Mala suerte

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N/A: Sexo explícito (Bella/Mione)

Agradezco a bellatrix996 su punto de vista sobre los sentimientos de la otra Bellatrix. En este capítulo narro un poco parte de su pasado familiar, y su opinión me ha sido de mucha ayuda.

Y un saludo a mi amiga Armanda, que se está leyendo este fic en sus ratos libres. Lo de Mundungus va por ti, para sigas teniendo motivos para quejarte porque siempre lo acabo metiendo XD


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Barney Parkinson había estado toda la mañana pensando cómo podría comunicarse con su hermana para advertirla de que con Bellatrix como huésped no era nada prudente que viniese a casa para desde allí iniciar su fuga juntos, tal y como habían planeado. Pero por más que se devanaba los sesos no veía cómo: un hechizo le impedía aparecerse fuera de los límites de las tierras de su padre, la red Flu estaba intervenida por el Ministerio, y no se atrevía a escribir un mensaje para ser enviado mediante una lechuza, por miedo a que fuese interceptado.

Parecía que le hubiesen echado el mal de ojo: todo le salía mal. Había intentado convertirse en un hombre de negocios, pero acabó perdiendo lo poco que le quedaba a la familia en Gringotts, después trató de recuperarlo jugando a juegos de azar, pero la suerte no lo acompañó. Tras esto, vendió algunos secretillos sin importancia a aquella horrible Tonks, a la que recordaba del colegio, pero fue descubierto por su propio bando, involucrando entonces a su hermana en una sucia y peligrosa misión que en principio le había costado su compromiso con Draco Malfoy y podía llegar a costarle mucho más. Y ahora que ya estaban cerca del final, y parecía que por fin podrían huir de aquella maldita guerra, la misma Dama Oscura se decidió de repente a instalarse en su casa. ¡Si es que no se podía tener peor suerte!

Hacia la hora del almuerzo, se decidió a enviar la lechuza: intentaría mandarla al lugar donde tenía acordado con su hermana, una lechucería lejos de la sede de la Orden donde lograban mantener su correspondencia en secreto ante ambos bandos. Fue a la semi ruinosa lechucería de su hogar y ató a la pata de su ave más rápida un escueto mensaje, dirigido a su imaginaria amiga Mary Jane Martin: Reina negra en campo blanco come torre. Espero tu jugada en un par de días. Saludos cordiales.

No intentó ocultar con hechizo alguno el contenido de su mensaje, pues sabía que tanto los aurores como los mortífagos tenían medios para descubrir este tipo de subterfugios. No, en la simplicidad del plan estaría su triunfo, pensó.

El joven mago se sintió muy inteligente cuando vio alejarse a la lechuza con su mensaje en clave: aunque fuera interceptada la nota, nadie podría nunca decir que aquello fuese otra cosa que una partida de ajedrez. Esperaría a su hermana al anochecer en el punto señalado, una roca a la orilla del mar, por si acaso el mensaje no llegaba a su destino, y entonces tendrían que improvisar una huida sobre la marcha. Pero él esperaba que Pansy no acudiese hasta dentro de unos días, cuando la desagradable reina negra se hubiese ido con la música a otra parte y las aguas estuviesen tranquilas.

No se despedirían de sus padres, para que si los sometían a legilimancia pudiesen ver que eran inocentes. Qué triste no poder volver a verlos, se dijo, aunque en cierto modo sería un alivio: el amado hogar se había convertido en una prisión, y ya no soportaba el mudo reproche de su padre ni la enfermedad de su madre. No, él no había nacido para cuidar ancianos. Un hombre, un auténtico hombre, siempre tiene planes y proyectos, no se limita a ser un buen hijo. Eso estaría bien en todo caso para su hermana, si las cosas hubiesen salido de otra manera. Pero a fin de cuentas, no habían sido así y había que asumirlo. No merecía la pena darle vueltas a ese asunto. Al fin y al cabo, la buena de Pansy había hecho lo que había hecho por voluntad propia ¡él no la había obligado!

