CAPÍTULO 17

Hoy me he despertado con extraños caprichos y me siento más descarada de lo habitual. Me he levantado de buen humor, me he tomado un desayunado completo con Sasuke y luego se ha marchado. Me aburro sin hacer nada y, visto que por la comodidad de todos he aceptado la situación, querría pasar mis días de manera diferente. Mientras pensaba en lo vacíos que son mis días se me ha ocurrido preparar una sorpresa a Sasuke. He pedido a uno de sus hombres si podía llamar a Sahara. Ella es la única que tiene contacto con el mundo exterior, espero que pueda ayudarme.

Desde que estoy embarazada él está más relajado. Por la noche pasa horas y horas contemplándome, acariciándome mi barriga. Si por desgracia por la noche me levanto, ya que debido a mi estado tengo que ir a menudo al baño, él se levanta de golpe y pregunta fatídicamente: ¿estás bien? Debería ser feliz, es cariñoso y ahora nuestra relación ha cambiado radicalmente.

Hablamos, pasamos horas hablando de nosotros, de nuestro hijo. No quiero desilusionarlo, pero una noche, hablando del futuro que tendría nuestro hijo, dijo suspirando: crecerá lejos de esta mierda, te lo prometo. Cuánto me gustaría creerlo… Quiero dar un futuro sano y genuino a nuestro hijo.

—Mira, aquí está mi mami preferida. A mis espaldas Sahara sonríe mientras se acerca. No me había percatado de su presencia, estaba soñando con los ojos abiertos. Salgo a su paso y la abrazo afectuosamente.

—Me alegro de verte. —Le digo. Me hace girar sobre mí misma mientras observa mi vientre.

—¿Qué tal va el embarazo?

—Bien, aunque siento náuseas a menudo. Nos acomodamos en el sofá donde pasamos una buena media hora hablando del futuro bebé. La he llamado por un preciso motivo, pero me avergüenzo y estoy a punto de renunciar.

—Si necesitas algo, puedes contar conmigo. Esa es la cuestión, es la única que me puede ayudar. —Hablando de esto, he pedido que te llamaran para pedirte un favor… — Digo sonrojada. Con curiosidad, y disfrutando de la situación, posa la mano en mi hombro y espera a que continúe.

—Quiero organizar una velada especial y me necesitaría… —Me detengo cubriéndome el rostro incómoda. Dios mío, nunca me he sentido tan en apuros como ahora. —Querida, no hay nada de lo que avergonzarse. La miro mientras coge el Ipad, la agenda y un bolígrafo.

—¿Qué tenías pensado? —Pregunta. ¿Cómo puedo explicarle lo que se me ha ocurrido? No puedo decirle: ya sabes, las hormonas están revueltas y he decidido convertirme en una mujer perversa con ganas de enloquecer a su marido. Suspiro con frustración mientras en la pantalla aparece una página web de lencería. Le doy las gracias mentalmente mientras me pasa el Ipad y después se levanta.

—En la página encontrarás todo lo que necesites. Cuando hayas elegido, escribe los códigos de los productos en la agenda y hoy mando a alguien para que lo retire. Vaya, los puedo tener hoy mismo. Fantástico.

—Gracias, Sahara. —No me des las gracias, querida. Ahora me voy, vengo a coger mis cosas en media hora. Normalmente debería avisar a Sasuke, pero en este caso no creo que le disguste. Mi rostro arde mientras ella parece cómoda tratando el tema. Espero a que salga, y más curiosa que nunca, comienzo a curiosear entre las diversas categorías. Veamos, supongo que será mejor empezar por la lencería íntima.

Algo asombroso, aunque aquí las tallas son muy pequeñas. Deberé coger una más, de lo contrario no conseguiré ponerme nada. Me muerdo el labio inferior mientras ojeo los diferentes modelos. No es posible, o son castos o exagerados. Resoplo a punto de rendirme, pero de milagro aparece un modelo que llama especialmente mi atención. No me lo puedo creer, he encontrado lo que buscaba.

