Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son de Craig Barttlet, a él es a quien pueden agradecer por la entrañable caricatura de Hey Arnold! Yo sólo paso el rato escribiendo lo que se me ocurre en inspiración a sus personajes.
No pensé que me tomaría tanto tiempo continuar desde donde lo he dejado... pero al releer este capítulo no me convencía del todo, y quería que fuera más largo pero terminé quedándome con la versión original.
Dejen su opinión para saber si les ha gustado y gracias por los reviews del capítulo anterior.
SD Sandra SD: Gracias por escribir. A mí me encanta que esta historia te encante. Espero que disfrutes el siguiente capítulo también. Saludos.
Larizalu: ¡Compartimos la misma opinión! También creo que Gerald y Helga son geniales juntos, siempre me pregunté por qué no eran amigos, y me entristece la reducida cantidad de historias sobre esta pareja. Por eso decidí publicar la mía XD
revaca27: Muchas gracias por tus palabras, resultan un enorme halago y de corazón gracias por darme tu opinión. Yo también disfruto la pareja de Arnold y Helga. Pero siempre he pensado que hacer fanfics de una pareja cannon es un reto muy distinto a darle una oportunidad a una pareja que no estaba pensada en la historia original. Es una percepción propia solamente.
En fin, hechas las presentaciones y respondidos los reviews, que normalmente me tomo el tiempo de mandar un mensaje en privado a cada uno, en esta ocasión no me fue posible porque mi internet parece tener achaques por la edad...
He aquí el capítulo 17 de esta aventura navideña:
El amanecer llegó sin que Rhonda pudiera pegar un ojo… algunos pudieran pensar que fueron sus 12 horas seguidas de sueño que tuvo durante el día anterior lo que no le permitió conciliarlo por la noche, otros dirían que era la emoción de que ése sería el día de su ansiada fiesta… pero todos ellos se equivocaban… Rhonda no se había podido deshacer de ese extraño sentimiento de estar siendo vigilada… Aun en su habitación, después de haberla registrado varias veces, seguía sintiendo que alguien la observaba, casi como si pudiera sentir la fantasmal respiración en su nuca, pero al girarse, se encontraba sola… No quería ceder a la paranoia. Pero en ningún momento de la noche fue capaz de ignorar esa sensación, menos quedarse dormida. Se sentía insegura en su propio cuarto, cosa que nunca le había pasado. Miró su reloj por onceava vez, ya parecía ser hora decente para llamarle a Nadine sin arriesgarse a despertarla.
Salió de entre sus cobijas y tomó su celular…
Ahí estaba de nuevo… el presentimiento de que alguien la observaba…
Se giró en redondo a la ventana de su habitación y creyó ver algo en el árbol, que con la luz del sol podía distinguir como una figura humana. Avanzó hacia los cristales, con la esperanza de ver mejor qué o quién había originado ese horrible miedo sinsentido a estar siendo espiada.
-Buenos días, Señorita Lloyd- interrumpió el avance de la pelinegra, dándole un tremendo susto que la hizo brincar en su propio lugar y girarse a descubrir al intruso en su habitación.
-¡William! ¡Casi me matas de un infarto!- le espetó, llevándose una mano al pecho, desesperada por calmar sus desbocados latidos.
-Señorita Lloyd, gritarle a otras personas no es nada elegante- le riñó el mayordomo, haciendo que la chica se envarara y alzara altiva la barbilla.
-Me has tomado desprevenida, William. Eso es todo. Me disculpo por mi exabrupto- respondió, cambiando por completo la modulación en su tono de voz.
-Y yo, acepto humildemente sus disculpas- afirmó el hombre, con una inclinación de su cabeza –He venido a informarle que tiene una visita. El señor Lorenzo Mota de Larrea- le anunció a la pelinegra, que le miró sorprendida.
-¿Estás seguro que Lorenzo está aquí?- Por la última llamada que habían compartido, ella asumió que se verían más tarde en la fiesta. De hecho, él había dicho esas palabras "Te veo el viernes en tu fiesta" Lo recordaba con claridad.
-Así es, madame. ¿Le atenderá o prefiere que le pida que regrese a horas… más apropiadas?- preguntó el mayordomo, alzando una ceja al verla aún en bata.
-No, no será necesario. Sólo dile que me espere un momento. En lo que me pongo algo… más… apropiado- remedó el tono con el que el hombre le había dicho esas palabras.
-Entendido- replicó girándose, por lo menos el chico en esta ocasión parecía tener clase.
