Mi fan #1


RECORDATORIO: La serie "Sólo Un Vistazo" ya tiene obra propia. Para seguir leyendo los demás capítulos, favor de visitar mi perfil y encontrarla ahí.


—Buenas noches a todos.

La multitud siguió en lo suyo, lo cual era beber. Beber, hablar y reír, beber, hablar y reír; un círculo de vicio que el bar "La Gata" pedía de forma casi exclusiva en sus clientes. Aquel diminuto escenario y el chico demoledoramente guapo arriba de él eran un misterio.

—Esta canción la quiero dedicar a…—se lamió los labios—, a todos aquellos que prefieran los finales inmediatos y misericordiosos antes que las amistades largas y malintencionadas.

Tomó su guitarra y se aclaró la garganta antes de comenzar.

El rasgueo de las cuerdas, aunque fue una breve caricia al principio, iba elevándose, nota tras nota, insoportablemente triste, imposiblemente bello. Su voz, ronca y varonil, también era cálida y frágil, como si fuera capaz de emitir una suave melodía de cuna, y al mismo tiempo entregarse de lleno a un concierto de rock. Ambas cosas tan distintas componían perfectamente un todo.

Peter no sabía mucho de música, pero reconocía lo espectacular cuando se daba de bruces con ello.

Demasiada emoción, pensó. Demasiado talento. Aunque Peter no supiera mucho de talento, pues a él solo se le daba multiplicar números como una calculadora, sabía que el talento no le hacía falta a ese chico. Al igual que la belleza. Aunque Peter no fuera particularmente atractivo, sabía que ese chico, tan sólo algunos años mayor, arrancaría más de una mirada con aquella camisa de color negro y esos pantalones ajustados.

Era como un regalo de los dioses. Era como una oda al erotismo y el buen gusto. Era…

—Vas a mojar tus pantalones, Parker —oyó que Michelle murmuraba. Pero Peter no desvió ni su vista ni su atención de aquel descubrimiento.

También sabía, como todo lo demás, que aunque había sido forzado para ir a un bar el jueves por la noche, y que tenía universidad al día siguiente, y que el aroma a alcohol, el humo de los cigarrillos y las luces estrambóticas no iban con él en absoluto, Peter supo, en sus entrañas, que volvería.

Cuando la voz del muchacho culminó con una perfecta nota, inclinó la cabeza a modo de agradecimiento y salió del escenario dejando tras de sí un océano de aplausos. Peter notó que se había ido sin presentarse.

—Se llama Tony Stark —dijo Michelle, apagando su cigarro en el cenicero.

Por primera vez desde que empezó la canción, sus ojos abandonaron el escenario para llegar a la mesa donde estaba sentado con su amiga.

—¿Cómo lo sabes?

Ella señaló la pizarra de la puerta.

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Presentando hoy al nuevo cantante: Tony Stark.

—Oh.

—¿Piensas ir a por él?

Peter hizo lo que siempre hacía cuando Michelle le sugería hablarle a un chico lindo. Puso una expresión contrariada, como si ella hubiera dicho algo insensato y ridículo.

—De ninguna manera —dijo resoplando de risa.

—Cobarde —Michelle le dio un trago a su cerveza.

—Prefiero la palabra realista. Es demasiado atractivo para salir conmigo.

—Idiota. ¿Cuándo te vas a dar cuenta de tu potencial? Si yo fuera hetero saldría contigo.

—No podrías, porque haría falta que yo encontrase mi heterosexualidad perdida, y te aseguro que no la veo desde hace años.

Ambos hicieron chocar sus vasos.

—Además, —prosiguió Peter, estudiando el contenido de su bebida— probablemente él es hetero.

—No lo sabes.

—No, pero tienes que reconocer que tengo muy mala suerte.

—Te reconozco que es muy guapo —dijo Michelle—. Tan guapo que despista, el tipo de belleza que hace que los ojos te den vueltas y te entren ganas de recalcar lo obvio. «Sabes que eres guapísimo, ¿verdad?», para poder seguir con la conversación.

—Mmmhh —asintió Peter energéticamente mientras le daba un sorbo a su piña colada.

—Pero no lo veas como algún misterioso ente sexy que calienta con la misma intensidad de mil soles; velo como un ser humano. ¿Notaste lo nervioso que se puso cuando subió al escenario?

No, en realidad Peter no cayó en ese detalle. Había estado tan hipnotizado por su figura y luego por su música que apenas notó casi nada más.

