Habían pasado cinco días y Paul aún no se acostumbraba al horror de haber sido degradado a cojín humano.

"Déjenme sola". Había dicho la señorita Candy cuando había entrado a su habitación hecha un mar de lágrimas, seguida por su hermana y su amiga, las cuales habían dudado un poco, pero habían salido para respetar su privacidad. Pero cuando la señorita se le quedó viendo, esperando que obedeciera, con esos hermosos y enormes ojos verdes anegados en lágrimas, no había podido salir.

"Menos de tres metros, dijo el señor Andrew". Fue todo lo que Paul contestó. Pero la realidad es que no quería dejarla sola. Era tan pequeña, linda e inocente como lo había sido su hermanita una vez.

"Bien, pero sirve de algo por lo menos". Había contestado la niña después de maldecir como un verdadero adulto. Y luego había procedido a utilizarlo como almohada mientras veía películas tristes y empapaba sus camisas en llanto.

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-Solo quiero saber porqué es el tronco humano el que está consolando y abrazando, torpemente, debo añadir, a mi hermana mientras llora y no tú?

-Candy ha estado llorando? Dios Annie! Porque no me habías llamado antes? Estaré ahí en quince minutos. Diez si no hay tráfico. – Albert estaba a punto de colgar cuando el grito enojado de Annie lo detuvo.

-Alto ahí muñeco! Vas a venir a reconciliarte con mi hermana y pedir perdón por ser una bestia y botarla?

Albert vio rojo, pero no sabía si era de coraje o de dolor por el dedo que alegremente Annie retorcía en su corazón.

-No puedo arreglar mi relación con Candy, Annie. Y no puedo, porque ella decidió que ésta "bestia" no era suficiente para ella y fue a jugar al patio de mi primo también.

La sequedad del tono de Albert hizo estremecer a Annie. Ella sabía que había sido un comentario injusto, pero quería saber que tan enojado o dolido estaba Albert, para tener una idea de lo que tomaría arreglar el enredo que había hecho la retrasada de su hermana mayor.

-Entonces vendrás a darle la oportunidad de pedir perdón por ser una bestia indecisa y tratar de reconciliarse contigo?

-No Annie, iré porque no soporto la idea de que esté triste o molesta de ninguna forma. Iré porque necesito estar ahí para abrazarla y consolarla y decirle que todo estará bien.

-Y que bien le haría eso si lo único que necesita es tu amor y tú perdón y es lo único que vienes a negarle?

- Yo la amo Annie! Y la perdono, porque entiendo lo que pasaba por su mente y su corazón. Pero… no puedo…

Y Annie también lo entendía a el. Su corazón aplastándose y su respeto creciendo a regañadientes por este pobre hombre con más honor y lealtad que sentido común.

-Pero no puedes traicionar a alguien que amas tanto o más que a Candy. Alguien que ha estado ahí toda la vida y que seguirá ahí pase lo que pase porque son familia. Sobre todo, no por una mujer que apenas conoces y que ha demostrado ser desconfiada, necia e inconstante.

Dios! Cuando ésta mujer se decidía a destrozar a alguien no se conformaba con meter el dedo en la herida, no, tenía que meter todo un maldito machete.

-Aquí hay varias cosas que aclarar niña, para empezar, nunca podría comparar la cantidad de amor, es diferente, y sólo sé que me destroza de igual modo hacer sufrir a uno que al otro. Y tampoco se trata del tiempo, porque yo quería un para siempre con ella. Aún lo quiero, pero ella tomó sus decisiones. Si hubiese sido sólo Stear enamorándose de ella sin que lo alentara de ningún modo, tal vez podría haber trabajado con eso… pero…

-Pero no desmientes su necedad e inconstancia.

-No, porque lo es. Pero ese no es el problema. Todos tenemos errores, circunstanciales o de carácter. Dios sabe que yo tengo muchos, y los he cometido con ella también, pero eso no hace que la ame o la quiera en mi vida menos.