Rhonda se giró a su ventana de nuevo. No había nada en la rama del árbol que daba al cristal.
Frunció el ceño confundida… Ella habría jurado que algo, o alguien, estaba ahí…
Intentando ignorar que esa oscura sensación que no la dejó dormir crecía, entró a su vestidor a buscar un atuendo para recibir a Lorenzo averiguar qué lo había motivado a visitar su mansión antes de la fiesta.
-Gracias, Olga- y con eso, Helga terminó la llamada con su hermana mayor. Ahora sabía en qué hospital se encontraba su madre, en el Centro de Tratamiento y Bienestar del Cáncer en Seattle. Tendría que viajar a ese lado del estado para poder verla… Aunque, no sabía qué haría cuando la viera… de hecho, si se lo pensaba mejor, no sabía si tendría el coraje de verla…
Un ronquido inundó la habitación haciéndola sonreír. Ahí, acostado sobre su cama en la casa Johanssen, un desparramado moreno ocupaba todo el espacio disponible en el colchón, enredado cómicamente entre las sábanas… Agradecía que no la hubiera dejado sola… pero no quería acostumbrarse a despertar abrazada a él, ése no era su lugar, y se sentía como una usurpadora por ello.
Descubrir lo que le pasaba a su madre, traía a flote recuerdos de su infancia y adolescencia que había estado ignorando los últimos años, recuerdos en los que Phoebe siempre había estado a su lado apoyándola, haciéndola sentir que no era culpa suya el comportamiento de sus padres. Y ahora, ella dormía abrazada a su novio…
…O ex novio…
Helga se talló el rostro con frustración…
No era ninguna tonta, se daba cuenta de que Gerald le gustaba… pero, no creía que fuera correspondida… Quizás ella sí le gustara, pero dudaba que le gustara de "gustar, gustar" o que se estuviera enamorando. El moreno acababa de terminar una relación de prácticamente toda la vida y posiblemente estaba confundido… y eso la hacía sentir ruin. Después de todo, Phoebe era como su hermana y estaba segura de que seguía amando al moreno. Quizás se equivocó, como Helga predijo durante su discusión, pero todavía podía querer arreglarlo y Gerald todavía podía cambiar de opinión y aceptarla… y entonces… ¿Qué pasaría con ella? No podía permitirse seguir bajando por esa ladera porque evidentemente terminaría en un barranco por el que ella caería sin remedio… Tenía que volver a subir sus muros, a protegerse, ahora que seguía en tiempo de evitar que sus sentimientos se hicieran más profundos.
Gerald se removió entre sueños, arrancando otra sonrisa en la rubia. Mariposas revoloteando en su estómago, la aceleración de sus latidos y una cálida sensación que iniciaba en su pecho y se expandía por todo su cuerpo, la hicieron abrir los ojos horrorizada.
¡Oh Por Dios!, pensó escandalizada.
Helga se había dado cuenta de que ya no estaba en tiempo de evitarse otro corazón roto.
Tocaron a la puerta de su habitación.
-¿Quién?- preguntó la menor de las Pataki, deseando sepultar la epifanía que había tenido y aferrándose ferozmente a la tabla salvavidas que le arrojaba quien fuera que estuviera del otro lado de la puerta.
-¡Soy Melissa! Quería avisarte que ya está el desayuno ¿Puedo pasar?- la rubia entró en pánico… ¡Qué diría la cuñada de Gerald si lo encontraba durmiendo en su cama!
-¡No!- gritó desesperada –Quiero decir… no estoy… aammm… vestida. Te alcanzo en el comedor- respondió nerviosa.
-De acuerdo- le escuchó decir a la esposa de Jamie O. –No tardes- pidió antes de retirarse por el pasillo.
–Eso estuvo cerca- y lanzó un largo suspiro de alivio.
-Sí. Muy cerca. ¿Te imaginas que hubiera entrado?- sobresaltada, la chica se giró, hallando a un burlón moreno que le sonreía desde la cama y movía las cejas de arriba abajo.
-¿Cuánto tiempo llevas despierto?- le preguntó frunciendo el ceño molesta.
-Lo suficiente para saber que disfrutas verme dormir- respondió insinuante, coloreando instantáneamente las mejillas de la rubia de un carmesí que le pareció encantador.
-¡No sé de qué hablas, tú, narcisista pelos de borrego impresentable!- le gritó azorada, sintiendo el más puro terror abyecto de que el moreno hubiese podido leer su revelación personal casi tan claramente como ella la había pensado. Las risas del chico no se hicieron esperar.
