Metal había dejado a más heridos en las manos Shizune, Ino justamente estaba terminando de ponerse su ropa de ninja para ir al campo de batalla con Namida.

—Ahora que llegó Shizune-San y el resto de enfermeros podemos ir al campo de batalla y llevar más suministros— Le explicó a Namida acomodándose sus mangas

—Ino-San, ¿Qué cree que haya fuera?

—Robots, ninjas y ninjas con implantes robots con tecnología ninja de primera— Metal entró a la sala estirándose —No es normal nada de lo que está afuera

Namida observó a Metal Lee entrar con unos nuevos vendajes en las manos y una curita en la frente.

—Estás bien, Metal-kun— Namida juntó sus manos preocupada

El azabache asintió con su cabeza y le sonrió con su acostumbrada encanto y ella solo se relajó un poco.

—Nunca pensé que la tecnología ninja nos atacaría de tal modo— La Yamanaka negó con la cabeza —Son pocos los que pueden contrarrestarla, fuerza e intelecto...

—Entonces debo ir yo— Todos miraron a Denki apoyado en marco de la puerta

—Denki-Kun, estás muy débil, no puedes ir— Metal miró a su amigo

—¿Dos débiles pueden hacer algo no crees?— Ino miró el encuentro entre todos los chicos, aquellos sentimientos de unidad le recordaron a los viejos tiempos y sonrió ante la frase de Iwabee

—Miren, yo me adelantaré con otro escuadrón, Namida-chan, irás con ellos, ¿De acuerdo?

La castaña asintió con la cabeza y miró a su superior respirando algo agitada.

—Vamos, confía en ti. Los chicos suelen ser complicados

Ino le sonrió a todos y salió del cuarto dejándolos solos.

—Bien, con calma guarden todo lo que necesiten, armamento y vitaminas, saldremos en una hora— Namida los miró tratando de parecer segura

—Ese es el espíritu Namida-Chan— Metal le sonrió y ella le devolvió el gesto

La hora pasó demasiado rápido y ambos estaban en las puertas del refugio dispuestos a salir.

Denki se mantenía ensimismado, casi lo logró la vez pasada, si identificaba el factor de fallo, tal vez podrían erradicar una parte de la amenaza.

Le faltaba rapidez y perspicacia, pero podía intentarlo aunque tuviera que arriesgar su vida, ahora corría junto a su equipo con la misión de tratar de salvar su aldea y el mundo shinobi.

(...)

Se sentía bien tras visitar su tierra natal, el país del hierro, pero le alegraba ver a Konoha, esa aldea a la que logró tomar cariño.

—Parece que piensas en un lugar que te gusta— Su viejo maestro le sonrió

—Es difícil mentirle a usted

—Eso es un sí, alégrate, pronto volverás a Konoha, ahora tienes lazos que te unen al mundo shinobi— Ambos veían los copos de nieve caer

—¿Cree que son lazos fuertes?— Preguntó Tsubaki

—Lograrás darte cuenta cuando tu corazón te lo diga... Y tu mente pierda poder sobre tu cuerpo, querida alumna

Sus orbes rosadas se alzaron al cielo y su cuerpo quedó petrificado al ver el símbolo de alerta inminente en un halcón con el símbolo de Konohagakure en su pequeño chaleco.

Sintió el pecho a mil, su cuerpo sudar y el juicio nublarse, se aterró ante la idea de que repitiera otra tragedia y que algo horrible estuviera pasando.

Sus pies se movían sin ni siquiera pensarlo y corría lo más rápido que podía en dirección a Konoha.

Tsubaki, solo una samurai, no era la más fuerte, no pertenecía a Konoha directamente, pero la idea de que sus amigos estuvieran en peligro le causaba estragos en la mente, no podía pensar, solo quería ayudar, quería intentar salvar a la aldea que la acogió y a los amigos que le mostraron que la humanidad de uno no te hacía débil.

—Lograrás darte cuenta cuando tu corazón te lo diga... Y tu mente pierda poder sobre tu cuerpo, querida alumna

Si, logró darse cuenta, su corazón la obligaba a correr sin pensar, con recuerdos de sus amigos y los buenos momentos en la mente, lista para enfrentarlo todo.

Dos almas en busca de ofrecer salvación marcaron su destino y el mundo decidió unirlos