Aclaraciones: Mo Dao Zu Shi no me pertenece.
Esta historia está ambientada en el universo de la novela.
Lamento el retraso.
— Capítulo 15 —
Dulce esencia
Wei WuXian no se movió de su lugar. No podía hablar, no podía respirar, no podía pensar. Intentó recomponerse y hacerle frente a la mirada resentida de Jiang Cheng, pero no lo consiguió. Cuando quiso darse cuenta, su vista se clavó al suelo y se sintió ridículamente empequeñecido.
—Te quedaste sin habla. —Jiang Cheng se burló. —¿Tanto te afectó saber que te revolcabas con él?
No respondió. Casi podía adivinar que por dentro Jiang Cheng estaba disfrutando de su reacción.
—No es propio de ti, Wei WuXian. —Dio un paso hacia él. —Antes no tuviste problemas en defender lo que tenían y lo que hacías con él.
Contra más le escuchaba más sentía que se hundía. Las palabras de Jiang Cheng eran demasiado difíciles de asimilar. No podía creerlas, no quería creerlas. Durante todo este tiempo había estado frente a la persona que fue su amante en su otra vida. Compartieron la misma cama, se miraron y tocaron con intimidad. Y a pesar de haber experimentado vertiginosas e incomprensibles sensaciones producto de la intensa cercanía de Lan WangJi y la forma en la que sus ojos claros le devolvían la mirada, nunca imaginó que fuera precisamente por la relación que tuvieron en el pasado.
Pero entonces pensó: si Jiang Cheng decía la verdad, ¿por qué Lan WangJi lo había asesinado?
Finalmente alzó la mirada, pero no lo suficiente para apreciar la expresión satisfecha de quien consideró su hermano.
—Yo... yo...
Su voz titubeó. Por primera vez perdía una discusión con Jiang Cheng, y sabía que él estaba disfrutando el breve triunfo que en el pasado jamás pudo conseguir.
—Me resulta muy gracioso verte tan descompuesto, cuando antes me dijiste que lo amabas.
Esta vez levantó la vista por completo y clavó sus ojos sorprendidos en él.
—¿Te dije eso? —Parpadeó confundido y su voz se dejó escuchar ansiosa. —Yo... no puedo recordarlo. ¡No puedo! ¡No sé de qué hablas!
El ceño de Jiang Cheng se endureció. Pasó de la burla al enfado sin dificultad, y su postura se tornó intimidante.
—Ese no es mi problema —masculló—. Si olvidaste lo que hiciste haré que lo recuerdes. No dejaré que vivas en paz fingiendo que todo está bien. Causaste mucho daño, arruinaste muchas vidas. —Dio un nuevo paso hacia él. —¿No sentiste nada cuando viste a Jin Ling? ¿Olvidaste lo que le hiciste a mi hermana y a Jin ZiXuan?
—Yo no les hice nada. —Wei WuXian se apresuró en defenderse. —Yo estaba muerto, ¿cómo pude haberles hecho algo?
Su defensa fue absurda para Jiang Cheng, y su mentira lo sobrepasó.
Lo alcanzó sujetándolo de la ropa y lo atrajo hacia sí.
—¡Te vi! —gritó colérico— ¡Te vi asesinando a mi hermana! ¡La misma que cuidó de ti y te trató como a un hermano!
Enmudecido, Wei WuXian sintió que el aire abandonaba su cuerpo. El agarre de Jiang Cheng no hacía las cosas fáciles, y su mente aún se encontraba llena con pensamientos de Lan WangJi.
Intentó inútilmente articular alguna palabra, pero ni siquiera eso podía hacer. Jiang Cheng advirtió su confusión y lo soltó con un despectivo empujón. La espalda baja de Wei WuXian golpeó el pequeño altar y las velas sobre él se sacudieron.
—Podría asesinarte ahora mismo; así me ahorraría muchos problemas. —Caminó a su alrededor, ignorándolo, como si hablara consigo mismo. —Pero eso de qué me serviría. El odio que siento no desaparecería. —Se detuvo y volteó a verle. —Es mejor dejarte con vida y así ver cómo enloqueces preguntándote cómo y porqué asesinaste a mi hermana.
—¡Te digo que yo no la asesiné! —Wei WuXian lo repetiría hasta que le creyera. —¡Jamás le hubiera puesto una mano encima! ¡Yo no lo hice! ¡No lo hice!
—¡¿Y cómo estás tan convencido de ello si aseguras no recordar nada?!
Era un hecho que Wei WuXian podía dudar de muchas cosas. Podía tener un espacio en blanco en su cabeza y haber hecho muchas cosas imperdonables en el pasado, pero jamás lastimar a Jiang YanLi. Lo sabía bien, incluso si no recordaba nada.
—Todos aseguran que mi alma ha poseído cultivadores. —Afirmó la voz. —Y tú dices que fui yo el que asesinó a shijie. —Dio un paso hacia adelante sin vacilación. —alguien actuó según mi voluntad...
—No. —Jiang Cheng le interrumpió tajante. —Fuiste tú. No sé qué extraño truco utilizaste para manifestarte, pero eras tú. Me viste a los ojos y sonreíste por haber tomado la vida de mi hermana.
—Eso no tiene sentido —le rebatió Wei WuXian.
—¿Y crees que tu regreso lo tiene? —Chasqueó la lengua y volvió a caminar a su alrededor. —Nada de lo que hiciste antes de morir tuvo sentido, sobre todo esa herejía que cometiste con tu cuerpo. Es insólito y muy conveniente de tu parte que lo hayas olvidado.
Wei WuXian tragó nervioso.
—¿De qué estás hablando?
Jiang Cheng se detuvo y clavó su mirada fría en él.
—No me digas que Lan WangJi no te ha dicho nada.
—Nada de qué —insistió Wei WuXian— ¡Habla! ¡¿A qué herejía te refieres?! ¡¿Qué le hice a mi cuerpo?!
Una expresión satisfecha acudió al rostro amargo de Jiang Cheng.
—Ese niño que los acompaña... ¿no sabes acaso quién es?
—¿HuiYing? —La voz de Wei WuXian volvió a vacilar y un nudo le apretó el estómago. —¿Qué pasa con él? ¿Qué tiene que ver en esto?
No era interés de Jiang Cheng ser el portador de la verdad, pero tampoco quería perderse la oportunidad de ver a Wei WuXian desmoronarse y enloquecer por saber que había engendrado una vida como una mujer.
Iba a responder, pero la puerta del salón fue abierta de golpe y la figura de Lan WangJi se hizo presente.
Jiang Cheng chasqueó la lengua.
—Creí que tardarías menos en aparecer —señaló con un dejo de sarcasmo—. Después de todo no puedes dejarlo solo.
Indiferente a sus palabras, Lan WangJi pasó junto a él y fue hasta Wei WuXian. Cruzaron apenas las miradas y, tras sujetarle de la mano derecha, tiró de ella y lo llevó directo a la salida. Sin embargo, antes de poder abandonar el salón, Jiang Cheng lo detuvo.
—Él ya lo sabe, HanGuang-Jun. —Su instigadora voz estremeció a Wei WuXian. —No puedes seguir fingiendo.
Lan WangJi lo ignoró y dejó el salón junto a Wei WuXian. Sin soltarle de la mano, y sin decirle nada durante el camino de regreso al dormitorio donde Lan HuiYing les esperaba, cruzó las puertas de la habitación y alistó sus cosas.
—¿Pasó algo? —Lan HuiYing advirtió la atmósfera tensa por parte de los dos y la diligencia con la que Lan WangJi se acomodaba a Guqin en su espalda. Miró a Wei WuXian y notó su semblante pálido, tan pálido como cuando lo conoció con aquel ridículo maquillaje blanco.
Se acercó algo vacilante y trató de hacer contacto visual con él, pero Wei WuXian permanecía con la vista clavada al suelo, como si le pesara demasiado la cabeza para levantarla.
—Maestro Mo, ¿se siente bien?
Ante su suave llamado, Wei WuXian volvió a sus sentidos y se encontró con su mirada.
—Eh... sí, estoy bien. —Alcanzó su cabeza y la frotó despacio. —No te preocupes.
Su sonrisa forzada y algo herida no logró convencerle. Aun así no insistió y obedeció la breve orden de Lan WangJi de prepararse para partir.
