Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.

.

.

.

YamiHyuga22: Primeramente, me alegra que te hayas decidido a comentar jejej. Para averiguar que pasa debes leer chiquilla. Yo digo que sigamos leyéndonos. Saludos, Harry.

Karypriscilla: Lo sé, querida, lo sé, doy clases los jueves en Instagram y no cobro nada… jejejeje, se vienen más chingas entre estas personalidades, así que recomiendo que sigas leyendo. Nos leemos, Harry.

A Frozen Fan: Por un segundo pensé que nos habías abandonado *se pone a llorar*, pero me sentí muy feliz cuando leí tu review. Pues sí, todos pensamos que esta mujer- Astrid- tendría dignidad, pero también se puede ser débil, lo que si te digo es que Merida no se deja de nadie. Hiccup, ay este muchacho, pero se le dijo y no entendió, que se atenga a lo que se le viene encima. Así que aquí está el nuevo capítulo, léelo bien mamacita para que me digas que tal. Nos leemos, saluditos, Harry. PS: se vienen muchos más momentos de esos.

Guest: No sé qué decirte, enserio, ¿Qué edad tienes?, no puedo entender esta aversión de la que hablas, leí Mi Caballero Dragon de Miss Grimm y debo decir que es una fabulosa historia… que también contiene escenas de ese tipo, es por eso que no me explico lo que dices, lo que sí sé es que nadie se ha quejado de mi contenido- en esta historia al menos- así que, para que puedas cumplir con tu promesa, te recomiendo que dejes de leer porque no voy a dejar de escribirlo. No te preocupes por lo de Año Nuevo, gracias por comentar y por tus buenos deseos. PS: puedes enviarme PM si quieres que hablemos más de esto.

Miss Grimm: SIIIIIIIII, jamás creí que recibiría un review tuyo, leí Mi Caballero Dragón y solo diré algo: INCREIBLE. Gracias por comentar, ojalá podamos seguir leyéndonos. Esto sigue señorita. Saludos, Harry.

Wand: ¿Tú te crees que puedes desaparecer, después regresar con tus maravillosos review y que yo seguiré adorándote?, pues SÍ, sí que puedes, muchas gracias por seguir aquí, espero ansiosa tu review. Nos leemos, aunque pase mucho tiempo. Harry.

Ladi Jupiter: Has acertado en algo super chingón, pero debes leer para averiguar en qué, gracias por animarte a escribir. Quiero pensar que seguiremos leyéndonos. Saludos, Harry.


Hiccup.

Su esposa parpadeó ante lo que veía e Hiccup pudo notar perfectamente como ésta se tensaba, giró sobre sus talones y salió de la habitación azotando la puerta, ni corto ni perezoso, el castaño se quitó de encima a Astrid sin medir la fuerza que empleaba y salió detrás de la pelirroja.

─ ¡Merida! ¡espera! ─logró alcanzarla, la tomó por el brazo para detenerla, pero ella se lo quitó de encima de un empujón.

─ Ni se te ocurra─ amenazó. Hiccup levantó las manos en señal de paz.

─ Escucha, lo que viste allá…

─ No me interesa saber lo que sea que pasaba─ lo cortó─, te advertí que no quería este tipo eventos.

─ Si me dejas explicarte…

─ Ahora no, en serio.

Lo dejó solo y desapareció por el pasillo, entonces recordó a Astrid y el susto fue remplazado por la rabia. Volvió a la habitación y la encontró terminándose de vestir. La tomó del brazo con brusquedad.


Astrid.

El alcohol en sus venas comenzó a disiparse con rapidez al sentir la presión de la mano de Hiccup en su brazo. Los ojos verdes del rey desprendían tanta furia que le fue imposible no asustarse un poco.

─ ¡¿Se puede saber qué carajos estabas pensando?! ─ estalló.

─ Yo… yo…─ comenzó a explicarse.

─ ¡¿Tú qué?! ─ la jaloneó un poco─. ¡Maldición, Astrid!, jamás creí que caerías tan bajo para hacer lo que hiciste.

─ Estaba molesta.

─ Eso no es excusa, Merida está molesta conmigo─ se lo quitó de encima en cuanto escuchó el nombre de la pelirroja. Le devolvió una mirada cargada de ira.