-Está bien, Helga Bella. Tu secreto está a salvo conmigo- al decirlo, le había guiñado el ojo con coquetería, provocando que la rubia sintiera latir su corazón en cámara lenta –Ya escuchaste, hay que ir a desayunar- poniéndose de pie, casi le provoca un infarto a Helga.
-¿¡Qué demonios es eso!?- preguntó señalando la nada anormal erección matutina de Gerald. Al darse cuenta de lo que su amiga hablaba, sonrió de lado, divertido con su reacción.
-Te podría contradecir y argumentar que no es un qué, sino un quién, porque te aseguro que tiene mente propia- respondió jocoso el chico, haciendo sentir a Helga muy violenta por la situación.
-¡Criminal, Geraldo! ¡Cúbrela o algo!- la menor de las Pataki se cubrió el rostro con las manos, sintiendo arder todo su cuerpo. Riéndose, Gerald se acercó más a la rubia, sólo centímetros los separaban.
-Te ves hermosa con tus mejillas enrojecidas- Helga retiró las manos de su rostro lentamente, descubriendo la proximidad entre ellos, sintiendo el calor emanar del cuerpo del moreno, que en algún momento durante la noche se había quitado la playera del pijama. Maldito fuere quien hubiera tenido la idea de poner calefacción en la casa de los Johanssen. De nuevo, se sintió perder en la mirada avellana del moreno, envolvente, magnética, atrayente… Estaba segura que su corazón latía tan fuerte que Gerald lo podía escuchar. Las cosas sólo empeoraron para la sensible piel de Helga cuando el moreno le hizo una caricia a lo largo de su brazo en un movimiento ascendente para posar su palma cerca de la clavícula de la rubia –Pataki, se te está cayendo la baba- le dijo con una sonrisa ladeada y en un tono arrogante, rompiendo el momento con la delicadeza de un elefante en una tienda de cristalería.
-¡Por supuesto que no!- pero era demasiado tarde, el moreno volvía a reír y se iba de la habitación tan rápido que Helga ni siquiera había terminado de gritarle su respuesta a ese osado comentario. Estando sola, sintió el temor embargarla, ¿Y si Gerald se daba cuenta de sus sentimientos? Lo último que quería era alejarlo. Se había pasado la vida alejando a todos a su alrededor. Se había pasado años intentando alejarlo a él. Pero ahora, después de tantas risas y tanto llanto compartidos, no podía pensar en tener una vida en la que Gerald M. Johanssen no estuviera.
Timberly parpadeó confundida. Se talló los ojos fuertemente y luego se pinchó el brazo. Le había dolido… Eso quería decir que lo que había visto no había sido una ilusión o un sueño… su hermano había salido de la habitación de Helga usando sólo su pantalón del pijama, corriendo a gran velocidad y a mitad de una carcajada… ¿Le había parecido a ella o los ojos de su hermano brillaban como los de Jamie O. cuando miraba a Melissa?
-¿Vamos a desayunar?- le preguntó Sasha, saliendo de la habitación que compartía con la morena y encontrándosela congelada en el pasillo.
-Sí. Claro- le respondió como autómata, aun pensando en lo que había presenciado.
-¿Te encuentras bien?- Sasha tenía el cabello corto, tanto que ni siquiera le llegaba a las orejas, de un cobrizo chulísimo y unos ojos marrones que se achicaban en las comisuras. Una chica que podría parecer normal si no le prestabas la suficiente atención, y vaya que Timberly le había dado mucha atención. Sasha se le había declarado la tarde anterior. Le dijo que le gustaba demasiado, más que como sólo amigas y no había recibido respuesta de la menor de los Johanssen. Así que a la chica de Canadá le pareció que el comportamiento inusual de su amiga podía deberse a eso.
-Sí. Vamos- y la escueta respuesta desinteresada de la morena, sólo avivo las llamas de la duda que quemaban por dentro a la adolescente. Esa etapa es por sí sola difícil y confusa, para agregarle el drama de un malentendido que por las inseguridades propias de la edad no terminas por aclarar. Sasha vio a su mejor amiga recorrer el pasillo hacia las escaleras de su casa sintiendo que con ella se llevaba sus esperanzas de ser correspondida… y sin poder seguirla, se quedó de pie junto a la puerta de la habitación pensando en qué había hecho mal.
