Haber presenciado aquello fue como un balde de agua fría.

Es decir, esperaba que algo como esto pudiera pasar. Era posible. Pero verlo en carne propia fue totalmente difícil.

Tragó saliva. No sabía cómo confrontar esto. En definitiva, ponerlo incómodo no estaba en sus planes.

—Yo... —trató de hablar, pero fue imposible. Había un inmenso nudo en su garganta que no la dejaba seguir.

Pero como toda una vikinga, fuerte y audaz, continuó sin derramar una sola lágrima.

—Liv, retírate, por favor —le ordenó, seriamente.

La castaña estaba por replicar, pero Hiccup le regaló una mirada amenazadora. Y no le quedó más que acatar la petición del jefe.

—Astrid... —pronunció, mientras su mano se acercaba lentamente a ella.

Estúpido. Cómo pretendía tocarla después de lo que ella vio. Pero Hiccup estaba siendo impulsado, generando un movimiento involuntario.

— ¡Mami! ¿Dónde te metiste? —una vocecita sonó entre los arbustos.

Un par de pasos comenzaron a aproximarse. Sus ojos verdes comenzaron a tomar un brillo único. Fue sumamente notorio, porque Astrid lo percibió de inmediato.

La infanta salió de los arbustos. La sonrisa de Hiccup no tardó en mostrarse. No obstante, ver a Daven tras la pequeña, le dio un sentimiento muy extraño.

Un anormal ardor estomacal. Su rostro comenzó a tornarse un tanto rojizo. Y la rubia lo conocía como nadie.

Hiccup podía no saberlo, o hacer como que no sabía. Pero ella no tenía dudas de que estaba celoso.

Cuando las miradas de ambos pudieron profundizar, el ambiente estaría por cambiar a algo más tenso. Pero Hiccup no permitiría esto por ningún motivo.

Ignoró el hecho de que Daven estaba ahí, para agacharse a la altura de Zephyr y tenderle su mano.

La niña, con toda la confianza del mundo, suspiró feliz. Mostraba sus dientes como nunca antes la había visto. Dejó al descubierto su tierna falta de un diente.

Hiccup había extendido la mano, dejándola plana, como cuando quería darle la confianza a un dragón. Por parte de Zephyr, ella tomó la palma de Hiccup, con ambas manitas.

La empezó a analizar con detenimiento, como si tuviera una piedra preciosa en sus manos. Pero, nada de eso, era la mano de su padre. Y la pequeña castaña pasaba sus diminutos dedos suavemente sobre la palma de Hiccup, memorizando cada una de sus huellas digitales.

Inevitablemente, una lágrima se asomó por el ojo derecho del líder. De pronto, para Astrid, había desaparecido por unos segundos la imagen anterior de Hiccup besando a otra mujer.

En estos momentos, solo podía retener esta tierna imagen, algo que por años codició. Sus ojos estaban humedecidos, al borde del llanto, pero se tenía que mantener fuerte, ruda; lo que siempre ha sido ella. Aunque deseaba arrinconar aquel panorama, no podía pretender que nada pasó.

Hiccup estaba en un completo shock. De pronto, el mundo había desaparecido y solo era él y la chiquilla. Con sus manos, nuevamente, tocó el rostro del mayor, carcajeando.

»—Me gusta tu barba —sonriendo, acariciándole el casi nulo vello creciente de la barbilla —. Me hace cosquillas.

No había felicidad más grande que la que en estos momentos estaba conociendo. Absolutamente nada.

Francamente, no sabía que responder, cómo actuar, qué demostrar. Estaba inmensamente contento y toda esa emoción estaba contenida. Quería sacarla, pero no encontraba de qué manera.

Le devolvió la sonrisa y se acercó a su frente, asentando un beso en ella, removiendo levemente el flequillo de su cabello.

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Llegaba a su hogar, molesta y tirando todo lo que estuviera a su alcance. Era tan incuestionable el cambio que Hiccup había tenido en tan solo unos momentos manteniendo contacto físico con la rubia.

No podía quedarse con la incertidumbre de qué pasaría. ¿Sería tan descarado de lanzarse a besarla después de haber correspondido un beso de ella?

No era de las que espiaban lo que no era parte de su vida. Y aunque Hiccup era su vida, no espiaría porque sí una conversación con su... ¿exesposa? ¿esposa? Era complicado para ella.

Estaba dispuesta a dejar de lado este terrible sentimiento. Ya había pasado mucho tiempo pretendiéndolo y él no hacía más que recordarle que solo tenía sentimientos meramente fraternales hacia ella.

Pero, también, le había regalado más tiempo del que Astrid le dio. Ella pudo conocerlo y ayudarlo a salir de aquel declive. Hiccup estaba muy afectado. Y sí, ciertamente, el verla lo puso feliz. Pero ella ya había logrado mantener un balance entre las emociones de Hiccup. ¿Verdaderamente no podría convertirse en la felicidad de Hiccup?