En realidad no sabía bien lo que buscar, quería algo sensual, pero no vulgar. Miro el conjunto asombrada. Copas bordadas en contraste con el encaje, y el resto de satín liso, con una apertura delante que muestra un segundo tejido de tul transparente. Bonito y cómodo, no pido nada más. Apunto el código y continúo con la compra. He pasado media hora dando una ojeada, eligiendo y al final tal vez he exagerado.

No tenía pensado comprar tantas cosas, pero me he dejado llevar. ¿Cómo podía resistir a la tentación de comprar el camisón a juego? Y luego he visto las velas para crear la atmósfera y me he perdido. Ahora lo único que sé es que me encuentro con veintidós artículos. Sasuke se pondrá contento cuando sepa que he gastado un poco de su dinero. En el fondo nunca se ha quejado.

Deposito el Ipad sobre la mesita que se encuentra ante mí y se me ocurre una idea extraña. No debería, pero es la primera vez que tengo la oportunidad de descubrir algo más. Tal vez solo una rápida ojeada en Internet, solo para ver si se habla de mí o de él. Me muerdo insistentemente el labio inferior con los ojos puestos en la pantalla. No sé si estoy preparada para descubrir algo que podría no gustarme. Resoplo y sin pensarlo dos veces lo cojo y busco Google. Vamos, algo rápido e indoloro.

Busco Sasuke Volkov y abro las diversas entradas que aparecen. Una noticia llama mi atención. Muere la mujer del empresario Sasuke Volkov. Abro el artículo y lo primero que aparece es una foto de él en el hospital. Tiene la mirada perdida, los ojos cansados e hinchados. Había llorado. Se me cae el alma a los pies, nunca lo había visto tan débil. Sigo observando la imagen y lo que veo es un hombre al que le han quitado todo. Me entran ganas de llorar, no imagino lo que significa perder al amor de tu vida.

No tengo el valor de leer el artículo, tal vez no haya sido una buena idea buscarlo. Vuelvo atrás y encuentro otros artículos en donde se habla de él. Lo consideran un empresario, ¿será posible que ninguno sepa lo que se esconde detrás? Es un mafioso. ¿Y si no es así?, ¿se lo habrá inventado todo para atemorizarme? No creo, demasiadas personas lo temen. Introduzco mis datos y permanezco sorpresa al no encontrar nada. ¿Cómo es posible?, ¿me han secuestrado y nadie habla de ello?

—¡Sakura! Me estremezco asustada al escuchar mi nombre. Me vuelvo lentamente encontrándome ante Liam. Su mirada está puesta en lo que tengo entre manos, parece preocupado. Supongo que se está preguntando cómo lo he obtenido y qué estoy haciendo. —¿Quién te lo ha dado? —Preguntas mientras se acerca con cautela. —Estaba eligiendo algunos vestidos… —Digo mientras cierro rápidamente la página. Me lo coge de las manos y en ese momento entra Sahara. La mira con severidad. Estoy preocupada, no quiero que se meta en problemas por mi culpa, no se lo merece.

—¿Le has dado acceso a Internet? —Pregunta amenazante agitando la causa de la discusión. Ella no se altera, se acerca y lo coge como si nada.

—A estas alturas no creo que cambie ya nada. Ha decidido vivir aquí, no hay motivo para esconder cualquier teléfono u ordenador de su vista. No es así exactamente, no lo he decidido, me he encontrado en una situación donde no tenía elección. Me levanto interponiéndome entre los dos, tengo que tranquilizar la situación, y cuanto antes.

—Liam, créeme cuando te digo que estaba eligiendo solo vestidos nuevos. Lo hemos hecho más veces… —Miento. No es verdad, normalmente me dan un catálogo, pero quiero que esta historia acabe. No soportaría la idea de que Sahara pagara las consecuencias.

—Si lo descubre Alexander, perdería el juicio. —Murmura alejándose hacia su habitación. Sahara y yo nos miramos, permanecemos en alerta hasta su vuelta.

—No le digas nada, te ruego. —Suplico. Me mira con media sonrisa y después se encoge de hombros. —No tengo ninguna intención de enfadarlo, hoy está bastante irascible. La atmósfera se relaja y yo me siento aliviada. Espero a que Liam salga, después devuelvo la agenda a Sahara, la cual me asegura que esa misma noche tendría todo.