Pero la suerte no estaba de parte de Barney Parkinson esta vez tampoco. Poco imaginaba él que la lechuza en la que había depositado sus esperanzas se cruzaría en el camino de unos aurores que perseguían a Mundungus Fletcher, acusándolo de haberse apropiado de un valioso talismán cuya posesión, según Luna Lovegood, supondría la diferencia entre ganar y perder la guerra. El infortunado animal fue aniquilado de forma fulminante con un Avada Kedavra dirigido a Fletcher, y ahí acabó el plan de Parkinson, hundido en un enorme lago verdoso junto con la difunta lechuza que no merecía un final tan triste.

Con respecto al talismán y al ínclito Mundungus Fletcher habría mucho que decir, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión*. Por ahora podemos afirmar que siguió vivo para compaginar una vida al servicio de los nobles ideales de la Orden con la cleptomanía y los dudosos medios de financiarse la ginebra y otras bebidas espirituosas, a las que siguió siendo muy aficionado.

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Hermione acababa de cerrar la puerta de su pequeño y húmedo dormitorio tras de sí, sosteniendo la mano de la Dama Oscura. De pronto se sintió tímida de nuevo, y soltó su mano.

Bellatrix hizo lo que había dicho que haría: se quitó las botas y se recostó sobre la cama de Hermione, con las dos copas y la botella a su lado, y dio unos golpecitos en la cama, como indicándole que se sentase.

-Ponte cómoda, ratita. Quítate ese calzado muggle tan deprimente que llevas y siéntate aquí con tu amiga Bellatrix.

-¿Desde cuándo somos amigas tú y yo?

-Ah, ¿no somos amigas? Me había parecido por tu forma de hablarme que éramos amigas de toda la vida. –Dijo Bellatrix con sarcasmo.

-Mis amigas no me cambian el nombre, ni me llaman ratita. –Contestó Hermione, a la defensiva.

-Tan quisquillosa como siempre, ratita. Ven y siéntate aquí, total, para follar no hace falta que seamos amigas. Porque vamos a follar, te lo digo para que vayas haciéndote a la idea.

-Eso será si yo quiero. Lo bueno es que quiero. –Añadió rápidamente Hermione.

-¿Para qué estamos perdiendo tiempo hablando entonces? –Dijo Bellatrix encogiendo los hombros y haciendo un gesto de exasperación con las manos.

-¿No íbamos a beber primero? –Preguntó Hermione, esta vez con inseguridad.

Bellatrix le dedicó una sonrisa malvada, y descorchó la botella fácilmente con ayuda de su varita. Sirvió dos copas de vino, y le indicó por señas que se acercase, sin dejar de mirarla a los ojos.

-Vamos a brindar, Maia. Por un exitoso y placentero inicio de tu vida sexual.

Hermione chocó la copa y bebió nerviosa, con la sensación de que le estaban tomando el pelo otra vez. El sentido del humor de Bellatrix era, como todo su carácter, bastante cruel.

-Quiero aclararte que esto es solo sexo. No vas a ser mi primera dama ni nada parecido. No tengo nada en tu contra: debo reconocer que eres una bruja muy talentosa y no eres mal parecida, pero entiende que los sangre pura no nos unimos por sentimientos ni apetencias sexuales, -dijo Bellatrix, seria de pronto.

Hermione asintió. Se había quedado rígida, no por lo que le había dicho, sino porque hubiese creído necesario explicárselo. Era evidente que la Dama Oscura, una mujer tan bella, importante, y supremacista de la sangre pura, no iba a casarse con una sangre sucia… pero el que ella se lo hubiese siquiera planteado dejaba a Hermione completamente descolocada.

-Lo entiendo, Bellatrix. Gracias por advertirme.

Hermione sintió la aguda mirada de Bellatrix clavarse en sus pupilas. Ahora la que se sentía insegura era ella, y quería saber si la pequeña sangre sucia se reía de ella en su cara. Al parecer quedó satisfecha.

-Ven aquí, no estés nerviosa. No te va a pasar nada malo. Puedes sentir un poco de dolor, pero será manejable: te lo prometo. Seguro que te han contado un montón de basura sobre este momento, pero no es verdad, vas a seguir siendo la misma, solo que la siguiente vez no estarás tan asustada.

