Harry Potter y la historia que debió ser
Lessa Dragonlady
Parte II
"EL FINAL DE LA ORDEN DEL FÉNIX"
Luna apretó las manos en su falda para evitar el impulso de acariciar a Ron. Jamás lo vio tan convaleciente, con el rostro consumido en dolor, la piel casi blanca. Se concentró en la tarea que el correspondía: mantener el vendaje limpio. Con suavidad, retiró las vendas rojas del hombro, aguantando el llanto al ver el muñón ardiente. Enjuagó las costras, revisando que no hubiera infección. Contó los puntos. Todos en perfecto estado. En cualquier otra circunstancia, haber curado a Ron de esa herida habría sido sencillo, pero la magia negra de Voldemort había deshecho nervios y músculos: tal vez nunca se recuperaría.
Se inclinó para besar la piel estirada que cerraba la amputación. Sus labios estaban a punto de rozar la piel violácea cuando el grito de Harry la frenó.
—¡¿Cómo carajo que perdieron el Horcrux?!
Luna tuvo el impulso de ir a ayudar a Harry, pero su prioridad era el pelirrojo inconsciente frente a ella, así que cerró la puerta de la habitación y volvió a su lugar junto a Ron.
Pasaron horas. Luna enjuagó las vendas y volvió a cambiarlas. Despertó sobresaltada por su repentino cansancio. Caminó varias veces por el cuarto, tarareando una vieja canción que le enseñó su madre. Se puso y se quitó los zapatos. Cepilló su cabello. Revisó que no hubiera wrackspurts. Y finalmente se decidió. Con el mismo cuidado que tuvo al retirar las vendas de Ron, trepó a la cama hasta colocar su cabeza en el pecho masculino. Empezó con un pequeño sollozo, después fue un llanto incontrolable, con hipidos y horribles sonidos de la nariz. La garganta le ardió por la fuerza de las convulsiones. Sólo una vez había llorado de esa forma, y lo último que Luna necesitaba en ese momento era recordar la muerte de su madre.
—Her..mio-ne...
La voz de Ron le devolvió cierta cordura. Levantó una mano para acariciar su quijada, ya rasposa por la barba incipiente. Creyó que por fin estaba despierto, pero en realidad estaba teniendo una pesadilla. Rozó con la punta de sus dedos la frente fruncida, intentando calmarlo.
—Pronto regresará con nosotros —susurró cariñosa, mintiendo por primera vez en su vida. No le importó llenar de esperanzas un hueco que muy posiblemente jamás tendrá solución. No quiso compartirle a Ron el profundo presentimiento de que Hermione ya no existía en ese mundo. Era un secreto que la estaba matando por guardarlo, pero primero enfrentaría a Voldemort antes de confesárselo a sus amigos.
Ron soltó un gemido, haciendo vibrar sus labios. Relajó el ceño, entregándose a un reposo más amable.
Volvió a acostarse junto a él, segura antes de caer dormida de haber escuchado su nombre, de una forma mucho más dulce y grave, en la voz del pelirrojo.
—
Luna recordaba esos días encerrada en silencio con Ron, como un regalo místico que ahora comprendía no haber disfrutado por completo. La situación en Potter Cave cambió radicalmente tras la pérdida de Grimmauld Place. Lo más obvio era la presencia eterna de los integrantes de la Orden del Fénix, discutiendo en la sala o en la azotea. Kingsley continuamente se peleaba con Harry, cuestionando sus decisiones. Los mayores querían apoyar al Auror, pero no podían hacer nada en su situación: sin una base de operaciones, dependían de Potter Cave. Además, fue culpa de Kingsley la pérdida del guardapelo de Slytherin. Si se lo hubiera entregado a Harry, como se le pidió, no se habría extraviado en las ruinas de Grimmauld Place. Ahora nadie sabía su paradero. Esa fue la gota que derramó el vaso, desde entonces Harry había sido implacable con su mal genio y limitada paciencia. Estaba volviendo locos a todos.
A Luna le daba cierta empatía su actitud. Sabía que no era únicamente lo del guardapelo que tenía a Harry tan mal. Había que considerar que su mejor amigo casi muere, y que ahora estaba en una violenta depresión. Ron se resignó a ser un estorbo, un mago sin habilidad para usar una varita. Dejó de comer y dormir. Mascullaba todo el tiempo, como si no pudieran escuchar sus frías contemplaciones, lleno de resentimiento. De envidia. Luna no está segura de tener la fuerza para convivir con una persona así. Jamás pensó que Ron fuera tan cruel y egoísta. ¿Dónde quedó el brillante Gryffindor que se sobrepuso al rechazo amoroso de su mejor amiga? Aquel Ron que decidió quedarse a pelear a pesar del dolor, que fue capaz de preferir la belleza de seis años de amistad, en vez de una tormentosa relación adolescente.