Bien, Annie podía trabajar con eso.

-Lo entiendo Albert, pero entiende tu esto. No puedes venir aquí, no puedes hablarle, no puedes acercarte a ella, a menos que hayas decidido encontrar una manera de que las cosas funcionen para los tres.

-Y como se supone que eso sea posible?

-Oh, no lo sé Andrew, ella dice que eres de Harvard, estoy segura de que lo resolverás.

-Pues a menos que hagamos un maldito trio, no veo como!

-No creo que a ella le vaya el incesto, pero igual puedes preguntar.

Albert ya había escuchado suficiente, así que no tuvo reparos en colgar sin decir más. Tampoco en aventar el celular. Ni el vaso de whisky en su otra mano. O la botella a medio terminar.

Ninguna de las tres cosas servía ahora. Justo como su corazón.

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Paty miró su teléfono fijamente mientras sonaba.

Porqué llamaba?

Ella había tratado de ser imparcial, también un poco fría. En la última llamada, incluso había sido un poco cruel, aunque todo lo que había dicho era verdad. Y aún así…

Porqué seguía llamando?

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Anthony no estaba seguro de poder aguantar mucho más. La situación se volvía cada vez más insostenible con su prometida. Aunque al parecer, ella creía que todo estaba perfecto.

La podía ver desde el sofá donde estaba sentado, muy feliz y relajada en la terraza, hablando por teléfono con alguna de sus amigas sobre querer hacer un viaje, mientras buscaba en su laptop casas en venta.

Anthony no sabía porqué en el infierno ella buscaba una casa. Y no una cualquiera, a juzgar por las imágenes que la veía ampliar. Claro que no, ella no se conformaría con cualquier otra cosa que no fuera una mansión enorme y llena de jardines y una alberca para poder hacer fiestas y presumir. Pero el detalle era, que el ya le había dejado claro que no iba a comprar casa. Por lo menos no en los próximos años. Había demasiadas cosas que hacer en la empresa primero. Pero sobre todo, el quería comprarla con su propio dinero, y no con su herencia.

Para Anthony, era una cuestión de principios poder proveer por esfuerzo propio para su esposa y futuros hijos. Pero ella no parecía entenderlo.

Al parecer, un buen revolcón equivalía a tener la última palabra en el asunto para ella.

Que decepcionada iba a estar…

Anthony le había dado todo lo que su corazón deseara, jamás le había negado nada. Hasta ahora.

Y cuál era la diferencia?

Que el ya no la reconocía. No podía encontrar a la joven hermosa y alegre que siempre estaba ansiosa de verlo, que disfrutaba su compañía y cualquier actividad que pudieran hacer juntos. No importaba si era un fin de semana en París o un café rápido a mediodía. Ella era feliz cenando caviar en un restaurante cinco estrellas o tomando una cerveza frente a la televisión. Le había gustado gritar como loca en el estadio y le encantaba acurrucarse junto a él mientras le leía. Le gustaba salir, pero también cocinar… ella había sido perfecta…

Tan perfecta que ya no estaba seguro de que hubiera sido real.

Pero Anthony no tenía tiempo ni ganas de descubrirlo en este momento. Tenía problemas más urgentes.

Stear era un lío ebrio y llorón desde hace una semana y Albert era un lío ebrio y ermitaño desde el mismo tiempo. Y hasta donde se había enterado por George, Candy no era ebria, pero si una ermitaña llorona. Así que sus problemas personales podían esperar un poco más.

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-Estoy muy preocupada George, nunca había visto a ninguno de mis sobrinos así. Nunca habían peleado entre ellos y menos por una mujer. Una tonta y egoísta mujer que no puede decidirse entre verde y azul y que no le importa a quien se lleva entre las patas mientras se decide.– Elroy estaba tan enojada y afligida que no cayó en la cuenta que estaba hablando de la sobrina amada de su amigo, y por tanto, que podía ofenderlo y lastimarlo con sus palabras. Estaba tan acostumbrada a hablarle de todo y sin restricciones, que solo derramó toda la desesperación e impotencia que crecía día a día dentro suyo y que no podía arreglar. – oh George… mis pobres niños… y yo no puedo hacer nada George, no puedo hacer nada.

