*Escuchen la canción y córtense las venas junto conmigo. El nombre es "Kaza Nagi" del hermoso Suga Shikao. Esta canción sale en HolicXxX y es de las más sad que he escuchado, este fandub me gustó bastante. Todos los créditos a su respectiva intérprete y al creador de la canción.

Agape to Eros

By Tsuki No Hana

18

"Fly To Japan"

Seguía sin creer que le estaba llamando, quería pellizcarse para ver si no era un sueño (había soñado un sinfín de cosas similares) pero no fue necesario, pues la voz del japonés se escuchó de nuevo en la línea.

—Viktor ¿Estás ahí? —su voz nerviosa y titubeante hizo que el corazón del ruso diera un vuelco de emoción, de pronto las manos comenzaron a temblarle.

—Aquí estoy —soltó en un suspiro apenas audible, carraspeó y repitió las palabras.

Se quedaron en silencio unos segundos antes de que el pelinegro se animara a hablar de nuevo.

—¿Cómo estás? ¿Te sientes mejor?

—Yo... sí, sí estoy mejor —respondió automáticamente. Eso no le importaba, se moría por gritarle que lo había extrañado, que viniera en ese mismo instante a visitarlo y que no se fuera jamás. Quería decirle lo mucho que lo amaba y lo estúpidos que eran esos problemas que los mantenían alejados.

—Me alegra. Siento no haber estado ahí cuando despertaste.

—¿Qué? —se asombró un poco—. ¿Cómo lo sabes?

El aire escapó de los pulmones del japonés. ¡No lo sabía! Viktor no sabía que él había estado allí a su lado durante un mes entero, esperando por su despertar. Le dolió en el alma, pero lo pensó muy rápido y tomó una pronta decisión.

—P-por Dios, Viktor, todo el mundo se enteró de tu accidente —trató de sonar natural. Vaya que la actuación no era lo suyo.

—Oh... sí —sonó un poco decepcionado—. ¿Cómo estás tú? —luchaba contra sus ganas de llorar. Hacía todo el esfuerzo humanamente posible para que la voz no le temblara. Desafortunadamente sus intentos fueron en vano.

—Bien. ¿Sabes? me he recuperado.

—Lo sé.

—¿Lo sabes?

—Sí, te vi en un video. Dios, has mejorado tanto. Creo que ya lograste superarme.

—Eso jamás.

—Créeme que sí —movió los dedos de sus pies, inquieto y viendo lo chistosos que se veían bajo las mantas. Estaba nervioso y su rostro ardía. Se sentía como un adolescente hablando con su novio por teléfono—. Lo demostrarás en el Grand Prix ¿Cierto?

—Sí. ¿Y tú? —se mordió la lengua justo después de soltar esa pregunta tan estúpida.

—No lo creo, verás... me lastimé un poco más de lo que imaginé. Quizás el otro año.

Hubo silencio. Lo que Viktor no sabía era que Yuuri había cubierto el micrófono del teléfono con su mano, impidiendo que escuchara sus sollozos. A menos que saliera bien de esa cirugía de ojos, no participaría. Ninguno de los dos se animó a hablar, estuvieron así por minutos enteros que se sintieron como horas. Hasta que el ruso, inquieto todavía, se animó a preguntar.

—¿Por qué has llamado, Yuuri?

El aludido se estremeció al escuchar su nombre salir de esos labios.

—No lo sé —mintió.

Hubo silencio, más silencio en el que ambos pensaban mil cosas a la vez. Había tanto qué decir y ninguno de los dos sabía cómo externar sus sentimientos de manera directa sin cometer algún error, temían dar –por enésima vez- un paso en falso, aunque a estas alturas nada peor podía suceder. ¿O sí?

Ambos tuvieron el impulso de decir: "Te amo, perdóname y volvamos a estar juntos" pero se reservaron esas palabras. Yuuri lo hizo debido a la gran culpabilidad que sentía. Ahora se daba cuenta del inmenso daño que le hizo a Viktor, un daño difícil de reparar. Lo mejor en estas situaciones era simplemente alejarse, lo cual sería nada simple para él.

Yuuri no podía dejar de darle vueltas a un asunto que lo traía lleno de preocupación. Cuando fue a Rusia le habían dicho también que Viktor había decidido salir adelante por su cuenta, Yurio le gritó por haber vuelto cuando su amigo al fin había decidido salir adelante. El japonés no podía evitar sentirse sumamente culpable, primero por huir hacia Canadá en su discusión inicial, sin darle una verdadera oportunidad de explicarse, sin escucharlo, sin darle el valor que merecía. Se sentía muy culpable, y con toda razón. Estaba seguro de que Viktor saldría adelante con el apoyo de todos los que le rodeaban; era fuerte y podría hacerlo fácilmente. Si volvía a inmiscuirse en su vida era un hecho que sólo le haría más daño.

Tampoco podía decirle que se estaba quedando ciego y que posiblemente lo operarían, esto sólo podría provocar dos posibilidades diferentes, una: se volvía loco e iba tras él sin importar su estado crítico, convirtiéndose nuevamente en una carga pesada para el ruso. Otra: se quedaba donde estaba, pero viviría con la culpabilidad. Y es lo que menos le deseaba, vaya que sabía con certeza cómo se sentía ese peso aplastante en el corazón, y no se lo deseaba por nada del mundo.

En cuanto a Viktor, éste se contuvo a decirle su verdadero sentir porque muy en el fondo creyó que seguía enfadado con él por el asunto de su ex esposa, pensaba que jamás lo perdonaría por ello y a pesar de todo se sentía culpable por el final que tuvo su relación, por no haber dicho la verdad a tiempo y desde un principio. Sabía que Yuuri estaba enterado de su estado actual, sobre su accidente y que ahora mismo seguía en el hospital, pues sabía que habló con Aleksi por teléfono, pero evitó a toda costa profundizar en el tema de su accidente. En esos momentos se sentía tan poca cosa, se sentía como un maldito lisiado e inútil. Si se esforzaba por hacer un último intento en su relación –si es que se le podía llamar así- con Yuuri, no tenía nada que ofrecerle, más que a una inservible carga de la cual cuidar noche y día.

Sabía que Yuuri había logrado salir adelante por su cuenta, lejos, al otro lado del mundo. Sabía que no era más necesario en su vida y se lo había demostrado con hechos y resultados en ese video. Así que, con estos pensamientos procedió a hablar.

—Me alegra que hayas hablado porque... —tomó valor—... porque es necesario que charlemos sobre nuestra situación. Aquel día en que te fuiste, terminaste con lo que teníamos de una manera muy tajante y apresurada, pero siento que no fue la manera correcta de hacerlo. ¿Sabes? Para poder seguir adelante es necesario cerrar ciclos en nuestras vidas y así tener un nuevo comienzo. Eso es lo que quiero —hizo un esfuerzo inhumano para que no se le cortara la voz por las ganas de llorar, a pesar del significado de sus palabras, no había atisbo de rencor o enojo en ellas—. No quiero un nuevo comienzo, te quiero a ti, pero no tengo nada que ofrecer si te quedas a mi lado, tendrías que hacerte cargo de mí, y no, no quiero que me veas en estas condiciones tan patéticas.

—¿Cerrar... ciclos? —se le hizo un nudo en la garganta muy grande, le costaba incluso respirar. A pesar de todo, muy en el fondo de su maltrecho corazón guardaba la esperanza de que esa llamada sirviera para algo bueno, pero ese minúsculo rayo de luz se esfumó ante esas palabras. También había desaprovechado una enorme oportunidad, pues él le había preguntado el motivo de su llamada y sólo le respondió un "No lo sé" fue una oportunidad perdida—. Entiendo, sí, también llamaba para eso.

—¿En serio?

—Sí —segunda oportunidad desperdiciada.

—En ese caso... —se mordió la lengua, su cerebro pedía agritos que soltara esas palabras, mientras que su corazón suplicaba que no lo hiciera—...perdóname por todo lo malo que te pude haber hecho pasar, por los momentos amargos. En verdad te amé —se le cortó la voz—. Y te sigo amando —pensó—. Y sigues siendo muy importante para mí, por eso te pido disculpas y sólo espero que logres ser feliz —no hubo ruido alguno, el ruso temió que la llamada se hubiese cortado—. ¿Yuuri, estás ahí?

—Sí.

—¿Me perdonas?

—Te perdono.

—Gracias —suspiró, aliviado, pero sin quitarse esa enorme carga de encima.

—Viktor —murmuró, ahogándose en ese llanto que no dejó salir—. Perdóname por haber sido tan impulsivo, por no haberte escuchado, por haberme ido así a Canadá y no hablarte en todo ese tiempo. Fui muy cruel, te hice daño y lo siento tanto. Espero me puedas perdonar.

—No tengo nada qué perdonarte. Estoy consciente de mis actos y hasta dónde éstos nos llevaron. Yuuri, no te sientas culpable por nada ¿De acuerdo?

El aludido soltó una risa amarga. Eso que le sugería era imposible. Guardaron silencio unos momentos. El japonés se dio cuenta una vez más de que no le decía nada sobre el hecho de que estuvo ahí con él en el hospital. Eso sólo quería decir una cosa: Le habían ocultado la verdad. Y él no los iba a desmentir, temía la reacción de él cuando lo supiera, que estuvo ahí y se fue, que lo abandonó por segunda ocasión. Y esta vez no fue por despecho, sino por una gran necesidad, pero no podía explicárselo sin tocar el tema de Victoria, su hija, la ceguera, etc.

—¿Así se siente cerrar ciclos? —inquirió Viktor en un leve murmullo.

Yuuri sonrió en medio de su llanto.

—No siento nada agradable —suspiró el japonés.

—Yo tampoco.

—¿Entonces...? ¿Qué sigue?

—Seguiremos con nuestras vidas. Es lo mejor para ambos, para nuestro bienestar mental y emocional.

—Sí...

—¿Yuuri, quedamos como amigos?

—No.

Auch. Esa respuesta inmediata le dolió. Peor se sintió al escuchar la risa seca y amarga del otro.

—No me lo tomes a mal, pero no puedo ser sólo amigo de alguien a quien amé tanto. No —corrigió—. De alguien a quien aún amo. No puedo hacerlo, Viktor.

El ruso se quedó sin aire.

—¡Yuuri! —exclamó, pero ya nada más salió de sus labios. Copiosas lágrimas se resbalaban por sus pestañas hasta impactarse contra las inmaculadas sábanas de hospital. Lloraba en silencio y con una fuerte opresión en su pecho.

—Es la verdad. Te amo.

—No puedo seguir con esto, no seas así conmigo ¡Eres cruel! ¡Eres muy cruel! —comenzó a enojarse.

—Viktor, lo siento. No quiero hacerte más daño, perdóname —no se molestó en reprimir sus sollozos.

—O-olvídalo —hipó un poco debido al llanto—. Olvídalo, olvida lo que tuvimos, olvidemos que nos conocemos. Así será más fácil y llevadero.

No puedo, no puedo, no puedo —se repetía Yuuri mentalmente una y otra vez—. Está bien, si eso te ayudará a sentirte mejor, lo haré. Prometo intentarlo, sólo quiero que estés bien.

—De acuerdo. Me tengo que ir.

—Cuídate mucho, por favor, cuídate y recupérate pronto.

—Lo haré. Adiós —cortó la llamada antes de escuchar el fuerte sollozo de su antigua pareja.

El ruso apretó el teléfono con fuerza, y aún sosteniéndolo se llevó ambas manos a la cara, frustrado y sin dejar de llorar. Estaba enojado con la vida, estaba triste, estaba lleno de sentimientos negativos que dejó salir aventando su teléfono lo más lejos posible, luego siguió con el vaso de plástico que tenía a un lado, luego el control de la T.V., una caja de guantes de látex, el teléfono fijo del cuarto, etc. Todo lo que estaba a su alcance terminó estrellado contra la pared lateral y el suelo.

Una enfermera corrió en su ayuda al escuchar el escándalo.

—¡Largo de aquí! ¡QUIERO ESTAR SOLO! —exclamó con voz grave y muy enojada.

Pronto Aleksi llegó junto a Irina al cuarto y ambos se asombraron al ver que había enfermeras asomándose desde el pasillo, asustadas y nerviosas. De inmediato pensaron que algo malo había ocurrido, algo muy malo, pero cuando éstas les explicaron lo que sucedió, no dudaron en entrar al cuarto. Aleksi tuvo que agacharse para que el pequeño tanque de oxígeno que solía estar pegado a la cabecera de la cama no fuera a darle de lleno en la cabeza. En vez de eso se impactó con fuerza en la pared tras él.

—Wow. ¿Viktor, qué te pasa? —inquirió el pelinegro con mucho asombro y preocupación.

—Sal de aquí.

—Pero... ¿qué pasa contigo? —insistió la pelirroja, muy angustiada por ese comportamiento tan repentino. Ambos se miraron fijamente y el par de ojos celestes se contrajeron en ira pura.

—¡Lárguense de aquí! ¡No quiero ver a nadie, maldita sea! —no tenía nada más que arrojar, así que se desconectó el suero con los analgésicos del brazo y lanzó inútilmente el tri-pie del cual colgaban los distintos medicamentos que le administraban vía intravenosa. Inútilmente porque no tenía la suficiente fuerza, así que terminó en el piso a mitad del cuarto, no muy lejos de él. Pero estaba tan furioso e histérico que siguió buscando qué arrojar, sin importarle que el brazo le sangraba de donde se desconectó sin cuidado el catéter.

Tuvieron que llamar a un par de enfermeros y al doctor Lambiel para que autorizara ponerlo bajo sedantes una vez más, al menos por el momento, para evitar que se hiciera daño. Tuvieron que agarrarlo entre varias personas para inyectarle el medicamento, estaba tan histérico que batallaron mucho en conseguirlo, cuando lo hicieron, el ruso tardó un poco en caer por completo rendido, mientras ocurría no dejaba de pronunciar el nombre de su amado, entre lágrimas y sollozos. El médico tuvo que hablar con la familia y sugerir la consulta de un especialista en salud mental y quizás algunos antidepresivos debido al historial autodestructivo que tenía.

Ninguno podía creer que llegara a esas alturas de gravedad. Temían por la vida de Viktor y Aleksi no podía evitar sentir que había hecho muy mal en ocultarle la verdad a su hermano. Ahora, ninguno de los dos tenía idea de que al fin había puesto un punto final a la relación con el japonés.

Transcurrió una semana desde la llamada. Los dos se sumieron en una profunda tristeza. Viktor fue visitado por un psicólogo, pero éste se cansó de su silencio, sí, Viktor cansó a un profesional de la salud. Luego lo visitó un psiquiatra, quién sugirió el uso de antidepresivos.

—No —dijo el ruso—. Nada de fármacos.

—Entonces levántate de esa cama —espetó Irina de mala gana.

El psiquiatra ahí presente se sorprendió un poco al ver que ni siquiera les dirigía la mirada.