-No estoy asustada, -dijo Hermione con la voz un poco temblorosa.

-Claro que no, eres una chica lista. Sabes que no tienes por qué estarlo, -dijo Bellatrix con voz suave y un poco ronca, rodeándola con un brazo, para acariciarle al final la nariz con el dedo índice.

Ahora la bruja oscura tenía su rostro a escasos centímetros del suyo, un brazo rodeando su hombro y otro acariciando su pelo y su mejilla con suavidad. Hermione cerró un momento los ojos al sentir la caricia.

La joven bruja no sabía qué hacer con las manos, y las colocó en torno a la cintura de la otra mujer, que volvió a sonreírle, cogiendo sus manos y colocándoselas en los pechos.

-Puedes tocar, no está prohibido, -dijo Bellatrix sonriendo de modo socarrón, para a continuación darle un breve beso en los labios.

Las manos de Bellatrix también hacían lo suyo, acariciando su cuello, hombros y finalmente su pecho. El sujetador impidió que llegasen a tocar la piel bajo la ropa, por lo que Bellatrix de pronto, en un arranque, tiró de la sudadera y camiseta de Hermione, que salieron juntas del revés y cayeron a los pies de la cama, para luego atacar la odiosa prenda, desabrochándola con facilidad. Le lanzó una breve mirada desdeñosa antes de arrojarla lejos, a pesar de que Hermione recordaba que la primera vez que había acariciado sus encajes le había gustado. Pero claro, eso era antes de saber que era un regalo de Tonks, pensó Hermione divertida.

¿Cómo se tomarían Tonks y Ron saber que se estaba acostando con la Dama Oscura? No demasiado bien, suponía. Pues bien, culpa suya por no haberla rescatado antes. Seguramente Tonks hubiera podido hacerlo de no haber estado tan ocupada follándose a Pansy, pensó Hermione cerrando los ojos mientras notaba pequeños mordiscos en el cuello. Y Ron… bueno, Ron podría haber hecho algo también. ¡A saber si no había vuelto con Lavender Brown!

Por otra parte, no pudo negarse a sí misma que el que Bellatrix quisiera pasar un rato con ella la halagaba. No hubiese admitido esto ni bajo tortura, por el contrario había intentado disimular ante sí misma su atracción hacia ella, y había conseguido auto engañarse con cierto éxito, pero ahora tuvo que reconocerse que era verdad. Ella no era más que una marisabidilla irritante, y Bellatrix era… bueno, decir que era impresionante en todos los sentidos se quedaba muy corto.

De pronto ya no pudo pensar más. Bellatrix había vuelto a empujarla contra la cama, y retorcía con cierta saña sus pezones. Hermione se encogió, sintiendo una oleada de placer y dolor demasiado intensa como para pensar en otra cosa que no fuese el momento presente. Pero sus piernas aún seguían juntas. Las manos de la bruja bajaron de repente de sus pechos a sus vaqueros, y de nuevo trató Bellatrix de abrirlos dando tirones, pero esta vez la cremallera se abrió un poco y la bruja oscura entendió de pronto el mecanismo.

Bajó la cremallera sin dificultad, y aprovechando que los pantalones le estaban muy holgados, metió con facilidad la mano entre las bragas y la áspera tela. Hermione se revolvió, y la bruja aprovechó para introducir la mano entre sus piernas, llevándola desde su pubis hacia atrás y rozando su sensible clítoris.

Hermione se sorprendió y quedó quieta, gimiendo con suavidad. Miró el escote de la bruja, y de modo confuso pensó que no era justo: ella estaba casi desnuda y Bellatrix no se había quitado ni una pieza de ropa. Se encontró con sus ojos oscuros, que miraban los suyos, y una sonrisa se dibujó en el rostro de la mortífaga.

Como si le hubiese leído el pensamiento (era probable que lo hubiese hecho) se apartó de su lado para empezar a desvestirse, arrojando la ropa junto a la de la joven bruja. El gemido de decepción que escapaba de los labios de Hermione se acalló, transformándose en una sonrisa que correspondía a la de Madame, que le guiñó un ojo con descaro mientras se abría el corsé con habilidad, desatando las lazadas por detrás para no deformarlo.