—Nos vemos esta noche. —Le digo mientras me abraza. He organizado una velada especial, lo cual no me pega mucho. Quisiera asombrarlo y creo que comenzaré con una cena. Esta noche sus hermanos no estarán y me gustaría estar sola con él, como dos personas normales.

Normalmente nuestros platos los cocina Oksana en la inmensa cocina de la planta inferior, sin embargo, esta noche todo será distinto. Tengo intención de usar la cocina inmaculada que nunca ha visto la presencia de una sartén o de algún desastre. He pedido a los sirvientes todo lo que necesitaba, mintiendo una vez más y diciendo que el señor Volkov estaba al corriente de todo.

Las horas han volado y yo acabo de poner la mesa. Estoy un poco preocupada, Sahara todavía no ha llegado y dentro de poco Sasuke volverá. Enciendo las velas y pongo una dulce melodía de fondo. Ahora es todo perfecto. Controlo el

asado y las patatas, que ya están prácticamente hechas. He preparado también algunos entrantes, espero que le gusten. Escucho la manilla girarse, el latido se acelera, ya está aquí. Me vuelvo y observo su figura mientras entra en casa. En un primer momento parece exhausto y sospechoso, pero después me ve y sonríe. Me derrito.

—¡Sorpresa! —Digo avergonzada abriendo los brazos. Me devora con los ojos mientras se acerca con paso firme.

—Te he echado de menos… —Susurra mientras las manos se posan en mi rostro. Me acaricia y me besa dulcemente adhiriendo su cuerpo al mío. Saboreo el momento como si fuera la primera vez, quisiera que no acabara.

—¿Cómo te sientes hoy?

—Estoy bien. —Respondo. Está siempre en alerta, aunque el médico haya dicho que ya no corro peligro. Nuestro niño crece sano y fuerte. Vuelve la mirada hacia la mesa y frunce el ceño.

—¿Qué celebramos? —Pregunta. —Nada en particular, solo pensaba pasar una noche agradable dado que estamos solos. Mientras hablo mis mejillas arden, estoy cohibida. No tanto por la cena, sino por lo de después. Me coge la mano, la besa y me acompaña hacia la silla. Como buen caballero la aparta, espera a que me siente y se acomoda junto a mí.

—Qué buen olor. ¿Qué ha preparado Oksana? Sonrío mientras levanta la tapa. Asado con patatas, su plato preferido. Esperemos que esté a la altura de sus expectativas. Coge una porción para mí y la posa en el plato. Permanezco en silencio observándolo mientras mira el plato que se encuentra delante.

—¿Qué pasa? —Pregunta repentinamente volviéndose hacia mí.

—He sido yo quien ha preparado la cena. Asombrado mira el plato y luego a mí.

—¿Tú sabes cocinar? —Por lo que parece, sí. Respondo encogiéndome de hombros disfrutando de la situación. No me esperaba que se sorprendiera tanto, estoy contenta. Hablamos a menudo de nosotros, pero nunca había salido esta conversación. Desde que estoy aquí, siempre me han servido y venerado. Los platos siempre listos, el personal limpia la casa y yo nunca he expresado el deseo de querer cocinar, aunque me

gustaría. No quiero cambiar las costumbres de estos meses, pero me gustaría poder encargarme de estas pequeñas cosas. Prueba la carne y permanezco a la espera de su veredicto. No habla, continúa comiendo. Creo que es una buena señal, si continúa comiendo quiere decir que le gusta. Alguien llama a la puerta y su tenedor se detiene en el aire. Pánico. Sahara ha llegado en el momento menos adecuado. Pone mala cara mientras se levanta.

—Quienquiera que sea, debe desaparecer. —Murmura. Oh no. Me levanto de sopetón e intento alcanzarlo, pero después me paralizo cuando se vuelve hacia mí.

—¿Dónde crees que vas? —Bueno, yo… No consigo hablar. Descubrirá todo, adiós sorpresa. Abre la puerta y ve a Sahara con dos grandes bolsas marrones en la mano.

