Abrió los ojos lentamente, se sentía liviano y descansado. Ahí a su lado Harry seguía durmiendo pacíficamente, mantenía una expresión serena con las cejas un tanto levantadas y la boca un poco abierta, por la que salían pequeñas exhalaciones que chocaban contra su mejilla. Harry se había aferrado a su cuerpo y lo envolvía con brazos y piernas, como si no quisiera dejarlo ir nunca y aquello lo colmó de ternura. La tarde anterior había tenido la intención de entregarse al moreno como él lo había hecho, pero el sueño había sido más y no habían soportado más tiempo despiertos. Sonrió ante la idea de Harry haciéndole el amor, se sentía emocionado y esperaba que después del éxito de aquella noche se hiciera realidad.

Harry lucía angelical de aquella manera, la posesividad con la que lo abrazaba hacía que su corazón se detuviera y volviera a latir. Era una pena tener que despertarlo, y había estado decidido a esperar un poco más de aquella manera, si no hubiese sido por la lechuza que comenzó a golpetear su ventana con bastante insistencia. Harry se removió tranquilamente, apretando más a Draco contra su pecho, haciendo que el rubio soltara una risita divertida. En respuesta, el joven auror sonrió sin abrir los ojos y enterró su rostro en el cabello de su acompañante, aspirando su aroma de manera descarada. Draco se giró un poco para quedar de frente y acarició una de sus morenas mejillas justo cuando Harry abrió un ojo.

—Soñé contigo... —Le dijo el Gryffindor. —Cuando me salvaste de los dementores con tu patronus, estuviste fantástico. Ni siquiera lo habías practicando antes... Nunca me dijiste ¿cuál fue tu memoria feliz?

Draco sonrió misteriosamente y lo besó en los labios antes de enderezarse y encaminarse hasta la ventana, ignorando su pregunta y sin tomarse la molestia de cubrir su desnudez y sintiendo la mirada de Potter sobre él, devorándolo y aquello solo lo alentó a moverse lentamente y de manera seductora, como un gato. Harry soltó un pequeño silbido apreciativo y Draco solo pudo sonreír engreídamente antes de tomar la nota que la lechuza había dejado. El momento de sensualidad pasó enseguida, el sobre tenía el sello del ministerio y tenía como destinatario a su novio quién al notar su cambio rápidamente se puso de pie a su lado, colocándose los calzoncillos y dándole a Draco los suyos.

—Ha habido un accidente en el callejón, un nuevo desborde de magia que causó un temblor y un par de incendios, necesitan gente... —Anunció Harry mientras volvía a doblar la nota. —Debo irme.

—Pero aún debemos repasar el plan para ésta noche y... —Miró a su novio, parecía decidio a ayudar y él no iba a entrometerse, después de todo, Harry siempre había sido de aquella manera. —De acuerdo, ten mucho cuidado... —Se acercó y acarició su rostro. — Lleva tu capa de invisibilidad por cualquier cosa y envíame un patronus si necesitas ayuda, sé que no soy auror y que no tengo el mismo entrenamiento pero sé algunas cosas que podían ser de ayuda.

Harry lo besó en respuesta y después de un momento se separó, proponiendo una ducha en pareja antes de tener que marcharse. Ambos se metieron en la tina y se enjabonaron mutuamente, entre sonrisas y caricias inocentes. Harry sabía que Draco estaba un poco asustado, podía verlo reflejado en sus hermosos ojos plata; por la tarde tendrían que enfrentar a Lucius, quién era su último obstáculo para alcanzar su objetivo y Harry no podía mentir, estaba aterrado, la sola idea de volver a perder al amor de su vida lo estaba volviendo loco y aunque generalmente no era nada bueno para disimular, la noche anterior había decidió que necesitaba ser fuerte por él. Draco había soportado muchas cosas solo y jamás se había quejado, ni una sola vez, Harry siempre lo había visto fuerte y decidido, tal vez había flaqueado un poco cuando la situación le había sobrepasado, pero al fin y al cabo era humano y era comprensible. Draco había hecho muchas cosas para ayudar a derrotar a Voldemort, había hecho muchas cosas para ayudar a Harry y ponerlo a salvo, había hecho mucho por sus padres y había entregado más de lo que tenía, y aunque Potter estaba realmente agradecido, sabía que Draco ya no podía seguir dando más, sabía que su novio se merecía una vida feliz y tranquila, alejado de todos los problemas que siempre parecían rodearles a ambos y después de esa noche, si todo salía bien no tendrían que preocuparse por nada más.