—¿No cenaremos entonces?
Lan WangJi pasó por su lado y, tras colocar una mano sobre su hombro, respondió.
—Regresamos a YiLing.
Decepcionado por marcharse sin haber probado con Wei WuXian los famosos platillos de Yunmeng, siguió a Lan WangJi y abandonaron la habitación. Wei WuXian tampoco se opuso. Caminó junto a ellos sin pronunciar palabra.
Finalmente dejaron Yunmeng. Sin despedidas formales ni un anuncio que los delatara. Los guardias de la entrada les dejaron partir sin siquiera mirarles. Abordaron una de las barcazas que los dejó a dos horas de YiLing. Consiguieron luego que una carreta los acercara y, cinco horas más tarde, cruzaron las puertas de la posada.
Durante todo el viaje, Wei WuXian permaneció sumido en sus pensamientos, ausente de lo que sucedía a su alrededor e incluso de quienes le miraban con preocupación. No podía dejar de repetir en su cabeza lo que Jiang Cheng le había revelado, y no podía sentirse cómo con ello. Necesitaba respuestas, que le dijeran que era un error, que las palabras de Jiang Cheng solo fueron dichas para causar daño, pero al no poder mirar a Lan WangJi a la cara terminaba por confirmar que su ansiedad no iba a desaparecer a menos que lo confrontara y le dijera lo que había descubierto.
¿Pero cómo podía hacerlo sin sentir que su engaño era todavía más grande? Fingía ser alguien más frente a sus ojos, mientras que él llevaba en silencio el romance que sostuvieron y en sus manos la sangre de su asesinato. La historia que los conectaba era importante y no podía despreciarla. Había algo que contar, algo que confesar, pero no podía hacerlo ahora. No quería ver sus ojos claros y confirmar que durante todo este tiempo estuvo junto a la persona que formó parte importante de su otra vida, y que por extrañas circunstancias tuvo que asesinarlo.
¿Acaso eso era lo que realmente le afectaba? ¿Temía saber por qué lo había asesinado a pesar de ser amantes? ¿O era la inseguridad de confirmar que tal vez, el amor que tuvo por Lan WangJi no fue correspondido y todo terminó en un abrupto y trágico desenlace?
Sabía que Lan WangJi no era una persona violenta. Riguroso y sistemático, su insano apego a las reglas de su secta lo volvía el menos indicado para asesinarle a sangre fría. Quizá había hecho algo realmente malo e imperdonable que mereciera la pena de muerte. ¿Pero qué pudo haber sido en realidad? ¿Cómo una persona tan pacifista como Lan WangJi tuvo que mancharse las manos con su sangre? Imaginarlo como su asesino le causaba un incómodo escalofrío y aun así se sentía a gusto a su lado. Quizá era el rescoldo que quedó en su borrosa memoria de la relación que sostuvieron. Pero si lo pensaba detenidamente, pensar en él como su amante resultaba aún más extraño, porque ¿cómo alguien tan conservador había sido capaz de irse a la cama con otro hombre? ¿Cómo inició su romance? ¿Cómo se enamoraron?
Escuchó no muy lejos la voz del casero recibiéndoles a pesar de haber llegado a una hora inadecuada y les invitó a sus dormitorios. En ese momento recordó que compartía el cuarto con Lan WangJi y alzó la cabeza luego de permanecer con ella demasiado tiempo apuntando al suelo.
Vio a Lan WangJi camino a las escaleras y entonces habló.
—Esta vez dormiré con HuiYing.
Apenas sorprendido, Lan WangJi lo miró.
—¿El motivo?
Wei WuXian se colocó rápidamente tras Lan HuiYing y le rodeó el cuello con los brazos.
—Él es más lindo —contestó—. Me sentiré más a gusto con él. Además... —Frotó su mejilla contra la suya. —No puedo resistirme a alguien cuando es tan lindo. Creo que puedo esperarlo unos cuantos años.
Lan WangJi frunció el ceño.
—No sabes lo que dices —espetó.
Lan HuiYing en cambio solo rio.
—Por mí está bien —comentó tranquilo—. No me molesta el sentido del humor del Maestro Mo.
Wei WuXian sonrió.
—¿Y bien, HanGuang-Jun? ¿Me dejarás dormir con HuiYing?
La actitud de Wei WuXian parecía absurda, rayando en lo infantil, pero Lan WangJi comprendía sus motivos. Había escuchado su conversación con Jiang Cheng, y por lo que pudo advertir al ver su posterior comportamiento, la revelación de su pasado lo había perturbado.
Dio media vuelta y, antes de retomar su camino por las escaleras, contestó.
—Como quieras.
Una vez que se marchó, Wei WuXian pudo respirar tranquilo. Soltó a Lan HuiYing y liberó un profundo suspiro. Fingir que todo estaba bien y evitar en el proceso la mirada inquisitiva de Lan WangJi le había resultado mucho más difícil de lo que imaginó.
—¿En verdad quiere dormir conmigo, maestro Mo?
La curiosa pregunta de Lan HuiYing lo sobresaltó un poco.
—¿A ti te incomoda? —indagó—. Porque puedo dormir en el suelo o...
Lan HuiYing le interrumpió negando con la cabeza.
—No me molesta. —Acompañó su respuesta con una sonrisa. —Pero creí que le gustaba dormir con HanGuang-Jun... por eso de satisfacerse.
No era solo con Lan WangJi que sus propias palabras se volvían en su contra; ahora con Lan HuiYing también debía tener cuidado o podía terminar por dejar al descubierto su identidad y de paso arruinar por completo su reputación.
Miró casual hacia las escaleras antes de contestar.
—Bueno... hay veces en que no es necesario satisfacer. Ahora solo quiero dormir tranquilo.
Lan HuiYing pareció creerle porque no insistió ni preguntó detalles del porqué satisfacer implicaba no dormir tranquilo.
Subieron a los dormitorios y, al pasar por el de Lan WangJi, Wei WuXian sintió un escalofrío recorrerle la espalda y un súbito vértigo trepándole por el pecho. Horas atrás había estado allí, abrazado a Lan WangJi, en la misma cama con él mientras su corazón sufría sin explicación. Ahora quizá podía darle un sentido a esa opresión que le había acongojado, pero no estaba seguro de nada ahora, ni siquiera de por qué no era capaz de enfrentar a Lan WangJi y aclarar de una vez si lo que dijo Jiang Cheng era cierto o solo mentía.
Ingresó al dormitorio de Lan HuiYing y reparó en la cama junto a la ventana. Era pequeña, pero los dos entrarían sin problemas.
Lan HuiYing lucía algo ansioso. Parecía entusiasmarle la idea de dormir acompañado. Durante sus primeros años de vida había dormido en la habitación de Lan WangJi; luego pasó a un cuarto propio pero nunca logró acostumbrarse del todo. Lan WangJi tampoco parecía a gusto durmiendo lejos de él, y prueba de ello fueron las cientos de ocasiones en las que Lan HuiYing lo sorprendió colándose a su cuarto a mitad de la noche para dormir a su lado. Al principio no lo entendía y solo disfrutaba de su sobreprotección y afecto, pero luego comprendió que, ante la falta de Wei WuXian, Lan WangJi había intentado suplir su ausencia, y tanto el amor como las preocupaciones y los cuidados que en ocasiones resultaban exagerados, los manifestaba en representación de los dos.
Sonrió con cierta nostalgia y vio cómo Wei WuXian se tendía en la cama y acomodaba bajo las sábanas con descarada confianza. Lo observó unos momentos y no pudo evitar recordar las ocasiones en las que se preguntó cómo hubiera sido dormir junto a Wei WuXian, cómo hubiera sido sentir sus brazos protegiéndole y su voz arrullándole tras despertar por alguna pesadilla, y si las noches frías hubieran sido más llevaderas arrebujado con su calor. Sabía bien que el pasado no podía ser cambiado y todos esos pensamientos no serían más que eso, pero tenía la esperanza de recuperar el tiempo perdido una vez que él volviera a la vida.
Se cambió de ropa y se metió a la cama. Wei WuXian ya se había acomodado para dormir, pero mantenía los ojos abiertos en dirección al techo.
—Maestro Mo. —Lo llamó con suavidad, esperando no molestarle.
Wei WuXian volteó a verle y sonrió.
—¿Sí?