—Seguro que si vas y le dices lo bien que tocó la guitarra, se mostrará agradecido. E incluso podrían iniciar una conversación… ya sabes, lo que la gente normal hace cuando se gustan.

—Me lo pensaré.

—Eso es lo que dices cuando quieres que cierre la boca —objetó ella.

—Puede ser.

—Dame una buena razón para no hacerlo.

—¿Por qué no me das tú una razón y yo te diré si es buena?

—¿Qué?

—Suena más difícil de lo que parece, ¿verdad?

—Oh, dios —Michelle se cubrió la frente con la mano—. Eres un cobarde, un idiota y un necio. ¿Qué es lo peor que podría pasar?

—Podría escucharme hablar y darse cuenta de lo torpe que soy.

—Algunos encuentran eso una cualidad encantadora. No me preguntes por qué.

Con una media sonrisa, Peter miró el escenario y sus alrededores. Aún no había signo de Tony Stark. Quizá no había necesidad de elegir entre balbucear delante del chico asombrosamente guapo y esconderse cuando saliera. Quizá ya se había ido por alguna puerta trasera. Michelle también volteó la cabeza para inspeccionar el parámetro.

—Tal vez esté en el baño —murmuró.

—No lo sé, Michelle. Es decir… ¿Qué tal si por algún milagro del cielo las cosas salen bien y me invita a otro lugar? Aparte de que te dejaría sola, me estaría desvelando. Mañana tengo universidad y me tengo que levantar temprano y…

—¿Me estás diciendo que prefieres levantarte temprano que echarte un buen polvo?

Las orejas de Peter enrojecieron.

—No hablaba de…

—Oh, perdón, señorito virginal. ¿Te referías a ir por un helado?

—Deja de hacerme bullying o dejaré de escucharte.

—Nunca me escuchas. Así que no. ¡Mira, ahí está!

El corazón de Peter dio un vuelco. Sí, ahí estaba. Todo gallardo y apuesto, con la guitarra metida en su carcasa negra y cruzada sobre la espalda, como si fuera un arma de guerra, como si fuera un valiente caballero de armadura brillante. Okey, Peter era propenso a las fantasías absurdas, lo cual le hacía parecer torpe e incómodo cuando hablaba con algún chico de su agrado. No podía evitarlo. Su cerebro eructaba pensamientos inapropiados en los momentos más inoportunos. Gases mentales que no conseguía controlar.

Michelle intentaba darle ánimos siempre que ella observaba que alguien le llamaba la atención, lo cual no sucedía a menudo, pues él prefería encerrarse dentro de cuatro paredes para estudiar ingeniería química. Por eso estaban ahí, ahora, rodeados de una multitud que lo hacía sentirse pegajoso y ante la presencia inalcanzable del hombre más divino que jamás hubiera visto Peter.

—Me lo vas a agradecer algún día.

Ella se levantó tan rápido que hizo mover la mesa, y luego recogió la mano de Peter para obligarlo a seguirla.

—¡No! ¡No, no, no, Michelle!

—Sólo di: Me gustó tu presentación. Eres muy bueno. Y deja que las cosas fluyan.

Para alguien de su complexión, Michelle era anormalmente fuerte. Consiguió arrastrar a Peter a través del bar, colocarlo en frente de la barra, donde estaba Tony, y empujarlo por la espalda.

Tal vez fuera la insistencia de su mejor amiga, la adrenalina corriendo por su cuerpo o la locura dominando su sentido común, pero Peter no se detuvo. Un arrebato de coraje lo embargó y decidió al menos decirle lo que Michelle le sugirió que dijera. Ya de ahí en más, que fuera lo que dios quiera.

En un espejo situado en la pared de la barra, vio su reflejo: pequeño, pálido y con los ojos abiertos como platos. Luego vio a Tony, atractivo, natural cuando platicaba con el bartender, ordenando un trago seguramente. Peter apostaría a que era un joven amigable, culto y de mucha inteligencia, pero sin rayar en lo paternalista. Apostaría que sabía mucho de música y que incluso podría sacar a Peter de muchas ignorancias. Quizá podría enseñarle a tocar la guitarra, y claro, Peter no sería tan bueno, pero al menos podrían tocar juntos alguna melodía sencilla. Quizá Peter podría enseñarle sobre películas viejas y leerían libros en su habitación, como aquellas parejas con hobbies salidos fuera de la norma. Y a la larga –dentro de un año quizá– se convertirían en rituales de convivencia, algo así como la lectura postsexo, o la música durante el sexo. En aquel momento se frenó. Terrible. Si él supiera que ya estaba pensando en dentro de un año, saldría corriendo y Peter se sentiría obligado a aplaudirle por ello.