—Váyanse, quiero estar solo.

—Estás arruinando tu vida ¿Estás consciente de eso? —el menor de los Nikiforov no sabía cómo hacer reaccionar a su hermano.

—¿No piensas volver a patinar? — intervino ahora Yurio. Él había estado callado, observando todo sin decir una sola palabra, Otabek a su lado hacia lo mismo.

Por primera vez se giró hacia ellos y con una muy mala cara se burló.

—¿Crees acaso que me importa el patinaje en estos momentos? —rio sarcástico. Su tono era desdeñoso.

Intentaron hablar más con él, convencerlo de recuperarse, aún estaba en muy buen tiempo para comenzar a hacer ejercicio rehabilitador. Pero al ver que los ignoraba, todos salieron. El psiquiatra habló con ellos muy seriamente.

—Necesita los medicamentos, de no ser así, permanecerá en depresión.

—Él no va a tomar ningún medicamento, muy apenas deja que le administren los analgésicos, y eso sólo porque en verdad le duele —replicó Irina con fastidio. No sabían qué más hacer por él ¿amarrarlo y obligarle a tomar los medicamentos? ¿Levantarlo a patadas y obligarlo a caminar?

Esa última opción no le pareció mala idea a Irina, pero obviamente tuvo que descartarla.

—Imagino que es debido a su reciente incidente con valium.

—¿Cómo lo sabe? —se asombró Aleksi.

El psiquiatra se acomodó las gafas y sonrió un poco.

—Soy su médico, debo saberlo. Además, leí todo su expediente, el cual debo decir que es un poco más largo de lo que imaginé, empezando por su accidente donde casi se fractura la columna.

—¿Qué podemos hacer por él? —inquirió el rubio, cansado de ese doctor tan extraño—. Si el viejo no quiere tomar los antidepresivos ¿Qué procede?

—Necesitan animarlo.

Yurio resopló, sin importarle ser grosero con él.

—No me diga —puso los ojos en blanco.

—Es en serio. Necesitan motivarlo de una u otra forma para que acepte al menos ponerse de pie. Hablé con el doctor Lambiel y me explicó su caso detalladamente. Es primordial sacarlo de esta situación, pero si él ya se ha dado por vencido, no hay nada qué hacer, no podemos obligarlo.

—Ese idiota me va a oír —dio un paso al frente para entrar a la habitación, pero el médico lo retuvo.

—Sólo lograrás que te arroje de nuevo el control remoto.

—¿Sigue en las aguas termales?

—Sí mamá. No ha salido, lleva ahí más de una hora.

—Iré a ver que esté bien, el calor le puede hacer daño y...

—Él está bien, vengo de allá —suspiró.

—Aún no puedo creer lo que pasó, es decir, ellos se aman tanto ¿Por qué terminar así como así?

—Falta de comunicación. Esos dos necesitan sentarse uno frente al otro y charlar largo y tendido. Se han involucrado muchos terceros, ya es hora de que hablen con claridad.

—¿Por eso le diste el número de Vitya-chan?

—Sí, pero creo que las cosas no salieron muy bien. No me ha platicado nada sobre la charla que tuvo con Viktor, pero presiento que no arreglaron las cosas.

—¿Intentaste llamar a Vitya?

—Sí, no me responde.

Ninguna de las dos supo, sino hasta en la noche, que Viktor y Yuuri habían terminado definitivamente, éste último le explicó a la familia que había terminado su relación con Viktor, incluso la de amistad o entrenador-pupilo. Explicó que debió hacerlo porque la relación que llevaban se había vuelto muy tóxica y dañina.

Yuuri no volvió a ser el mismo, sus días transcurrían lentos y dolorosos. Se la pasaba tumbado en su cama, mirando al techo y pensando en cierto ruso, era inevitable, no podía sacárselo de la cabeza y tampoco las últimas palabras que se dedicaron. Su adiós había sido muy doloroso. Ambos enfermos, tristes, necesitados uno del otro.

—Viktor.

—Ya te dije que no quiero ver a nadie.

A pesar del dolor en su cadera, había logrado recostarse de lado, con las sábanas por encima del hombro, dándole la espalda a cualquiera que fuera a buscarlo. Había hecho un berrinche mundial por intentar salir del hospital, no quería estar más ahí, estaba hastiado de ese maldito olor a desinfectante y de todo lo que ese lugar conllevaba.

—Yuuri cuidó de ti durante todo el mes que estuviste sedado.

Viktor no se movió de su lugar, ni siquiera se inmutó.

—¡¿Acaso me escuchaste?!

—Sí. Eres un mentiroso.

—No. Aleksi lo es —agregó Otabek. Entonces Viktor se giró un poco para verlos.

Los recién llegados sintieron algo extraño en su interior al verlo con los ojos muy rojos e hinchados. Habían hablado entre ellos y se pusieron de acuerdo para entrar a la habitación sin que estuviera ahí Aleksi o Irina. El psiquiatra había dicho que era indispensable que lo sacaran de esa depresión, y eso es lo que harían, le darían una "inyección de vida" al enterarlo de eso. O lo animaban con la noticia, o de plano lo hundían más en ese pozo en el que lo habían sumergido. Tomarían el riego, no había quién los detuviera. El kazajo se quedó cerca de la puerta, vigilando que nadie más entrara e impidiera su cometido.

—¿Yuuri... estuvo aquí? —no cabía en sí de la impresión. No entendía por qué no se lo había dicho en la llamada—. ¡¿Por qué no me lo dijeron antes!? ¡¿Por qué?! —salió de sus casillas muy fácilmente.

—Tu hermano intentó protegerte, lo entendemos, pero no se da cuenta de que hace mal —prosiguió el moreno.

—Ese idiota se cree con derechos y ni siquiera conoce la relación que tuvieron ustedes dos. No sabe nada.

—Pero... —aún no podía creerlo—. Si estuvo aquí... ¿Por qué se fue? —su voz tembló.

—Tuvo una urgencia en Canadá —apretó los puños—. Habló con Aleksi para informarle sobre eso, y... —calló al sentir la mano de Otabek sobre su hombro. Había dejado su guardia junto a la puerta y ahora lo miraba. Yurio entendió de inmediato. El objetivo de esa charla era animarlo, no deprimirlo más al decirle que Yuuri de nuevo se fue, pidiendo que no le dijeran sobre su estadía ahí.

—¿Y...?

—Y ahora está allá.

—No puedo creerlo...

—¿No? Mira —el rubio le mostró la pantalla de su teléfono. Viktor se llevó ambas manos a la boca y de sus ojos brotaron lágrimas cargadas de sentimiento. En la foto estaba Yuuri acurrucado junto a él en la cama de hospital—. Él... estuvo aquí, en verdad estuvo conmigo, se quedó a mi lado y no lo soñé.

—No se separó de ti en todo ese tiempo.

—Pero entonces... —se limpió las lágrimas—. ¿Por qué demonios se fue? No me dijo nada al respecto en la llamada.

El rubio y el moreno compartieron miradas.

—No explicó por qué, sólo pidió que no te dijéramos que estuvo aquí, supongo que para no dañarte más —refunfuñó—. O al menos eso fue lo que nos dijo Aleksi. El cerdo es un idiota —se tomó la libertad de sentarse en la cama, en la orilla a un lado de Viktor—. Le daré una paliza cuando lo vea.

—¿Otra? —se burló el kazajo.

—¿Cómo que "otra"? —se espantó Viktor.

—Yura lo golpeó varias veces cuando vino a verte.

—¡Yurio! —exclamó, enojado.

—¡¿Qué?! No me vengas con que ahora lo defiendes. ¡Se lo merecía! Y se merece un par más —se cruzó de brazos.

Su compatriota lo miró fijo durante unos segundos y miró más allá de esa faceta ruda y tosca del rubio. Su estado emocional no daba para más, pero logró esbozar una pequeña sonrisa mientras ponía una mano sobre los rubios cabellos, revolviéndolos con cariño. Al parecer no sólo tenía un hermano menor, sino a otro más pequeñito, quien le arrojó la mano con brusquedad hacia un lado, refunfuñando como un gato arisco ante la caricia.

—Gracias —sonrió pacíficamente, no podía estar feliz, pues ese hecho no cambiaba mucho la situación actual, o eso pensaba hasta que...—. Un momento, eso quiere decir que Aleksi conoce a Yuuri ¡Lo conoce y el muy estúpido me mintió! —se alteró un poco—. ¡Háblenle y díganle que venga para acá! Necesito hablar muy seriamente con él. Es increíble que me mintiera de esa forma, no tiene idea de lo que significa Yuuri para mí, no tiene derecho a ocultarme estas cosas. Ya decía yo que era muy raro que no se espantara cuando le dije que Yuuri era mi ex novio. Hasta donde recuerdo, nunca le dije que me había enamorado de un hombre, al menos debió espantarse un poco al saberlo, pero no, actuó natural. Que imbécil soy, no me di cuenta de ese detalle —habló demasiado rápido y alterado. Los otros dos lo miraban perplejos por la energía que había ahora en él—. ¿Pero qué esperan? Vayan por Aleksi.

—Yo voy —refunfuñó y salió de ahí.

—Tu hermano sólo buscaba lo mejor para ti —se encogió de hombros—. Simplemente no supo hacerlo de manera correcta. No te conoce lo suficiente, ni a Yuuri —murmuró con su perenne seriedad.

Viktor le sonrió con serenidad.

—Lo sé.

En ese momento entró un Aleksi muy confundido. La sonrisa de Viktor cambió al instante.

—Pedazo de idiota, ven acá en este mismo instante y explícame por qué te atreviste a mentirme de esa forma —lo dijo con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. A todos les recorrió un escalofrío por la espalda. No era común verlo así, ni mucho menos que llamara a su hermano de esa forma. Había entrado en su modo (Nada común) pasivo-agresivo.

Tanto Yuri como Otabek salieron del cuarto antes de que Viktor fusilara a su hermano con la mirada.

—Te lo dijeron —soltó en un suspiro, no por eso menos nervioso por lo que Vitya pudiera hacerle a pesar de su estado convaleciente.

—¿Por qué mentirme así? No tienes idea de lo mucho que me dolió saber eso ¡Terminé con él por teléfono hace una semana! —su tono de voz iba subiendo poco a poco.

—¿Pero qué iba a cambiar eso? Sólo te hubieras entristecido más.

—¡NO, claro que no! De haber sabido que él me cuidó todo ese tiempo... —contuvo un gruñido—... no le habría dicho esa sarta de idioteces sobre "cerrar ciclos" Dios mío —se llevó ambas manos a la cabeza, sintiendo cómo el catéter en su mano se estiraba un poco—. Terminé definitivamente con él ¿Lo entiendes? A pesar de que dijo que me amaba, estaba dispuesto a arreglar la situación y no lo dejé hacerlo ¡Porque creí que yo le importaba un reverendo pepino! —su respiración se aceleró al igual que su pulso.

—Viktor, cálmate, no es...

—¡NO ME VOY A CALMAR! —sus mejillas hicieron juego con sus ojos enrojecidos. Estaba rojo de furia—. Aleksi, hiciste muy mal.

El abogado sentía un leve temblor recorrer su cuerpo al verlo tan enojado. No pudo evitar transportarse a unos terribles recuerdos que lo hacían temblar.

—Lo siento —bajó la mirada, no podía poner sus ojos en esos glaciales celestes que lo atravesaban con furia—. No quería que te decepcionaras más al saber que estuvo aquí y que luego se fue, dejándote.

—No, tú me has decepcionado —estaba siendo muy rudo, en ese momento sus emociones hablaban por él, no pensaba con claridad—. Te voy a dar una segunda oportunidad. Dime exactamente lo que Yuuri te dijo por teléfono, sé que tienes una memoria excepcional, así que dime sus palabras exactas. Ya.

—Y-yo... él... bueno, me dijo que tenía que ir a Canadá por el entierro de una amiga.

—¿Qué más? —se había asombrado, no se imaginaba de quién podría tratarse.

—Y... ya.

—No es verdad. ¿Qué más te dijo? —su mirada gélida, profunda e iracunda haría temblar a cualquiera, Aleksi Nikiforov no era la excepción.

El aludido suspiró. Era hora de decirle toda la verdad, toda.

Caminó a paso lento, sintiendo como la mirada colérica de su hermano lo seguía a cada paso hasta que se sentó en el borde del colchón, corriendo el riesgo de que lo golpeara o algo por el estilo, aunque si lo hacía, sería la primera vez en la vida.

—Te lo diré, pero antes quiero que sepas que lo hice por ti. No conozco muy bien a Yuuri, y debo confesar que me sorprendió mucho que te gustaran los hombres, aún me sorprende —no lo estaba mirando a los ojos y a pesar de ello pudo percibir cómo él fruncía el ceño.

—No me gustan los hombres. Estoy enamorado de Yuuri. ¿Es tan difícil de entender?

Por fin alzó la mirada y se topó con los ojos tristes de su hermano mayor.

—Lo entiendo, es sólo que me sorprendió un poco. La persona a la que describías en tus mensajes... —suspiró—...nunca creí que se tratara de él. El punto al que quiero llegar es que no quiero que te hagan daño. Él recibió una llamada mientras cuidaba de ti, al parecer una amiga había muerto, tuvo que regresar a Canadá y dijo que volvería lo antes posible, pero...

—¿Pero qué? Dime ya —estaba impaciente.

—Dijo algo que imagino debió ser una excusa o algo por el estilo —se rascó una mejilla, dubitativo.

—Yuuri no es un hombre que de excusas o pretextos, mucho menos es mentiroso.

—Bueno, dijo que su vista estaba empeorando y que sería sometido a una cirugía muy pronto y quizás tardaría más de lo esperado.

—Oh por dios, no —se recargó contra las almohadas, asustado.

—¿Qué? ¿Es cierto eso? A mí me sonó como una vil farsa.

—Estúpido.

—¿Eh?

—Eres estúpido —masculló—. ¡Yuuri tiene problemas con su vista desde que despertó del coma! ¡No era una mentira! —entonces recordó las palabras escritas en el diario. Era verdad, se estaba quedando ciego.

—Pero cuando estuvo aquí se veía muy bien.

Viktor no quiso hablar más con él. Estaba indignado y muy enfadado, temía decirle cosas de las que luego se arrepentiría. Se sintió muy mal. Sabía que no era el caso, pero Yuuri hubiera estado en todo su derecho de irse al ser tratado de esa forma por todos. Estaba seguro de que Irina y Yurio también lo trataron mal. Se sentía avergonzado. La familia de Yuuri siempre lo trató tan bien, como a uno más de ellos, y su propia familia, su hermano... dios, pobre de Yuuri.

—¡Eres un idiota Aleksi Nikiforov! —Irina entró como alma que lleva el diablo, seguida de Yurio y Otabek, al parecer los tres estaban detrás de la puerta, esperando por entrar ¿Y por qué no? oyendo toda la conversación—. ¿Yuuri nunca te pidió que le ocultáramos a Viktor que estuvo aquí?

