DISCLAIMER: todos los personajes son propiedad de Naoko Takeuchi, solo los tomo prestados.
La historia es enteramente mía, queda prohibido publicarla en cualquier plataforma sin mi consentimiento.
¡Nisiquiera te plantes la idea de tocarla!-grito una voz a sus espaldas.
–¡Dije que nadie entraría a menos que yo así lo decidiera!
–Señor, la señora Esmeralda me apunto con su revolver amenazando que si no le permitía la entrada me mataría- contesto una voz a a través de la puerta.
–¡Pues primero te tendría que haber disparado! - replico el platinado tomando el revolver de la enfurecida mujer, para disparar a la puerta.
Serena cerró los ojos y volvió el rostro al notar como un líquido espeso entraba poco a poco por el agujero de la puerta.
–¿En que estábamos?-pregunto cínicamente.
–¿Crees que envenene a tu padre para perder mi estatus de señora? Realice el trabajo más difícil y así es como me lo pagas- dijo dirigiendo la mirada hacia Serena.
–Solo es divertirme con el juguete nuevo querida, después de que termine con su cara bonita me desharé de ella, sabes que no existe un remplazo para ti. -contesto con voz aterciopelada, caminando hasta ella y besarla apasionadamente.
–Chiba está aquí-añadió repentinamente, sonriendo amargamente.
–¿Cómo es que no a hecho una de sus frecuentes escenas de entrada? -pregunto curioso, jugando con un mechón de cabello de ella.
–Viene dispuesto a cumplir con los preparativos.
–Jure sobre la tumba de mi padre que nadie me quitaría el placer de marcarlo yo mismo y así será.
–Corre querido-apremio ella palmeándole la espalda.
–Vigílala-ordeno, para salir rápidamente de la habitación.
–Ralda, cuanto tiempo-comento de pronto Serena sin mostrar ningún asombro.
–Vaya puedo observar que no te sorprendo.
–En los últimos días e sufrido de innumerables revelaciones la tuya no fue difícil de imaginar "un hombre por obligación, otro hombre por amor" ¿Cómo es que puedes amar a Black?
–Querida, ahora mismo deberías de estar preocupándote por lo que le espera al padre de tu hijo en lugar de mis disfunciones mentales.
–¿Por qué tendría que hacerlo? No es él hombre que se a cargado a un sin numero de vidas, no tengo motivo para hacerlo, no lo amo y mucho menos él lo hace.
–Es una lástima que sea tan estúpido como para sacrificar su vida por una mujer que de igual modo lo desprecia, ser deshonrado con esa marca y soportar el proceso mientras se graba en su piel, no suena algo que alguien haría por un extraño.
–Tú no sabes nada de nosotros, no tienes ni la milésima idea.
–Y tu no sabes lo que yo haría por que Diamante me amara de esa forma, tan solo ahora te desea, a pesar de todo lo que hemos pasado, no imagino que el siquiera se planteara la idea de quemar la mitad de su espalda a fuego lento por mí, y tampoco firmaría su excomulgación, aunque mi vida dependiera de ello.
El corazón de Serena dio un vuelco al escuchar aquello, provocando que sospechara lo peor
–¿De qué me estás hablando?
-¿Es que acaso no sabes a que se refieren con excomulgación? Esta saliendo de la organización por ti ¡mujer estúpida! Y todos sabemos que no se sale vivo en el proceso.
-Mientes- contesto casi en un susurro, con un parpadeo trato de alejar las lagrimas que poco a poco se formaban en sus ojos, respiro hondo tomando una fuerte bocanada de aire, sintiendo como un nudo se formaba en su garganta.
–¿Crees que miento? Pues ahora veras el tamaño de mis mentiras- declaro, rompiendo las cuerdas que sostenían sus piernas y dejando tan solo las de sus muñecas.
–¡Pero que que haces!-tartamudeo ella a causa de la indignación que entorpecía su lengua y agitada ante el frenesí con el que la sujetaba.
