Nota de la autora antes de continuar: HTTYD tú eres el ganador de mi corazón. XD.

Capítulo anterior.

No acabé con él. —respondió el hechicero con más seguridad y evitando verla. —Lo siento, se volvió a escapar.

Ush… ¡No puede ser! Dijiste que la trampa funcionaría, pero… pero ¡si era una trampa muy buena! ¿cómo pudo haber fallado?

Pues lo siento, no funcionó, ni modo, creo que tendremos que seguir vigilando de noche.

Ay no, me siento muy cansada. No es lo mismo dormir de día que de noche.

Pues si quieres ya no me acompañes, yo puedo hacerlo por mi cuenta.

Sí, claro… como hoy. —acusó esta con sarcasmo. —Pero olvídalo, estamos en esto juntos, Haddock, y hasta que no vea desaparecer a ese cerberus no descansaré.

cómo quieras. —sonrió este fingidamente.

Ush… ya es tarde, creo que es hora de volver a la casa.

Claro, después de ti. —le señaló Hiccup el camino para que avanzara primero.

Haciéndole mala cara, Astrid se adelantó en dirección hacia donde habían dejado estacionado el auto. Mientras que Hiccup, se permitió dar un respiro cuando su compañera se alejó lo suficiente de él. La decisión que había tomado había sido precipitada, sólo esperaba que nadie lo descubriera pues de seguro tendría graves consecuencias, pero prefería mil veces jugar al cazador que a la casita.

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Capítulo 17.

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Se acabó… ¡RENUNCIAMOS!

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Sábado, 15 de diciembre 2018, 01:45 p.m.

—Bien niños, es todo por hoy. Como siempre, lo hicieron excelente, sin embargo, debemos seguir practicando para hacerlo aún mejor, recuerden, en 9 días será nuestra presentación.

—¡Sí, maestro Alberick! —asintieron todos los menores con una sonrisa.

—Que tengan buen fin de semana niños, que descansen.

—Igualmente maestro Alberick, maestra Mako. —dijeron los niños al unísono, dando sus respectivos respetos a sus mayores.

Terminando así la exhaustiva práctica, todos los niños comenzaron a guardar sus pertenencias en sus mochilas y de uno en uno comenzaron a salir del salón de música para ir en dirección a la entrada principal donde esperarían por sus padres.

Sólo los maestros, su pequeño hijo y Zephyr se quedaron al final, los primeros guardando lo que se llevarían a su hogar, mientras que la hija mayor de los Haddock despistadamente se aseguraba de dejar bien guardado su instrumento, ya que el secreto de que practicaba música sólo lo sabían su falso padre y tío.

Recordarlos hizo a la pequeña suspirar desde su sitio, pues su falso padre llevaba más de una semana "atrapando" monstruos, mientras que su falso tío fingía ser su padre y vaya que lo hacía realmente mal. No sabía conducir, por lo que tenía que llevarla caminando a la escuela, no sabía cocinar, por lo que la tarea se la dejaba a sus falsas tías y no sabía aparentemente cómo trabajar, pues siempre lo escuchaba quejarse con Hiccup durante la cena.

Todo iba de mal en peor, pero ¿ella qué podía hacer?

—Zephyr…—escuchó de repente.

Al girarse vio que se trataba de su maestra que con una dulce sonrisa se puso de cuclillas para quedar a su altura.

—¿Te pasa algo malo?

—No. —respondió moviendo su cabeza. —Sólo pensaba.

—¿Tu papá, mamá o tío vendrán por ti? —preguntó Mako para hacer plática.

—No lo sé, supongo que mi tío.

Sabiendo exactamente cómo mentir, Zephyr fingió seguir preparando sus cosas para marcharse antes de que continuara el interrogatorio.

—Eh… Zephyr, espera.

La pequeña se detuvo a casi nada de estar pisando la salida; sin embargo, como les debía respeto a sus mayores, se volvió nuevamente hacia ellos.

—¿Sí? maestra.

—Hay algo que te queremos decir. —dijo Mako señalándose a sí misma como a su esposo. —O más bien, Alberick.

Zephyr desvió su mirada a su maestro que, carraspeando, pensó detenidamente cómo decirle lo que había descubierto, mientras que el pequeño Akito lo estiraba del saco entusiasmado con la noticia que le tenía.

—Sí es cierto, hay unas cosas que debo decirte. ¿Tienes tiempo?

—Sí, claro. —aceptó esta quitándose la mochila de la espalda para sentarse en un banquito.

—Bueno, en primer lugar, era para decirte que Mako y yo estamos sorprendidos por el nivel de habilidad que has demostrado para tocar el violín, te explicamos y a la primera entiendes, es como si fuera nato. ¿Tus papás o alguien de tu familia conoce algo de música o te ha enseñado?

—No, no que yo sepa. Papá es hábil en muchas cosas, pero no en esto, mientras que mamá…—resopló. —No creo que a ella le gusten esta clase de cosas.

La pareja se miró entre sí, viendo cierto aire de decepción en la pequeña.

—En fin. —carraspeó nuevamente Alberick. —Esa era la primera cosa que queríamos decirte, que eres muy hábil con el violín, pero no sólo con eso, debo decir.

—Ah, ¿no? —frunció Zephyr el entrecejo.

—No, ¿recuerdas que hemos hecho algunas prácticas donde todos cantamos?

—Sí.

—Bueno, he notado que tienes muy buen oído y también un buen rango de voz, que si se pule correctamente puedes llegar a ser una gran intérprete.

—¿En serio?

—Sí, y si quieres podemos hacer una prueba sólo para ver qué tipo de voz tienes.

—¡¿En este momento?! —comenzó Zephyr a enrojecer.

—Sí, anda… será muy rápido. ¿Te sabes la canción "En mi fantasía"?

—Sí, un poco…

—Ok, entonces sólo sígueme…

Alberick tomó asiento frente al piano y comenzó a tocar unas notas, mientras que la nerviosa Zephyr, siendo animada por la emocionada Mako y Akito, se posicionó frente al salón para comenzar a cantar.

" En la fantasía "

" Veo un mundo justo "

" Donde todos viven en paz y con honestidad "

" Sueño con almas que son siempre libres "

" Como en las nubes… que vuelan "

Con la última nota alta, Mako y Akito estallaron en aplausos, ya que no cualquiera (sin entrenamiento) podía llegar a ella, tan natural, como lo había hecho Zephyr. Sin embargo, como había dicho Alberick, Zephyr seguía siendo un diamante en bruto que necesitaba ser pulido, pues en cuanto terminó la nota, la pequeña no pudo evitar toser por el esfuerzo que recién había hecho.

—Ay, lo siento. —dijo sobando su garganta.

—No te preocupes pequeña, como dije, seguiremos entrenando esa voz tan especial que tienes… por lo pronto, si quieres para la presentación de navidad puedes ser parte del coro cantando algo más suave o, puedes seguir con la idea de tocar con los demás violinistas.

—Ay, no sé. —respondió la emocionada Zephyr.

—O hacer ambas. —sugirió Mako con una sonrisa.

Zephyr no supo qué decir, y mientras se decidía y sus mayores la motivaban, nadie se había percatado de una presencia oscura, que había hecho vibrar ansiosamente el cristal de la puerta y que había sido atraído por aquel singular canto.

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—¿Ves a tus papás? —preguntó Alberick una vez que salieron de la escuela.

—No, pero… —trató de distinguir Zephyr a alguien que venía corriendo a lo lejos. —Ya llegaron por mí… es mi tía Stormfly.

—Bien, entonces nos despedimos Zephyr, saluda a tu tía y a tus padres de nuestra parte.

—Sí maestro.

Dando pasos lentos, Zephyr caminó para alcanzar a su falsa tía, curiosa por saber porque la había ido a recoger.

—Ay dioses, pensé que llegaría más tarde. —dijo la agitada Stormfly.

—No, llegaste justo a tiempo. ¿Nos vamos?

La adulta asintió y tomó su mano para guiarla a la casa. Fue extraño para Zephyr ser acompañada ahora por la guía de su falsa madre, ya que a diferencia de Toothless (que no paraba de hablar de sus cosas), Stormfly resultaba ser más seria, y al parecer tampoco se interesaba en hablar con ella.

