Tenía pocos recuerdos de la montaña. En realidad, guardaba muy pocos recuerdos de muchas cosas porque nunca les prestaba la debida atención. Estaba intentando cambiar, había hecho caso a los consejos empezando por descargar juegos de memoria en su celular, armar rompecabezas. Prestar atención, simplemente. Pero lo que le importaba en ese momento era lo poco que recordaba de la montaña, después de todo era muy pequeño cuando llegaron. Se sabía mover muy bien entre los mares de gente, respetar los señalamientos y soportar las oleadas humanas en el transporte público, mucho mejor que su hermano que enseguida comenzaba a irritarse y evitaba las salidas lo más posible. A él le gustaba sentir la vida tan próxima, distraerse entre los edificios, los miles de negocios, los espectáculos callejeros y la comida. Yuichirou insistía en que mirara a su alrededor al menos de vez en cuando, con el temor de que lo robaran o lo atropellasen, pero Muichirou siempre creyó que la ciudad era un lugar muy seguro. El helado que estaba comiendo se había comenzado a derretir entre sus dedos pero él seguía con la vista perdida en el brillo del sol sobre ese edificio tan alto ¿Qué le había dicho Tanjirou que era la última vez que fueron? Debió anotarlo. Suspiró, lamiéndose los dedos y el resto del helado antes de levantarse de la banca para seguir caminando.Era muy pronto para volver a casa, sabía que Genya y su hermano tenían mucho por hablar y Zenitsu se escuchaba muy agitado cuando le llamó, además de poder distinguir los jadeos de Uzui de fondo y decidió mejor colgar. Inosuke nunca contestaba el teléfono, así que ni siquiera lo intentó. Tanjirou le había dejado su celular a alguno de sus hermanos de nuevo y no recordaba el número de su casa , por eso optó por deambular solo aunque ya comenzaba a aburrirse. No tenía suficiente dinero para entrar a uno de esos sitios de videojuegos ni las ganas de ir a alguna función de cine. Pero una exposición gratuita de pintura le convenció. No entendía muchas veces, pero le gustaba mirar los colores, intentar encontrar las figuras e incluso a veces inventarle pequeñas historias para que tuvieran alguna relación con el título. Había poca gente y todos parecían mayores, pero Muichirou apenas les dio una mirada, más atento a ese bonito lienzo azul que se suponía era un caballo.
-Es raro encontrar jóvenes entusiastas de la pintura- la voz de un hombre mayor le sacó de su abstracción, mirándolo sin decir nada, apenas pestañeando para comprobar que estaba hablando con él- sobre todo de la pintura abstracta, muchos la llaman sin sentido pero creo que es más bien - Muichirou veía que sus labios se movían pero en algún punto había dejado de escucharlo, no le interesaba. Volvió su atención a la pintura, hasta que sintió que el hombre se acercaba a su oreja- ¿Estás perdida, pequeña, vienes con tus padres?-
-Soy un chico- dijo, dando dos pasos al costado para alejarse del hombre, esta vez mirándolo con mayor atención, sobre todo a la forma en que le sonreía- mis padres están en la tienda del lado- mintió.
-Oh, vaya- se rió, sin dejar de mirarlo- tienes un rostro tan pulcro y hermoso, casi pareces un muñeco, lamento la confusión ¿Sabes? Yo también soy pintor, me encantaría poder retratarte si me lo permites-
-Usted es un viejo verde ¿Verdad?- Muichirou se acomodó la mochila, ladeando la cabeza- no me esté molestando o voy a gritar, déjeme en paz- el hombre palideció, mirando a los lados para ver si alguien le había escuchado, después volviendo a mirar al muchacho con rencor. Más cuando le sacó la lengua, haciendo una trompetilla. El hombre se alejó, y Muichirou volvió su atención a la pintura, con una rara satisfacción al saber que había estado a la defensiva.
