Esta historia es para mayores de edad, les recomiendo discreción al respecto o si eres menor de edad no continúes leyendo.
EN BUSCA DE LA FELICIDAD
CAPITULO XVI
-¿¡QUÉ!? ¿¡A CASARSE!? ¿¡CÓMO ES POSIBLE!? ¿¡SIN MI CONSENTIMIENTO!?
-¡No te alteres William! – Decía firme la tía abuela.
-¿¡Cómo no me voy a alterar!? – Decía entre sorprendido y molesto de verdad. – Ella es menor de edad y sin mi consentimiento, puedo anular ese matrimonio.
-¡No lo harás! – Decía fijando su mirada en la azulada de Albert.
-¡Pero tía! Anthony no debió hacer las cosas así. – Tratando de tranquilizarse.
-Tú lo orillaste. – Le dijo con tono de reproche.
-Lo sé, pero si hubiera hablado conmigo yo lo hubiera aceptado.
-Haz de cuenta que así lo hizo. – Dijo seriamente Elroy. – Además yo lo autoricé a hacerlo.
-Pero tía ¿Cómo pudiste hacerlo sin mi permiso?
-No sabía si ibas a permitirlo, además… era necesario. – Dijo entre angustiada y tranquila no sabía como tomaría lo que le diría.
-¿Necesario? ¿Por qué? – Preguntó intrigado.
-Albert… Anthony me confesó que Candy… que Candy… está… embarazada… -Dijo la señora con nerviosismo.
-¿¡Embarazada!? ¿¡Cómo se atrevió a deshonrarla!? – Hablo más molesto.
-William, ¡Tú eres el menos indicado para ofenderte! Además Anthony afrontó su paternidad en cuanto se enteró de ello.
-El desmayo… - Dijo Albert recordando lo sucedido hacía dos días.
-Así es, Anthony se enteró apenas ese día y rápidamente arregló todo para evitar poner a Candy a las habladurías de la gente. Yo me negué al principio, así que tuvo que confesarme su falta, y no lo justifico, pero al ver como estabas de furioso pensé que no permitirías la boda y te negarías a dar tu consentimiento.
-¡Claro que me negaría! ¡Ella merecía una boda digna de ser mi hija! – Albert ya no sabía lo que decía que en ese momento olvidaba que a él no le interesaban tanto los protocolos de la sociedad.
-No menosprecies lo que Anthony y ella decidieron. Tú sabes que Anthony es más rico que tú y que yo, nuestras fortunas son menores a las de él. Además él la ama y ella lo ama y ya están en edad de casarse desde hace dos años. – Decía Elroy tratando de calmar más a su sobrino.
-Sí, pero me molesta la forma en la que lo hicieron. - Decía aún molesto.
-¡Tú los obligaste! – Decía Elroy señalándolo con su índice para hacer más énfasis en lo que decía.
-Lo sé, pero aun así me molesta. Pero me alegra que una vez más Anthony demuestre todo lo que es capaz de hacer por ella. – Dijo tratando de calmarse él mismo.
-Albert, Anthony me enfrentó siendo un chiquillo, no una sino varias veces por defender a Candy y más de una vez lo castigué injustamente por demostrarle quien mandaba, sin embargo nunca doblegué su carácter, al contrario, lo hacía más fuerte y decidido y defendía con mayor ahínco su punto de vista, y sorprendentemente él tenía razón. Que no te pase lo que a mí, Anthony es justo, noble y muy maduro para su edad y eso lo demostró desde su tierna infancia, sabe lo que quiere y sabe cómo conseguirlo y si alguna vez se ha equivocado sabe cómo repararlo inmediatamente, sin dudarlo siquiera. Sabe que cometió un error con Candy y quería hablar contigo sobre ello, pedirte su mano y reparar su falta, pero tú lo recibiste con la noticia de esa muchacha, mientras él te defendía con David, no le dejaste otro camino que arreglar las cosas por sí mismo brincando tu autoridad y más al enterarse que realmente sería padre. A mí me habló de frente, exponiendo sus dudas y temores, pero lo animé a hacerlo porque no sabría cuál sería tu reacción.
