Las semanas pasaron en Hogwarts y la normalidad volvió a la vida de casi todos los alumnos. Los informes que llegaban sobre el estado de salud de la alumna Katie Bell eran favorables, cosas que tranquilizó a sus compañeros. Aunque según los medimagos de San Mungo no podría retomar las clases hasta dentro de un mes. Leanne se encargaba diligentemente de preparar todos los apuntes que necesitaría su amiga al reincorporación a la escuela.
A pesar de las frecuentes ausencias de Dumbledore cuando éste volvía impartía las clases particulares que había prometido a Harry. Por éstas el joven había descubierto gran cantidad de detalles de la niñez y adolescencia de Tom Ryddle (Lord Voldemort), asomándose al pensadero del despacho del director. El anciano había insistido en la importancia de que Potter conociera la historia de ese joven ya que le serviría cuando tuviese que enfrentarse a él. Harry tomaba muy en serio sus palabras así que se esforzó por guardar en secreto todo lo que su mentor le revelaba.
La relación entre Ron, Harry y Lavender se estrechó durante esas semanas por la ausencia de Hermione. Aunque los tres intentaron acortar distancia con su amiga esta seguía molesta con ellos.
— ¿Has intentado hablar con ella? — Preguntó Harry mientras desayunaban.
— ¡Claro que sí! Es la quinta vez que intento disculparme pero sigue sin dirigirme la palabra — Confesó Lavender frustrada.
— Tranquila Lav, no puede seguir enfadada eternamente... — Intentó consolarla Ron — ¿O sí?
Harry comenzaba a impacientarse, ya habían pasado cinco semanas desde que Hermione había roto todo contacto con ellos. Por supuesto los tres habían intentado que abandonase esa actitud pero había sido en vano. Potter sospechaba que algo andaba mal, no solo se había apartado de ellos si no que veían que pasaba la mayor parte de su tiempo sola. Muchas veces la descubrían en la biblioteca hasta altas horas de la noche consultando libros que decía eran para su "investigación personal". Además durante las clases los profesores en numerosas ocasiones le llamaban la atención pues la veían ausente. Sabía que algo le preocupaba, conocía a Hermione como si fuese su hermana y ese comportamiento no era propio de ella.
— Comienzo a pensar que sí puede — Se lamentó Harry mientras buscaba a su amiga con la mirada.
Hermione se encontraba en la otra punta de la mesa que los Gryffindor ocupaban en el Gran Comedor, justo al lado de la puerta que daba acceso a la sala.
— Empieza a parecer una huraña — Mencionó Ron siguiendo la mirada de su amigo.
La joven permanecía sentada consultando un libro de texto, sin hacer demasiado caso a la comida que se hallaba en su plato. Su aspecto era desarreglado, algo que chocaba con su personalidad perfeccionista. Ni siquiera se había anudado correctamente la corbata de su casa y su pelo lucía más enmarañado que de costumbre. Unas marcadas ojeras denotaban que no estaba descansando lo suficiente.
— Pensé que sería más fácil para ti, compartís habitación — Dijo Harry volviendo a poner su atención en Lavender.
— Ya, yo también lo pensaba... incluso Pavarti ha intentado mediar entre nosotras, pero nada — Se lamentó la joven al ver que ni siquiera su amiga y compañera de cuarto había podido ayudarla.
— ¿Y cómo es que a ti no te escucha? Siempre has sido su favorito — Comentó Ron con un matiz de celos que sólo Harry era capaz de percibir.
— No digas tonterías... — Respondió Potter mientras se mordía la lengua para no confesar el amor que Hermione le profesaba a su amigo.
Desde su punto de vista si alguno era el preferido de Hermione sería el pelirrojo.
— Estoy preocupada por ella... — Comenzó a decir Lavender — Sé que nunca hemos sido muy amigas pero llevamos seis años compartiendo cuarto y nunca la he visto así.
Los tres volvieron a mirar a Hermione, sabían que debían hacer algo para que todo volviese a la normalidad.
— Tienes un aspecto horrible — Siseó Malfoy como si se tratase de una serpiente.
Hermione levantó la vista del libro de "Pociones Avanzadas". Harry la había adelantado en esa asignatura, arrebatándole su puesto de mejor alumna en esa materia. La joven no estaba dispuesta a perder su estatus y menos sabiendo que su compañero no era más que un tramposo, pues sus extraordinarios logros sólo se debían a tener el dichoso libro del "Príncipe mestizo" en su poder.