Cuando salió de la exposición ya se había hecho casi de noche y lo más preocupante es que había comenzado a llover. No recordaba que agosto fuera un mes de lluvias, de nuevo, debía recordar esa clase de cosas. Corrió hacia el autobús, pero sin un paraguas le fue imposible no empaparse. Aunque su chamarra era muy gruesa y sus pantalones esta vez eran lo suficiente largos, estaba tiritando. Quería volver a casa, pero un mensaje algo extraño de Yuichirou avisándole que había cerrado con seguro la puerta de su habitación, que por favor tocara, le hizo intuir que necesitaba privacidad. Se mordió los labios, abrazándose a sí mismo en busca de calor, miró las estaciones que faltaban y si podía deambular por los alrededores de su casa, pero al final decidió mejor solicitar la bajada antes. Suspiró antes de abandonar el resguardo del autobús para comenzar a correr bajo la lluvia, por las calles vacías hasta llegar a la casa de Tanjirou. Notó que la panadería estaba cerrada, lo cual le pareció raro, pero no tenía tiempo de pensar, tocó la puerta, intentando recordar si alguna vez habían tenido un timbre.
-Un momento-
-Soy Mui, me estoy congelando- dijo, castañeando, apenas audible y enseguida escuchó las pisadas más rápidas hasta que vio al muchacho con un improvisado impermeable hecho de una bolsa de plástico para cruzar el pequeño jardín.
-¿Qué hacías en la calle con estos aguaceros?- le puso el impermeable en la cabeza aunque ya era innecesario para que cruzaran el jardín hasta el recibidor- estás empapado-
-No pensé que fuera a llover- respondió, dejando que Tanjirou le ayudara a descalzarse, mirando con vergüenza el charquito que hacía a sus pies- no quiero entrar a tu casa así, voy a mojar todo-
-No te preocupes, de todos modos me tocaba hacer limpieza estos días- sonrió, pero Muichirou se quedó en su lugar, analizando cómo entrar sin dejar su senderito de agua. Tanjirou sonrió, caminando al interior y volviendo con una toalla para envolverlo- vamos, te prepararé el baño para que no vayas a resfriarte, espero no te moleste usar algo de mi ropa mientras pongo la tuya en la lavadora ¿Está bien?-
-Gracias- sonrió, siguiéndolo hasta el baño, viéndolo preparar el agua caliente. Se deshizo de la toalla y comenzó a quitarse la ropa. Tanjirou lo miró de soslayo, apurándose con su tarea, visiblemente nervioso.
-Ya está, eh- con la mirada baja, tomó la ropa del muchacho, separando su mochila- es una fortuna que estas cosas sean impermeables, tu celular se hubiera descompuesto si se moja- a Muichirou le produjo más gracia la forma tan tensa en que su novio intentaba reírse- voy a poner esto en la secadora, disfruta el baño- Muichirou se rió bajito mientras entraba a la bañera, suspirando al sentir el agua caliente cambiar su temperatura. Le gustaban los baños largos, demorarse hasta sentir que su piel se arrugaba, pero entendía que estaba en una casa ajena y debía ser... considerado. Suspiró, buscando entre las botellitas de shampoo la que más oliera como a Tanjirou.
El muchacho se había quedado un par de minutos revisando que la ropa de su novio no tuviera nada en los bolsillos y si era posible ponerla junta o si por la tela debía dividirlas. Al final decidió echarla junta y volver a la cocina donde estaba preparando algo de sopa y té. Muichirou incluso tenía una sombra azul en los labios cuando le abrió y no quería que se enfermara, aunque sabía que tenía una salud envidiable. Antes de escucharlo, sintió unas manos en su cintura.
-Gracias por el baño, tomé una bata que estaba colgada, espero que no te importe- la voz de Muichirou ya no estaba temblorosa y el calor que se le pegaba en la espalda era bastante agradable. Tanjirou se dio media vuelta apenas para besar su frente, sin desatender el té.
-Disculpa, pensé que tardarías más y me entretuve aquí en lugar de ir por la ropa-
-Está bien, esta bata es calentita- afirmó, sonriendo, mirando lo que Tanjirou hacía.
