Hola mis bellas y bellos lectores, gracias por entrar aquí. Hoy les traigo el capítulo 18 de este long fic. Sé que hay muchos lectores esperando esta actualización, por eso quise subir este capítulo antes que acabase el año. Espero que lo disfruten :D
.
Como siempre agradezco a todas las personas que leen mis historias y me dejan algún review, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente me leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar.
.
Este capítulo lo dedico a las personas que me dejaron un review en mi última actualización: Roronoa Saki y ANABELITA N. Gracias chicas por comentar, les mando a las dos un gran beso y un fuerte abrazo.
.
.
Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.
.
Lo que siempre nos unirá
.
Capítulo 18.- Un encuentro esperado (parte 5)
.
—¿Esposa? —inquirió, el pequeño, sin entender lo que su padre le decía.
Shikamaru lo miró con cariño.
—Es decir, estoy casado con ella —le explicó éste, esbozando al final una dulce sonrisa.
El niño sonrió enseguida. Tal parecía que le había entendido.
—¿Cómo mamá y papá Itachi? —preguntó el niño con su vocecita cantarina.
Para Shikamaru escuchar a su hijo decir eso, fue como un balde de agua fría, sin embargo, era la verdad.
Era su realidad.
Su sonrisa se desvaneció.
—Sí, tal como tu mamá y tu papá Itachi —afirmó con la voz más apagada, dándole la razón.
El niño al oír la respuesta de su progenitor, volteó su rostro y observó a la pelirroja.
La mujer al ver que el niño la estaba mirando, decidió que éste era el momento para hablarle.
—Hola Shikadai —lo saludó amenamente, pero el pequeño no le contestó. Éste bajó la mirada con algo de vergüenza, para luego tomar el rostro del pelinegro con sus pequeñas manos.
—Tene el pelo como tomate —le susurró al oído con cierta gracia.
A Shikamaru se le dibujó una sonrisa.
—Sí, igual que tu tío Gaara —aseveró éste, comprendiendo que se refería al color del cabello.
—No, tío Gala tene el pelo como futilla —afirmó con tal seguridad, el pequeño, que Shikamaru no supo que pensar. Frunció levemente el entrecejo.
—¿Cómo frutilla? —inquirió mirando fijamente sus ojos aguamarina.
—Sí —asintió, el menor, y le sonrió dulcemente.
—¿Y por qué? —volvió a preguntar, Shikamaru, con ternura.
—Poque es dulce.
El mayor sonrió por inercia. A un niño de tres años no podía ocurrírsele tamaña respuesta.
—¿Quién te enseñó eso, hijo? —preguntó éste, queriendo saber más. Shikadai le quitó la mirada. Tanta atención sobre él ya le había ruborizado la cara.
—Mamá —acotó, Dai, sin mirarlo.
A Shikamaru le pareció curioso que Temari le haya enseñado a Dai a relacionar frutas con cualidades. Quiso saber más.
—¿Y el tomate tiene algo de malo? —inquirió con suavidad. La percepción de su hijo le causaba curiosidad. Como no tuvo respuesta inmediata de éste, le acarició el rostro para incentivarlo a contestar. Con timidez, Dai alzó la cara. Su mirada aguamarina se enfocó en la de su progenitor.
—Achido —respondió bajando de inmediato el rostro.
Shikamaru sonrió.
—No todos los tomates son ácidos, Dai —acotó éste, con el fin de hacerlo cambiar de parecer. El no encontraba que la pelirroja tuviese algo negativo a simple vista —. La acidez va a depender de la variedad del tomate.
—Yo colté tomate del jaldín de tío Gala y estaba malo —espetó, el pequeño, defiendo su respuesta.
—Seguramente estaba ácido porque todavía le faltaba madurar, le faltaba crecer —argumentó con dulzura, Shikamaru, captando la atención de su hijo—. Por eso no tenía buen sabor.
El pequeño lo miró pensativo para luego inflar sus mofletes. No lo convenció.
—No, el tomate no es dulce como futilla —señaló con terquedad.
