Hola n.n Aquí va el siguiente capítulo, compensando el anterior que fue bastante corto. Creo que es uno de mis favoritos hasta el momento 7u7
PROGRAMA DE MANEJO DE LA IRA
Capítulo 16: Confesiones y un poco de sake.
Las gotas de lluvia empezaron a golpear suavemente las ventanas. Orihime estaba sentada en la mesa de la cocina con los brazos cruzados y la cabeza recargada, pensando en todo lo que había pasado en casa de Kurosaki. Estaba muy avergonzada y no tenía idea de qué hacer para arreglarlo. Seguramente el pelirrojo no querría verla de nuevo, mucho menos después de haber llevado a Grimmjow para que empeorara todo. Sonrió con nostalgia al recordar aquel día en Hueco Mundo cuando la rescató, cuando no le importó enfrentarse a todos los Espadas, Arrancar y al Aizen mismo, ocasionando la pérdida de sus poderes. Algunas veces deseaba que todo fuera como antes, cuando ninguno tenía poderes extrahumanos y la vida era más sencilla, aburrida, pero sencilla. Antes de saber siquiera de la existencia de la Sociedad de Almas, Hueco Mundo, los hollows y los shinigamis. Pero en ese caso...Rukia Kuchiki jamás habría aparecido en sus vidas. Tal vez entonces Kurosaki sería…
Orihime sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos. No era correcto que estuviera dándole vueltas a eso, mucho menos a insinuar que Rukia había llegado a interponerse entre ellos dos. Sí, Ichigo la apreciaba mucho, pero también a la morena, y no sabía realmente si sentía algo por alguna de las dos. Era lógico suponer que la shinigami llevaba las de ganar, era más inteligente, fuerte, valiente…
La puerta de la casa se abrió y Orihime se sobresaltó por el ruido. Ahí estaba Grimmjow parado, empapado de pies a cabeza. Le lanzó una rápida mirada y sin decirle nada cerró la puerta y fue directo al baño por una toalla para secarse.
Orihime quería preguntarle en dónde había estado, pero no se atrevía. ¿Realmente le importaba o sólo buscaba un tema de conversación?
–Estaba en el parque, por si te lo estabas preguntando –espetó Grimmjow. Se acercó a la mesa y se sentó frente a ella.
–Deberías darte un baño, puedes resfriarte.
–Encontré un gato y lo seguí hasta que se subió a una azotea. De haber tenido mis poderes no habría tenido problema en seguirlo –prosiguió Grimmjow como si no la hubiera escuchado, o como si no le importara.
Orihime no sabía a qué venía la anécdota del gato, pero reparó en que Grimmjow tenía el ojo morado, al igual que la mandíbula. La mano derecha también estaba enrojecida e hinchada y recordó que había golpeado el Santen Kesshun.
Activó el escudo sanador y la luz amarilla brillante rodeó a Grimmjow.
–¿Qué haces? –preguntó Grimmjow al ver el Soten Kisshun. Había olvidado la calidez que sintió la primera vez que Orihime lo usó con él para restaurar su brazo izquierdo. Un minuto más tarde sus moretones se habían esfumado y su mano estaba curada. Se sentía como nuevo.
–Deberías dejar de hacer cosas con mi cuerpo sin preguntarme –exclamó Grimmjow.
–Un "gracias" habría sido suficiente, Grimmjow.
Grimmjow sonrió de lado y negó con la cabeza. Orihime sabía que el Espada no agradecía con palabras, sino con acciones.
–Seguramente Kurosaki lo necesita más que yo –exclamó Grimmjow tanteando el terreno.
Orihime se encogió de hombros, sabía que Grimmjow buscaba una excusa para mencionar a Kurosaki, probablemente para iniciar una discusión, pero no estaba de humor para eso.
–El papá de Kurosaki es doctor, estoy segura que estará bien.
Hubo un momento de silencio. Orihime miraba la ventana y Grimmjow la miraba a ella, cada rasgo de su cara, los ojos grises entrecerrados, como tristes, los labios tensos en una línea.
–Lo lamento.
Orihime levantó la cabeza. ¿Había escuchado bien?
–¿Qué dijiste?
–Dije que lo lamento –repitió Grimmjow–. No debí haber peleado con Kurosaki. O mejor dicho, no debí arrastrarte a nuestra pelea. Hablaba en serio cuando dije que era inevitable, pero aun así…te involucré sin pensarlo.
Orihime no respondió. Simplemente asintió y volvió a recargar la cabeza en sus brazos.
–Ya no importa. Eso no cambia nada.
–¿A qué te refieres? –preguntó Grimmjow sin comprender.
–¿Qué más da si peleaste con él? Sé muy bien que no tiene nada que ver conmigo. Si reaccionó de esa forma no fue por celos, sino porque lo ofendiste o porque tenían una cuenta pendiente, ¿qué se yo?
–Te equivocas. La razón por la que peleamos es porque yo sé que hay algo entre ustedes dos, así como Kurosaki sabe que hay algo entre nosotros dos. No es idiota.
–¿De qué hablas?