El aludido bajó el rostro, apenado.

—No. Nunca lo hizo —omitió el hecho de que el japonés le pidió que le dijera a Viktor que lo amaba y que regresaría lo antes posible a su lado. Ahora se daba cuenta de que había impedido la reconciliación entre esos dos.

El paciente postrado en cama se llevó una mano a su cabeza. Estaba muy confundido y la situación tan revuelta le causaba una incipiente migraña. Yurio y Otabek estaban muy asombrados y se sentían un poco culpables con el cerdo, en especial el rubio, le debía una enorme disculpa. Todo por creerle a Aleksi.

Ahora fue el turno de Irina de decir lo que sabía.

—Viktor, Yuuri fue a Canadá, me consta porque fue al funeral de mi prima Victoria ¿L-la recuerdas?

—Sí —se asombró—. ¿Falleció? —el dolor en su cabeza aumentó un poco. El asunto estaba demasiado enredado. Sentía que se había perdido de mucho y no entendía casi nada. Para empezar ¿Qué relación tenía Victoria con Yuuri? ¿Cómo se conocieron o por qué fue él a su funeral? —. Lo siento mucho —dijo cuando su ex asintió—. Pero... no entiendo, no entiendo nada.

—Te voy a explicar todo lo que sé —suspiró—. Victoria fue la doctora que ayudó a Yuuri a rehabilitarse, fue por ella que él volvió a patinar. Ella falleció y... —se le hizo un nudo en la garganta, pensó en hablarle sobre la hija que perdió y que era de Katsuki, pero se ahorró esa triste noticia, eso le correspondía al japonés decírselo—...Yuuri obviamente fue a despedirse de ella. No lo vi en el entierro, llegué muy tarde, pero estoy segura de que ahí estuvo.

—¿Por qué me mintieron todos? —preguntó luego de un rato de silencio. Ahora entendía un poco más a Yuuri cuando decía que odiaba que los demás lo sobreprotegieran pensando que se desmoronaría fácilmente.

—No sabíamos cómo lo tomarías —agregó Yurio.

—Temíamos que...

—¿Qué? —preguntó, arisco—. ¿Qué intentara "suicidarme" de nuevo? —soltó una risca tosca y ronca—. Claro, ya entiendo —miró hacia la ventana.

—Y sobre lo de sus ojos —Irina miró a Aleksi, frunció el ceño y le dio un zape tan fuerte que de seguro le mató más de un par de neuronas—. ¿Acaso eres imbécil?

Viktor no lo externó, pero le alegró ver ese golpe, que bien merecido se lo tenía.

—Ahora más que nunca necesito salir de aquí e ir con él. Le dije cosas dolorosas y...

—Los dos se han dicho cosas muy feas, el daño está hecho y no pasará nada si vas a verlo cuando te recuperes. ¿Ahora sí vas a levantar tu culo de esa cama?

El aludido miro a su ex y frunció el ceño. Tenía razón, pero su desesperación nadie se la calmaba.

—¿Podrían dejarme solo unos momentos? —pidió al mismo tiempo que tomaba su teléfono celular. Había pensado en mandarle un whatsapp a Yuuri, pero éste siempre se tardaba una eternidad en responder y además el asunto era demasiado serio como para sólo mandarle un mensaje.

Todos los demás aceptaron y salieron para darle privacidad, sabían de antemano que iba a llamar al japonés, así que quizás tardaría un poco. Por lo pronto todos dedicaron un buen rato para hacer sentir mal a Aleksi. Al pobre le llovieron reclamos, insultos y amenazas. Éstas últimas sólo de parte de Yurio. Y es que todos le habían dado la espalda al japonés por culpa de Aleksi. Irina se sentía horrible, pues se dejó llevar por las emociones que se trajo de Canadá y el odio injusto que le tomó a Yuuri.

Ahora sólo les que quedaba esperar que estuviera bien.

Mientras tanto, a Viktor le temblaban las manos al marcar el número de Yuuri que guardó en su móvil la semana pasada. Ni siquiera tuvo que buscar el contacto, ya se sabía los dígitos de memoria. Se pegó el móvil en la oreja y esperó. Un tono, dos tonos, tres tonos y buzón de voz. Intentó de nuevo. Tuvo que hacerlo más de tres veces para que Yuuri le respondiera.

—¿Diga? —se oía agitado

—Yuuri —la ansiedad en su voz era palpable.

—¿V-Viktor? ¿Qué ocurre? ¿Te encuentras bien?

Al ruso se le partió el corazón. A pesar de todo, Yuuri se preocupaba mucho por él.

—Estoy bien. Llamo para saber cómo estás.

—Pero si tú...

—Lo sé, te dije cosas muy feas la última vez. Perdóname.

—V-Viktor, me estás confundiendo —su voz tembló—. ¿Seguro que todo está...?

—No, no está bien. Aleksi me dijo de la llamada que le hiciste, me dijo toda la verdad. Ahora sé que estuviste cuidando de mí todo ese tiempo, que tuviste que ir al entierro de una amiga en Canadá y que tu vista estaba empeorando tanto que te operarían. Me lo dijo todo, Yuuri ¿Ya te operaron? ¿Cómo estás? Estoy preocupado.

—Sí, estoy bien. Ya todo está bien —por su mente sólo pasaba una y otra vez: "Estoy preocupado" claro, si le llamaba era sólo por eso, porque se enteró de su estado y quería saber cómo estaba. Se lo agradecía, pero no era lo que su maltrecho corazón esperaba.

—¿Seguro? Sé cuándo mientes, Yuuri, dime la verdad.

—Es la verdad, Viktor. Incluso me estoy preparando para el GP —no mentía en eso último. Su hermana, su madre y Minami lo habían motivado a levantarse de su depresión. No estaba haciendo ejercicio por indicaciones del médico, pero sí estaba ideando junto con Minami una coreografía lo suficientemente buena para el Grand Prix. Era la primera vez que él escogía la música y los pasos, se estaba esforzando mucho.

—Ya veo —suspiró con alivio. Pasada la preocupación inicial, sintió mariposas revoloteando en su estómago al ser consciente de que estaba hablando con él. "Ven a visitarme" pensó en decirle, pero si lo hacía sería muy egoísta de su parte.

—¿Cómo estás tú? ¿Ya saliste del hospital?

—Aún no, estoy esperando eso. Pero todo va bien, el dolor es casi nulo.

De nuevo el silencio se hizo presente entre ellos, casi como un enorme abismo imposible de cruzar.

—Viktor, tengo que irme, me están esperando.

—Oh, entiendo... uhm, cuídate mucho. Que estés bien.

No hubo respuesta hasta segundos más tarde.

—Estoy confundido, sé que llamaste para ver cómo estaba y me alegra saber que tú también te encuentras bien, pero en verdad estás confundiendo a mi corazón. Estoy tratando de hacerme a la idea de que lo nuestro acabó hace mucho, me estoy recuperando de ello y me están ayudando a hacerlo —suspiró—. Pero para recuperarme del todo necesito "Cerrar ciclos" tú lo dijiste la última vez y me doy cuenta de que tenías toda la razón. Lo estoy poniendo en práctica y... sí, todo va mejor. Pero por favor, no me llames más. Entiéndeme un poco, es doloroso después de colgar y ver que las cosas siguen igual. ¿Te molestaría no llamar de nuevo? —pidió con voz tranquila. No había atisbo de rencor o enojo, simplemente suplicaba que lo dejara olvidarlo de una vez por todas, por su bienestar físico y mental.

—Entiendo. Entiendo bien. Procuraré no hacerlo de nuevo, pero... ¿Te puedo mandar mensajes?

—Sí. Viktor, me tengo que ir.

—Bien, bien. Te mandaré mensajes.

—No, mejor no —se le hizo un nudo en la garganta—. ¡Viktor! ayúdame a olvidarte, por favor. Esto es más doloroso de lo que crees. Mejor sigamos como quedamos en la última llamada. Ya los dos estamos bien, sigamos con nuestros caminos y...

Viktor colgó antes de que Yuuri continuara. Sabía que eso no ayudaba en nada y que quizás se ofendería por eso, pero no pudo evitarlo, le dolía seguir escuchando que al fin había decidido olvidarlo. Ya le había dicho una vez que no lo amaba, pero no se la creyó del todo, sabía que estaba enojado y quizás se dejó llevar por la emociones del momento, pero ahora lo decía tan calmado y sereno... no había duda, iba muy en serio.

Días después de tener esa última llamada con Yuuri, Viktor siguió con la idea de quedarse postrado en cama. No tenía muchos ánimos. Sus amigos no sabían qué más hacer para sacarlo de esa depresión, se estaban desesperando un poco. En cuanto a Aleksi, el pobre debía regresar a su hogar, junto a su prometida, pero no podía irse sin arreglar antes la situación con su hermano.

Viktor ya no pasaba todo el día mirando a la nada, ahora estaba en su teléfono viendo las redes sociales en busca de alguna señal de Yuuri o de su familia, pero no hubo nada. Encontró un par de llamadas perdidas de Mari, se las regresó, pero nunca respondió. Entonces le mandó un par de whatsapp, preguntándole el motivo de sus llamadas, pero tampoco hubo respuesta. Aburrido del celular, encendió la televisión para distraerse un rato. Sí, el control remoto seguía funcionando a pesar de haber sido lanzado infinidad de veces.

Cambió de canal una y otra vez hasta que se topó con alguien conocido en un programa de deportes. Era un canal extranjero, de Japón.

—"Participarás en el siguiente Grand Prix, dinos ¿Cómo se siente volver al hielo después de un accidente de tal magnitud?"

—"Estoy un poco nervioso" —sonrió con timidez. El ruso quedó fascinado al escucharlo hablar japonés. Afortunadamente el programa tenía subtítulos en inglés. Además, no podía evitar emocionarse como todo un fan al verlo tan guapo en televisión.

Viktor casi sufrió un infarto al verlo en pantalla. Tenía suerte, el programa iba comenzando. No podía creer que estaba viendo a Yuuri en pantalla, se veía tan apuesto, demasiado guapo incluso para su propia seguridad, pues el conductor no se molestó en hacérselo notar en repetidas ocasiones, haciendo alusión a su look desenfadado y fresco. Por su parte, Yuuri sólo se sonrojaba tímidamente y agradecía los comentarios tan fuera de lugar, sin borrar la expresión seria de su rostro. Eso sí, no sonrió ni un momento. Viktor no pudo evitar notar lo cambiado que estaba. Y es que ahora a sus veinticinco años de edad se veía mucho más maduro, fornido, todo un hombre; ya no aparentaba tener veinte años. El ruso volvió a prestar atención a lo que decían cuando escuchó algo sobre el regreso de Yuuri al hielo.

—"Uhmm sí" —se rascó la mejilla con el índice—. "Regresaré porque el hielo ha formado parte de mi vida. Patinar lo es todo para mí en estos momentos, es la forma que tengo para expresar mis sentimientos."

—"¿Y cuál es tu motivación en esta temporada? ¿Nos puedes hablar sobre el tema que utilizarás?"

—"Sí. Mi tema de este año es Fortaleza"

—"¿Algún motivo en especial?"

Yuuri lo pensó unos segundos antes de responder. Tomó aire y dijo:

—"De la fortaleza depende el empuje que tenga uno para decidir salir adelante sin importar las circunstancias o los sucesos vividos. Y mi tema de este año va más que nada dirigido a la fuerza que te da la vida al ser profundamente amado, pero se enfoca principalmente en lo fuerte que uno se hace al amar con intensidad a alguien"

—"¿Te refieres al amor romántico?"

—"No en específico" —negó levemente con la cabeza—. "También puede ser la fortaleza que te da el amor hacia un hijo, un ser amado"

—"¿Y por qué Fortaleza?" —insistió. Yuuri se desesperó un poco.

—"Porque es lo que uno necesita para superar cualquier adversidad en la vida"

—"Ahora dinos, Yuuri..."

El aludido se desesperó más. No entendía por qué los entrevistadores siempre tenían que poner tu nombre al principio o al final de cada oración, era frustrante.

—"¿Necesitaste mucho de esa fortaleza para recuperarte y volver a patinar?"

Katsuki no pudo contener una risa seca e irónica.

—"Por supuesto que sí, por eso es mi tema de este año. Es lo que he necesitado para seguir" —estaba muy serio, al parecer no le gustaba el rumbo que estaba tomando la entrevista.

Luego de unas cuantas preguntas –cada vez más personales- llegó el momento que muchos esperaban: el video grabado en Canadá con Yuuri y una chica misteriosa patinando en pareja.

—"Ese video se hizo viral en tan sólo unos días. Todos nos llevamos una grata sorpresa al saber que patinabas de nuevo, pero también nos surgieron muchas dudas, como por ejemplo: ¿Quién es esa chica?"

La expresión del japonés cambió por completo.

—"Ella fue mi rehabilitadora, si no fuera por Victoria, no habría vuelto al patinaje."

—"¿Y piensan hacer patinaje en parejas alguna vez? Es decir, en competencias."

—"Ella murió hace poco"

—Oh por dios... —a Viktor se le fue el aliento. Esa tal Victoria era la prima de Irina, todo era verdad. Pero... ¿Por qué Irina no la reconoció en el video? Tampoco entendía por qué Yuuri se veía afectado a tal grado, pues ante la mención de la chica, su expresión se ensombreció por completo.

El ruso estuvo perdido en sus pensamientos hasta que se hizo mención de J.J., Yuuri explicó que él y su esposa fueron de gran ayuda en su recuperación, les debía mucho a ambos y estaba agradecido de todo corazón por su apoyo. Luego se tocó el tema de Minami, quien había sido captado por las cámaras en Canadá junto al japonés. Ahí Yuuri explicó que fue un amigo incondicional, quien le dio mucho apoyo. Dijo que al momento de viajar a Toronto no esperaba toparse con nadie más que no fuera el matrimonio Leroy, pero Minami lo encontró y su amistad creció. Ante la mención del pequeño japonés, Viktor se puso sumamente celoso, más de lo que imaginó.

Pronto llegó el momento en el que los televidentes mandaban sus preguntas dirigidas al invitado, en ese caso, Yuuri.

—"Como sabemos, este programa es internacional, así que recibimos preguntas de personas de todo el mundo, en este caso tenemos a Adabella una fan desde México que pregunta lo siguiente: '¿Qué pasó con la relación que mantenían Viktor y tú? ¿Van a patinar juntos algún día? ¿Serán rivales en el siguiente GP?' También tenemos otra pregunta, de una chica llamada Dania:'¿Se casarán algún día?' Oh, wow, son muchas preguntas, pero tal parece que ellas no son las únicas que quieren saber las respuestas. ¿Puedes responderlas?