-¿Qué haces parada ahí como una estatua? Das miedo- no supo cuánto tiempo llevaba mirando el punto en el que Timberly había desaparecido, pero cuando escuchó la voz de Helga a su lado, sintió que rompía la superficie de algún cuerpo de agua en el que se había sumergido por tanto tiempo que no le quedaba aire a sus pulmones. Sasha encaró a la rubia.
-No importa- susurró, sintiéndose tan insignificante que podría desaparecer en cualquier momento, con cualquier palabra.
-Hey… ¿Vas a llorar?- Helga la miró sin saber cómo reaccionar. La joven de cabello corto tenía los ojos brillosos, inundados en lágrimas que estaban a punto de caer, mirándola con una muda súplica de consuelo que la rubia no se sentía en condiciones de ofrecer. Respiró profundo antes de volver a hablarle, intentando ser menos brusca con la chica –Escucha… sé que parece el fin del mundo… siempre lo parece… algunas veces lo es… pero otras veces, el fin sólo es el comienzo de algo más- colocó una mano sobre el hombro de la chica –Si necesitas hablar… yo tengo tiempo ¿De acuerdo?- sonrió un poco para añadir veracidad a su oferta y estaba a punto de continuar su camino al comedor cuando Sasha habló.
-Es que… hay alguien que me gusta- limpiándose las lágrimas que habían logrado escaparse, la chica volvió a mirar a Helga, intentando buscar un consejo para su situación. La rubia estaba congelada en su sitio, no había pensado que la adolescente le tomaría la palabra. El silencio de la Pataki le dio a entender a su interlocutora que podía continuar expresándose –Me gusta mucho y se lo he dicho. Pero ella no me ha dicho nada. Sólo, se quedó callada- A Helga no se le pasó desapercibido el pronombre femenino, y sonrió con una clara idea de quién estaban hablando.
-Bueno… a veces, nosotros nos encontramos en un punto diferente que la persona que nos gusta- Sasha se veía muy confundida –Quiero decir, que cada uno es diferente y crece a su propio ritmo. Se necesita madurez para aceptar ciertas cosas y esa madurez la da el tiempo. Algunos tardan más que otros en darse cuenta de sus sentimientos, de entenderlos y de aceptarlos- Helga le sonrió comprensiva, recordando lo que pasó en el techo de Industrias Futuro y cómo le tomó a Arnold casi un año después de eso, darse cuenta de los sentimientos de la rubia y los suyos –Sólo ten un poco de paciencia- la sonrisa de Helga se volvió melancólica.
-¿De verdad lo crees?- esperanzada de nuevo, Sasha veía a la rubia como si fuera la brújula a la que se aferra una niña perdida que quiere encontrar el camino de vuelta a casa.
-Sí. Timberly se dará cuenta de que también siente más que amistad por ti- La rubia le guiñó un ojo y Sasha enrojeció como un tomate al escuchar el nombre de la morena –Ven, vamos a desayunar- y bajando con ella, Helga no pudo evitar que los recuerdos de su corta relación con el rubio antes de su mudanza la inundaran. El día anterior, el que había sido su mayor ilusión le había dicho lo que tantos años esperó escuchar… que estaba listo… que se dieran una oportunidad… Helga miró las fotos familiares mientras descendían las escaleras, en la mayoría de ellas, Gerald aparecía con esa sonrisa traviesa a lo largo de su vida, infancia, adolescencia, juventud… Definitivamente la vida podía ser una jodida perra cuando se lo proponía, y con Helga parecía ensañada, porque ahora que Arnold le decía que le gustaba, ella descubría que estaba en otro momento de su vida en el que aún sentía anhelo cuando pensaba en su pasado con el rubio… y mariposas cuando pensaba en su presente con el moreno…
Definitivamente la vida era una jodida perra.
Patty tocaba el timbre de aquella casa con los nervios a flor de piel. Tenía casi un año de no visitarla. Casi un año de no hablarle al chico que vivía en ella. Sin embargo, tras la visita que había tenido el día anterior, tras escuchar que Helga por fin había superado a Arnold y parecía tener algo con Gerald… las esperanzas de poder reunir las fuerzas para cerrar aquel capítulo de su vida regresaban con renovado ímpetu… y en un arranque de euforia, sin pararse a pensárselo porque seguramente se arrepentía, había tomado su bolso y salió de su casa con un rumbo y un objetivo fijos.