Lan HuiYing dudó un instante. No sabía si debía presionar o simplemente ignorar lo que había ocurrido en Yunmeng. Estaba convencido que la actitud distraída de Wei WuXian y la forma precipitada en la que abandonaron el Muelle del Loto se debía a un problema que había sucedido precisamente en ese lugar.
—Maestro Mo —repitió tranquilo—, ¿sucedió algo en Yunmeng?
Wei WuXian no respondió. Parecía que estaba pensando la respuesta. Pero más allá de contestar con alguna evasiva, decidió primero saber de qué estaba hablando.
—¿Qué te hace pensar que sucedió algo?
—La forma en la que salimos de allí —señaló—. Éramos invitados del líder de la secta, pero nos marchamos sin despedirnos... ¿Acaso ocurrió algo con él?
En ese momento, Wei WuXian terminó por confirmar que para sus diez años, Lan HuiYing era capaz de comprender las cosas y asimilarlas como si fuera un adulto. No era difícil tampoco adivinar que el problema que los forzó a dejar Yunmeng fue precisamente Jiang Cheng, pero incluso sin haber estado presente en el enfrentamiento, entendió que desde el principio haber aceptado su invitación fue un error y que su actitud hacia ellos jamás cambiaría.
Frente a eso no pudo evitar sonreír y, tras alcanzar su cabeza, rozó su cabello con suavidad.
—Eres demasiado listo —declaró sin dejar de tocarle.
Como respuesta, Lan HuiYing sonrió y se inclinó hacia adelante con disimulo para que continuara acariciándole.
—Lo único que lamento es que no alcancé a probar los platos típicos de Yunmeng —confesó con cierta pesadumbre—. ¿Cree que pueda en otra ocasión?
Esta vez Wei WuXian descendió su mano hasta su rostro y acarició sus mejillas. La forma en la que se expresaba lo conmovía.
—Lamento no haber cumplido. Te prometo que para otra ocasión te invitaré el mejor platillo, ¡y te aseguro que lo amarás!
Lan HuiYing asintió complacido por el futuro compromiso y se acomodó para dormir. No quería continuar insistiendo sobre los detalles de la abrupta salida del Muelle del Loto ni el por qué Wei WuXian había resuelto dormir con él y no con Lan WangJi. Solo cerró los ojos y se limitó a descansar antes de dejar YiLing, mientras la presencia de Wei WuXian a su lado le relajaba.
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El silencio de la habitación resultaba agradable, pero Wei WuXian no podía silenciar su propia mente. Quería y necesitaba descansar antes de partir de YiLing, pero no lo conseguía. El correr de los minutos pesaban en su mente y su cuerpo, le ardían los ojos y le zumbaban los oídos, pero simplemente no lograba dormir. Quería creer que su desvelo se debía únicamente a lo ocurrido en los túmulos funerarios con aquel cadáver feroz y la niebla venenosa, pero no podía engañarse: haber descubierto que sostuvo una relación con Lan WangJi era suficiente para no volver a dormir por el resto de sus días.
No lograba entenderlo y no podía aceptarlo. En su otra vida siempre mostró un ávido interés por las mujeres. Poseía un carisma y personalidad que las atraía, y cosas tan simples como flores u obsequios comestibles por parte de ellas hacían de su pasar por pueblos y ciudades algo grato mientras tuviera a la vista una mujer hermosa que contemplar y halagar.
¿Pero entonces en qué minuto sus ojos vieron con interés a Lan WangJi? ¿Qué pudo haber llamado su atención de su aburrida personalidad para terminar en una relación amorosa con él? Por más que lo pensaba no le encontraba ningún sentido. Eran completamente diferentes, con vidas muy distintas y experiencias que jamás compartirían. Pero terminaron juntos. De alguna manera lograron combinar todas esas abismales diferencias y convertirlas en algo que unió sus sentimientos, aun cuando en un principio Lan WangJi lo detestaba.
—No me soportaba —pensó para sí mismo.
¿Cómo podría esperar enamorar al hombre más aburrido del planeta y al que tampoco le caía bien? Porque si bien le resultaba divertido molestarlo, nunca pensó en él más allá de un amigo.
—¿Entonces qué me atrajo de él?
Repasó su aspecto y concluyó que sin dudas era atractivo, elegante y sofisticado. De las cuatro sectas más importantes, Lan WangJi siempre destacó como uno de los cultivadores más fuertes. Pero más allá de sus habilidades y atractivo físico, ¿qué más había que pudiera atraerle?
—Nada —concluyó—. Aunque sus ojos son muy hermosos. —Los dibujó en su cabeza y esbozó una sonrisa. —Sí, son muy lindos. Me gustan mucho.
Sabía que el atractivo de sus ojos no era motivo suficiente para justificar su relación amorosa, por lo que debía averiguar qué le había cautivado de Lan WangJi al punto de sostener una relación con él.
Cerró los ojos y liberó un profundo suspiro. Estaba dispuesto a silenciar todo pensamiento vinculado a Lan WangJi y a su extraña relación, pero se vio interrumpido cuando Lan HuiYing apegó su cuerpo contra el suyo al tiempo que pasaba un brazo por sobre su pecho. El contacto de su cuerpo lo había pillado por sorpresa pero más le inquietó su temperatura: era inusualmente baja. De inmediato lo cubrió con alguna de las mantas que descansaban a los pies de la cama y lo rodeó con los brazos, apegándolo aún más a su cuerpo para que entrara en calor. Con una acompasada respiración, Lan HuiYing se arrebujó contra su pecho y suspiró sin despertar.
El sentimiento que de pronto le había sacudido el pecho le hizo sentir extraño. Antes ya había tocado a Lan HuiYing, ya había compartido con él sin experimentar nada más que un simple afecto, pero ahora la sensación que acudía a su cuerpo le resultaba diferente, como si ese íntimo contacto fuera demasiado importante para pasarlo por alto. Su corazón latía a prisa y una agradable calidez había comenzado a brotar de él. De pronto sus ojos se empaparon y quiso llorar. No lograba darle forma a ese sentimiento ni el por qué solo quería permanecer abrazado a Lan HuiYing y protegerlo con todas sus fuerzas. El deseo era demasiado intenso como para ignorarlo.
Enmudecido y sobrecogido se dedicó a contemplarlo. La piel pálida de su rostro resaltaba bajo su cabello negro y sedoso que se derramaba casi de forma deliberada sobre sus hombros, remarcando sus rasgos finos e infantiles. Sus largas pestañas ocultaban aquel color de ojos que tanto le atraía y que de forma inevitable le recordaba al de Lan WangJi. Su nariz era pequeña y respingada y sus labios de un tono rosa pálido, que al sonreír y hablar se movían parsimoniosos, como si recitaran un poema.
Con su mano izquierda libre acarició su mejilla y apartó algunas hebras de su cabello de ella. Sus dedos se deslizaron suaves por su piel que finalmente había entrado en calor y los llevó hasta su nariz, delineándola en el proceso. Lan HuiYing la arrugó apenas por el sutil cosquilleo y Wei WuXian no pudo evitar sonreír por ello.
No podía obviar su gran parecido con Lan WangJi y la forma en la que se relacionaban. Había un trato diferente del que se pudiera esperar entre un cultivador experimentado y un discípulo. Existía complicidad, respeto, afecto y una preocupación constante que Lan WangJi muchas veces no sabía disimular. Pero a pesar de ese vínculo que compartían y de los secretos que ambos pudieran callar, Wei WuXian se sentía parte de ellos. Lo habían aceptado sin prejuicios ni cuestionamientos. Lan WangJi lo cuidaba y Lan HuiYing lo admiraba.
Volvió a sonreír y llevó su mano nuevamente hasta su cabello. Lo cepilló un instante y, no pudiendo evitar sentirse conmovido por lo que la cercanía de Lan HuiYing le provocaba, se inclinó sobre su cabeza y respiró en ella. Un dulce y envolvente aroma invadió su nariz y agitó cada fibra de su cuerpo. Su pecho volvió a sacudirse, esta vez preso de una tibieza que le ciñó cada extremidad y humedeció sus ojos. Una vez más quería llorar y envolver a Lan HuiYing entre sus brazos.