El resto de su ropa cayó también con rapidez, y una desnuda Bellatrix volvió a subirse en la cama, abriendo de un tirón las piernas de Hermione y acomodándose entre ellas.

No hubo palabras entre ambas, solo se entendieron con la mirada. La chica ayudó a Bellatrix levantando el trasero cuando ella tiró de sus pantalones con tanta fuerza que las braguitas se movieron de su sitio, quedando enganchadas entre los muslos de una sonrojada Hermione, que se vio de pronto con su sexo abierto y expuesto ante la temida bruja.

Tuvo la tentación de cerrar las piernas, pero Bellatrix se lo impidió sujetando una de sus rodillas con una mano y haciendo palanca con su propia rodilla. De un tirón terminó de arrancar sus bragas, que hicieron un ruido de tela desgarrada. Hermione dio un respingo, pero a la bruja oscura no le importó, sino que se tiró a sus labios y la besó con ferocidad, mordiéndola y recorriendo su boca con la lengua.

Hermione tenía a Bellatrix encima, con sus senos rozando los suyos. Notaba cómo su corazón latía con fuerza, y sentía palpitar su sexo. Esta sensación era nueva para ella, no estaba acostumbrada a notar cómo se humedecía mientras sus músculos vaginales se engarrotaban. Comenzó a mover las caderas hacia delante y atrás, buscando un alivio para su necesidad, y clavó las uñas en su espalda.

-¡Dime qué necesitas! –Exigió la Dama Oscura separándose de sus labios y mirándola a los ojos con fiereza.

-¡Necesito… quiero que lo hagamos!

-¿Qué quieres que hagamos exactamente, ratita? –Preguntó Bellatrix con sorna.

-¡Ya lo sabes!

-¡Quiero que me lo pidas!

-¡Joder, fóllame! ¡Sé la perra mala que sueles ser y reviéntame el coño!

-Tus deseos son órdenes, ratita, -respondió Bella con voz burlona y una sonrisa lujuriosa pintada en la cara, mientras hacía una breve reverencia con su mano derecha.

Las largas uñas de Bellatrix dibujaron una línea roja en la cara interna de los muslos de Hermione, desde la rodilla hasta la ingle, con la sangre a punto de brotar por debajo de la magullada piel, pero ella apenas reaccionó, solo movió un par de veces más las caderas, deseando algún tipo de alivio para la sensación intensa de ardor que la devoraba.

Los dedos de Bellatrix acariciaron su sexo. La chica estaba chorreando por ella, y no pudo evitar sentirse halagada, aunque no era nuevo para la bruja que los que decían odiarla tuviesen deseos carnales hacia su persona. La pequeña defensora de los elfos domésticos no era la excepción.

-Así que la niña inocente está mojada… estoy segura de que vas a disfrutar mucho de esto. Yo también lo haré. Será un placer convertirte en una auténtica zorra. ¡Mi zorra!

El dedo índice de Bellatrix se abrió paso entre los pliegues de Hermione, entrando y saliendo de su cuerpo primero despacio y luego más deprisa. Los movimientos de Hermione intentaban acompasarse, y Bellatrix pensó que podría llegar a tener un orgasmo solo con eso. No se lo pondría tan fácil, pensó mientras metía un segundo dedo de golpe, que hizo que la chica diese un respingo y un pequeño gemido de dolor.

-Atenta ahora, porque luego me lo vas a hacer a mí, ¡y pobre de ti como no seas una alumna aplicada, porque tu coño no será el único orificio de tu cuerpo que deje de ser virgen! –Advirtió la bruja con tono burlón antes de llevar su boca al hinchado clítoris de la joven, para a continuación chuparlo siguiendo el mismo ritmo rápido de sus dedos, que se curvaron dentro de su cuerpo. Las uñas de la bruja no pinchaban su carne ahora: a pesar de los rápidos movimientos estaba teniendo cuidado de no lastimarla más de lo necesario.