— Aunque lo pienses tu tampoco eres un adonis — Respondió de manera cortante girándose para comprobar que Draco se encontraba sentado justo detrás de ella, en la mesa de los Slytherin.
El joven también tenía un aspecto bastante desmejorado, se le veía más delgado y compartía con ella las ojeras que ensombrecían la belleza natural del chico.
— Veo que te han sustituido por la rubia cabeza hueca — Dijo Malfoy con tanto veneno que la joven sintió como si ese comentario fuese la mordedura de una víbora.
Hermione miró hacia donde se encontraban sentados sus amigos. Harry, Ron y Lavender estaban enfrascados en lo que parecía una importante conversación, pensó que era muy probable que Potter les estuviese informando de sus progresos con Dumbledore.
— Cállate Malfoy — Replicó la chica pues no se encontraba de humor para discutir.
— Bueno, es normal. Brown es una sangre limpia, si no fuese tan idiota podría haber sido seleccionada como Slytherin — Prosiguió el muchacho haciendo caso omiso a las palabras de su compañera.
Hermione guardó silencio, a pesar de lo enfadada que estaba con Lavender sabía que ella nunca sería una Slytherin.
— Hasta Weasley parece preferir su pureza, tal vez todavía haya esperanza para un traidor de la sangre como él — Malfoy seguía hablando exclusivamente para los oídos de la joven, sabiendo que sus palabras estaban logrando lastimarla.
De nuevo las emociones de Hermione estaban a punto de salir, aunque ni ella misma sabía si en forma de llanto o con violencia hacia el indeseable Malfoy. Su sien palpitaba con fuerza, de nuevo el dolor de cabeza le atacaba, aunque esta vez con demasiada intensidad. Con rapidez recogió su bolso escolar y salió de allí con paso apresurado temiendo que no pudiese controlarse. Desde la mesa que ocupaba el profesorado Severus observó con extrañeza como Hermione abandonaba el lugar con premura. Desde su encuentro en el despacho de DCAO ambos habían guardado las distancias. El trato que el profesor mostraba hacia su alumna de nuevo era de absoluta indiferencia, tanto en clase como fuera de ella. Y es que el hombre había puesto especial cuidado en no volver a encontrarse con ella a solas.
La hora del desayuno finalizó y las clases de ese día dieron comienzo. La mañana transcurrió con normalidad hasta que el horario marcó la hora asignada para que los alumnos de sexto curso asistieran a "Defensa Contra las Artes Oscuras". Mientras los jóvenes subían las empinadas escaleras de la Turris Magnus Hermione sentía como un nudo comenzaba a formarse en la boca de su estomago, el cual estaba causado por encontrarse de nuevo en presencia del profesor Snape. A pesar de que ya había pasado más de un mes desde su encuentro privado esa sensación se negaba a abandonarla. Sin duda el recuerdo de cómo Severus la sostuvo para que realizase el hechizo seguía causándole una intranquilidad que no era capaz de comprender. Para su sorpresa después de eso Snape se mostró mucho más frío con ella así que la joven comenzó a pensar que todo habían sido imaginaciones suyas. No le había dicho nada que la incomodase ni se había propasado en ningún momento, a decir verdad solo la había tomado por la muñeca para enseñarle como realizar correctamente un encantamiento. No había nada malo en sus actos pero por alguna razón Hermione no podía dejar de pensar que ese hombre había cruzado una línea que no debía sobrepasar. Mientras se encontraba perdida en sus atribulados pensamientos la migraña volvió a hacer acto de presencia. La joven cerró los ojos con fuerza mientras se sujetaba a la pared de piedra intentando respirar con normalidad.
— ¿Te encuentras bien? — Preguntó Draco fingiendo preocupación.
El chico se encontraba justo detrás de ella y se había visto obligado a detener su marcha por el malestar que parecía sufrir la joven.
— No — Susurró Hermione mientras sentía que las fuerzas le fallaban.
Los dos jóvenes se encontraban muy cerca del aula, a escasos peldaños. En ese momento Severus decidió asomase a las escaleras para ver a los dos alumnos que estaban retrasando el comienzo de la clase con su impuntualidad. Ya tenía preparada la reprimenda en su mente cuando los divisó y descubrió lo que estaba pasando. Una mirada de preocupación al ver la palidez de Hermione fue rápidamente sustituida por una inquisitoria dedicada al joven Malfoy al observar lo próximo que se encontraba de ella.
— Apártese — Bramó al joven mientras se abalanzaba sobre la chica impidiendo que ésta cayese por las escaleras pues sus piernas comenzaban a flaquear.