–Ojo de tigre síguenos-ordeno la mujer exaltada, caminando con Serena rápidamente
guiándola hasta una habitación aledaña, en donde se encontraba una gran forja y varios instrumentos de acero.
Serena observo la escena perpleja desde el momento en que calentaban a fugo lento lo que parecía una gran vara de acero con forma de "E" que paso a tener un color rojo brillante, pero su asombro no se incremento hasta ver como Darien se desabotonaba la camisa, para sentarse en un silla cercana, fue en aquel momento cuando sintió que sus ojos comenzaron arder furiosamente, y un grito se escapó de su boca al ver como el acero caía directamente en la espalda del moreno y aun con esto, no mostraba signos del tremendo dolor que seguramente aquello le causaba, aterrada intento retirar la vista de tan infame escena.
–¿Crees que miento? - volvió a preguntar tomando su cabeza fuertemente para que observara.
–No- afirmo finalmente cuando pudo recuperar el habla, pero sus piernas libres de fuerza cedieron, logrando que cayera al duro mármol, aun con la mirada perdida.
-Llévatela a su habitación Ojo de tigre, a sido demasiado para una mente tan rosa como la que posee, al parecer no tomo en cuenta el consejo tan sabio que le brinde hace tan solo unos años.
–Como ordene señora-replico él hombre tomando a Serena como una muñeca de trapo para llevársela de allí, encerrándola nuevamente en la fría habitación en donde se encontraba justo antes de ver esa escabrosa escena.
Incluso con la piel al rojo vivo y el entumecimiento de su espalda, su cerebro aún no había divagado respecto a su principal objetivo.
–Serena.- murmuro de pronto, apretando la mandíbula para contener el gruñido de dolor que casi salía de su boca.
–El señor Black ordeno que usted la viera una vez que usted firmara.
Darien contuvo el aliento para no desperdiciar ni un gramo de la poca fuerza que aún le quedaba, en cambio le brindo una mirada que no dejaba lugar a duda sobre lo que exigía.
–Le informare al señor Black sobre su inquietud respecto a la señorita, pero no puedo garantizar una respuesta positiva de su parte- afirmo con cierta reticencia.
Fue cuestión de tan solo unas pocas horas para que Diamante entrara por la puerta, mirándolo con una desdeñosa risa triunfal en el rostro.
–Pensé que estarías lamiéndote tus propias heridas, en lugar de preocuparte por otros, ¿es que acaso no sientes dolor?
–Piensas aplazar mi muerte hasta que esta herida cierre por completo para luego infundirme una aun mas dolorosa, puedo notar lo comprensivo y amable que eres. -comento Darien con ironía.
–Siempre tan perspicaz no esperaba menos del elegido por mi progenitor, pero desgraciadamente eso no hará que te de lo que deseas aun cuando te encuentres tan acostumbrado a obtenerlo todo.
–Quiero comprobar que se encuentra bien, igualmente vendrán mis hombres por ella así que más vale que lo aceptes.
–No estás es posición de exigir nada Chiba, en un segundo me puedo deshacer de tu mujer.
–Y en un instante pierdes todo lo que has añorado toda tu miserable existencia así que sería bueno que hicieras lo que te digo apenas he cumplido con la marca aún falta lo más importante. El tono de acero de Darien, desafío a que alguno de los presentes tratara de contradecirle.
–¡Traigan a la perra Tsukino!-grito encolerizado, al darse cuentas que por el momento se encontraba acorralado ante la firmeza de su oponente.
Segundos después pudo ver entrar a una Serena completamente magullada con moretones visibles en el rostro, y desesperación en la mirada.
La expresión de indiferencia en la cara de Darien que tanto le había costado, se desvaneció por completo.
–¿Qué parte de la quiero sin ningún rasguño no entendieron? – aquella escena hizo que el moreno arrugara de furia el ceño.
Rubeus se acercó hasta Serena, con Zafiro pisándole los talones.
–Fue completamente necesario y eso se lo puedo asegurar señor Chiba, sin embargo, su mujer no ha sido deshonrada por alguno de nosotros...