—¿Y esto qué es? —Pregunta. —Con permiso, son para Sakura. La mujer pasa a su lado como si nada. Me guiña el ojo y se encamina hacia la habitación. Mientras tanto él se vuelve hacia mí con las manos apoyadas en las caderas y me examina desconfiado.

—¿Me estás escondiendo algo? —Pregunta mientras Sahara reaparece. —Perdone si no le he avisado señor, pero Sakura quería comprarle algo por su cumpleaños. ¿Su cumpleaños?, ¿hoy? Intento no parecer sorprendida, si bien lo esté. —Le felicito y que pase una buena noche. La mujer sale apresuradamente mientras nosotros dos no nos movemos de donde estamos.

—¿Quién te ha dicho lo de mi cumpleaños? En realidad lo acabo de descubrir. Ha sido solo una dichosa coincidencia. No puedo mentir, pero no creo que sea necesario admitir la verdad. Espero que entre las compras haya realmente incluido un regalo para él. Restriego las manos mientras se acerca.

—¡Me estás escondiendo algo! —Afirma mientras me atrae hacia sí.

—Aunque estoy demasiado hambriento como para indagar ahora. La cena continúa en silencio hasta que no apoya su mano en la mía y exclama una palabra que me sorprende.

—¡Gracias! Mi corazón da un vuelco de felicidad. Me inclino y lo beso. No hay necesidad de responder, lo comprenderá. Después de la cena, quito la mesa mientras él está ocupado en una conversación telefónica. Parece el momento perfecto para ir a la habitación y prepararme. Tendré que prepararlo todo rápidamente y esperar a que no me alcance antes del previsto.

—Voy un momento a la habitación. —Digo en voz baja. Asiente y me sigue con la mirada hasta que no giro el pasillo. De acuerdo, pongámonos en movimiento, no hay tiempo que perder. Una vez en la habitación cierro la puerta con llave y me dirijo hacia la cama, donde están apoyadas las bolsas. Vierto el contenido y guardo todo excepto las velas y el conjunto de lencería. Me detengo de golpe cuando encuentro una caja negra.

La abro y encuentro un reloj: el regalo para Sasuke. Estoy muy agradecida a Sahara por haber pensado en esto, mañana le daré las gracias. Poso la caja en el comodín y después cojo las velas. Las posiciono aleatoriamente por la habitación, después cojo el conjunto, me desnudo y me lo pongo. La talla es adecuada y la barriga ni se nota. Me miro al espejo y me entran ganas de reír. Nunca habría pensado hacer algo así por un hombre.

—¡Sakura! Oh no, se ha acabado el tiempo. Corro como una loca por la habitación encendiendo las velas, y finalmente, cojo las bolsas y las escondo dentro del armario. Ya estoy lista. Al final me acuerdo de que me falta algo: la bata de satén a juego. Maldición. Apresuradamente voy hacia el armario y la cojo mientras la manilla de la puerta se mueve.

—Sakura, ¿por qué la puerta está cerrada con llave? —Grita.

—¡Dame solo un momento! Con él no puedes permitirte el lujo de preparar sorpresas, estoy acorralada. Levanto la mirada al cielo negando con la cabeza. En mi mente había imaginado cada mínimo detalle y como sería, ahora veremos si será exactamente así. Doy la vuelta a la llave y corro rápidamente a sentarme en el borde de la cama. Miro la puerta mientras me cruzo de piernas y tomo un profundo respiro. Veamos cómo reacciona. La puerta se abre, lo miro y él me observa con asombro. La cierra a sus espaldas y se detiene a contemplarme. Le gusta. Me levanto caminando hacia él sensualmente.

—¡Felicidades, Sasuke! —Digo mientras la bata resbala por mi cuerpo hasta caer al suelo. Avanza un paso, pero después se detiene. Con la mirada

recorre mi cuerpo complacido. Giro a su alrededor acariciándole los hombros. —Tenías razón cuando decías que te estaba escondiendo algo… —Susurro posicionándome nuevamente ante él.

—Tú me quieres muerto… —Comenta. Por primera vez desde que lo conozco advierto cierta emoción en su voz. Como un buitre se acerca devorando mis labios.