— No le he hecho nada — Se quejó Draco mientras levantaba las manos tratando de aparentar inocencia, aunque su sonrisa delataba que no era así.
— Encárguese de la clase, voy a llevarla a la enfermería y después... — La mirada que ese hombre le dedicó hubiese hecho temblar al mismísimo Voldemort — hablaremos.
Draco le sostuvo la mirada sin ningún tipo de temor.
— Por supuesto profesor, vigilaré su clase — Respondió con calma — Vaya a salvar a su damisela — Le susurró a Severus al pasar por su lado.
Snape tuvo que guardar compostura a pesar de que deseaba disciplinar a ese mocoso insolente. Con delicadeza tomó a Hermione en brazos. La llevaría él mismo a la enfermería y luego se encargaría del chico.
Por su parte Draco entró en el aula ante el desconcierto de sus compañeros.
— Nuestro profesor ha tenido que ausentarse así que me ha encargado la vigilancia hasta su vuelta — Comenzó a decir Draco mientras se acercaba a la mesa del docente.
Con elegancia tomó asiento y sonrió satisfecho a los alumnos.
— ¿Donde está Hermione? — Preguntó Harry al ver que no se hallaba en la clase.
— Sufrió un mareo, nuestro profesor se está encargando de ella — Informó Malfoy con tranquilidad.
— ¿Le has hecho algo? — Preguntó Potter visiblemente enfadado pues había recordado que Malfoy se encontraba muy cerca de ella mientras subían las escaleras.
— ¿Que le voy a hacer? Empiezan a cansarme tus estúpidas acusaciones Potter — Respondió molesto — Y ahora cállate si no quieres que empiece a bajar los puntos de tu casa, sabes que en ausencia de Snape tengo autoridad para hacerlo.
Harry lo miró con odio, desde que empezó el curso no se fiaba de Draco. Sospechaba que se había convertido en un mortífago a pesar de que todos intentaban convencerlo de lo contrario.
Snape llegó a la enfermería cargando a la joven en su regazo. Durante el trayecto se había fijado en que su peso era muy bajo y los huesos de su rostro eran mucho más visibles, dándole un aspecto cadavérico a la muchacha.
— ¡Pomfrey! — Gritó al entrar en la enfermería como una exhalación.
La mujer se asustó al ver al hombre entrar con tal ímpetu.
— ¡¿Qué ha pasado?! — Preguntó acercándose a él.
— Sólo está inconsciente — Explicó Severus intentando guardar la calma.
La enfermera miró al profesor con desconfianza.
— No me diga que ha ocurrido también en una de sus famosas clases — Se quejó al recordar como hacía dos meses el hombre le había traído al joven Malfoy herido.
— No, se ha desmayado antes de entrar al aula— Informó sin prestar atención al reproche, en esos momentos sólo le preocupada Hermione.
— Déjela en la cama, yo me encargaré — Dijo Pomfrey mientras señalaba uno de los camastros del lugar.
Severus obedeció y con sumo cuidado dejó a la muchacha postrada en la cama. La enfermera tocó la frente de la niña.
— Está ardiendo — Comentó mientras retiraba la mano de su piel.
Snape tomó la mano de Hermione entre las suyas sin percatarse de que ese gesto tan íntimo estaba siendo observado por Poppy.
— Voy a darle unas friegas para bajarle la temperatura — Explicó la enfermera a la vez que se alejaba para traer unos frascos con ungüentos.
— Puedo prepararle una pócima muy efectiva — Propuso Severus ansioso por ayudar.
— ¿Vamos a tener de nuevo la misma conversación? — Preguntó molesta la mujer ya de vuelta — En mi enfermería solo yo hago magia, ¿recuerda?
— Pero... — Comenzó a replicar él.
— Además esta inconsciente, no puedo darle nada de beber — Explicó Pomfrey para callar al hombre.
— Váyase, me encargaré de ella — Prometió la mujer de manera más calmada al ver la sincera preocupación que el profesor parecía tener por su alumna.
— Prefiero quedarme. No es que no me fie de usted... — Se apresuró a aclarar Snape.
— Voy a darle friegas por todo el cuerpo — Dijo Poppy clavando la mirada en los ojos negros de Severus intentando que entendiera por que no podía permanecer allí.
El hombre se revolvió incómodo al comprenderlo.
— Por supuesto, las dejaré a solas — Respondió perturbado al imaginar la desnudez de Hermione para recibir el tratamiento.