Katsuki asintió, aún asombrado por tales preguntas tan directas y poco discretas, pero aun así respondió:

—"Tuvimos una relación que duró muy poco, pero fue en verdad hermosa. Terminó por ciertas diferencias, pero es mejor así, ahora cada uno se enfocará en sus propias metas. No creo que patinemos juntos alguna vez, tendría que ser en parejas y eso lo veo muy difícil —rio un poco, recordándose una y otra vez que no debía llorar, que estaba en televisión, siendo visto por miles y miles de personas—. Quizás seamos rivales muy pronto, sería grato competir contra él. Y sobre la última pregunta... bueno, creo que ya quedó respondida"

—"Vaya, es una lástima que su relación terminara tan pronto" —el conductor se llevó una mano al auricular que pasaba muy desapercibido en su oreja y escuchó atento antes de agregar—. "Al parecer están llegando demasiadas preguntas de muchas partes del mundo. Todos quieren saber más sobre tu vida personal y tu actual estado con Viktor Nikiforov. Pero me temo que el tiempo no es suficiente, ya hablaremos de eso en otra entrevista"

Yuuri sólo pudo agradecer al cielo por que el tiempo se agotara, estaba muy incómodo, no sabía por qué aceptó esa maldita entrevista.

—"Pero antes de despedirnos de nuestra audiencia... Si Viktor Nikiforov nos estuviera viendo en estos momentos ¿Qué le dirías?"

Yuuri se mordió la parte interna de su mejilla y lo pensó unos segundos antes de responder con seguridad.

—"Le agradecería por todo el apoyo que me brindó desde que nos conocimos, fue gracias a él que gané la plata en el GP del 2016, nunca lo hubiera logrado sin su ayuda. También le diría que estoy en deuda con él por todo el tiempo que cuidó de mí mientras estuve en coma, no tengo manera de agradecérselo más que deseándole lo mejor" —esbozó una sonrisa forzada y el conductor enseguida comenzó a despedir a la audiencia.

Mientras tanto, Yuuri se quedó ahí en el foro, sentado en un sillón individual al lado del escritorio del conductor, oyendo los anuncios y promociones de tontos productos antes de que el programa terminara. Su mirada estaba perdida en algún punto del foro, serio y hasta un poco triste.

Viktor no podía despegar la mirada del televisor, no escuchaba lo que el conductor parloteaba, sólo podía mirar fijamente a su Yuuri, escaneándolo centímetro por centímetro.

El pobre pegó un brinco del susto cuando tres personas irrumpieron en su habitación como si hubieran entrado a un maratón y la meta fuera su cama. Los tres habían estado en la cafetería y se petrificaron igual que Viktor al ver en las pantallas del lugar que Yuuri estaba siendo entrevistado.

Yurio, Irina y Aleksi se asombraron al ver que Viktor derramaba lágrimas silenciosas mientras veía aún la pantalla.

—Aun así... —murmuró con un nudo presionando su garganta, pero con mucha determinación en su mirada—... no lo dejaré ir.

—¿Qué? —Aleksi no cabía en sí de la impresión, se esperaba todo menos eso—. Viktor, él ya se fue. Tomó una decisión y hasta lo dijo en televisión ¿Qué más quieres para entender que todo terminó? —silenció al recibir una patada en la espalda baja patrocinada por Plisetsky—. ¿¡Qué te ocurre?!

—Cállense o vendrá seguridad y se los llevará a ambos —los miró como "madre regañona" —. Viktor, inténtalo. Demuéstrale tu amor por lo menos una última vez —dijo con la misma decisión que Viktor en sus ojos—. Y si no es suficiente, Yuuri Katsuki me va a oír —se vio amenazante—. Te juzgué mal, Katsuki —pensó.

Viktor sólo pudo esbozar una sonrisa pequeña pero sincera al sentirse tan apoyado. Hasta ese momento no había logrado contener sus lágrimas, seguían saliendo una tras otra. Y sorprendiendo a los tres ahí presentes, extendió sus brazos ampliamente. Captaron su intención, Irina fue la primera en echarse a sus brazos, arrastrando al rubio de la oreja para que hiciera lo mismo. Los dos fueron apresados por los brazos de Vitya, quien se dio cuenta de que su hermano no se había acercado, en cambio, los miraba desde una distancia prudente, con el ceño fruncido y los brazos cruzados. Aleksi nunca se esperó que su hermano mayor lo mirara por encima de los hombros de los otros dos para terminar sonriéndole y extendiendo un brazo en su dirección, dándole entender que también era bienvenido en ese abrazo, que ya no estaba resentido con él.

Aleksi sufrió un flashback al ver ese gesto. En su mente aparecieron cientos de imágenes, con Viktor haciendo lo mismo. Recordó que su querido hermano mayor siempre estuvo para él en todo momento, había sido más que un hermano, casi como un padre. Lo admiraba y amaba tanto que sólo buscaba lo mejor para él. Sus ojos se llenaron con lágrimas que no se permitió derramar y caminó hacia la cama. Así el abrazo familiar estuvo casi completo.

El día estaba demasiado frío y lluvioso a pesar de estar en pleno abril, afortunadamente había llegado al hospital muy temprano, lo suficiente para no mojarse bajo la tempestad que había afuera. Antes de ir con su hermano decidió pasarse por la máquina expendedora de café, luego caminó tranquilamente hacia su destino, pero al entrar al cuarto se topó con el trasero de su hermano al aire.

Viktor se encontraba caminando a paso muy lento con ayuda de sus dos amigos, sosteniéndose de la mano de cada uno para dar el siguiente paso. Una felicidad desbordante llenó a Aleksi, tanto que dejó su café abandonado para dirigirse a él cuanto antes.

—¡Viktor! ¡Estás caminando!

El aludido lo miró y sonrió un poco, se notaba el esfuerzo que le estaba costando mantenerse en pie, pero un brillo en sus ojos hacía presencia, demostrando que sus ánimos estaban por completo renovados.

—No idiota, está volando —refunfuñó Yurio, aún muy molesto con él. No podía perdonarle todo el caos que provocó con sus mentiras.

—Yurio, no seas así —lo regañó Viktor con una sonrisa, divertido.

—Déjame ayudarte —empujó a Yurio y tomó su lugar, dándole la mano a su hermano, quien la aceptó gustoso, hasta que se percató de cierto detalle.

—Oh-por-Dios. Hermanito ¿En qué momento creciste tanto? —se asombró, pues fácilmente le sobrepasaba unos diez centímetros, lo cual era mucho considerando que Viktor medía un metro ochenta.

El aludido se sonrojó muy levemente mientras se mordía el labio inferior y se rascaba la nuca.

—¿Herencia? —se encogió de hombros, haciendo alusión a su padre, quien era muy, pero muy alto. Al parecer Viktor heredó la estatura de su madre, quien era muy alta también, pero no tanto como Aleksi—. ¿Oye, Por qué no tomaste el andador? Estarías más cómodo.

El otro iba a responder, pero Plisetsky se le adelantó.

—Dice que es para viejos.

—Y así lo es —aseguró Viktor.

Aleksi y Beka rieron disimuladamente, sin dejar de brindarle apoyo en cada paso.

—¡Buenos días! —Irina hizo acto de aparición, con paraguas en mano, impermeable y botas para lluvia. Se veía adorable con su cabello pelirrojo atado en una trenza un poco deshecha—. Oh por dios —casi se va de espaldas al ver que estaba caminando.

—¡Hola! —saludo, enérgico y contento.

Irina no quiso arruinar el momento preguntando el motivo de su repentino ánimo, prefirió guardar silencio y disfrutarlo, ya luego preguntaría por el desencadenante de esa efusividad.

—¿No sientes frío? —inquirió la pelirroja luego de deshacerse de sus accesorios repelentes al agua.

—No ¿Por qué?

—¿Ni en el trasero? —se burló.

—Bueno, ahora que lo dices...

Todos estallaron en carcajadas, no por el comentario de Viktor, sino por el sonrojo inevitable en las mejillas de Irina al ver el trasero de su exesposo en todo su esplendor.

—¡Ten la decencia de cubrirte! ¡Idiota! Muéstraselo sólo a Yuuri, no a nosotros —refunfuñó mientras le amarraba bruscamente los cordones de la bata, luego miró a todos los presentes y les regañó por no haberlo cubierto desde un principio, lo que no sabía era que ninguno quería poner sus manos cerca del trasero del ruso pentacampeón.

En ese momento el ambiente en la habitación era completamente distinto, había armonía y mucha paz. Ni Irina ni Aleksi entendían el por qué, pero sí estaban seguros que se debía a la nueva actitud de Viktor.

—¿No estás cansado? —preguntó ahora el kazajo.

—No —aseguró y siguió andando a cortos pasos por toda la extensión de la habitación.

—¿Llevaban mucho haciendo esto? —inquirió Aleksi.

—Media hora, minutos más minutos menos —murmuró Yurio, bebiéndose el café que el otro dejó abandonado y tumbándose en la cama de Viktor, se veía cansado.

—Ya deberías descansar —Otabek lo guio hacia uno de los pequeños sofás que había en el cuarto, sabía que a donde menos quería ir era la cama, de todas formas estaba ocupada por Yuri.

Momentos después los cuatro fueron echados de la habitación por el paciente de ésta. Viktor reconoció que todos habían estado invirtiendo mucho tiempo en él, les dijo que salieran y se distrajeran un rato. No pudieron ir a ningún lado debido a la lluvia, así que terminaron desayunando juntos en la cafetería, la cual increíblemente servía comida muy rica.

—¿Qué pasó allí dentro? —inquirió Irina una vez que los cuatro se sentaron a la mesa.

—Yo también quiero saber. Ese cambio tan radical en Viktor es muy extraño.

Los menores se miraron entre sí y sonrieron antes de explicar.

—Beka le mostró un par de videos que tomamos mientras Yuuri estuvo aquí —bebió de su leche con chocolate caliente.

—Y eso fue suficiente para que recobrara el ánimo —completó el kazajo.

—¿Así de fácil? —se asombró Nikiforov.

Irina se mantuvo pensativa unos momentos antes de aportar algo a la conversación.

—El amor que siente por Yuuri es su mayor fortaleza, pero al mismo tiempo su mayor debilidad.

Los otros tres reflexionaron esa simple oración y se dieron cuenta de que tenía toda la razón.

—¿Y de qué eran los videos? —cuestionó con curiosidad el menor de los Nikiforov.

—Pregúntaselo a él —se mofó el rubio, bebiendo de nuevo. No le iba a decir que era el video donde él peinaba a su amigo, tampoco le iba a platicar sobre el otro donde el japonés estaba abrazado a Viktor en la cama, ambos murmurando cosas chistosas y sin sentido. También le habían mostrado fotos que tomaron a escondidas de ambos, en todas estaba Yuuri al pendiente de Viktor.

Sólo Yuri y Otabek presenciaron cómo la vida volvía a los ojos azules de Viktor cuando observó a su amado en todas las fotos y videos. A partir de ese momento fue como si una chispa de vida se inyectara en su sistema, pues en ese instante pidió que lo ayudaran a ponerse en pie, motivado a no dejarse morir, a intentarlo una vez más. Yuuri Katsuki se había vuelto su motivación para vivir luego de haber sido su motivación para dejarse morir.

—¿Viktor ya te perdonó? —preguntó Irina mientras devoraba su cuarto hot cake—. Porque yo no lo he hecho —masculló con la boca llena, sí, en frente de sus seres amados tenía toda la confianza del mundo para comportarse como le viniera en gana, adiós modales, adiós señorita de la clase alta.

—Creo que ya —bajó la mirada, no podía evitar sentirse escoria, estaba consciente de que hizo mucho daño y quería remediarlo, pero al mismo tiempo seguía preocupado por su hermano mayor, sólo quería su bienestar.

—¿Te lo dijo? ¿Te dijo "Te perdono, hermano"?

—No.

—Entonces no lo ha hecho. Ve y pídele disculpas decentemente, no seas inmaduro.

Los dos menores sólo veían la "discusión" entre ellos sin decir nada, comiendo su desayuno con tranquilidad.

—Sabes cómo es él, Irina, sabes que ya me perdonó.

La aludida entornó los ojos con desprecio.

—No tienes remedio —suspiró y miró la expresión confundida del kazajo—. Así es él. No puede guardarle rencor a nadie, tiene un corazón demasiado noble y eso es muy peligroso para él.

—Ahora entiendo muchas cosas —murmuró el moreno—. Con mayor razón debes disculparte —apuntó a Aleksi con su tenedor—. No seas aprovechado.

Todos asintieron, logrando que luego de desayunar el menor de los Nikiforov se dirigiera al cuarto de su hermano para hablar a solas con él. No habían tenido una charla decente desde su reencuentro, ya era hora de que la tuvieran.

—¿Se puede? —tocó la puerta y la abrió un poco sólo para toparse a su hermano muy entretenido con el celular.

—Sí, sí. Adelante —murmuró sin siquiera verlo, estaba muy ocupado tecleando algo.

Aleksi entró y arrastró una silla al lado de la cama, cerca de la cabecera de la cama. Viktor no le prestó atención.

—¿Estás enojado conmigo? —preguntó en voz baja. Parecía un cachorrito regañado por su amo.

—¿Eh? —parpadeó confundido y lo miró por primera vez desde que entró—. No ¿Por qué?

El aludido sólo negó con la cabeza, se veía mortificado.

—¿Qué haces? —inquirió al ver que dejó de prestarle atención nuevamente.

—Conseguí el WhatsApp del doctor Stèphane Lambiel —soltó una risilla muy queda—. Lo estoy molestando para que me deje salir ya del hospital.

Aleksi no pudo evitar soltar una risilla, ese sí que era el Viktor al que recordaba con tanto amor. Pasó la mirada por el lado contrario de la cama y vio la mesita ambulatoria, asombrándose de ver un desayuno casi terminado.

—Hoy tuviste apetito —estaba extasiado, feliz por ello.

—Un poco —sonrió sin despegar la mirada y los dedos de su teléfono. Luego de un rato de silencio en el que sólo se escuchaba el repiqueteo de las teclas en la pantalla, Viktor bajó su móvil y con una sonrisa amplia agregó—. Saldré en unos días de aquí, al fin.

—Me alegra saber eso —suspiró con alivio.

—Lo siento, si viniste a buscarme seguramente es porque quieres hablar, ¿No es así?

El aludido tragó en seco, su hermano tenía ese maldito don de ser directo y conciso.

—Sí.

—¿Te quieres disculpar?

—Sí.

—¿Por ser un idiota y mentiroso?

—Sí... es decir ¡Ah! ¿Me dejas hablar?

El aludido soltó una risilla y lo dejó hacerlo.

—Cometí un error y me siento fatal por ello. Te pido disculpas de todo corazón. Nunca pensé que en vez de ayudarte te perjudicaría, bueno, si lo llegué a pensar, cuando despertaste y te pusiste tan triste al pensar que Yuuri no te había visitado. Lo siento.

—¿Trataste mal a Yuuri?

Tragó en seco y comenzó a morderse el labio inferior. Esa fue suficiente respuesta para el peliplata.