De todas formas no es que fuese a dejar todo al azar, él solito se había tomado muy en serio eso de tomar las riendas de la situación y había armado su propio plan en caso de que el original fallara, en caso de que Lucius Malfoy decidiera que no quería cooperar. No se lo había dicho a nadie, sabía que de hacerlo todo el mundo se lo hubiera impedido y él no necesitaba más trabas, necesitaba ayudar a Draco y estaba decidido a hacerlo. Pensaba que, tal vez se había vuelto un poco más Slytherin, conspirando en secreto, buscando su propia felicidad —y la de Draco— pero no le importaba realmente, él sabía que en algunos casos era necesario, sobre todo cuando implicaba a la persona que más amas en el mundo. Por mucho tiempo Harry había sido el héroe de todo el mundo mágico, pero no había podido ayudar a su novio, al contrario, él había sido salvado por el príncipe de las serpientes una y otra vez y ni si quiera se había dado cuenta.

Al terminar la ducha ambos se vistieron con sus túnicas y desayunaron en silencio, el ambiente era ligeramente lúgubre, la ansiedad podía palparse en el aire y nada de lo que hicieran o dijeran podía disipar aquella sensación. Se miraban y sonreían, pero ambos sabían que las cosas no estaban bien y que no lo estarían hasta que pusieran fin a todo el asunto del pago por el cambio en la línea de tiempo. Aun así se esforzaron en mantener una pequeña conversación sobre una película muggle que habían visto y finalmente, cuando terminaron de comer el cereal que se habían servido —pues en el apartamento no tenían nada más— se despidieron con un beso y Harry se apareció de allí, directo al cuartel de los aurores en el ministerio.

Draco pasó gran parte de la mañana intentando leer un libro de pociones y otro de encantamientos que Severus le había proporcionado varias semanas atrás, necesitaba entretenerse y lo sabía, pero le parecía imposible hacerlo en aquella situación. Granger siempre le decía que debía mantenerse positivo, pero él había sido un Slytherin y más que positivo, la mayoría de las veces era realista; sabía que cabía la posibilidad de que su padre no lo recordase de inmediato, como Narcissa y aquel pequeño margen de error podía costarle la vida, de manera literal.

No era como si no hubiese pensado en que haría si todo salía mal, sabía que al menos en esa ocasión podía despedirse de sus padres y de sus amigos, además de Harry, intentaría advertirles sobre el futuro que había vislumbrado, no quería que el corazón de Harry se marchitara. Sin embargo, la mayoría de las veces no podía evitar hacer planes a futuro, abrazando una victoria que aún pendía de un hilo; pensaba que, si todo salía bien, estudiaría todo lo necesario para presentar sus éxtasis y aplicaría para integrarse al entrenamiento como inefable, había quedado fascinado con la profesión por la cantidad de trucos y cosas que Pansy parecía saber. Quería enlazarse con Harry, eso lo tenía más que claro, tal vez se lo pediría en un viaje a la playa, quería vivir con él definitivamente, buscar una casa bonita, ni si quiera tenía que ser grande, solo lo suficiente para ellos dos y los niños... los niños que quería tener con Harry de la manera que fuese. Sonrió ante la idea, su futuro lucía tan brillante. Desaparecer no era doloroso, lo doloroso sería dejar atrás todo aquello con lo que había soñado.

Decidió, que, como no podía seguir fingiendo que leía, lo mejor era salir a comprar algo de comer para las visitas de esa tarde, Pansy, Blaise, Granger y Weasley llegarían en un par de horas entes de la fiesta de caridad de los Malfoy para repasar el plan, nada elaborado, que habían hecho para la ocasión y como no tenía nada que ofrecerles y él definitivamente no iba a ponerse a cocinar, simplemente optó por colocarse algo de ropa muggle y salir en busca de un restaurante y pedir algo para llevar.