Entonces, a tres pasos de llegar a su destino, dio media vuelta y se largó de allí a grandes zancadas.

Los hombros de Michelle se encogieron de decepción cuando lo vio regresar.

—¿Qué pasó?

—Perdón, entré en pánico.

—Maldito seas, Parker. No nos iremos de aquí hasta que le digas un miserable "hola".

—Me temo que eso podría tomar toda la noche.

—Vamos —ella hizo ademán de jalonearlo otra vez.

—No, Michelle, no tiene caso —rezongó Peter tratando de frenarla—. Mira, ya lo abordaron. Es el fin. Llegué muy tarde.

—Tienes razón, llegaste tarde. Está por ahí hablando con unas chicas feas embarradas de bótox—exclamó con un tono demasiado dramático—. He dicho vamos.

Pero resultó que el plan de Michelle tenía fallas.

No era fácil acercarse cuando otro grupito de fanáticas ya se había arremolinado a su alrededor, como si estuvieran compitiendo por quién lanzaba el mejor cumplido del milenio. Dos de ellas —esbeltas, rubias y bronceadas— rivalizaban por el papel principal, y las demás se habían resignado alegremente a ser las comparsas. También había un grupo de chicos escandalosos menores de edad (que ni siquiera deberían estar allí), empeñados todos ellos en hacerse oír por encima de las demás, a la vez que escribían mensajes en el teléfono; esa clase de personas que hacen gala de una desconcertante energía, una muestra tal de vigor juvenil que uno acaba preguntándose si es que pretenden restregártelo por la cara.

Peter no estaba hecho para avanzar entre las multitudes y hacerse notar. Era el fin.

—No puede ser el fin —dijo Michelle, aunque ya habían regresado a sus lugares—. En algún momento tiene que quedarse solo.

Pero Peter ya no estaba tan seguro de querer hablar con el músico (nunca lo estuvo), y ahora que había fracasado estrepitosamente la primera vez, y que se le habían adelantado una horda de bellas parvadas con pintura en las caras y tatuajes por los ombligos, a Peter ya no le quedaban ganas de poner en práctica sus vergonzosos dotes de seducción.

¿Aquello lo detuvo de ir al "La Gata" la siguiente semana? No.

Sin falta de honor, se mantuvo presente en la siguiente presentación. Y en la siguiente. Y en la siguiente.

Aunque nunca se había considerado terriblemente romántico, siempre había imaginado cómo sería estar enamorado. Sus sueños siempre habían plagado el concepto que tenía del amor y, aunque no lo conocía realmente, Tony llenaba sus pensamientos constantemente. El sólo hecho de saber que él estaría allí, hacía que deseara regresar a toda velocidad al bar. No importaba que tuviera universidad por la mañana, no importaba que dejara una pila de tareas pendientes.

Tony Stark ocupaba un lugar prominente en su cerebro. Y, de acuerdo, ¿por qué no? en su polla.

Sus canciones, cánticos de otro mundo, también eran ostentosamente seductoras. Hablaban de la belleza, del olvido, de la sensualidad de un amante, del miedo, pero también de banalidades como su pan tostado quemado, los colores de su habitación y los desastres que provocaron sus mascotas. Todo ello, sumándole a su aspecto físico, daba entender que Tony era un chico anticuado, romántico, pero con un valeroso sentido del humor. Y sí, eso era extremadamente caliente.

Desgraciadamente, Peter no había sido el único que se había dado cuenta de aquel detalle.

El club de fans ya había abierto página oficial, y Peter no formaba entre sus miembros honorarios. La página, al igual que sus acérrimos seguidores, se encargaban de promocionar a Tony y, por consiguiente, al bar, donde no tardó en llenarse tras cada noche de presentación.

Peter estaba seguro de que no había una sola persona que no quedase impresionada por Tony Stark y su talento. Pero no lo consolaba el hecho de saber que él era simplemente uno más en una larga y variada lista.

—Te quiero, Peter, pero a veces también quiero estrangularte —le dijo Michelle una noche en la que lo había acompañado a "La Gata"—. No haces más que lamentarte por no poder hablar con el musiquillo ese. ¿Quieres quedarte sentado compadeciéndote? ¿Quieres que tu depresión se acentúe todavía más y te provoque úlceras en el estómago y pupas en la boca? Las primeras no son nada agradables y las segundas te dan un aspecto horroroso.