—Un poco —suspiró—. Sí, admito que lo traté mal, pero es que me enojó tanto saber que se iba así sin más. Dejándote solo de nuevo.

—Fue al funeral de una amiga.

—Lo sé.

—Y aun así fuiste tan cruel con él.

—Lo sé, ¡Lo siento!

—Esa disculpa se la debes a él.

—Y se la pediré en su debido momento, por lo pronto lo que me interesa es saber si tú me has perdonado —se exasperó un poco.

Viktor miró a su hermanito fijamente a los ojos, y su expresión seria cambió por una pequeña y sincera sonrisa que le hacía recodar viejos tiempos a Aleksi, le recordaba a aquellos días de su infancia en los que su hermano mayor lo era todo para él.

—Ven acá —se movió en la cama lo suficiente para que su hermano subiera, soltó un leve quejido, pero no se detuvo.

—No seas tonto, no te muevas así ¿Qué haces? —gruñó.

El otro dio un par de palmaditas al espacio libre junto a él, sin borrar una linda sonrisa de sus labios.

—Ya no soy un niño, Viktor, yo...

—Anda, ven acá —le extendió sus brazos. Por alguna extraña razón el pelinegro se puso nervioso, miró a todos lados como si alguien los pudiera estar observando y se subió a la cama.

Era chistoso ver cómo dos hombres rusos estaban acostados en la misma cama, Aleksi se veía mayor que el otro, pero eso sólo hacía ver la escena más chistosa al ser Viktor quien lo abrazaba como oso de peluche.

—Desde que te vi cuando desperté deseé hacer esto —lo estrechó con más fuerza—. ¿Cuántos años teníamos de no vernos? Yo aún era un adolescente —suspiró—. Cuéntame lo que ha sido de tu vida, casi no profundizamos cuando hablamos por mensajes, aprovechemos el tiempo porque sospecho que regresarás a Vladivostok en cualquier momento.

Aleksi parpadeó sorprendido.

—¿Cómo lo sabes?

—Imagino que llegaste desde que me ingresaron al hospital ¿No es así? —el otro asintió—. Llevas aquí un mes y medio, has estado lejos de casa por mucho tiempo.

—Bueno... —se rascó la nuca, nervioso—... sólo quiero asegurarme de que estés bien antes de irme.

—Estoy bien —sonrió.

—Pero...

—No te preocupes, no me dejaré caer de nuevo. Voy a dar todo de mí una última vez, si este intento falla, me daré por vencido con la satisfacción de haberlo intentado todo. ¿No es eso lo que nos enseñó mamá?

—Casi no la recuerdo, era muy pequeño cuando ella murió —dio un respingo al sentir una mano acariciando su cabello negro.

—Lo sé, pero aun así la extrañabas mucho.

—¿Por qué él?

El cambio de tema fue drástico, pero así era su hermanito, Viktor rio un poco y sin dejar de acariciar su cabello, procedió a explicar.

—No hay un por qué definido. Simplemente sé que me enamoré de él, de su forma de ser, de su cuerpo, de sus expresiones, de su alma, me enamoré de su enorme amor.

—¿Cómo sabes que te enamoraste de él? Pensaste lo mismo con Irina y todas tus exnovias —murmuró como niño pequeño acurrucado a su lado, sin mirarlo, con los ojos cerrados y disfrutando de los cariños de su hermano mayor.

—Supe que estaba enamorado cuando lo miraba a los ojos y sentía que no podía vivir sino era a su lado, cuando no quería dormir en la noche porque mi vida real superaba mis sueños. Supe que estaba enamorado cuando no pude apartar los ojos de él, cuando comencé a desear que él fuera lo último que viera antes de dormir y lo primero al despertar —suspiró—. Darte un por qué específico es muy difícil, pues en sí el amor es algo que no se puede explicar, el amor es irracional; cuando más quieres a esa persona, menos lógica tiene todo, pero uno está tan feliz viviendo en ese mundo ilógico que ya nada más importa, sólo permanecer a su lado y vivir la locura compartida.

—Wow —se le separó sólo para verlo a los ojos y notar lo nostálgicos que éstos estaban—. No tenía idea que lo de ustedes fuera tan serio.

—Aleksi, nos íbamos a casar.

—Lo sé, él me lo dijo.

—¿Yuuri?

—Sí.

—¿Hablaron mucho?

—Un poco y... —suspiró—... me cayó bien, lo acepté en la familia y se lo hice saber. En verdad le tomé mucho cariño, pero...

—Nunca esperaste que se fuera, por eso le tomaste tanto rencor —soltó un soplido de mala gana y casi asfixió a su hermano con un "abrazo cariñoso" —. Aleksi, Aleksi, tienes mucho que aprender.

—Nunca me dijiste que te casarías.

—Todo ocurrió muy rápido, el mismo día en que me dio el sí fue el día en que terminó conmigo. Pasaron muchas cosas, malos entendidos. Yo no le dije que estuve casado, lo descubrió por sí solo cuando vino a la ciudad y nos vio a Irina y a mí caminando juntos por la plaza, ella me abrazaba.

—¿Qué? —se le separó—. Así tenía todo el derecho de terminar contigo ¿Cómo se te ocurre hacer eso?

—Lo sé, fui un tonto, pero eso ya es historia. Y a pesar de todo eso Yuuri vino a cuidar de mí —sonrió como bobo—. Sé que aún me ama, y le voy a demostrar que lo amo.

—¿Cómo?

—No lo sé, lo sigo pensando —mentira, ya sabía cómo—. ¿Y tú? ¿Ya tienes al menos novia? ¿O un novio acaso?

—¡No! —hizo un ademan muy chistoso de negación con sus manos—. Esas homosexualidades te las dejo a ti.

En vez de enojarse, soltó una sonora carcajada. Claro, golpeó con "fuerza" el hombro de su hermanito.

—Pero sí tengo una novia, bueno, ya es mi prometida.

—¡¿Qué?! ¿Tú también?

—Sí, se llama Evgenia, quiero que la conozcas. Deberías ir a Vladivostok.

—Lo haré y llevaré a Yuuri. ¿Ya te cae bien de nuevo?

—Sí, en realidad me siento culpable por todo lo que le dije.

—Ya luego te disculparás con él. Mejor dime ¿Cuándo es la boda?

—No le hemos puesto fecha, es que recién se lo pedí antes de venirme a San Petersburgo.

—Oh... lo siento.

—No, ya quería verte —se incorporó un poco hasta sentarse hombro con hombro—. No has cambiado mucho —miró su rostro, como inspeccionándolo—. Claro, si omitimos el hecho de que tus ojeras son inmensas, de que estás flacucho y uhmm ¿Tu calva creció?

—¡¿Qué?! —se llevó ambas manos a la cabeza, espantado—. No es calva, mi frente es algo amplia, sólo eso.

—Ya ni nuestro padre tiene esa calva —rio, pero todo ambiente agradable se escapó ante la mención de ese individuo.

—¿Lo has visto? —preguntó con voz grave y una seriedad de miedo.

—Sí, cuando recién llegué a la ciudad hace mes y medio, me lo topé en una cafetería cerca de aquí.

—¿Qué te dijo?

—Se enteró de tu accidente y dijo: "Dile que se mejore pronto"

El mayor apretó los puños, conteniendo un odio indescriptible.

—Vitya, tranquilo, no le des importancia —puso una mano sobre su hombro, acariciando éste con el pulgar. Aleksi sabía mejor que nadie que su hermano tenía un corazón tan bondadoso que era capaz de perdonar a cualquiera sin importar la gravedad del asunto, pero sabía también que no había nadie en el mundo a quien odiara más que a su padre, aquel ser horrible que los trató tan mal después de que su madre muriera, en especial a Viktor.

—Es que no puedo soportarlo, no quiero ni imaginarme lo que sucederá el día en que me lo encuentre.

—Por eso te dije que debíamos irnos lejos de San Petersburgo, irnos y no regresar. Él vive muy cerca de tu departamento, no entiendo cómo es que no te has salido de ahí.

—Mamá está aquí.

—No, no es mamá, sólo es una tumba con sus restos, ella no está más ahí. Ven a vivir conmigo, mira, incluso te queda más cerca de Japón, está a sólo un par de horas. ¿Qué dices? —sonrió, emocionado.

—Lo pensaré.

—No lo harás —no se daba cuenta, pero estaba haciendo un puchero muy gracioso.

—Sí lo haré —rio mientras acomodaba el cabello negro de su hermano. Traía un corte muy similar al que él usó por tantos años. Esto le hizo pensar... ¿Qué habrá sentido Yuuri al ver a Aleksi por primera vez? Es decir, ambos están idénticos a excepción por el color de cabello y el leve cambio en la tonalidad de los ojos. No pudo contener una sonrisilla traviesa ¿Lo habría confundido? Quién sabe, después de todo pasarían por gemelos, bueno, si Aleksi no fuera también más alto que él. Era toda una tristeza que su hermano cuatro años menor fuera más alto y fuerte que él, era casi un insulto, pero qué se le iba a hacer, Aleksi creció mucho.

—Tu cabello es un desastre.

—Todavía no me acostumbro a tenerlo largo de nuevo.

—Pero si lo tuviste largo desde que comenzaste la adolescencia.

El otro sólo se encogió de hombros y sonrió al ver que su hermano tomaba un mechón de cabello plateado y comenzaba a hacer trencitas en él. Era una costumbre que no había perdido a pesar de los años.

—Y dime ¿Dónde te estás quedando?

—En tu departamento.

—¡¿En serio?! Pero si era todo un caos antes de que sufriera el accidente.

—Lo sé, tuve que limpiar mucho —lo miró y sonrió—. De nada.

Viktor rio con nerviosismo.

—¿Te vas a ir muy pronto?

Aleksi dejó de trenzar su cabello y lo miró a los ojos, ambos se pusieron serios unos momentos. El menor esbozó una sonrisilla al ver la carita triste y chantajista que puso Viktor.

—Ya, está bien, me quedaré un poco más después de que salgas del hospital.

El otro le respondió con un fuertísimo abrazo que Aleksi correspondió entre risas. Se separaron y el pelinegro siguió trenzando el cabello plateado, pensando en cómo se le vería a él el cabello largo. No, de inmediato desechó esa idea, su hermano era la diva de la familia, de alguna u otra forma siempre lo fue, quizás por eso no le extrañó tanto que terminara de pareja con un chico.

—¿Sabes? —dijo de pronto el mayor—. Tienes cierto parecido con Yuuri.

—¡¿Yo?! —rio un poco—. Claro que no.

—Sí, mira: en la edad eres mayor que él por sólo un mes y medio más o menos, ambos tienen el cabello del mismo color... —fue interrumpido por la risa del otro.

—Viktor ¿Sabes cuánta gente en el mundo tiene el pelo negro? —se burló.

—Shh, déjame terminar. Los dos son muy frágiles emocionalmente y lo más divertido de todo es que tienen la misma facilidad para engordar —pellizcó la barriga de su hermanito menor—. ¿Eh? —parpadeó confundido al no encontrar nada. El otro rio con diversión.

—Las cosas cambian.

—No lo creo —entornó los ojos—. ¿Cuántas horas vas al gimnasio?

—Oh, cállate.

Ambos se rieron ampliamente por un buen rato hasta que el tema de conversación continuó, hablaban largo y tendido sobre cosas triviales. El tiempo se les pasó volando. Aleksi terminó de trenzar todo el cabello del lado izquierdo de su hermano y bostezó con sueño mientras platicaban sobre algo sin sentido. Poco a poco el menor se fue recargando más contra su hermano. El sueño lo estaba venciendo, llegó a un punto en el que ya no escuchaba lo que le decían, sus párpados pesaban y los ojos ya se le iban hacia atrás.

—Y es por eso que el pan es bueno en la dieta de todo ser humano, en especial cuando te haces un sándwich de carne de zombie, es lo mejor ¿verdad?

—Uhm... sí.

—No me estás poniendo atención, Aleksi Dimitri Nikiforov —aguantó la risa al ver que ya ni siquiera abría los ojos. Estaba acomodado en el espacio entre su brazo y su tórax.

—Sí... —se relajó entre los brazos de su hermano, sintiendo cómo acariciaba su cuero cabelludo, tal como cuando eran unos niños indefensos. Eso lo hizo caer rendido.

Viktor soltó un suspiro lleno de comodidad. Si el psiquiatra lo viera en estos momentos le diagnosticaría locura severa, esquizofrenia o cualquier padecimiento mental de los más extraños y difíciles de curar. Y es que de un día a otro pasó de una depresión profunda a la alegría. ¿Cómo fue esto? Fácil: saber que Yuuri lo seguía amando, saber que estuvo cuidando de él todo ese mes ¡El simple hecho de ver esas fotos y videos hacían que su corazón latiera con fuerza y que sus ganas de vivir regresaran! Definitivamente eso fue como una inyección de vida a su sistema.

Bajó la mirada hasta toparse con el rostro durmiente de su querido hermano, en verdad lo amaba mucho, era su única familia y alguien muy importante para él. Lo había cuidado desde pequeños, pues su padre se desentendió de ambos desde el momento en que murió su madre. Yakov estuvo al pendiente de ambos, pero Dimitri Nikiforov no le permitía acercarse mucho debido a que ÉL era el padre. Desde el fallecimiento de su esposa se volvió un hombre frío e insensible y despreciaba a su hijo mayor por tener un increíble parecido con el físico de su madre, lo que le hacía recordarla día tras día.

Habían vivido muchas cosas los dos juntos, habían superado dolores muy grandes en la vida. Viktor lo protegió todo el tiempo y cuando empezó a ganar dinero gracias al patinaje, intentó irse de casa por segunda vez, lo cual fue inútil, pues no quería irse sin su hermano, así que decidió quedarse a vivir un infierno en esa casa sólo por no dejar sólo a su hermanito. Debía esperar a que fuera mayor de edad para poder sacarlo de casa y vivir juntos, pero ese tiempo nunca llegó, pues Dimitri mandó a su hijo menor a un internado lejos de casa. Pasaron demasiados años separados y ahora tenían la oportunidad de recuperar todo ese tiempo perdido.

Muy pronto él también cayó rendido al sueño. El sonido de la lluvia golpeando contra la ventana era su nana para dormir, siempre ese sonido lo relajaba en medidas inexplicables. Así los hermanos Nikiforov disfrutaron de una merecida siesta.

Aleksi despertó cuando escuchó una risa cantarina retumbar contra su oído. Abrió los ojos para hallarse a sí mismo con la cabeza recargada contra el pecho de su hermano, en el costado de éste, por eso su risa se escuchó retumbante y grave. No entendía la gracia, así que se talló un ojo y enfocó mejor su mirada, sólo para toparse con cinco pares de ojos fijos en él y en su hermano.

Yakov, Lilia, Yuri, Otabek e Irina los miraban con diversión.

—Como en los viejos tiempos —se burló Yakov—. Pero Aleksi, hombre, ya estás grandecito como para dormir abrazado a tu hermano.

