Melania Black

1939

Harry estaba ocupado preparando le desayuno cuando arribo la lechuza.

'Me pregunto si es del Ministerio,' pensó Harry abriendo la ventana. La única otra opción que se le ocurrió era que, bueno, era de alguien del nuevo grupo de amigos de Tom. Por Merlín, solo pensar en cómo el niño estaba socializando con personas de su misma edad puso a Harry ridículamente feliz y orgulloso. Había llevado a Tom al Callejón Diagon hace solo unos días para encontrarse con estos amigos suyos, y por lo que Harry había observado, todos parecían estar bien.

Le había dado a Tom unos cuantos galeones y le permitió deambular libremente con sus amigos. Más tarde, ver a los niños conversar sobre las cosas que habían comprado hizo que Harry se preguntara si la falta de dinero había impedido que Tom se conectara con la gente la primera vez... si se había distanciado con la esperanza de que nadie se molestara en interrogarlo sobre dinero, o ponerlo en una situación que lo obligaría a admitir que no tenía. Con la orgullosa personalidad de Tom, era muy probable que hubiera sido bastante sensible cuando se trataba de todo tipo de desventajas que había tenido mientras crecía.

Actualmente, el niño estaba leyendo la última edición de Galeones Globales, ocasionalmente contándole a Harry sobre las políticas fiscales o lo que sea que algunas partes estaban proponiendo, y lo terribles que eran. Harry no estaba seguro de si eso era incluso lo que Tom quería decir: todo le sonaba completamente ajeno y una parte de él se preguntaba si la falta de sentido común que la mayoría de los magos parecía sufrir se debía a la falta general de educación cuando se trataba de algo no mágico

Hermione una vez se había quejado al respecto, hacía mucho tiempo, pero Harry no había prestado mucha atención al discurso en ese momento. Ahora, sin embargo, sentía que podía entender su frustración mucho más. ¿Por qué no se enseñaban matemáticas junto con Aritmancia? ¿Por qué no se enseñaba la historia muggle junto con la historia mágica, teniendo en cuenta que algunos de los incidentes más formativos en la historia humana estaban completamente desprovistos de magia? ¿Por qué se les enseñaba a Aparecerse antes de enseñarles a los estudiantes geografía o al menos a leer mapas?

La pequeña lechuza que había volado dejó escapar un fuerte grito, sacando a Harry de sus pensamientos. El pájaro había dejado caer un trozo de pergamino en el mostrador frente a él antes de sentarse en la mesa cercana. Tom levantó la vista de su periódico, miró al búho con el ceño fruncido por unos momentos en silencio, antes de alejar al pájaro y volver a leer lo que le había llamado la atención. Harry suspiró y buscó la carta para leerla.

"Sr. Ryddle," comenzaba la carta, cada palabra escrita con una hermosa caligrafía que le era totalmente desconocida a Harry.

"Soy Melania Black, la esposa de Arcturus Black.

Como estoy corta de tiempo y energía, no perderé el tiempo con formalidades innecesarias. Ha llegado a mi atención que mi esposo ha sido, quizás, una molestia para usted. Estoy insegura de cuanto él le ha dicho hasta ahora, pero hay asuntos importantes que usted debe saber antes que le entre la idea de pasar tiempo con él.

Me gustaría mucho que aceptar mi invitación para un desayuno tardío..."

El resto de la breve carta consistió principalmente en el tiempo y la ubicación precisos, con algunas líneas de cómo Black no estaba planeando nada bueno. Era, en general, una carta bastante extraña. Sin embargo, no era lo suficientemente extraña como para que Harry la descartara. El lugar que Lady Black había sugerido era público, y no parecía del tipo que atacara a nadie con testigos alrededor. Además... tal vez era lo mejor. Prefería conocerla en público y escuchar lo que ella tenía que decir, que arriesgarse a ser arrinconado en algún lugar en circunstancias menos neutrales.