La silenciosa caminata hizo que su atención se enfocara en otras cosas, para ser más específico, a las casas cuyos peculiares adornos de la temporada ya eran visibles casi por todos lados. Zephyr sonrió ensoñada, en especial al ver por una ventana como unos niños ayudaban a un adulto (supuso era su madre) a poner los adornos navideños.

¿Adornarían su casa este año? Suspiró al pensarlo, en sus escasos 6 años de vida muy apenas recordaba la navidad pasada, donde sus padres habían decorado bellamente su casa con adornos por todos lados, un gran pino y hasta una de esas ramitas donde los enamorados siempre se daban besitos.

Pero… ¿y ahora? Todo había cambiado, sus padres se habían ido y ahora estaban con ella unos completos desconocidos. Eso la puso triste; sin embargo, se sacudió, para no pensar negativamente; sino lo contrario, aunque Hiccup y Astrid no fueran sus padres, ni Stormfly, Toothless y Alúmini sus tíos, ella quería enseñarles cómo era festejar la navidad en Berk.

—Stormfly… —musitó de repente.

—¿Sí?

—¿Me puedes hacer un favor?...

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Domingo 16 de diciembre 2018; 02:00 a.m.

—¿Crees que ahora si aparezca? —preguntó la temblorosa Astrid mientras trataba de darse calor en las manos con su propio aliento.

Tanto Hiccup como ella, se encontraban haciendo vigilancia en un edificio de departamentos que estaba cerca del último lugar en donde habían "intentado atrapar" al cerberus

—No lo sé. —respondió Hiccup también congelándose y con un tremendo dolor en el muñón de la pierna izquierda.

—¿Estás seguro de que no heriste a ese perro de muerte? Ayer no apareció.

—Ya te dije que no lo maté, y no es la primera vez que ese perro desaparece por más de un día.

—Me estoy congelando. —se quejó nuevamente Astrid. —Berk es tan frio como los pueblos del norte del mundo oscuro.

—Ni me lo digas. —gruñó Hiccup masajeando su pierna.

La hechicera vio con curiosidad lo que hacía su compañero, la pierna que se masajeaba o el punto más bien en donde lo hacía era la terminación de su pierna izquierda, esa herida que ella le había causado con Sky.

—¿Qué tanto me ves? —se quejó Hiccup al sentirse observado.

Astrid desvió su mirada.

—¿Te duele?

—¿Te burlas de mí? —se la devolvió este ofendido.

—Tenía curiosidad, pero si no quieres responder no lo hagas. —respondió Astrid sin seguirle el juego.

—Pues sí me duele, ¿contenta?

Astrid no comentó nada, y optó mejor por seguir esperando a que su enemigo apareciera. Mientras que del lado de Hiccup, le abrumaba sentirse adolorido, parecía ser una especie de castigo por la mentira que había dicho, pero prefería el dolor a llevar una vida aburrida que no le correspondía.

Así pasó el resto de la noche, adolorido y esperando por un ser que sabía nunca aparecería.

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Domingo, 16 de diciembre 2018; 02:00 p.m.

—¿A qué hora llegaron? —preguntó Alúmini viendo una típica escena.

—7 de la mañana. —respondió Toothless viendo como su protegido yacía dormido debajo de varias colchas.

—Olvídelos, mejor vayamos a comer. —dijo Stormfly bajando por las escaleras con Zephyr y Nuffink.

Estos no pudieron evitar ver a su falso padre con preocupación, ya que ahora sólo a eso se dedicaba: salir por las noches, luego llegar a dormir y ya no hacer nada.

—¿Y Astrid? —preguntó Alúmini por mera cortesía.

—Igual que aquel. —señaló Stormfly al que dormía en el sofá. —Niños, ¿Por qué no se adelantan en ir a la cocina en lo que hablo con Toothless y Alúmini?

—Está bien. —musitó la intranquila Zephyr, tomó a su hermanito de la mano y terminó de bajar las escaleras con él para ir luego en dirección a la cocina.

Con los niños fuera de vista, la guía de Astrid les hizo señas a los guías de Hiccup para que salieran por un momento de la casa. Estos captando la señal, salieron en silencio sin que el agotado hechicero se percatara de que andaban rondando por ahí.

—Esto es el colmo ¿No lo creen? —opinó Stormfly una vez que cerró la puerta.

—Sí, pero… ¿qué podemos hacer? ¿Tomar sus lugares e intentar atrapar a ese animal? Nos volvemos unas miniaturas en cuanto llega la media noche.

—En eso Toothless tiene razón. —comentó Alúmini. —Lamentablemente con nuestras habilidades no somos capaces de derrotar a ese tipo de seres.

—Lo sé, pero… Ush… es que no sé. Toda está situación me tiene incómoda, nunca había visto a Astrid siendo tan irresponsable como lo es ahora, y me extraña porque ella siempre deseó ser cazadora, pero ahora, al verla… me pregunto si así hubiera sido.

—Te entiendo, en el caso de Hiccup, me sorprende que, siendo tan estratega, aún no pueda encontrar la forma de atrapar a ese animal, y que también les esté costando tanto tiempo si con las armas que tienen con un solo toque podrían acabar con él.

—¿Y… no… estarán… fingiendo? —sugirió Alúmini con un poco de miedo.

De inmediato, Toothless y Stormfly la vieron con recelo.

—¿Cómo? —preguntó la nadder guía con el ceño fruncido.

La albina se encogió de hombros, sin saber exactamente qué decir.

—No sé… eh… no quiero pensar mal de ellos… pero…

—Pero…—incitó Toothless de brazos cruzados a que siguiera.

—Es que… ush… como dice Toothless, se me hace incoherente que Hiccup siendo cómo es, y su habilidad para este tipo de cosas aún no haya sido capaz de atrapar esa cosa.

—Y… ¿a dónde quieres llegar con eso Alúmini?

—Bueno, ¿Qué tal si ambos lo están dejando escapar a propósito?

—¿Y por qué crees que Astrid lo haría? —defendió Stormfly con una risita sarcástica. —Tú no la conoces

—Y yo sé que Hiccup es hábil, pero tampoco creo que se atreva a tanto, me extraña de ti Alúmini. ¿Cómo puedes pensar eso?

—Ay, ya… para qué se los digo si se van a molestar, y quiero mucho a Hiccup, pero con sólo verlo y por cómo actúa, me hace pensar ese tipo de cosas. —se defendió la albina. —Pero está bien, retiro lo dicho…para que no se molesten.

—Es que no es eso querida. —se acercó Toothless a ella. —Es que es como dices, es nuestro Hiccup…se me hace imposible creer eso de él.

—Lo mismo con Astrid, sé que puede ser media loca y cínica, pero… ush… no, no creo que se atreva a tanto.

—Olvídelo, chicos… como dije, fue sólo algo que se me pasó por la cabeza.

Sin embargo, aquellas ideas de la guía en lugar de quitarse se hicieron más fuertes, pues tan pronto comenzó la semana laboral, tanto Hiccup como Astrid siguieron desentendiéndose de sus tareas, y seguían saliendo por las noches, sólo para regresar al día siguiente diciendo que no habían encontrado al animal.

17, 18, 19 de diciembre, la misma historia, las mismas excusas.

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Jueves, 20 de diciembre 2018: 06:30 a.m.

—¿Lo encontraron? —preguntó Toothless esperanzado.

—No.

—Negativo.

Respondieron los agotados Hiccup y Astrid, ignorándolo como en los días anteriores sólo para ir a acostarse a su respectivo lugar de descanso.

Minutos más tarde, la misma historia y conversación de los guías.

—Comienzo a pensar que lo que dijo Alúmini es cierto. —comentó la agotada Stormfly mientras ayudaba a hacer el desayuno.

—Yo no quiero creer, pero si se me hace extraño. —dijo Toothless mientras ponía los platos en la mesa.

Mientras tanto, la guía albina se abstuvo de comentar ya que no quería ser criticada como la vez anterior, pero ella más que nadie, sabía que había algo turbio en toda la misión de cacería, y en silencio trató de idear un plan que le ayudara a obtener las respuestas.