-¿Quieres un poco de sopa? Te caerá bien al estómago- Muichirou asintió- ve a la mesa, enseguida te sirvo-
Esperó en silencio, mirando a los lados, notando algo extraño mientras Tanjirou se sentaba junto a él después de servirle la comida y el té. Frunció el ceño al chico con gesto de duda.
-Ah, sí. Mis padres y hermanos fueron a la boda de una prima en Minato, pero como hoy llegaba nuestro distribuidor de azúcar decidí quedarme para atenderlos- se inclinó a besar su mejilla, acomodándole el cabello tras la oreja- me ha hecho muy feliz que vinieras, me sentía bastante solo-
-¿Cuándo vuelven?-
-Probablemente mañana por la noche, se fueron desde muy temprano- le dio un trago a su té, mirando el perfil sereno de Muichirou, mientras comía y bebía. Sus mejillas habían recuperado su color. Estuvo por preguntar de nuevo qué hacía en la calle, pero Muichirou le ganó la palabra.
-¿Puedo quedarme a dormir esta noche?- volteó a verlo, con ese gesto asueñado, cansado que le hizo guardarse las dobles intenciones en la lengua- bueno, primero deberás hablarle a mi hermano para avisarle, pero es que tengo mucho sueño-
-Claro- sonrió, rezando porque los bordes de sus labios no temblaran.Estaba terriblemente nervioso, se sentía avergonzado y no sabía cómo quitarse la etiqueta de " culpable" antes que el otro lo notara. Se mordió los labios, marcando en su celular el número de Yui- hola, soy Tanjirou, ¿Está bien que tu hermano se quede a dormir esta noche en mi casa? Se mojó con la lluvia y no quisiera que saliera con este frío- vio al muchacho comenzar a cabecear sobre su tazón de sopa, lo atrajo suavemente contra su pecho- claro, prometo llevarlo yo mismo mañana- colgó la llamada, besando el cabello de Muichirou- ven, vamos a acostarte, mañana yo me encargo de limpiar -
-No soy un bebé para que me arropes- bostezó, separándose del muchacho. Tanjirou sólo se rió, guiándolo a la habitación.
-Puedes dormir en la cama de...-
-Durmamos juntos- casi ordenó, colándose a la cama que ya reconocía como la de Tanjirou y éste miró por reflejo si había dejado alguna señal.
Y es que cinco minutos antes que Muichirou llegara y aprovechando esa extraña privacidad de nadie en casa, se había estado masturbando pensando justamente en él. No alcanzó a terminar, pero el calor y los nervios excitados le quedaron, más incentivados por tenerlo así de cerca.
Era peligroso.
-Como tú prefieras, Mui- pero no podía contra la latencia, contra ese instinto de buscarlo, de olerlo, de aunque fuera sólo la punta de sus dedos en su piel, de su cabello picándole el rostro. Se acomodó en la cama, acomodó las cobijas para abrigar bien al chico quien enseguida se acurrucó contra él, sin importarle si la bata desnudaba sus piernas al rozarlas contra las de Tanjirou, si su pubis amenazaba con quedar al descubierto en un movimiento más. Sólo acomodó sus labios en su cuello, perezoso, bostezando.
-Duerme bien, cielo-
-Tú...- se mordió los labios, suspiró. Lo atrajo por la cintura, besando su frente. No podía.
-¿Quieres besarme?- los ojos de Muichirou parecían más luminosos en esa oscuridad, apenas la luz del pasillo que olvidó apagar entraba pero languidecía al lado de ese azul amentado, de ese verde decolorado. La forma de su rostro era perfecta. Un aniñado círculo, delicado en sus facciones, las espesas pestañas negras, la forma redonda de sus preciosos ojos, su nariz apenas era una resbaladilla, pequeña y refinada. Sus labios, carnosos pero pequeños, rosas por la excesiva blancura de su piel. Quiso decir más, quiso decir " sólo si tú estás bien con eso" pero el hambre le estaba devorando a él mismo. Tomó sus mejillas entre sus manos, buscando sus labios.