Su aroma despertaba algo en su ser que no lograba comprender. Jamás había experimentado algo así. O incluso si lo había hecho y no lo recordaba, estaba seguro que aquello era genuino y que lo estaba disfrutando por primera vez. Parecía una reacción química e instintiva de su cuerpo. ¿Pero era eso o se trataban de los sentimientos de Mo XuanYu aún presentes? ¿Acaso eran los vestigios de su deseo incumplido por conocer a su hijo y sostenerlo en brazos? Wei WuXian podía recordar lo que se sentía ser abrazado por su madre y lo que el calor de su cuerpo le transmitía. ¿Pero era lo mismo o solo el rescoldo de un deseo sin cumplir que el anterior dueño de su cuerpo dejó para que no olvidara su objetivo? Lan HuiYing era su amigo, su pequeño salvador, pero ahora que lo tenía entre sus brazos quería que fuera algo más. Un instinto natural parecía haber aflorado con el único propósito de querer protegerlo y brindarle un amor profundo e incondicional del que no era consciente.
Apoyó los labios en su frente y le dio un beso. Lan HuiYing se removió apenas y se acomodó apegándose a su cuerpo. Finalmente, el cansancio y el relajo llegaron. Abrazado a Lan HuiYing, las palabras de Jiang Cheng y los pensamientos hacia Lan WangJi se desvanecieron en su cabeza, y cayó profundamente dormido, mientras grababa en su memoria la dulce esencia de Lan HuiYing, y que a partir de ahora se había convertido en su nueva fragancia favorita.
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Luego que el alba tocara los cielos de YiLing, Lan WangJi ingresó al dormitorio que Wei WuXian y Lan HuiYing compartían. Se aproximó despacio y, de pie a un costado de la cama, se dedicó a contemplarlos en silencio.
Cuando encontró a Wei WuXian, esperó que su alma recordara a Lan HuiYing. Sabía que las posibilidades eran pocas si consideraba lo que su secta había hecho luego que Wei WuXian murió. Sabía que era casi imposible que incluso recordara lo que habían hecho juntos, pero el poco tiempo que llevaba con Wei WuXian en su nuevo cuerpo, comenzó a creer que lo que Lan QiRen y los demás miembros de la secta GusuLan hicieron a sus espaldas no había tenido un efecto total. Su alma de algún modo recordaba. No parecía ser de forma consciente, pero una parte de su pasado había vuelto con él.
Conmovido por la escena y lo que aquello significaba para los tres, observó a Lan HuiYing aferrado a Wei WuXian, y no se le hizo muy diferente a lo que hacía de bebé con una de las prendas que él dejó en Gusu. Aferrado a ella como si se tratara del propio Wei WuXian, solo así dejaba de llorar y lograba conciliar el sueño.
Revivir esos recuerdos le atenazaba el pecho y reavivaba sus culpas, pero ver a Wei WuXian abrazando a Lan HuiYing como si fuera lo más importante de su vida, le daba nuevas esperanzas.
Decidió que era momento de despertarlos y no dudó en hacerlo. Sin embargo, a diferencia de Lan HuiYing, que lo hizo casi de inmediato, Wei WuXian se removió adormilado y simplemente se rehusó a dejar la cama. Intentar despertarlo era inútil y Lan WangJi lo sabía mejor que nadie, por lo que simplemente lo dejó dormir hasta que su cuerpo decidiera que ya era momento de no hacerlo.
Luego de vestirse y dejar la habitación, Lan HuiYing siguió a Lan WangJi escaleras abajo. El casero ya se encontraba levantado y preparaba el desayuno. Un agradable aroma a panecillos al vapor y arroz se había apoderado del primer piso.
—¿Dormiste bien? —preguntó Lan WangJi mientras se acomodaban en una de las mesas del comedor.
Lan HuiYing asintió.
—El maestro Mo es muy cálido. Espero no se moleste por haberme dormido aferrado a él.
—No lo hará —le señaló tranquilo.
El casero se les acercó y dejó sobre la mesa dos tazas junto con una pequeña tetera con hojas de té blanco y panecillos al vapor. Una vez que se marchó, Lan HuiYing miró fijamente a Lan WangJi y comenzó a juguetear con las manos sobre la mesa, abriéndolas y cerrándolas en el proceso. Parecía que quería decir algo, y Lan WangJi no tardó en notarlo.
—Tuve un sueño —confesó de pronto.
—¿Cuál? —preguntó él.
Los ojos de Lan HuiYing se iluminaron y, con una sonrisa cálida en los labios, contestó.
—Soñé que mi papá finalmente volvía a nosotros. Pude sentir sus brazos rodeándome con fuerza y su calor envolviéndome. —Volvió la vista hacia Lan WangJi y su sonrisa se amplió. —Fue una sensación muy reconfortante.
Lan WangJi contuvo el aliento y aguardó en silencio. En ese momento tuvo el impulso de decirle que su sueño fue más que eso, que su anhelo desde su primer día de vida se había cumplido apenas anoche y que Wei WuXian finalmente había vuelto a ellos. Pero tal como sus temores le advirtieron que revelar la verdad tan pronto sería peligroso para la mente de Wei WuXian, confirmarle a su pequeño hijo que la persona que le dio la vida había perdido todos los recuerdos de su existencia podía causarle más daño del que suponía.
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El trinar de una pareja de pinzones en el alfeizar de la ventana del dormitorio despertó a Wei WuXian. Parecía que había dormido por demasiado tiempo porque su cuerpo lo sentía aún adormilado, o simplemente era la pereza de dejar la comodidad de la cama en la que había descansado.
Con los ojos cerrados extendió una mano hacia el costado y buscó a Lan HuiYing. Lo hizo durante unos segundos y al no encontrarlo terminó por abrir los ojos y espabilarse. Se encontraba solo y eso lo decepcionó un poco, pero supuso, como buen representante de la secta GusuLan, que Lan HuiYing se había levantado al amanecer.
Se incorporó y estiró en el proceso. A pesar de haber dormido solo un par de horas se sentía con las energías renovadas, y todos los pensamientos sobre su discusión con Jiang Cheng habían quedado atrás, pareciendo incluso superficiales. Recordó entonces quién era el responsable de tal logro y sus labios sonrieron. Apenas momentos atrás había dormido abrazando el cuerpo de Lan HuiYing y la sensación de ello aún persistía. Las palmas de sus manos cosquilleaban recordando la impresión de su cuerpo contra el suyo, su corazón continuaba latiendo conmocionado y su nariz aún percibía el aroma dulce de su cabello.
Estaba seguro que quería volver a experimentar aquello, por lo que se levantó rápido y bajó al primer piso. El bullicio del comedor lleno lo aturdió un poco. Buscó con la mirada a Lan HuiYing pero solo vio a Lan WangJi pagando la cuenta por las habitaciones y la comida. El casero no dejaba de agradecerle por su presencia y la ostentosa suma de dinero que daba por el buen servicio y la discreción.
En ese momento, las palabras de Jiang Cheng volvieron a su cabeza, y todas las emociones y sensaciones que habían despertado con Lan HuiYing se disolvieron frente a Lan WangJi, dejando solo confusión y la inquietud de lo que sucedería si seguía fingiendo ser alguien más mientras su mente continuaba procesando la verdad.
Cuando sus miradas se encontraron, Wei WuXian tuvo la urgencia de romper el contacto visual y fingió torpemente que no lo había notado. Pasó por su lado con prisa pero Lan WangJi no le dejó avanzar. Sintió la presión de sus dedos alrededor de su brazo izquierdo y el pulso se le aceleró.
¿Por qué dejaba que le pusiera tan nervioso? Fingir que antes no sucedía lo mismo resultaba absurdo incluso para él. Tan solo anoche había estado a punto de besarlo, pero ahora ni siquiera podía verle a los ojos. Su propia voluntad le traicionaba, sus nervios afloraban y se desbordaban sin control como si su alma realmente recordara algo que su mente había olvidado. Y era plenamente consciente que reaccionaba así porque la persona que estaba enfrente y le sujetaba del brazo con tanta insistencia alguna vez compartió con él un sentimiento en común.
Sintió que se le subían los colores al rostro y eludió la mirada cuando volvió a encontrarse con la de Lan WangJi.
—¿Qué te pasa? —le oyó decir.
Vacilante y algo torpe contestó.
—¿A mí? Nada. —Tiró del brazo del que era sujetado pero no logró zafarse. —Solo bajé porque muero de hambre.