–Kurosaki es un estirado. No quiere pelear conmigo, ni con nadie, sólo lo hace cuando sus amigos están en peligro y no tiene otra opción. Lo de hoy fue diferente.
–No entiendo.
–Recuerdo una vez en Hueco Mundo cuando dos adjucas estaban peleando por devorar a un hollow menor. No era nada personal, simplemente querían ver quién de los dos se quedaría con el trozo de carne.
Orihime lo miró pensando que se había vuelto loco.
–Me refiero a que tú eres ese hollow y Kurosaki y yo somos los adjucas.
–No es una muy buena alegoría. No soy un trozo de carne –exclamó Orihime ligeramente ofendida.
–Ya lo sé, pero aun así a Kurosaki le interesa quedarse contigo… –Orihime enrojeció y desvió la mirada. Grimmjow se inclinó sobre la mesa y su rostro quedó a pocos centímetros del de ella–…y a mí también. Creo que está por demás decirte que no voy a perder contra él. Ni contra nadie, si a esas vamos.
Orihime lo miró directamente a los ojos y supo que estaba hablando en serio. No había ni un asomo de duda en su rostro. Y eso significaba que le estaba diciendo la verdad. Sentía algo por ella y, ya no tenía caso ocultarlo, ella también sentía algo por él. Todo lo demás era confuso. ¿Qué se esperaba de esa confesión? ¿Qué serían felices por siempre ahora que lo sabían? Las cosas no eran tan simples. Había muchas razones por las cuales no podían estar juntos.
–¿En qué estás pensando? –preguntó Grimmjow al ver que ella no respondía nada pero tampoco dejaba de verlo.
–En que me estás metiendo en un aprieto.
Grimmjow soltó una carcajada.
–Eso debería decirlo yo. Todo era tan sencillo cuando mi mundo giraba alrededor de pelear y nada más.
–¿Eso significa que hemos hecho progresos en el programa de manejo de la ira? –preguntó Orihime formando una ligera sonrisa de lado.
–Tal vez.
–Esto hay que celebrarlo.
–¿Sabes qué? Tienes razón.
Grimmjow sonrió pensando en la botella de sake que tenía guardada con sus cosas y subió corriendo a la habitación para traerla. Finalmente podría usarla con Orihime, parecía que todo estaba saliendo según lo planeado.
Orihime se sorprendió cuando Grimmjow regresó.
–¿De dónde sacaste esa botella de sake?
–No preguntes –Grimmjow sacó dos vasitos y luego de llenarlos le empujó uno a Orihime para que bebiera.
–Grimmjow, creo que no debería. Ni siquiera tengo edad para tomar…
–No importa, sólo será un poco. ¿Siempre eres tan apegada a las reglas? No te meterás en problemas por beber un poco de sake; aquí sólo estamos tú y yo.
Orihime se abstuvo de decir que eso era precisamente lo que le preocupaba. Nunca antes había probado el alcohol y la verdad era que no le llamaba la atención. Conocía sus efectos y no era algo que quisiera experimentar. Grimmjow ya se había tomado el suyo de un trago y había vuelto a llenarlo.
–Esa shinigami tiene buen gusto –murmuró.
–¿Qué?
–Nada. Entonces, ¿vas a brindar conmigo?
Orihime suspiró sin dejar de ver el sake con desconfianza.
–De acuerdo, pero sólo un poco.
–Esa es mi chica. Adelante.
Orihime tomó el vasito con mano temblorosa y le dio un pequeño sorbo. Su cara fue de asco. El sabor era muy fuerte.
–No me gusta –fue su respuesta.
–Bébelo todo de un solo trago, así no sentirás el sabor.
Y Orihime obedeció y sintió que el líquido le raspaba la garganta. Luego se permitió saborear los restos en la lengua y asintió. Sí que era diferente. Y antes de que pudiera decir algo más, Grimmjow le llenó el vasito de nuevo.
–Grimmjow, te dije que…
–Lo piensas demasiado, princesa. Sólo bébelo. Te juro que el segundo ni lo notas.
Orihime volvió a beber el sake de un solo trago. Cerró los ojos y escuchó que Grimmjow se rió.
–¿Qué es tan divertido…?
–Que te pusiste más roja de lo usual. Me gusta ser el único que te hace sonrojar.
Orihime no supo qué decir.
–No tienes que… –y se detuvo. ¿Por qué las palabras no salían de su boca? Parecía que tuvieran que arrancárselas de la lengua. Sentía el cuerpo pesado y la cabeza empezó a darle vueltas. Grimmjow se carcajeó más fuerte.
–Y ahora también arrastras las palabras.
–Estoy….estoy bien…
–Creo que dos tragos son suficientes para ti.