Harry y Ronald no eran los únicos magos cuyo mal carácter le estaban partiendo el corazón. Neville, desde Hogwarts, se encargaba de recordarle al mundo que fue su culpa la muerte de Dolores Umbridge. Él decidió encerrarla en los calabozos de Grimmauld Place, y no podía perdonárselo. Se sentía un homicida, un hombre sin moral. Ya no deseaba liderar a los DD. Aunque Umbridge fue uno de los peores humanos que Luna conoció, comprendía la posición de Neville al respecto. Ella tampoco sabría cómo sentirse si acabara con una vida.
Y lo peor: la nueva habitante de Pembroke. Luna ni siquiera entendía cómo fue a parar ahí, pero ya la tenía con los nervios quebrados. Prudence Parkinson, prima de Pansy (quien, por fortuna, prefirió quedarse en uno de los refugios con el resto de su familia) parecía la nueva sombra de Harry. Le susurraba constantemente al oído, como una serpiente. Lo acariciaba en cualquier zona que tuviera a su alcance. Y sonreía. Su sonrisa era lo más desesperante, con esa malévola intención de acaparar el corazón que por derecho no era suyo. Luna no sabía cómo proceder, por una parte le aliviaba ver a Harry no tan triste como antes, pero por otra se sentía como una traidora a Hermione. Aunque, ¿no era mejor así? Algún día Harry tendría que continuar con su vida, superar a la mujer que perdió en la guerra.
Por encima de todo, el nuevo ataque de Voldemort estaba dando mayor resultado que su parcial éxito al reclutar más Death Eaters. Con Lucius Malfoy en el Ministerio no había forma de operar libremente. Se decretó que los carroñeros serían los nuevos Aurores, y que visitarán cada hogar mágico en busca de los terroristas que deseaban acabar con el gobierno. Ya no había juicios contra hijos de muggles, se volvieron más "sutiles" para eliminarlos, uno por uno, con una certera maldición por la espalda, a plena luz del día. Detuvieron el comercio en Diagon, provocando una caída económica que tenía a Gringotts amenazando con quitar propiedades o embargar bóvedas completas. De esto culparon a la Orden del Fénix y su necesidad de abastecerse para la guerra contra el "magnánimo" gobierno, sin importarles dejar morir de hambre a sus compatriotas. Ahora si alguien deseaba comprar pociones, alimentos e incluso varitas, tenía que acudir a Knockturn, bajo riesgo de no regresar vivo.
La última resistencia permanecía en Hogwarts. Alumnos a salvo del régimen de Lucius, intentando estudiar como si fuera de los muros del castillo todo estuviera bien. McGonagall temía un ataque frontal de Voldemort, y ni siquiera las armaduras encantadas, alrededor del castillo, le traían paz. Menos ahora con un Neville sin moral.
Luna estaba cansada. De pronto se sentía como la última persona con razón entre sus amigos. Harry, Ron y Neville estaban perdidos. ¿Alguna vez Hermione tuvo que pasar por esto? ¿Cómo lo solucionó?
—Yo puedo ayudar —dijo Prudence casi sentada en las piernas de Harry.
Luna tuvo que quitar los ojos de ellos para no sentir su pecho quebrarse. Le dolía la ausencia de Hermione, su primera verdadera amiga. Para ella era muy pronto ver a otra mujer tan cerca de Harry, pero tenía que respetarlo.
—¿De qué forma? —preguntó, intentando sonar amable.
Prudence volvió a sonreír de esa forma. Luna tuvo un escalofrío.
—Mi padre es el Duke de Francia. Si le pido ayuda conseguirá la manera de traer alimentos y objetos de primera necesidad para los que se resisten contra Tú-sabes-quién. El hambre es lo primero que mata una revolución. Hay que solucionar eso pronto, ¿verdad, cariño? —su mano se coló en la nuca de Harry.
Ron, envuelto en una cobija, movió los ojos hacia su mejor amigo. Azul y verde conectaron por unos segundos. Ambos cubiertos de ojeras y resignación.
Luna se aclaró la garganta —No teníamos idea de que fueras hija del Duke.
Prudence siguió hablando —No quise traerlo a colación porque mi padre, al final, es un político. No dará algo sin una garantía o un excelente trato.
—¿Qué crees que nos pida? Nos quedan pocos recursos, como sabes.
—Oh, nada complicado. Me parece que una alianza entre el ustedes y la Monarquía francesa. Ese tipo de arreglos se cierran con matrimonios. Es lo común.
Harry pareció despertar de un extraño letargo —¿Matrimonio? ¿Quiénes se van a casar?
Luna no permitió que Prudence respondiera. No quería escuchar esa atrocidad.
—¡Tonks! —saludó aliviada al ver a la bruja embarazada bajar las escaleras desde la azotea.
La Auror levantó una ceja al ver a la francesa casi sobre Harry, pero se ahorró algún comentario.
—Traigo noticias. Necesito hablar con ustedes, a solas.