El moreno sonrió y negó con cabeza. Definitivamente la testarudez lo había heredado de ella.
—Ya Dai, ya me di cuenta que no te voy a convencer —espetó éste, con su voz cansina.
—¿Me pueden decir qué tanto conversan? —inquirió, la pelirroja, interrumpiendo la conversación de su marido. Éste giro su cuerpo para quedar frente a ella.
—Tranquila mujer, son cosas de hombres —espetó con parsimonia, girando el cuerpecito de su hijo—. Mejor voy a presentarlos de nuevo —la mujer lo miró con expectación, sin embargo, Shikamaru desvió la mirada y comenzó con su hijo—. Dai, ella es Tayuya, mi esposa —acotó mientras el niño lo miraba de reojo. Volvió a dirigir su mirada hacia la pelirroja —. Tayuya, él es mi hijo, mi querido hijo Shikadai.
Tanto el niño y la pelirroja se miraron algo incómodos.
—Es un gusto conocerte, Shikadai —espetó, la mujer, en un tono cordial con el fin de romper el hielo. Dai por inercia abrazó más el cuello de Shikamaru. Éste por inercia también lo estrechó más—. Sabes… eres igual de guapo que tu padre.
El niño analizó sus palabras.
—Abue… abue Shikaku, dice que papá es feo y mamá linda —señaló mirando el rostro de la colorina. A los segundos se avergonzó. Ocultó la cara en el hombro de su progenitor. Éste enseguida le acarició la cabecita.
La mujer esbozó una sonrisa cínica.
—Shikaku-san como siempre tan modesto —espetó con cierta ironía. El pequeño despegó su rostro del hombro de Shikamaru y la miró de soslayo—. Los hombres Nara por naturaleza son muy guapos, Shikadai, y tú saliste igual que ellos. Debes aceptarlo.
Aquellas palabras que sonaron a sentencia, de alguna forma turbaron al pequeño.
—No… yo lindo como mamita —susurró con la voz enrarecida.
Shikamaru de inmediato se preocupó.
—Tranquilo hijo, no le hagas caso —espetó con dulzura y lo estrechó con amor—. A ella siempre le gusta bromear. Todos sabemos que lo guapo lo heredaste de tu mamá. Saliste igual que ella.
La pelirroja observó la escena con estupor. ¿De verdad había hecho llorar al pequeño? , sin embargo, podía jurar por el amor que sentía por el moreno que no lo había hecho con mala intención. Shikamaru tenía que creerle. Él no podía enojarse con ella por haber provocado involuntariamente esa absurda reacción… ¿o sí? Los nervios se apoderaron de ella en cuestión de segundos. Tenía que limpiar su imagen antes que esto le acarreara un problema mayor.
Se acercó a ellos con cautela.
—¿Yo lindo como mamá? —inquirió, Dai, con sus orbes acuosos.
—Sí, mi niño —acotó, Shikamaru, con ternura. El pequeño por inercia le regaló una sonrisa—, sobre todo porque tienes esos ojos hermosos y esa linda sonrisa.
El pelinegro aprovechó secar las lágrimas que aún no le caían.
—Shikadai, debo reconocer que tu padre tiene razón —intervino la pelirroja captando la atención del moreno. El pequeño sólo la miró de reojo—. Tus ojitos y tu sonrisa hacen que seas un niño muy lindo, mucho más lindo que tu abuelo y tu papá.
—¿Así como mamá? —inquirió, Dai, quedito.
La pelirroja no pude evitar sentirte incómoda. Reconocer a viva voz que la ex pareja de su marido era una mujer bonita, era algo sumamente complejo. Sobre todo para una mujer insegura como ella. Alzó la mirada topándose con los orbes marrones de pelinegro, sin embargo, éstos sólo la miraron de forma neutral. Prácticamente dejó la respuesta a su conciencia. Sin más nada que hacer, regresó su mirada a los ojos verdosos del niño.