—¡Ya estoy lista Stormfly, Toothless! —llegó Zephyr vestida con su uniforme escolar, acompañado del adormilado Nuffink.

—Bien, entonces desayunen niños, será un laaaaargo día. —canturreó Toothless fastidiado de llevar una vida que no le correspondía.

—Se están acabando otra vez los comestibles. —dijo Stormfly mientras les servía a los niños. —¿Cómo va ese trabajo?

—Creo que bien, hago lo que puedo. ¿Y el invernadero?

—Bien, gracias a Heather… porque Astrid…

La misma conversación de todos los días, pensó Zephyr mientras escuchaba la plática de los adultos, algo que ella también quería que se terminara, pues los guías podían ser tan fastidiosos por como se quejaban de sus protegidos.

—Oye Stormfly… ¿pudiste encontrar lo que te pedí? —preguntó para cambiar el tema de conversación.

En ese momento, los adultos dejaron sus quejaderas para enfocarse en ver a la niña.

—Oh… ¡los adornos! Lo siento Zephyr, te prometo que ahora si te los bajo, los encontré en ese ático.

—Ah, es cierto… junto con un montón de chatarra vieja. —dijo Alúmini para si misma, mientras pensaba en un plan.

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Horas más tarde, Stormfly, como prometió, se puso a bajar los adornos navideños del ático, siendo ayudada por Alúmini y Nuffink. Mientras que Heather se encargaba del invernadero. Todos los movimientos que se estaban haciendo en el nivel superior de la casa no despertaron a Astrid de su letargo, pero para Hiccup, quien pretendía seguir durmiendo se le hizo demasiado escándalo.

—¿Podrían callarse o prender los silenciadores? —pidió cuando vio todo lo que estaban bajando las guías.

—Ay lo siento Hiccup, pensé que si lo había hecho. —respondió Alúmini con una falsa sonrisa.

—Descuida, iré a dormir otra vez.

—¡Espera!

Como le daba la espalda, la albina no pudo apreciar como su protegido rodaba los ojos con fastidio.

—¿Sí? —se giró hipócritamente Hiccup.

—Encontramos mucha basura en el ático, y ya que estás despierto, me preguntaba si me puedes hacer el favor de llevarla al depósito de chatarra.

—¿A ese donde peleamos contra el gólem?

—Sí.

—No inventes Alúmini, está muy lejos de aquí…

—Pero es que es mucha basura. —rezongó esta haciendo un puchero. —Sabes que no me gusta el desorden.

—Sí, pero… ¿Por qué no le dices a Hofferson que la desaparezca con su magia? ¿O déjame ver si la puedo desaparecer con la mía?

—No, Hiccup… Astrid está dormida, y bueno… creo que sería bueno que salieras de vez en cuando, anda, por favor… hazlo por mí. —Pidió con su mejor cara.

—Ush… está bien, pero de antemano, te digo que demoraré, ese lugar esta muy lejos.

—¿En serio? ¿Qué tan lejos? —preguntó con falsa curiosidad pues sabía exactamente donde estaba.

—Ah… no sé, eh… tal vez ni siquiera pueda alcanzar a ir por Toothless y Zephyr. —respondió Hiccup, pensando seriamente en deshacerse de las tareas por el resto del día.

—Oh… ya veo, bueno… pero de igual manera, quiero que vayas por favor, entre más rápido mejor.

El hechicero rodó los ojos, sin embargo, para no responder a su guía se dispuso a hacer lo que quería o al menos hacerle creer que lo haría.

Para comenzar con la farsa, ayudó a bajar todo lo que Alúmini quería desechar, cosas que estaban almacenadas en cajas y las cuales contenían trastos más viejos que él, fierros que no servían, así como libros y papeles que descubrió habían pertenecido a un antiguo propietario.

Después de sacar todo lo que iban a desechar, lo metió a la cajuela del auto, y una vez que estuvo listo se marchó.

En todo aquel tiempo, Alúmini no le quitó el ojo de encima, conocía muy bien a su protegido adoptivo y podía ver en él, el fastidio y la hipocresía con la que actuaba, y una vez que se marchó esperó el momento apropiado para asegurarse de que cumpliera con sus tareas.

"Tengo que averiguar algo, regreso más al rato"

"Alúmini"

Escribió en una nota mágica, y prendiéndola con su habilidad la mandó a su compañera Stormfly.

Saltando de casa en casa, comenzó a seguir a su protegido, siendo cuidadosa con sus movimientos para que este no se percatara de que ella estaba cerca. Siguiéndolo, recorrió parte del camino inicial que se debía tomar para salir de la comunidad, hasta ese punto, sintió alivio ya que, muy dentro de ella, estaba esperanzada a que Hiccup hiciera lo que se le había encomendado. Pero para su mala suerte, cuando el hechicero giró hacia un lado contrario, empezó a temer lo peor.

"Tal vez utilizó un atajo" se decía a sí misma, conforme lo seguía.

Sin embargo, el trayecto que estaba tomando el hechicero cada vez más lo alejaba del destino original.

La decepción se reflejó en el rostro de la conmocionada Alúmini, cuando por fin Hiccup se detuvo en un estacionamiento, cerca de la playa de Berk. Ahí, este bajó del auto sólo para ir a un mirador donde estuvo contemplando por varios minutos el mar, para luego bajar al área de la arena donde se acostó tranquilamente en un camastro que estaba debajo de una confortable y enorme sombrilla.

Aún esperanzada, Alúmini esperó impacientemente a que su protegido hiciera algo más, pero las horas pasaron y Hiccup siguió descansando, pasando el medio día, se levantó aparentemente más relajado, pero, en lugar de regresar al auto, comenzó a caminar por todo lo largo de la playa, hasta que llegó a un solitario punto en donde comenzó a practicar con su arma y magia.

Era el colmo, la guía estaba demasiado decepcionada, no podía creer que Hiccup, ese muchacho responsable que creía haber guiado por un camino correcto, fuera tan irresponsable al grado de que buscara cualquier estupidez para entretenerse en lugar de hacer un simple deber.

Luego, el atardecer llegó, calculó por la posición del sol que eran alrededor de las 6 de la tarde, su última esperanza es que al menos se compadeciera de Toothless y fuera al trabajo por él.

Pero no pasó, aún sin hacer nada, vio que Hiccup optó por arrojar piedras al mar, en lugar de ocuparse de su fiel guía.

Eso la entristeció.

Pero además de la tristeza, se sentía devastada y muy decepcionada. Ver a Hiccup siendo un desobligado no hizo más que confirmarle que a él no le importaba nadie más que él mismo, y lo sintió, no por él, sino por su querido Toothless, el cual le tenía una fe ciega.

El pensar en su pareja desmoronándose con el descubrimiento que había hecho hizo que su corazón sintiera aún más tristeza, a tal grado, que su cuerpo de humano comenzó a reaccionar involuntariamente y comenzó a iluminarse. Alúmini ni siquiera se ofuscó con el repentino cambio de su cuerpo, cuando este pasó a ser nuevamente el de un pequeño dragón blanco.

Su mirada siguió clavada en el distraído Hiccup que, cuando consideró oportuno (un par de horas más tarde) dejó el jugueteo para volver al auto.

Hasta ese momento, la ahora dragona reparó en su original apariencia y, confundida, se echó a volar antes de que su protegido la viera. Le ganó el paso y llegó al auto primero, donde buscó un lugarcito entre la maquinaria para esconderse y ser llevada de nuevo a la casa, a donde supuso iría su protegido.

Al cabo de unos largos minutos, tal como lo había supuesto, Hiccup regresó a la casa con toda la basura aun en la cajuela, y lo que ahora le interesaba a Alúmini era saber con que excusa saldría.

Hiccup, aún desconociendo que tenía a una mini espía siguiéndolo, metió el auto en la cochera y entró a la casa de lo más normal. En ese momento, Alúmini salió de su escondite y revoloteó por el lugar tratando de concentrarse para volver a su forma falsa. Hasta ese momento, no sabía cómo había logrado el cambio y comenzó a frustrarse por no poder volver al otro estado pues lo que más quería era confrontar a su protegido cara a cara.