Hermione lanzó un gemido prolongado donde se mezclaban el placer y el dolor, y a los pocos minutos tuvo su orgasmo. Nunca se imaginó que fuese a ser así. Se sintió como si estuviese muy borracha: el techo de la habitación daba vueltas sobre su ella. Cerró los ojos y echó la cabeza hacia un lado.

Bellatrix se separó de su cuerpo y se tendió a su lado. Se miró los dedos: estaban manchados de sangre, y vio una pequeña mancha oscura ensuciando la sábana entre las piernas de la chica. Estiró el brazo hasta alcanzar su varita, y resolvió el asunto antes de volver a tenderse a su lado.

Uno de los rizos de Hermione había caído sobre su rostro, moviéndose apenas con la respiración de la chica. Parecía tan agotada que la bruja sintió ternura, y apartando con suavidad el pelo de su cara, besó brevemente su sien.

-¿Y bien? ¿Qué te ha parecido? ¿He cumplido tus expectativas?

-Dolió…

-Sí, claro que dolió, -respondió la bruja con exasperación-. Pero no te he preguntado eso. Te he preguntado que si te gustó.

-Joder, ¡sí! Ha sido raro… hubo un momento en el que pensé que me iba a hacer pis.

Bellatrix estalló en carcajadas, y besó a Hermione en la frente. Sus ojos se volvieron a encontrar y la chica rozó su nariz contra la de la bruja oscura, a quien ese gesto le pareció adorable. Sintió algo parecido a una señal de alerta: no podía permitirse encariñarse más de la cuenta con la pequeña sangre sucia.

-Todo lo que has sentido es normal. No era eso (Bellatrix dudó antes de repetir la palabra pis, y finalmente optó por no hacerlo), simplemente te ibas a correr y no lo sabías. La próxima vez será mucho mejor y no dolerá, ya lo verás. Y ahora, mi pequeña mascota, te toca a ti. No pongas esa cara, sé que lo vas a hacer muy bien. –Dijo la bruja mientras se acomodaba boca arriba a su lado.

A pesar de las palabras de ánimo de la bruja, Hermione se sintió insegura. Una cosa era recibir los embates de Bellatrix, y otra tener ella la responsabilidad de hacerla correrse.

-¿Qué quieres que te haga? –Preguntó Hermione sin poder evitar que le temblase un poco la voz.

-Puedes empezar haciéndome sexo oral. Ya sabes cómo va.

Hermione se acomodó entre las piernas de la bruja, que se abrieron para ella. Bellatrix iba completamente depilada, lo que hizo sentir algo de culpa a la joven bruja: ella no había pensado en ese detalle, pese a lo cual la Dama Oscura no le había hecho ningún reproche. Acercó la boca al sexo de Bellatrix, que estaba tan mojado como el suyo. Tenía un sabor fuerte, pero a la chica no le resultó desagradable. Empezó a lamer al estilo perruno, con más entusiasmo que técnica.

-Un poquito más arriba, Maia, -indicó la bruja.

Hermione hizo lo que se le indicaba, buscando con la lengua el clítoris de la bruja, y cuando creyó haberlo encontrado paró un poco para buscar con la mirada su aprobación. Bellatrix sonreía, pero al notar que paraba, con su mano derecha empujó la nuca de la chica, haciendo que Hermione hundiese la cara en su sexo.

-No te he dicho que pares. ¡Sigue lamiendo, perrita! –Exclamó Bellatrix riendo.

Hermione tenía la cara presionada contra el sexo de Bellatrix, pero no se sentía ultrajada por ello, sino que comenzó a sentir cómo se estaba empezando a excitar de nuevo. Supo que esta vez estaba en el buen camino por los gemidos y los movimientos espasmódicos de la bruja, cuyas piernas temblaban. La mano de Bellatrix acarició su nuca con las uñas, y Hermione pensó que en efecto, la estaba tratando como a un perrito. Después pensó que era una imagen mental extraña y se esforzó por olvidarla, pero no pudo evitar reírse.

-¿Qué te hace tanta gracia? ¡Lo estás haciendo bien, no lo estropees con alguna de tus tonterías! –Dijo Bellatrix con el tono de alguien que ha visto herida su susceptibilidad.

