-¡Entonces! - se aclara la garganta- el aviso por el cual los citamos a esta reunión es para comunicarles lo siguiente: El anciano Gutknecht ya tiene casi la lista de pociones para cerrar la grieta al mundo de los vivos, después de muchas pruebas y fracasos- el anciano Gutknecht voltea a verlo enojado- sí jeje, bueno, como les cambia, después de tantos intentos está seguro de que esta poción es la correcta- el jefe Peterson iba a seguir hablando pero se interrumpió cuando todos los muertos sentados en sus sillas frente a él tuvieron un aplaudir y gritar, la verdad era que habían estado nerviosos de otro vivo cruzara al mundo de los muertos y se hiciera un caos en ambos mundos.
-Damas y caballeros, por favor, dejen continuar- dijo entonces el anciano Gutknecht por el micrófono detrás del cual él y el jefe Peterson estaban.
Todos callaron y siguieron escuchando.
-Entonces, tal como dicen la poción es la indicada, pero, hay un pequeño problema, según las investigaciones del anciano Gutknecht para que la poción funcione hace falta un ingrediente aún, el cual él mismo les explicará- dijo el jefe Peterson.
Luego el anciano Gutknecht se acercó al micrófono.
-Me hace falta una planta- comenzó a decir- una flor Destellos Azulplatedos para ser precisos, de esas que crecen en la montaña más alta del pueblo Cascada, que está a bastantes horas de aquí, así que por eso se ha hecho esta reunión, para obtener personas voluntarias que quieran ir a recogerla y traerme esa flor, por favor, es lo único que me permite cerrar el portal.
Todos los muertos comenzaron a mirarse entonces, después tuvieron que decir frases como "¿y están seguros de que va a funcionar?" "Deberías de ir tú" "Si tanto quieres ¿por qué no vas tú?" "¿Yo propongo a mi amigo" y cosas similares, claramente indispuestos a ir.
-¡Sí! No puede ser, que pueblo tan cooperativo- dijo Larry, Tom quien estaba a su lado, miró y asintió, luego ambos se pusieron de pie.
-¡Calma amigos! - gritó Tom llamando la atención de todos- ya dejen de quejarse, si el anciano Gutknecht dice que esa es la solución es porque lo es, así que cuenta con nosotros abuelo, mi hermano y yo iremos por esa flor.
-Así es- corroboró Larry.
-¡Ah! Excelente mis amigos, simplemente excelente- dijo el anciano Gutknecht- al menos ustedes sí están destinados a ayudarme, muy bien, ¡entonces! Declaro esta reunión terminada, podemos volver a sus asuntos y ustedes chicos, vamos a mi casa para darles las instrucciones de la flor y pueden identificarla.
-¡Claro que sí abuelo! - dijo Tom, y comenzó a caminar hacia el anciano que ya daba la vuelta para ir a su casa.
-Nos vemos pronto amigos- dijo Larry.
-Sí, vamos a hacernos salvadores del pueblo- dijo Tom subiendo un poco sus brazos como sí enseñara los músculos y ambos se alejaron.
Emily, Kenia, Rosita, Jaime, la abuela Tomasa, el capitán Pet y el general Bob escribieron un poco ante el comentario de Tom y les dijeron adiós.
-Bueno, ¿quieren ir al bar a "tomar" algo y platicar? - responden Jaime.
-Es una buena idea- dijo Rosita.
-Yo me apunto- dijo la abuela Tomasa.
"Y yo" "Yo también" respondió a decir lo demás mientras todos se ponían de pie, listo para irse aunque Emily se quedó sentada, ya era de noche y tenía que ir a esperar en el portal.
-Emily, ¿no vienes? - preguntó el general Bob al ver que no se movía.
-Oh, voy en un momento general Bob, solo, quiero admirar un poco el atardecer, pero enseguida los alcanzo- respondió.
-Muy bien querida, te esperamos allá- dijo Rosita y todos se fueron al bar.
Mientras tanto Emily se quedó sentada en su silla, vio el atardecer, pero a la vez pensando en Víctor y que no tardaría en llegar diciendo que había cancelado la boda, y además fácilmente darán la sorpresa a sus amigos de que iban a casarse, razón por la que no quiso que lo que estaba esperando, quiso sorprenderlos ya que sabía que les daría mucho gusto, después de todo lo que habían pasado con ella su dolor sobre la ilusión de una boda.
Se convirtió con una sonrisa de paz al pensar que por fin conseguiría lo que por años había querido y se sintió al portal.
Llegó después de algunos minutos y se sentó en una piedra que estaba ahí, esperando.
El sol ya estaba terminando de ponerse, la reunión al final se había alargado gracias al retraso de algunos muertos ya que el jefe Peterson había hecho una larga historia de cómo se originó la grieta antes de decir la noticia por la que los habían citado, según él, en un intento de que se dieran cuenta de la gravedad del asunto.
Mientras esperaba que Emily comenzara a tararear la canción que había escrito sobre su historia de amor y muerte, hasta que terminó cantándola, como si con las palabras de su canción seremos también los malos recuerdos y todos los dolores para abrir el paso a los momentos felices que necesita su "vida" de ahora en adelante, al lado de Víctor.
Después de identificar en paz y tranquilidad el cielo, que poco a poco fue volviéndose de dorado a azul a la vez que se llenaba de estrellas que luego resultó paso a la luna, la cual Emily observó pasar por diferentes puntos del cielo, pero Víctor no llegaba .