'Este es exactamente el tipo de cosas de las que Tom me diría que me mantuviera alejado,' Harry pensó, mirando la carta con una expresión contemplativa. Luego se encogió de hombros y decidió aceptar la invitación. Al menos podría intentar averiguar qué estaba haciendo Black: el acoso y todas las conversaciones extrañas e inútiles que el hombre había insistido en iniciar cada vez que veía a Harry eran inquietantes y desagradables. Su comportamiento era absurdo y alarmante y a Harry no le gustaba nada. Si conocer a Lady Black podría detener esto... entonces por Merlín, Harry estaría feliz de conocerla.

— ¿Es del ministerio? — Preguntó Tom de repente, sin levantar la vista de su periódico. — Esa carta que acabas de recibir.

— Algo así, respondió Harry vagamente, antes de enviar a la lechuza con su respuesta a Lady Black. — Dime, volverás a Hogwarts mañana. ¿Has empacado todo lo que necesitas?

— Lo haré más tarde, — prometió Tom, sin sonar particularmente entusiasmado por dejar a Harry nuevamente. Era muy halagador. — Aún no es mediodía. ¿Podemos comer panqueques para el desayuno? Realmente no quiero avena de nuevo.

— Bien, — resopló Harry, rodando los ojos y volviéndose hacia la nevera. — Pero después de eso irás y comenzarás a empacar. No es necesario empacar todo de inmediato, pero es mejor no dejarlo todo para la noche. O, Merlín no lo quiera, mañana por la mañana.

— Como sea, — murmuró Tom, y Harry pudo escucharlo rodar los ojos. Bueno, en realidad no, pero sabía que estaba sucediendo. — Lo haré si debo hacerlo.

'Lo extrañare aún más,' Harry pensó mientras preparaba el desayuno. '

Realmente espero que Trelawney me envíe pronto a una misión real, necesito algo que hacer. El Callejón Diagon se está volviendo cada vez menos interesante y no disfruto caminando por Londres así. Por otra parte, podría comenzar a buscar casas disponibles... Tom dijo que su único deseo es tener una habitación para él solo. Esa debería ser una solicitud fácil de cumplir, ¿verdad?

¿No sería genial si pudiera darle la bienvenida a Tom a una casa nueva y mejor? Solo imaginando lo feliz que estaría Tom, Harry también se sentiría feliz. Ahora, si solo tuviera algunos buenos amigos con quienes compartir esta felicidad... su vida estaría completa.

HPHPHPHPHPHPHPHPHPHP

La estación de King's Cross estaba casi tan ocupada como lo había estado en septiembre.

— ¿Estás seguro de que tienes todo lo que necesitas? — Preguntó Harry, como si no se hubiera asegurado personalmente de que Tom no hubiera olvidado nada. — Recuerda escribir. Con más frecuencia ahora, por favor. Y no desperdicies todo tu dinero durante este viaje, nunca sabe si necesitaras algo para cuando regreses a casa en el verano.

— Claro, — respondió Tom, y estuvo muy cerca de abrazar a Harry adiós cuando vio a Mulciber dirigirse hacia él. No importaba cuán bueno amigo fuera Mulciber, a Tom no le gustaba la idea de abrazar a Harry frente a nadie. — Y también tienes que escribirme, Harry. Sobre tu trabajo y solo... cualquier otra cosa. Y no te preocupes, si hay algo que sé manejar mejor que tú, es dinero. Ambos lo sabemos.

Tom pensó que era ridículo que tan pronto como le dio la espalda a Harry y subió al tren con Mulciber, fue golpeado con un fuerte deseo de regresar y pedirle a Harry que lo llevara a casa. No era que no le gustara Hogwarts, por el contrario, Tom amaba a Hogwarts, pero había algo agotador en estar lejos de casa.

— Elliot, — llamó una voz, y Tom vio a Rosier caminando por el pasillo hacia ellos. — ¿Ya has encontrado un compartimento? Ahora estoy buscando uno vacío también.