—Deja de darme lata, Mi.

—Deja de actuar como alma en pena.

No estaba actuando como alma en pena, creía Peter. Sólo porque nunca faltaba a un repertorio y porque se quedaba contemplando a Tony desde atrás y… okey, veía su punto.

—Sé que no lo entiendes —le dijo a Michelle—. Pero a algunas personas se nos hace difícil conseguir hablarle a otro ser humano, sin importar el nivel de atractivo que posee. Contigo lo logré porque difícilmente eres un ser humano. Pero sinceramente creo que soy más feliz observando y escuchando a Tony bajo cierto anonimato. No estoy listo para tener novio.

—Peter Parker, a mí no me engañas.

Nunca conseguí engañarla, pensó Peter.

—Te mueres de ganas por hablarle. Pero crees que no eres suficiente buen partido y te da miedo hacer el ridículo delante de alguien que te gusta. Quítatelo de la cabeza, cariño. Y si no puedes con esa inseguridad tuya, al menos quítate a Tony de la cabeza.

Tenía razón, por supuesto. Michelle era tan lógica y él tan emocional. Ella siempre decía que, si Peter llegaba a salir con alguien, tendría que ser un chico que supiera balancear ambos aspectos para que la cosa pudiera funcionar. Tony era artista... Se supone que eso era un lado emocional de la esencia humana, ¿no? Quién sabe si también albergara la parte lógica. Aunque, aparentemente, debido a la complejidad de la música, el cerebro tenía que poner en funcionamiento ciertas áreas del aparato nervioso, y por lo tanto… Bien, estaba desvariando otra vez.

Decidió escuchar la nueva canción de Tony, deleitarse los oídos, y no pensar demasiado aquella noche. Cuando terminó el espectáculo (casi hizo derramar lágrimas a más de uno), un par de chicas guapas no tardaron en deshacerse de halagos con él, tratando de ligar.

Y todo lo que Michelle podía hacer dado ese punto era bufar y sacudir la cabeza negativamente. Peter no quería tomar riendas de su amor platónico y era probable que nunca lo hiciera. Tampoco se veía capaz de renunciar a él.

Los meses cambiaron. Las presentaciones de Tony en el bar fueron celebradas religiosamente cada semana, en las cuales, Peter asistió a todas ellas. Los días eran largos y precisos hasta que de repente se estamparon contra un muro.

Por medio de redes sociales, se enteró que Tony Stark iba a dar su último concierto en "La Gata".

Aparentemente, con el dinero recaudado en el bar, Tony había logrado asegurar un contrato en otro establecimiento, mucho más grande, y con miembros de una banda incluidos. Tony sería la voz cantante y la guitarra principal del grupo. No le sorprendería a nadie si de pronto comenzaba a grabar algún disco próximamente y se hacía con un montón de fama.

Peter estaba feliz por su éxito, pero también algo triste. Se había dicho a sí mismo que, mientras Tony siguiera recurriendo el bar, él también lo haría, puesto que se le dificultaba cesar su costumbre. "La Gata" le quedaba a diez minutos de su apartamento y todavía no encontraba el valor para hablarle. Pero ahora que Tony se marchaba, Peter no iría tras de él. Era hora de avanzar.

La noche llegó.

Tony Stark daría su última canción en La Gata.

Las luces tenues que rodeaban el escenario con un halo de misterio se enfocaron en el guitarrista sentado en la silla. Desbordaba sensualidad como siempre, pero más que nada, desbordaba seriedad. Iba vestido con una sencilla camiseta negra con el cuello en forma de "v" y unos pantalones de mezclilla. Su cabello, normalmente desarreglado, estaba cuidadosamente peinado hacia atrás. Se veía maduro y profesional.

—Buenas noches a todos —una oleada de silbidos y «wuuus» le respondieron—. Gracias por su increíble apoyo a lo largo de mi estadía en "La Gata". Ninguna de las cosas que me han pasado desde mi primera noche habrían pasado si no fuera por ustedes —se oyó un rumor enternecido por parte de la audiencia—. Esta canción la quiero dedicar a… —hizo el usual gesto de pasarse la lengua por los labios antes de continuar—, a mi fan número uno.

Sujetó la guitarra y empezó a cantar.

Asombrado y ligeramente celoso por aquella declaración, Peter observó sin disimulo a los demás mientras Tony tocaba su canción. Las groupies estaban boquiabiertas. Los chicos se miraban entre sí. Al parecer nadie sabía a quién se había referido antes.