Prudence se tensó, sabía que aún no era parte de los DD o la Orden, principalmente porque Kingsley se negó, así que tenía que salir de la habitación cada vez que se lo pidieran. Miró tentativa a Harry, esperando su defensa, pero el joven mago ni siquiera le devolvió el gesto.
—De acuerdo. Con permiso —se levantó irritada, saliendo hacia las habitaciones.
Tonks chasqueó la lengua —Siempre hay de ésas.
Luna apareció una taza de té —Por favor siéntate, Tonks. ¿Qué nos tienes que decir?
—Estamos muy preocupados por la falta de abastecimiento en Diagon. La mayoría de los magos no saben que comprar en el mundo muggle resolvería el asunto. Los pocos que están conscientes de eso temen la represalia del Ministerio por tener cosas no mágicas en sus casas. Como sea, la situación es penosa. Kingsley utilizó varios favores para contactar a los líderes mágicos de otros países y naciones. Hasta ahora el rey de España es el único que ha respondido. Nos enviará refuerzos en tres meses.
—Es mucho tiempo —susurró Luna.
Tonks asintió —Es el mínimo que necesita para reorganizar a su armada. Quiere apoyarnos, pero teme dejar descubierto su reino. No es el único que está preparándose por si la guerra... se extiende.
Ron reaccionó, por fin —¿Te refieres a que se vuelva un conflicto internacional? Como con Grindelwald.
—Podría pasar —respondió la Auror—. Es poco probable. Grindelwald se hizo de seguidores en sus viajes. Quien-ustedes-saben no ha salido del país, apenas tiene Death Eaters suficientes para luchar contra nosotros.
Harry también pareció más despierto —Pero Tom prácticamente secuestró a los hijos de muchas familias fuera del Reino Unido. Podríamos decir que ya inició un ataque internacional.
—Lo mismo piensa Kingsley. Hay que usarlo a nuestro favor. Ahora que tú ofreciste refugio y lo cumpliste, el mundo sabe que la resistencia es una realidad, y que no vamos a permitir que Ya-saben-quién gane. Quizá podamos seguir con esa imagen para recibir más apoyo. A nadie le conviene que Ya-saben-quién salga del país.
Harry la miró sorprendido, de nuevo con cierta luz en sus ojos —Fantástico, Tonks. Le agradeceré a Kingsley en cuanto lo vea.
Ella sonrió —Ese es el Harry que conozco. Sé que las cosas entre ustedes han estado tensas, pero no olvides que desean lo mismo. Kingsley puede ser más político que tú, joven rebelde, esa es la única diferencia. Aunque si te contara de su juventud, te sorprenderías.
Luna respiró aliviada —Entonces la situación de la comida se resolverá pronto.
Tonks negó —La política nunca ofrece una solución rápida e indolora. Por ejemplo, el Zar de Rusia y Serbia, Kíevskiy, quiere pactar un acuerdo con nosotros a cambio de que lo apoyemos después para expulsar a un grupo ucraniano que está invadiendo territorio ruso. Kíevskiy no tiene fuerza de ataque, perdió la mayoría en su último intento de frenar la revolución que desea quitarlo del poder. Ahora sospecha que esa fracción se unió con Ucrania. No son buenas noticias para su dinastía. También la Canciller de Alemania quiere nuestro apoyo para reinstalar la monarquía, casualmente con ella como reina. La Canciller tiene el poder absoluto en las decisiones de conflictos armados. Su apoyo sería fundamental para acabar con Ya-saben-quién en semanas, pero eso significaría entrometernos en la política de otro país y además permitir legiones extranjeras terminar nuestra guerra. Es demasiada deuda con Alemania. Igual que ellos, otros Jefes de Estado, reyes, emperadores y demás nos han hecho ofertas. Ninguna fácil de aceptar.
—¿Y Francia? —preguntó Luna recordando a Prudence.
Tonks miró hacia las habitaciones, seguro pensando también en la indeseada invitada —El rey está convaleciente. Lleva años así. El Duke Parkinson ha liderado la administración desde entonces. No hay Dauphin que espere su turno para relevar al rey moribundo. En cuanto la muerte le llegue, Francia se verá en guerra, distintos clanes querrán tomar la silla del rey.
—Uno de esos clanes, supongo, es Parkinson —dijo Ron.
—Así es.
Luna cerró las manos, sintiendo sus uñas atravesar piel —Por eso vino. Por eso está detrás de ti, Harry. No puedo creerlo, creí que era sincera. Cómo puede...
Harry alzó las manos —Calma, Luna, ¿de qué hablas?
—¿No es obvio? Prudence ha estado seduciéndote para conseguir tu apoyo. Casarse contigo obligaría a la Orden y a los DD a apoyar a su padre en Francia. Y a cambio nos quiere dar un poco de comida. ¡El colmo!
—¿Seduciéndome?
Tonks le dio un golpe en la nuca —Quita esa cara de sorpresa. Si Luna y Ron vivieran en otro lado, Prudence ya estaría desnuda sobre ti.