Empezaba como restos de miel en la cuchara, apenas una pequeña gota que iba extendiendo, hasta sentir que toda su boca estaba involucrada en el beso, sus dientes, su lengua. La saliva de Muichirou sabía a té, a azúcar. Sus manos fueron de sus mejillas a su cintura, separándose apenas para recuperar el aliento y volver a besarlo, a morder sus labios, a buscar la suavidad de su lengua, a sentir su respiración alterarse mientras lo sentía buscar también su cercanía, su cuerpo. Muichirou se había enredado en su nuca, en sus piernas. Tanjirou estaba enredado en la niebla, en la bruma de la desesperación y apenas comprendía lo que su cuerpo le rogaba. Sus manos en la cintura de Muichirou lo oprimieron contra su pubis, contra su erección y sintió al chico separarse, para mirarlo con sorpresa. Tanjirou se sentía expuesto, con el temor de ser rechazado cuando anteriormente él mismo había pedido la distancia, se había confesado inseguro de llegar a ese punto. Pero en ese segundo, que la miel se le había desparramado por todo el interior hasta el centro, quemando, incendiando, sólo podía pensar en lo mucho que lo deseaba.
-Lo lamento, sé que me dijiste que estás cansado, no quiero ser descortés, menos insensible, sé que te dije que no estaba listo, que estábamos yendo muy rápido pero- tragó saliva, mirando fijamente al muchacho-si estás listo, si te sientes preparado ¿Quieres que hagamos el amor?-
-Lo pides de una forma tan romántica- sonrió, lo besó de nuevo con suavidad, buscando una de sus manos para guiarla a su propia erección como una afirmación mucho más clara. Tanjirou sonrió, inclinando un poco la cabeza, lamiéndose los labios.
-No creo que a papá le importe si le robo un par de condones- salió de la cama, volviendo después con una tira y una botella de aloe, dejando ambas cosas en la orilla de la cama- Shigeru se quema mucho el rostro en las prácticas de fútbol, así que mamá le compró este remedio, pero según Zenitsu también sirve como lubricante-
-¿Zenitsu te habla de sexo?- Muichirou se aproximó, jalándolo de vuelta a la cama y Tanjirou asintió, sonriendo mientras le besaba la mejilla, la otra, haciéndole reír. Atrapó sus labios de nuevo, con sus manos en sus hombros por dentro de la bata, bajándola la suficiente para descubrirlos mientras su boca ya iba reconociendo su cuello, clavículas, el pecho, las manos de Muichirou le jalaban la camisa para quitársela, alentándolo para deshacerse por fin de la bata, sintiendo la expuesta tersura de su desnudez en sus dedos, su espalda contra sus manos, hacia arriba podía sentir las costillas, su columna, hacia abajo marcando líneas divisorias del terreno que quería poseer, que quería renombrar como suyo, acarició su trasero, sus muslos, sus caderas con el dorso de la mano y antes que pudiera cerrar su mano en su pene, Muichirou se había deslizado por la cama hasta quedar a la altura de su entrepierna, empujando al suelo las cobijas en el proceso. Bajó el cierre de su pantalón y Tanjirou le ayudó a desnudarlo. Muichirou también había aprendido un par de cosas y aunque no podía decirlo, podía mostrarle. Le bajó la ropa interior, lamiéndose los labios antes de abrirlos sobre la punta de su pene, sujetando con su mano el resto. Lo escuchó jadear sorprendido y bajó un poco más los labios, masajeando con su lengua, coordinándose con su mano para estimularlo.
