Mañana de Navidad: Dos huellas sobre el alfeizar de la ventana, como una pequeña marca denotan que alguien estuvo mirando dentro. Como en otra ocasión, toma Luna un trozo de pastel y lo pone sobre una servilleta en la esquina junto a la ventana; tiene el cuidado de poner el pastel de forma adecuada, donde la luz no le pega, espera que se lo coma antes de acabar sucio por estar a la intemperie.

Entra Luna a su casa, los gemelos están despertando y comienzan a moverse y balbucear en su cuna, mientras se apresura a colgarles amuletos de rábano y cuentas con forma de ojos y cristales, cree escuchar movimiento en el jardín; Lorcan es el más decidido a ser llevado a la ventana, mas lo distrae con un trozo de manzana que el pequeño lleva hasta su boca, donde dos pequeños dientes asoman como pinchos, Lysander está sentado frotando con su manita su rostro ensoñado, las pestañas se le alborotan bajo el roce de sus dedos, y en la boca, apenas un dientillo, se asoma indiscreto.

Medio día de Navidad: Rolf ha escrito para avisar que vuelve tarde y mientras tanto los chicos ya gatean por la sala, tirando aquí y jalando allá, Luna, que escribe en su escritorio, ha perdido la concentración para ver que el pastel de la ventana desapareció y sabe bien que es el Duende que se alimenta; Lorcan pronto se ha echado encima la maceta que con un moño enorme fue enviada por Neville por las festividades, ni hablar de Lysander que juega en la chimenea, agarrando tizones como si no tuvieran fuego encima.

Y de pronto, así como así, ambos nenes se congelan y miran a la ventana como su madre, y distinguen junto a ella, con ese azul que comparten los tres, a esa personita diminuta que se para en el alfeizar, sostiene con su mano el sombrerito de copa y saluda sonriente justo antes de dejar una enorme flor azul y despedirse con un ademán. Un cuidado signo de agradecimiento.

Cena de Navidad: Rolf se sienta a la mesa con sus niños en las piernas y escucha el relato de su mujer sobre el Duende que visita y saluda a los pequeños; los gemelos balbucean, como si añadieran cosas al relato y el hombre, conmovido, besa frentes emocionado… a veces hay pequeños regalos inesperados.