"Me pregunto por qué tarda tanto" "¿Le habría hecho algo su madre?" Pensaba Emily, comenzando a preocuparse, pero luego detectó que tenía que estar esperando que se hiciera más noche para ir a verla sin que nadie se diera cuenta, como siempre, y se relajó dispuesta a esperarlo.
Pero poco a poco la preocupación llegó de nuevo a ella cuando los minutos pasaron y se convirtieron en horas, no tenía reloj pero sabía que ya tenía que ser muy entrada la noche porque tenía un viento frío (aunque no frío frío gracias a que estaba muerta) ), y la luna que seguía rotando ya había pasado por varios ángulos.
"Que raro", pero se dispuso a seguir esperando, después de todo Víctor siempre había llegado de forma inesperada, ¿por qué en esta ocasión habría sido la excepción?

-¡Emily!- escuchó rato después el grito de Kenia, que enseguida salió de entre los arbustos- Emily, aquí estás, ¿qué estás haciendo aquí? Llevamos cuatro horas esperándote.
-Disculpa Kenia, es que, pasaba por aquí, y no me di cuenta del tiempo- dijo Emily.
-Esperas a Víctor, ¿cierto?- preguntó Kenia, quedando frente a ella.
-¿Yo? No, es que... en realidad sí- respondió Emily, ya un poco triste de que Víctor no llegara.
-Lo sabía- dijo Kenia con una pequeña sonrisa- ¿te dijo que vendría?- preguntó, ya más seria.
Emilio dudó qué debía contestar, no quería decir ya que ella y Víctor iban a casarse porque quería que Víctor estuviera presente, eso y... el hecho de que aunque tratara de pensar de manera positiva creía en la posibilidad de que Víctor no se hubiera atrevido a cancelar la boda, y aún tenía miedo de ser desilusionada, pero aún así, intentaba apartar esos sentimientos, valía la pena por él, después de todo, si iba a convertirse en su esposo debía de confiar en él.
-Algo así, bueno, es que... tú sabes que yo siempre espero que lo haga- se decidió a responder Emily, sin entrar en detalles, pero lo que decía era cierto, todos sus amigos se habían dado cuenta de que siempre lo estaba esperando cuando Víctor duró días sin ir al mundo de los vivos.
-Sí, lo sé... pero tal vez deberías dejarlo por esta noche, ¿por qué no vienes conmigo y los demás a la cantina? Te vendría bien distraerte- le dijo Kenia, porque estaba preocupada por su amiga, cierto que Víctor era un buen hombre y le agradaba e incluso era su amigo, pero seguía siendo un vivo y Emily una muerta, así que ella temía que Emily saliera lastimada, sabía su historia y por ello lo que sufriría.
-Pero aquí estoy bien Kenia, de verdad, sólo quiero seguir esperando, aunque no viniera tengo las estrellas para observar- respondió Emily, no queriendo apartarse de el portal.
Kenia suspiró.
-¿Estás segura? Digo, si Víctor viene entrará y te encontrará- le dijo Kenia.
-Él no sabe andar en el pueblo Kenia- le respondió Emily- siempre que ha venido a topado conmigo por accidente o por ayuda de alguien más, pero no sabe andar solo, qué tal si viene y se pierde o al no saber a dónde ir se va, ¿entiendes? Es mejor que espere aquí- terminó de decir, decidida.
Kenia volvió a suspirar.
-Está bien amiga, como quieras- dijo- si viene o si no ya sabes dónde estamos- añadió antes de desaparecer entre los arbustos.
Emily no dudó de su decisión, Víctor tenía que llegar, debía hacerlo.

"Aunque al parecer esta noche no" pensó, cuando el sol ya se había alzado al día siguiente, y Víctor no había llegado.
Emily cruzó las piernas sentada aún en la roca y recargó su cabeza en su mano ya que tenía el brazo recargado en su rodilla, estando desanimada.
"¿Qué habrá pasado?" Pensó.
-¡Emily!- escuchó unos gritos a poca distancia y llegó corriendo Kenia de entre los arbustos- ¡Hola! ¿Sigues aquí?- preguntó, aunque en seguida se arrepintió de la pregunta al ver la cara que puso Emily- oh, disculpa, ya sabes cómo soy de indiscreta, jeje... disculpa enserio...
-No te preocupes Kenia, no es culpa tuya, yo...- Emily suspiró.
-Oye, sabes que no puede estar viniendo así como así, recuerda que es un vivo Emily- le dijo Kenia, lentamente e intentando tener tacto, aunque tal vez no lo estuviera consiguiendo.
-Ya lo sé... pero es que... yo...- Emily no encontraba palabras para decir, y no era por mantener la sorpresa de la boda en esta ocasión, sino porque, no se atrevía a decir que nuevamente le había roto el corazón un vivo, y no era sólo el dolor de que así fuera sino que no quería creerlo, Víctor no podía ser así, no podía, y sabía que no lo era, debía haber otra respuesta.
-Tranquila, está bien, sólo digo que no deberías de estar todo el día pensando en él, sólo sigue con tu "vida" y cuando venga, de una forma u otra ya se encontrarán- le dijo Kenia lentamente, sonriendo.
-Creo que tienes razón- le dijo Emily, no sabiendo que más decir.