—Sí, Shikadai… así como tu mamá —respondió en un tono ambiguo—. Odiaba tener que reconocerlo, pero si no hacía, corría el riesgo de que no empatizar nunca con el pequeño. Decidió continuar. Tenía que aprovechar de arreglar todo de una vez—. Siento mucho haberte hecho sentir mal hace un momento atrás, pero para mí Shikamaru y Shikaku-san no son feos —sonrió tratando de empatizar con el menor—. Dime la verdad, Dai, ¿tú los encuentras feos?
El niño la miró en silencio, esbozando después una sonrisa tímida.
—No… peyo mamá es más linda.
La mujer apretó los labios. ¿Acaso ese niño siempre se la iba a nombrar? Inhaló aire fuertemente y exhaló. Tenía que mantenerse serena, sino todo en cuestión de segundos podría irse a la mierda.
—Bueno… no hay punto de comparación —acotó manteniendo su tono de voz—, pero en realidad lo que te quise decir en un comienzo, era que tú te pareces mucho a tu papá —la mujer al ver el interés del menor, prosiguió—. Físicamente son como dos gotas de agua. Tienen la misma contextura delgada, el mismo peinado, el mismo color del cabello; además eres sentimental igual que él.
—¿Setimental? —inquirió, Dai, sin entender a lo que ella se refería.
—Un bebé llorón, hijo —interrumpió parsimoniosamente, Shikamaru, consiguiendo la atención de su pequeño—. Un bebé llorón, como yo.
El niño sonrió feliz.
—¿Soy vago y bebé llorón? —inquirió éste, de forma cantarina a su progenitor. En sus ojos se podía ver la emoción.
Shikamaru lo miró sonriente y orgulloso.
—Sí, hijito, somos igualitos —respondió dulcemente sintiendo una fuerte emoción en su interior—, ¿no te parece lindo?
El pequeño asintió con una bella sonrisa que hizo que al pelinegro se le derritiera el corazón. Lo estrechó amorosamente y le dio un beso en la carita. Estaba enamorado de su hijo, definitivamente era su adoración.
—Te amo, hijo mío —susurró, Shikamaru, abstraído del mundo.
—Te amo papito lindo —acotó, Dai, regalándole un beso en el rostro.
Tayuya que observaba la escena en «primera fila», no pudo evitar sentir cierto grado de envidia. Ese escuincle había captado toda la atención de su marido en cosa de segundos, y seguiría teniendo su atención a menos a que ella hiciera algo.
Tenía que interrumpirlos.
Era lo más fácil para arruinar el momento mágico que estaba aconteciendo entre esos dos.
—Shika, mi vida, creo que ya hemos estado mucho rato aquí —espetó, la colorina, en un tono meloso logrando que el pelinegro desviara su mirada hacia ella—. Además puede que al niño lo estén buscando.
La pelirroja lo miró simulando preocupación.
—No creo, Tayuya —acotó, el moreno, cansinamente—, sino Ino ya estaría llamado a gritos a los niños.
Por inercia giró hacia donde había dejado a Inojin, pero éste ya no estaba allí.
—Me imagino que Inojin se aburrió de esperarnos —señaló, Shikamaru, con su típica parsimonia, dirigiendo primero la mirada hacia su hijo, para luego girar y quedar enfrente de su esposa—. Seguro debió haber vuelto a la fiesta —acomodó a Dai hacia su lado izquierdo, dejando libre su mano derecha, la cual estiró en dirección a su esposa—. Vamos… regresemos con los demás invitados.
La mujer sin perder tiempo le tomó la mano. Ambos lentamente comenzaron a avanzar.
No era el contacto que ella hubiese preferido en ese momento, pero al menos Shikamaru le había ofrecido la mano. Un detalle simple, pero significativo entremedio de tantos arrumacos entre su marido y ese niño recién aparecido.
Continuaron caminando hacia el centro de la fiesta, sin embargo, a medida que avanzaban, Tayuya, ya no sentía conforme con ese solo contacto.
—Shikadai, yo creo que tu papá debe estar cansado de tanto cargarte —espetó ésta, con fingida cordialidad con el fin de persuadirlo. Shikamaru al escucharla la miró extrañado, en cambio, el pequeño sólo la miró de soslayo—. ¿Quieres caminar un poquito? Te hará bien hacer un poco de ejercicio.