La verdad era que jamás había estado fuera de su apartamento y se sentía algo perdido, por lo que, cuando encontró un restaurante de comida tailandesa bastante cerca, decidió que no caminaría más o no sabría regresar sin aparecerse. Ordenó del bufet diferentes platillos cuyos nombres seguramente había pronunciado mal —pues nunca había aprendido aquel idioma— y cuando le entregaron la orden caminó de vuelta al apartamento mientras veía los automóviles pasar pensando que, en un futuro —si es que tenía uno— quería conseguir uno y aprender a manejarlo, sabía que Harry podía hacerlo y que probablemente le enseñaría.

Llegó al enorme edificio de cristal y subió por el asesor, era la segunda vez que lo utilizaba, no le daba demasiada confianza. Al llegar a su apartamento miró a ambos lados del pasillo y se apareció dentro, nunca utilizaba las llaves y ni si quiera sabía dónde se encontraban. Dentro ya estaban todos esperándole, había dejado una nota en la mesita frente al sofá por si aquello ocurría. Granger estaba junto a Weasley y Pansy junto a Blaise, hablaban en voz bajita y de manera muy tranquila. Draco no pudo evitar recordar la otra línea de tiempo, cuyas imágenes poco a poco se desvanecían de su memoria, pero que, a veces llegaban a él, recordándole lo diferente que hubiera sido todo si él no hubiera usado aquel giratiempo.

—Buenas tardes —Saludó con educación mientras colocaba la comida en la mesa del comedor. —¿Comemos?

Todos asintieron y ayudaron a colocar la mesa, todo de manera manual, pues aún era peligroso hacer uso de magia sin una razón de fuerza mayor.

—Por fin la nieve ha dejado de caer y no ha llovido en todo el día —Dijo Pansy casualmente. —Mi cabello no podía más con la humedad. —Todos rieron un poco, todos menos Ron que parecía realmente ocupado devorando unos fideos.

—Al menos parece que será un buen día para ir de gala —Agregó Hermione. —Espero que Harry no esté teniendo muchos problemas... Escuché que todo el departamento de aurores está en movilización, por el desastre en el centro del Londres mágico.

—Harry es un gran mago, no creo que tenga dificultades —Intervino Ron, escupiendo un poco de comida, haciendo que todas las serpientes fruncieran el ceño. —Pero espero que llegue a tiempo para la reunión, sería extraño que Draco llegara sin él.

Todos asintieron y continuaron con sus comidas, después de un momento de silencio Draco finalmente habló.

—Si todo saliera mal...

—Draco... —Le regañó Pansy, pero este continuó.

—En caso de que algo saliera mal y yo tenga que irme... cuiden de Harry... Sé que no tengo por qué pedírselos, sé que lo harán —Ahora se dirigía a Granger y Weasley. —Sé que no la va a pasar bien... pero quiero que él siga adelante, que lo protejan de él mismo —Miró a sus amigos. —Y quiero que ustedes vean por mi madre, no tengo idea de si todos volverán a olvidarme o no... pero...

—Estás siendo demasiado negativo —Intervino Ronald. —Por favor, si hasta yo logré recordarte y no éramos precisamente mejores amigos, tu padre va a reaccionar, te va a recordar y entonces podremos continuar tranquilamente.

Todos miraban a Weasley, maravillados por aquella elocuencia que muy rara vez mostraba, Hermione incluso le abrazó, orgullosa, gesto que hizo que el pelirrojo frunciera el ceño, ligeramente ofendido. Y aunque Draco sabía que el Gryffindor podía tener razón, tampoco quería hacerse demasiadas ilusiones y sentía que lo mejor había sido hacer esa petición, Harry y su madre tendrían apoyo y, aunque esperaba no tener que marcharse, un Slytherin siempre tenía más de un plan.