Sin embargo, pronto unos ruidos la alertaron, alguien se dirigía a la cochera por lo que rápidamente buscó un escondite entre las herramientas que yacían en unos estantes que estaban colgados en las paredes.

—Ya suéltame, Haddock ¿Qué quieres? —escuchó la voz rezongona de Astrid.

Enseguida, la luz de la cochera se encendió, por lo que Alúmini se engarruñó más de entre su escondite.

—Sólo quiero que me hagas un favor. —escuchó decir a Hiccup.

La dragona observó como su protegido abría la cajuela del auto, y le mostraba a una fastidiada Astrid lo que había en su interior.

—¿Y esa basura? —cuestionó ella con su típica frivolidad.

—Sólo quiero que me ayudes a desaparecerla, con tu magia.

—¿Y eso como por qué o para qué?

—Mira Hofferson… no preguntes. —respondió él con fastidio. —Si sabes lo que te conviene, más vale que me hagas este favor.

—Con que esto me conviene…—repitió ella con un tono insinuante. — está bien, como sea…

Astrid invocó a Sky iluminando toda la cochera, y con un solo toque del filo del arma comenzó a reducir la basura en pequeñas partículas de polvo, apenas visibles. En su escondite, la impactada Alúmini, no pudo creerlo, pues a cómo había visto la situación, concluyó que Astrid no era más que la cómplice de Hiccup para todo lo que les estaban haciendo a ellos.

Aún sin percatarse de que ella rondaba por ahí, Astrid y Hiccup abandonaron de lo más normal la cochera que finalmente quedó nuevamente sumida en la oscuridad cuando la luz se apagó.

La decepcionada dragoncita, salió cabizbaja de su escondite, pues ahora no sólo tenía la tarea de informar a su pareja acerca de su descubrimiento, también tendría que decírselo a su amiga, aquella nadder guía, que se cargaba un carácter severo para el bien de su protegida.

Pero… ¿cómo hacerlo?

Comenzó a frustrarse por no saber cómo decirlo y tampoco por no saber cómo volver a su otra forma, a la cual tenía que regresar para no levantar sospechas. Desesperada, revoloteó un par de veces por la cochera y al no lograr su objetivo, optó por salir de ahí por la ventanilla que había en la puerta de entrada.

Ya en el exterior, siguió revoloteando en el techo, tratando de concentrarse, le quedaba poco tiempo, ya que imaginaba que en ese momento la cena se estaba sirviendo y, si ella no estaba, Hiccup podría sospechar algo, estaba desesperada, no podía soportar la presión.

—¿Alúmini?

En ese momento, el corazón se le detuvo. Quien le había hablado era nada más ni nada menos que Toothless que, aun en su forma de humano, estaba de pie a unos pasos de ella, justo en la pequeña orilla del techo.

Al verlo, los ojos de Alúmini se dilataron y voló fugazmente a su encuentro, y antes de alcanzarlo, su cuerpo comenzó a iluminarse y a transformar en la chica de ojos azules y largo cabello blanco, quien terminó el trayecto y se aferró en un abrazo al ser que más amaba en el mundo.

—Alúmini, ¿qué pasa? ¿Cómo hiciste eso? —cuestionó el confundido Toothless.

Como respuesta, la guía negó con su cabeza cerca de su pecho, y más se aferró a él, pues no quería que viera su tristeza, aun no estaba lista para decirle lo que había descubierto.

—Me estás asustando… ¿pasó algo?

—No, sólo quiero tenerte así…—le respondió lo más tranquila que pudo.

El guía nocturno, sin entender demasiado, se limitó sólo a abrazarla y esperar a que ella le dijera lo que ocurría, es lo que su instinto le decía debía hacer.

—eh… eh… —escucharon una especie de carraspeo detrás de ellos.

La pareja de furias se separó un poco y vieron apenados que alguien más los había alcanzado en el techo. Era Stormfly que, un poco incomoda por lo que presenciaba, trató de ser lo más discreta e ir directamente al grano.

—La cena ya está servida… ¿está todo bien? —preguntó con su mirada desviada a otro lado.

—Eso creo…— se rascó Toothless el cabello y bajó su mirada hacia su pareja, la cual estaba ensimismada viendo con preocupación a la nadder. —¿Alúmini? ¿Todo bien?

Esta reaccionó dando unos parpadeos y se separó de él, con un actitud más propia a ella.

—Sí, todo bien. —sonrió. —Vamos a comer.

—¿pudiste hacer todo lo que tenías que hacer? —cuestionó Stormfly antes de que se le pudiera ir.

—¿Hacer qué? ¿Saliste? —preguntó Toothless viendo a ambas chicas.

Alúmini tragó saliva.

—Mira, sea lo que sea que hiciste puedes contárnoslo. —animó la nadder acercándose a ella. —Hiccup no sabe qué saliste y Astrid se levantó como siempre muy tarde, y hasta apenas unos minutos se dio cuenta de que no estabas, yo le dije que estabas tomando un descanso en el techo.

—Gracias Stormfly. —sonrió la albina dando un suspiro. —pero antes de decirles lo que hice el día de hoy, les quisiera pedir a ambos un favor.

—¿qué es?

—Voy a ordenarles algo a Hiccup y a Astrid, y no quiero que ninguno de ustedes me contradiga u opine al respecto.

—¿Por qué? —frunció la nadder el entrecejo.

—Por favor, sólo háganlo, permítanme que sea yo la que hable con ellos ahora.

Toothless y Stormfly se miraron entre sí, y aunque no comprendían lo que pasaba asintieron inseguros a la petición de su pareja y amiga.

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La hora de la cena pasó sin más, todos los presentes estuvieron en silencio, algo muy extraño para los pequeños, los cuales ya comenzaban a acostumbrarse a las típicas quejas de sus guías para sus falsos padres.

—Bien, creo que debo prepararme, me espera una larga noche de vigía. —dijo Hiccup pretendiendo levantarse de su asiento.

—¡Alto ahí, Hiccup! —exclamó Alúmini con seriedad. —Necesito hablar contigo y con Astrid.

Los hechiceros confundidos se miraron entre sí, sin entender qué había sido eso, pero Hiccup, aunque malacariento, obedeció y volvió a tomar su asiento.

Los demás, incluyendo a los niños, estaban expectantes de lo que acontecería; sin embargo, Alúmini solamente suspiró, y se volvió con una sonrisa hacia Nuffink y Zephyr.

—Niños, ¿por qué no ven lo que Stormfly sacó de las cajas y ordenan lo que quieren poner en la casa?

—¿Los adornos navideños? —preguntó el menor de los Haddock con emoción.

—Sí, así es.

—¡sí! ¡Vamos, Zephyr! —se levantó entusiasmado de su asiento.

—Ah, pero… —miró la niña preocupada a los adultos.

—Anda Zephyr, los mayores debemos hablar de algo importante. —insinuó la albina, incitándola con la mirada a que se marchara.

—Está bien… vamos Nuffink.

Con pesar, Zephyr abandonó la mesa junto con su entusiasmado hermano; una vez que se fueron Alúmini se cercioró que no estuvieran cerca y encendió los silenciadores que había en la cocina.

—¿Podrían decirnos que está pasando? —preguntó la exasperada Astrid viendo aquello todo muy extraño.

Pero como Stormfly ni Toothless sabían lo que la otra guía tramaba, se limitaron a estar en silencio y esperar a que Alúmini actuara.

—Claro. —respondió esta tomando nuevamente su asiento. —Sólo que no quería que los niños escucharan los gritos que probablemente habrá.

—¿Y eso por…? —cuestionó Hiccup sintiendo un mal presentimiento.

—Porque hemos decidido que ya no seguiremos cubriéndolos. —respondió la albina con tranquilidad.

—¡¿Qué?! —exclamó Hiccup poniéndose de pie. —¿Qué quieres decir? ¿Qué pretendes Alúmini?

—¿Yo? Nada, sólo que creo que ya fueron muchas noches de vigilancia y nada de resultados.

—¡Un momento, un momento! —se puso Astrid de pie. —¿Acaso insinúas que estamos perdiendo el tiempo?