El niño sintió que esa mujer de pelos rojos era todo un fastidio. Primero lo quería convencer de que lo lindo lo había heredado de papá, y ahora lo quería convencer que debía caminar porque papá estaba cansado. Su papito era fuerte y lo podía cargar todo día.
Frunció los labios.
—No quero, yo quero ir con mi papito —respondió éste, con cierta molestia para luego abrazar al moreno.
Shikamaru disimuladamente aguantó la risa.
—No te preocupes, mujer —intervino éste, al ver que a la pelirroja no le agradó la respuesta de su retoño. Le pareció gracioso ver a esos dos cruzando palabras. Tal parecía que ambos querían quedarse con él —, la verdad es que no estoy cansado, y si lo estuviera igual lo llevaría en brazos. Es de padres llevar a los hijos en brazos cuando son pequeños.
La pelirroja trató de disimular su molestia.
—Está bien, pero después no te andes quejando que te duelen los brazos.
El niño pese a tener sólo tres años, captó al instante su indirecta.
—Papito es fuete, no cansa —espetó éste, con seguridad, al ver que su padre sólo negó con la cabeza. Pese a lo ésta dijera, él no se iba a bajar.
La mujer miró a Shikadai con el ceño fruncido. Si el mocoso quería discutir, ella no se iba a dejar.
El pelinegro suspiró.
—Creo que ya suficiente por hoy —intervino con su voz cansina, deteniendo su andar. Paseó su mirada primero por el rostro de la colorina y enseguida por el rostro de Dai—. Hijo, quédate tranquilo. Te voy a llevar en brazos hasta el lugar donde está tu mamá. ¿Estamos de acuerdo? —el menor asintió en silencio. Pese a que el tono de voz de su padre era cansino, le inspiró un gran respeto. Shikamaru regresó su mirada hacia su esposa—. Tayuya, tú eres la adulta, aquí. Deja de hacer hablar a Dai demás y trata de no ponerte a su altura.
La mujer lo miró ofendida.
—Pero Shika, yo ni siquiera he discutido con él —se defendió ésta, sin exasperarse. Tenía que tratar de no alterarse.
—Pero estuviste a un paso de hacerlo, mujer —afirmó con convicción, el moreno—. A mí no me puedes engañar.
Tayuya que lo miraba en silencio, soltó un pequeño bufido.
—Está bien, trataré de omitir mis comentarios.
Aquella respuesta no convenció del todo a Shikamaru, sin embargo, decidió reanudar su caminar.
—Y todavía falta que se encuentre con Temari. Mendokusai —pensó mientras cada vez se acercaba más al centro de la fiesta —. Sólo espero que Tayuya siga comportándose tal como lo ha hecho hasta ahora. Con cordura.
.
.
.
Ino se movía de un lado a otro despidiendo a sus invitados. Ya se había ido la gran mayoría de ellos, sólo estaban quedando sus familiares y algunos amigos más cercanos.
Como buena anfitriona acompañó a todos hasta la puerta, y una vez que terminó de despedirlos, regresó hacia donde estaba sentado el resto.
—¿Y Shika aún no vuelve? —susurró bajito, la platinada, sentándose al frente de su rubio amigo. Éste que estaba comiendo pastel, trago lo que tenía en la boca y se limpió con una servilleta.
—No, todavía no —respondió, el ojiazul, con sigilo —, pero no me impresiona. Shikamaru es lento para casi todas las cosas.
—¿Y qué dice Temari al respecto? —inquirió, Ino, mirando de soslayo a la recién nombrada. Ésta se encontraba a un par de mesas más allá junto a Hinata.
—Nada, pero igual se ve algo intranquila —respondió, el Uzumaki, desviando su mirada hacia donde estaban las chicas—. Son muchos minutos de haber perdido a su hijo de vista.
—Tienes razón, mejor la iré a acompañar —espetó, la platinada, colocándose de pie, sin embargo justo en ese momento, un pensamiento le vino a la mente.
—¿Te ocurre algo, Ino? —preguntó curioso, Naruto, al ver que su amiga no se movía. Tal parecía que estaba abstraída.