Albert estaba más calmado, escuchaba a la tía abuela y analizaba la situación y efectivamente él se habría opuesto porque aún estaba molesto por la forma como lo enfrentó, aunque sabía que él tenía la razón en reaccionar así, aunque sabía que Vincent tenía el contrato matrimonial en sus manos en donde estaba estipulado que él daba su consentimiento para que esa boda se realizara, así que aunque él quisiera anularla simplemente no podría si Vincent mostraba el documento ante las autoridades correspondientes, pero hasta cierto punto su orgullo lo detenía, una vez más Anthony actuaba mejor de lo que él lo había hecho, debía tranquilizarse además Dorothy también estaba embarazada, la había hecho su mujer hace años, pero al verla de nuevo la había vuelto a tomar y la había embarazado, él tampoco tenía nada que opinar. Su hija ahora estaba casada y con un buen hombre, tenía que dividir su herencia en dos partes para entregársela a Anthony, quien como esposo de ella tenía ahora todo el derecho sobre ese dinero, sin duda ahora sería más rico.
Anthony estaba ajeno a todo lo que sucedía en la mansión él y Candy se habían pasado todo el día en arrumacos y en demostrarse físicamente su amor, eran dos jóvenes que habían despertado juntos al amor carnal, y se lo demostraban a cada momento, practicando cada que podían centrándose en sus intimidades, palpando y reconociendo poco a poco sus cuerpos, descubriendo que les gustaba y que era lo que disfrutaban ambos, dejándose envolver por esas sensaciones maravillosas que ambos sentían al estar fundidos uno en el otro.
Anthony al ser hombre y supuestamente al deber tener experiencia lo obligaba a mostrarse seguro con ella, pero todo lo contrario sentía en su interior temía lastimarla o no satisfacerla adecuadamente, él quería que ella disfrutara tanto como él , así que aprovechaba su inexperiencia y la acariciaba completamente amándola con ternura y cubriendo con besos toda su anatomía. Ella era perfecta, era la única mujer que había tenido entre sus brazos y las pláticas de su padre no habían ayudado en mucho ya que siempre le daba pena terminar la ansiada charla y al no tener él interés en alguna muchacha no insistió y definitivamente lo poco que le había hablado le había servido para actuar esta vez, ya que la primera vez lo hicieron solo por instinto y aunque ambos lo disfrutaron mucho, Anthony quería asegurarse que cada encuentro entre ellos fuera igual o más apasionado, que ella disfrutara y gimiera de placer entre sus brazos. "Lo más importante es hacer disfrutar a tu esposa" decía su padre, esas eran las únicas palabras que sea habían grabado en su memoria, "su esposa" "su pecosa" "su princesa" "suya, completamente suya".
-¿Qué sucede Anthony? – Preguntó con timidez.
-Amor quiero preguntarte algo. – Le decía con seriedad.
-Dime. – Le contestaba de igual forma al ver su rostro serio.
-¿Tú has disfrutado de nuestros encuentros? – Preguntó tímido y Candy se ruborizó de inmediato ante la pregunta de Anthony al igual que él, pero tenía que saberlo sino para hacer lo posible y que ella disfrutara. Anthony era decidido en cuanto a defender sus ideales, en la justicia y obvio en defenderla a ella, pero en la intimidad él temía no hacer un buen papel. Candy lo tomó del rostro y lo besó tiernamente.
-Anthony todos nuestros encuentros han logrado que me estremezca entre tus brazos alcanzando un placer que jamás imaginé, he disfrutado, todos y cada uno de ellos mi amor. – Anthony sonrió confiado y más seguro animándose a seguir con esa entrega que le exigía su cuerpo.
-Te amo princesa. – Le dijo emocionado.
-Yo te amo a ti mi príncipe. – Le respondió enamorada, abrazándose a su cuerpo.
Candy se recostó entre las sábanas abrazando al rubio quien se posicionaba entre sus piernas admirando por completo su belleza, la timidez se había ido, ambos observaban sus cuerpos desnudos admirándose mutuamente, deleitándose la mirada, haciéndose el amor a plena luz del día, sin seguir normas o patrones de la sociedad, ellos se amaban y el verse así era algo que empezaban a amar. Anthony separó sus piernas poco a poco y fue invadiendo el cuerpo de su esposa, sintiendo ambos un escalofrío recorrer su cuerpo mientras gemidos de placer aparecían en sus labios, siendo Candy cada vez más desinhibida decidiéndose a demostrarle a su amado esposo cuanto lo estaba disfrutando.
-¡Anthony! – Gimió su nombre.