Aun reteniéndole, Lan WangJi respondió.
—Tu desayuno espera en la mesa. —Señaló la que estaba junto a la ventana principal del comedor. —Nos iremos en quince minutos.
Wei WuXian no pudo evitar voltear y verle nuevamente a los ojos. Cuando lo hizo, contuvo la respiración y su cuerpo tembló. Si seguía así no sería capaz de continuar junto a Lan WangJi. La forma en la que sus ojos claros parecían atravesarle el alma y en la que su contacto lo estremecía, solo parecía reafirmar lo que Jiang Cheng le dijo.
Volvió a bajar la vista y la clavó al suelo.
—¿Qué fue lo que te dijo Jiang WanYin anoche?
Su sorpresiva y punzante pregunta lo enmudeció. Intentó nuevamente soltarse pero Lan WangJi no cedió. La fuerza de su agarre persistía, e incluso se volvió más intensa y un tanto temblorosa.
—Nada... —contestó finalmente—. Más bien no dijo nada interesante. Ya sabes que desprecia a los cultivadores demoniacos. Solo quiso asustarme y molestarme. —Alzó apenas la vista. —Llegaste justo a tiempo.
Sintió que fue convincente, pero la inmutable expresión de Lan WangJi parecía decir lo contrario. Aun así él fue capaz de soltarle. Lan WangJi no iba a presionarlo; lo conocía lo suficiente como para saber que se estaba esforzando demasiado por mentirle, aunque fallara inútilmente en el intento.
Al verse finalmente libre, Wei WuXian retrocedió hacia la salida. Actuaba como si quisiera escapar, pero Lan WangJi sabía que no lo haría. La revelación de Jiang Cheng había terminado jugando a su favor, porque ahora que Wei WuXian conocía una parte del pasado, no se iría hasta confirmar si sucedió realmente o no.
—¿No desayunarás?
Wei WuXian se detuvo al verse descubierta sus intenciones y decidió negar.
—Comeré en el camino. —Miró con disimulo hacia el comedor. —¿Dónde está HuiYing?
—En el establo.
—¡Bien! Iré por él.
Lan WangJi lo vio salir casi corriendo de la posada y no se molestó en detenerlo. Wei WuXian necesitaba pensar y buscar la verdad por sus propios medios, y era consciente que el proceso tomaría tiempo.
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Al otro lado de la calle, el establo albergaba no solo los caballos de los huéspedes de la posada, algunos animales de granja de los habitantes de YiLing descansaban entre los fardos de paja y abrevaderos. En uno de los corrales, Lan HuiYing terminaba de alimentar a Manzanita luego de contarle a Lan WangJi su sueño. Cuando despertó se vio envuelto entre los brazos de su tan querido Maestro Mo, y no fue muy diferente de lo que experimentó en su sueño. Incluso ahora, mientras le daba una última zanahoria a Manzanita, no podía quitarse la sensación del cuerpo. Había emoción y una silenciosa expectación palpitando en su corazón, como si aquel contacto íntimo hubiera significado algo realmente especial. ¿Pero era correcto emocionarse con el calor de otra persona que no fuera el de la que le dio la vida? Esperaba por él, y tal como en su sueño, ansiaba poder abrazarlo y decirle cuánto lo necesitaba y anhelaba conocerle. Pero incluso si no volvía y su alma continuaba en el otro mundo por siempre, sus sentimientos por él jamás serían reemplazados.
—Espero aparezcas pronto... papá.
Jugueteó un poco con las orejas de Manzanita y él en señal de afecto frotó su cabeza contra la suya. Dejó que continuara, pero su ceño se frunció cuando reconoció a Wei WuXian cruzando la puerta del establo. Lan HuiYing advirtió su reacción y volteó sorprendido.
—Maestro Mo...
—¿Interrumpo? —Sonrió divertido al ver la expresión molesta de Manzanita y se le acercó. —No me mires tan feo, Manzanita. Soy tu dueño después de todo. —Alcanzó una de sus orejas e intentó acariciarla, pero Manzanita le esquivó y rebuznó molesto. Wei WuXian volvió a reír de forma burlona. —Burro mal agradecido.
Lan HuiYing observó la escena en silencio y no pudo evitar sonreír por ella. La llegada repentina de Wei WuXian lo había entusiasmado, pero también reavivó los sentimientos que experimentó con él al dormir. En ese momento quiso disculparse pero también agradecerle; la última vez que se había sentido tan protegido y reconfortado al dormir había sido con Lan WangJi. Y quería creer que sus brazos y su calor le habían permitido soñar con el momento que más esperaba desde que conoció la verdad de su existencia.
Wei WuXian advirtió su expresión y dejó de molestar a Manzanita. Había ido para hablar con él, no para provocar a su burro.
—¿Dormiste bien?
La pregunta parecía sencilla, pero Wei WuXian quería estar seguro si solo él se sentía distinto. Miraba a Lan HuiYing de forma diferente, y a su lado se sentía diferente. Incluso ahora, por el solo hecho de contemplarle hacía que su pecho se calentara y sus ojos ardieran como si quisiera llorar a causa de una descontrolada emoción.
—Muy Bien —le oyó decir—. ¿Y usted?
Wei WuXian cruzó las manos tras la nuca y suspiró complacido.
—A pesar de las pocas horas que descansamos, nunca había dormido tan bien. Y todo gracias a ti.
Los ojos de Lan HuiYing se iluminaron y sus mejillas se tiñeron con un tibio tono rosa. Una expresión muy parecida a la timidez había aparecido en su rostro junto con una sonrisa radiante en sus labios.
—Lamento si llegué a incomodarlo al aferrarme a usted mientras dormía. —Se inclinó formalmente. —No fue mi intención.
Conmovido por sus disculpas y la forma en la que se mostraba preocupado, Wei WuXian llevó una mano hasta su cabeza y la acarició despacio. La suave sensación de su cabello le cosquilleó en la punta de los dedos y un tibio calor los recorrió hasta explotar en su pecho.
—Soy yo quien debería disculparme —confesó sin dejar de acariciarle—. Tengo el mal hábito de aferrarme a las personas mientras duermo, como si fueran una almohada.
Ante su comentario, Lan HuiYing emitió una pequeña carcajada y retomó su atención a las orejas de Manzanita mientras las caricias de Wei WuXian en su cabeza lo reconfortaban.
—¿Entonces también se aferra a HanGuang-Jun cuando duermen juntos? —preguntó con curiosidad—. ¿Él se lo permite?
Wei WuXian borró la sonrisa divertida de su rostro y su mano dejó de atender la cabeza de Lan HuiYing. Recordar que antes de hablar con Jiang Cheng no tenía problemas en dormir con Lan WangJi e incluso lo buscaba para conciliar el sueño hacía que su mente se agitara y su cuerpo temblara. Ahora simplemente no lograba imaginarse compartiendo la misma cama con él ni mucho menos provocándole para que lo alejara de su vida.
Miró con mal disimulo hacia uno de los corrales donde un par de caballos pastaba y aguardó unos momentos en silencio antes de responder. Podía contestar con honestidad y de forma convincente, pero ni siquiera estaba seguro de cómo hacerlo si su mente aún estaba confundida.
Dispuesto finalmente a responder, volvió la vista hacia Lan HuiYing, pero se atragantó y apretó los labios cuando advirtió a Lan WangJi de pie en la puerta del establo.
—¡HanGuang-Jun! —Lan HuiYing se alegró al verle.
Wei WuXian cruzó una mirada casual con él pero, fingiendo que Manzanita resultaba mucho más interesante, rompió el contacto visual y dirigió su atención a él. Lan WangJi no se mostró sorprendido con ello, por lo que solo se limitó a comunicar lo que le había hecho llegar hasta allí.
—Nos vamos.
Con un ademán con la cabeza, Lan HuiYing no dudó en obedecerle y salió al pasillo, pero antes de ir con Lan WangJi miró a Wei WuXian y, movido por un impulso, se devolvió hacia él y lo abrazó por la cintura. Su repentino gesto lo sorprendió y enmudeció, pero no le impidió responder del mismo modo. Le rodeó el cuello con la mano derecha mientras la otra descansó sobre sus cabellos, acariciándolos en el proceso.