La Yamanaka reaccionó.
—Sabes Naruto, me intriga saber la forma en que Shikamaru los presentó —espetó interesada, la platinada, mordiéndose por inercia el labio inferior—. Ni siquiera se me ocurre cómo pudo haber sido, ya que Inojin como informante «se muere de hambre». Sólo fue a dejar a Dai y se regresó.
Los dichos de la ojiceleste hicieron sonreír al Uzumaki.
—Ayyy Ino, deja de ser tan curiosa. Mira que ya hiciste mucho con adelantar la presentación entre Tayuya y Dai. Sin embargo, lo que llamó mi atención fue lo generosa que fuiste con Tayuya. Le diste la privacidad necesaria para tan magna presentación.
La platinada soltó un bufido.
—¡Me odié cuando vi que mi hijo regresó tan rápido! —exclamó ésta, con cierto fastidio—. Debí haberle dado instrucciones precisas a Inojin para que se quedara allí y retuviera toda la información posible. ¡Yaaa!, mejor no me quejo más. Te dejo, Naruto; voy con las chicas.
Rápidamente, Ino se desplazó hasta donde estaba Temari y Hinata.
—¿Todavía no regresa Dai con Shikamaru? —preguntó, la Yamanaka, sentándose al frente de Temari.
Hinata que estaba al lado de la Sabaku, alzó el rostro.
—No, aún no regresan —contestó ésta, con suavidad.
—Creo que ya se han tardado demasiado —complementó la respuesta, la ojiverde, cruzando la mirada con la platinada. Ésta suspiró.
—Me imagino que Shikamaru creyó necesario tomarse todo el tiempo del mundo para hacer tamaña presentación —espetó, Ino, tratando de justificar la demora de su amigo. Enseguida desvió su mirada hacia Hinata— o quizás Tayuya, todavía no puede aceptar que quedó relegada a un segundo lugar en la vida de Shika, si es que no quedó en un tercero.
Aquel tono burlesco que utilizó la Yamanka, al final de su comentario, no le pareció bien a la peliazul.
—No seas mala, Ino —señaló ésta, borrándole de cierta manera la sonrisa a su amiga.
—Fue sólo una broma —acotó ésta, en su defensa. Alzó la mirada para ver si su amigo estaba cerca y ahí fue que lo vio. Una sonrisa amplia adornó su rostro—, pero hablando de los reyes de Roma…miren quienes vienen allí.
Ino de inmediato se puso de pie e hizo una seña con la mano.
—¡Dai, estamos acá! ¡Tu mamá está acá!
Los gritos de Ino fácilmente se podían escuchar a varios metros a la redonda.
Dai al escuchar a la Yamanaka sonrió feliz.
—Quero ir con mi mamita —espetó a viva voz, haciendo el intento de bajar.
Shikamaru soltó la mano de Tayuya y bajó al niño dejándolo sobre el pasto. Éste salió corriendo como bala en dirección a la platinada.
El moreno enderezó su cuerpo y suspiró.
—¿Me imagino que no has saludado a nadie? —preguntó éste, guardando las manos en los bolsillos de su pantalón.
La mujer lo miró serena.
—De tus amigos, sólo saludé a Hinata —respondió ésta, con franqueza—. No vi a tus padres ni a los padres de Ino, cuando llegué. Tampoco he saludado al cumpleañero.
El pelinegro sacó su mano derecha del bolsillo.
—Entonces vamos, te acompaño a saludarlos —espetó éste, en su tono cansino, ofreciéndole la mano.
La mujer la aceptó gustosa. Lentamente comenzaron a avanzar hacia el sector donde estaban las mesas.
Ino que estaba a varios metros del pelinegro, sonrió burlesca.
—Ayyy Shikamaru, ya veremos como cambiará tu comportamiento una vez que tengas a la madre de tu hijo enfrente —pensó mientras se sentaba. Dirigió su mirada hacia Temari. Ésta ya tenía a su pequeño sentado en las piernas.