-Entonces, ¿vienes conmigo a dar una vuelta por el pueblo?- le preguntó Kenia.
Emily no supo qué decir por un momento, le acababa de decir a Kenia que tenía razón en no estar tan "obsesionada" con Víctor, pero es que ella no comprendía que no estaba simplemente esperando que por destino llegara ahí, sino que en verdad había quedado de verse con él, para poder comenzar a preparar la boda.
-Realmente ahora no quiero, Kenia, gracias- le contestó al fin, dispuesta a esperar a Víctor.
Kenia se vio un poco desanimada por la respuesta.
-¿Estás segura Emily? No te caería mal un descanso- le dijo.
Emily sonrió un poco.
-De cualquier forma ya no podemos cansarnos, jajaja... en serio Kenia, estoy bien, tú ve y haz lo que quieras, yo, sólo estaré aquí un poco más, te alcanzo después- terminó de decir.
Kenia suspiró.
-Bueno- dijo un poco triste- adiós- dijo, y se fue corriendo por entre los arbustos.
Y mientras tanto Emily se dispuso a esperar, el tiempo que fuera necesario, el cual, terminó siendo hasta que el anochecer llegó, como el día anterior.

-Esto ya no me está gustando nada- decía Emily en voz alta, entre enojada y preocupada, caminando en círculos en la zona del portal, de donde no se había movido en todo el día ni había hecho nada, salvo hablar con Kenia que en ratos llegaba y charlaba con ella y se volvía a ir para regresar después, pero la verdad Emily no estaba poniendo mucha atención a lo que decía, sólo tenía cabeza para pensar en lo que había pasado con Víctor, además de que siendo sincera estaba asustada, intentaba no pensarlo y tener fé en Víctor, creer en él, pero aún así, con lo que le había pasado antes, la verdad era que le asustaba que nuevamente el amor de su amado se inclinara por una viva, temía perderlo.
-Emily- llegó entonces Kenia, como tantas otras veces.
-Hola Kenia- le dijo Emily, sin ánimo.
Kenia la miró atentamente unos segundos, siendo su mejor amiga la conocía bien y podía ver cómo se sentía con tan sólo verla.
-Cariño, me parece que has estado esperando demasiado- le dijo Kenia lentamente- enserio, deberías de irte a despejar un poco, insisto en que si Víctor viene será por ti y por lo tanto te buscará, y así no tienes que estar esperando aquí, cuando tal vez no... no venga.
-Tiene que venir Kenia- respondió Emily, al instante, un poco agresiva- te lo aseguro, en cualquier momento, él no puede...
-Emily- la interrumpió Kenia, hablándole lo más dulce que podía- entiendo que estás, que... entiendo que quieres verlo, pero comprende, él es un vivo, no puede estar aquí todos los días, además... te recuerdo que según lo que nos ha dicho, no falta mucho para que se case.
Emily no dijo nada unos segundos, sólo estuvo viendo a Kenia.
-No estoy aquí sólo por estar Kenia, yo sé que vendrá- le respondió al fin, en un susurro.
Kenia se quedó callada, no sabía qué decir, para ella era obvio que Emily veía en Víctor más que a un amigo, y a ella no le parecía un amor incorrecto, Víctor era un buen hombre, pero la verdad lo veía como un imposible, estando a punto de casarse, además estando vivo, y con eso rompiéndole el corazón a Emily, ya que al no haberse movido de ahí debía de estar muy ilusionada, o peor, ya que Kenia la veía más bien alterada y preocupada, atada a algo que no podía ser, se veía muy segura de que iría, pero bien sabía cómo era la vida de él.
Suspiró, sintiendo un poco del dolor de su amiga, ya que eso reflejaba su cara, y aunque a ella le parecía que no tenía sentido, por algo era su mejor amiga, porque estaba dispuesta a apoyarla en todo.
-Está bien, tus razones debes tener para estar segura- comenzó a decirle- pero creo que al menos me darás la razón de que no sabes exactamente cuándo, así que te repito que deberías irte, sé que estamos muertas y ya no nos cansamos pero te ves algo estresada, así que te propongo algo, tú ve el resto de la noche a distraerte de alguna forma y mientras tanto yo espero aquí, si Víctor viene lo llevaré contigo de inmediato.
Emily iba a hablar, por su expresión Kenia supuso que se negaría.
-Por favor Emily, dices que lo que temes es que no sepa a dónde ir, se pierda o se vaya al instante, pero por eso estaré aquí, además, déjame decirte que la abuela a estado preguntando por ti desde anoche que no te apareciste en el bar como dijiste, y si se entera que no te has movido de aquí vendrá a interrogarte y ya sabes cómo se pone, así que ve a tranquilizarla y yo vigilo.
Emily lo pensó un poco, no quería irse de ahí, pero ciertamente se armaría un caos si la abuela Tomasa iba por ella, no le dejaría en paz hasta saber qué sucedía y ella no podía decírselo, por un lado porque quería anunciar la noticia con Víctor y a todos sus amigos juntos y por otro porque no quería que la creyeran loca o algo parecido ya que Víctor aún no había ido, suficiente fama tenía ya sobre la obsesión de una boda.
-¿Segura que podrás estar aquí?- le preguntó a Kenia.
-Completamente, digo, a veces es bueno estar tranquila, sola y en silencio para estar con una misma, jaja, ve tranquila amiga.