-¿Quién es?- un rumbo y un objetivo que olvidó en cuanto escuchó la voz de Harold y dándose media vuelta quiso volver por donde vino diciéndose a sí misma que aquella era la peor idea que se le había cruzado por la cabeza en su vida. Sólo alcanzó a bajar dos de los tres escalones del pórtico antes de que Harold abriera la puerta y encontrara a la chica dándole la espalda en plena retirada estratégica -¿Patty?- la incredulidad en la voz del chico era dolorosamente palpable, "Descuida, yo tampoco me creo que esté aquí" pensó ácidamente la castaña, y armándose de valor… de nuevo… se giró para enfrentarlo. Casi se le doblan las rodillas ¿Era su imaginación o Harold sólo se había puesto más guapo durante ese año?
-Ho-hola Harold- tartamudeó tímida, mirando a todas partes menos al rostro de su ex novio que le miraba tan sorprendido, que se le olvidó que llevaba puesto el mandil de su madre, en el que ponía "Para la mamá #1 del mundo", y que cuando la castaña notó sólo le sirvió para odiarse por encontrar aquello completamente adorable… "Tú lo odias" quiso recordarse, pero luego se volvió a decir "Bueno… ya te es indiferente" -¿Crees que, que bueno, que podamos hablar?- preguntó jugando con el bolso de mano y sintiéndose la chica más torpe del país.
-¡Sí, claro! Pasa- exclamó contento Harold, Patty no había querido hablar con él en tanto tiempo que recordarlo dolía.
-Gracias- y al intentar subir los escalones de nuevo, se tropezó… recriminándose su torpeza cerró los ojos esperando un golpe que no llegó. Harold había frenado su caída, pasando los brazos debajo de sus axilas y sosteniéndola en una cómica posición que nada tenía que ver con las escenas de las películas románticas donde los protagonistas descubren que están enamorados cuando se miran a los ojos luego de que él la atrapara a ella antes de caer… lo único que Patty sintió al mirar a los ojos a Harold, en aquella situación, fue una infinita vergüenza –Lo siento, lo siento- se disculpó enderezándose y alejándose del chico como si su tacto le doliera físicamente.
-No tienes que disculparte. Siempre me ha gustado tu torpeza, te hace ver tan adorable- le dijo Harold sonriente.
-Esto fue una mala idea- se quejó Patty sintiendo su corazón en la garganta, yendo a tropel como un tren desbocado que no hay manera de parar –Una muy mala idea- reafirmó, girándose para intentar irse de nuevo, sólo que esta vez, Harold la tomó del brazo evitándolo.
-Espera… ¿Qué es lo que ha sido una mala idea? ¿Dije algo malo?- Cuando Patty se encontró con la mirada del chico, esta vez apreció el temor que había en ellos… y esta vez en lugar de vergüenza, la castaña no pudo evitar enternecerse ante el gesto de cachorro abandonado que tenía Harold en aquellos momentos.
-No. Tú no has hecho nada malo- le aseguró desistiendo por segunda vez de su intento de escape –Soy yo la del problema- su ex novio la miró extrañado –Creí que estaba lista. He venido hasta aquí porque pensé que podía… pasar la página… que podía… superarte- Harold la miró comprensivo.
-Nadie te está presionando para que algo así pase ahora- le aseguró, sintiéndose culpable de lo que tenía que soportar su antiguo amor.
-¡Pero es que!- Patty se detuvo a media exclamación, y fijó su mirada en el piso –seguramente me odias porque ha pasado un año y tú y Rhonda han tenido que…- no pudo seguir hablando, le sorprendía hasta a ella que pensar en Harold y Rhonda juntos le siguiera doliendo tanto… había pasado tanto tiempo.
-No te odio- le aseguró –Nunca podría odiarte- Patty lo miró sorprendida –Eres una buena persona. De las mejores que he conocido… y lo que yo te hice… no fue nada justo- ahora quien se sentía avergonzado era él –Merezco esta penitencia… y no importa que continúe por otro año o más… lo menos que puedo hacer es darte paz mental luego de lo que pasó- le chico de gorra azul hizo contacto visual con la castaña, seguro de que encontraría odio en su mirada… pero le sorprendió encontrar algo parecido al agradecimiento.
-Tú eres la mejor persona que he conocido- le aseguró Patty al borde de las lágrimas –y lo que más extraño es tu amistad… aún más que nuestra relación… me dolió más perderte como amigo- la castaña cortó el contacto visual, sintiéndose incapaz de sostenerle la mirada por más tiempo sin echarse a llorar.
-Pero no has perdido mi amistad, Patty- le dijo casi con mimo –cuando estés lista… yo aquí voy a estar- le aseguró solemnemente, haciendo sonreír a la castaña.
-Gracias Harold… y perdón que no haya podido superarte- añadió al final pensándoselo mejor.