Evitó fijarse en Michelle, aunque podía sentir su mirada de pena y cierto hastío sobre él. Si hubiera hecho un movimiento, si hubiera actuado, si hubiera tenido las agallas, etc. etc. Prácticamente escuchaba su voz dentro de su cabeza.

La canción era hermosa, por supuesto. Peter se limitaba a escucharla, fascinado por sus movimientos y por la cadencia musical que la pasión imprimía a su voz. Le letra trataba de un amor lejano, casi inexistente, que ansiaba llegar a ver algún día. Era algo triste, pero extrañamente optimista. Era vivo.

Cerró los ojos mientras sentía aquella melodía estrechándose contra él, sin ser consciente de que las lágrimas habían comenzado ya a deslizarse por sus mejillas. Cuando la música cesó, abrió los ojos y miró a su alrededor. Había más de uno llorando. Demonios, si Tony Stark no triunfaba en el ámbito musical, entonces Peter no volvería a escuchar otra música, como símbolo de protesta.

El usual oceánico sonido de aplausos embargó el establecimiento, y Tony inclinó la cabeza para despedirse.

—Espera, espera, espera un momento —Peter reconoció al dueño del bar. En ocasiones presentaba a los músicos que interpretaban en su escenario—. Tony, Tony, Tony no puedes irte así —envolvió sus largos brazos como de tentáculo alrededor de la espalda del muchacho, impidiéndole salir del escenario—. Esa canción fue increíble. ¿Quieres decirnos a quién está dedicada?

—Ya lo dije —respondió Tony con calma sobre el micrófono que el hombre le acercó.

—Sí, lo sé —la sonrisa del hombre se ensanchó, regresando el micrófono hacia él—, y por bastante revelador que haya sido, creo que hablo por parte de todos tus fans, cuando digo que deberíamos saber más acerca de…este fan particular tuyo. ¿Se encuentra aquí esta noche?

—Sí, aquí está —dijo sonriendo. Unas risitas de fondo se escucharon a lo largo del bar.

—Divino. ¿Cómo se llama?

—No tengo idea. Nunca ha hablado conmigo.

Diversas exclamaciones de sorpresa rondaron por el aire.

—Vaya —dijo el dueño arqueando una ceja—. Y si nunca ha hablado contigo, ¿cómo sabes que es tu fan número uno?

—Oh, sólo lo sé. Siempre está aquí desde la primera noche que yo estuve aquí. Siempre me observa. Pero por alguna razón, no se anima a hablarme.

—¡No puedo imaginarme por qué! —bromeó el hombre—. Pareces tan accesible al público. Siempre rodeado de personas que quieren tu autógrafo o tomarse una foto, ¡y ni siquiera eres propiamente famoso! Pero dime —frunció ligeramente el entrecejo, como si estuviera volviendo a lo serio—, ¿por qué le dedicaste una canción a alguien que no conoces?

—¿No es obvio? —rio Tony—. ¡Para que espabile, por supuesto! Yo me hubiera acercado a él muchísimo antes para invitarlo a salir, pero me daba curiosidad si algún día él se atrevería primero. Espero que, después de esta noche, consiga por lo menos dirigirme la palabra.

—Lo siento, lo siento, lo siento, pero…corrígeme si me equivoco… ¿has dicho "él"? ¿Estamos hablando de un chico?

Tony sonrió, mostrando todos los dientes.

—¿Parezco como alguien que estaría interesado en mujeres? No, viejo, claro que es un chico. Y uno muy tímido, me atrevo a añadir. Y lindo.

Los ojos del dueño se abrieron como platos y emitió un soplido sobre el micrófono.

—Golpe duro para las damas. Pero una esperanza para los jóvenes. ¡Hey, tú! ¡Fan número uno de Tony Stark! Si no te acercas a él esta noche, alguien más lo hará. ¡Alguien como yo! —graznó haciendo una pose ridícula.

Varias carcajadas se oyeron por lo alto. Incluso Tony se puso a reír y a contestar:

—Lo siento, no eres mi tipo, Charles.

—Demonios. No soy el tipo de Tony Stark. Le gustan los tímidos —decía con tono ofendido.

Luego de algunas bromas, ambos bajaron del escenario, dando inicio a una música de rock por las bocinas.