—Yo no lo dije, tú lo dijiste…

Astrid rio.

—¿Crees acaso que estamos jugando? No tienes ni la más remota idea de cuánto hemos buscado a ese perro. ¿crees que me gusta estar vigilando de noche y estar congelándome?

—Pues ya no lo hagas, si no aparece ¿para qué hacer la vigilancia?

—¿Estás loca o qué Alúmini? —salió Hiccup en defensa de su aliada. —Hofferson tiene razón, no estamos jugando.

—Ah, ¿no? — lo encaró la guía molesta. —Entonces… díganos ¿qué se supone que hacen durante la vigía?

—Ah… yo…—balbuceó Hiccup buscando la manera correcta para mentir.

—¡Esperamos! —se apresuró Astrid a responder. —El que tengamos magia no nos hace adivinos, no sabemos exactamente donde está ese animal ¿Por qué simple y sencillamente no puedes entenderlo? ¡Alúmini!

—Porque, así como ustedes nos reclamaron semanas atrás que Toothless, Stormfly y yo habíamos perdido el tiempo, hoy yo les reclamo lo mismo y ¡EXIGJO! que, si no han dado con ese animal, vuelvan a su rutina normal hasta que de nuevo aparezca.

—¡Claro! Como si trabajar en ese aburrido lugar pudiera resolver algo, Alúmini, date cuenta… hay gente que corre peligro, incluyendo a esos niños. —jugó Hiccup su carta.

Alúmini se sobó la frente fastidiada.

—Esos niños son tus hijos ¡ENTIÉNDELO DE UNA MALDITA VEZ! Y lo que necesitan es que sus padres estén atentos a ellos ¡DÍA Y NOCHE!

—¿Y qué quieren que hagamos? —preguntó Astrid sin entender a donde iba todo el asunto.

—Sólo que TODOS volvamos a hacer lo que se pactó desde un principio, que ustedes tomen los roles que les corresponde y nosotros sólo ser el "apoyo".

—¿Y no es acaso lo que hemos estado haciendo? —reclamó Hiccup a punto de perder la paciencia.

—Desde mi perspectiva, no. Así que, más vale que se duerman temprano, porque mañana les espera un largo día de trabajo.

—Alúmini…—bufó Hiccup sobando su frente. —Si algo pasa…

—SI ALGO PASA… estoy segura de que ustedes lidiarán muy bien con eso… son unos magos excelentes ¿no es así? "Lo mejor de su familia" —canturreó con sarcasmo. —Así que, basta de reclamos, está decidido…

—Pero...

—Pero NADA… si deciden irse está noche, será su problema, pero escuchen bien, aténganse a las consecuencias, porque mañana ni Toothless, Stormfly y yo haremos sus tareas, eso incluye sus trabajos y atender a los niños.

—¿No se atreverían? —rio Astrid tomándoselo como broma.

—Hablamos en serio. —se levantó Stormfly haciendo una inesperada segunda para su amiga.

Hiccup bufó y entonces vio a su guía, aquel que hasta ese momento había permanecido en silencio, con su vista bien fija sobre él y su enemiga.

—¿Y tú Toothless? ¿Estás de acuerdo con esta locura? —pidió Hiccup su opinión.

Entonces el guía nocturno se levantó para dar su respuesta definitiva.

—Estoy con ellas, más vale que hagan lo que Alúmini les dice o aténganse a las consecuencias.

—Ush… ¡está bien! —aceptó Astrid malhumorada. —Pero si algo pasa, escúchenme bien, no me haré responsable…

Dicha su palabra final, se levantó de su asiento para ir directamente a la cama. Mientras que Hiccup, permaneció en su asiento con el entrecejo fruncido y visiblemente molesto.

—¿Tienes algo que decir, Hiccup?

—NADA… Alúmini, ¡buenas noches!

Y con la misma molestia que Hofferson, se fue a su sofá para estar sin hacer nada de lo que restaba de ese día, o al menos hacer parecer eso, pues tenía que pensar cuidadosamente cómo zafarse de nuevo de sus actividades.

Mientras tanto, los guías se permitieron dar un respiro de alivio cuando los dos hechiceros finalmente se marcharon.

—Alúmini… ahora sí… ¿me puedes explicar que fue todo eso? —preguntó Toothless

—Lo mismo, te apoyamos como nos dijiste… pero… sigo sin entender bien. —dijo Stormfly.

—Esto chicos, eso sólo otra oportunidad.

—¿Oportunidad? —repitieron los guías confundidos.

—Sí, otra oportunidad para que Hiccup y Astrid hagan lo correcto.

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Viernes, 21 de diciembre 2018; 06:45 a.m.

La aburrida rutina había empezado. Los niños como todos los días se habían levantado. Hiccup de mala gana se levantó e hizo el desayuno para todos los que vivían en la casa, pues sabía que no podía confiarle eso a la inútil de su aliada que, en lugar de estar muy despierta, parecía que no había dormido durante la noche. Los guías, parecían ser los únicos que disfrutaban del espectáculo que ahora él estaba protagonizando.

—Ya extrañaba tu comida Hiccup. —alabó Zephyr su platillo mientras lo degustaba.

—Sí, está muy rico. —dijo Nuffink con la boca llena.

El aludido, no mencionó nada, y sólo se limitó a comer con mala gana.

—Sí, coman muy bien… que les espera un largo día. —insinuó Alúmini viendo tanto a su protegido como a la otra hechicera. —Astrid, anda, come… Heather y tú harán unas entregas.

—Es que no se me antoja. —dijo esta con una mueca de asco. —Siento que es demasiado temprano como para comer.

—Pues no comas, ¡si no quieres!... Chiflada…—espetó Hiccup.

—Hiccup… basta. —regañó Alúmini. —Astrid, es normal que te sientas así, tienes el horario al revés, pero tan pronto acostumbres a tu cuerpo al horario que debe ser, ya no te sentirás así. Así que come, por favor.

—Paso… lo guardaré para más tarde. —decidió esta llevándose su platillo a otra mesa, donde lo cubrió con una tela. —Estaré arriba, niños estaré arriba por… si necesitan algo.

—¡Sí, Astrid! —asintieron estos felices de por fin ser atendidos por ella.

—Hiccup… tienes que ayudar a Astrid, por lo menos a bañar a Nuffink… —le susurró Toothless dándole unos golpecitos en el costado.

—¡Yo ya hice el desayuno! Que ella haga lo demás, díganle a Zephyr que la estaré esperando en el auto para irnos.

—Ok, pero si quieres… te acompaño. —se levantó su guía dispuesto a seguirlo.

Sin embargo, antes de que pudiera alcanzarlo, Hiccup lo detuvo.

—No es necesario amigo, puedo hacerlo perfectamente yo solo. —dijo con un tono un tanto sarcástico.

—Bien. —se volvió a sentar Toothless. —Que te vaya bien… en el trabajo.

El hechicero rodó los ojos y tomó el saco que se llevaría puesto, y sin siquiera despedirse se retiró de la cocina.

Stormfly estaba sorprendida por cómo aquellos dos habían actuado con Hiccup, todo parecía indicar que de nuevo habían recuperado el respeto que últimamente este les faltaba.

—Wow… me sorprende que haya cedido tan rápido. —dijo el impresionado Toothless también.

—¿Verdad? —concordó la nadder. —Parece que nuestros problemas por fin se acabaron.

—O eso nos quieren hacer pensar. —dijo Alúmini no muy convencida.

—¿De qué hablas querida?

La albina resopló.

—Toothless, hay algo que debemos hacer…

—¿Sí?... ¿qué cosa?

—Sólo quiero que me acompañes a averiguar si no erré al darle a Hiccup otra oportunidad, porque si no…—resopló. —No sé si lo soportaría.

—Pero… ¿qué? ¿De qué hablas? ¿De qué me perdí? —preguntó Stormfly sin comprender lo que tramaban esos dos.

Toothless estaba igual, pero al ver los ojos azules de su compañera lo hicieron suponer que le revelaría lo que le acongojaba el día anterior.

—Está bien. —aceptó seriamente. —¿Qué debo hacer?