Su gesto pareció agradarle a Lan HuiYing, porque le apretó la cintura un poco más y hundió el rostro contra su pecho. En ese momento, el fresco aroma a rocío que despedía Wei WuXian llegó a su nariz y su acompasado palpitar resonó en sus oídos. Eran reconfortantes y aceleraban su propio corazón, como si en algún rincón de su memoria despertara una sensación demasiado familiar que agitaba cada rincón de su cuerpo y le atravesaba el alma. Lo tranquilizaba, y sentía que entre sus brazos estaba a salvo.
Se inclinó y buscó su mirada con cierta expectación, y cuando lo hizo, sus labios esbozaron una sonrisa y sus ojos claros brillaron emocionados.
—Gracias, maestro Mo.
Dejó su cintura y salió rápidamente del corral sin esperar una respuesta. Wei WuXian lo vio alejarse y reunirse con Lan WangJi en la puerta del establo. No pudo contestarle, tampoco preguntarle por qué le agradecía. Solo pudo llevarse una mano al vientre y acariciarlo despacio, donde el calor de Lan HuiYing aún permanecía.
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Tras dejar las tierras de YiLing y sin una ruta definida más que las vagas pistas del paradero del cadáver feroz que perseguía a Wei WuXian, tomaron el camino que les indicó Wen Ning hasta la siguiente ciudad con mayor actividad y avistamientos de espíritus malignos y cadáveres alterados. En el último tiempo la energía resentida parecía haberse agitado más de lo normal, y Lan WangJi tenía ciertas sospechas del motivo por el cual estaba sucediendo.
El atardecer los pilló cruzando el río Yangtze en una barcaza. No tenían claro aún en qué ciudad o pueblo pasarían la noche, pero un inconfundible olor a putrefacción mezclado con sangre les llamó la atención. A orillas del río, en una montaña al oeste de YiLing, un viejo muelle conectaba con un pequeño camino empedrado que llevaba hacia un espeso bosque de abedules. La línea de edificios apostada como una sólida fortaleza junto al embarcadero lucía sombría por el abandono. No se veía movimiento comercial como solía ocurrir en las zonas de pesca; los barcos atados al muelle estaban deteriorados y otros simplemente yacían hundidos en las profundidades del río o encallados.
—¿Qué es este lugar? —preguntó Lan WangJi mientras pasaban frente al abandonado muelle.
El anciano que los trasladaba dejó de batir la vara de bambú dentro del agua y contestó.
—Solía ser una pequeña villa de pescadores, pero ahora es un territorio maldito.
—¿Maldito? —Wei WuXian se mostró curioso. —¿Por qué lo dice?
—Durante la guerra de los ocho años, fue una de las villas tomadas por la secta QishanWen. Luego pasó a manos de la secta LanLingJin, pero tras el término de la guerra, el territorio jamás volvió a ser poblado.
—¿El motivo? —preguntó Wei WuXian intrigado.
—Nada sobrevive en ese lugar —explicó el anciano—. Plantas, animales y personas; todo se muere. Nadie se ha atrevido a investigar al respecto porque la muerte se ha apoderado de esas tierras.
El relato parecía otro más de los tantos que venían conociendo en el último tiempo, y Wei WuXian tuvo curiosidad de saber un poco más al respecto.
—¿A qué se refiere con "la muerte"? —preguntó intrigado—. ¿Se trata de una persona o es alguna clase de metáfora?
El anciano negó con la cabeza.
—No se sabe con exactitud porqué nada sobrevive en ese lugar. Han intentado habitarlo, pero las cosechas se secan, el ganado se muere y las personas enferman sin explicación. Por eso creemos que ese territorio está maldito. Seguramente es culpa de ese patriarca demoniaco del que todos hablan.
Lan HuiYing reaccionó a sus palabras y quiso discutir su injusta opinión, pero Wei WuXian se le adelantó.
—¿Qué le hace pensar que fue él? —cuestionó con cierto tono burlón—. ¿Acaso lo han visto atacando la villa?
El anciano volvió a negar con la cabeza.
—¿Quién más podría hacer algo así? Él es famoso por provocar desastres con el único fin de hacer daño.
—Vaya. —Wei WuXian se cruzó de brazos. —Es una manera muy poco sensata para hacerse famoso.
—Su alma está maldita y comanda desde el infierno a su ejército de cadáveres.
Sobrepasado por tanta ignorancia, Wei WuXian no pudo evitar soltar una sonora carcajada.
—Me gustaría saber quién difundió ese rumor tan absurdo y logró que todos creyeran en él. —Se apretó el estómago intentando controlar su risa. —Alguien como el Patriarca YiLing no necesita molestar a los vivos ni mucho menos utilizar a otros para hacerlo. Seguro tiene asuntos más interesantes que atender.
—Pero es el Patriarca YiLing —le insistió el anciano—, es alguien excepcional.
—En eso tiene razón, pero está muerto, y dudo que quiera perder el tiempo molestando desde el otro mundo.
—Entonces si no fue él —replicó el anciano—, algo mil veces peor se instaló en esa villa.
Sin ninguna pista que pudiera ayudar a dar con la verdad, Wei WuXian aguardó un momento en silencio.
—¿Pero por qué alguien o algo haría tal cosa en esa pequeña villa? —Lan HuiYing interrumpió con curiosidad. —¿Qué tiene de especial?
—Es cierto —añadió Wei WuXian—. Una pequeña villa dedicada a la pesca ¿por qué terminaría de esa forma? Debe haber un motivo.
El rostro del anciano se contrajo con preocupación.
—Nadie lo sabe —concluyó.
Lan WangJi miraba fijamente hacia el bosque. El olor a putrefacción era demasiado fuerte y se percibía energía inusual como para suponer que el incidente había ocurrido durante la guerra de los cinco años.
—Bajaremos aquí.
El anciano lo miró sorprendido.
—¿Está seguro?
Lan WangJi asintió.
En ese momento, el anciano reparó en las ropas que vestía, y supo entonces quién era.
—¿Ustedes son cultivadores? —Su voz sonó con sorpresa. —¿Son acaso de la poderosa secta GusuLan? —Miró detenidamente a Lan WangJi y lo reconoció. —¿Es ese famoso cultivador que asesinó al Patriarca YiLing?
El semblante de Lan WangJi no mostró reacción ante el comentario, pero Wei WuXian podía apostar que estaba molesto.
—Llévenos a la orilla, por favor.
El anciano asintió sin replicar y acercó la barcaza al muelle abandonado. El ambiente lúgubre e intimidante del lugar hizo que se marchara apenas los dejó el deteriorado embarcadero sin intenciones de volver.
Una vez allí, Lan WangJi se adentró en el camino empedrado. Lan HuiYing lo siguió, pero Wei WuXian aguardó unos momentos junto a uno de los barcos encallados.
—Si este lugar fue usado como oficina de supervisión durante la guerra, no me sorprende que esté lleno de energía resentida. ¿Pero por qué la secta LanLingJin no se encargó de purificarlo?
No le convencía que un pequeño e insignificante territorio terminara inhabitable por la mala administración de la secta LanLingJin. ¿No era acaso el deber de las sectas erradicar la energía resentida?
—¿Maestro Mo?
El llamado de Lan HuiYing lo sobresaltó un poco. Notó que le esperaba junto al camino empedrado acompañado por Manzanita y le miraba expectante.
—¿Iremos a la villa? —preguntó curioso mientras se le acercaba—. ¿No es acaso peligroso? El lugar está maldito.
Lan HuiYing hizo un ademán con la cabeza.
—Como cultivadores, es nuestro deber investigar este tipo de anomalías —respondió resuelto—. Incluso si es peligroso.
Wei WuXian lo vio retomar el paso y decidió seguirle en silencio. Durante unos momentos se dedicó a contemplarlo mientras le veía tirar de las riendas de Manzanita y caminar con la vista al frente. Aún no lograba descifrar el origen de las emociones que experimentaba con su cercanía ni por qué quería conocer un poco más de él. Contra más tiempo permanecía a su lado más atraído e intrigado se sentía por su personalidad y carisma, porque con ese espíritu heroico y a veces un tanto impulsivo, no podía evitar recordarle a su antiguo yo cuando tenía su misma edad.
—¿Por qué te gusta el mundo de la cultivación? —le preguntó de pronto, advirtiendo expectante su reacción.