-¿Puedes girarte?- pidió con suavidad y le hizo un gesto con las manos, indicándole de que manera. Muichirou asintió, acomodándose sobre su pecho, recostándose sobre él-¿Puedes continuar?- se acomodó el cabello tras las orejas, asintiendo de nuevo. Volvió a abrir los labios, sintiendo a Tanjirou separar sus piernas, lamiendo la longitud de su pene.Jadeó, sintiendo sus rodillas temblar - por favor, no te distraigas-
Sonaba tan amable a pesar del evidente calor que ya lo estaba consumiendo. Muichirou también, en el vientre le latía toda el alma mientras la lengua de Tanjirou se enredaba en su pene, trataba de seguir su ritmo, sus labios en la punta de su pene, su mano subiendo y bajando, sabía a piel, no tenía otra manera de describirlo. No era como Sanemi, que sabía a jabón. Negó , no podía pensar en ese momento en eso, sólo en Tanjirou, en la lengua de Tanjirou, en sus manos en sus caderas, en sus piernas ligeramente dobladas, abiertas. Quería verse desde afuera, buscó con la mirada algún espejo, alguna superficie pero nada. Suspiró, apoyando la mano libre en su muslo , succionando, sintiendo la saliva aglutinarse en su boca, viendo la mancha húmeda que ya estaba dejando en la cama, sus rodillas apenas le mantenían para no aplastar a Tanjirou, el color acanelado de su piel le poblaba las pupilas hasta sentir que oscurecía sus ojos, tan cerca, tan caliente. Lo sentía palpitar en su lengua, hincharse mientras su mano le envolvía con más firmeza. Lamió un poco más, pero antes de poder detenerlo, lo sintió terminar y Tanjirou apenas alcanzó a hacer las caderas hacia atrás, dejando que su semen cayera en su cabello.
-Al menos no lo hiciste en mi boca, hubiera sido raro- volvió a girarse para quedar a la altura de su rostro y Tanjirou le sonrió abochornado, limpiando con su camisa su cabello- no importa, déjalo para después- tomó su rostro en sus manos, besándolo, acomodándose entre sus piernas abiertas, disfrutando la forma más desinhibida en que lo tocaba. Comenzó a balancearse sobre su abdomen, disfrutando la fricción que hacía contra su piel. Tanjirou tentó en la cama hasta encontrar los condones y la botella de aloe.
-Pensé mucho en esto. No sé si estés de acuerdo pero me gustaría que tú estuvieras primero arriba, todavía no estoy muy seguro de cómo hacerlo y no quiero lastimarte-
-Creo que soy un poco más brusco que tú- analizó, sentándose en su vientre- pero sinceramente no quisiera ir primero, me asusta un poco- confesó, trazando un círculo con su dedo en el pecho de Tanjirou. Éste sonrió, besando su mano, cediéndole la botella de aloe-¿Qué se supone que debo hacer con esto?-
-Ábrela- Tanjirou se acomodó en la almohada, sujetando a Muichirou de las caderas- vierte un poco, muy poco en uno de tus dedos- el muchacho obedecía, concentrado- ahora- lo tomó de la muñeca con suavidad, abriendo un poco más las piernas. Llevó su dedo hasta sentirlo rozar con sus nalgas y suspiró, dándose valor para ayudarle a entrar. Ahogó un jadeo, incómodo- trata de moverlo un poco, hasta que todo el aloe se haya dispersado y luego moja otro dedo y mete los dos-
-Esto parece un tutorial de internet- dijo, provocando una risa en el otro, haciéndolo destensarse un poco mientras seguía sus instrucciones. Le gustaba lo caliente y húmedo que se sentía en sus dedos, la textura del aloe era agradable y el interior de Tanjirou mucho más. Sentía cómo iba dilatándose-¿Te duele?-
-No, pero es raro- jadeó, dando un brinco, abriendo los ojos-¿Puedes tocarme de nuevo ahí?- pidió y Muichirou volvió a repasar la trayectoria de sus dedos, buscando el lugar que le había indicado. De nuevo jadeó, cubriéndose la boca- ahí se siente muy bien-
-Trataré de recordarlo- suspiró, sacando lentamente sus dedos-¿Quieres que lo haga ya?-