— Todavía no, — respondió Mulciber. — Pero estamos buscando uno vacío en este momento. ¿Quieres venir con nosotros?

Rosier miró a Tom con una expresión ligeramente molesta, como si hubiera esperado que Tom simplemente desapareciera por ahora. — Si esta es la compañía que tienes, creo que pasaré. Además, será solo cuestión de tiempo antes de que Al aparezca y no puedo soportarlo. Te veré una vez que lleguemos.

Tom y Mulciber continuaron su camino en silencio por unos momentos, antes de que Tom preguntara— ¿Qué tiene Rosier contra Avery de todos modos?

— No sé, — admitió Mulciber. — Nunca se han llevado bien, pero que yo sepa, Chad es el que sigue molestando a Al, en lugar de ser al revés. Oh, oye, hablando del diablo.

Habían abierto la puerta de otro compartimento y encontraron a Avery sentado allí solo. El chico se volvió hacia ellos con una sonrisa alegre. — ¿Hablando del diablo? — Avery dijo. — ¿Ustedes dos estaban hablando de mí?

— Solo me preguntaba dónde estabas, — Tom mintió fácilmente, tomando asiento. — ¿Ya viste a Prince y Pucey?

— No he visto a Eileen, — dijo Avery. — Pero Opaline estaba hablando con Ursula Carrow sobre algo, no sé qué. Parecía bastante intenso. ¿Y si Prince termina llegando tarde y pierde el tren?

— Es muy poco probable que suceda, — dijo Tom. — Además, disfruten el descanso mientras puedan. ¿Recuerdan que ella tiene los planes de estudio listos para ustedes?

— Oh no, — gruñó Mulciber, dejándose caer. — Lo olvidé.

— Me pregunto qué tan intenso será, — reflexionó Avery. — Quiero decir, ella estudia mucho todos los días, ¿verdad? Realmente espero que no espere el mismo nivel de esfuerzo de mi parte. Todo lo que quiero hacer es aprobar.

— Podrías mantenerte a ese nivel, — dijo Tom, mirando a Avery con una sonrisa. — O podrías estudiar mucho y obtener mejores resultados que Rosier.

— ¡Estaría tan enojado! — Avery sonrió, de repente parecía entusiasmado. — Ya me lo puedo imaginar. Merlín, si supero su puntaje en todas las materias, no podrá hablarme de la forma en que lo hace habitualmente, ¿verdad? Porque demostrará que soy más listo que él, ¿no es así?

— ¿Cuál es su problema, de todos modos? — Tom preguntó, demasiado curioso para molestarse en pretender ser lo suficientemente sensible como para no entrometerse. — No es razonable cuando se trata de ti. ¿Por qué es eso?

— No estoy realmente seguro, — dijo Avery, frunciendo el ceño. — Es solo que... así es como siempre ha sido conmigo, desde que tengo memoria. Solo espero que crezca o, al menos, no empeore. Es bastante molesto. Y yo dudo que la compañía de Dorian realmente ayude.

— Lestrange, — murmuró Tom, frunciendo el ceño ante la mera mención del nombre. — Merlín, ese sí que es un caso. — Tom no entendía cómo Mulciber podía mantenerse en buenos términos con ambos.

— Así es, — estuvo de acuerdo Avery. Luego miró a Mulciber y puso los ojos en blanco. — ¿En serio estás a punto de tomar otra siesta? ¿Cuánto sueño necesitas? ¿Eso es saludable?

— Me encanta dormir, — respondió Mulciber, sin abrir los ojos. — Es cómodo. También deberías probarlo. Tenemos muchas horas antes de que estemos cerca de Hogwarts.

— Pero no tengo sueño, — protestó Avery. —

— Entonces quédate callado y déjame dormir, — dijo Mulciber. — Despiértame cuando estamos a punto de llegar.

— Eso es casi siete horas más, — resopló Avery, volviéndose hacia Tom. — ¡No puede dormir hasta entonces!