El corazón de Darien pareció encogerse al darse cuenta de todos los malos tratos a los que había sido expuesta la mujer a la que tanto había pretendido proteger desde que la conoció en sus más tiernos años.
–¿Por qué te entregaste? - susurro con voz temblorosa.
–Vida por vida-sentencio él besando brevemente su frente, sin demostrarle cuánto le dolía aceptar que ese era el final, deslizo un pulgar por la mejilla de ella limpiando las lágrimas que brotaban libremente.
Serena tembló ante la ternura de ese gesto, capaz de calmarla.
–Ahora que la haz visto con vida, tienes que cumplir con lo acordado. ¡entréguensela a quien sea que espere por ella!
Zafiro camino lentamente por Serena, tendiéndole un abrigo, para que se cubriera y salir así con ella aún ante las protestas de parte suya.
–¡No puedes hacer esto Zafiro acaso no te das cuenta que van a matarlo! -vocifero ella intentando liberarse.
–Y a ti también si no escuchas con atención, Darien firmo el pacto conmigo antes, si Diamante muere automáticamente la organización pasará a mí y tú serás libre por completo, Diamante te buscará y los matará a ti y a tu hijo una vez que obtenga lo que quiere.
–¿Por qué tendría que creer en el hermano de ese asesino?
–Por que soy tu única salida.
–¿Y quién es la salida de Darien?-cuestiono ella al borde de la euforia.
–El no busca su salida, solo le interesa la tuya, no hagas que su sacrificio se desperdicie.
–Y como se supone que saldremos de aquí cuando hay ojos vigilantes por todos lados.
–Tomaremos la salida exclusiva de Diamante, nadie además de él y de mi la conocen ¡apresúrate! -apremio llevándola casi arrastrando.
Mientras que Zafiro arrastraba a Serena por los oscuros pasillos, dos hombres discutían acaloradamente.
–Es increíble la seguridad que tienes incluso cuando tienes un arma apuntándote. -contesto con diversión.
–Si bueno, no podemos negar lo impulsivo que eres con una entre tus manos.
–Por ese motivo deberías de estar medio muerto del miedo Chiba.
–¿Por qué sigues con esa idea errónea? No firmare a menos que Serena este muy lejos de aquí, eso tenlo por seguro.
–¿No piensas firmar no es cierto? aunque esa perra este a millares de kilómetros no tenías intenciones de hacerlo.
–Así como tú tampoco tenías pensado dejarla con vida una vez que yo estuviera muerto ¿no es así Diamante? siempre la quisiste muerta incluso cuando era una niña, nunca te planteaste mantener tu palabra. -contesto con tranquilidad, cosa que no hizo más que enfurecer al hombre que tenía enfrente.
–Kunzite-grito, encolerizado.
–Ordene mi señor.
–Adelantaremos lo planeado, trae a la sucia Tsukino, la quiero viva, antes sería misericordioso matándola lejos de tu vista, pero ahora... ahora escucharás su último aliento.
–Juro que, si toda la gente que estás dejando entrar es parte de tu plan tan ruin, te mataré, aunque después me hagan pedacitos y no encuentren mi cuerpo ¿lo entiendes? -sentencio Serena, observando cómo daba entrada libre a varios hombres.
–Ellos serán la distracción, mientras que tú y yo huimos de aquí deberías agradecer mi preocupación -objeto él indignado, caminando rápidamente con Serena hacia un auto.
–Este saco está demasiado pesado, de qué demonios está hecho no podrías vestir con ropa menos...
–¿A dónde demonios crees que llevas a esa mujer Zafiro? - dijo una voz a sus espaldas.
inmediatamente ambos se congelaron ante la premisa de gente inesperada a sus espaldas.
–Diamante dijo que la lleváramos con la gente de Chiba no encuentro el inconveniente-dijo el, poniendo a Serena detrás suyo, dándole un arma sigilosamente, mientras que tomaba la suya del otro bolsillo.
–Que conveniente es traerla por la salida de Diamante ¿no te parece?
Solo bastaron unos segundos para que ambos sacarán sus armas para apuntarse.