El aludido se sonrojó hasta las orejas, casi le salía humo por éstas. Dio un brinco tan súpitamente que terminó en el frío suelo, haciendo que el resto se riera. Ninguno nunca lo había visto tan avergonzado como ahora.

—¿Y qué demonios le pasó a tu cabello, viejo?

El aludido mostró una linda sonrisa, humanamente imposible, con forma de corazón.

—Aleksi me peinó.

Yakov bufó.

—Parecen un par de hermanitas —se burló el mayor.

—¡Oye! —Aleksi se puso de pie y lo encaró, pero se sonrojó aún más cuando todos volvieron a reír.

—Arreglaron sus diferencias, me alegra ver eso —agregó Irina con una sonrisa nostálgica. Sabía lo mucho que esos hermanos se amaban.

El clima del día contrastaba mucho con los ánimos que había dentro de esa habitación de hospital. Por primera vez en mucho tiempo las cosas iban aparentemente bien.

Esa noche Viktor mandó a todos a descansar sus casas, no permitió que se quedaran a cuidarlo por más tiempo. Su médico le dijo que saldría en un par de días, ya estaba muy bien, podía caminar, que era lo más importante, además de que ya no quería ser una carga. Intentó dormir después de que todos se fueron a descansar, pero le fue imposible, no dejaba de pensar en Yuuri. Ese día lo había visto en muchas partes, en la televisión, en fotos, en videos, y no podía sacárselo de la mente, y tampoco era como si quisiera hacerlo. Le encantaba cómo se veía, más seguro de sí mismo, más maduro y su cuerpo... dios, se veía tan bien físicamente. Sin mencionar que se había dejado crecer un poco el cabello ¡Eso lo volvió loco!

Durante esos pocos días que le restaban de estadía en el hospital, caminó todo lo que sus músculos le permitieron. Se fue recuperando muy rápido, después de todo estuvo sedado un mes, su cuerpo tuvo el tiempo necesario para sanar, ahora sólo le quedaba acostumbrarlo al movimiento nuevamente. Su espalda seguía doliendo cuando se esforzaba de más, eso lo frustró un poco e incrementó el odio hacia su padre, pero no se dio por vencido, tenía un objetivo fijo en mente.

Cuando salió del hospital fue bajo la estricta condición de que estaría en cama un par de días más antes de que intentara seguir con su rutina diaria. Aleksi prometió tenerlo bajo vigilancia las veinticuatro horas del día.

—Al fin en casa —soltó un largo y pesado suspiro al verse de nuevo en su entorno natural.

—Ahora a la cama —afirmó el agarre en la cintura de su hermano mayor y lo hizo pasar de nuevo el brazo por sus hombros para darle mejor apoyo. Se había ofrecido a cargarlo, pero el otro se negó rotundamente.

—No, estoy fastidiado de la cama —refunfuñó al ver que lo dirigía a su cuarto.

—Bueno, al sillón.

—¿Por qué no cocinamos algo?

—No te dejaré acercarte a la cocina, conozco tus antecedentes.

—Pero Irina me enseñó a cocinar un poco.

—No me interesa, no pondrás un pie ahí, quiero seguir vivo.

—Dramático.

—¿Y de quién lo aprendí?

—Me siento orgulloso de ello.

En ese momento tocaron la puerta. Aleksi dejó a su hermano en el sofá y fue a abrir, sólo para ser tumbado al piso por un enorme caniche, quien se mantuvo mirándolo fijamente unos segundos antes de darse cuenta de que no se trataba de su amo, luego ingresó al departamento en busca de Vitya y a penas lo encontró, se le echó encima en el sillón. Viktor lo recibió gustoso y hasta se le asomaron un par de lágrimas llenas de sentimiento. Había extrañado mucho a su mascota y al parecer el can hizo lo mismo.

—Había estado muy triste, hasta ahora —dijo Irina mientras le tendía una mano a Aleksi para que se levantara.

—No pensé que fueras a aceptar esa entrevista.

—Y no debí hacerlo —suspiró—. Me arrepentí luego de escuchar la primera pregunta, pero Minako-sensei dijo que sería buena idea para informar al mundo que volvería a patinar. Aunque ahora que lo pienso... dudo lograrlo. Mira la fecha que es y aún no me opero, no puedo seguir sin entrenar —espetó con frustración.

—Pero el doctor volverá a principios de mayo ¿O no?

—Sí...

—Y no puedes echarte para atrás, ya diseñamos tus coreografías ¡Ambas! Y la música que elegiste es hermosa, aunque sigo pensando que debiste de haber elegido algunas de las que tú mismo compusiste.

Yuuri soltó una risa seca.

—Esas canciones nunca llegarán a oídos de nadie.

—¿Por qué no? Anda, muéstramelas.

—No puedo —su mirada se entristeció tanto que el otro no se animó a hacerle ninguna pregunta más. Permanecieron en silencio por unos momentos, escuchando la música de fondo y sintiendo el fresco del lugar.

—Yuuri-kun ¿Qué te pasa? —se atrevió a ponerle una mano en el hombro, el pelinegro se estremeció ante el contacto.

—Nada —permaneció inclinado hacia delante, apoyándose con sus brazos en la barra, mirando a la gente patinar en el Ice Castle.

—¿Estás pensando en Victoria? ¿En... en tu hija?

—Minami —suspiró—. No quiero hablar de ello —dejó de apoyarse en la barra que separaba la pista del resto del lugar y miró a su amigo, arrepintiéndose de haber sido rudo con él—. Lo siento, sé que también te dolió su muerte —apretó los puños—. Dejemos ese tema por la paz y ve a practicar. Aprovecha que tú sí puedes hacerlo.

El aludido sólo asintió y se metió a la pista, sintiéndose un poco mal por traerle tristes recuerdos. Y sin dejar de pensar en ello llevó a cabo su rutina, alcanzando casi la perfección. Yuuri lo miró en todo momento con sus enormes lentes de aumento y no pudo más que sorprenderse. Aún tenía ciertos aspectos qué mejorar, pero había logrado superarse a sí mismo en ese tiempo en el que ambos habían estado practicando. Debido a que Katsuki no podía practicar por indicaciones del médico, se dedicó a instruir a su amigo, a ver su rutina y corregirle los fallos que notaba. A cambio, Minami se ofrecía a interpretar la secuencia de pasos que Yuuri diseñó para su propio programa, así el mayor podía darse una idea de cómo se vería su propia rutina. En pocas palabras, Minami fue su modelo de pasos.

—¡Yuuri-kun! —se deslizó apresurado a la orilla, justo donde estaba el pelinegro—. ¡¿Cómo lo hice?! —preguntó animado y con la respiración agitada por el esfuerzo.

—Estuviste increíble —esbozó media sonrisa, pero eso fue suficiente para que el rubio se exaltara y brincara de emoción.

—Pero no tanto como lo estarás tú. En cambio yo... aún no sé si debo participar en el GP de este año.

—¿Qué? ¿Por qué no?

—Mi entrenadora se va a tomar un descanso por su embarazo y me refirió con un amigo suyo, pero —frunció los labios—. No me gusta, ni siquiera me corrige. Siempre me dice "Está bien" ¡Aun cuando me equivoco! —se exaltó un poco, estaba enojado.

—¿Y por qué no eliges a alguien más?

—Buena idea —sólo estaba esperando a que le dijera eso—. ¿Puedes ser mi entrenador?

—¡¿Qué?! N-no, Minami, yo no sé ser entrenador.

—Tú hiciste que lograra hacer mi rutina casi a la perfección, no me digas que no eres buen entrenador —se llevó ambas manos a las caderas y lo miró con una sonrisilla traviesa.

—Minami, no sé si...

—¡Sí es una buena idea!

—Pero también voy a participar, no puedo hacer las dos cosas al mismo tiempo.

—No hay ninguna regla que lo impida —sacó su móvil y le mostró el reglamento que se había descargado.

—Espera, ahora que lo pienso... ni siquiera sé si yo pueda participar.

—Oh vamos, ya te dije que te recuperarás rápido luego de la cirugía y...

—No, no es eso. Minami, ni si quiera tengo entrenador.

—Oh... tienes razón —se llevó una mano al mentón—. ¡Dile a Minako-sensei!

—Pero ella es...

—¡No importa! Ella puede serlo.

Se tumbó en la cama luego de pasar toda la mañana entrenando con Minami. Extrañaba el hielo, patinar, hacer ejercicio, moverse. En esas condiciones no hacía nada de nada y ya se estaba desesperando mucho. Faltaba un par de semanas para que el médico llegara y lo operara, pero se le hacía eterno. Las competencias para el Grand Prix no tardarían en comenzar, pues muy pronto harían las asignaciones, bueno, aún faltaban meses, pero Yuuri ya lo sentía muy cerca. Mientras tanto, tenía que ocupar su mente en otra cosa, algo que no requiriera mucho de su vista.

Agradecía al cielo que durante la entrevista no se dieran cuenta de su casi ceguera. Fue difícil disimularlo. Tuvo que ponerse sus gruesos lentes con mucho aumento, afortunadamente no le preguntaron por ellos.

Soltó un pesado suspiro y se giró hasta quedar de costado, con la cara hacia la pared. Hacía calor a pesar de que la primavera recién había comenzado. Afuera el clima era agradable a excepción del intenso sol, pero fuera de eso el día estaba muy lindo, el aire mecía las copas de los árboles de cerezo, causando una lluvia de pétalos rosas. Yuuri no soportaba ver aquello, le recordaba demasiado a la noche romántica que Viktor había preparado con mucho esmero para los dos. Lo recordaba y su corazón dolía.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el suave vaivén del colgante musical afuera de su ventana. Se mecía suavemente, creando sonidos agradables, relajantes y muy suaves.

Entonces sus ojos se abrieron más grandes de lo normal. Se incorporó de un salto de la cama, abrió su armario y buscó un estuche muy largo, de ahí sacó su amado teclado. No lo pensó dos veces antes de instalarlo y conectarlo a la corriente, notando con felicidad que funcionaba a la perfección a pesar de los años que tenía de no usarlo. Posó las yemas de sus dedos sobre las teclas y sintió un agradable calor recorrerle todo el cuerpo. Cuando tocó el primer acorde que se le vino a la mente sintió un estremecimiento de pies a cabeza. Vaya, cuánto había extrañado tocar el piano, ya había olvidado las múltiples sensaciones y emociones que le provocaba. Decidió no pensar en nada, se dejó llevar por sus instintos y así sus dedos bailaron a un compás suave y armónico, formando una melodía cargada de emociones.

El tiempo se fue volando, sin darse cuenta ya era de noche, tampoco se había percatado de que su familia se había quedado un rato en el pasillo, escuchándolo tocar. Felices de que retomara su gusto por el piano. Mari permaneció ahí, dejando sus obligaciones en el onsen para después. Por el momento sólo le importaba sentarse y escuchar a su hermano. No se lo había dicho nunca, pero amaba escucharlo crear música, justo como en esos momentos. Se quedó ahí por más de dos horas, sentada en el corredor, con su espalda recargada contra la puerta de su hermano, disfrutando y fumándose un cigarrillo.

Yuuri permaneció tocando sin parar hasta entrada la madrugada. Había tenido un momento de inspiración que no dejó pasar. Su familia pareció notarlo al escuchar que no dejó de tocar en toda la tarde y noche, así que no lo interrumpieron. Estaba amaneciendo cuando el pelinegro suspiró satisfecho.

En el piso, alrededor de él, había un montón de hojas tiradas, algunas rotas, otras hechas bolas y la mayoría de ellas completamente rayadas. Frente a él, sobre el atril, se encontraban las buenas y definitivas, las partituras resultantes de la súpita inspiración que lo invadió. Sonrió con satisfacción y se pasó el brazo por la frente, quitándose el sudor que ya la adornaba. Se había concentrado tanto en eso que ni siquiera se molestó en encender el abanico o abrir ventanas. Estiró sus dedos y sin importar la hora tocó por última vez su hermosa obra recién salida del horno, había encendido un micrófono especial que tenía para esos casos y grabó la canción. La interpretó con un sentimiento profundo, con la intensidad únicamente comparable con su amor hacia Viktor. Sí, él había sido el causante de esa canción. Yuuri se había reencontrado con su escape emocional, pues no sólo lo era el hielo, ya le había quedado claro. En esa melodía había demasiados sentimientos, describía a la perfección su sentir.

A pesar de la hora que era, encendió su laptop y editó un poco la grabación. Enseguida entró a una cuenta anónima que tenía en YouTube y subió el audio. Cuando terminó se fue a acostar con una sonrisa satisfecha adornando sus labios. Esa canción era tan especial que quiso compartirla con el mundo, sin que supieran quién era el autor, simplemente creyó que unos sentimientos así no deberían de ser guardados para uno mismo, debían expresarse y ser compartidos.

La canción se llamó "Grand Valse Brillante" y en la descripción puso: "Añoranza, desesperación por alcanzar lo que más anhelas y la frustración de no lograrlo. De pronto encuentras una manera y estás muy cerca, casi puedes tocarlo con las puntas de tus dedos, pero de nuevo se aleja, se va lejos y no puedes alcanzarlo. El amor se va, dejándote solo e indefenso. Vagas por el mundo, buscando una salida, tratando de encontrar sentido a la vida, hasta que de nuevo el destino te presenta al amor y está más cerca que nunca. Corres, corres desesperadamente tratando de alcanzarlo, pero tropiezas. No importa, te levantas y sigues tras él, hasta que finalmente tus dedos hacen contacto con él. En esta ocasión el amor no se va, se queda contigo y tú dejas de perseguirlo porque estás seguro de que permanecerá a tu lado. Entrelazas tus dedos con los de él y ahora caminan juntos hacia adelante. La vida es bella nuevamente, hay color alrededor; todo tiene un sabor diferente, más agradable, más cálido, más intenso." Sus dedos lo habían escrito sin parar, como si tuvieran vida propia, tal como le sucedió al componerla.

Nunca imaginó que su creación se haría tan famosa en pocas horas. Cuando se levantó a la mañana siguiente, refunfuñó malhumorado al notar que su vista había disminuido considerablemente, quizás por todas las emociones que experimentó ayer al componer, por el esfuerzo que hizo con las partituras, o quizás por haberse desvelado tanto. En fin, tomó sus ya casi inútiles anteojos y miró aquello que lo despertó. Era su celular, sonando con insistencia una y otra vez. No era una llamada ni mensajes, eran cientos y cientos de notificaciones de su cuenta anónima de YouTube. El video que subió anoche tenía ya más de cincuenta mil visitas (Muchísimo para tratarse de unas horas) y cientos de comentarios donde la gente lo felicitaba por tan bella canción y otros preguntándole por el compositor de ésta. Yuuri se limitó a leerlos y no responder ninguno, bastaba con haberla compartido, sólo eso.