— ¿No puede? — Tom preguntó, sacando un libro y pensando en una forma de evitar que Avery lo molestara. — Solo espera a que Prince aparezca. Estoy bastante seguro de que tendrá muchas cosas de qué hablar. Incluyendo el horario de estudio que hizo. A menos que hagas lo que Mulciber dijo y tomes una siesta. Ella no intentará despertarte, eso es seguro.

— ¿Qué? Oh, bueno, en ese caso... creo que haré eso, entonces, — dijo Avery a toda prisa. — Um, sí. Una siesta. Ahora.

Merlín, era tan fácil de manipular que Tom se sintió casi culpable por ello. Sin embargo, no por mucho tiempo, especialmente después de que Avery logró dormirse en unos pocos minutos. Una vez que el tren comenzó a moverse, Tom hizo una pausa en su lectura para cerrar la puerta del compartimento. No era que no quisiera que Prince y Pucey se unieran a ellos, sino que había decidido disfrutar del silencio actual durante el mayor tiempo posible. Y aunque Prince era muchas cosas, ella no era una persona callada.

HPHPHPHPHPHPHPHPHPHP

El restaurante en el que Harry se reunió con Melania era impresionante y escandalosamente caro. Llevaba una de las nuevas túnicas que había comprado recientemente, e incluso la calidad de la ropa mejor que el promedio no era suficiente para encajar en la multitud que parecía frecuentar este lugar. Había pensado que el restaurante al que Malfoy lo había arrastrado era lujoso, pero incluso ese lugar no podía competir con este.

Melania Black estaba sentada junto a la ventana, y aunque Harry la había visto solo dos veces antes, estaba sorprendido de lo pálida y enfermiza que lucía ahora. A pesar de lo que fuera lo que la estaba enfermando, la mirada en sus ojos era aguda y concentrada, y su voz era estable cuando hablaba.

— Sr. Ryddle, — dijo. — Gracias por aceptar esta reunión.

— Es un placer, — respondió Harry, tomando asiento frente a ella. Un camarero bien vestido pareció servirle una taza de té antes de alejarse, trabajando tranquila y eficientemente. En un rincón no muy lejos de ellos, una bruja con un vestido de hermoso diseño tocaba el piano con algunos magos merodeando cerca, tal vez con la esperanza de llamar su atención.

— ¿Le sorprendió el contenido de mi carta? — Lady Black preguntó mientras mezclaba miel con su té. — Hable libremente, Sr. Ryddle. Hay fuertes encantamientos de privacidad alrededor de cada mesa. Es uno de los puntos más delicados de este establecimiento.

— Estuve sorprendido de que me contactara, — admitió Harry, aún sin saber cuán honesto podía ser con la mujer. — Pero el tema en sí no.

— Ya no tengo nada que perder, — dijo Lady Black. — Y, para ser sincera, no es algo pequeño lo que me ha dejado permitir la presencia de un sangre sucia a mí alrededor, Sr. Ryddle. — Harry puso los ojos en blanco, sin ninguna emoción por su actitud. ¿Qué pasaba con los sangre pura y su afán de insultar su sangre tan rápido como podían encajar las palabras en una conversación?

— Si mi presencia la ofende, entonces…

— No creo que merezca el dolor que Arcturus estaría más que feliz de otorgarle, — continuó Lady Black con calma, mirando a Harry con una expresión sin complejos. — ¿Entiende eso, Sr. Ryddle? A pesar de que es un sangre sucia, y no le tengo ningún respeto, no creo que merezca ese dolor. Arcturus no es, y nunca ha sido, un buen hombre. A lo sumo, generalmente después de mucho esfuerzo, puede ser encantador. A menudo ni siquiera eso.

— No estoy sorprendido, — dijo Harry, pensando en lo socialmente incómodo que había sido el comportamiento del hombre a su alrededor. — Raramente he hablado con su esposo, y sin embargo, lo he visto seguirme por el Callejón Diagon de un extremo a otro. Cada vez que se acerca a mí para hablar, habla como si fuéramos amigos cercanos. Es... raro.