Inmediatamente después de comer se dedicaron a repasar el plan y cuando llegó la hora, uno a uno fueron tomando una ducha y comenzaron a alistarse para la fiesta, Draco había comprado una túnica bastante clásica, completamente negra y con bordados plateados, se sujetó el cabello que ya le llegaba un poco más abajo de los hombros con una cinta en una coleta baja y colocó el broche de Slytherin que Harry le había regalado en su camiseta de seda, debajo de la túnica. Una hora antes de partir llegó Theo, diez minutos después de ello llegó Lisa. Harry llegó solo diez minutos antes de lo acordado, luciendo terriblemente sucio y cansado, sin embargo tomó una ducha rápida y se colocó la túnica que Draco había elegido para él, una de color negro verdoso bastante sencilla pero elegante.

Antes de marcharse Harry y Draco se besaron, se miraron, sonrieron y finalmente se tomaron de las manos, miraron a sus amigos y asintieron para finalmente aparecerse en los límites de Malfoy Manor. Para Draco fue bastante difícil ver de nuevo su antiguo hogar, la última vez que había visto la mansión había estado prisionero y el tétrico y oscuro ambiente le había hecho sentir miedo, terror. Había estado rodeado de gente mala y había tenido como huésped al mismo Voldemort. Al mirar alrededor, se percató de que el trío de oro no lo estaba pasando mejor, y sin embargo hacían su mejor esfuerzo por disimular. Habían sido tiempos difíciles, la peor época de su vida, pero al final había logrado escapar con ayuda de aquellos Gryffindors.

Caminaron con sus respectivas parejas del brazo, a Draco le asombraba la manera tan natural en que adoptaba su pose sangrepura, cosa que Harry también pareció notar, pues sonrió de manera satisfactoria e intentó imitarle, luciendo más bien un poco torpe. Al llegar a la puerta fueron recibidos por unos elfos que los dejaron pasar nada más revisaron sus varitas, los dejaron pasar hasta el salón donde se estaba llevando a cabo la reunión. Muchísimos magos se encontraban ahí, bebiendo y charlando refinadamente, Draco sintió como Harry se tensaba al recibir saludos.

—Por eso no suelo asistir a éste tipo de eventos — Le aclaró mientras se alejaban lo más posible del resto de la gente.

El grupo de amigos se acomodó en una esquina y comenzaron a charlar casualmente, debían esperar a que los anfitriones hicieran acto de aparición. Para disimular un poco, se entretuvieron bebiendo y bailando de vez en cuando, manteniendo chalas casuales con otros invitados importantes y amigos en común. Para sorpresa de todos Snape y McGonagall estaban ahí y Gregory llegó poco después. Fue hasta que dieron las diez que Narcissa hizo su aparición, completamente sola y aquello solo hizo que los nervios salieran a flote ¿Dónde estaba Lucius? Después de la bienvenida por parte de la anfitriona, el baile se reanudó y Pansy aprovechó para acercarse a la madre de Draco para preguntar sobre la situación; Lucius no se sentía muy bien, pero había prometido bajar un rato.

Un muy frustrado Draco Malfoy había comenzado a beber más de lo que se había acordado y Harry había tenido que detenerlo, entendía su nerviosismo, pero no por eso iba a dejar que se embriagara, Draco, por alguna razón había comenzado a mirar el enorme reloj de pared que estaba en una de las paredes del salón, conforme el tiempo avanzaba había comenzado a sentirse algo débil y cansado, no había querido decir nada, pero tenía la sensación de que al llegar a media noche no lo contaría más.

Lucius Malfoy hizo su aparición a las once y cuarenta de la noche, una tormenta se había desatado afuera de la mansión; los cristales de las ventanas eran azotadas por la lluvia y el viento, haciéndolas vibrar salvajemente, acción que solo fue opacada por la música con la que todo el mundo bailaba. El patriarca de los Malfoy había llegado a saludar a algunos de los miembros del Wizengamot e inmediatamente procedió a bailar una de las piezas con su esposa, quién más que divertirse parecía a punto de entrar en un colapso nervioso, lanzándole miradas a Potter y a Malfoy que gritaban por que actuaran en ese mismo instante.