-¿Tú estás listo?- Muichirou asintió y Tanjirou abrió uno de los condones, mirando el gesto curioso de su novio. Sonrió, doblándose apenas para desenrollar el preservativo sobre el pene de Muichirou- debes apretar la punta para que no quede aire- tomó un poco de aloe, embarrándolo por el látex. Suspiró, volviendo a recostarse, separando un poco más las piernas. Asintió. Muichirou se deslizó por sus caderas hasta la cama, estirando las piernas, sujetando con una mano su hombro y con otra su pene para guiarse y comenzar a entrar. Ambos jadearon, Tanjirou sujetó la sábana, apretando los ojos, Muichirou se mordió los labios, sujetándose más fuerte de su hombro hasta que entró por completo. Jadeó, esperando alguna clase de señal y el otro muchacho sólo asintió, entonces Muichirou comenzó a moverse, guiado por el puro instinto, el impulso de su pelvis que le pedía chocarse con Tanjirou, sujetar sus hombros, jadeó, sintiendo el calor querer disolverlo en su interior, entraba, salía, escuchaba al muchacho jadear, lo sentía pegarse contra él e intentó recordar ¿Dónde era? ¿De qué manera podía tocarle por dentro? lo vio arquearse y supo que lo había encontrado, volvió a rozarse ahí, escuchando con satisfacción el gemido más hondo, lo sintió jalarlo por la nuca para comenzar a besarlo, Muichirou se sujetó de la cabecera de la cama para no perder su ritmo ni separarse de sus labios, sintiendo la voz de Tanjirou quebrársele en la garganta, la suya propia. El calor se estaba extendiendo en cada rincón de su cuerpo, lo estaba encendiendo por dentro, Tanjirou había dejado de besarlo para sujetarse de su cuello, gimiendo justo en su oreja, sentía el sudor de ambos mojando todo en un rocío, se tensó, se sujetó con más fuerza de la cabecera. Exhaló, sintiendo el orgasmo marcharse tan rápido como llegó. Salió del muchacho, mirando a su vientre y notando que Tanjirou había vuelto a eyacular en algún momento, aún con la respiración visiblemente alterada, con las mejillas arreboladas y los ojos entrecerrados. Muichirou se quitó el condón, mirándolo curioso antes de dejarlo en el suelo, más ocupado en acomodarse en el pecho de su novio, pegando su oreja para escuchar el palpitar de su corazón como una sinfonía.
-¿Estuvo bien para ti?-
-Muchísimo- besó su cabello, abrazándolo- pensé que dolería pero...- sonrió, besándolo de nuevo- Papá me dijo que el sexo era algo muy íntimo, que era un paso importante en la pareja porque involucra el cuerpo de la otra persona y su cuidado, no es un regalo ni debe ser tomado como una ofrenda o un pasatiempo. Me remarcó que no debía hacerlo nunca por agradar a nadie u obligar a nadie, que debía hacer que la otra persona y yo mismo tuviéramos un ambiente de confianza. Me lo decía de una manera que parecía ser mucho más como un compromiso y tenía miedo. Miedo de lastimarte, de no saber leerte y forzarte en algo que te hiciera sentir incómodo. No es que no me gustes, Mui, hay veces que me avergüenzo de mí mismo por no poder dejar de verte, eres tan bello, mi celular está lleno de fotos tuyas, todo el tiempo estoy pensando en ti y justamente eso fue lo que me aterraba. Si el sexo era un compromiso ¿Qué iba a ser de mí si ya soy completamente tuyo? Pensé que me ibas a encadenar hasta volverme loco. No me malentiendas, lo disfruté mucho y me gustaría que se volviera algo común en nuestras citas- se rió bajito- pero no siento que te ame más y eso me hace sentir terriblemente feliz porque eso significa que estoy totalmente enamorado de ti, no puedes conquistarme más, me tienes completamente en tus manos- Muichirou levantó el rostro y él lo sujetó, besando con suavidad sus labios- te amo-
-Yo también te amo- volvió a acomodarse en su pecho, abrazando su cuello- por favor, recuerda tus palabras cuando veas que pasan los años y yo no te dejo alejarte, si tú dices que me perteneces yo no voy a soltarte. Nunca. Soy demasiado egoísta-
- Eres un niño mimado- bostezó, acomodando la sábana que había quedado en la cama sobre ambos, seguro que de todas formas el calor en la habitación era suficiente para mantenerlos abrigados- eres mi niño mimado-