-¡Candy! – Decía él de la misma forma, escuchando el sonido que se producía al entrar en ella, centrándose en ello y cerrando sus ojos al igual que su amada para abandonarse a esa deliciosa sensación acompasándose en el vaivén de sus cuerpos, mientras los gemidos de Candy se intensificaban y sus frentes se mostraban sudorosas. Anthony abría los ojos para ver el rostro de su amada quien reflejaba un mayor placer al estar siendo amada de esa forma, negándose él a terminar con su cometido aguantando su propio orgasmo para que su amada siguiera disfrutando, Anthony sentía como el cuerpo de Candy se estremecía anunciando lo que ya ambos sabían. Un espasmo se instalaba en su zona íntima y él sentía como sus paredes se contraían abrazando con mayor fuerza su virilidad, que insistía en seguir invadiendo esa cálida cavidad que se abría ante él llenándola toda. Candy se aguantaba un poco retrasando su culminación para que su amado siguiera disfrutando, abría sus ojos para encontrarse con los azules de él quien la miraba con las pupilas dilatadas de placer, ambos reteniendo la culminación de su amor, no soportando más Candy se inclinó aferrándose a su espalda, hundiendo sus uñas en él provocando un leve gruñido por parte de Anthony quien al sentir esa posición y entrar más profundo en ella liberó por fin su orgasmo estallando al mismo tiempo que ella, al sentir como su virilidad era abrazada en forma deliciosa llenando por completo su intimidad, y siendo bañado por su amada al mismo tiempo. Había sido fabuloso era maravilloso haber llegado ambos al clímax al mismo tiempo. Candy seguí abrazada a su espalda con sus manos y con sus piernas a la cintura, mientras él se detenía con ambos brazos en la cama sosteniendo el cuerpo de su amada, sus miradas se encontraban y sus cuerpos agitados luchaban por controlar los espasmos que aún sentían en su interior, sus corazones latían apresurados y sus miradas poco a poco volvían a la normalidad. Anthony sonreía con la misma sonrisa boba y Candy lo miraba con esa mirada coqueta que sólo él conocía en la intimidad de su alcoba, esa mirada que sin querer había descubierto en el baño del departamento aquella tarde lluviosa donde sin proponérselo habían entrado a su despertar sexual, ese mundo que los había atrapado y que los había maravillado y del cual querían seguir experimentando y aprendiendo uno del otro y ese encuentro definitivamente había sido el mejor de todos.
-Te amo Candy.
-Yo te amo más Anthony. –Decía ella eternamente enamorada, besando sus dulces labios con dulzura y delicadeza, invitándolo a renovarse nuevamente para continuar por ese camino del amor que les gustaba a ambos recorrer. Iniciaron de nueva cuenta recorriendo ese sendero que habían trazado juntos amándose una vez más, demostrándose su infinito amor y esa pasión que a sus cuerpos les gustaba experimentar terminando una vez más exhaustos y satisfechos, felices de compartir su amor libremente, sin miedos, sin culpas, simplemente amándose uno al otro.
El día pasó muy rápido ambos aprovechando cualquier momento para disfrutarse y arreglando lo poco que tenían para emprender el viaje de vuelta a Chicago al día siguiente. Anthony estaba maravillado con Candy, con su dulce manera de ser, con su alegría característica. Siempre había sido alegre pero ahora irradiaba una inmensa felicidad y su belleza se había incrementado, sus ojos brillaban con mayor fuerza y en él había incrementado la necesidad de protegerla, definitivamente ya no era un chiquillo, ahora era un hombre quien tenía una gran responsabilidad, cuidar y proteger a su esposa y a su hijo, ¡su hijo! ¡Un hijo fruto de su amor por Candy! Un hijo que los uniría más si eso era posible y los haría más responsables, él era un hombre y no debería de sentir miedo, sin embargo el fallar como padre o llegarle a faltar como a él le faltó su madre era un miedo que no podía evitar sentir, veía a su esposa dormir plácidamente después de una larga sesión de entrega. Había quedado agotada, él sabía que era normal en su estado ya que aumentaba el trabajo en el cuerpo de su esposa y se sintió culpable por haberla cansado tanto, la veía enamorado, feliz y dichoso, ni en sus mejores sueños pensó en tenerla realmente en sus brazos, amaba ver la respiración de su cuerpo, sentir el latido de su corazón, amaba todo de esa mujer, pero sobre todo amaba la nobleza de su gran corazón.