-Lo siento, he sido mala. Vas a tener que castigarme, Señora de Todos los Terrores, -dijo Hermione. No había sarcasmo en su voz, sino una provocación que intentaba ser sensual.

La bruja oscura no se lo tomó mal sino que volvió a reír, y aseguró que tendría muy en cuenta su petición, antes de exigirle que callara y siguiera chupando.

Hermione tuvo que esmerarse para volver a dejar a Bellatrix en el mismo punto que estaba antes de que ella se riera. Quiso volver a mirarla a la cara, pero la mano de la bruja crispada sobre su nuca, clavándole las uñas en el cuero cabelludo, se lo impedía. Sus piernas se apretaban alrededor de su cabeza, y Hermione decidió vengarse un poco de la opresión sufrida haciendo las lamidas y chupetones un poco más bruscos.

Bellatrix llegó al orgasmo entre juramentos impropios de una dama tan bien educada como ella y sacudidas espasmódicas de sus caderas, y liberó a Hermione, dándose la vuelta a continuación para descansar su rostro en el hombro de la chica, que acarició su pelo sin saber muy bien si eso era lo que se esperaba de ella.

Tras un par de minutos en los que dejó su mente en blanco mientras la chica la acariciaba y tras retomar su respiración normal, la bruja envolvió en un abrazo a Hermione, que tras un momento de extrañeza devolvió el gesto.

-¿Por qué no haces el menor esfuerzo por peinarte, niña? –Fue todo lo que la bruja dijo, acariciando también uno de sus rizos.

-¿En serio eso es todo lo que tienes que decirme? –Preguntó Hermione, no sabiendo si debía sentirse ofendida o reírse.

-Has estado muy bien. Lo sabes. Aprendes muy rápido. –Comentó la bruja oscura, casi a regañadientes.

-Tú también, -concedió Hermione.

-Eso ya lo sé, Maia. Serías la primera que se quejase de mí en la cama, y además mentirías si lo hicieras.

-Me alegra que no tengas problemas de autoestima, Lady Oscuridad.

-Puedes llamarme Bellatrix, si no te importa, mocosa deslenguada. –Dijo Bellatrix golpeando con suavidad a Hermione en la nariz con su dedo índice.

-Llámame tú por mi nombre. Ni ratita, ni Maia, ni sangre sucia.

-Me niego a volver a tener esta discusión contigo ahora. Si no vas a decir nada agradable, cierra la boca y duérmete.

-Escúchame, Bella. Por favor. –Respondió Hermione arrodillándose a su lado en la cama y cogiéndole sus manos, como a punto de pedir algo importante.

La bruja oscura alzó una ceja, un poco preguntándose a qué venía tanta intensidad en ese momento tan inadecuado, y también asombrándose del descaro de la sangre sucia por llamarla con tanta familiaridad, pero decidió dejarla hablar antes de ponerla en su sitio.

-Te estoy escuchando. Dime. –Dijo Bellatrix con voz gélida.

-Sería muy importante para mí que me llamases por mi nombre. Por mi verdadero nombre. ¡No te cuesta nada! ¡Por favor!

-Maia, solo tienes que tratar de acostumbrarte. No seas pesada con ese tema. ¡Deberías estar agradecida de que te haya puesto el nombre de una estrella!

-Lo estoy, -dijo Hermione tras pensarlo un momento. –Es una manera de decirme que para ti soy algo más que una sangre sucia. Pero estás borrando de un plumazo todo lo que he sido yo. ¡Me estás borrando a mí! ¡Si me tienes aprecio, permíteme ser yo misma!

Un lejano recuerdo vino a la mente de Bellatrix. Se recordó a sí misma muchos años atrás, yendo a visitar a su hija a la casa de su hermana, cargada de regalos para la pequeña. No estaba segura de acertar con los gustos de la criatura, así que le llevaba de todo lo que había encontrado, y así minimizaba el riesgo de una desilusión. La pequeña Lyra era muy expresiva y sensible, y torcía el gesto en un puchero cada vez que abría un regalo y se sentía decepcionada.