Un beso violento, lleno de pasión. Me aprieta los muslos y me levanta, le rodeo con mis piernas. Se encamina hacia mi cama sin dejar mi boca. —Estoy intento con todas mis fuerzas resistir a la tentación de follarte ahora mismo.

—¡No lo hagas! —Protesto abrazándolo. —No puedo correr el riesgo, podría hacer daño al niño. Me aparto y lo miro molesta. No quiero algo delicado. Estoy segura de que al niño no le pasará nada.

—Tratemos de aclarar inmediatamente este tema. Quiero hacer el amor con el verdadero Sasuke Volkov, no quiero que me trates con delicadeza como si fuera un jarrón de porcelana. Por lo tanto… —Señalo de puntillas su pecho con el dedo.

—¡Si no me follas salvajemente no te volveré a hablar nunca más! —Intento amenazarlo. Desencaja la mandíbula desconcertado. Tal vez he exagerado, pero es lo que quiero.

—¿Desde cuándo hablas de esa manera? —Pregunta con seriedad. Oh, vamos, no querrá discutir porque he usado un lenguaje pintoresco, ¿no? Resoplo con impaciencia y niego con la cabeza.

—Escucha, querido… —Intento mantener la calma.

—Estoy embarazada, no enferma. Y si uso este tipo de lenguaje es porque necesito sentirme deseada. Coge un mechón de cabello entre los dientes y juguetea.

—Te daré lo que quieres, pero hazme un favor. —Tira el mechón hacia sí obligándome a acercarme.

—No hables de ese modo. Un escalofrío recorre mi cuerpo. Él es así, excitante y aterrador al mismo tiempo. A estas alturas ya estoy acostumbrada a esta doble personalidad. Soplo en sus labios y luego lo beso.

—No seré delicado.

—Avisa. —Es eso lo que quieres, ¿no? —Sí, señor. Esta noche nada de delicadezas, quiero algo salvaje, algo que vaya más allá de los límites. Él me hace desear todo esto, solo él. Me agarra por las muñecas y me las lleva a la espalda.

—¿Tanto lo deseas? —Me pregunta sonriendo con malicia. Asiento. —Más de lo que te puedas imaginar. La mano libre se desliza por mi piel ardiente.

—He echado de menos tu cuerpo… —Admite con voz profunda y sensual. Me deja libres las muñecas, posa la mano sobre mi mejilla y la acaricia con el pulgar. Luego lleva la mano detrás del cuello y me rodea la nuca. Me dobla la cabeza hacia atrás y me besa. Mis labios emiten un sonido desesperado, una necesidad urgente de tenerlo. Me dejo llevar completamente mientras su brazo me aprieta la cintura acercándome. Su boca jadeante se deposita en el lóbulo de mi oreja. —Tengo intención de arrancarte lo que llevas encima. —Susurra. Tiemblo mientras la excitación aumenta cada vez más.

—Me gustaría tenerlo puesto... —Intento decir con voz rota. —Qué lástima. En su rostro aparece esa sonrisita burlona que tanto me gusta. Agarra el escote del conjunto y lo arranca. Los tirantes todavía tensos sobre mis hombros caen al suelo cuando los toca. Jadeo mientras el tejido se desliza hasta los tobillos.

—No me gustan los obstáculos entre nosotros... —Me susurra al oído. Es un recordatorio para ambos. Sus palabras solo avivan mi fuego interior.

—¿Estás segura de quererlo, Sakura? Está ganando tiempo, quiere que lo suplique. Este es el hombre que conozco, el mismo que me hace enloquecer, que me transporta a otra dimensión.

—Me surge la duda de que no me quieres, Sasuke… —Lo provoco descaradamente. Avanza y yo retrocedo. Está a punto de comenzar la caza y yo lo estoy deseando. Mi cuerpo toca el borde de la cama, me estremezco cuando su tórax colisiona contra el mío.

—¡Estás atrapada! —Dice satisfecho posando la mano en el hombro y empujándome dulcemente hacia atrás hasta que mi cuerpo se acomoda completamente en la cama. Miradas cruzadas.