-Está bien- dijo Emily suspirando- hablaré con la abuela Tomasa y regreso- dijo caminando hacia los arbustos para irse.
-Toma tu tiempo querida- le dijo Kenia.
-Intentaré que no sea mucho- le respondió Emily- ah, y Kenia, gracias- le dijo dándose la vuelta.
Kenia sólo le guiñó un ojo sonriendo y Emily se fue.

A Emily le hubiera encantado dar la noticia gracias a que Víctor ya había llegado, pero eso no sucedió, la noche pasó y Víctor no llegó nuevamente, y Kenia estuvo toda la noche esperando como le prometió a Emily mientras ésta estuvo con la abuela Tomasa, de quien no se pudo librar en toda la noche porque le agarró la nostalgia y comenzó a contarle historias de su juventud, pero aún así no se sintió ansiosa de irse, sabía que Víctor no había llegado, después de todo Kenia no le había ido a avisar.

-Lo siento Emily- le decía en ese momento Kenia, cuando al fin había llegado al portal para encontrarse con ella- no llegó.
Emily bajó la cabeza triste, llevaba ya dos días y dos noches retrasado, y al pensar en eso detenidamente la tristeza fue reemplazada por el enojo.
-Descuida Kenia, no es tu culpa, es él quien ha decidido no venir- dijo ella fastidiada y con una sonrisa forzada- gracias por el favor de esperarlo, en verdad te lo agradezco- dijo, y de inmediato dio la vuelta, alejándose rápidamente.
-Emily, ¿a dónde vas?- le preguntó Kenia, dando unos pasos hacia ella.
-A un lugar donde pueda dejar de pensar en él unos minutos o al menos donde pueda gritar en paz- dijo Emily dándose la vuelta para mirar a Kenia, pero volteándose nuevamente enseguida y alejándose más rápido con las manos empuñadas a los costados.
Kenia sólo se quedó mirando, pensó que si estaba enojada lo mejor era no seguirla, después de todo tal vez sola meditara que el hecho de que Víctor volviera no era algo seguro.

El resto del día Kenia estuvo caminando por el pueblo, pensando en su amiga, pero al no verla por ningún lado sabía que quería estar sola y no debía buscarla.
"¿Pero por qué estaba tan segura de que vendría? No recuerdo que dijera algo el día del picnic... aunque ahora que lo pienso ese día ella fue la última en verlo porque lo acompañó al portal mientras los demás íbamos a la reunión, entonces, ¿habrá ocurrido algo? ¿Víctor le habrá dicho algo?" Se preguntaba, siguió un rato más pensando en todo eso hasta que ya no podía soportar más el hecho de que Emily podría estar pasando un dolor por una promesa o algo parecido ella sola, y sin alguien que la esté animando.
"Tal vez esté en su casa" pensó, y de inmediato se levantó de la silla donde estaba sentada en la plaza del pueblo y se fue a la casa de su amiga.
Después de minutos llegó, la puerta estaba emparejada así que decidió entrar, y subió las escaleras hacia el cuarto de Emily.
Y a medida que se acercaba escuchaba su voz, al parecer estaba hablando con alguien.
-¿Pero entonces por qué me dijo que vendría si no pensaba volver? Posiblemente ni siquiera canceló la boda- decía Emily a Gusano y Araña, caminando de un lado a otro, con Sobras siguiéndola.
Kenia iba llegando y se sorprendió de escuchar que Víctor iba a cancelar la boda, y decidió escuchar un poco más antes de entrar.
-Tranquila Emily, posiblemente sólo se deba a un retardo- intentó consolarla Araña.
-Lo dudo Araña, o bueno, tal vez pero, ¡ah! No sé, estoy preocupada, temo que le haya pasado algo, sería mi culpa- dijo Emily.
-No digas tonterías Emily, ¿por qué sería tu culpa?- le dijo Gusano.
-Porque es a mí a quien propuso matrimonio y es por mí por quien cancela la boda, y si eso le provocó un gran coraje a su madre y le hizo algo, o, o... no sé qué pensar- dijo.
Después ella, Gusano y Araña siguieron hablando pero Kenia ya no puso atención, sólo asimilaba lo que había escuchado decir a Emily.
-Que Víctor le propuso... no puede ser- susurró, sin poder creerlo, no era posible, es que, él era un vivo y Emily estaba muerta, no tenía mucho sentido, eso es lo que había estado pensando todo ese tiempo, "aunque no todos" pensó, recordando entonces una plática que había tenido con sus amigos, hace algunos días ya, donde ella pensaba que todo era una locura.
"Pero si es verdad... pero entonces, ¿por qué Víctor no llegó?" Se preguntó, luego escuchó un pequeño lamento, que venía de Emily.
-Pues no lo sé, pero voy a averiguarlo- susurró, y lentamente salió de la casa para que Emily no la escuchara, y una vez que estuvo fuera se dirigió a otro lugar, a la casa del anciano Gutknecht.

-¡Abuelo Gutknecht!- llegó gritando en cuanto llegó a la casa- ¡abuelo Gutknecht!
-Ya voy, ya voy, ya voy- escuchó una voz bajando las escaleras, y cuando dirigió la mirada vio al anciano que bajaba, sorprendiéndola un poco, ya que por lo regular tenía que subir a buscarlo entre sus pilas de libros.