-Te amo hermosa, los amo, siempre estaré aquí para velar por ustedes.
Candy se removía en la cama con una cálida sonrisa, como si hubiera escuchado lo que su amado príncipe le decía, soñando con un mañana lleno de amor y alegría junto a ese rubio que estaría con ella hasta el final de sus días.
Archie y Stear se dirigían muy temprano rumbo a la cabaña para llevarlos a Chicago, habían decidido regresar con ellos, tampoco tenían nada que hacer en Lakewood, Patty y Annie habían regresado después de la boda porque los padres de Annie tenían asuntos pendientes en Chicago y tal vez Patty ya no estaría mucho tiempo y eso entristecía a Stear.
-Vamos Stear, no te pongas así, Patty no querrá separarse de ti mucho tiempo.
-Lo sé, solo que Florida está tan lejos y yo con las responsabilidades del consorcio no podré visitarla.
-¿Por qué no le pides matrimonio? – Dijo Archie seguro de lo que decía.
-¿Matrimonio? ¿Qué te pasa Archie? ¡Es muy pronto para ello! – Decía Stear sorprendido, pero agradándole la idea de casarse con su adorada Patty.
-¿Por qué? Ya vez Candy y Anthony. Él no es mucho mayor que tú, además con eso la obligarías a quedarse aquí contigo.
-Buen punto Archie, pero no lo sé, ella quiere estudiar y yo no puedo impedírselo.
-¿Por qué no estudia en Chicago? Además nuestros compromisos ya pronto serán anunciados.
-Tienes razón, es buena idea, hablaré con ella al respecto, así estaremos más cerca. – Decía Stear cambiando su semblante por uno más esperanzado.
Llegaron a la cabaña donde ya los esperaba Anthony con una gran sonrisa.
-Parece que a alguien le fue muy bien. – Decía Archie divertido.
-Vamos Archie, no seas envidioso ya te tocará a ti y tendrás la misma sonrisa de bobo. – Decía Stear divertido.
-Tú no te quedaras atrás. – Respondió el castaño divertido mientras ambos reían escandalosamente.
-¿Se puede saber qué es tan divertido? – Preguntó Anthony sin dejar de sonreír.
-Tu cara. – Contestó Stear.
-¿¡Mi cara!? –Contestó Anthony incrédulo mientras los Cornwell asentían.
-Te vez muy feliz Anthony.
-Estoy muy feliz.
-Se nota que la gatita te hizo muy feliz. – Decía Archie con una gran sonrisa.
-La felicidad que me embarga el pecho, no me cabe en todo el cuerpo, por eso tiene que reflejarse en mi rostro. – Les dijo guiñándoles un ojo.
-Así que ¿Disfrutaron de su luna de miel? – Preguntó Stear.
-Aún no podemos tener nuestra luna de miel, en cuanto pueda le daré a Candy la luna de miel más maravillosa que pueda haber, ella se lo merece. –Ambos chicos asintieron, sabían que por los estudios de Anthony y por cómo se habían dado las cosas no habían podido tener una boda lujosa y ostentosa, aunque sabían que ninguno de los dos lo necesitaba, ambos eran sencillos, sin presunciones y lo único que les importaba era estar juntos.
-Buenos días. – Saludó una alegre Candy quien se les unía para poder retirarse, ambos Cornwell la miraron sorprendidos, Candy siempre había sido hermosa, nunca lo habían discutido pero al verla salir esa mañana con esa gran sonrisa y el brillo tan espectacular que desprendían sus verdes ojos la hacía ver más bella que de costumbre, los tres quedaron maravillados con su presencia. Anthony la veía con ojos de enamorado y los Cornwall admirando su belleza.
-Buenos días amor. – Contestó Anthony agrandando su sonrisa.
-Buenos días Candy, te ves hermosa. – Dijo Stear sinceramente.
-Buenos días gatita, veo que te ha hecho muy feliz mi primo. – Dijo con cierta picardía Archie.
Candy se tapó el rostro con ambas manos poniéndose automáticamente roja con el comentario de su primo, Anthony se le acercaba para ayudarla a bajar y la abrazó dulcemente mientras ella se refugiaba en su regazo y él la besaba tiernamente en su frente.