George no necesitaba contestar, sólo abrazó a su querida amiga tan fuerte como pudo sin lastimarla y la dejó llorar. El sabía que Elroy estaba acostumbrada a cuidar y proteger a su familia, pero sobre todo, a derramar todo el amor que tenía en su gran corazón, que era mucho, en sus sobrinos, ya que nunca se había casado ni había tenido hijos propios.

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Como detective, pocas veces había fallado, pero nunca, nunca, había aceptado un soborno.

Esta vez, habían descubierto su investigación, lo que lo convertía en un fallo estrepitoso.

Pero su atención estaba en ese gran y abultado sobre en el despacho de su casa familiar. A seis metros de la habitación donde dormía su esposa. A diez metros de la habitación de sus hijos.

Las instrucciones de la carta que venía junto al paquete decía que dejara la evidencia que había encontrado en una caja de seguridad rentada a primera hora de la mañana.

Y mientras su vista iba del paquete con la evidencia al paquete del soborno, que obviamente alguien había dejado ahí para hacerle ver lo frágil que era la seguridad de su familia, Moreno se preguntaba si valía la pena… si la evidencia valía la seguridad de su familia… si el soborno valía su honor e integridad.

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-Basta ya Alistair! No voy a permitir que sigas aquí tristeando como muñeca fea. Ten las jodidas pelotas de enfrentarte a Albert de una vez.

Stear hizo una profunda mueca de dolor al imaginar cómo iría esa conversación.

-No es tan fácil Archie, Albert no quiere hablar conmigo.

Archie sólo puso los ojos en blanco, desesperado.

-No es que no quiera hablar contigo, es que está ocupado estando tirado, borracho y deprimido idiota.

-Y no es el único – Stear se refería a Candy, pero Archie se encogió con sus palabras.

-Se que tu también estas sufriendo hermano, entiendo que es difícil para ti ver a la mujer de la que te enamoraste escoger a otro, tener que enfrentar el verla todos los días con él. Pero, ese él, es nuestro primo. Un buen hombre al que amamos y que también se merece la felicidad. – Archie odiaba el dolor que sus palabras provocaban en su hermano, pero sabía con todo su ser que Stear quería la felicidad de Albert y que no se perdonaría si este perdía a Candy por no haber hecho nada para calmar la consciencia de su primo. Le dolería, si, pero lo superaría porque era fuerte, y porque seguirían los cuatro juntos como siempre. Pero sobre todo, sabía que Stear debía despertar y enfrentar la situación de una vez y como el hombre maduro que era, para poder seguir adelante. – Levántate hermano, es hora de poner las cosas en su lugar.

Y Stear se levantó, porque el amaba a Albert. Lo amaba más que a su propio padre, lo amaba más que a Candy.

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Paul, por su parte, también estaba harto, y no de ser un cojín, el habría sido un maldito tapete si eso hubiera hecho sonreír a la señorita. Estaba harto de verla llorar y leer una y otra vez las notas, la carta, los mensajes de texto. Estaba harto de verla todos los días puntualmente a las 9:30, con el teléfono en la mano, esperar durante horas, por un texto que no volvería a llegar.

Así que hoy no le dio oportunidad.

-Pero que demonios! Paul! Bajarme inmediatamente maldita sea!

El gran hombre no hizo caso mientras llevaba a Candy bajo el brazo como una maldita pelota de fútbol americano, cómo la niña pequeña que era para el, directo a la regadera con todo y ropa.

-No te atrevas troll! NO TE….

El grito de Candy al ser empapada con agua fría se escuchó en tres cuadras a la redonda, fuerte y claro.