Los dos estaban desayunando tranquilamente en la cama, ambos enfundados en sus más cómodas pijamas, con el cabello muy revuelto y un cómodo Makkachin abarracando gran parte del colchón para él solito. Ambos hermanos veían televisión mientras comían cereal con leche, como en los viejos tiempos.

Esa bella atmósfera se vio interrumpida por el timbre del departamento. Aleksi se incorporó para ir a abrir, pero nunca esperó toparse con ese desconocido frente a él. Un hombre demasiado apuesto, quien lo miró de arriba abajo y con emoción gritó:

—¡Viktor! —exclamó con un acento francés un poco marcado—. ¡¿Desde cuándo te pintaste el cabello de color negro?! Te va bien, te quita al menos unos cinco años de edad. ¡Vaya! Creciste mucho, estás más alto que yo —lo miró de más cerca, intimidándolo un poco—. Espera... tú no eres Viktor.

El aludido empezó a tener un tic en la ceja derecha.

—Es mi hermanito —dijo una cabeza asomándose desde el pasillo donde estaban las habitaciones—. ¡Christophe! —se emocionó mucho al verlo ahí.

—Ya entiendo por qué se ve más joven —miró al pelinegro con una sonrisa pícara—. Vaya, sí que se parecen mucho —le pellizcó una mejilla y se adentró al departamento—. ¿Puedo entrar?

—Ya estás adentro —se burló el ruso mayor, pero muy gustoso por su visita—. Vamos, toma asiento, estás en tu casa.

Aleksi se quedó parado donde estaba, aterrorizado por la manera en que lo miró el rubio. ¿A caso todos los amigos de su hermano eran así de raritos?

—Viktor, deberías de estar acostado —le regañó su hermano, cerrando la puerta principal y caminando hacia él para ayudarle a caminar, sorprendiéndose al ver que realmente no ocupaba mucha ayuda.

—Y antes me regañabas porque no quería levantarme ¿Quién te entiende? —refunfuñó y el suizo soltó una sonora carcajada.

—En verdad estoy sorprendido. Me dijiste que tenías un hermano, pero nunca imaginé que se parecieran tanto, es como verte discutir contigo mismo, pero en otros colores.

—¿Verdad que sí? —preguntó, orgulloso y con una gran sonrisa en forma de corazón.

—Aunque, déjame decirte que te ves muy desmejorado. Supe que tuviste un accidente, pero nunca imaginé que te afectara tanto. Mírate, estás en los huesos.

—No es para tanto —se incomodó.

—¡Es lo que yo le digo! —exclamó Aleksi—. Tiene que comer más.

—Estoy comiendo —refunfuñó.

—No lo suficiente.

Chris miraba la discusión en silencio, analizando a su mejor amigo. Sí, estaba muy cambiado, para empezar se había dejado crecer el cabello nuevamente, y se vería igual de apuesto que antes si no estuviera tan delgado y demacrado. Finalmente se sentaron en la sala y luego de que el suizo sacara un par de cosas de su maleta, como por ejemplo una caja de chocolates exquisitos traídos desde la ciudad natal del rubio y un par de botellas de Kirsch, ese licor de cereza que a Viktor tanto le gustaba y que sólo conseguía en Suiza o Alemania.

—Amazing! —se emocionó y tomó ambas botellas con adoración, casi le salían lagrimitas de felicidad.

—Sabía que te gustarían. Eres todo un alcohólico.

—¿Es Kirsch? —preguntó Aleksi con curiosidad, y cuando Viktor asintió enérgicamente se las arrebató con brusquedad—. Esto quedará confiscado bajo llave por algún tiempo —lo miró de mala manera y se fue de ahí, dejándolos solos unos momentos antes de volver con un par de tazas de café. Enseguida se despidió cortésmente del invitado y se fue a bañar porque tenía que salir a hacer unas vueltas además de sacar a pasear al can.

—¿No puedes beber? —preguntó Chris con media sonrisa antes de darle un sorbo a su café.

—No es eso —suspiró—. El año pasado tuve un incidente con el alcohol.

—No me digas que te volviste alcohólico de verdad —preguntó entre risas, pero dejó de hacerlo al ver cómo su amigo asentía seriamente—. Oh, vaya. Bueno, puedes comerte los chocolates, al menos te harán engordar.

Viktor rio.

—Gracias —miró a su amigo y le sonrió con sinceridad, lo había extrañado bastante y hasta ahora se daba cuenta de ello.

—Quise venir antes —murmuró levemente luego de un rato, ya casi se terminaba su taza de té—. Pero no podía deslindarme de mis nuevas responsabilidades.

—¿Responsabilidades? ¿Tú? —se burló un poco. Chris se llevó una mano al pecho, ofendido.

—Para que lo sepas, me acabo de retirar del patinaje, este año haré mi aparición estelar como entrenador.

El ruso escupió todo el café sobre la mesita del centro y enseguida se carcajeó a lo grande. Esto no le causó mucha gracia a su amigo.

—¡¿Entrenador?! —rio—. Sólo lograrás pervertir a tus alumnos —se limpió una lagrimita escurridiza debido a la risa.

—¡Oye! —se ofendió y se cruzó de brazos—. Al menos tengo una idea de cómo ser entrenador, en cambio tú... —calló abruptamente al notar que comenzaba a pisar un terreno inestable y peligroso, pues el ruso dejó de reír al instante y su semblante se ensombreció un tanto.

—Lo siento —sonrió un poco—. Sólo estaba bromeando, me tomó por sorpresa lo de tu retiro, no creí que lo hicieras tan pronto —el aludido se encogió de hombros.

—¿Y cómo estás?

—¿Eh? ¿A qué viene esa pregunta?

El suizo lo miró fijamente, no era necesario que se lo repitiera. Viktor suspiró pesadamente.

—Bien, eso creo. Trato de recuperarme tanto física como emocionalmente.

—Viste a Yuuri en televisión —no fue una pregunta.

—Sí ¿Tú también? —se le iluminaron los ojos—. Está tan cambiado, se ve muy... Muy...

—Ey, tranquilo, no quiero que te vengas sólo de imaginártelo.

El aludido se sonrojó hasta las orejas por el comentario y contraatacó de inmediato.

—¡El de las venidas eres tú! No digas estupideces.

Soltaron una carcajada que se pudo escuchar casi en todo el edificio. A partir de ese momento Viktor no paró de hablar sobre su amado. Yuuri esto, Yuuri aquello. Chris se limitó a escucharlo palabra por palabra, riendo de vez en vez al ver cómo su amigo seguía loco por Katsuki.

—Veo que tu embobamiento por él permanece intacto.

—Y me temo que con él sea diferente. Sé que aún siente algo por mí, pero lo he notado raro, siento que... siento que hay algo más, no es el mismo Yuuri de antes, además, está su tema para este año: "Fortaleza" ¿Por qué eligió eso? Es decir, Yuuri no elige sus temas a la ligera, siempre lo hace según sus sentimientos.

—Tienes razón —se quedó pensativo unos momentos.

—Eso me hace pensar cosas muy feas —bajó la mirada, observando fijamente la taza de café entre sus manos y sintiendo cómo un mechón de su largo cabello se desacomodaba hasta colgar frente a su rostro—. Seguro pasó por un proceso muy largo de recuperación. No debió ser fácil, mucho menos que su rehabilitadora muriera. Ha de estar pasándola verdaderamente mal. Me hubiera gustado estar a su lado durante todo ese tiempo, pero... quizás no habría evolucionado tan bien como lo hizo, creo que estar alejado de mí le hizo bien.

—Hey, no te deprimas —abandonó el sillón individual en el que estaba y se sentó ahora junto a Viktor, poniendo una mano sobre las suyas. En ese momento se percató de algo muy curioso, su amigo no era de usar brazaletes ni pulseras de ese tipo tan corriente y simple—. ¿Y esa cosa?

El aludido miró lo que señalaba y se le formó un nudo en la garganta. Entonces procedió a explicarle muchas cosas. Le abrió su corazón a su mejor amigo y sacó todo lo que tenía acumulado dentro. Le habló de todo, absolutamente todo, incluso de su incidente con el Valium. Chris era su amigo, podía ayudarlo a salir adelante. El suizo se sorprendió bastante, pero lo comprendió y le dio todo su apoyo incondicional.

—Eres el tipo más cursi que he conocido —se burló.

Viktor se limpió una lágrima mientras sonreía. Desahogarse así ayudaba bastante.

—Y dime ¿Cuál es tu plan de reconquista?

—¿Eh?

—Si quieres que te ayude tienes que decírmelo.

El ruso sonrió ampliamente y más lágrimas se amontonaron en sus orbes azules.

Llegó al departamento de Viktor en un par de minutos, sólo tomó el elevador hacia el piso de arriba, tocó el timbre y esperó a que le abriera, pero ese momento tardó mucho en llegar, tanto que comenzó a preocuparse.

—¿Viktor? —llamó en voz alta, enseguida escuchó ruido detrás de la puerta y se extrañó aún más—. Vik... —no terminó de pronunciar su nombre, pues éste le abrió la puerta—. ¿Qué te pasó? —se asombró mucho al verlo agitado y sudando.

—Hola Irina —saludó con una sonrisa demasiado forzada y fingida—. ¿Qué necesitas?

—¿Qué hacías? —lo miró raro.

—Nada —sonrió.

—Estás sudando.

—Hace calor.

—Mentiroso. ¿Qué demonios hacías?

—¡Nada!

—Vine a ver como estabas y a invitarte un té en mi casa, pero creo que volveré después y...

—Si quieres pasa —la invitó al recordar que tenía una charla pendiente con ella—. Sólo me ducharé rápidamente mientras el agua se calienta y tomaremos té juntos ¿Te parece?

—Uhmm, sí —entró, no muy convencida. Ella caminó hacia la sala mientras que el ruso se dirigió al baño con prisa. En todo momento no le despegó la vista de encima, sorprendiéndose al notar cómo caminaba sin ningún problema, como si jamás se hubiera lesionado la cadera y la columna con tal gravedad. Claro, había que considerar que estuvo un mes inconsciente para que la recuperación fuese total, pero eso no le quitaba lo sorprendente al asunto.

Cuando Viktor volvió, Irina sonrió traviesamente al ver que ni siquiera se había secado el cabello, pues de éste escurrían chorros de agua, y su cuerpo seguía mojado, se le notaba por encima de la ropa.

—Tonto, vas a pescar un resfriado —le quitó la toalla que traía en mano y comenzó a secar su cabello después de sentarlo en el sillón.

—¡Oye! No tienes que ser tan ruda —se quejó cuando ésta se lo secaba con fuerza, sin darse cuenta.

—Oh, lo siento —rio con diversión.

—Quiero hablar contigo de algo importante.

—Dime.

—¿Por qué no me dijiste que la chica que patinaba con Yuuri en el video era tu prima Victoria?

—Porque al igual que tú, yo no la reconocí —respondió al instante. Respuesta muy válida y certera.

—¿En serio?

—Sí —rio un poco—. Cuando fui a visitarla me sorprendí por su cambio.

—¿Cuándo la visitaste? —se sorprendió.

—Poco después de que te sedaran. Ella me llamó pidiendo ayuda —suspiró—. Nunca imaginé que me necesitaría para sobrellevar su embarazo.

Demonios. Habló de más.

—¡¿Estaba embarazada?! Pero... ella nunca se casó ¿Cierto? —se giró para ver la expresión de Irina a sus espaldas. La pobre estaba pálida.

—Ella... no, no estaba casada.

—¿Y su novio? ¿Nunca le dijo?

—No tenía novio. Ella... —no sabía cómo decirlo sin que sonara sospechoso—... ella se acostó con el chico al que amaba y terminó embarazada, pero no se lo dijo porque ese chico ya amaba a alguien más.

—¿Y el bebé?

—Murió.

—Oh por Dios. El chico debería de saber que perdió a un hijo.

—¿Para qué? Sólo le traería dolor y sufrimiento, es mejor que no lo sepa, total, ya no hay forma de remediar ese hecho.

—No, pero era el padre, tiene todo el derecho de saberlo.

—Sí lo sabe —soltó en un suspiro—. Pero sigo creyendo que hubiese sido mejor que no lo supiera, quizás le afectó de más.

—Qué bueno que lo supo. Eso era lo correcto.

La pelirroja palideció ante esas palabras. Se mantuvo en silencio por un buen rato mientras terminaba de secar el cabello platinado hasta que algo se le vino a la mente para romper esa atmósfera incómoda.

—¿Dónde está Aleksi?

—Sacó a pasear a Makkachin. El pobre quiere salir a diario, imagino que estuvo encerrado mucho tiempo.

—Sí, pobre Makkachin.

—No, me refiero a mi hermano.

Ambos rieron y la conversación se tornó un poco más amena.

—Ya llegué —le quitó la correa a Makkachin y la puso en el colgante de llaves. El can corrió como desquiciado rumbo al cuarto de su amo y se subió a la cama, acostándose a su lado—. ¿Viktor? —preguntó en voz baja al asomarse a la recámara. Soltó una risilla traviesa cuando vio a su hermano derretido cómodamente entre el tumulto de cobijas y mantas de la enorme cama. El leve ronquidito que emitía era prueba suficiente de que estaba durmiendo. Viktor no era de los que solían tomar siestas vespertinas, por eso Aleksi se extrañó un poco, pero no le quedó de otra más que rodar los ojos y murmurar un leve "Viejos".

Se fue directo a la lavandería y aprovechó para meter una carga de ropa a la lavadora. Se extrañó al ver que había ropa deportiva usada, ropa deportiva de su hermano. No entendió el motivo y tampoco le dio mucha importancia.

A finales de abril, Aleksi se despidió de todos y regresó a casa, no sin antes disculparse nuevamente por las mentiras que dijo. Prometió volver muy pronto y permanecer en contacto diario con ellos, en especial con Viktor. Le pidió que le avisara cualquier noticia que tuviera sobre Yuuri, pero no se atrevió a decir que, de ser necesario, viajaría rumbo a Japón en busca de Katsuki sólo para hacerlo entrar en razón y que volviera a ver a su hermano.

Era un hecho: los hermanos Nikiforov no volverían a separarse por mucho tiempo. Además, Aleksi quería presentarle a su prometida.

Se miró al espejo una vez más, indeciso sobre si debía usar corbata o no. Traía puesto un elegante traje de gala, pero se le hacía demasiado formal para una graduación de preparatoria. Sabía que era importante y blah blah blah. Su abuelo estaba muy emocionado por ello debido a que terminó antes de lo esperado a pesar de haberse atrasado un poco, y ahora sería todo un universitario, por eso la graduación era muy importante para el señor Nikolai, pero Yurio no pensaba lo mismo. Nunca le gustaron los eventos sociales, mucho menos los bailes de graduación, en el de secundaria fue solo y se aburrió horrores.

De pronto su teléfono vibró, lo desbloqueó y leyó el mensaje de Otabek:

"Mira por tu ventana"

El rubio alzó una ceja sin entender del todo. Abrió su ventana y...

—¿¡Qué?!

