"Estaré ahí hasta que las estrellas no brillen,

hasta que los cielos exploten y

las palabras no rimen.

Y sé que cuando muera,

tú estarás en mi mente,

y te querré, siempre."

―Always. Bon Jovi

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Dos días después todo se volvió una locura. Los titulares de los periódicos anunciaban la grata noticia: Levi Ackerman volvía a los escenarios.

En otras noticias, el ya conocido concierto de Navidad de La academia Rose se ha vuelto sensación tras anunciar el regreso de uno de los músicos prodigio de la casa musical. Esta navidad el reconocido violinista, retirado hasta el día de hoy, Levi Ackerman se presentará en el auditorio de su alma mater. Los boletos se han agotado a las pocas horas de abrir las taquillas, pero nosotros conseguimos dos. Llamé ahora a la cabina y…

Mikasa dejó su desayuno intacto y salió de su casa a toda velocidad, bueno, la velocidad que la silla de ruedas le permitía. Poco le importaron los gritos de Grisha.

Ella quería saber que aquello no era una mentira, tenía que verlo con sus propios ojos. Cuando el aire helado entró por sus narinas entendió que en silla de ruedas no llegaría muy lejos.

—Sasha, ¿Crees que podrías pasar por mí?

Su amiga no tardó mucho en llegar, aún tenía los ojos llorosos porque le emocionaba en suma ver a su amiga de nuevo, hablando, aunque con moretones y el pie enyesado. Metió la silla en el Cadillac y condujo hasta el edificio de la escuela.

Apenas acababa de incorporar a Mikasa en la silla cuando ésta arrancó y pasó rápidamente por la recepción.

Ahí tuvo que detenerse porque subir las enormes escaleras en su condición... no era factible.

—¿Mikasa? ¿De verdad eres tú? —Hange llegaba a la recepción, con una gran Montaña de papeles en los brazos.

—Estoy mejor.

—Ya lo veo, me alegra mucho, pero no deberías estar aquí. Es decir, tienes permiso para estar en casa hasta que te recuperes, el asunto del concierto está solucionado.

—¿Es verdad que Levi tocará?

—Huh, ¿Estás aquí por eso? ¿Quieres verlo verdad? —La directora se hallaba extasiada y ansiosa por volverse el cupido de aquellos dos. —No tienes que decirlo, se ve en tu cara. Pero Levi no está aquí, está ensayando en su casa.

—Mika…Mikasa— Sasha llegaba resoplando un poco, tras luchar con la puerta de su bello Cadillac que no cerraba y tratar de correr tras su amiga. —¡directora, Hange!

—Me alegra que alguien venga contigo, te daré la dirección y así podrás verlo.

—Espere…yo…n…

Dejó sobre el mostrador la enorme pila de documentos y en trozo de papel se apresuró a escribir.

—Aquí tienes.

Sasha no preguntó el porqué, en el fondo sabía y no creía conveniente pedirle a Mikasa que entrara en detalles, ya bastante nerviosa lucía si ponías la suficiente atención y notabas el tremor en sus labios.

La dirección las llevaba cerca del parque Riverside, a las orillas del río Hudson. W105sth. Un edificio blanco, conservador y que para la buena suerte de Mikasa no tenia escalones como la mayoría.

― ¿Quieres que te espere?

―No, ya bastante tiempo te he quitado, apuesto a que Shadis va a matarte.

―Está bastante ocupado asesorando a la banda, así que podría pasar desapercibida cierto rato. ¿segura que no quieres que te espere?

―Llamaré a un taxi cuando termine, además ni siquiera sé si está en casa. Al menos con la silla, podré esperar cómoda.

―Está comenzando a nevar de nuevo, si no consigues un taxi promete que me llamarás.

―Lo haré.

Mikasa observó al Cadillac dar vuelta en la esquina y desparecer. La verdad es que no se sentía nada lista para enfrentarlo, desde que había despertado en el hospital su cabeza se sentía como una olla de presión a punto de estallar. No podía pensar en nada concreto como si sus pensamientos estuviesen dando vueltas y vueltas en una frenética danza que la dejaba exhausta sin poder dormir.

Se acercó a la entrada: sus dedos palparon la áspera madera de la puerta a pesar del barniz y de la pintura, pero no tocó. Tenía miedo, ¿de qué?, no lo sabía con certeza, pero su corazón se aceleraba, palpitando cada vez con más fuerza. Así permaneció cerca de 5 minutos.

Sacó su móvil dispuesta a llamarle a Sasha en busca de auxilio, pero alguien abrió por dentro y una mano suave la llevó al interior de la habitación.

—¿Pensabas quedarte frente a mi puerta toda la tarde? todavía está nevando, qué tienes en la cabeza ¿Aún no te repones del golpe? ―Tras la puerta había un Levi cruzado de brazos con una camisa verde como los pinos en cada casa dada la fecha del año y sus usuales pantalones negros. Tenía puestos los zapatos, vaya formalidad para andar en casa o es que simplemente estaba por salir.

—Para ser tu casa el timbre está inusualmente alto y no puedo alcanzarlo sentada.

—Si puedes seguir haciendo esa clase de chistes supongo que el accidente fue más grave en apariencia que en daño. ―La miraba directamente, sin asomo alguno de sorpresa o desagrado. ―Lo dirás o tendré que preguntarlo.

― ¿El qué? ¿Quién me dio tu dirección? O ¿por qué estoy aquí?

―Ambas.

—¿por qué te fuiste antes de que pudiera abrir los ojos?

Finalmente hubo una reacción: los ojos del hombre se abrieron denotando sorpresa, y el ligero sobresalto expresado en una inhalación mas lenta y profunda.