-Ahora no tienes pretexto, báñate tu sola o mandaré a Annie a hacerlo por ti. Tienes diez minutos.

-Acaso tengo cinco años?! – Candy estaba atónita e indignada, que demonios se creía troll que estaba haciendo?

-Y lávate dos veces el cabello.

Pero que mierda!

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Annie había estado regocijándose con los gritos que salían del cuarto de Candy e imaginándola haciendo un berrinche épico en la regadera, como la niña de cinco años que afirmaba no ser.

Por un instante había querido intervenir, pero se había dado cuenta rápidamente que Paul era la única persona en el mundo, aparte de Albert, que podía sacarla del ciclo depresivo en el que estaba.

Tanto Paty como George habían tratado de acercarse a ella, Tom había intentado hacerla reír como siempre, Archie había tratado de hablar con ella, y Annie había echando mano de todo su arsenal para sacarla de su cuarto, o para que le dejará entrar. Pero Candy no había dejado entrar a nadie, no había sonreído ni tantito, no había dicho más de tres palabras juntas. Sólo Paul podía entrar, siempre repitiendo las mismas palabras como si de la cueva de Alí Babá se tratara. "menos de tres metros".

No sabía qué quería decir, pero el "ábrete-sésamo" no había funcionado con nadie más.

Así que aquí estaba, esperando a ver que más haría el gigantón para sacar a su hermana de la miseria. Ella apoyaría casi cualquier cosa.

Annie no tuvo que esperar mucho, exactamente diez minutos después de abrir la regadera le oyó gritar que saliera o la sacaría el mismo. Así que Candy no se hizo esperar y cerró la regadera casi inmediatamente. Después escuchó que le daba otros diez minutos para estar completamente arreglada y salió del dormitorio muy feliz consigo mismo, al parecer.

-Que? Tu también me vas a acusar de ser un bárbaro mandón?

-Nop, yo te voy a preguntar si le dijiste que se pusiera un abrigo antes de salir? Parece que va a llover.

Nunca había visto sonreír al gigantón, y hoy no lo hizo tampoco, pero el brillo malicioso en su mirada fue bastante elocuente.

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El timbre de Albert sonó otra vez, tal vez por quinta vez. U octava. Lo que sea.

Es que no se dan por vencidos? Por lo menos puedo saber que no son George ni la tía otra vez. Ellos solo tocan cuatro veces.

Albert no gozaba de brillante inteligencia el día de hoy. Ni el de ayer. Ni el de antier. Albert se había estado curtiendo en su propio alcohol por varios días. Pero hacía un tiempo, a saber cuanto, que había tenido un rayo de lucidez y había tirado la copa que tenía en la mano, había guardado la botella en su lugar, y se había duchado.

No se había vuelto a emborrachar. Pero tampoco se había afeitado ni había abierto puertas o ventanas.

No iba a permitirse a si mismo convertirse en un hombre débil o en algo que nunca había sido, pero tampoco le daba la gana verle la cara a nadie todavía.

Pero cuando el timbre sonó por doceava vez y luego empezaron a aporrear la puerta, su temperamento explotó.

-Que mierda quieres?!

Anthony no se inmutó, sólo lo empujó para poder pasar.

-Me alegra que estés duchado por lo menos, ya que parecer un oso y apestar como uno hubiera sido un poco incomodo, sobre todo porque vas a tener visita en unos veinte minutos

- No me importa una mierda si viene la reina Isabel, se puede quedar ahí afuera a tomar el té si quiere, pero a mi no me interesa ver a nadie, vete!

Albert sabía que estaba cruzando líneas con alguien que no tenía ninguna culpa de sus problemas, pero justo en este momento no le importaba mucho.

-Creo que mi prometida me ha estado engañando.