–Es tu hermano. -afirmo.
–Mato a mi padre. -repuso con desdén.
–Deja esa arma y entrégame a la mujer, no le diré nada de lo ocurrido a tu hermano es lo más que puedo hacer ¡pero tienes que hacerlo ahora mismo!
Zafiro no respondió a sus exigencias y se limitó a dispararle, al tiempo en que su rival lo hacía del mismo modo, pero a diferencia del pelinegro, Kunzite no logro apuntar hacía un lugar crítico.
–¡Zafiro! -grito Serena al percatarse que estaba levemente herido.
–Se necesita más de un tiro para acabar conmigo, ¡corre a la salida! -apremio él sin contar los dos hombres ya se encontraban presenciando la escena.
–Sabes si alguien me hubiera dicho que tú me traicionarías le hubiera cortado la lengua en ese mismo momento, pero viendo a Kunzite con un tiro en la garganta me doy cuenta que si eras capaz de ello.
–Mataste a nuestro padre.
–Yo no lo mate idiota, Su enfermedad lo hizo.
–Manipulaste sus exámenes médicos y el solo supo de su estado cuando era demasiado tarde, cuando ya estaba envenenado gracias a ti ¿cómo le llamarías a eso? eres aún más repugnante que yo.-contesto intentando frenar el sangrado de su estómago con su camisa.
–Sabes no tengo tiempo de estar charlando contigo temas familiares, Rubeus quédate vigilando hasta que se desangre y tú ojo de pez trae a Chiba fuera de mi casa no quiero que ensucien mis paredes con su repugnante sangre y que sea rápido, no confío en las habilidades de tu hermano en el proceso de retenerlo por mucho tiempo.
–Por supuesto - respondió el.
–Querida esperaba que las cosas fueran mucho mas agradables, pero tu salvador planea darme la estocada antes de que yo lo haga- comento el, corriendo a grandes zancadas tras Serena que no opuso resistencia alguna, puesto que esperaba el momento adecuado para revelar su arma.
–Deberías apresurarte en matarme. -contesto balbuceante.
–Veo que lo retuviste con éxito muchacho, sigue así y serás debidamente recompensado.
El temeroso hombre, bajo la mirada caminando tambaleante, frotándose las manos ante el frio poco misericordioso de la sierra madre occidental.
–Sera mejor que te prepares para el corte, si es que no quieres verla muerta – advirtió.
–Ojo de pez hazle un corte en el pulgar, es hora de que me regrese lo que me pertenece-asevero, jugueteando con una navaja en el fino cuello de la rubia.
Darien observo la escena sin poder ocultar la furia que lo embargaba, ni siquiera fue consciente del corte que habían hecho en su mano hasta que guiaron su mano hacia el papel que significaba su muerte. La sangre aun no secaba, pero su oponente reía de júbilo.
Diamante alzo la voz y exclamo:
–Basta de estupideces, aunque disfrute el verte derrotado disfrutaré aún más el verte suplicando.
Acto seguido, abrió un ligero corte en el cuello de Serena.
–¡Arrodíllate! Suplícame tal y como yo lo hice hace años.
Darien ni siquiera pudo pensar en las alternativas, inclino lentamente una rodilla sin apartar la mirada del afilado cuchillo que se encontraba en la garganta de ella, y justo cuando su rodilla derecha se inclinaba un disparo preciso derribo el filo de la navaja al mismo tiempo en que un aullido de dolor resonó como eco por la extensión de montañas que se encontraban a su alrededor.
Entre disparos y destellos luminosos Darien pudo percibir como Serena se arrastraba por el suelo esquivando los imprecisos tiros por parte del platinado debido a que su mano derecha estaba completamente destrozada y los disparos que acometía eran con su mano izquierda.
El sequito de Diamante se encontraba completamente distraídos ante los embates de sus oponentes que los acribillaban certeramente.
-¡Darien!-grito Malachite lanzando un arma por el suelo al pelinegro que la tomo rápidamente.