Harry frunció el ceño —¿De qué rayos hablan? ¿Cómo pueden difamar de esa forma el amor que siento por Hermione?
Ron inclinó el rostro —Oye, es verdad, yo también los he visto muy cariñosos. ¿Cuál es tu maldito problema? Hermione sigue viva. Sé que regresará con nosotros.
—¡Jamás engañaría a Hermione!
Tonks lo miró sospechosa —Te creo, pero... solo hay una explicación. ¡Esa perra me va a escuchar!
Salió corriendo hacia los cuartos. Luna y los demás la siguieron, sorprendidos por su colorida expresión.
Prudence les sonrió al verlos entrar, acostada en la cama de Harry y Hermione, pensó Luna.
—¿Decidieron aceptar mi propuesta?
Tonks la apuntó con la varita —¡Amortentia! ¡Has estado envenenado a Harry!
La francesa los miró incrédula, luego soltó una carcajada —Qué absurdo. Harry y yo nos hemos vuelto cercanos, tenemos mucho en común. Yo no necesito una poción para eso.
Luna vio confundida a Harry asentir lentamente, de nuevo en ese estado soñoliento. Junto a él, Ron también regresó a su mal humor, mascullando obscenidades.
—Algo estás haciendo, bruja —siseó Tonks—. Harry ama a Hermione, jamás se fijaría en ti.
Prudence se deslizó por la cama —Pruébalo. Hay maneras de desintoxicar a alguien que está bajo amortentia. Por favor, hazlo con Harry. Después, cuando te des cuenta que eres una imbécil prejuiciosa levanta falsos, vendrás a pedirme una disculpa o conocerás a mi padre.
Tonks agarró a Harry del brazo —Nos vamos ahora mismo a Hogwarts. Pomfrey te hará sentir mejor. Ya verás.
Luna la detuvo —Lleva a Ron —dijo en un susurro—. Creo que también pasa algo raro con él.
—Así lo haré.
La rubia los miró partir en la chimenea, de pronto muy agradecida de contar con Tonks. No quiso quedarse con Prudence en la casa, así que aprovechó para ver a su padre.
—
El aroma de las ciruelas dirigibles y la tinta de los periódicos la hizo sonreír. Aquella pequeña torre en St. Catchpole ya no era su hogar, aunque siempre significaría un lugar especial en su corazón. En cuanto Xenophilius la vio entrar, se lanzó para abrazarla, llenando su ropa de tinta y mugre.
—Mi Luna. Mi Luna.
Besó la mejilla de su padre —Supongo que me extrañaste.
—Cada día. No, cada minuto-no! ¡Cada segundo!
Compartieron una cálida risa antes de sentarse para beber té.
—Elegiste un momento perfecto para llegar. Estaba por imprimir el nuevo número del Quisquilloso. Usé la información que me dio Harry y otra tanta que yo pude juntar.
Luna miró confundida la pila de papel junto a la impresora —¿Harry?
—Creo que le gustó el último número que imprimimos —susurró como si fuera un secreto—. La entrevista a los refugiados rompió el récord de venta del Quisquilloso. No cabe duda que la corrupción del Ministerio es grande, ningún ministro habría sobrevivido tras ser expuesto de esa forma.
—Ten cuidado, papá. No quiero que te pase algo.
—Pamplinas. Harry dejó bien puesto el Fidelius en la casa. Nadie podrá encontrarme.
—Aún así...
—Hija, el Fidelius es inquebrantable. No existe magia que lo pueda localizar y terminar.
—Excepto el hechizo de tabú que Tom Riddle utilizó en nuestra contra. Así fue como perdimos Grimmauld Place.
—Un detalle. Como sea, nunca te vi tan... ¿preocupada, seria, ...adulta?
—Extraño a Hermione. A Ron. A Harry. Las cosas están confusas. Tengo miedo por ellos. Por ti. También por Neville. Hace rato Tonks dijo que la guerra podía escalar.
Xenophilius tomó las manos de su hija —No pierdas la fe. Gente como tú es la que más se necesita cuando la oscuridad parece habernos ganado. Mantente firme.
—Te extraño, papá.
—Yo más.
Luna sorbió más del horrible té, siendo la costumbre lo único que la hacía continuar —¿Dijiste que Harry te mandó nueva información?
—No como tal. Fue una copia del archivo sobre los Mercenarios Exóticos. ¿Alguna vez te conté sobre ellos? Las peores alimañas del negocio negro.
—¿Qué tiene eso que ver con Tom?
—Hasta ahora, nada. Supongo que Harry se cruzó con esta información y decidió hacerla pública. Es importante que la gente sepa sobre ellos.
Luna frunció el ceño. La prioridad de Harry era terminar con Voldemort y encontrar a Hermione. Era extraño que se fijara en otro asunto, pero comprensible si era tan terrible como su padre decía.
—Leeré el artículo en cuanto me des mi número.