-Así es Archie, nos hemos hecho muy felices los dos. – Dijo Anthony con su hermosa sonrisa, siendo correspondida por ambos muchachos.
-Les trajimos las cosas que nos pidieron. – Dijo Stear, para cambiar de tema ya era suficiente de tanta burla para los rubios, no quería que Candy se sintiera ofendida.
-¿No han tenido ningún problema? – Preguntó serio Anthony y los muchachos comprendían que se refería a Albert.
-Ninguno. – Contestó Stear. – La tía abuela dio la orden de preparar las maletas y aquí está todo.
-¿Y Albert? – Pregunto serio.
-No lo vimos, pero dice la tía abuela que ya está más tranquilo.
-¿Sabe ya lo de la boda?
-Supongo que sí, pero no me comentó mucho la tía abuela, solo que ya sabía pero que estaba preocupado por Dorothy.
-¿Ya lo sabe? – Stear asintió -¿Cómo lo tomó?
-Al parecer bien, dijo la tía abuela que creía que David era el padre.
-¿David?
-Sí, él no sabía que eran hermanos, al parecer Dorothy nunca se lo dijo.
-Ahora entiendo por qué se molestó al decirle que yo lo había contratado.
-Tal vez. Anthony tienes que hablar con él.
-Lo sé Archie, pero ahora no es el momento, él tiene que enfocarse en Dorothy y yo en Candy , nuestro hijo y los estudios, además primero quiero asimilar todo lo que me dijo y lo que yo le dije, aunque no lo crean me dolió hablarle así.
-Anthony, tú solo actuaste por defender la verdad, en cambio Albert solo te acusó sin haber hablado contigo primero y confirmar lo que esa mujer había dicho.
-Pero él es mi tío, hermano de mi madre.
-Por eso mismo, no debió desconfiar de ti. – Dijo Stear tratando de animarlo.
-No seas duro contigo mismo Anthony, lo hiciste por Candy, por ti, no podías quedarte callado. – Dijo Archie.
-Ellos tienen razón mi amor, Albert debió haber confiado en ti y hablar contigo, en cambio llego exigiendo algo que no era correcto. – Anthony asintió, las palabras de su princesa y sus primos lo habían tranquilizado un poco, pero aun así sabía que tendría que enfrentar a su tío- suegro tarde o temprano. – Después hablaremos con él, vamos a esperar que pase un poco de tiempo y ambos se tranquilicen.
Los cuatro muchachos se acomodaron en el auto dispuestos a viajar hasta Chicago.
-¿Estás seguro que llegará Stear? – Preguntó Archie con desconfianza.
-Vamos hermano, tú mismo me ayudaste a repararlo.
-Yo solo te sostuve las herramientas. – Dijo Archie con temor. – Por si las dudas les traje un cambio de ropa a cada uno, que traigo en este maletín. – Dijo señalando una pequeña maleta que viajaba bajo sus pies.
-Por si las dudas, no pases muy cerca del lago, Stear. – Dijo Candy.
-¡Oh vamos Candy! ¡Solo fue una vez!
-Con eso fue suficiente. – Dijo Candy riendo, Anthony la veía encantado, maravillado con el resplandor que irradiaba su esposa.
-Tiene razón Candy, Stear, llevas una carga muy preciada para mí aquí en el auto. – Stear asintió seguro.
-Lo sé Anthony, también para nosotros Candy y mi ahijado son muy importantes… y también tú primo no quiero perderte de nuevo. – Lo vio por el retrovisor y le sonrió con nostalgia. – Además de que viene mi hermanito, sino mis padres me matan si le pasa algo. – Dijo en tono más divertido.
-¿Tus papás? – Preguntó Candy quien a pesar de los años de conocer a los Cornwell nunca les había escuchado mencionarlos.
-Así es Candy. – Dijo Archie. – Mis padres me quieren más a mí.
-¡Eso no es verdad! Yo soy el preferido por ser su primogénito, pero Archie como era muy delicado desde pequeño lo consintieron más.
-¡Yo no soy delicado! – Decía Archie quejándose, mientras Candy y Anthony reían a carcajadas.
-Pensé que ustedes tampoco tenían padres, como no hablan de ellos. – Dijo Candy viendo como la mirada de sus primos pasaba de alegría a nostalgia. Anthony la tomó de la mano al sentir como ella se sentía triste por haber tocado el tema, aún seguían igual las cosas a pesar de los años, pensaba Anthony, sus tíos seguían más preocupados por ellos mismos que por sus hijos.