-¡Me alegra que!... ah, sólo eres tú Kenia- dijo con voz desilusionada cuando bajó las escaleras y la vio.
-¡Oye! ¡Qué recibimiento es ése!- alzó un poco la voz Kenia, quien por un momento se olvidó de Emily y Víctor, ofendida.
-Ya tranquila, no armes tanto alboroto, es sólo que esperaba que fueran Tom y Larry, necesito la planta para terminar la poción ya, ¡esos cadáveres jefes y los obreros no me dejan ni respirar!... o bueno, mejor dicho, no me dejarían si tuviera necesidad de hacerlo... como sea, ¿qué se te ofrece Kenia?
Kenia abrió la boca a punto de responder, pero la cerró segundos después, pensando que tal vez actuó precipitadamente y lo mejor era que el anciano Gutknecht no se enterara de nada, ya que vería como una locura lo que pensaba hacer, lo mejor era ingeniárselas para realizar su plan ella sola.
-Bueno yo, eh- empezó a decir después- yo... en realidad yo sólo venía para saludarte y visitarte- dijo sonriendo.
-Oh, bueno, muy amable de tu parte Kenia, te lo agradezco pero en verdad me veo en la necesidad de ir al pueblo para ver si hay noticias de Tom y Larry- le respondió el anciano amablemente.
-Sí, claro, no te preocupes por mí, tú ve tranquilo, sólo, ya que estoy aquí, me gustaría pedirte permiso para subir a tu oficina y buscar un libro, ya sabes, para pasar el rato- dijo sonriendo otra vez.
-Mmm, que raro, ¿tú leyendo?- Kenia su puso un poco nerviosa con la pregunta, al parecer no fue una buena mentira, pero se tranquilizó con la siguiente frase- ¡claro, claro! Me alegra que comiences a interesarte por la lectura, sí señor, sube y escoge el libro que quieras, si quieres más de uno, y ahora, con tu permiso- le dijo el anciano mientras habría la puerta y salía.
-Propio- le dijo Kenia, luego el anciano cerró la puerta y Kenia suspiró de alivio, ahora podría hacer lo que se proponía.
Subió las escaleras hasta llegar al cuarto donde el anciano Gutknecht tenía su escritorio y torres de libros, y pasó entre ellos hasta llegar a otra puerta la cual abrió dejando a la vista un pequeño cuarto con varias estanterías en las cuales había botellas de diferentes colores: pociones.
-¡Perfecto!- dijo alegre y entró en la habitación y comenzó a leer las etiquetas, buscando lo que necesitaba.
La ventaja (o desventaja como a veces lo veía Kenia porque se aburría) de que el anciano Gutknecht fuera su amigo era que le contaba de cuando en cuando la elaboración y función de ciertas pociones, de las cuales aunque Kenia solía ignorar sí dejaba en su mente algunas que le resultaban de interés y de las cuales pensaba podían serle útil en un futuro, como en ese momento que gracias a una de esas charlas se enteró de la existencia de una poción que hacía a los muertos lucir su apariencia de vivos durante algunas horas y que ahora le ayudaría mucho, ya que su plan era nada más y nada menos que ir al mundo de los vivos a buscar a Víctor y saber por qué no había llegado con Emily aún.
-¡La encontré!- gritó minutos después Kenia cuando topó con una botella de vidrio con líquido rosa, justo lo que buscaba- ahora sólo tengo que ir, cruzar el portal, buscar a Víctor e investigar qué pasó, y traerlo de vuelta, ¡incluso aunque haya mentido a mi amiga y pensara no cumplirle la promesa lo traeré para que al menos le dé la cara, sí!... pero confío en que Víctor no sea así y sólo se le haya atravesado algo... pero bueno, estando aquí hablando conmigo misma no conseguiré averiguar nada, así que andando- terminó de decir y tomó la botella, dispuesta a salir de la habitación y dirigirse hacia el portal de conexión, pero se detuvo antes de cruzar la puerta, ya que notó que una vez cruzando el portal no sabría a dónde ir, no sabía dónde vivía Víctor.
-¡Ay!- gritó frustrada y volvió sus pasos y comenzó a buscar otra poción que la ayudara.
Aunque la verdad no sabía de ninguna en específico, pero por suerte las estanterías tenían escrito en letras doradas el tipo de categoría que eran, como "Para el crecimiento de las plantas", "Para dormir", "Para teletransportarse".
-¡Ajá!- gritó Kenia cuando llegó a esta última categoría, luego vio entre las diferentes pociones de diferentes colores, pero no sabía cuál era para qué y no quería arriesgarse.
El siguiente proceso fue algo largo, ya que tuvo que buscar varios libros y encontrar la función de cada una de las pociones, terminando cuando ya era de noche, por suerte el anciano Gutknecht aún no había regresado.
-¡Bien!- dijo cuando cerrando un libro que tenía en las manos y dejándolo en una de las torres del libro para después volver a la habitación de las pociones, sabiendo ya qué era lo que necesitaba: una poción que se bebía y durante un tiempo (no sabía cuánto) hacía que la persona que la bebida pudiera teletransportarse con sólo decir el destinatario- justo lo que necesito- susurró Kenia tomando la pequeña botella con líquido color morado y saliendo de la habitación.