Apresuraba los resultados. Luego de todo, su exmujer había presenciado ese beso. Y por mucho que Hiccup le negara un posible lazo, lo había visto. No era solo ella la involucrada, no solo ella había puesto pasión ahí. Fue algo mutuo.

No debía ser tan difícil. Ella no lo merecía. Lo abandonó. Solo le quedaba manipular las cosas, de forma en que la rubia pensase que hay algo más allá de lo que vio. Son planes buenos, que parecen malos, pero trataría. Daría hasta lo último por él.

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Confundido. Culpable. Indeciso. Tanto en su pensar. Confundido por haber correspondido el beso de Liv. Culpable, por haber dejado que llegara a mayores, por no haberla quitado como debió hacerlo desde un principio.

E, indeciso...

Y no. No era una duda de a cuál de las dos quería. Conocía sus sentimientos y estos eran precisos, legibles, intocables. No había duda de que amaba a Astrid y jamás se atrevería a poner un desliz con Liv por encima del amor que le tiene a la vikinga.

Pero, estaba indeciso. Su corazón estaba herido y abandonado. No creía que usaría la razón esta vez.

Hiccup, con una mirada, le pidió a Valka que llevara a Zephyr lejos. Que la llevara a conocer Berk, el lugar que, en unos años, sería suyo.

Astrid había entrado a la casa de Hiccup, buscando a su hija, con las manos en su cintura, volteando de un lado a otro. Hiccup estaba recargado en una pared, con el semblante serio.

— ¡Por Thor! —exclamó, sintiendo que su corazón latía de manera desesperada. La había asustado, pero era más el hecho de encontrarse sola con él lo que la ponía ansiosa.

Hiccup tomó aire, tratando de mostrar más seguridad en él. Lo cierto, es que era una completa mentira. Estaba tan asustado como ella.

—Creo que merezco una explicación, ¿no crees? —Astrid entrecerró los ojos, ofendida.

—Las explicaciones que necesitabas, estaban en la carta —notificó, enfadada, cruzándose de brazos.

—No solo eso. ¿Por qué vienes con Daven? —inició, alzando el tono de voz —, ¿dónde demonios estabas? ¿Por qué te llevaste a nuestra bebé de ese modo? —reclamó, con los ojos húmedos.

—Yo estaba asustada —trataba de mantenerse serena, pero Hiccup estaba perdiendo el control.

— ¡Todos lo estábamos! —protestó, alzando las manos —. Todos estos jodidos años buscándote sin dormir. Noches en vela que pasé con tal de encontrarte y cuando decido descansar, ¡vienes así! ¡como si nada! ¡¿Esperando a que te perdone?! —todas estas palabras, dolían. Estaba a nada de pedir perdón, pero, no estaba segura de si era lo correcto.

—Sí, ¡ya veo que por ti mejor no encontrarnos! —siguió con la discusión —. Perdona que Zephyr y yo hayamos arruinado los planes de tu futuro segundo matrimonio, Haddock. ¡No pensé que tu antigua esposa y tu hija fuéramos una carga para ti!

Maldición. Cómo podía asimilar que Zephyr se trataba de una carga. ¡Tantos años buscándola! Si fuera una carga, ¡ni se hubiese molestado en buscarlas! Pero él en verdad las amaba, ¡en verdad solo deseaba el día en que las encontrara! Pero no así...

—Ya veo que fue un error venir —soltó, pretendiendo salir por la puerta —. ¿Dónde está Zephyr? ¡Ya nos vamos! —volvió hacia las habitaciones de la casa, tratando de entrar, pero Hiccup le impidió el paso y la tomó por los brazos.

— ¡No te vas a llevar a Zephyr de nuevo! ¡Entiende! —la zangoloteó.

No quería lastimarla, pero sabía que, si no aplicaba fuerza, Astrid haría lo que quisiera.

— ¡Me estás lastimando! —se intentaba zafar del agarre. ¿Desde cuándo era tan fuerte?

—Si te dejas de mover, ¡no te lastimarías! —posicionó su mirada en los ojos azules de Astrid, haciendo que mínimamente se tranquilizara.

Maldita sea. Sabía cómo ganarle, era todo un juego de seducción involuntario. Él perfectamente dominaba su sumisión en cuanto colocaba esos estridentes en ella.

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¡Bueno, aquí un nuevo capítulo! Y largo... después de que tal vez me ausente un poco, les he dejado algo para que ingieran 7u7.

La prepa me quita toda inspiración y ganas de vivir... por eso mismo tardo en actualizar. Perdonen si hay errores. Los capítulos anteriores fueron super escritos, con mucha atención y mucho empeño.

He de admitir que a este le he puesto menos atención, pero es porque no tengo mucha cabeza ahorita. Estoy estresada :'(( y perdonen si tardo. Tengo casi toda completa esta historia, pero solo en mi cabeza xd