─ ¡Merida esto! ¡Merida lo otro! ─gritó─. ¡Estoy harta de Merida!

─ ¿De verdad?, me da igual, es mi esposa─ levantó la mano izquierda para mostrarle el anillo de casado─, y la reina de este lugar. Si muy hartas estás de ella, lárgate.

Astrid tragó saliva, Hiccup jamás se había portado de esa manera con ella.

─ ¡Que te largues, te digo! ─bramó y la empujó fuera del dormitorio.

Cuando el rey de Berk azotó la puerta a su espalda, no pudo evitar llorar.

¿Qué había hecho?


Merida.

─… el resto de mi ropa también llévala a la otra habitación─ ordenó, Maudie la miró con confusión.

─ Pero, mi niña, no entiendo por qué quieres que saque todas tus cosas del dormitorio que compartes con tu esposo─ replicó y después cargó su tono con coquetería─. Creí que se entendían muy bien.

─ Sí, yo también lo creía, pero dejé de mirar por un segundo y encontré a Astrid encima de él, casi desnuda.

Maudie soltó un jadeo de incredulidad.

─ Imposible─ susurró.

─ Pues ni tanto, no voy a tolerar ese tipo de comportamientos y sé que una separación no es posible.

La mujer regordeta asintió, de acuerdo.

─ Ya mismo saco todo de ahí.

Un toque en la puerta del despacho desvió la atención de ambas mujeres. La nana se dirigió hacia ella y la abrió un poco.

─ ¿Puedo hablar con la reina un momento? ─Merida se puso rígida al escuchar la voz de Astrid. Maudie la miró.

─ Que pase.


Astrid.

La regordeta mujer le dirigió una mirada cruda antes de hacerle espacio para que entrara, salió y cerró la puerta con fuerza. Delante de ella, sentada de forma majestuosa, la reina parecía revisar varios pergaminos.

─ ¿Qué necesitas, Astrid? ─el tono de la mujer era fuerte, sin emoción.

─ Merida, quería que habláramos sobre lo que pasó…

─ ¿Merida? ─interrumpió la pelirroja, dejó los pergaminos y levantó la cabeza para mirarla por fin─. No sé porqué me sorprende tu descaro, esperaba que entendieras que perdiste el privilegio de llamarme por mi nombre.

Astrid se enderezó.

─ Mer… majestad, esperaba explicarle…

─ Voy a detenerte de nuevo, no me interesa escuchar nada que tu tengas que decirme, si acepté recibirte es porque eso hace una reina con sus súbditos─ volvió a sus pergaminos─. Tengo el tiempo medido y no puedo perderlo contigo, así que voy a pedirte que te vayas, y no quiero verte dentro de mi castillo nunca más.

La rubia asintió, vaciló antes de salir.


Hiccup.

Se sentó en la cama, suspiró y se pasó una mano por el cabello con frustración. La habitación se sentía, literalmente, vacía sin su esposa. Había regresado de hacer sus labores cuando no encontró ninguna de las pertenencias de la pelirroja, preguntó a Maudie, y ésta, con cierta molestia, le dejó claro que la reina había ordenado mudarse a otro dormitorio. No hablaba con él desde entonces.

Se levantó y tomó dirección a la nueva estancia de su esposa, un piso más arriba. Entró después de tocar la puerta y no escuchar respuesta. Merida estaba sentada delante de su tocador, cepillándose los rizos pelirrojos.

─ No eres bienvenido aquí─ declaró.

─ Quería hablarte un segundo─ dijo.

─ Ya lo hiciste, ahora vete.

─ Merida, por favor─ se acercó a ella, la mujer se levantó del banco y le lanzó una mirada desafiante. Lo esquivó cuando trató de tomarla de la mano.

─ No soporto que me toques ─exclamó. Una expresión dolida cruzó la cara de Hiccup, pero retrocedió.

─ Ya pasaron dos semanas, necesito que sepas lo que de verdad pasó esa noche.

─ Lo que pasó, Hiccup, fue precisamente lo que te advertí─ blandió su dedo índice delante de él─. Creí dejarte muy en claro que merecía respeto de tu parte y de esa mujer, ¿y qué me encuentro?, a ustedes casi desnudos en la cama. Mi cama.