Después rápidamente se apresuró a irse de la casa del anciano Gutknecht hacia el portal, esperando que Emily no estuviera ahí para que no hiciera preguntas y le dejara hacer esto a ella, después de todo no quería que se lastimara más.
Por fortuna Emily no estaba, al parecer se había cansado de esperar y gracias a eso Kenia pudo cruzar sin dificultad el portal hacia la tierra de los vivos, apareciendo en el bosque al que estaba conectado,
Miró a su alrededor, observando todo, hacía algún tiempo desde la última vez que estuvo en ese mundo, y algunos recuerdos comenzaron a venir a su mente pero los desechó recordando la razón de que estuviera ahí, dispuesta a llevarla a cabo rápido, no sólo por Emily sino además porque los muertos no debían de cruzar ahí, se crearía un desequilibrio de las cosas si un vivo la veía, así que se dispuso a ir con cuidado.
-Bien Kenia, sólo toma la poción, vas a la casa de Víctor y ves ahí cómo hablar con él para investigar lo que pasó, y después lo traes aquí- se susurró a sí misma y luego se tomó la poción morada, que siendo mágica podía entrar en ella sin salirse por los huesos como lo haría una bebida cualquiera, sintió cómo recorría de alguna manera sus huesos y después un brillo morado salió de ella un momento y se apagó, dejándole en claro que ya estaba funcionando y podía seguir con la siguiente fase.
Respiró hondo y cerró los ojos.
"Que no me vea nadie por favor" pensó.
-Afuera de la casa de Víctor Van Dort- dijo en voz alta y clara, y pronto comenzó a sentirse jalada de la tierra en donde estaba y su cuerpo brilló de morado y luego desapareció, apareciendo segundos después frente a una ventana, en el que al parecer era el jardín de una casa, que supuso era la de Víctor.
-¿Pero cómo estaré segura?- susurró, pero luego rápidamente se tiró al piso asomando sólo los ojos por la ventana, porque una señora regordeta y un señor delgado habían aparecido en la sala, estaban hablando, la mujer parecía enojada y el hombre temeroso de ella.
-Nell, por favor, escúchame querida, esto ya fue demasiado lejos, no podemos tenerlo ahí encerrado para siempre- decía el hombre a la mujer.
-¡No digas tonterías William! Por supuesto que no estará encerrado para siempre, la boda es pasado mañana y una vez casándose será libre- le contestó la mujer.
-Pero lo que quiero decir es que, bueno, yo creo, que, que...- el hombre suspiró- yo creo que no deberíamos obligarlo a casarse.
-¡¿Qué?!- gritó la mujer.
-Es que él no quiere Nell, sólo haremos a nuestro hijo infeliz- prosiguió rápidamente el hombre- además, esto de tenerlo encerrado es prácticamente un secuestro, ¡ya lleva así días! Te recuerdo incluso que de la desesperación se golpeó contra los barrotes sangrando un poco y...
-Deja ya de hablar- lo cortó la mujer- si Víctor hizo eso fue simplemente porque quería llamar la atención, porque es un muchacho tonto y desobediente que no sabe lo que le conviene, y quiere arruinar su vida, arruinar la oportunidad de pertenecer a la alta sociedad como nos corresponde a los tres, así que hazme el favor de dejar de consentirlo y déjame a mí esto- terminó de decirle.
-Pero...- comenzó a decir el hombre.
-¡Pero nada!- lo interrumpió la mujer- has lo que te digo, no quiero escuchar ni una palabra más, así que me iré a dormir, mañana temprano tenga cita en el salón de belleza para lucir fabulosa para la boda- dijo la última frase con voz cantarina y alejándose hacia las escaleras, que empezó a subir hacia su habitación.
El señor Van Dort sólo suspiró con tristeza, había estado reflexionando sobre la última vez que había estado con Víctor y se dio cuenta de que lo que le hacían a su hijo era injusto e incorrecto, así que trató de arreglarlo pero con fracaso, por lo que se fue hacia la cocina, luego de ahí abrió una puerta que daba al jardín y salió a sentarse en los escalones que estaban justo ahí.
Kenia mientras tanto presenció todo y comprendió que Víctor estaba secuestrado.
-¡Pero no por mucho tiempo!- susurró furiosa y avanzó unos pasos hacia los lados hasta topar con las altas puertas con rejas negras que se alzaban ante ella, que daban al jardín de Víctor y sin perder tiempo se deshizo a sí misma y cada uno de sus huesos fue pasando por entre los barrotes hasta que volvió a tomar forma adentro, para después correr al rededor de la casa para buscar una puerta por donde entrar y buscar a Víctor, pero se detuvo en seco cuando al doblar una esquina vio al padre de Víctor sentado, menos mal que con la cabeza agachada sobre sus manos de modo que no la vio y le dio tiempo de volver sus pasos de la esquina y esconderse contra la pared.
"¿Ahora qué hago? ¿Espero a que se vaya? O, o, o... o incluso le puedo pedir su ayuda" pensaba "sí, podría funcionar, ya que si no entendí mal él no está de acuerdo con esto, es su esposa, debería arriesgarme, ¡ay! Pero no me deben ver, aunque ¡claro! ¡La poción!" Recordó la poción que la haría parecer humana que había llevado en el bolsillo de su vestido todo el día, y sin perder más tiempo la sacó, la abrió, y la bebió, viendo y sintiendo cómo poco a poco sus huesos eran forrados por la piel de cuando estaba viva, hasta volver a como era antes.