A Orihime le divirtió su respuesta. Pudo imaginarse cómo se veía y le dio risa. Nunca en su vida se había sentido tan patética como en ese momento. Grimmjow seguía bebiendo sake como si nada, riéndose cuando la veía. De pronto Orihime se fue de lado y por poco se cae de la silla. Grimmjow la agarró y se sentó a su lado para evitar que se cayera. Orihime se recargó en su hombro y sintió todo el peso del mundo en sus párpados. Le costaba trabajo enfocar la vista, y cuando lo intentaba le punzaba la cabeza. Cerró los ojos y se concentró en el olor del sake y de la lluvia que impregnaba la ropa de Grimmjow. Debajo de la camiseta mojada sentía su cuerpo cálido, como un día de verano, como el Soten Kesshun, como un abrazo. Hizo un esfuerzo por abrir los ojos y vio a Grimmjow a pocos centímetros de su rostro. El Espada todavía se estaba riendo, de ella probablemente, o de nervios, o de felicidad. Era difícil saberlo y en realidad no importaba la razón. Orihime concluyó en que le gustaba su risa, le gustaba verlo tan diferente, porque estaba relajado, y a su lado, y acariciando su cabello suavemente con la mano que tenía libre.
–Estás feliz, Grimmshow…
–¿Feliz? No lo sé –respondió Grimmjow viéndola de reojo–. Yo creo que sí.
–Está bien…puedes…puedes decírmelo. Será nuestro…secreto.
Orihime soltó una risita.
–No lo sé. Me siento diferente, pero bien. Es…es agradable.
–Yo sí estoy feliz –confesó Orihime haciendo un esfuerzo por hablar coherentemente–. De hecho creo que podría beber un poco más de ese dichoso sake.
–No creo que debas –dijo Grimmjow.
Pero Orihime le arrebató el vasito de la mano, derramando un poco en la mesa, y se lo bebió de un trago. Grimmjow lo recuperó y lo dejó fuera de su alcance.
–Ya, bebiste un poco más. ¿Quieres que te lleve a la cama?
–Creo que has querido llevarme a la cama desde que empezamos este programa –soltó Orihime.
Ahora fue el turno de Grimmjow de enrojecer.
–¡Me refiero a llevarte para que descanses! No puedes ni sostenerte.
–Ah, eso –dijo Orihime–. Sólo si me llevas en tus…fuertes…musculosos… brazos –Orihime se rió bajito mientras acariciaba el brazo derecho de Grimmjow, tan lenta y seductoramente que lo hizo petrificarse.
–¿Qué estás…?
–Shhh, no digas nada –Orihime le puso el dedo en los labios para callarlo. Estaba sonriendo y con los ojos entrecerrados, sentía el cuerpo caliente, un escalofrío bajó por su espina dorsal al estar pegada al cuerpo de Grimmjow, que también emanaba un calor sofocante. Orihime le acarició la mejilla y luego puso su mano en su nuca para atraerlo hacia sus labios. No pensaba con claridad, pero sabía con certeza que quería besarlo desde hacía ya algún tiempo, desde que lo besó por primera vez en la cocina de la Sociedad de Almas.
Grimmjow se dejó llevar lentamente, hasta que hizo contacto con los labios de la chica, y la besó con insistencia, como poseído. Acarició su cintura con la mano y fue bajando hacia sus piernas, hacia su centro. Orihime no decía nada, sólo gemía contra su boca y respondía el beso. Quiso levantarla para sentarla en su regazo y tener mejor acceso a su cuerpo, pero entonces algo hizo clic en el cerebro de Grimmjow y se detuvo. La mano de Orihime estaba en su abdomen y bajando poco a poco hacia su entrepierna. Si lo tocaba, si acaso lo rozaba, sabía que no había poder humano que lo detuviera de hacer lo que había querido hacer desde su reencuentro.
¿Por qué se lo pensaba demasiado? Deseaba a Orihime, quería poseerla en cuerpo y alma, estaba a su entera disposición y entonces él se detenía. No es correcto, se dijo. No puedo hacerlo.
Agarró la mano de Orihime y la puso sobre la mesa. Entonces se separó de ella y suspiró. Orihime abrió los ojos desconcertada.
–¿Qué…?
–Vamos, te llevaré arriba.
Y antes de esperar respuesta la tomó del brazo y la levantó. La chica se tambaleó pero con su ayuda pudo subir las escaleras hasta su habitación. Grimmjow la recostó en la cama y le quitó los zapatos. No podía cambiarla y ponerle la pijama porque entonces vería su cuerpo semidesnudo y lo tocaría y su voluntad no era tan fuerte.
–Definitivamente fue una mala idea –susurró.
Se aseguró de ponerla de lado para que no hubiera problemas y apagó la luz. Orihime se quedó dormida casi de inmediato. Grimmjow escuchó su respiración acompasada y salió de la habitación cerrando la puerta suavemente.
Cuando se quedó solo en el pasillo casi quiso reír a carcajadas pero se contuvo. Orihime no sólo lo estaba ayudando con su problema de la ira, sino que lo estaba volviendo una mejor persona. De haberla emborrachado antes de pasar por ese estúpido programa quién sabe hasta dónde hubiera llegado.
Sí, quería hacer con ella muchas cosas, pero también, y eso era lo peor, quería protegerla. Incluso de sí mismo.
Especialmente de sí mismo.
Continuará…
Ay, no puedo con mis feelings. Me cuesta trabajo como a Grimmy contenerme y no meter aquí mismo el lemon, jajaja. La verdad es que quiero que Orihime esté consciente, de otra forma sería muy raro.
En fin, díganme qué les pareció. Los leo n.n