—Por supuesto. Regresando al tema, hace un par de días fui a Knockturn, necesitaba unas hierbas para terminar mi nueva pócima contra la falta de paranoia, y vi a Lucius Malfoy. Las fotos del Profeta deben estar editadas. Se ve terrible, parece enfermo y tiene el rostro lleno de cicatrices. Cuando me miró... Ya no es un hombre común.
—¿A qué te refieres?
—Estoy seguro que es un licántropo. Podría reconocer ese brillo en cualquier hombre lobo a kilómetros de distancia.
—¿Crees que Greyback tiene algo que ver?
Su padre estaba obsesionado con ese hombre lobo, culpándolo de la mayoría de los altercados con su especie. Xenophilius asintió.
—Dejó su marca en el rostro de Lucius. Justo en la frente. Greyback gusta de morder a sus más preciados o fieles seguidores.
Luna soltó una carcajada. Su padre la miró confundido.
—Lo lamento, es mi tatuaje. Hace cosquillas cuando los DD son invocados. Tengo que marchar.
—Comprendo. Ven a verme después, te daré tu copia del Quisquilloso y compartiremos otro té.
Luna volvió a besar su mejilla —Te amo, papá.
Se apareció directo en Potter Cave y de ahí brincó a la chimenea antes de que Prudence Parkinson la viera. Sabía que la reunión fue invocada desde Hogwarts, y la única forma de llegar ahí enseguida era a través de la chimenea de Harry.
En la oficina de McGonagall, lo primero que llamó la atención de Luna fue el cofre de piedra casi transparente, de presencia muy mágica, en cuyo interior se reflejaba la espada de Gryffindor. Se supone que Dumbledore heredó la espada a Harry, pero no era suya para dar ni había manera de sacarla de ahí. Era obvio que tenían que pasar una prueba o resolver un acertijo que el viejo director dejó para ellos, el problema es que seguían sin saber qué.
Ignoró el cofre, por ahora inútil en su misión, y revisó quiénes estaban presentes. Katie Bell, nueva líder de los DD en lo que Neville superaba su pequeña crisis; Harry, Ron, Kingsley, Remus (así que no estaba Tonks, llevaban un buen rato evitándose), Bill y McGonagall.
Se acercó tímidamente hacia Harry y Ron, quienes se colocaron a sus lados, de forma ya practicada. Les revisó el rostro, buscando pruebas de haber pasado por todos los exámenes que determinan si estás bajo amortentia, pero parecían concentrados en otra cosa.
Katie se aclaró la garganta —¿Ya estamos todos los de esta reunión?
—Sí —dijo Harry.
Kingsley se levantó —Hace dos noches conseguimos tres cargamentos de comida en Sussex mágico. Mi intención era repartirlos entre los refugios, Hogwarts y Diagon.
Harry, igual que las últimas reuniones con Kingsley, lo interrumpió enojado —¿Por que yo no sabía sobre esos cargamentos? ¿Quiénes te ayudaron a conseguirlos?
Katie tampoco pareció feliz de haberse enterado hasta ese momento.
Remus intervino —Solo nosotros tres sabíamos —señaló a Bill y Kingsley—. Fue una decisión aparte. Ni Dora o Fleur lo saben. Lo hicimos así porque sospechamos que hay un espía entre nosotros.
Ron soltó un amargo bufido —Hermione diseñó los tatuajes de los DD. Si hubiera un traidor entre nosotros, ya nos hubiéramos enterado, créeme. En todo caso, ustedes, la Orden, son quienes no traen el tatuaje, y quienes además siguen saltándose la autoridad de Harry.
Luna miró nerviosa a los magos mayores. Podía sonar exagerada la acusación de Ron, pero ella tampoco podía negarla. El lucha de poder entre Kingsley y Harry era mala para la resistencia, ¡no deberían seguir así!
—¿Autoridad? —replicó el líder de la Orden, con demasiada calma— Un buen líder se habría percatado que tres de sus hombres hacían negocios a sus espaldas. Se habría interesado en saber cómo pudimos traer los cargamentos sin que el Ministerio nos descubriera. Se habría preocupado más por esa información que por el acto de rebeldía en su contra. Harry Potter es importante. Dumbledore nos dijo que confiáramos en él, y eso haremos, pero sigue siendo un niño. Igual que tú, Weasley, o que la señorita Lovegood.
—¿Y que los DD? —chistó Katie— Qué conveniente. Somos niños sin importancia, pero cuando necesitan apoyo nos llaman.
Bill puso una mano en Kingsley, silenciándolo —No hay que pelear entre nosotros. Por favor, permitan que terminemos de explicar. Surgió la duda sobre un espía cuando desapareció el guardapelo. Nadie tendría por qué haber buscado en las ruinas de Grimmauld Place ese objeto en específico. Menos tan rápido para que nos haya ganado cuando regresamos por él. Alguien sabía de su existencia.