Por supuesto que ninguno había tomado en cuenta que Lucius no se sentiría bien y tardaría tanto en bajar a la fiesta. Sin embargo fue Harry quién improvisó un plan y rápidamente se acercó hasta Narcissa y pidiéndole permiso a Lucius comenzó a bailar con ella. Severus comprendió aquello quizá más rápido que el resto y rápidamente le pidió al padre de Draco que lo acompañara, que tenía a alguien importante a quién presentarle. Pansy y Hermione se habían parado lo suficientemente cerca como para intervenir, mientras que Ron bailaba con Lisa algo apartado y siempre alerta. Nott y Blaise se mantenían del otro lado del salón charlando con unos inversionistas franceses.

—Draco —Comenzó a decir Severus, con su típico tono de voz que demostraba indiferencia. —Déjame presentarte al señor Lucius Malfoy, nuestro anfitrión y un gran hombre de negocios.

Draco sonrió, colocándose una máscara con sentimientos que no sentía para nada, ocultando el nerviosismo. Su padre parecía examinarle con la mirada, como si intentara leer su alma y sin embargo no parecía reaccionar ante el hecho de que aquel joven rubio era muy parecido a él. Draco estiró la mano, esperando a que su padre la tomara y al hacer contacto sus magias reaccionaran, hecho un vistazo al reloj, faltaban solo diez minutos para la media noche. Lucius Malfoy apretó su mano con bastante curiosidad y sin embargo Draco no se sintió vinculado a él, no como se había sentido con su madre. Y entonces de verdad comenzó a preocuparse.

—Sí, conozco al chico, lo he visto en todos los titulares de El Profeta de los últimos tres meses, no sabía que lo conocieras, Severus.

—El chico es un prodigio de las artes oscuras y las pociones —Dijo con un orgullo que no pasó desapercibido por nadie. —Y además, creo que posee ciertas habilidades que creo, encontrarás interesantes, los dejaré solos para que puedan charlar a gusto.

Severus se marchó e inmediatamente se unió a Nott y Zabini quienes se habían acercado mucho más a la escena.

—Es gracioso, Severus nunca encuentra a nadie "interesante" —Señaló Lucius, su tono mordaz decía que sospechaba algo. —Pero por más que te veo sigo sin encontrar nada especial.

Aquel comentario le dolió a Draco más de lo que nunca le admitiría a nadie, a aquello se reducía su vida entera, a intentar complacer a un padre que jamás había visto nada especial en él. Sin embargo logró sonreír presuntuosamente y hasta soltar una pequeña y descarada carcajada que hizo que su padre alzara una ceja, de la misma manera que él lo hacía. El más joven de los Malfoy dio un sorbo a su bebida y miró de nuevo el reloj, seis minutos.

—Te sorprendería la cantidad de información interesante que podrías encontrar en mí, como por ejemplo mi apellido, no lo has preguntado, Lucius.

—No creí que hiciera falta; Draco Moreau, francés, veintiún años, o al menos eso dicen los medios. —Draco soltó otra risita y negó divertido.

—Eso es lo que yo le he hecho creer a los medios. Si supieran la verdad se infartarían, como tú.

—Hay muy pocas cosas que me sorprendan ya, a estas alturas de mi vida señor... — Y ahí estaba, le estaba invitando a decirle su verdadero apellido.

—Draco, Draco Malfoy. —Lucius lo miró con un dejo de incredulidad, Draco podía ver en sus grises ojos la confusión y el reproche, seguramente pensando que se estaba burlando de él. —Yo, Lucius, soy tu unigénito, Draco Lucius Malfoy.

El patriarca de los Malfoy lo sujetó por el cuello de la túnica y lo levantó ligeramente del suelo, Draco no se inmutó ni un poco, dejó que su padre mirara la verdad a través de sus ojos, dejó que le inspeccionara y esperó a que comprendiera, que de verdad lo hiciera, porque estaba a solo unos minutos de que el juego se agotara. Todos en el salón parecieron darse cuenta del alboroto, pues los miraban con curiosidad, una que se disipó en cuanto la tierra comenzó a temblar violentamente y un montón de relámpagos empezaron a caer en los terrenos de la mansión, iluminando el exterior de manera dramática.