Lan HuiYing se detuvo un momento y volteó a verle.
—¿Por qué me gusta? —repitió—. Es una pregunta extraña.
—Tienes el talento innato y tus padres son cultivadores —señaló Wei WuXian—, ¿pero en qué momento te diste cuenta que este mundo era para ti?
Tras retomar el paso y pensar por unos momentos sobre la respuesta a tan repentina pregunta, Lan HuiYing contestó.
—Desde que tengo uso de razón —dijo al fin—. Nací y crecí vinculado al mundo de la cultivación.
—Ya lo creo. —Wei WuXian cruzó las manos tras la nuca. —No conozco a nadie como tú, con un núcleo dorado capaz de contener energía resentida y normal al mismo tiempo.
Los ojos de Lan HuiYing se volvieron vidriosos de pronto, como si fuera a llorar, y asintió con una sonrisa.
—Lo heredé de la persona que me dio la vida. —Hizo una pausa y luego añadió. —Por eso quiero algún día ser como el Patriarca YiLing.
Con la mirada entornada y el corazón algo exaltado, Wei WuXian se detuvo. Su comentario le causó una extraña sensación que le sacudió el cuerpo y le provocó la necesidad de llevarse una mano al vientre.
—Aunque hizo grandes cosas, también cometió muchos errores —expresó—. Ya ves cómo lo culpan por todo, incluso si lleva muerto tanto tiempo.
—Aun así espero ser como él —dijo Lan HuiYing—. Sé que nunca quiso hacer daño y que lo que dicen de él no es cierto. Su corazón era bondadoso y noble.
La formada y contundente opinión de Lan HuiYing confundía a Wei WuXian. Lucía tan convencido y lo defendía con tanta energía —y no era primera vez que lo hacía—, que resultaba difícil cuestionarle e incluso pensar que no lo conocía en su verdadero cuerpo.
—Aunque HanGuang-Jun te haya contado todo sobre el Patriarca YiLing, no es suficiente —soltó Wei WuXian con honestidad—. Si muchos dicen cosas malas de él, las cosas buenas también pueden ser falsas.
Lan HuiYing volvió a detenerse y, tras acercársele, lo encaró con sus expresivos y profundos ojos claros.
—HanGuang-Jun es la única persona que lo conoció de verdad, por eso espero el día que el Patriarca YiLing cumpla la promesa que le hizo, y cuando eso pase, que me reconozca.
Wei WuXian abrió los ojos con sorpresa.
—¿Qué te reconozca? —repitió—. ¿Por qué debería reconocerte?
Una sonrisa triste acudió a los labios de Lan HuiYing y decidió regresar con Manzanita.
—Él sabía de mí. Sabía que iba a nacer. —Alcanzó las orejas de Manzanita y jugó con ellas. —Lamentablemente murió antes de conocerme. Por eso espero que vuelva y, cuando eso suceda, sepa quién soy.
Su tono triste y quebrado abrumó a Wei WuXian. En su interior se instaló la inquietud de sus palabras y de lo que ellas significaban. ¿Acaso en su otra vida sabía de Lan HuiYing pero al volver lo había olvidado?
Lo vio retomar el paso y alejarse en silencio. En su pecho se estaba instalando un punzante dolor al que no supo darle nombre. Su cuerpo se estremeció y la mano que descansaba en su vientre se cerró en un sólido puño de forma temblorosa mientras sentía que el aire se volvía pesado en sus pulmones.
¿Quién era realmente Lan HuiYing y qué significaba en su vida?
Un par de pasos más adelante, Lan WangJi escuchaba la conversación. Sin embargo, su atención estaba enfocada en cualquier movimiento o presencia inusual en el lugar. No se sentía tranquilo, y tenía un mal presentimiento de aquella extraña atmósfera y hedor impregnado en el aire. Conforme avanzaba, la putrefacción se volvía más penetrante y la energía resentida más sofocante. Al final del camino empedrado, un pequeño pailou de piedra separaba la villa del bosque. Era un sitio pequeño, con solo unas cuantas calles y un puñado de casas repartidas alrededor, pero lo que llamaba la atención era su completo abandono, la energía resentida que despedía y la gran cantidad de talismanes distribuidos por todo el terreno.
—Qué horrendo lugar —señaló Wei WuXian cuando llegaron—. Entiendo por qué nadie quiere vivir aquí. —Se llevó una mano a la nariz. —Huele asqueroso y es escalofriante.
A medida que recorrían la villa, confirmaban las palabras del anciano. Restos humanos y animales yacían regados por las calles, casi momificados, y las plantas y los árboles estaban completamente secos. El bosque de abedules sobrevivía como una barrera natural que mantenía la villa aislada del resto del mundo.
Lan HuiYing lucía igual de impresionado. Para sus diez años y el tiempo que llevaba ejerciendo como cultivador, nunca había visto algo así.
—Esto está mal —señaló—. Si fue una oficina de supervisión de la secta QishanWen, ¿por qué la secta LanLingJin no se hizo cargo de los cadáveres una vez que recuperó el territorio? ¿Por qué parece que la energía resentida solo ha sido contenida y no purgada?
—Esa es una pregunta que merece una muy buena respuesta —dijo Wei WuXian mientras tomaba uno de los talismanes pegados en el pilar de una casa—. Me pregunto si las otras sectas están al tanto de esto.
Continuaron hasta el final del camino, esquivando en el proceso los cadáveres, y llegaron al cementerio donde los talismanes y círculos de formación parecían contener algo peligroso. Sin embargo, para Wei WuXian no fue impedimento burlar las barreras de contención y examinó el terreno. Bajo una higuera seca, una fosa yacía abierta, y en su interior una pila de restos humanos vestía un atuendo inconfundible.
—Deben ver esto —dijo a Lan WangJi y Lan HuiYing, que revisaban otras tumbas al otro lado del cementerio.
Cuando se acercaron, no tardaron en reconocer a los cadáveres de la fosa: eran cultivadores de la secta LanLingJin.
—No parece que sus muertes fueran de hace cinco años —comentó Lan HuiYing.
—Parecen de hace un mes —concluyó Wei WuXian mientras se inclinaba y examinaba los cuerpos—. No hay tumbas saqueadas; solo esta fue abierta especialmente para estos desafortunados cultivadores que tuvieron una lamentable y muy dolorosa muerte.
Afectado por la suerte de los cultivadores, Lan HuiYing los observó detenidamente, y reparó en algo que llamó su atención.
—Maestro Mo, mire. —Señaló al interior de la fosa.
Wei WuXian se inclinó nuevamente y se dio cuenta que los cultivadores no solo habían sido asesinados bajo el método de "la muerte de los mil cortes", sino que sus bocas se encontraban llenas de talismanes y las cuencas de sus ojos se encontraban vacías.
—Alguien o algo muy malicioso los atacó —concluyó—. Los talismanes en sus bocas y la falta de sus ojos no concuerdan con la muerte de los mil cortes.
—Pero tuvo el cuidado de dejarlos aquí —añadió Lan HuiYing.
Lan WangJi observaba en silencio, y el mal presentimiento que experimentaba desde que pisaron ese lugar se acrecentaba. Su instinto de pronto comenzó a gritarle que debían salir de allí o lo lamentarían.
—¿Quién pudo haber hecho algo tan inhumano? —se cuestionó Lan HuiYing.
—Pueden ser muchas las posibilidades —comentó Wei WuXian—. Y lo bueno es que existen también varias formas de averiguarlo.
Miró a Lan WangJi y supo lo que él pensaba en ese momento. Lo vio retirarse a Guqin de la espalda y, tras acomodarse en el suelo, la dejó sobre sus piernas en posición horizontal.
Lan HuiYing lo miró con curiosidad
—¿Servirá "Preguntar"?
—Dependerá de los espíritus de este lugar.
Deslizó los dedos sobre las cuerdas y estas no tardaron en vibrar. El contacto con los espíritus se había dado de forma casi inmediata, por lo que ahora debía comenzar la ronda de preguntas utilizando el lenguaje Guqin.
Eran pocas las cosas que Wei WuXian no podía hacer, y una de ellas era hablar ese lenguaje. Era una habilidad que solo la secta GusuLan dominaba, por lo que no dudó en pedirle que preguntara quién los había asesinado. Lan WangJi accedió, pero cuando hizo vibrar las cuerdas y estas respondieron tocando dos notas por sí misma, él negó con la cabeza y su rostro mostró cierta decepción.