-No Candy, nuestros padres viajan mucho por los negocios de mi padre siempre tienen que hacerlo, cuando yo nací iban a todos lados conmigo, pero al nacer Archie cada vez era más complicado. Cuando llego nuestra edad escolar, decidieron dejarnos con la tía abuela y bajo el cargo de institutrices y maestros particulares hasta que tuviéramos edad para entrar a un internado, pero después llegó mi tía Rosemary con Anthony y ella fue como una madre también para nosotros. – El ambiente ahora era de tristeza reflejada en los rostros de los muchachos al recordar a su tía y Anthony a su madre, Candy iba a hablar pero Stear continuó su historia y decidió seguir escuchando atenta como los demás. – Cuando ella partió, nuestros padres volvieron para el funeral, y decidieron llevarnos de nuevo con ellos, pero Archie y yo no queríamos apartarnos de nuestro hermano mayor. – Dijo viendo a Anthony por el espejo retrovisor, sonriéndole con agradecimiento.
– Anthony era muy importante para nosotros y nosotros para él. – Dijo Archie. – Así que preferimos quedarnos con él y explorar juntos y estudiar juntos, ser cómplices de aventuras y travesuras y después cuando apareciste tú en nuestras vidas, menos nos quisimos ir, nuestros padres querían que viajáramos con ellos el último año que tendríamos libre, antes de entrar al San Pablo, nosotros nos negamos de nuevo y después pasó el accidente de Anthony, tu partida y la orden de la tía abuela de ir a Inglaterra.
-¿Por ello nunca los han visitado? – Preguntó Candy.
-Pocas veces, tenemos años de no verlos, la última vez fue cuando llegamos al Colegio, ellos nos estaban esperando pero tenían que viajar de nuevo y no podían quedarse mucho.
-¡Me parece muy injusto! – Dijo Candy molesta.
-¡Candy! – Dijo Anthony sorprendido.
-Yo pensé que ustedes no tenían padres como yo, pero al saber que si tienen y que no quieren estar con ustedes es egoísta, yo no tengo padres, y aunque la señorita Ponny y la hermana María eran como mi madre, yo siempre soñé con tener una para mí, soñaba con abrazarme a ella en las noches de tormenta, en las noches que me encontraba sola, cuando necesitaba un consejo, quería contarle que me había enamorado, que me consolara cuando perdí a Anthony, que me hubiera detenido cuando viajé a Nueva York, pero yo no tengo una madre, no sé qué le pasó si estaba sola, si estaba enferma, sino me quería o si alguien me robó de sus brazos y me abandonó , no puedo juzgarla, pero el saber que ustedes tienen mamá y que ella no los busca me parece egoísta. – Los muchachos la escuchaban atentos, sabían que tenía razón, pero ellos tampoco podían hacer nada al respecto, si ellos eran felices lejos de ellos ¿Qué importaba ya? Ambos eran ya unos jóvenes adultos independientes, próximos a formar una familia y no querían cometer los mismos errores que sus padres, tratarían de evitarlo. – Amor. – Dijo volteando a ver a Anthony. – Prométeme que tú y yo siempre estaremos con nuestro hijo, a pesar de nuestros trabajos.
-Te lo prometo hermosa, siempre estaremos con ellos. – Dijo besando sus labios con dulzura y delicadeza, los Cornwell los veían contentos, sabía que sería unos excelentes padres y que evitarían tener los mismos errores que habían cometido con ellos.
El camino había sido largo, pero por fin llegaban al departamento de Candy, ahí vivirían, no necesitaban de nada más, se tenían el uno al otro y ahí tenían todo lo necesario para ser felices, los Cornwell los ayudaron con el equipaje y Anthony cargo a Candy en brazos para entrar al departamento, ante la mirada divertida de sus primos y la mirada de sorpresa de casero.
-Buenos días señor Clark. – Dijo Candy apenada, pero feliz.
-Buenos días señorita Andrew. – Dijo con una mirada de duda y molestia.
-Señora… - Dijo Anthony. – Ahora es la Señora Brower. – Dijo seguro mientras Candy mostraba su anillo al señor Clark, quien estaba sorprendido pero más tranquilo de saber que ya no tenía que preocuparse por que se quedaran solos.