—Ya te lo diré. Cuando nos marchemos, Stormfly, ¿Podrías quedarte a vigilar a Astrid, y asegurarte de que haga lo que le corresponde?

—uhm… claro…

—Gracias, Toothless… sígueme… vigilemos en el techo, seguiremos a Hiccup…

—Ok… de acuerdo. —aceptó este inseguro.

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Minutos más tarde, y ajeno a lo que tramaban sus guías, Hiccup partió en el auto junto con Zephyr, a quien llevó puntualmente a la escuela, por esa parte no se había presentado ningún problema.

Sin embargo, la verdadera prueba sería la siguiente, Toothless y Alúmini siguieron el recorrido que tomó el hechicero, durante el transcurso del camino, la albina le contó a su pareja los acontecimientos del día anterior, el cómo su protegido había evadido una simple tarea para irse a descansar y jugar en otro sitio.

Toothless en un principio no quiso creer, amaba demasiado a Hiccup para pensar que fuera capaz de hacer eso, pero la prueba evidente de que lo había hecho era que no había pasado por él ni por Zephyr el día anterior, y aunado a eso, se había atrevido a mentir, ya que durante la cena inventó que había estado atascado en el tráfico.

Finalmente comprendió lo que Alúmini trataba de hacer, así como la otra oportunidad que le estaba dando a Hiccup.

—Toothless… mira…

El furia despertó de sus pensamientos en un parpadeo y observó lo que su novia apuntaba, Hiccup había dado la vuelta, justo en dirección a donde estaba el trabajo. Motivado a que Hiccup no era el irresponsable que todos creían, continuó siguiéndolo.

Para su suerte y orgullo, el guía observó que Hiccup había llegado al trabajo, y todo parecía indicar que sí haría sus deberes; sin embargo, él no salió del auto.

—Anda Hiccup… ¿qué estás esperando? —susurró para sí mismo, ansioso por verlo salir del auto y de verlo entrar al edificio.

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Mientras tanto, en el estacionamiento, el abatido Hiccup comenzó a sentir gran frustración al estar nuevamente en ese lugar. Su mente, no dejaba de recordar las palabras que le había dicho aquel cerberus.

Llevar una vida aburrida y monótona, no era lo que él quería, pero… ¿qué se supone que debía hacer? Había tratado de escapar de ella, aunque fuera con una mentira, que sabía no iba a poder sostener por muchos días mas tampoco esperaba que el gusto se le hubiera acabado tan rápido.

Vio por la ventanilla, y a través de esta observó que Snotlout y Fishlegs entraban en el edificio de lo más felices, llevando con ellos unas tazas de café y una bolsa de papel de seguro con comida chatarra.

¿Eso era a lo único que podía aspirar? Comenzó a preguntarse.

Vivir con una mujer que no amaba, unos niños que, aunque se llenara la boca diciendo que no eran sus hijos, lo hacían dudar demasiado, un trabajo aburrido y con poca probabilidad de éxito, y, por último, unos guías que pretendían manejar su vida. ¿A eso se tenía que rendir?

—No… por supuesto que no… —se respondió a si mismo.

Y encendiendo el auto, se marchó de su lugar de trabajo.

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Los espectadores Alúmini y Toothless quedaron boquiabiertos, en especial este último que sintió una terrible punzada en su pecho al ver la decisión que su protegido había tomado. No quería creerlo, pero los hechos hablaban por si mismos.

Mientras que, aun lado de él, la llorosa Alúmini se limpió las lagrimillas de sus ojos para proseguir con lo siguiente, con lo que ella había decidido, y esperaba que su pareja también decidiera.

—Anda Toothless…— lo zarandeó. —Tenemos que seguirlo.

El anonado Toothless, apenas y pudo reaccionar, por lo que sólo se limitó a seguir a su amada, hacia el nuevo rumbo que había tomado Hiccup.

Horas más tarde, llegaron a su nuevo destino: la playa.

—otra vez… —se lamentó Alúmini viendo como Hiccup aparentemente pretendía repetir el patrón anterior, pues tan pronto dejó el auto estacionado, fue a aquel mirador para observar a la nada. —Toothless… ¿crees que…

—Esto se acabó…—gruñó este con sus ojos ensombrecidos por su cabello. —Se acabó… estoy harto…— susurró.

Alúmini bajó la cabeza sintiendo el mismo pesar, y para confortarlo, lo abrazó por los hombros, al hacerlo, pudo sentirlo, como su querida pareja temblaba del simple coraje, de la decepción que le causaba ver a su protegido, a ese humano que se supone que debía llevar por el camino correcto y cuyos esfuerzos parecían haber sido en vano

—Pero me va a escuchar… ese…

Sin decir más, Toothless se zafó bruscamente de su pareja para ir a donde se encontraba su protegido, Alúmini, asustada por lo que pudiera pasar, rápidamente lo siguió para ayudarlo a confrontarlo.

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Mientras tanto, Hiccup seguía con la vista perdida en el horizonte y con su conciencia completamente tranquila. Después de lo que había hecho, el no haber ido a trabajar parecía haber sido una sabia decisión, hasta que…

—¡Hiccup!

El corazón casi dejó de latirle cuando escuchó esa voz; y todo lo que llevaba pensando pareció irse al grano, pues tan pronto dedujo quien estaba detrás de él, sintió la conciencia intranquila y llena de culpas.

—¡Hiccup! ¡Te estoy hablando!

El exigente llamado de Toothless lo hizo nuevamente dudar, pues ese singular tono era el que llevaba escuchando semanas y era el cual le exigía a hacer cosas que no quería.

—¡Que te estoy hablando cretino! ¡¿qué acaso no me escuchas?!

Con un jaloneo, Toothless hizo que su protegido lo encarara, este como si nada y sin ninguna pizca de arrepentimiento sólo se acomodó el arrugado saco que le había estrujado.

—Sí te escucho, ¿qué quieres? —se atrevió a desafiarlo.

Toothless quedó boquiabierto con esa contestación, y como respuesta le dio otro empujón, detrás de él, Alúmini no se atrevía a intervenir.

—¿Qué quiero? ¿Qué se supone que haces? ¿Qué haces aquí? ¡YO SOY EL QUE QUIERO RESPUESTAS! —dijo desconsolado.

Hasta ese momento, Hiccup bajó su nivel de presunción y pudo ver dolor reflejado en el rostro de su querido guía.

—No… no fui al trabajo… creo que eso es evidente. —admitió sin culpa.

—Y ¿por qué demonios, Hiccup? ¡¿Por qué?!

—¿Por qué? ¡YA SE LOS HE DICHO MUCHAS VECES Y USTEDES NO QUIEREN ENTENDER!

—¡Basura!… deja ya esas excusas… sólo te pedimos una maldita cosa… ¡UNA! y no la pudiste hacer…

—Ay Toothless, sólo fue…cosa de hoy…—rodó los ojos con fastidio.

—¿Y ayer? —intervino Alúmini. —¿Ayer cuál era la excusa?

—¿De qué hablas Alúmini? No te metas…—amenazó este tratando de mantenerse en la mentira.

—¡Ya basta Hiccup, no le hables así! —gritó Toothless— Y más bien… ¡responde! ¿Qué hacías aquí el día de ayer?

—Y no te atrevas a mentirnos Hiccup, porque te seguí, estuve todo el maldito día esperando a que hicieras lo que te pedí. —advirtió Alúmini.

En ese momento, Hiccup se encogió de hombros y su movimiento corporal se delató por sí solo.

—¿Qué hacía ayer? Si lo viste Alúmini… entonces no tiene caso responder…

—Que cínico eres…—enfureció Toothless.

—Bueno… es la verdad… o ¿quieren escucharlo de mi boca? Está bien, sí así lo quieren… sí, Alúmini, no te obedecí, no tengo porque… vine aquí a la playa a pensar, a descansar de ti, de Hofferson, de los niños… porque no quería verlos, porque TODOS me tienen HARTO… ¡escuchaste! ¡HARTO DE QUE QUIERAN MANIPULAR MI MALDITA VIDA! ¿estás contenta?

A la albina se le aguaron los ojos con tan brutal y sincera respuesta.