-Perfecto- dijo, y después avanzó hacia el señor Van Dort, así sin más y sin ningún plan de lo que diría, sólo sabiendo cuál era su objetivo, ya que así era ella, precipitada.
-Buenas noches señor Van Dort- le dijo cuando estaba a su lado.
El señor Van Dort se sobresaltó y dio un brinco enderezándose.
-¿Quién es usted?- preguntó, ya que obviamente nadie le había avisado que tenían una visita.
-Mi nombre es Kenia- dijo ella, no le preocupó decir su nombre, después de todo ése no era su pueblo así que el señor Van Dort no la conocía y mucho menos sabría que estaba muerta.
-¿La conozco?- preguntó el padre de Víctor, aún un poco exaltado y muy extrañado.
-En realidad no, pero soy amiga de Víctor- le dijo ella seria, preparándose para ir al grano.
-Ah, claro, ya veo... disculpe señorita pero no es un buen momento para estar aquí- le dijo el hombre poniéndose de pie.
-¿Ah, sí? ¿Por qué?- le preguntó Kenia.
-Es algo noche y Víctor está indispuesto, así que le recomiendo que se vaya a su casa, buenas noches- dijo mientras iba entrando a su casa.
-Bueno, yo también estaría indispuesta si mis propios padres me tuvieran secuestrada- dijo Kenia, quien nunca se andaba con rodeos, y menos ahora que estaba enojada por lo que le estaban haciendo a Víctor.
El señor Van Dort al escuchar eso se quedó quieto en su lugar, luego dio la vuelta y bajó los escalones hasta estar en frente de Kenia, aparentemente asustado.
-Yo...- comenzó a decir.
-Mire señor- le interrumpió Kenia- seré clara con usted porque quiero resolver esto cuanto antes, ya que Víctor está secuestrado por ustedes asumo que ya les dijo que cancela la boda, y bien, no sé si les dijo por qué o no pero yo lo haré, Víctor quiere cancelar la boda porque se enamoró de mi amiga Emily, una... una muchacha que vive en otro pueblo, el punto es que se enamoraron y él le pidió matrimonio y mi amiga tiene dos días esperándolo para cumplir la propuesta, pero gracias a ustedes él no llegó y mi amiga está destrozada así que decidí venir aquí a investigar, escalé su puerta, entré y escuché su conversación con su esposa, sé que lo tienen secuestrado, lo cual, aunque sea su hijo, es un delito que puedo ir a avisar a las autoridades, así que le recomiendo que coopere y me deje llevarlo conmigo y no tendré que delatarlos... porque también escuché y veo en sus ojos en este momento que usted no está de acuerdo con esto, todo es por su esposa, así que por favor ayúdelo, es su hijo- terminó de decir, volviendo su tono de seriedad y enojo al principio hasta súplica y suavidad al final.
El señor Van Dort se quedó unos segundos viéndola en silencio, se veía triste y avergonzado a la vez.
-Tienes razón- comenzó a decir después- yo no estoy de acuerdo en esto... pero mi esposa no acepta explicaciones, no lo apoya y está decidida a que se case con Victoria Everglot.
-Pero señor, Víctor no la ama, por algo le pidió matrimonio a mi amiga- le dijo Kenia.
-Ignoraba que haya hecho eso- dijo el señor.
-¿Y por qué será? Tal vez porque no tiene confianza en ninguno de ustedes, su madre, y perdón que se lo diga pero es la verdad, ¡está loca!, y usted, su padre, aunque no quiera tenerlo secuestrado lo hace ¡sólo por complacerla a ella!
-Mira, no es muy educado que una joven mujer como tú...- comenzó a reprender el señor Van Dort
-Lo que no es muy educado señor Van Dort, es que usted y su esposa secuestren a su propio hijo, dígame, ¿enserio vale la pena? Porque sé cómo funcionan las cosas aquí, sé de la avaricia de los humanos, y por los segundos que vi a usted y a su esposa puedo asegurar que su matrimonio fue un trato más, no hay amor de por medio, sólo dinero, dígame, ¿es feliz así? ¿Enserio una vida así es lo que quiere para su hijo? ¿Vale la pena complacer a una mujer interesada, porque estoy segura de que lo es, a costa de la felicidad de su hijo, a quien independientemente de la madre que tenga, debería de querer?
El señor Van Dort no dijo nada.
-¡Contésteme!- gritó Kenia, desesperándose.
El señor Van Dort suspiró.
-Sé que no es correcto pero... no sé qué hacer, ¿cómo lo ayudo? Mi esposa contrató a dos guardaespaldas para vigilarlo, están frente a la puerta donde lo tenemos- preguntó.
Kenia sonrió de lado.
-No es tan complicado, mi pregunta es... ¿quiere ayudar a su hijo?
El señor Van Dort levantó poco a poco la mirada, que de temerosa pasó a tener seguridad.
-Sí- dijo después de segundos- es lo correcto.
-Perfecto- dijo Kenia sonriendo de lado nuevamente- ahora, le diré lo que vamos a hacer...- dijo, y a continuación le contó el plan, que enseguida pusieron en marcha.