-¿Te gusta esta caja de música, Lyra? Mira, tiene un encantamiento que hace que las hadas de su interior llenen toda la habitación con sus bailes mientras suena la música.

La pequeña había estado llorando, todavía tenía los labios morados y los ojos rojos. Seguramente habían vuelto a regañarle otra vez por romper accidentalmente alguna baratija. Ella no tenía culpa de ser más fuerte y activa que la mayoría de las niñas de su edad, pensó Bellatrix con creciente enojo. Pero al ver la caja de música abrirse y la habitación llenarse con luces amarillas y verdes, mientras sonaba una música que evocaba un antiguo bosque sagrado, sus ojos se iluminaron y su cabello se volvió rosa.

-Bellatrix, te agradecemos mucho los regalos, pero pensamos que Dora ya tiene suficientes juguetes, -dijo Ted Tonks.

Bellatrix no lo miró. Él no era nadie. No era nada. Solo era un capricho temporal de su hermana, que había tenido el mal gusto de casarse con él. Pero ya recapacitaría, volvería a casa, encontraría un buen marido, y nunca más volverían a mencionar aquél embarazoso error de juventud. Todo el mundo comete errores, se dijo.

-¿Perdón? ¿Dora? ¿Me podrías explicar que es eso de Dora, querida Andrómeda?

-Hemos pensado que Nymphadora es un nombre más adecuado para ella. Hace honor a su don de metamorfomaga, y ciertamente yo la considero un regalo. Un maravilloso regalo que me ha dado la vida, -dijo Andrómeda de un modo levemente desafiante.

Bellatrix por una vez se quedó helada y no supo qué decir. No quería dar un espectáculo delante de la niña, así que la besó en la frente y se fue de allí.

Había mucho más en las palabras de Andrómeda de lo que se podía ver en la superficie. Esa tarde Bellatrix se dio cuenta de que querían borrarla de la vida de su hija. Ella la había regalado. No necesitaban sus juguetes ni la iban a dejar interferir en su educación. Hasta le habían quitado el nombre que ella le había puesto, siguiendo la tradición de los Black. "Siempre me tuvo envidia" pensó la bruja mientras se limpiaba una lágrima. "Ha esperado años para devolverme el golpe de que nuestros padres me quisiesen más a mí".

Pero enseguida se recompuso y se dijo a sí misma que podían intentarlo, pero que lo consiguieran era otra cosa. Lyra no era como ellos. Era como su madre, como su auténtica madre. Y ella había tenido buenos motivos para no tenerla a su lado: era la segunda del Señor Tenebroso, y sabía que despertaba muchas envidias entre los propios mortífagos. Tener a su hija a su lado era exponerla a sufrir los daños que no se atreverían a infligir a su madre. Tal vez incluso podían secuestrar a la cría para coaccionar a su madre y probar así su lealtad hacia su maestro… por no hablar de la gentuza de Dumbledore y los psicópatas de los aurores, que no dudarían en destrozarla en nombre de la paz y la justicia.

No, ella había actuado como lo hizo por el bien de su hija. No era justo lo que estaban haciendo. Tampoco para la niña. Lyra era una Black, no una Tonks. No iban a cambiar eso por haberle cambiado el nombre.

-De acuerdo Hermione. Entiendo lo que quieres decir, -dijo por fin Bellatrix tras unos segundos de silencio en los que parecía haberse ido muy lejos de allí.

-¿Lo entiendes? ¡Me has llamado Hermione! –Exclamó la chica atropelladamente, abrazándola.

-Sí, ratita. Te entiendo.

-Bella, ¿te pasa algo? Te noto muy rara.

-Estoy bien, solo un poco cansada. Voy a irme a dormir a mi cuarto, no te sientas ofendida, creo que vamos a estar mucho más cómodas así las dos.

La chica puso cara de decepción y tristeza. Comenzó a sentirse culpable. Si no hubiese sacado otra vez el tema del nombre, posiblemente Bellatrix no hubiese querido irse…

-No te vayas. Por favor. Sería triste que te fueses ahora. ¡O si no quieres dormir aquí, déjame al menos que yo duerma contigo en la cama grande!