—Amo cada parte de tu cuerpo… —Susurra sobre mi piel mientras deja un rastro de besos. —Aquí. Se detiene en el seno y besa los pezones. Contengo un gemido cuando los chupa y los retiene entre los dientes. —Adoro estar aquí... —Continúa descendiendo hasta mis piernas. Las abro permitiéndole la entrada y lo escucho reír satisfecho.

—¡Mi pequeña está impaciente! —Sopla mis labios para luego sumergir el rostro. Siento su cálida y experta lengua viajar por mi interior, penetrándome cada vez mas. Deslizo mis manos por su cabello, lo aprieto y rezo para que no se detenga hasta que haya alcanzado el máximo placer. Sucede todo de manera natural, sin demasiados complejos y vergüenzas. Me siento a gusto y quiero cada vez más. Querría continuar mirándolo, pero me riendo, arqueo la espalda llevando la cabeza hacia atrás. Percatándose de mi gesto se detiene y alza la mirada.

—Mírame, Sakura, así podrás saborear cada momento. Lo miro y pienso que él todavía está vestido. Me apoyo sobre los codos y tuerzo la nariz.

—¡Desnúdate! —Ordeno cada vez más impaciente. Se levanta negando la cabeza y riendo.

—¿No sabes todavía quién manda? —Comenta. Claro que lo sé, pero odio perder el tiempo. Se quita la chaqueta lentamente mientras mantiene la mirada fija en mí. Es un provocador nato, siempre lo he dicho. Desabrocha la camisa sin prisa mientras yo golpeteo los dedos sobre la cama. Lo divierte mucho, está tardando más del previsto.

—¿Te gusta lo que ves? —Pregunta mientras deja caer la camisa al suelo.

—Agradezco mucho la idea de un estríper, ¡pero créeme cuando te digo que estoy deseando tenerte dentro de mí! —Respondo descaradamente. Levanta una ceja intentando mantener una expresión seria mientras baja la cremallera de los pantalones. —La prisa no lleva a ninguna parte, pequeña.

Ten paciencia, saborea cada instante. No, me niego categóricamente. Se acabó perder el tiempo, por una vez quiero todo e inmediatamente. Me levanto de sopetón y me encamino hacia él con la intención de desnudarlo completamente. No quiero más obstáculos, corro el riesgo de enloquecer si continuamos así. Intento agarrarlo por la cintura, pero aparta la cadera haciendo la hazaña casi imposible.

Es entonces cuando decido concentrarme sobre el pecho duro y desnudo. Un poco de sana provocación, tal vez, lo hará ceder. Rápidamente me acerco y paso mi lengua por sus músculos que se contraen y repentinamente llega su reacción.

—¡Quieta, pequeña perversa! —Susurra riendo. Emito un sonido de desaprobación cuando se aleja privándome del objeto de mi deseo.

—Muy pequeña, pero llena de sorpresas… El bulto bajo los bóxers llama mi atención y es entonces cuando se muestra con toda su virilidad quitándose el último obstáculo.

—¡Diría que tenemos una prueba tangible de lo que provocas! Se acerca, me coge por el brazo y luego vuelve hacia la cama. Me abandono en la cama dejando que haga lo que quiera, ninguna objeción al respecto. Su mano vaga hacia mi parte íntima ya húmeda y yo no puedo hacer otra cosa que gemir con su contacto.

—Mi amor está húmedo… —Comenta complacido mientras sus dedos se deslizan hacia el interior. Movimientos lentos y decididos, una dulce tortura que me da placer. Me aferro a él, jadeo mientras lo miro a los ojos. Cada célula de mi cuerpo lo quiere, es indispensable para mi existencia.

—¡Por favor, Sasuke, te necesito! Una súplica a merced de la excitación sale de mis labios. Intento que se acerque, pero su cuerpo se tensiona permaneciendo paralizado.

—¡De eso nada! Decido yo cuándo y cómo… —Advierte deleitándome con sus labios. Mi cuerpo ardiente se aproxima al suyo mientras trato de mover las caderas. Siento su miembro presionar contra mi piel y él es consciente de que está torturando ambos postergando el placer.

—Te poseeré cada día, para siempre. Tengo miedo de que mi corazón explote de lo fuerte que late. Me levanta las manos sobre la cabeza y las bloquea. Su rostro permanece encima del mío, pero no me toca, no me besa.