Luna asintió. Pensó lo mismo al enterarse de su desaparición, pero alegar que hay un espía entre ellos era... doloroso.
—¿Creen que uno de nosotros es el traidor? —dijo Ron entre dientes— ¿Dudan de Harry, quien ha luchado contra Vo-¡Tom!, y perdido a sus padres y a Hermione por su culpa? ¿O de mí, que dejé un brazo para proteger a mi madre de ese maldito loco?
Luna bajó los ojos, llenos de lágrimas. Era la primera vez que Ron hablaba con claridad sobre su amputación.
—¿De Neville, que ya no puede con la culpa por la muerte de Umbridge? ¿De Katie, por haberlo reemplazado y ahora vivir en Hogwarts para ayudar a los DD? —siguió Ron, tan rojo que parecía a punto de estallar— ¡No se atrevan a decir que dudaban de Luna o les quebraré la nariz con el puño que me queda!
Harry puso una mano en su pecho, frenando su arranque. Bill se vio honestamente avergonzado de haber alterado así a su hermano.
Kingsley, en cambio, seguía con la misma fachada de tranquilidad —Dudamos de la novia de Potter.
Fue el colmo. Luna ni siquiera vio a Harry moverse, de pronto ya estaba cargando a Kingsley del cuello de la camisa, sus ojos verdes relampagueando con magia original. Un siseo hizo brincar a todos. Lo estaba amenazando en pársel.
Remus intentó jalar a Harry lejos del Auror —No se refiere a Hermione, ¡no es de Hermione de quien habla! ¡Harry!
—Prud-ence Par...kinson —dijo Kingsley entre jadeos.
Luna volvió a respirar cuando Harry soltó al Auror. Se sintió mal al reconocer que tuvo cierta satisfacción de ver a Kingsley tan asustado e impresionado por el despliegue de magia y fuerza de Harry.
—¿Qué tiene ella que ver? —preguntó entre dientes, intentando superar su furia.
Remus ayudó a Kingsley a levantarse —Eso queremos saber. Desde el ataque a Grimmauld Place se estableció con ustedes en Potter Cave, de eso casi un mes. ¿Cuál es la razón?
Ron y Luna miraron expectantes a Harry. Le habían hecho esa pregunta hasta el cansancio. La respuesta era siempre la misma:
—No tengo ganas de correrla. No tiene a donde ir.
—Podría irse a uno de los refugios —opinó Bill—, con su prima Pansy.
Harry asintió —Como quieran. A mí no me... —dejó de hablar, de pronto.
Luna contrajo la mirada, ya conocía esa expresión —Tonks cree que lo tiene bajo efectos de amortentia.
Harry la miró traicionado —Pomfrey acaba de desechar esa teoría. Estoy bien.
Kingsley volvió a hablar, ahora mucho más precavido —Ella es la única opción, Potter. Prudence Parkinson ya estaba en Grimmauld Place, debió escuchar sobre el guardapelo. Hay que interrogarla.
—¿Esto qué tiene que ver con los cargamentos de comida? —preguntó Harry. A nadie se le escapó que dirigió el tema lejos de Parkinson.
Bill respondió —Queremos ponerle una trampa a Prudence. Hablar de esto frente a ella, pero decir otro lugar de encuentro, para que cuando ella pase la información sea falsa. Los DD estarán esperando a los Death Eaters, mientras nosotros recogeremos la comida.
Ron volvió a enojarse —Decidieron informar a Harry de algo que desde el principio debieron, pero no quisieron por desconfianza, así que actuaron por su cuenta. Y ahora que necesitan apoyo, porque la Orden ya no supera el número de dedos en mi mano, y ahora quieren solucionar el asunto a su manera. ¡Estoy harto! Nosotros también tenemos la vida en peligro, también entrenamos y luchamos para estar aquí.
Katie lo secundó —Como líder de los DD en Hogwarts, hablo por ellos al expresar mi decepción. No somos súbditos de Kingsley Shacklebolt. Somos guerreros contra Ya-saben-quién. Somos fieles a la causa y en especial a Harry, Ron y Hermione, quienes nos entrenaron y dieron las herramientas para defendernos. Pero... —pareció avergonzarse un poco por lo que diría después— también hemos hablado del conflicto que existe desde que la Orden oficialmente perdió a su líder y luego su base de operaciones. Estamos hartos de las discusiones entre Harry y Kingsley. Temíamos que una cuestión así se generara: desconfianza, misiones secretas, reclamos innecesarios. Los DD quieren pedir un... descanso. No seguiremos en la lucha, fuera de Hogwarts, hasta que se arreglen entre ustedes.
Luna sonrió triste a Katie, le parecía una decisión pertinente.
Harry suspiró cansado, asintiendo —Lo lamento, Katie. Déjanos hablar por favor, te informaremos a qué llegamos.
Kingsley también asintió —Eres una bruja fuerte, Bell.