—Déjala en paz, Hiccup… —se interpuso Toothless entre ellos. —Y mejor… ya que estás siendo tan honesto… dime en qué más has mentido…

—De… de ¿qué hablas? —trató de evadirse dándole la espalda.

—¡Dime la verdad! ¿el cerberus que aparentemente Hofferson y tú han estado siguiendo es real? ¿O es otra de tus mentiras?

Hiccup se giró para encararlo.

—No seas tonto, Toothless… ¡claro que es verdad!… ¿acaso no viste cómo llegábamos? ¿estás ciego o qué?

—¿Y es verdad que todavía no acaban con él? —cuestionó Toothless con sus ojos enrojecidos y voz entrecortada.

El hechicero tragó saliva y sintió un poco de culpa, dudó en responder.

—¡Responde, Hiccup! —gritó. —Maldita sea, responde…

—No. —musitó el acusado cabizbajo.

Toothless quedó pasmado, aquella revelación había sido más impactante que haberlo visto huir del trabajo.

—¿Desde cuándo? —se atrevió a preguntar Alúmini, no esperando esa respuesta.

—Acabé con él hace un par de días… una semana… casi…

—Y… ¿qué pasó? ¿Se te hizo fácil engañarnos? —reclamó Toothless. —¿A mí? ¡Amigo!... ¡Te di mi confianza… y me sometí a ese trabajo con tal de ayudarte… y ¿así me pagas?

—Ay Toothless… basta… fue una pequeña mentira… necesitaba despejarme de todo este ridículo circo en el que Alúmini y tú quieren someterme.

—¿Nosotros? Hiccup… lo que te pedimos hacer no es por molestarte… ¡es porque es tú responsabilidad!

—¡¿Según quién?! ¿Ustedes? Sigo sin comprender porque ese afán porque haga algo que no quiero, que quiera a niños que ni siquiera sé si son míos y obligarme a vivir con una persona que no soporto.

—¡PORQUE TÚ TE BUSCASTE ESTE PROBLEMA! —Gritó Toothless furioso y lo empujó. —¡Te advertimos una y otra vez que no le buscaras pleito a Astrid! ¿Y nos hiciste caso? NO, CLARO QUE NO, la ridícula disputa que tienes con ella y tú afán de sentirte superior a ella fue lo que te metió en este problema… ¿nosotros te ayudamos a procrear a esos niños? NO, lo hiciste tú sólo con ella, ahora asume las consecuencias, ¡idiota, irresponsable y mentiroso!

—¿Ya terminaste? —preguntó Hiccup como si lo anteriormente dicho por su guía no le hubiera importado en lo absoluto.

—No. —soltó su amigo unas lágrimas. —Quiero decirte, que, así como tú, yo ya estoy harto, no eres más que una causa perdida y no pienso esperar a que madures para poder hacer mi vida con el ser ¡QUE SÍ ME AMA! A diferencia de ti, que has tenido que mendigar y hacer cosas estúpidas por una mínima pizca de cariño, ni tú madre pudo ver esperanza en ti que por eso optó por irse.

—Toothless… más vale que cuides tus palabras… que te puedes arrepentir. ¡Retráctate! —exigió Hiccup con los ojos enrojecidos, sintiendo demasiado amargas aquellas palabras.

—No me retractaré, y aquí el único que debe arrepentirse eres tú… por lo que has hecho, por lo que te has convertido… y por haberme decepcionado. —respondió este con la voz entrecortada. —Hiccup… eras mi mejor amigo, me rompiste el corazón…

Las dolorosas y quebradas palabras del guía, bastaron para que su cuerpo comenzara a iluminarse en un extraño destello que poco a poco lo fue encogiendo, al mismo tiempo, con sólo bajar su cabeza, Alúmini comenzó a experimentar la misma transformación enfrente del espantado Hiccup que no tenía ni la menor idea de lo que estaba aconteciendo, hasta que la luz se apagó y frente a él aparecieron las verdaderas formas de sus guías, quien con sus caritas decepcionadas sólo negaron con su cabeza.

—Toothless… —susurró Hiccup, verlo así le causó más pesar que en su forma de humano.

Pero el dragoncito, con un fulgor color azul sólo le dio sus últimas palabras y luego salió volando fugazmente en compañía de su inseparable compañera.

"Renunciamos. Cuando realmente estés arrepentido, volveremos."

Esas habían sido sus palabras, Hiccup estaba perplejo y no le cabía en la cabeza que le hubieran dicho aquello, cuando se supone que él era el amo y ellos los guías. Enfureció, pues para él no era más que otra artimaña para manipularlo.

—¡Pues vete! —gritó al cielo. —¡No te necesito! ¡No los necesito a ninguno de los dos! ¡¿Me escucharon?!

Pero los guías ya se habían perdido en lo alto, Hiccup respiró hondo tratando de recuperar el aliento, y frustrado se dijo así mismo que no debería tomarse sus palabras en serio, pues sus dragones no eran nada sin él.

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Mientras tanto, en el hogar de los Haddock- Hofferson, Stormfly vigilaba disimuladamente a Astrid por la ventana, desde que había llegado Heather la había dejado estar con ella a solas para que se encargara del invernadero.

A su perspectiva, todo estaba normal, como era día de entregas estaba ayudando a colocar lo que se llevarían en cajas, Nuffink le ayudaba, parecía estar contento con su madre despierta y atenta a él, pero ¿hasta qué punto? Se cuestionaba, fácilmente uno podría creer que lo hacía por mera cortesía, pero lo que ella necesitaba era que Astrid sintiera amor genuino hacia él y hacia Zephyr.

De repente, unos golpecitos en la puerta principal la sacaron de sus pensamientos. Rápidamente acudió a la puerta para ver quien era. Grande fue su sorpresa al ver que eran Toothless y Alúmini, ambos en sus formas de dragón a plena luz del día.

—Pero… ¿qué les pasó?... ¿Porqué están así a estas horas? ¿Cómo lo hicieron?

Los dragoncitos negaron con sus cabezas, y con el fulgor azul que caracterizaba al furia nocturna le explicó lo sucedido a su amiga.

Pero fueron pocas las palabras que hicieron que el corazón de la nadder también se desmoronara.

"Nos engañaron", "nos mintieron"

Por último, Alúmini le confió lo que harían, que se marcharían, y gentilmente le preguntó que si quería acompañarlos.

En ese momento, Stormfly estaba hecha un lío, estaba furiosa, decepcionada y no podía dejar de ver en dirección en donde sabía se encontraba su dueña, aquella chica que, aunque gruñona, creía era sincera, y a la que deseaba reclamarle por sus ofensas y tratos.

Sin embargo, Alúmini se interpuso entre ella, y en su idioma le dijo que no valía la pena, repitió su invitación y con calidez la hizo ver hacia la puerta, la cual se encontraba completamente abierta para ella, y la cual la podía llevar a un mundo sin ataduras y amos malagradecidos.

—Está bien…iré con ustedes. —aceptó al borde del llanto.

Y sin siquiera despedirse, salió de la casa junto con los dragones.

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Más tarde, lejos de la colonia donde se encontraba el hogar de los hechiceros, una humana Stormfly junto con los dragones Alúmini y Toothless, observaban desde el techo de un edificio, la ciudad que dejarían.

La nadder, con lágrimas en los ojos, sacó las notas mágicas que su ama le había dado, en la cual, escribió el nombre del destinatario, y del otro lado su mensaje.

"Se acabó, es todo. Renuncio".

Con coraje, la rompió en pedacitos y al momento que los dejó esparcirse con el viento, su cuerpo volvió a ser como realmente era.

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Más tarde…

Después de un largo día de no hacer nada, Hiccup volvió con Zephyr a la casa como si nada.

Después de pensar por horas, se le había pasado el coraje y también aceptó que se había sobrepasado con su comportamiento, así que, en forma de disculpa, fue primeramente por Zephyr a la escuela, más que nada para demostrar que no se olvidaba de sus tareas.

Sin embargo, al momento que Zephyr y él entraron por la puerta, notó en el hogar una extraña sensación a soledad, no había nada de ruido, y nadie los había recibido.