—No tienes la mínima idea de lo que haces sentir… —Susurra mientras la punta de su miembro se posiciona sobre mis pétalos. Respiro a duras penas cuando roza sus labios contra los míos, lame el contorno y los besa entrando en mi interior. Se desliza hasta el final y se detiene.

—Te quiero mi hermosa diosa… —Susurra comenzando a mover las caderas. Sentir esa palabra es maravilloso. Sasuke me quiere y lo ha dicho. Sigo sus movimientos y en cada embestida jadeamos juntos.

—¡Oh, sí! —Gimo moviéndome cada vez más hacia él.

—¡Eres solo mía! —Susurra con una voz llena de excitación.

Sus movimientos se vuelven más fuertes, deseo que no acabe nunca.

—¡Solo tuya! —Digo jadeante. Me aferro a él y dejo que me guíe, que me dé el placer tan esperado. No pasa mucho tiempo hasta que llega la ola de placer. Me dejo llevar y me corro sin preocuparme de avisarlo, se dará cuenta él solo. Complacida me inclino hacia adelante apoyando la frente contra la suya con la respiración entrecortada.

—¿Has acabado sin avisarme? —Pregunta desconcertado. Lo miro y me muero de la vergüenza. Mirada penetrante, mandíbula contraída. Vaya. Sonrío burlona intentando besarlo, pero se aparta bruscamente. —No lo vuelvas a hacer. ¿Me has entendido? Me agarra las caderas deslizándome hasta el borde de la cama.

—Ponte a cuatro patas. —Ordena con seriedad. Debería estar asustada por este cambio de humor, pero no lo estoy. Me fío de él, nunca me haría daño. Me sobresalto sorprendida cuando entra en mi interior sin avisar.

En esta posición lo siento mucho más y es más excitante. Embiste continuamente, bloqueándome las manos detrás de la espalda. Lo escucho jadear, pero no consigo verlo, lo cual es frustrante. Me arrolla de nuevo la excitación, esta vez es más intensa y pierdo el sentido de la realidad. Creo que me correré de nuevo, solo me pregunto si es normal que ocurra tan a menudo. Y sin embargo, no consigo resistir.

—¡Sasuke! —Grito su nombre. Querría contenerme, pero no lo consigo.

—Estoy a punto de…—No consigo acabar la frase. Dejo salir todo el aire que tengo en los pulmones mientras el continúa impasible con otras embestidas. Me da vuelta, me mira con esos ojos maravillosos mientras me agarra la mandíbula.

—¡Cabálgame! —Ordena Se tumba en la cama arrastrándome dulcemente encima de él sin soltarme las muñecas. Con la mano introduzco su miembro en mi interior y después desciendo hasta que no entra del todo. Sus manos se posan en mis costados mientras me muevo con movimientos lentos y regulares. Es una sensación sublime, me gusta llevar las riendas. Ahora depende de mí, de mis movimientos, y solo yo puedo decidir.

—¡Oh! —Se me escapa. Me sigue en los movimientos que se vuelven cada vez más frenéticos y lo escucho jadear, fuerte.

—¡Me vuelves loco! —Declara con la voz entrecortada.

Bajo la mirada y observo cómo su tórax se infla a cada movimiento, no resisto a la tentación de arañar su piel, sus músculos esculpidos. Mi cuerpo se apoya en el suyo, ahora parece que somos un único cuerpo y quisiera que este momento no acabara nunca. Desde este momento todo lo que sucede está fuera de control. Nuestros cuerpos moviéndose, posiciones diferentes, cama, suelo, cómoda.

Estoy en otra dimensión, no existe nada excepto nosotros dos. Y luego nos rendimos, ambos. Me dejo caer sobre él y escucho su corazón latir a mil por ahora. Sé que late por mí. Quería descubrir cómo era hacerlo de manera salvaje y me ha contentado. Se ha dejado llevar, me ha dado el placer que tanto deseaba. Sin embargo, tengo que reconocer algo. No creo que mi cuerpo rija este ritmo todas las noches.

Me siento dolorida, pero ha valido la pena. Al menos ahora puedo decir que sé lo que es capaz de hacerme sentir.