Palabra: estrellas.


Tres balazos

So I'm gonna love you like I'm gonna lose you
And I'm gonna hold you like I'm saying goodbye
Wherever we're standing
I won't take you for granted
'Cause we'll never know when, when we'll run out of time

Like I'm Gonna Lose You, Meghan Trainor


Lo primero que nota al despertar es que es de noche. La luz de la luna y de estrellas se filtra por la ventana, entre las persianas. Lo segundo es que tiene conectado suero, que le duele todo el vientre, que siente que algo le quema y que se siente débil. «Carajo», piensa. No recuerda exactamente lo que pasó. Recuerda haber noqueado a «Nieve» y lo siguiente que recuerda es que todo se fundió a negro.

(Pero hubo dolor).

Se esfuerza por reconstruir los hechos: recuerda estar en el aire. (Y un grito). Recuerda el golpe que le dio a «Nieve». (Y un dolor en el vientre). Y recuerda.

El sonido.

Un balazo. Al menos uno, antes de que todo se fundiera a negro.

Carajo. Carajo. Intenta incorporarse de la cama del hospital —porque es obvio que está en un hospital: todo es demasiado blanco y pulcro y huele demasiado a desinfectante—, pero no puede, todo le duele. Es entonces cuando se da cuenta de la figura que está en la silla al lado de él. Cabello rojo caído, ojeras bajo los ojos. Se da el tiempo de mirarlo fijamente un momento, antes de que despierte, producto del ruido.

Cuando Eijiro despierta, se le llenan los ojos de lágrimas.

—Ei…

No acaba de decir su nombre. Se le traba la voz al ver sus lágrimas.

Nunca lo había visto llorar así.

El cabello le cubre la frente, le cae desordenado frente a los ojos. A Katsuki le da miedo ver esa imagen. (Todavía no sabe exactamente qué pasó, eso le aumenta el miedo). Intenta incorporarse, pero sigue sin poder. Siente las vendas en el vientre. Una en el brazo que no tiene el suero. (¿Qué carajos pasó? Apenas si recuerda sonreír porque había ganado).

—¡No, espera! —dice Eijiro, limpiándose las lágrimas—. Te ayudo, si quieres… —Se levanta, se dirige hasta la cama—. ¿Cómo te sientes? —pregunta, mientras lo deja apoyar todo su peso en él, para que pueda, al menos, sentarse en la cama.

Todo le duele.

—Como la mierda —murmura. Se queda callado un momento, viendo al vacío. Necesita respuestas—. Eijiro…, ¿qué pasó?

—¿No recuerdas?

—Más o menos. —Se talla los ojos. Los siente secos, siente sus párpados pegados y cansados. En realidad no le molestaría volverse a dormir, a caer en la inconciencia—. Lo noqueé, ¿no? —pregunta. Eijiro asiente—. Recuerdo… recuerdo haber sonreído. Y recuerdo… —Se talla las sienes, intentando repasar sus memorias. Dolor, grito, el sonido de una bala—. Sentí algo. Dolor. —Frunce el ceño. Ojalá recordara más cosas.

—Tres balazos —resume Eijiro—. Uno tras de otro. Uno de rompió una costilla. Otro te traspasó limpiamente. Bueno, creo que alcanzó a tocar algo interno… no sé. Sé que no perforó nada vital. —Está mirando a otro lado, Katsuki nota lo mucho que le cuesta ir sacando cada una de las palabras que le está diciendo—. El otro sólo te rozó un costado. Tuviste suerte.

Parpadea una vez. Y luego otra. Está procesando la información

Lo han herido de muchas maneras, ha llegado al hospital innumerables veces después de una pelea. Pero nunca ha sentido ese dolor tan horrible al despertar.

—Estuviste varias horas en cirugía —sigue Eijiro—. Y dicen que te quedarán un par de cicatrices, donde impactaron las balas. Perdiste mucha sangre y… —Las lágrimas se asoman otra vez por sus ojos. Katsuki no sabe cómo reaccionar ante ellas. Todavía está intentando reconstruir los hechos en su cabeza.

De algún modo, el dolor que recuerda se traduce en tres balazos.

Y el grito. Ese «¡NO!» que recuerda a lo lejos. Fue la voz de Eijiro.

—¿Cuántos días…?

Por las ojeras de Eijiro, puede deducir que lleva un tiempo dormido.

—Tres.

—Joder… —Se lleva las manos a la cabeza, tiene todo el cabello revuelto, se siente cansado sólo de estar en la cama. Y débil, se siente muy débil—. ¿Mis padres…?

—Aizawa les llamó —dice Eijiro—. Han estado aquí todos los días. Fueron a dormir —explica.

—Bien. ¿Y «Nieve»?

—Uraraka y Todoroki lo entregaron a la policía —responde Eijiro—. Sé que querías ser tú, pero… Bueno, tú lo noqueaste.

Katsuki asiente. Y luego ya no sabe qué decir.

Levanta una mano, apartando un poco del cabello rojo de Eijiro de su cara y poniéndolo tras la oreja. Lo hace lento, porque levantar el brazo duele. Con la yema del dedo pulgar limpia un poco las lágrimas. Hasta que Eijiro atrapa la mano con su muñeca.

—Me morí de miedo —confiesa—. Perdiste mucha sangre.

—Estoy aquí.

No se atreve a decir «estoy bien» porque no sabe lo que le van a costar las heridas esa vez. Sólo siente el dolor y la incomodidad, las vendas contra su piel.

—He estado aquí todas las noches —dice Eijiro—. No sé por qué pero también tenía miedo de que despertaras y yo no estuviera aquí. Uraraka está a punto de matarme. Dice que no puedo hacer un buen trabajo si no estoy al cien.

—Uraraka tiene razón.

(Diez años antes, nunca se hubiera imaginado trabajando con ella).

—Pero no despertabas y… perdiste mucha sangre, Katsuki. —Se le quiebra la voz—. Me morí de miedo.

Lo abraza. Con demasiada cautela, para no causarle más dolor, intentando ni siquiera tocar las partes de su cuerpo que tienen vendajes. Katsuki al principio no responde, pero luego sus manos buscando los hombros de Eijiro y se aferran de allí para que él se refugie en su pecho, sin saber que decir.

A veces Katsuki pregunta si realmente sabían en lo que se estaban metiendo cuando decidieron ser héroes. Esas escenas son las que no se ven. El miedo de perder a alguien, lo que realmente en los cuartos de hospital, todo lo que pasa después de una victoria o una derrota. ¿Tantos aspirarían a ser héroes si realmente lo supieran?

(Él no lo cambiaría por nada, pero la pregunta se queda en su mente).

—Aquí estoy —murmura.

Intenta mantener la calma.

Pero sus manos, con los dedos clavados en los hombros de Eijiro, dejándole las uñas marcadas, cuentan una historia muy diferente.

Hay dos palabras que casi siempre se le atoran entre el corazón en la garganta. Pero en ese momento las dice porque piensa que pudo no haber vivido para decirlas una vez más.

—Te quiero.


Palabras: 1059.

1) *bebe de su taza de las lágrimas de los lectores* Creo que llevo seis capítulos sin darles tregua. Perdón. (La verdad no).

2) Pues nada, sobre secuelas y otras cosas, hablaremos en el siguiente capítulo. Y quizá ya deje de torturarlos. O no. Como he dicho muchas veces: in this house we love Katsuki Bakugo and we love to make him suffer.


Andrea Poulain