cabeza, sabia la verdadera razón de aquella negativa, al igual que Cornelio.

Dash, se quedó platicando con Albert, en cuanto Stefano se fue y Cornelio lo siguió para calmarlo.

-Cálmate amigo, no te pongas así, ya encontraremos otro inversionista, Andlay, no es el único, pero debes dejar esa furia, que traes, te dije que te fueras con cuidado con esa mujer, pero tal parece que hiciste lo contrario, que te tiene tan molesto.

-Tu ama de llaves, me llevo los comentarios referentes al matrimonio Andlay, que ya el señor, está instalado en casa de Candy, no solo eso, anoche durmieron en la misma habitación.

-Hay amigo, que esperabas es su esposo, obvio que iba a dormir con ella, creo al parecer que tenían unas desavenencias, supongo que ya las arreglaron, pero amigo dime una cosa tú y la Sra. Brown, digo Andlay, paso algo más…

-No, como crees, ante todo Candy, es una dama, no pase de darle un beso en la mejilla y hasta eso robado, sabía que algo escondía, inclusive que huía de alguien, pero nunca imagine que, de su esposo, era de quien huía, el hombre es intimidante y si la tiene amenazada, debo hablar con ella.

-Amigo, no te metas en problemas, la mujer si realmente estuviera amenazada, anoche lo hubiese desenmascarado y que hizo, lo instalo en su casa, en su habitación, hoy llegaron sus maletas y de la propia boca de la Sra. Andlay dijo que las instalaran en su habitación. Amigo olvídate de ella, se ve que lo ama, no te lastimes más, busca otra joven mira ahí, está la joven Dash, que suspira por ti.

-Por más que quiera, no puedo, me enamore, me hierve la sangre de tan solo pensar que esta con él, que compartió su cama con él, no lo soporto, rompiendo con todas sus fuerzas un lápiz, que sostenía en sus manos.

Necesito hablar con ella, que me explique, que me diga, porque me engaño, que me diga si aún lo ama, si ella talvez, ya no lo quiera, solo este con él, por las normas que dictan la sociedad, pero si es así, no me importa, la voy a buscar para hablar con ella.

No, te metas en problemas, sabes lo que pasaría si la sigues buscando, Andlay, se puede sentir ofendido y puede pedir un duelo, amigo, en cualquiera de los escenario tú, saldrías perdiendo, piensa, si lo matas, irías a la cárcel, si lo hieres igual, si él, te mata, el solo estaría defendiendo su honor, que pasaría con Abigail, entiende el gana, en este juego solo hay un ganador y ese no eres tú.

-Pero, si ella no quiere estar con él, podría pedirle el divorcio, yo me casaría con ella de inmediato, no dando lugar a las habladurías, solo quiero que me diga porque no me lo dijo.

-Amigo, razona, si tú te acercas a esa mujer, ese hombre es capaz de matarte, no sabes la razón por la cual ella estaba huyendo, quizás él sea despiadado, lo siento amigo, pero primero está tu hija y después lo demás, si te pasa algo como dejarías a Abigail, huérfana, con un montón de deudas, tú crees que él, va a tener piedad, no seas tonto.

William Abert Andlay, es poderoso, entiende en tres chasquidos te puede destruir la vida y la de tu hija, Abigail, no debe sufrir más por tus arrebatos, solo aléjate de ella, aléjate de la señora Andlay, porque ese es su nombre aunque te duela.

Bruce, solo lo miro, _ no puedo, le enviare una carta para decirle que la espero en este parque, para hablar con ella, para que me aclare todo y si hay una sola posibilidad, si me dice que no lo ama, yo luchare por ella.

-Estás loco amigo, esa mujer te está haciendo perder la cordura.

-El deseo, que despierta en mí, es lo que está haciendo que me esté muriendo, en estos momentos.

Albert, regresaba de la oficina de Dash, fue hasta la casa de Candy, se fue a la recamara, ahora sabía quién era Stefano Bruce, sabía que no era una persona que se fuera a dar por vencido, había visto esa mirada en alguien más, hace unos años atrás, así que no la iba a tener fácil.

También, quería saber hasta qué punto Stefano y Candy, habían comenzado su relación, aunque se muriera de celos, tenía que aceptar, que Candy, era una mujer muy bella, cualquier hombre estaría deseoso de obtener sus caricias y Stefano Bruces, era uno de ellos.

Pero no estaba ahí para juzgarla, sino para recuperarla, también tenía que pensar que hacer para reconquistarla, para hacer que lo perdone, todo lo sobrepasaba, las cosas no las tenía fáciles y menos si tenía alguien rondándola.

Solo se dispuso a esperar a que llegara, para charlar con ella, pero en eso.

-señor mandaron correspondencia para la señora.

-Sí, de quien.

-Del señor Stefano Bruces.

-Ok, yo te la recibo, Marcos, así te llamas.

-Sí señor.

-Toda la correspondencia de este señor, de ahora en adelante me la entregas a mí, si tiene alguna visita, para ella, me informas primero a mí, ni una sola palabra a la señora.

-Está bien, señor.

Los sirvientes de esa época, eran fieles, pero de algo si sabían quién era el señor de la casa, si no estaban a su servicio, podían quedar despedidos y sin una carta de recomendación, podrían no encontrar trabajo al menos en Inglaterra no encontrarían, así que se debían al señor de la casa, aunque Candy, los haya contratado.

En la noche regresaba Candy, solo miro que en la sala estaba el saco de Albert, entro y lo encontró en el comedor esperándola.

-Vaya pensé que ya estarías dormido.

-Te dije, que te esperaría.

-Bien, me acompañas a cenar.

-No, se me apetece cenar contigo.

-Está bien, como quieras, por cierto, recibiste una carta de Stefano Bruce, diciendo que te esperaba en el parque, para charlar contigo.

-Leíste mi carta.

-Sí, lo hice.

-Dime Candy, hasta donde tienes tu relación con él.

CONTINUARA….

Bueno chicas, esto se está poniendo como volcán a punto de tener erupción, pero solo queda a esperar que va hacer Albert, para reconquistar a Candy.

Las espero en el próximo capítulo ya saben por la XEW, Radio.

Puedes buscarme en faceboock como Karla Andrw, tengo la imagen de perfil de Vuélveme a Querer.