Diamante se volvió y levanto la vista hacia donde creía se encontraba la rubia topándose con la vertiginosa realidad de su huida hacia el extenso bosque que se alzaba frente sus ojos.
Entre cuerpos que corrían y caian sin vida, Darien esquivo otra de las tantas balas y se tiro a tierra para intentar alcanzar a Diamante, pero aun con todos sus esfuerzos el sonido de un arma descargándose lleno el bosque.
Inspiro hondo y se obligo a tranquilizarse, corto cartucho rápidamente pero su vista se nublo al ver que Serena se encontraba tirada sobre un charco de sangre.
Entonces olvido por completo uno de los principios primordiales.
Cuida aún más tu espalda que lo que tienes por delante
Un dolor le estallo en el pecho, recorriendo su brazo por completo, logrando que su arma cayera. El nervioso muchacho había dado en el blanco.
En el rostro de Diamante se dibujó una tétrica sonrisa, como si aun no se creyera que Darien hubiese sido tan descuidado.
Aun con la sangre revoloteando, pudo ver por el rabillo del ojo como algo se movía, la idea de lograr recaudar tiempo hasta que Malachite llegara apareció en su mente, motivándolo a caminar hasta donde Serena yacía.
-Muy bien muchacho no le propinaste la muerte, pero tampoco lo dejaste muy lejos de ella es tan gratificante ver como la sangre se esparce ante cada uno de sus pasos– dijo con regocijo.
Darien logro llegar hasta donde se encontraba Serena tendiéndose junto a ella y para su sorpresa ver cómo le extendía un pequeño revolver por debajo de su abrigo, escucho con cautela como Su adversario cortaba cartucho.
–Tal vez falle algunos tiros, pero créeme que lograre acertar alguno.
Y sin ningún preámbulo el moreno disparo con la destreza que lo caracterizaba, al tiempo en que su oponente también lo hacía.
El hombre cayo estrepitosamente cuando la bala impacto entre en medio de sus cejas, y tan solo en ese momento Darien saco el aire de sus pulmones. En ese momento sintió su segunda herida, profunda en su costado. El inminente dolor logro que se doblase, derrumbándose casi al mismo tiempo en que Serena se acercó hasta él.
El combate entre los demás hombres termino. El resto de los hombres victoriosos se reunieron cerca de la escena comprendiendo lo que había ocurrido.
–¡Mírame! -demando con desesperación, sosteniendo sus rostro entre sus manos, sin obtener que este hiciera caso de sus demandas.
–Estas bien-dijo en apenas un murmuro audible, abriendo un poco sus ojos para extender una mano hacia el rostro de ella.
–No era mi Sangre, el abrigo que Zafiro me dio era un chaleco blindado y al parecer tenía bolsas con sangre dentro-contesto intentando sonreírle.
–Muy ingenioso, resulto un hombre de palabra.
–Tu... tú también tienes que serlo prometiste que te casarías conmigo- dijo ella de pronto sorbiéndose la nariz y con su propia ropa intentar parar el frentico sangrado.
–Solo lo hare si prometes volver a ser la Serena de antes.- contesto con arrojo, enrollando un dedo entre sus cabellos.
–La Serena de antes y de hoy te siguen amando-afirmo sollozando.
–En ese caso será en otoño -replico, con una media sonrisa.
–Iremos a nuestra luna de miel en tu Mustang negro que tanto te gusta, veras que será fantástico, Endimion vera el paisaje y haremos un pícnic a la orilla del mar.
–Así será coneja. -rebatió sabiendo que aquello era tan solo un hermoso sueño que lo acompañaría hasta las puertas de la muerte.
Su mano cayo inmóvil sobre el regazo de la rubia que gritaba suplicando ayuda, con la voz rota.
Zafiro observo la escena, contemplando los daños de los cuales su hermano era el causante, igual que en la anterior vida.
Dos almas que están destinadas a ser, pero sus caminos se desviaban.
¿Fin?
Clara:si con el anterior te quedaste de piedra ¿Qué tal este? En verdad me pareciste conocida no se por que Saludos!