El movimiento de la tierra hizo que Lucius soltara a su hijo para mantener el equilibrio, el crujir del suelo pronto fue opacado por los gritos de la gente.

—¡Te estoy diciendo la verdad! —Exclamó Draco por sobre el alboroto, balanceándose de un lado a otro mientras el suelo de madera se partía bajo sus pies. — ¿¡A caso no lo ves!? ¡Soy tu maldita imagen! ¿¡Tanto te he decepcionado que no has querido recordar?!

—¡Mentiras! ¡Calumnias! ¡No tengo un heredero! ¡Nunca desee uno y nunca lo tuve!

La tierra se movió violentamente, arrancando gritos de terror alrededor, la gente había comenzado a evacuar pero Draco y Lucius se mantuvieron firmes, mirándose, retándose.

—¡Abre los ojos por una vez en tu maldita vida, padre! ¡Si no lo haces será demasiado tarde! ¡No esperes hasta el final como aquella vez!

—¡Calla, miserable embustero! ¡No caeré en tus mentiras, en tus trampas!

Draco miró alrededor, Hermione intentaba arrastrar a Pansy fuera de la casa, Nott prácticamente ya tenía a Blaise en el marco de la puerta, no había señal de Ronald y su acompañante, y Harry y Narcissa intentaban acercarse, era difícil por el movimiento del suelo y los pedazos de techo que caían estrepitosamente. Malfoy Manor iba a caer y con ella su heredero.

—¡Está diciendo la verdad, Lucius, es Draco, nuestro amado Draco! —Exclamó Narcissa, tal vez comprendiendo lo que ocurría.

—¿Es que te has vuelto loca? ¿Cómo has podido creerle?

—¿A caso no lo sientes? ¡La magia que fluye en tu cuerpo es la misma que la mía, mi rostro es la viva imagen del tuyo en tu juventud! ¡Joder, papá! ¡Por una vez, por una vez en tu maldita vida! ¡Jamás te pedí nada, jamás! Pero ahora necesito que hagas esto por mi o yo...

El sonido de su voz se vio interrumpido por las campanadas del reloj, una a una comenzaron a arrancarle la esperanza, era tarde, era malditamente tarde y no lo había conseguido. Cerró los ojos con frustración y estuvo a punto de caminar hasta su padre y zarandearlo hasta hacerlo reaccionar, pero Harry ya se le había adelantado y había golpeado a su padre en el rostro, haciéndolo caer al resquebrajado suelo de madera.

—¡Siempre has sido un maldito egoísta! ¡Por una vez en tu maldita vida haz algo de bien por tu hijo! —Bramó, con los puños apretados mientras una asombrada familia Malfoy lo miraban.

La tierra se sacudió aún más violentamente, Draco miró sus manos y notó que estaba desvaneciéndose.

—¡Harry! —Exclamó con horror, sin dejar de mirar sus manos, Narcissa, por primera vez, soltó un jadeo de terror. —¡Harry, Harry! ¡Mamá, mamá, por favor!

Estaba desesperado, se había preparado psicológicamente por si aquello sucedía y sin embargo se sentía peor que la primera vez, estaba realmente aterrado de ser apartado de las personas que amaba. Sintió los brazos de Harry rodearle con fuerza, aferrándose a él, anclándolo a ese mundo.

—¡Narcissa, tome a su esposo y salga de aquí!

—¡Pero...!

—¡Yo cuidaré de él!

Un trozo de columna cayó entre ellos, dividiéndolos, dejando a Harry y Draco atrapados dentro de la mansión.

—Draco, Draco, mírame —Le decía Harry pero este no dejaba de verse y de llorar ¿en que momento había empezado? Ni él lo sabía. —Draco, por merlín, mírame —Tomó su rostro entre sus manos y lo obligó a clavar sus ojos en él.

—No quiero irme...

—¿Confías en mí?

Draco asintió y la última campanada sonó.