—Te demoraste mucho, Dai, ya te extrañaba —espetó, la ojiverde, abrazando a su hijo —. Dime, ¿conociste a alguien por allá?
—Papá tene esposa y es fatidiosa —acotó, el pequeñín, sin filtro.
Ino abrió los ojos como plato y sonrió de forma perversa. Por su parte, Temari no supo que decir, el niño había salido «directo» igual que ella. Hinata sólo enrojeció, sintió vergüenza ajena.
—A ver Dai, repite eso que parece que no te escuché bien.
El niño miró a la platinada avergonzado. Se llevó la mano a la nuca y le quitó la mirada de inmediato.
—Mi amor, que no te dé pena repetírmelo —espetó melosamente, Ino, parándose para acercarse más al niño. Apoyó sus manos sobre la mesa e inclinó su cuerpo hacia él—. Te cuento un secreto Dai, —el pequeño la miró de reojo—, así entre nosotros dos. Yo encuentro odiosa a esa vieja de cabelleras rojas.
El ojiverde le regresó la mirada con una sonrisa tímida. Ino se sintió feliz.
—Sí, mi niño, no la soporto —confirmó sus dichos. Tenía que hacerlo hablar de alguna forma— ¿y cómo dijiste que era la vieja de tu papá? —preguntó ésta, sintiendo ya la confianza del niño. Éste la miró divertido.
—Fatidiosa —acotó, el pequeño, y se le escapó una risa.
La Yamanaka sonrió ampliamente.
—¡Bien, mi amor! ¡Bien Dai! Eres de los míos. —exclamó ésta haciendo un gesto con los brazos en señal de triunfo.
—¿De qué vieja fastidiosa están hablando? —preguntó, Naruto, al llegar. Primero miró curioso a Temari, ésta se estaba aguantando la risa, por lo que no dijo nada. Desvió su mirada a Hinata, ésta estaba estática y su cara ardía como fuego. Giró su rostro zorruno hacia el pequeño.
Dai sonrió sin vergüenza.
—De la veja de papá —acotó cantarinamente.
El rubio sonrió divertido por la respuesta. Volteó su rostro hacia la platinada.
—Vaya Ino, al parecer ya tienes un aliado, y no es nada más ni nada menos que un aguerrido niño de Suna.
—Sí amigo, al fin encontré uno —espetó ésta, sonriente.
Naruto que miraba hacia la derecha de su amiga, dejó de sonreír.
—Bueno, creo que debemos dejar el chiste para otro día —acotó, el ojiazul, con algo de seriedad —. Shikamaru está a pocos pasos de llegar.
Ino abrió los ojos desmesuradamente.
—¿Dónde viene, Naruto? —preguntó, la Yamanka, mirando hacia al frente. Movió su cabeza sin dar con él —. No lo veo.
—Viene caminando apegado a las mesas. Por tu derecha —espetó quedito, el rubio. La platinada miró de inmediato a su diestra.
—No pude ser, este vago es un cobarde —musitó entre dientes—. Hará que Tayuya salude a todos primero dejando a Temari al final. Algo me dice que esto no es una buena idea.
La ojiverde al escuchar la advertencia de Naruto, se acercó al oído de Shikadai.
—Dai, por favor, mantén la boca cerrada —instruyó ésta, en voz baja a su hijo —. Ni un comentario de lo que se habló aquí, a tu papá.
El niño atento a las palabras de su madre, asintió con la cabeza. Enseguida se apegó al cuerpo de ésta.
Ino enderezó su postura y volteó para recibir a su amigo. Lo miró con cara de falso fastidio.
—¡Vaya Shikamaru!, hasta que al fin decidiste regresar —espetó, la Yamanaka, con sarcasmo. Sabía muy bien que el culpable no era él, sino la mujercita que tenía al lado—. Por un momento pensé que te irías sin despedirte.
—Cómo se te ocurre, Ino —espetó, Shikamaru, con su típica apatía—. Nunca haría eso.
Luego de escuchar las palabras de su amigo, la platinada desvió la mirada hacia la colorina.