-Señores, necesito que me hagan un favor- les decía el señor Van Dort a los dos guardias que custodiaban la puerta en donde estaba Víctor- vayan a la calle y verifiquen la cuadra, tengo rato escuchando varias voces y temo que alguien merodeé la casa, ya saben, no sería bueno que fuera un amigo de mi hijo que venga a meterse en asuntos ajenos.
Los hombres, serios como siempre, asintieron con la cabeza, después se dirigieron a la puerta y salieron de la casa hacia la calle, y después de algunos segundos de eso salió Kenia.
-Bien, ahora iré por él mientras usted vigila- le dijo y tomó la perilla de la puerta y comenzó a girarla.
-Espera- le dijo el señor Van Dort extendiendo su mano donde tenía sujeta una lleve- para que abras la jaula.
Kenia tomó la llave.
-¿Una jaula? Enserio usted se casó con una demente- dijo y después abrió la puerta y entró emparejando la puerta.
La habitación estaba oscura pero el brillo de la luna que entraba por una ventana en la parte de arriba de la pared la iluminaba, y justo debajo de esa ventana estaba una jaula, donde estaba Víctor parado, agarrando los barrotes de enfrente.
-¡Víctor! ¡Estás aquí!- gritó un poco Kenia corriendo hacia la jaula.
-¿Ke-Kenia?- preguntó Víctor, incrédulo al verla ahí y además con apariencia de viva, ya que aunque tenía piel la reconoció al ver su forma de vestir, oír su voz y ver el color de su cabello así como su cara donde ahora había piel pero conservaba su forma- ¿qué haces aquí? ¿Cómo entraste?
-Vine a buscarte- le dijo Kenia mientras abría la puerta de la jaula- Emily te ha estado esperando desde hace dos días, y al ver que no llegabas se puso muy triste, yo me di cuenta y decidí venir a ver qué había ocurrido y ahora voy a sacarte de aquí y vendrás conmigo- terminó de decir a la vez que empujaba la puerta.
-¿Pero cómo es que luces así?- le preguntó Víctor saliendo de la jaula.
-Una poción del anciano Gutknecht, pero no hay tiempo para más explicaciones, debemos irnos, los guardias se fueron pero pueden volver en cualquier momento y detenerte, corre- dijo caminando hacia la puerta.
-Bien, sólo que, ¿cómo te deshiciste de ellos?- le preguntó.
-Bueno, no lo hice sola- dijo Kenia abriendo la puerta, dejando ver al señor Van Dort ahí parado.
-Apresúrense, no deben tardar en volver, deben irse- les dijo.
-¿Pa-papá?- preguntó Víctor saliendo, no entendía nada.
-Sí, nos vamos ya, gracias señor, hizo lo correcto- dijo Kenia y se fue corriendo hacia la puerta.
Víctor se acercó más a su padre hasta quedar frente a frente.
-Pero ¿cómo...- empezó a preguntar Víctor.
-Hijo- lo interrumpió su padre, poniendo una mano en su hombro- perdona todo lo que pasó, estos últimos días con el secuestro y la boda y... todos estos años en los que te ignoré y me alejé de ti por obedecer a tu madre, perdóname, sé que no hice bien y que te dejé solo, pero a pesar de todo quiero que sepas que te amo y sólo quiero lo mejor para ti, así que parte con la mujer que amas con mi consentimiento y bendición, y encuentra la felicidad- le dijo.
Una lágrima salió del ojo derecho de Víctor y se escurrió por su mejilla.
-Gracias papá- le dijo, y después ambos se abrazaron con fuerza y cariño.
Duraron así unos segundos y después se separaron y se miraron.
-¡Víctor! ¡Los hombres ya viene, corre!- gritó Kenia desde la puerta abierta.
-¡Ya voy! Adiós papá- le dijo poniendo una mano en su hombro y luego se fue corriendo hacia la puerta.
-Adiós hijo, y buena suerte- le dijo el señor Van Dort.
Luego Víctor y Kenia corrieron saliendo de la casa, por donde los hombres pasaban y los vieron.
-¡OYE! ¡ESPERA!- gritó uno y empezaron a correr detrás de ellos.
Pero Kenia y Víctor ya les llevaban ventaja y aceleraron más el paso sin detenerse.
-¡Víctor! ¡Dame la mano! ¡Tal vez la poción de aparición aún tenga efecto y nos lleve al mundo de los vivos con decirlo!- gritó Kenia.
-¡Bien!- gritó Víctor y se la dio, pero sin dejar de correr.
-¡A la casa del anciano Gutknecht!- gritó Kenia, y pasaron unos segundos, pero no ocurrió nada y siguieron en donde estaban.
-¿Qué pasó?- preguntó Víctor.
-La poción dejó de tener efecto, lo siento, no sabía cuánto duraría, sólo la use para encontrar tu casa.
-Bueno, eso realmente no importa, ya llegamos al bosque- dijo Víctor, y ciertamente ya estaban arriba del pequeño puente de piedra que daba al bosque, con los hombros a varios metros detrás de ellos.
-Perfecto, entonces corre, ahí aunque nos sigan los perderemos de vista- le dijo Kenia.
Se soltaron las manos y así lo hicieron, corrieron hacia el bosque y siguieron corriendo, tomando el camino más largo hacia el portal para terminar de perder a los hombres (en caso de que alcancen pero perdieron ya era imposible) y no pararon en ningún momento, ambos ansiando llegar al mundo de los muertos, sobretodo Víctor, quien al fin volvería junto a Emily.