Los oídos de Peter todavía zumbaban cuando Michelle lo aferró por los brazos, con sus ojos oscuros brillando por el entusiasmo y el vino barato, y habló arrastrando mucho las eses.

—Si no vas y le hablas por voluntad propia, me veré obligada a dar un espectáculo al llevarte sobre los hombros. Tú eliges.

—¿Qué?

—¡Oh, vamos, Peter! ¡Despierta! ¡Estaba hablando de ti!

—No. No puede ser. Tiene que ser alguien más. No puedo ser yo —Era más fácil negarlo que escuchar los latidos retumbando en su pecho.

—Nunca lo sabrás si no vas y le hablas, ¿verdad? —razonó ella—. Tienes que tomar este riesgo. Soy tu mejor amiga. Lo que significa que voy a martirizarte hasta que pares el trasero y te pongas a luchar por lo que quieres.

Arrastró a un atónito Peter hasta detrás de bambalinas, donde se había esfumado Tony. Allí mantenían cosas de luz, producción y algunas sillas extras para cuando el bar estuviera muy lleno.

—Michelle, no puedo…—gimoteó Peter con los nervios a flor de piel. Estaba desarreglado, completamente horripilante. Aquella camisa de Star Wars que usaba lo ponía en evidencia como el nerd ordinario que era, y aquel suéter de cuadritos tan anticuado y sus tenis blancos que ya no eran blancos y su aliento a piña colada y su cabello…

—Sí puedes y lo harás —replicó ella firmemente—. De todas formas, aquí te espera mi hombro para que puedas recargarte y llorar. Pero primero inténtalo.

El pánico inicial se convirtió en metódica decisión. Peter abrió la puerta del backstage; un pequeño rincón apretujado con varias cosas encima de más cosas. Ahí estaba Tony. Lo recibió con una sonrisa, pero un segundo después con una expresión confundida.

—Hola. ¿Puedo ayudarte en algo?

Oh, no. Se había equivocado. Lo había estropeado. Se había puesto en ridículo para nada. Oh, dios. Oh dios, oh dios, oh dios, oh dios…

Tony estalló en risa.

—Hahaha. ¡Tu cara! Tienes una mirada de acorralado. Como si estuvieras a punto de escapar —rio un poco más y luego dejó la guitarra en su carcaza para cerrar la puerta detrás de Peter—. ¿Pensaste que te habías equivocado?

Peter, que ya estaba predispuesto a ceder ante el pánico, notó que se le enrollaba la lengua en su boca y que el corazón le daba varios vuelcos.

—Um…yo, yo, um…

—Porque estaba hablando de ti —afirmó Tony sin rodeos—. Esperaba que hubieras pillado la indirecta. Fue divertido mirarte mirándome en tu asiento todo asustado por semanas, pero…—dio un suspiro y negó con la cabeza—. La diversión tiene sus límites. ¿Quieres salir conmigo?

Por un momento, dos tal vez, para Peter el mundo dejó de girar. El bar quedó sumido en un silencio sepulcral.

—Qui-quier…um… ¿Tú quieres salir conmigo?

—Yo te pregunté primero —dijo Tony sin haber entendido.

—No. Um. Es decir... —Sentía un bochorno temible subiendo por su espina dorsal hasta su rostro. ¿Cómo se había convencido de que aquello era una buena idea?—. Tú…ni siquiera sabes…no me conoces.

—Eso se puede solucionar fácilmente. ¿Cuál es tu nombre?

—Peter.

—Peter…

—¡Oh! Um…—rio como idiota unos segundos antes de completar la oración—. Peter Parker.

Por primera vez, Peter se dio cuenta de que a sus mejillas se le formaban hoyuelos cuando sonreía. Tony guardó silencio al contemplarlo.

—¿Por qué quieres salir conmigo? —volvió a preguntar Peter—. ¿Por qué quieres conocerme?

—¿Es tan difícil de creer?

—Bueno…

—Peter Parker, hay algo que deberías saber.

Que estaba casado, que lo buscaban las autoridades federales, que en el sexo prefería el sufrimiento físico.

—¿Qué, um, qué, de qué se trata?

Tony se inclinó hacia delante, rozándole la oreja con su aliento.

—Realmente me gustas —murmuró—. Por eso quiero salir contigo. Y conocerte tanto como pueda.

Rojo hasta sus cimientos, Peter logró balbucear una serie de frases incompletas. Eso hizo reír a Tony.

—Eres tan lindo cuando te pones nervioso.

Todavía riendo, ahogó con la boca su ininteligible respuesta.

FIN