Hasta que de repente, unos ruidos en la parte superior de la casa se hicieron notar, Hiccup esperaba ver a Toothless o Alúmini bajando por las escaleras, pero para su desgracia la causante de esos ruidos era Astrid, que con Nuffink en brazos bajó rápidamente a su encuentro, parecía preocupada.

—Haddock… ¿Has visto Stormfly? —preguntó alterada.

—No, porque… ¿qué pasa?

Astrid, no respondió, sólo bajó a Nuffink para poder esculcarse los bolsillos del pantalón que tenía puesto.

—Porque recibí ¡esto! —le mostró el mensaje de su guía.

En ese momento, Hiccup palideció y por inercia buscó hacia los lados, esperando ver a sus compañeros.

—¿Dónde está Alúmini y Toothless?

—No… los he visto, no desde el desayuno…. y Stormfly desapareció horas después de que te fuiste, ni siquiera pude ir con Heather porque no había nadie que se quedara con Nuffink…. ¡Haddock! ¿Qué está pasando?

Sin embargo, Hiccup la ignoró y subió por las escaleras sintiendo un extraña sensación en su pecho, desesperado, comenzó a buscar a sus guías por toda la casa y Astrid iba detrás de él y los niños, sumamente confundidos, los seguían.

En el techo, en el ático, en las habitaciones, en ningún lugar se encontraban los guías, Hiccup comenzaba a desesperarse, tanto, que comenzó a estirarse el cabello.

—¡Haddock! —gritó Astrid zarandeándolo. —¡¿quieres decirme de una vez qué está pasando?!

—¡¿Qué no es obvio?! —gritó este alterado. —¡Nos han abandonado!

—¿Qué?... pero ¿por qué? Es decir, pensé que habíamos hecho las paces ayer.

—Pues no fue suficiente…—susurró Hiccup agitado. —Se fueron… y sólo por una… —gruñó para no decir la palabrota. —mentira…

—Mentira… ¿qué mentira?

—¡Que mentí Hofferson! —admitió en un grito. —Les mentí y te mentí con respecto al cerberus, acabé con él desde hace días, y fingí que no para no hacer estás es…—gruñó nuevamente para no decir la palabrota. —… tareas. Y todo parece indicar que convencieron a tu guía de abandonarte.

Astrid estaba impactada con la repentina confesión por parte de su enemigo que, frustrado, continuó caminando en círculos por toda la habitación principal sin saber qué hacer o cómo proceder, mientras que, ella, sólo sentía como una inimaginable cantidad de egni se le acumulaba en el cuerpo la cual amenazaba con explotar como una bomba nuclear.

—¡ERES UN…

—No se peleen. —escucharon de repente un gimoteo detrás de ellos.

Toda la energía acumulada por Astrid y la frustración de Hiccup desapareció en un segundo al ver a la llorosa Zephyr detrás de ellos, Nuffink, estaba ocultó tras ella, claramente temeroso de la actitud de ambos.

En ese momento, Hiccup empezó a negar con su cabeza, pues ahora sin sus guías vio otro tipo de panorama.

—Lo siento. —susurró asustado. —Pero no puedo con esto… yo también me voy.

Y sintiéndose un completo cobarde, abandonó la habitación dispuesto a abandonar también la casa.

—¡Haddock, espera! —gritó Astrid igualmente conmocionada, pero no dispuesta a quedarse con toda la responsabilidad, así que corrió tras él para retenerlo.

Mientras tanto, el lloroso Nuffink se acurrucó a su llorosa hermana, la cual entristecida, sostenía en su mano la invitación a la presentación de canto, y la cual orgullosamente había querido entregarle a su falso padre y madre, así como a sus tíos, pero estos últimos se habían ido y todo parecía indicar que se quedarían completamente solos.

Sin embargo, una discusión en la parte inferior, la hizo dejar el lloriqueo y rápidamente fue con su hermano para ver qué pasaba.

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—Tú me metiste en esto Haddock, ahora te quedas…—amenazó Astrid sosteniéndolo del brazo.

—¿Qué quieres de mí, Hofferson? ¿Qué se supone que esperas de mi tú también? —se zafó con rudeza de ella.

—¡Que te comportes como hombre y aceptes tu responsabilidad! Hiciste que mi guía me abandonara, ahora ayúdame a cuidar a estos niños.

—Es que no puedo… ¡YO NO SÉ! —gritó retrocediendo cada vez más.

—Ush… eres un… ¡está bien! ¡Vete! No te necesito… largo… ¡cobarde! —escupió Astrid enfurecida.

No le importaba lo que ella le dijera, ignorándola, el hechicero dio media vuelta dispuesto a marcharse de una vez por todas, cuando de repente…

—¡Hiccup, no te vayas! —escuchó un lloriqueo que hizo a su corazón a hacerse más añicos.

Al girarse, vio como la llorosa Zephyr corría tras él, a pesar de Astrid, y le rogaba con gritos desconsoladores que no se fuera.

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Año 1998.

— "¡mamá, no te vayas!". —rogaba un Hiccup de 10 años corriendo hacia su madre.

Después de presenciar una pelea entre sus padres, el menor no había soportado la idea de que su madre se fuera, pues esta, en sus propias palabras, le decía a su padre que ya no aguantaba ser parte de la familia Haddock.

Tal vez sea lo mejor hijo, yo no encajo aquí. —dijo su madre abrazándolo.

No te vayas, por favor, o llévame contigo…pero no me dejes. —lloró desconsoladamente.

Val… —se acercó Stoick completamente arrepentido. —Discúlpame… te prometo que haré que mi padre no intervenga tanto en nuestros asuntos.

Stoick…—suspiró la mujer sin dejar de abrazar a su hijo.

Por favor… debemos intentarlo, por Hiccup…—insistió el de la enorme barba, ofreciéndole su mano a la mujer que amaba.

Está bien, haré lo que pueda. —aceptó Valka sus términos, aunque no muy convencida.

Dos años después, después de múltiples discusiones y todo por intrigas del viejo Eero, el matrimonio de Valka y Stoick llegó a su fin, y con ello el fin de la pelea por la custodia de Hiccup, quien, desilusionado, tuvo que quedarse bajo la tutela de su padre.

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—No te vayas, no nos dejes…—lloraba Zephyr aferrándose a su pantalón. —Prometo que me portaré bien, no tienes por qué llevarme a la escuela si no quieres, pero no te vayas.

A Hiccup se le rompió el corazón verla así, pues era como ver un reflejo de él mismo en su niñez, cuando por más que rogó, no pudo hace que su madre se quedara con él.

No tenía tan frio el corazón como para dejarla así tan triste, por lo que se agachó a su altura y la tomó entre sus brazos, Zephyr rápidamente se aferró a su cuello sin poder parar su lloriqueo, a lo que Hiccup instintivamente reaccionó meciéndola gentilmente.

En el umbral de la puerta, vio que su enemiga estaba en la misma condición, tenía a Nuffink entre sus brazos, y este le estaba rogando que no se fuera y, ella, aunque se veía asustada, se lo prometía entre arrullos.

Él no era capaz aun de hacer algo así; sin embargo, se limitó a caminar de vuelta a la casa con Zephyr entre sus brazos.

Solo esperaba tener la suficiente cordura para enfrentar lo que se aproximaba.

Continuará.

Y hasta aquí el capítulo, espero que les haya gustado, el próximo probablemente también me tarde en escribirlo, así que paciencia.

Nota 1: la canción que canta es Nella fantasía, les recomiendo escuchar ya sea en la versión de Celtic woman o de Jackie Evancho.

Comentarios:

Maylu: ya llega lo bueno, Hiccup comenzará a ceder, aunque no quiera. Saludos.

Vivi: así como una persona dijo, escupió hacia lo alto y le cayó en la cara. Ahora a esperar ver lo que sucederá. Saludos.

Amaido: gracias a ti por seguir, espero que sigas bien, nos seguimos leyendo e intrigando. Saludos.

Robanachos: tengo vagos recuerdos, pero recuerdo tu username nachos. Y créeme, Hiccup será el que más cambiará conforme avance el fic.

A los seguidores favoritos y anonimos, nos seguimos leyendo. Hasta la próxima.