─ Ella…

─ Ella no conoce limites y parece tampoco saber cuál es su lugar─ hizo una seña hacia la puerta─. Vete de una vez, tengo que levantarme temprano, hay mucho papeleo y no se va a ordenar solo, menos si el rey se la pasa todo el día volando en su dragón.


Astrid.

Dejó el alimento delante de Tormenta antes de dirigirse a su lugar, sus amigos trabajaban bastante concentrados y la rubia podía sentir que ellos sabían o tenían una idea de que algo pasaba. No era que la brusquedad de Hiccup pasara desapercibida por nadie.

La ignoraba la mayor parte del tiempo, pero, cuando se acercaba para comunicarle que había terminado con sus tareas, él la despachaba no precisamente de forma amable. Todo ante la confusa mirada de sus amigos.

─ Astrid─ se giró ante el llamado de Bocón─, ven aquí.

Se acercó hasta el área de trabajo del vikingo rubio, un poco alejada de la de los demás, Astrid supuso que hablarían por la mirada que le dirigió.

─ Su grandísima serenidad me ha pedido que te asigne otras tareas─ dijo en voz baja.

─ ¿Qué?

─ Nuestro rey pide que te ocupes de otros lugares del reino que no sea, pues, la herrería─ se cruzó de brazos─. El hermano de Patán necesita más ayuda con las expediciones.

─ No, yo… yo estoy bien aquí─ replicó.

─ Pues es una orden que vino de arriba─ se acercó más a ella─. Te advertí que no cometieras ninguna estupidez, pero fue lo primero que hiciste, como consecuencia, la reina no habla con nuestro amigo en común y ahora él no te quiere cerca.

─ Estaba bastante borracha y enojada… y Merida ni siquiera quiso escucharme.

─ La reina Merida no tiene porqué escucharte─ suspiró, ambos notaron los ojos curiosos del resto del grupo─. No tientes a la suerte, recoge tus cosas y vete. Hiccup dijo que no quería encontrarte aquí cuando regresara.

Rechinó los dientes, pero obedeció. Le partió el corazón que el rey estuviera tan molesto como para no echarla en persona.


Merida.

─ Te traje la comida… ¡linda!, tu peinado─ se lamentó Maudie al ver como la pelirroja se deshacía del moño alto.

─ Decidí que me peinaría como quisiera, si me vuelvo a hacer el moño es porque quiero no por una estúpida tradición. Que agradezcan que me dejé las pequeñas trenzas─ contestó, la nana le pasó la bandeja con comida y ella no esperó para hincarle el diente.

─ Todos han notado tu ausencia estas semanas en el comedor─ informó la mujer─. Los escucho cuchichear sobre que ya no caminas de la mano del rey.

─ Me da igual.

─ Hiccup tampoco come ahí, pide que le lleven la comida a la herrería.

─ Bien por él.

Merida.

La reina suspiró antes de mirar a su nana.

─ Sigo muy molesta, lo que mi esposo haga o deje de hacer, me tiene sin cuidado─ se bebió de golpe el vaso con jugo de frutas─. Pide que ensillen a Angus, hoy quiero dar un paseo.

Maudie la miró, negando con la cabeza, pero obedeció.


Hiccup.

─ Tu madre te busca─ anunció Bocón, desde la puerta de su cubículo privado. Hiccup abrió la boca para pedirle que lo excusara con ella, pero Valka entró rápidamente. Bocón salió y cerró la puerta.

─ Es totalmente obvio a estas alturas que algo pasa entre tu esposa y tú. Y vas a decírmelo─ declaró la mujer.

Hiccup supo que era inútil seguir ocultándoselo a Valka, así que se lo contó todo.

─ No puedo creerlo─ dijo en cuanto terminó de hablar─. Ya no hay vergüenza─ lo apuntó bruscamente con el dedo─. Pero la culpa la tienes tú.

─ ¡¿Yo?! ─exclamó el rey.

─ Sí, tú, por no ponerle un alto a Astrid, por no alejarla desde el principio.

─ Ya la eché de la herrería, mamá, ¿Qué más quieres que haga? ¿exiliarla de Berk?

─ La echaste, sí, pero lo hiciste demasiado tarde─ se dirigió a la salida─. Habla con tu mujer.

─ Lo eh intentado cientos de veces, pero no quiere ni que me le acerque.