—¿Qué dijeron? —preguntó Wei WuXian con apremio.
—Fue él.
—¿Qué?
—Fue él —repitió—. Es lo único que dicen.
Era una completa decepción que los espíritus no estuvieran dispuestos a colaborar. Wei WuXian resopló contrariado y pensó rápido en la otra manera de descubrir la verdad. Miró entonces los cadáveres que yacían en la fosa y una idea cruzó por su cabeza.
—¿Maestro Mo?
Lan HuiYing reparó en la atención que le daba a los cuerpos de la secta LanLingJin y se le acercó.
—¿Tiene alguna idea, Maestro Mo?
—Es posible —respondió—. Primero hay que ver si estos cuerpos aún son de utilidad. —Se arrodilló frente a la fosa y comenzó a retirar los talismanes de la boca de uno de los cadáveres. —Necesitamos un espíritu que nos diga lo que pasó. —Removió el último puñado de talismanes y confirmó su temida sospecha. —No lograremos nada con ellos; removieron sus lenguas y dientes. Nos tomará tiempo dar con las preguntas correctas.
—¿Entonces cuál es la otra opción? —preguntó Lan HuiYing.
Como si hubiera leído el pensamiento de Wei WuXian antes de siquiera haberlo formado en la cabeza, Lan WangJi lo miró fijamente y aguardó conteniendo el aliento.
—Dentro del mundo de la cultivación existen muchas técnicas; unas más populares que otras —dijo Wei WuXian mientras sacaba al cadáver de la fosa—. Y dada las circunstancias, hay una que puede servir en estos momentos.
Colocó una mano sobre el cadáver y de su boca comenzó a brotar una pequeña luz blanca. Esta tomó la forma de una pequeña esfera translúcida y flotó sobre el cuerpo inerte. Lan HuiYing no tardó en reconocerla y comprender que los talismanes en su boca habían retenido con gran éxito su espíritu.
—El Patriarca YiLing pulió una técnica en particular —explicó Wei WuXian y miró a Lan HuiYing—. Supongo que la conoces: es Empatía.
La expresión de Lan HuiYing pareció cobrar vida y asintió enérgico.
—La conozco —contestó—, aunque no he tenido la oportunidad de practicarla.
Si bien las sectas de renombre dominaban la técnica, eran pocos los cultivadores que se atrevían a usarla debido a su complejidad y riesgos que implicaba dejar que un espíritu poseyera el cuerpo. La consideraban un arma de doble filo, y quien se atreviera a ejecutarla debía asumir los riesgos de terminar poseído y dominado por el espíritu o sucumbir ante las emociones del mismo.
Lan HuiYing miró a Lan WangJi.
—¿Puedo hacerlo? —preguntó expectante—. Quiero ayudar.
Wei WuXian aguardó esperando la aprobación de Lan WangJi, pero al ver que lucía dudoso, decidió intervenir.
—¿Qué piensas, HanGuang-Jun? —indagó curioso—. Si gustas yo puedo ser el supervisor.
Para esta técnica, era vital el rol del supervisor, pues debía vigilar al médium por si sucumbía a las emociones del fantasma. Wei WuXian necesitaba establecer un código con Lan HuiYing, un llamado o un sonido que le fuera familiar para sacarlo del trance si lo veía en peligro.
Pensativo y algo renuente, Lan WangJi miró a Lan HuiYing, advirtiendo sus ansias por ejecutar el ritual, y luego a Wei WuXian. Conocía las habilidades de ambos, en especial las de Wei WuXian. Sabía que no expondría a Lan HuiYing, que sus conocimientos le permitirían guiar el ritual por el camino correcto y conseguiría más que él con "preguntar".
Miró el espíritu del cultivador aun flotando sobre el cuerpo sin vida y luego a Lan HuiYing. Tras deliberar unos momentos, dejando a un lado el mal presentimiento que inicialmente experimentó, decidió confiar y asintió en silencio.
—Muy bien. —Wei WuXian se plantó frente a Lan HuiYing. —Ya sabes qué hacer, ¿verdad?
Lan HuiYing asintió.
—Puede usar mi nombre como código.
—De acuerdo.
Caminaron hacia la esfera de luz y Lan HuiYing se arrodilló frente a ella. Sus manos se cerraron con fuerza sobre sus muslos y respiró profundamente un par de veces. Sabía que debía estar relajado y su mente en calma, porque si dejaba que el espíritu entrara en su cuerpo en estado nervioso, las emociones de ambos chocarían y el ritual sería un rotundo fracaso.
—Tranquilo —le dijo Wei WuXian—. Todo saldrá bien.
Con un ademán con la cabeza, Lan HuiYing se volvió hacia Lan WangJi. Él, de pie a su lado, lo miraba fijamente.
—Ten cuidado —le pidió.
Él asintió y regresó su atención al espíritu. Con un gesto formal con la cabeza, se inclinó en señal de respeto.
—Por favor, entre.
La esfera de luz se deslizó lentamente y traspasó su pecho, fundiéndose con él. Lan HuiYing cerró los ojos y se dejó caer lentamente hacia atrás. Wei WuXian se apresuró a sostenerle y lo recostó sobre sus piernas. Por lo regular la práctica de empatía se realizaba con espíritus purificados y bajo una estricta supervisión. Pero con Lan HuiYing nada era común, y sus habilidades le permitían poner a prueba sus habilidades en un entorno poco seguro y con resultados inciertos.
Lan WangJi aguardó de pie a su lado, expectante. Confiaba en las capacidades de Lan HuiYing y sus avances como cultivador. No era muy distinto a él cuando tenía su misma edad, pero sus habilidades sin duda no tenían comparación y hacían de él alguien excepcional. Sin embargo, jamás olvidaba su rol como padre ni dejaba a un lado sus temores, porque así como la naturaleza de Lan HuiYing lo convertía en alguien único, esa misma naturaleza lo exponía ante el mundo de la cultivación como una amenaza aún peor que Wei WuXian.
Empuñó las manos y tensó los labios, esperando que el ritual no se prolongara más de lo necesario, pero los minutos pasaban y no sucedía nada. Todo parecía ir bien, hasta que un movimiento súbito y un quejido proveniente de Lan HuiYing terminaron con la confianza de Lan WangJi.
Wei WuXian no dudó en llamar a Lan HuiYing reiteradas veces con tono firme y claro, pero simplemente no volvía y solo lo veía retorcerse y quejarse.
—¡HuiYing! ¡HuiYing, despierta!
Lan WangJi intentó intervenir pero sabía que era inútil, y que su voz no llegaría a él incluso y lo llamaba con todas sus fuerzas.
Finalmente, tras un nuevo llamado por parte de Wei WuXian, el espíritu dejó el cuerpo de Lan HuiYing y él abrió los ojos. Su respiración errática acompañada de un cuerpo tembloroso y perlado en sudor solo acrecentó la preocupación de Lan WangJi y Wei WuXian y temían que el ritual hubiera sido demasiado para él.
Wei WuXian tensó los labios y la culpa lo invadió. Había olvidado que, a pesar de ser fuerte, Lan HuiYing no dejaba de ser un niño de diez años, y que "empatía" podía ser incluso difícil para un adulto.
—¿Estás bien? —preguntó—. Cielos, no volvías.
Lan HuiYing no contestó. Su mirada lucía algo perdida, pero era su expresión lo que preocupaba.
—HuiYing. —Lan WangJi tocó su cabeza y percibió los temblores de su cuerpo. —HuiYing...
Adivinando el posible motivo de su reacción, Wei WuXian sujetó su rostro e intentó hacer contacto visual.
—¿Qué viste? —le preguntó—. ¿Quién lo hizo?
Lan HuiYing negó con la cabeza.
—¿Qué ocurre? —insistió Wei WuXian.
El rostro de Lan HuiYing empalideció aún más y sus ojos se tornaron vidriosos, como si quisiera llorar.
—Fue... fue el Patriarca YiLing —pronunció con la voz quebrada.
Wei WuXian y Lan WangJi lo miraron confundido.
—¿Qué?
Lan HuiYing alzó la mirada y sus lágrimas finalmente se desbordaron.
—¡Él los asesinó a todos!
...Continuará...