-¿No decías que el cuarto de los espejos te daba miedo? –Preguntó divertida la bruja oscura.

-Bueno, no creo que ningún espectro se atreva a atacarme estando contigo, -respondió sonriendo la chica.

-No creo que lo hagan. Por esta noche creo que me puedo quedar contigo, pero no te acostumbres. Mañana dormiremos en el otro cuarto ¿de acuerdo?

Hermione asintió, abrazándola de nuevo. Su cuerpo cálido y delgado tenía un aroma natural agradable, y Hermione se acurrucó a su lado, con la cabeza apoyada en su pecho. Bellatrix pensó en decirle que esa postura no era muy cómoda para ella, pero al ver la cara de satisfacción del pequeño cachorro sangre sucia, cerró los labios. De todas formas, ella estaba acostumbrada a dormir de formas mucho menos cómodas. Tiró de la colcha y quedaron las dos cubiertas: Hermione con su cabeza completamente tapada y Bellatrix hasta la nariz.

La chica no se quejó. "Ya asomará la cabeza como una tortuga cuando tenga calor", pensó la bruja. Mientras notaba el desordenado pelo de la muchacha haciéndole cosquillas en la nariz, pensó que en una sola noche había cedido dos veces ante la pequeña sangre sucia, y en las implicaciones que eso podría tener, para llegar a la conclusión de que ella era la sucesora de Voldemort, pero no tenía por qué aplicar su doctrina al pie de la letra.

No, su maestro estaba muerto y ella viva. Y tras sobrevivir a Azkaban, a dos guerras, y a todas las conspiraciones a su alrededor, se había ganado el derecho de hacer por una vez lo que le diese la gana. Al fin y al cabo ya no había nadie a quien pudiese decepcionar: su marido, sus padres, su maestro… todos estaban muertos. Y sus familiares vivos no la querían. Era libre y estaba sola. O quizás no tanto, pensó acariciando el pelo de la joven bruja, que dormía tranquilamente sobre ella, como una mascota algo arisca pero adorable de todas formas. "A ti tampoco te quiere nadie, pobre animalito" murmuró acariciando su pelo. La desgraciada de su hija y los demás traidores de la Orden ni siquiera habían hecho un intento serio por rescatarla, pensó. "Típico de esa gentuza", se dijo a sí misma.

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Con sigilo, Barney Parkinson salió a escondidas de la casa y se dirigió a la roca junto al mar en la que transcurrieron la mayoría de los juegos infantiles con su hermana. A pesar de ser mucho mayor que ella, habían estado muy unidos en su infancia. Barney disfrutaba impresionando a la niña, y ella lo adoraba.

Todo había empezado a cambiar el día en el que él había marchado a Hogwarts. Allí formó parte de la élite de los slytherin, y al volver a casa vio por primera vez a su hermana como lo que era: una criatura mucho menor que él, y además, mujer. No era merecedora de su tiempo.

Volvió a fijarse en ella más adelante: su pequeña hermana, a la que recordaba correteando en la playa con su abuelo y chapoteando en el frío mar Atlántico, se había convertido en toda una princesa de Slytherin que bien podía atraer a algún tipo adinerado que prendado de su belleza salvase de la ruina su hogar. Y de alguna manera así iba a ser: Pansy iba a salvarlo de la ruina.

"Espero que la muy estúpida haya tenido a bien pasarse por la lechucería para ver si había alguna novedad", pensó Parkinson mientras se dirigía al lugar convenido amparándose en las sombras.

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*¡Por favor, que los fans de "La historia interminable" levanten la mano! *Empiezo levantando yo la mano*

Reseñas

-bellatrix996: Espera al próximo episodio, que por cierto ya tengo escrito. Ahí arde Troya. Literalmente. Estoy deseando que lo leas. Y con respecto a Fred, ya sabes que lo adoro, él y su hermano son geniales.

-Guest: Ay sí, Fred es monísimo. Ellos dos se entienden muy bien *emoticono de guiño*

Muchas gracias por las reseñas y nos leemos en unos cuantos días. Espero que os haya gustado el capítulo.