─ Pues claro que no te quiere cerca, ni siquiera yo te quiero cerca en este momento.

─ Gracias, mamá, enserio─ imprimió todo el sarcasmo que pudo en su tono.

─ Eret me dijo que ibas a salir con tus oficiales a no sé dónde, ve a ver a tu esposa antes de que te vayas.

Hiccup soltó un fuerte suspiro cuando su madre abandonaba la estancia.

"Ella te detesta".


Astrid.

─ ¿Dónde van? ─preguntó, mirando como sus amigos empacaban las canastas donde sus dragones cargaban las cosas.

─ Es una expedición, a Valirya─ contestó Patapez.

─ Nadie me dijo nada.

─ Creo que es más que obvio porqué─ Brutacio se acercó a ella, con los brazos cruzados y mirada molesta.

─ ¿De que hablas? ─la rubia subió la guardia.

─ No somos estúpidos, Astrid, no sabemos que, pero algo hiciste y desde entonces Merida e Hiccup no se hablan y él te desprecia─ las palabras de Patán hicieron que ella retrocediera.

─ Mejor cierra la boca─ advirtió.

Brutilda la cogió del brazo y la apartó de los muchachos.

─ Quítame las manos de encima─ exigió. La otra vikinga rubia la soltó.

─ Deja de meterte tu sola al pozo─ aconsejó─. Todos están hartos de tu papel de la miserable ex novia que no acepta que el tipo se casó.

Brutilda se alejó, dejándola sola.

Ahora sus amigos también estaban molestos con ella.


Merida.

La felicidad la embargó, había olvidado lo bien que se sentía salir sola con Angus, dejar de ser la reina al menos por unas horas la despejó lo suficiente, tomó rumbo a su dormitorio, se dijo que tomaría un baño y después se iría a la cama. Estaba exhausta.

Aguantó un suspiro de cansancio al ver a su suegra de pie delante de la puerta, esperándola.

─ Buenas noches, Merida─ saludó la mujer.

La reina contestó el saludo y la invitó a pasar, la madre de su esposo se puso cómoda en una de las sillas.

─ Entonces─ comenzó la pelirroja─, ¿a qué debo tu visita?

─ Esperaba que pudiéramos hablar de algo que, en mi opinión, se está haciendo demasiado público en Berk.

─ ¿Y eso sería…?

─ Lo que está pasando entre tú y mi hijo.

─ Ya.

─ Entiendo que las cosas pudieron malinterpretarse…

─ Valka, Valka─ la interrumpió─. Yo voy a decirte algo, y se lo diré a mi madre en cuanto la vea. No pienso discutir contigo ni con nadie cualquier problema que tenga con Hiccup, no voy permitir que se metan en mi matrimonio.

Valka abrió la boca, sorprendida, pero Merida no la dejó hablar.

─ Que te quede muy claro que nuestros asuntos son privados, entre mi marido y yo─ la acompañó hasta la salida─. Si me disculpas, estoy muy cansada.

Cerró la puerta y, minutos después, alguien más tocó. Maudie entró.

─ Pero, ¿Qué pasó? ─preguntó la nana─. Vi a la reina echa una furia.

─ En pocas palabras, le dije que no voy a tolerar que ella y mi madre estén encima de Hiccup y yo.

─ Ah, con que quiso venir a terapiarte para que perdonaras al barbaján aquel─ puso las manos en jarras─. Por cierto, estuvo buscándote hace rato, pero le dije que no estabas y que no sabía a dónde habías ido.

─ ¿Qué quería?

─ Me dijo que saldría con sus oficiales a atender asuntos en no sé dónde, que volvería dentro de varias semanas. En fin, te buscaba para despedirse supongo.

Merida miró el techo, ¿enserio se iría por semanas?, una idea le atravesó la cabeza. Si él podía irse, ella también.

─ Maudie─ llamó a su nana.

─ Dime, cariño.

─ Empaca nuestras cosas, ¿Qué dices de tomarnos unas vacaciones a DunBroch?


Hola a todos, perdón por tardar pero no me había sido posible publicar, espero que les guste esta actualización, nos leemos.

Síganme en Instagram, les dejé varios fanart que encontré y que, en mi opinión, describen a los protagonistas de mi fic. Estoy como iamharryhale.

Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.

Harry.