-Bienvenidos señores Brower. – dijo con una sonrisa dejándolos que se adentraran al departamento.
En Lakewood Albert estaba con Dorothy quien esperaba al médico que ahora atendería, Anthony le había hablado a un especialista, ya que él solo era un estudiante y no sabía mucho del tema, ya la había revisado pero Albert quería confirmar que todo estuviera bien y saber si Dorothy podría abandonar el reposo.
-Buenos días. – Dijo el médico amablemente.
-Buenos días doctor adelante. – Respondió Albert.
-¿Cómo sigue la señora Jones?
-Andrew, doctor, Dorothy es la señora Andrew. – Dijo Albert, para que la fueran identificando de esa manera.
Dorothy veía a Albert enamorada y sorprendida por lo que acababa de decir, la Señora Andrew, se escuchaba raro ese apellido adornando su nombre, nunca lo había llegado a pensar siquiera. El médico asentía ante el comentario del señor Andrew.
-Disculpe señor Andrew, ¿Cómo se encuentra hoy señora Andrew? – Dorothy se sonrojó ante le comentario de Albert y la pregunta del médico.
-Bien doctor, me siento bien y quisiera saber si ya puedo levantarme.
-El joven Brower me habló de su problema señora Andrew y como le expliqué la vez anterior, aún no es posible que usted se levante y lo más probable es que tenga que permanecer en reposo por un tiempo, el joven Brower hizo un excelente trabajo con la valoración que le hizo y yo estoy de acuerdo con el diagnóstico que le dio, la pared de su útero es muy delgada y si hace un esfuerzo mayor al necesario corre el riesgo de un desgarre, tendrá que tomar los medicamentos que le indique y seguir levantándose única y exclusivamente para ir al baño. Necesitará una enfermera las 24 horas del día para que la asista, la señorita Andrew podría hacerlo.
-No. – Dijo Albert muy serio. –Candy tuvo que regresar a Chicago.
-Bien, entonces, le sugiero que busque a una persona de su confianza para que cuide a la señora Andrew.
-No es necesario. – Dijo Dorothy.
-No se preocupe doctor yo me encargaré de buscar a alguien.
-Muy bien entonces con su permiso. – Dijo el médico quien se retiró de la misma forma en la que había llegado.
-Albert ¿Dónde está Candy? – Preguntó Dorothy confundida.
-Candy y Anthony se casaron hace dos días. – Contestó pensativamente.
-¿Qué? ¿Tan pronto?
-Al parecer Candy también está embarazada y Anthony apresuró los planes de boda.
-¿Por qué no me lo dijiste?
-No lo supe hasta hace una horas.
-¿No lo sabías? ¿Por qué? – Preguntó Dorothy sorprendida por las palabras del rubio, quien la miraba pensando en cómo le diría lo que había sucedido realmente.
Continuará…
Hola! Espero que se hayan entretenido un poco con el capítulo de hoy y que lo hayan disfrutado, como yo lo hice al escribirlo, espero sus comentarios y mensajes, ya saben que los respondo particularmente. A las personas que leen anónimamente, les agradezco en el alma que estén al pendiente de la historia, tal vez no dejen algún mensaje al respecto pero las vistas y las visitas por país quedan registradas en las gráficas de movimiento diario que se registran, aumentando las vistas en 200 diarias aproximadamente, y por lo que veo los visitantes la ven varias veces, gracias muchas gracias eso me anima a seguir con esta historia, y no sé qué tan buen final vaya a tener, pero espero que sea de su agrado y espero darle un final digno de cada una de ustedes. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes. Gracias por leer.
Ya vi que las asusté el sábado pasado, no se preocupen si tenía contemplado los dos capítulos pero mi hija me recordó que tenía un cita y la llevé y hasta que regresé publique el siguiente, siento mucho si las asusté jejejeje de todas formas ya casi llego hasta donde tenía avanzado jajaja así que solo será uno por semana, les aviso para que no digan que sobre aviso no hay engaño...
Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, sin embargo me tomé la libertad de tomarlos prestados para hacer una historia diferente a partir del término de la serie, uniendo mi imaginación un poco a los acontecimientos que me hubiera gustado se desarrollaran en la trama. Lo hago sin fines de lucro es solo por entretenimiento, no es apta para menores de edad. Espero la disfruten.
Saludos!