— Sí, ha de irse profesor Snape — Dijo la mujer mientras lo acompañaba a la puerta.
— Volveré al finalizar las clases — Informó el hombre — Tengo que hablar con ella.
— Bien, veremos si ya se encuentra mejor para recibir visitas — Comentó Pomfrey reticente a la idea de que Snape volviese por allí.
Severus se marchó del lugar para volver de nuevo a su clase.
— ¿Está bien Hermione? — Preguntó Harry levantándose de su asiento nada más ver a su profesor aparecer.
— La señorita Granger está siendo atendida por Madame Pomfrey en estos momentos, su estado no presenta gravedad — Se limitó a informar a todos los alumnos, ignorando a Potter.
El chico tomó asiento de nuevo mientras Ron lo miraba preocupado.
— ¿Crees que es verdad? — Susurró el pelirrojo a su amigo.
— Eso espero — Respondió bajando el tono de voz.
A pesar de la preocupación que Severus sentía logró impartir su clase con normalidad. Cuando la hora asignada llegó a su fin los estudiantes comenzaron a abandonar el aula.
— Usted quédese — Murmuró Snape cuando el joven Malfoy se disponía a salir.
Draco le sonrió, parecía divertido por la situación en lugar de asustado. A Harry no se le escapó ese detalle, de nuevo no tenía pruebas pero sabía que el Slytherin estaba detrás de todo.
Una vez que Severus y Draco se quedaron solos el profesor cerró la puerta para que nadie los interrumpiese.
— Muffliato — El hechizo salió de la varita del profesor ante la atenta mirada del chico.
— ¿Para qué sirve? — Preguntó Draco al desconocer el conjuro.
— Para que nadie pueda oírnos — Explicó el hombre con calma — Podría torturarle y nadie escucharía sus gritos.
Ese comentario borró la sonrisa del joven.
— ¿A qué está jugando, Malfoy? — Preguntó el hombre visiblemente molesto por el comportamiento de su alumno.
— A nada — Respondió el chico sin alterarse, sabía que no debía provocarle.
— No es lo que he visto en las escaleras, no me tome por idiota — Su mirada comenzaba a volverse furibunda.
— Yo... nunca — Por primera vez Draco sintió verdadero miedo en presencia de su profesor.
— ¿Desde cuándo le está leyendo la mente? — Exigió saber el hombre.
— Desde el duelo. Yo... sólo lo hice porque pensaba que podría ser una amenaza — Informó el chico.
— ¿Quién le ha enseñado Legeremancia? Solamente le impartí clases particulares de Oclumancia — La expresión de Severus era como si el ocultarle ese hecho fuese una gran traición.
— Bellatrix — Confesó el joven — Pensó que me serían útiles en mi misión y me pidió que lo guardase en secreto.
— Ha sido descuidado Malfoy — Se quejó Severus — Primero el desastre de la señorita Bell y ahora juegos mentales con Granger.
— Es peligrosa — Trató de justificarse el chico.
— No me haga reír, ¿una simple sangre sucia? — Preguntó Snape interpretando a la perfección su papel de mortífago.
— ¡Vio lo que me hizo en el duelo! — Exclamó — Deberíamos librarnos de ella.
— Deje a la señorita Granger, tiene asuntos más importantes en los que centrarse — Ordenó Severus.
— Lo sé, es en mí en quien el Señor Tenebroso ha depositado su confianza — Dijo Draco con arrogancia.
— No sea estúpido Malfoy — Respondió Snape mientras negaba con la cabeza.
— ¿Si no porque me ha dado tal honor? — Preguntó molesto porque el hombre quisiera arrebatarle su único logro.
— Comienza a hablar como su tía — Se quejó Severus — Y todos sabemos que ni siquiera antes de entrar en Azkaban estaba muy cuerda.
— No hable así de mi familia — Exigió el chico dolido por tal comentario.
— Nuestro Señor sólo le ha elegido para castigar a su padre, ¿no se da cuenta Malfoy? Hasta su madre fue capaz de verlo cuando me suplicó que hiciese el juramento inquebrantable para protegerlo — Las palabras salían con tal sinceridad de la boca de Snape que hirieron el orgullo del adolescente.
— ¡Cállese! — Suplicó el joven.
— Déjeme ayudarle, sabe que los dos estamos implicados en este asunto — Pidió el hombre.
— ¿Para que se lleve de nuevo el mérito? No, es mi oportunidad. Debo hacerlo por mi familia, para limpiar nuestro buen nombre ante sus ojos — Anunció el chico visiblemente alterado.