—Hola querida, ¿cómo estás? —acotó ésta, de forma cínica, acercándose a ella y dándole un beso en la mejilla. El beso de Judas «quedaba chico» ante tamaña hipocresía.
—Bien, Ino, gracias —respondió, Tayuya, con el mismo cinismo que la anfitriona.
—Hola Tayuya, ¿cómo estás? —intervino alegremente, el Uzumaki, cambiando de cierto modo el ambiente—. ¡Qué bueno que te acercaste a este sector! Mira que todavía quedan bastantes cosas para beber y comer, si así lo deseas.
La mujer le sonrió.
—Hola Naruto, estoy bien —le contestó de forma amena—. De ahí iré a beber algo. Gracias.
La pelirroja miró de reojo a la rubia que estaba enfrente.
—Hola Tayuya, ¿cómo estás? —espetó, la ojiverde, con seriedad, al darse cuenta que dicha mujer ya la había visto, pero no la había saludado.
La de ojos castaños fijó su mirada en ojos almendrados de la rubia.
—Hola Temari —respondió, la colorina, fingiendo simpatía—. Estoy bien, aquí, junto a mi marido.
La mujer que ya tenía cogida la mano del moreno, terminó rodeándole el brazo con su mano libre. Sonrió triunfante. Tal parecía que estaba presumiendo un «trofeo andante».
Temari sonrió y la miró con indiferencia.
—Me alegro mucho por ti —acotó ésta, en un tono algo sardónico—. Yo también estoy muy bien. He disfrutado mucho de este cumpleaños «junto a mi hijo» —puso énfasis en las últimas palabras con el fin de molestar a su interlocutora y lo consiguió. La colorina frunció los labios. Enseguida la rubia miró a su pequeñín.
—¿Verdad Dai? —le preguntó a su hijo, queriendo que éste confirmara sus dichos. El pequeño la miró con cariño.
—Sí, y tamben con papito —respondió éste, con inocencia. Era demasiado obvio que su hijo incluiría a Shikamaru en el grupo—. Mamá y papá son divetidos.
El semblante de la colorina cambió en un santiamén.
Ino que sólo observaba, se llevó la mano a boca. Tenía muchas ganas de reírse, pero lo supo disimular muy bien. Miró de reojo a Shikamaru. Éste se veía más que complicado. Sintió algo de pena por él.
—Bueno, nosotros los dejaremos por un momento —intervino, el pelinegro, justo cuando se produjo un silencio —. Tenemos que ir a saludar a mis papás.
La Yamanaka lo miró extrañado.
—Pero tú ya los saludaste, Shikamaru —espetó ésta, con el fin de confundirlo más. Sabía que estaba siendo mala con su amigo, pero el solo hecho de ver el rostro enfadado de la colorina, la animaba a fastidiarlo más.
El moreno la miró desconcertado.
—O sea… voy a acompañar a Tayuya para que los salude —se corrigió, el pelinegro, con algo de fastidio—. No sé para qué me retracto, si tú sabes muy bien que me confundí. Nos vemos dentro de unos minutos más.
—Vamos Tayuya —susurró, Shikamaru, a su esposa y ésta enseguida comenzó a caminar.
Ino los vio alejarse, para luego suspirar.
—Ayyy Shikamaru, lo siento mucho por ti —musitó ésta, entre dientes mientras se acomodaba el cabello—, pero «tu teleserie personal» está recién comenzando y si no intervienes pronto, estas mujeres se terminarán matando.
.
CONTINUARÁ…
.
Gracias por leer, espero que les haya gustado el capítulo.
Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor. Yo los amo con el corazón :D
Mañana responderé los reviews pendientes, disculpen la demora.
Disculpen también las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré (ayyy Kami... pese a que estoy con vacaciones, no creo que tenga tiempo de hacerlo. Mis vacaciones son muy cortas).
Nos vemos en mi próxima actualización.
Ahora me despido, pero no sin antes desearle por adelantado un muy feliz año nuevo. Disfruten esa noche especial con sus amigos y familias. Mis mejores deseos de felicidad y prosperidad para ustedes. Los quiero mucho, un abrazo. Besos para todos.