Afuera en la acera estaba su novio montado en su motocicleta, esa que le traía buenos recuerdos.

—¿Estás listo? Ya sal.

—¡Ahora bajo! —cerró la ventana, tomó su celular y se miró una última vez al espejo de cuerpo completo. Sonrió al verse satisfecho con la hora entera que pasó recogiendo su cabello. Lo había atado en una simple coleta, pero se había esmerado mucho en que diera un aspecto desenfadado y simple. Desechó la idea de ponerse corbata y salió así, con su traje negro y camisa impecablemente blanca y unos zapatos negros de vestir muy a la moda.

El abuelo Nikolai ya se había adelantado al evento a sabiendas de que el novio de su nieto se encargaría de llevarlo más tarde.

A penas puso un pie fuera de casa, sintió la penetrante mirada de Otabek sobre él. El kazajo lo miraba de arriba abajo sin disimulo y eso hizo que el rubio no pudiera contener una leve sonrisilla de satisfacción.

—Yura.

—¿Sí? —preguntó al llegar a su lado.

—Te ves increíble —dijo con un tono serio como de costumbre, pero sus palabras fueron acompañadas por un lindo sonrojo. Eso fue suficiente para que el corazón del ruso diera un vuelco de emoción. Se emocionó más al verlo con detenimiento y notar lo apuesto que él también iba, demasiado guapo incluso para su propia seguridad.

—T-tú también te ves genial —no le permitió ver su sonrojo, se subió a la moto tras él y escondió la cara en su espalda, recibiendo de golpe el olor de su deliciosa loción. Su outfit era elegante, sin perder ese toque tan característico en él, pues iba de traje negro, como Yurio, pero en vez de zapato formal llevaba un par de zapato-botin "formal" los cuales le iban increíblemente bien.

—Hey, espera —se giró para verlo, pero el otro no le dejó verle la cara.

—Enciende la moto, llegaremos tarde a la ceremonia.

—No —soltó una risilla que hizo que el otro lo mirara, pues esas risillas las soltaba muy esporádicamente—. Antes quiero darte algo.

—¿Qué cosa?

El kazajo se bajó de la moto y se volvió a montar, dándole la espalda al manubrio para quedar frente a frente con su novio, quien lo miraba expectante, notando que el moreno metía la mano al interior del saco del traje sólo para sacar una cadena plateada y delicada, de la cual colgaba un hermoso anillo del mismo color.

—Es por más de un motivo —lo mantuvo colgando de sus manos, entre su cuerpo y el del rubio, quien miraba el obsequio con adoración—. Es por tu gradación y el esfuerzo que has puesto en terminar la preparatoria, es por tu cumpleaños diecisiete, pero en especial es porque te quiero y deseo demostrarte que mis sentimientos por ti son verdaderos y no un juego. Falta un año más para que podamos llevar nuestra relación a algo más, así que te doy este anillo en muestra de mi compromiso hacia ti. Por lo pronto llévalo en la cadena, más adelante... —desvió la mirada, un poco azorado por todo el palabrerío que estaba soltando, después de todo no era un hombre de muchas palabras, menos si eran palabras cursis—...lo podrás llevar en el dedo.

—¿En qué dedo? —preguntó con una sonrisa traviesa y esperanzada.

—En el anular, obviamente.

Yurio casi gritó de emoción, pero se contuvo y miró con impaciencia la cadena, ya deseaba usar ese anillo en el dedo.

—¿Y tú? —inquirió con curiosidad mientras le ponía la cadena delicadamente al cuello.

—Yo ya tengo el mío —sacó una cadena idéntica que traía bien escondida bajo la camisa. El rubio de inmediato pasó los dedos de su mano derecha sobre la cadena y el anillo de Otabek, haciendo lo mismo con el suyo en la otra mano. Eran anillos a juego.

—Son perfectos —murmuró aún asombrado—. Muchas gracias —se avergonzó un poco, bajó el rostro hacia el piso, odiaba sonrojarse, y más odiaba que el rojo contrastara tanto con su pálida piel.

De pronto sintió una mano pesada sobre su cabeza, revolviendo su cabello, revolviendo el peinado que le llevó una-hora-hacer.

—¡Otabek! —se quejó.

El aludido parpadeó confundido y un tanto asustado.

—¡Me despeinaste! —trató de acomodarse el cabello nuevamente, en realidad se veía igual de hermoso ante los ojos de su novio—. Voy a tener que... —fue interrumpido súpitamente por unos suaves y deliciosos labios sobre los suyos. Había asaltado su boca con destreza y habilidad. No pasó ni un segundo para que se le olvidara por completo el asunto de su peinado. Ahora estaba más concentrado en poder corresponder correctamente esa caricia. Subió sus manos hasta descansarlas en la nuca de su pareja, quien lo tomó de la cintura con posesión, acercándolo todo lo posible a él.

Se separaron luego de unos minutos, con la respiración irregular y sus rostros adorablemente sonrojados.

—Eres un tramposo —se quejó el rubio.

—Lo soy.

Yurio bajó la mirada hacia el pecho de su novio y miró con asombro que dentro del anillo decía "Yuri P."

—¡Dice mi nombre! —exclamó efusivamente, sin poder contener su alegría.

—Y el tuyo tiene el mío.

—Beka, estos anillos son de compromiso —murmuró, casi hiperventilando y sin dejar de ver el obsequio.

—Lo sé —murmuró entre risas traviesas al mismo tiempo que se ponía de pie y se acomodaba correctamente en la moto, listo para arrancar.

Esa noche fue muy especial. Estuvieron todos sus amigos más cercanos, sólo faltó Yuuri y el hermano de Viktor.

Miró la hora en su celular y bostezó pesadamente antes de acariciar a su mascota y salir de la recámara dejándolo descansando solito en la amplia cama. Él se dirigió a la cocina y preparó una enorme taza de café para él y para su amigo, su querido cómplice, de quien recibió un WhatsApp repentinamente.

"Ya estoy afuera, te espero en el auto"

Viktor llenó su termo con café y el otro para su amigo. Tomó las llaves y salió después de ver la hora en el microondas: 2:30 a.m.

—Gracias Chris —dijo al subirse al auto en el asiento del copiloto y luego de darle el termo.

—Oh, café —sus ojos brillaron—. Es lo menos que me merezco.

—Ya sé, ya sé —rodó los ojos—. Pero tú te ofreciste a ayudarme, ahora te atienes a las consecuencias.

—Pero... ¿Crees que esto sea buena idea?

—Por supuesto.

—¿Estás consciente de tus actos?

—Sí.

—Saliste del hospital hace poco.

—Sí, después de haber estado sedado por un mes, vamos, ya estoy en perfectas condiciones.

El suizo suspiró y arrancó luego de darle un gran sorbo a su café.

—Más te vale que funcione tu plan.

—Tiene que hacerlo, sé que funcionará —sonrió con decisión, apretando las llaves dentro de un puño.

El auto rentado de Chris se perdió entre las calles de San Petersburgo. Esa noche fue la primera de muchas en las que ambos hicieron eso. O al menos hasta días después, cuando una noticia se esparció como pólvora por todos los medios posibles: "Yuuri Katsuki será intervenido quirúrgicamente de emergencia, al parecer una secuela de su antiguo accidente sigue haciendo mella en él"

Eso hizo que Viktor entrara en una verdadera crisis nerviosa, pues no especificaron qué tipo de cirugía. No pudo evitar pensar lo peor.

Cuando escuchó la noticia en la televisión estaba preparándose el desayuno. Esa madrugada no había salido con Chris, así que se había levantado un poco más tarde. Pasaban de las ocho de la mañana cuando se enteró y dejó todo lo que estaba haciendo para correr a su habitación y cambiarse. No hizo maleta y tampoco se preocupó por la comida que dejó a medias en su cocina, sólo tomó a Makkachin y bajó un piso para encontrarse con una somnolienta Irina que le abrió la puerta en pijama.

—¿Qué pasa? —bostezó, tallándose un ojo. Aún ni saludaba a Viktor cuando éste hizo que su mascota querida entrara al departamento de la pelirroja.

—Cuida de él, ahora mismo voy para Japón.

—¡¿EH?! ¿¡Pero por qué? ¿Qué sucedió? —supuso que nada bueno había ocurrido, la expresión pálida y asustada de Viktor se lo indicaba con claridad.

—Es Yuuri, al parecer está grave y necesito estar a su lado, no puedo abandonarlo. No me importa lo que haya pasado, ni que se haya ido, mi lugar es a su lado —el teléfono comenzó a sonar dentro de su bolsillo—. Cuida de Makkachin —se inclinó un poco y le dio un lindo beso de despedida al can, justo en su cabecita. El caniche se quedó muy triste, no le gustaba sentir a su amo tan angustiado.

—No te preocupes —no podía creerlo aún—. Haz lo que tengas que hacer, yo me haré cargo de este pequeñín.

Viktor asintió justo antes de responder su teléfono.

—¿Yurio? —murmuró, algo acelerado, él sólo quería correr hacia el aeropuerto cuanto antes.

¿Viste lo del cerdo?

—Sí, me acabo de enterar, voy para el aeropuerto.

Yo también. Me abuelo me está llevando. Nos vemos en la sala B.

—Nos vemos —colgó y se fue luego de despedirse fugazmente de su amiga.

El rubio aprovechó que estaba de vacaciones y que además Otabek había regresado a Kazajistán hace apenas unos días, pues había iniciado clases en uno de sus últimos semestres de la universidad.

La compra del boleto fue casi exprés, afortunadamente alcanzaron asiento en el vuelo que estaba por salir rumbo a Nagasaki, tardarían nueve horas en llegar, sin mencionar las dos horas y media que harán en tren de ahí a Hasetsu. Ambos rusos estaban demasiado estresados y ansiosos por llegar. Habían intentado comunicarse desesperadamente con la familia, pero nadie les respondía los teléfonos. Eso sólo aumentaba su ansiedad.

Viktor.

El tiempo que tardamos en llegar se me hizo infinito. Jamás lo había sentido tan largo y tedioso como ahora. No podía sentirme más preocupado y ansioso. Nadie nos respondía el teléfono y cuando llegamos a las aguas termales nos encontramos con el lugar cerrado. Eso sólo quería decir que toda la familia estaba en el hospital.

Yuri y yo nos dirigimos en taxi hacia el hospital donde mi Yuuri estuvo internado hace ya mucho tiempo. ¿Lo habrían operado ya? ¿De qué lo habrán operado? ¿De su vista? Pero él me dijo que ya estaba bien de eso. Dios, no podía con esa incertidumbre.

Me bajé del taxi cuando éste aún no se detenía, saqué dinero de mi billetera y se lo extendí a Yurio para que él se encargara, mientras tanto yo corrí desesperadamente y con todas mis fuerzas hacia el interior del hospital. El corazón me latía con una fuerza increíble, como si fuera un ave atrapada en mi pecho. Corrí y corrí hasta encontrar la sala de espera que conocía ya muy bien Antes de acercarme lo suficiente para ser notado, observé que toda la familia estaba reunida, frente a ellos estaba el doctor Hanyu explicándoles algo.

Sentí un repentino alivio, al parecer había llegado a tiempo, la cirugía de mi Yuuri había terminado y ahora les daban la noticia de que todo había salido como lo esperaban. Aun así me sentí mal por no haber estado con él antes de que entrara al quirófano. Pero él se encontraba bien y eso era lo importante.

Con ese pensamiento traté de tranquilizar mi alocada respiración, y acercándome a paso titubeante, llegué lo suficientemente cerca como para escuchar las palabras del joven médico.

—No. No... No puede ser cierto ¡Eso no! —el grito desgarrador de Hiroko-san quebró el silencio de la sala, a su llanto le siguió el de Mari-neechan y el de Yuko.

Entonces lo comprendí. Todo era muy claro para mí, pero tan surrealista.

—¡NO! ¡No puede ser! —exclamé con furia. Mi grito salió como un sollozo ahogado, como un quejido adolorido que quemaba mis entrañas—. ¡Yuuri no puede estar muerto!

Continuará...

*Se truena los dedos al estilo Kaneki luego de escribir tanto*

¡Hola chicos! Demoré menos de lo que pensé. Espero que les haya gustado el capítulo. Salió más largo de lo planeado, pero estoy satisfecha con el resultado. Creo que terminarán con el cerebro hecho papilla con el final de este capítulo. Muchos se preguntarán ¿Por qué está muerto si en el especial de San Valentín estaba vivo? Pues ya verán...

Como les he dicho en el grupo de Facebook, el drama terminará muy pronto, el siguiente capítulo tendrá drama y posiblemente el veinte también tenga un poco, pero en este último veremos cosas lindas, lo que muchos han esperado.

En verdad espero que el fic no se les esté haciendo tedioso y aburrido con tanto drama y con tragedia tras tragedia. Déjenme decirles que todas esas tragedias se irán solucionando poco a poco, procuro no dejar ni un cabo suelto, además, ya les había dicho que la felicidad y miel sobre hojuelas a futuro será equivalente o mayor al drama que hemos estado leyendo, así que don't worry and be happy. Poco a poco nos vamos acercando al final de la historia y sinceramente no sé qué haré cuando termine, quizás entre en una crisis existencial o permanezca de luto por un tiempo antes de comenzar a escribir otra historia.

En fin. Mi objetivo en este capítulo fue que la trama avanzara un poco, ya vieron que los problemas de comunicación se han ido solucionando, no puedo solucionar todos los problemas de golpe porque sería muuuuy poco realista, y no me gusta eso.

¡PREGUNTAS!

1) ¿Qué demonios hacían Chris y Viktor todas las noches? Es sospechoso que se vean en la madrugada, solos, juntitos...

2) ¿Qué le pasó a Yuuri?

3) ¿Quién será el entrenador de Yuuri? No puede ir a la competencia sin uno (Me extraña que nadie lo haya notado antes).

4) ¿Les sigue gustando ATE? *Carita nerviosa*

Los quiero un montón! Y les agradezco de todo corazón el apoyo que le han dado a esta historia y el apoyo que me brindan día tras día, es un honor escribir para personas tan lindas, pues he tenido el placer de hablar con muchos de ustedes a través de fb, Messenger, LINE, WhatsApp y pfff me encantan! Me hacen muy feliz día tras día. Y para todos aquellos que no se animan a salir del anonimato por flojera de comentar o ya sea por miedo ¡No teman! No muerdo, bueno, un poco, pero no les hago daño. Por lo regular tardo en contestar mensajes, pero siempre lo hago, I promise!

En fin. Si te agradó esta capítulo, no dudes en ir haciendo spoiler por todos lados, comparte, comenta o mándame tu reseña, estaré encantada de leer tu opinión, ya sea buena o mala.

Bye, bye! *Se desliza al ritmo de history maker sobre el lago congelado de sus hermosas y poderosas lágrimas*

Pd: ¡Gracias a mi poderosa Beta-reader! Sin ella no podría subir capítulos con mejor calidad. Thanks you so much!

7/04/2017