McGonagall tomó la palabra en cuanto la Gryffindor se marchó. Su rostro más serio que nunca y su mejor tono de regaño. A las tres palabras causó que todos su ex alumnos bajaran el rostro.
—Este conflicto no puede seguir avanzando. ¡Parecen de primer grado! ¿Por qué creen que tienen el lujo de guardarse secretos o no tomar las decisiones pertinentes? Kingsley, te conozco, por eso sé que estás equivocado. Harry no desea ser el siguiente Ministro de magia, ni quiere quedarse con la gloria de vencer a Quien-tú-sabes. Deja ya esas ideas y apóyalo. Mejor aún: deja que te apoye. Ese muchacho tiene más que dar de lo que crees. Llega a un acuerdo sobre lo que sucederá si-cuando ganemos. ¿Entendido? No te escuché, Shacklebolt, ¿en-ten-di-do?
—Sí, madame —dijo casi apenado el enorme Auror.
Harry miró incrédulo a Kingsley. Luna también, le parecía absurdo que por una cuestión tan... política el Auror fuera intransigente. Nunca terminaría de entender a la gente.
McGonagall se giró hacia Harry, sin perder el tono —Y tú. Lo que sea que tengas con la señorita Parkinson tendrá que esperar a después de la guerra. La prioridad es que Potter Cave esté dispuesta y libre para la Orden y los DD. No pongas en riesgo a tus amigos por una mujer que ni conoces. Y acepta de una vez que estás al mando. Esto de darle tanta responsabilidad a Neville, y ahora a Katie, puede reventarte en la cara. Eres o no el líder de los DD. Eres o no quien nos dirigirá en la guerra. Piénsalo y actúa con congruencia. Ya no eres un niño detrás de Dumbledore, ni un adolescente enamorado detrás de Hermione. Demuéstranos por qué ellos dos confiaron en ti. ¿Aclarado, Potter?
—Sí, profesora —respondió, completamente amonestado.
Minerva, por supuesto, no terminó ahí. Volteó a ver a Remus —Arregla tus asuntos maritales, están entorpeciendo las misiones y las juntas. Dora tiene la razón. Tú no.
El hombre lobo se aclaró la garganta —Eso no...
—Dora tiene la razón. Tú no. Arréglalo.
—Bien...
—Y tú, Bill —siguió la directora, haciendo brincar al pelirrojo mayor—, deja de guardarle secretos a Fleur, a menos que quieras acabar en la misma posición de Remus. Esperaba más de ti, la verdad.
Bill se sonrojó como jamás lo vio Luna antes. Miró su anillo de casado, poniendo un gesto de preocupación.
—En cuanto a usted, Ronald...
Ron interrumpió a McGonagall antes de que le cayera completa —¡Lo haré! ¡Lo haré! No más encerrarme y quejarme. Voy a superar lo de mi brazo.
Minerva sonrió, asintiendo —Si pudiera le daría cincuenta puntos por esa respuesta. Por último usted, señorita Lovegood...
Luna la miró expectante, esperando que le dijera qué hacer en esos momentos tan confusos.
—Lo está haciendo muy bien.
—¿Qué? —gimió incrédula— Pero no sé cómo actuar, como ayudar, yo... no... —comenzó a llorar.
Harry y Ron cruzaron una mirada de entendimiento. Ambos la habían llevado a ese extremo. Pusieron sus manos en los hombros estrechos de la rubia, girándola para abrazarla.
El resto dejó que Luna se calmara, cada uno pensando las palabras de su antigua maestra, quien indudablemente aún tenía el poder para ponerlos en su lugar.
De pronto Kingsley habló —Las cosas se salieron de control, ¿saben? Hace dos años hablé con Dumbledore, poco después de la batalla en el Ministerio. Me dijo que se encargaría de preparar a Harry, informarle sobre Tom Riddle. Quizá también le permitiría compartir esos detalles con Hermione y Ron, nadie más. Albus estaba muy confiado de que Harry se mantendría quieto en Hogwarts. Luego, en una junta, nos dijo que ya no era el guardián legal de Harry, que Hermione Granger había cambiado el curso de la historia. Estaba indignado y casi divertido por la situación. Me dijo: "Cuidado, Kingsley, porque con el apoyo de la señorita Granger, Harry puede terminar gobernando el mundo mágico".
Luna sonrió llorosa por aquel recuerdo. La imagen de Hermione permanecía como un yunque gigante, sostenido por quienes la conocieron. No sería fácil de superar.
Harry bufó con el mismo gesto agridulce —No me interesa la política, Kingsley.
—Al principio yo también creí que Dumbledore se refería a eso. Luego, con cada nueva información que me llegaba sobre ti, dudé. Fue alarmante enterarme de que de pronto contabas con una pequeña armada que te juró lealtad, una armada que el propio Ojo-loco aprobó en repetidos entrenamientos. Me pregunté qué harías con tanto poder, cuando aún no sabía que eres capaz de hacer magia sin varita y que tu novia es la primera alquimista en siglos. Después, Dumbledore murió y diste un discurso muy interesante. Acabar con los puristas. Desde entonces no he dejado de preguntarme qué harás después, Potter. Sin Tom que te distraiga, sin un Ministerio que te limite, con la fidelidad de la población mágica. Albus tenía razón, podrías acabar gobernando nuestro mundo.