Sip, Anthony estaba siendo amarillista y también se estaba aprovechando deliberadamente del proteccionismo que caracterizaba a Albert para romper sus muros. Pero a la mierda, el estaba siendo mezquino y desquitándose con quien no debería. Así que esto se había convertido en la guerra. Y todo el mundo sabía que en la guerra y en el amor…

Y a juzgar por la forma en que Albert se había congelado con sus palabras, había logrado su objetivo, así que no se iba a sentir mal.

-Quien? – fue el enojado gruñido de Albert.

-Nadie, sólo trataba de decir que no ha sido honesta.

-Explícate

Anthony pudo haber dicho todo en un minuto, pero parte de la estrategia era hablar a cuentagotas para sacar a Albert de los monosílabos y poder tranquilizarlo con una larga charla.

-Es que no la reconozco Albert

-Porque?

-Últimamente ha sido… diferente.

-Como?

-No lo sé, solo… no es la misma, me ha mentido.

-Con un demonio, deja de repetir lo mismo y habla claro, joder! Pareces un maldito crío!

Y ahí está mi primo.

-Ella era la mujer perfecta cuando la conocí, dulce y alegre, siempre bondadosa y comprensiva, siempre amorosa. Ahora es todo lo contrario.

Albert se le quedó viendo por tanto tiempo que Anthony pensó que lo había perdido otra vez, pero entonces suspiró y se pasó las manos por la cara, como hacía siempre que no quería dar una mala noticia. Y Anthony ya no estaba seguro de que su estrategia hubiese sido buena idea.

-Ese fue tu problema Anthony, no existe la mujer perfecta. O el hombre quiere verla perfecta, cegándose a sus defectos, lo cual lo va a decepcionar más adelante. O la mujer crea una perfecta ilusión de si misma para conseguir su fin. Pero nadie puede fingir por siempre. O tiene un desliz, o se harta de fingir, o se siente demasiado segura de su conquista como para dejar caer la máscara.

Anthony no había pensado demasiado sobre la posibilidad de que su novia no hubiera sido honesta con el. En realidad sólo lo había mencionado porque fue lo único que creyó que llamaría la atención de Albert lo suficiente. Pero las palabras de Albert retorcieron sus entrañas de una forma que le advertía que tenía que sacar la cabeza de la arena y escuchar. Pero…

-Yo no la he idealizado, pero tampoco creo que sea una calculadora. Tal vez solo esta un poco desubicada por tener de la noche a la mañana todo lo que nunca había tenido. Tal vez solo necesito ayudarla a poner los pies en la tierra de nuevo.

-Anthony, tu no eres estúpido, así que dejaré que lo pienses a solas y lo resuelvas por ti mismo, pero te voy a pedir un favor, no te mientas ni pongas pretextos para nadie.

Anthony no sabia que decir, en el fondo sabia que estaba haciendo exactamente eso, pero no estaba listo para aceptarlo, no estaba listo para renunciar a ella.

Pero no tuvo que decir nada, porque el timbre sonó en ese momento.

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Stear estaba nervioso, no sabía cómo iba a actuar Albert con el, no sabía que le diría, sólo sabía que tenía que arreglar este enredo, porque no permitiría que Albert perdiera la oportunidad de ser feliz. Ya era suficiente con que la hubiera perdido el mismo.

Anthony abrió la puerta un segundo después de que Archie hubiera tocado, así que no tuvo tiempo para pensar mas.

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Nota: bueno, aquí está uno más, y el que sigue está casi terminado.

Gracias por los reviews que me mandaron, son un tesoro para mi, porque aún cuando estoy, enferma, o en un bloqueo, o muy ocupada, o un poquitillo deprimida, me recuerdan que hay algo que estoy haciendo bien y que debo seguir.

Espero que sigan conmigo y no me abandonen.

Traté de no hacer tan trágico y gris este capítulo, pero aún respetando el dolor de los personajes, no se si lo logré, ustedes díganme.

Saludos a todas, y mis mejores deseos para este nuevo año. XOXO