-Descuida, es como un cumplido… creo- devolviéndole la sonrisa, le volvió a ofrecer pasar a la casa.
-No… está bien. Tengo cosas que hacer y tú debes estar ocupado con tus padres… así que… supongo que te veré por ahí- Patty enrojeció al ver la sonrisa de Harold ampliarse, quizás algún día podría hablar con él sin sentir que desfallecería en su pórtico.
-Por supuesto… y yo seguiré esperando- le aseguró, viéndola irse, el chico sintió que un peso desaparecía de su espalda… Patty no lo odiaba.
-Vaya, vaya. ¿Te entendí mal acaso? ¿O es que estabas tan deseoso por verme que no has podido esperar unas cuantas horas más?- le preguntaba Rhonda Lloyd a su visita que se erguía en medio de su sala como si el lugar le perteneciera, Lorenzo siempre había emanado esa atrayente aura, todo en él gritaba elegancia.
-Buenos días Rhonda- le saludó sorprendido, la chica se veía encantadora en su sencillo vestido blanco que le llegaba a medio muslo, y luego, con sus zapatillas rojo sangre, sus piernas se veían mortales –No me has mal entendido, surgió algo más- tragó grueso cuando la vio caminar hacia él con esa mirada hambrienta y el vaivén de sus caderas que tantos veranos lo enloquecieron y fascinaron a partes iguales.
-¿Y ese "algo más" no serán problemas con tu padre?- Lorenzo la miró sorprendido del poder de deducción de su amiga.
-Lo son, sí- le confirmó el pelinegro, sintiéndose distraído por el perfume de la chica –Digamos que no está feliz de que haya dejado Nueva York sin decirle- Rhonda posó su mano en el brazo del chico y deliberadamente ladeó su cabeza, exponiendo un poco su cuello.
-Sabes que aquí hay espacio de sobra. Escoge una habitación, querido- y con una insinuante sonrisa, añadió a su oído –La mía, claro, está fuera de toda consideración- Lorenzo tuvo el presentimiento de que, como siempre, Rhonda estaba divirtiéndose con él.
-Te lo agradezco, Rhonda- y antes de que pudieran seguir conversando, el señor Buckley entró en la habitación hablando a voz en grito.
-¿Qué significa Rhonda que un chico te vino a buscar? Espero que no se trate de nuevo de ese pelafustán Berman o sino…- el señor Lloyd se frenó al ver al hijo de uno de sus mayores socios parado a mitad de su sala, con su hija del brazo -¿Lorenzo?- atinó a decir.
-Sí, papi. Espero que no te moleste- inició con su actuación de niña inocente ante su progenitor –pero Lorenzo me comentaba que los hoteles de Hillwood no son como los de Manhattan y me tomé el atrevimiento de ofrecerle quedarse con nosotros- Rhonda envolvió su brazo con el de Lorenzo, pegándolo a su pecho y acercándose todavía más al chico –sabes lo mucho que disfruto de la compañía de Lorenzo. Y él es definitivamente muy adecuado para nuestra familia ¿no crees?- la visita la miró confundido, la elección de palabras de Rhonda había sido muy extraña.
-Ah claro, sí. Por supuesto que no hay problema, pero- dirigiendo una mirada escrutadora a su hija añadió -¿Significa que has hecho tu decisión?- a Buckley le pareció una muy buena señal que Rhonda recargara su cabeza en el hombro del joven antes de responder.
-Claro que he tomado mi decisión, papi. No tenías que preguntarlo- sonrió astutamente –Ahora si me disculpas, iré a instalar a nuestro distinguido huésped a una de sus habitaciones… y posiblemente tardemos mucho… no nos esperen para almorzar- El señor Lloyd miró con ojos desorbitados cómo se llevaba a Lorenzo haciéndole mimos a las escaleras… Vaya con su hija, aquella se la había puesto fácil. Y definitivamente el pelinegro le parecía mucha mejor opción que el famoso Harold Berman… sobretodo porque era un economista brillante siendo aún un estudiante… aunque claro, mucho de ello era gracias a la oportunidad que le dio su padre de trabajar para él… Eso no le quitaba méritos al chico. Empezó a imaginarse cómo sería su vida si Rhonda se casara con él, cuánto más crecerían sus negocios… una sonrisa soñadora como pocas, se clavó en el rostro de Buckley mientras iba a desayunar casi dando brinquitos de contento.
A veces no hay peor ciego que el que no quiere ver, y eso lo sabía perfectamente Rhonda.