Harry parecía horrorizado por esa declaración —¿No se te ocurrió preguntarme qué rayos deseo hacer después de acabar con Tom? Eso es si logro sobrevivir, claro.
—¿Lo sabes? ¿Tienes un objetivo específico cuando podrías tenerlo todo?
Ron se sentó junto a Bill, claramente divertido —Es increíble ver esto desde afuera, ¿así de imbécil sonaba también?
Harry le sonrió —Oh, sí. Tú no parabas de creer que la fama se me subiría a la cabeza.
Kingsley no se vio halagado por el ligero cambio de tema —¿Entonces, Potter?
Suspirando, lo miró directo a los ojos, hablando con tanta seguridad que era imposible dudar una de sus palabras —En cuanto destruya a Tom Riddle, voy a dedicar el resto de mi vida a buscar a Hermione. Cuando ella esté conmigo, me daré por satisfecho. Compraré una casa, viajaré, quizá consiga convencer a Hermione de casarse conmigo. También quiero estudiar. Ah, y adoptar un perro.
Luna vio a McGonagall sonreír discretamente. El ex Auror, en cambio, parecía muy confundido.
—¿Y los DD? ¿Y tu habilidad para hacer magia sin varita? ¿El poder político que tendrás?
—No me interesa la política, te lo vuelvo a repetir. En cuanto a los DD, espero que ellos sean libres de hacer con su vida lo que les plazca.
—¿Ni siquiera te interesaría ser director del Departamento de Seguridad Mágica? ¿Mínimo?
Harry se encogió de hombros —Tal vez. No lo puedo descartar. Lo que quiero decir es que mi futuro no está encaminado a ser el dirigente del mundo mágico, ni convertirme en el siguiente Dumbledore. Primero necesitaré paz, mucha calma y tiempo para dormir. Luego ya veré. Además, es imposible dejar que la fama me consuma, Hermione jamás lo permitiría.
—Garantizado —masculló Ron.
—Así que puedes tranquilizarte, Kingsley.
—Te pensé más ambicioso.
—Lo soy. Sólo que no ambiciono lo mismo que tú. De Hermione no puedo decir lo mismo. Ella probablemente te desfalque de la silla ministerial en cuanto tenga oportunidad, así que aprovecha tu momentáneo éxito político.
McGonagall intervino —Tal vez podemos hablar de eso en un futuro, por ahora debemos aclarar esto. Tienen que llegar a un acuerdo sobre la Orden y los DD.
Harry negó, avergonzado —Los DD votaron para yo fuera su líder, juraron ante mí su lealtad. He sido egoísta e infantil al dejar caer esas muestras de confianza. Con ellos no hay discusión: son míos. Sobre la Orden, sé honesto, Shacklebolt, quedan tan pocos que nos necesitan. Les ofrezco unirse a los DD, con todo y tatuaje, si desean seguir luchando contra Tom. En caso contrario, creo que es momento de separar caminos.
Bill habló —Fleur estará encantada de unirse por completo a los DD.
—También Tonks —dijo Remus.
—Yo estoy de acuerdo —sonrió McGonagall— Solo hay que consultar a Dedalus, Aberforth, Sturgis, Hagrid y el resto de los Weasley.
—De Hagrid no hay por qué dudar. Siempre seguirá a Harry —opinó Ron—, lo mismo digo de mi familia.
—¿Aberfoth deseará apoyarnos? —preguntó Harry.
Lupin respondió —Creo que estará aliviado de pertenecer a una organización que no haya sido fundada por su hermano.
—¿Y usted, señor Shacklebolt? —inquirió Luna.
Suspiró resignado —Que Merlín nos ayude. Acepto.
Harry le ofreció la mano. Ambos sonrieron.
—¿Y qué hay de Prudence Parkinson? —dijo Bill.
Luna se preocupó al ver a Harry tensarse. Había algo raro ahí, definitivamente.
Notas:
Llevo más de un año sin actualizar este fic, aunque lo amo. Sé que también sigue pendiente la Partida del Maestro de la Muerte, pero... escribir no ha sido fácil. Retomaré esta historia, todo lo que pueda, porque necesito escribir sobre esta Hermione y devolverla junto a Harry.
Gracias por todos aquellos que siguen enviando reviews a este fic y al resto de mis historias. Leo sus comentarios y me alegran profundamente cada día. Gracias a quienes me han enviado felicitaciones de año nuevo, buenos deseos o simples palabras de acompañamiento, aunque no nos conocemos. Es indescriptible lo afortunada que me siento al contar con ustedes.
Saludos,
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