—No sé de qué hablas.

—No mientas.

—¿Las enfermeras te lo dijeron?

—No hacía falta, nadie más podría haber tocado de esa manera. ―Después de aquello, todo el aplomo de la chica se vino abajo, ocultando su mirada bajo el flequillo. ―Gracias, por traerme de regreso.

—No fui yo, quien decidió dejar de dormir fuiste tú. Temo que has perdido la oportunidad en el concierto, aunque si quieres podría hablar con Hange y…

Mikasa levantó la cara, algo dolida porque sus palabras parecían haber causado poco o nulo impacto en él.

—Eso no importa. Quizá realmente no deba dedicarme a esto…

― ¿E irte a Alemania con tu hermanastro?

―No me refería a eso

―Si es lo que quieres no soy quién para detenerte.

Pasó de largo, dejando a la chica a mitad de la recepción. Pero ella lo siguió, entrando con dificultad por el estrecho pasillo que al parecer conducía a una sala de estar.

― ¿Dejarías que me fuera?

―Ya te detuve una vez.

Fue como tocar agua caliente estando helada. Un estremecimiento de la cabeza a los pies. Ninguno de los dos parecía dispuesto a tolerar el silencio y al unísono cada uno intentó salir del apuro:

― ¿Quieres té?

―Escuché que tocarás.

Por primera vez en toda la reunión una expresión relajada, cercana a una sonrisa afloró en los rostros.

―Sí, pienso que será un desastre. Pero Hange dijo que eras mi responsabilidad y bueno, a estas alturas ningún estudiante podría con esa carga.

—¿Estás diciendo que soy una carga?

—No, ya te dije que si tienes problemas auditivos debes ir al médico.

Mikasa se sonrojó violentamente.

—¿Qué tienes? ¿Te subió la fiebre, o algo así? — a Levi a veces le salía un inusual lado maternal y en esa ocasión ni siquiera lo pensó, solo puso el dorso de su mano en la frente de Mikasa.

—¡No! ¡Estoy bien! —echó la silla hacia atrás bruscamente, chocando con un mueble sobre el que comenzó a tambalearse una estatuilla de cristal que finalmente acabó rompiéndose en el suelo.

«¡Mierda!, va a matarme!»

—¡Ah, lo siento!

—No, yo me disculpo por tocarte así, tan repentinamente. Iré por una escoba. Quédate lejos de los cristales.

Mikasa retrocedió y desde esa nueva perspectiva advirtió el piano de cola que había en la habitación. Era verdaderamente bello, negro y de una muy buena calidad.

El profesor volvió con lo necesario para comenzar a recoger los cristales, notó a Mikasa acercándose al piano, pasando los dedos por las teclas.

—Mejor que nadie sé lo mucho que trabajaste para ese concierto, lamento que tengan que escuchar a un viejo desafinado en lugar de una pianista virtuosa.

—Yo no lo lamento tanto. Lo harás bien.

—Sí, seguro.

—Cuando haces esas caras me dan ganas de regalarte cajas de laxantes.

—¿Qué…?

—Me debes algo. —Levi elevó su ceja derecha. Mikasa comenzaba a odiar eso: era un recordatorio de cuan atractivo era, aunque él no parecía darse cuenta: no era la clase de hombre que va por ahí coqueteando a diestra y siniestra, menos cuando se trataba de su alumna, pero algo en esos gestos galantes la irritaba y también le encantaban. —Tocaste cuando sabías que no podía verte, fue injusto.

—No era la intención.

—Lo sé, pero me molesta y mucho habérmelo perdido.

Levi paseó de un lado a otro de la habitación, dilucidando las opciones que tenía.

—Tsk, si los vecinos vienen a patear la puerta te arrojaré a ellos con todo y silla de ruedas. Ella se quedó pasmada, ni siquiera tuvo tiempo de responder con algún insulto o frase ingeniosa. Él desapareció un momento y retornó con un precioso violín de madera oscura. Lo colocó en su hombro y con una gracia aun mayor lo vio sostener la vara para comenzar a tocar.

A Mikasa le tomó menos de cinco segundos reconocer la pieza que estaba interpretando y en automático, como un instinto superior empezó a tocar el piano. Él no se molestó por el acompañamiento, se acopló a los acordes de ella y le marcó el ritmo.

La forma sutil en que la vara se desplazaba una y otra vez era embriagante, ya no se sentía en el mismo lugar que antes, había sido transportada nota a nota a un espacio aparte donde sus existencias mismas eran cuestionadas.

Comprendió que el tiempo no es justo y que lo que ocurre en pocos segundos puede arraigarse en el recuerdo muchos años, aunque eso ultimo no lo comprobaría sino muchos años después.

—Es una canción muy básica.

—Sería imprudente tocar algo más elaborado cuando debe presentarse en 3 días.

—Deja que te acompañe.

—…no deberías estar aquí en primer lugar.

—Quiero mi oportunidad en el escenario.

—Estas siendo caprichosa.

—Es tu culpa.

Antes de que la disputa continuase, el vibrar de un teléfono irrumpió el silencio de la habitación. Era el de él.

―Sí, aquí está. ―Más muecas que palabras dio Levi ante la llamada.

Mikasa supuso que al teléfono se encontraba Hange, aunque también temió fuese Grisha. ―Qué demonios…Basta ya, es todo, loca. No…Qué…

― ¿Todo bien? ¿Necesitas que me vaya?

― ¿Acaso lo planeaste?

― ¿De qué hablas?

― Hange quiere que toque contigo.

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