— Si no acepta mi ayuda será un completo desastre —Predijo Snape — No sólo está en juego nuestra vida sino también la de sus padres.
— Ya veo que nunca ha confiado en mí — De nuevo las palabras de Severus herían al muchacho.
— Hasta nuestro Señor ha sido incapaz de derrotar a Dumbledore, ¿qué le hace pensar que usted lo logrará? — Preguntó el hombre intentando hacerle entrar en razón.
— Sólo debo encontrar la oportunidad — Respondió con ambigüedad pues no pensaba revelar sus planes a su mentor.
Ofuscado por el insensato comportamiento del joven Severus estuvo a punto de pedirle que se fuese. Pero antes tenía que saber que había leído en la mente de Hermione, su doble papel estaba en juego.
— ¿Que ha descubierto sobre Granger?, dígamelo — Volvió a exigir Severus.
Una sonrisa se dibujó en rostro del muchacho.
— Al final no todo lo que hago está mal, ¿no? — Dijo complacido por que le pidiese esa información — Usted mismo podría leer la mente de esa cría, no tiene ni idea de oclumancia.
— Leer la mente de alguien repetidamente deja secuelas Malfoy, se lo advertí cuando empecé a impartirle las clases. Es cuestión de tiempo que descubran que está usted detrás de esto — Advirtió el hombre.
— Sólo son dolores de cabeza profesor, nadie muere por ellos — Justificó Draco — No soy el responsable del extraño comportamiento de la sangre sucia.
— Explíqueme todo ahora — La paciencia de Severus comenzaba a llegar a su fin.
— Por lo que he sido capaz de leer Granger está investigando sobre su linaje mágico. Eso fue lo primero que vi con claridad. Después he ido leyendo sensaciones o escenas que se repetían en su mente — Comenzó a decir el joven ante la atenta mirada de su profesor — Sé que está molesta con sus amigos, aunque eso es algo que se ve a simple vista pues ha dejado de relacionarse con ellos.
— Ya... — Dijo el hombre decepcionado pues toda esa información ya era conocida por él.
— Además sé que Harry está siendo instruido por Dumbledore con el objetivo de que venza a nuestro Señor — Dijo intentando que su mentor volviese a tener interés en sus descubrimientos.
— Todo eso ya lo sabemos — Respondió con indiferencia.
— Lo último que leí en la mente de Granger fue sobre usted — Informó Draco dejando caer la bomba.
Severus tuvo que guardar la compostura a pesar del miedo que ese hecho le hizo sentir.
— ¿Y que descubrió Malfoy? — Preguntó con seriedad.
— Una imagen... No la entendí muy bien, incluso en la mente de Hermione todo parecía confuso — Las palabras del joven impacientaron al hombre que se obligó de nuevo a guardar la calma.
— Explíquese lo mejor que pueda — A esas alturas la boca de Severus se había secado por los nervios.
— Vi como usted le enseñaba un encantamiento muy sencillo, no sé porque ese hecho la perturbó tanto — Confesó Draco sin entender del todo qué estaba pasando en la mente de su compañera.
— Es cierto, hace unas semanas ayudé a la señorita Granger a realizar correctamente un hechizo — Informó como si ese hecho no tuviese la menor importancia para él.
— Si no fuese completamente imposible juraría que eso despertó algunos sentimientos en Hermione — Reveló el joven mientras reía por lo imposible de ese hecho — Usted ya me entiende.
Severus permaneció impasible al escuchar eso.
— Deje de leer la mente de su compañera, es una orden — Fue lo único que fue capaz de articular— De ahora en adelante sólo yo penetraré en sus pensamientos.
— De acuerdo, dejaré que se ocupe de la chica.
— No se equivoque Malfoy, puede que sea a usted a quien le hayan asignado la misión pero... — De nuevo ese tono amenazador que tanto inquietaba al muchacho — no daré mi vida por sus erradas decisiones.
Draco tragó saliva nervioso, estaba deseando salir de allí.
— Puede marcharse — Dijo Severus mientras detenía todos los hechizos.
El chico salió del lugar con su acostumbrada prepotencia, intentando aparentar que ese hombre no lograba intimidarle. Snape masajeó sus sienes por el cansancio, Draco no tenía nada contra él pero tendría que vigilar que no volviese a acercarse a Hermione. Cada vez le estaba resultando más ardua la tarea de cuidar de cada uno de ellos sin verse comprometido.