— Él hace eso a veces, — le dijo Lady Black, con desprecio coloreando su voz. — Se obsesiona tanto que olvida que todo es unilateral. ¿Has decidido qué hacer al respecto?

— ¿Qué hacer? — Repitió Harry. — Er... ¿nada? ¿Esperar? Realmente no he pensado qué hacer para que se detenga.

— Esperar no es una opción, — dijo Lady Black, mirando a Harry con algo parecido a la pena. — Me estoy quedando sin tiempo, señor Ryddle.

— ¿Qué...?

— Me estoy muriendo, — continuó la mujer, su voz cuidadosamente neutral. — Pronto, en cuestión de días, estaré muerta. La única razón por la que pude venir hoy es debido a una generosa cantidad de pociones que me mantienen consciente y capaz.

Bueno, eso no era lo que Harry esperaba que ella dijera. — Señora, no estoy... ¿Está usted...?

— No tengo interés en obstaculizar nuestra conversación con falta de confianza, señor Ryddle, — dijo Lady Black, buscando su bolso y sacando un pequeño frasco de líquido transparente. — ¿Puede adivinar qué poción tengo aquí conmigo?

— Yo... tengo una idea, — murmuró Harry, su corazón latía más rápido en anticipación. No estaba seguro de en qué se había metido, pero no estaba dispuesto a alejarse de eso. — ¿Veritaserum? ¿Cómo sé que funciona?

— Tanto usted como yo agregaremos una gota a nuestras bebidas, — dijo Lady Black, mirando a Harry con una sonrisa desafiante en su rostro. — Es decir, si realmente quiere la verdad, y nada más que la verdad, Sr. Ryddle.

— Si digo que sí, — dijo Harry, pensando en todas las formas en que esto podría salir mal, y de alguna manera no encontrando a ninguna de ellos una razón lo suficientemente buena como para detenerse. — Necesitaré que los encantamientos de privacidad sean fortalecidos.

— Naturalmente, — estuvo de acuerdo Lady Black, haciendo un gesto para que algunos miembros del personal se acercaran. En pocos minutos no solo se habían fortalecido los encantos de privacidad para satisfacción de Harry, sino que también les había servido un desayuno ligero. Lady Black agregó cuidadosamente una gota de veritaserum, solo una gota, para asegurarse de que se dijera la verdad pero permitiendo la libertad de cómo decirla, en la tetera antes de permitir que un camarero les sirviera una taza nueva. Tomó el primer sorbo, y solo después de eso Harry también bebió.

— Arcturus me está matando, — dijo Lady Black, acomodándose en su silla y mostrando una sonrisa tan amarga que dolía. — Todavía no he descubierto cómo, pero sé que es él.

— ¿Pero por qué? — Harry preguntó, frunciendo el ceño. — ¿Por qué querría matarla? Usted es su esposa.

— Fue un matrimonio arreglado, — explicó Lady Black. — Yo era joven, y él era guapo, rico y de una buena familia. No sabía en lo que me estaba metiendo, aunque se me hizo evidente en cuestión de semanas. Era demasiado tarde para eso, por supuesto. , y desde entonces él y yo hemos tenido una relación muy desafortunada entre nosotros. Sin embargo, nunca pensé que llegaría tan lejos.

— ¿Qué ganaría... haciendo eso? — Harry se preguntó, encontrando difícil pensar en alguien que quisiera matar a su propia esposa.

— Hasta donde yo sé, simplemente la libertad de hacer lo que quiera, — dijo Lady Black. — Y eso es, Sr. Ryddle, donde usted entra en escena.

— ¿Su... interés en mí? — Harry adivinó, suspirando pesadamente. La idea de que Black lo quisiera de alguna manera era suficiente para que su piel se erizara. Tan guapo como era el hombre, había algo demasiado mal en él para que Harry lo encontrara remotamente atractivo. — No estoy seguro de qué puedo hacer al respecto, para ser honesto.

— Simplemente no ceda ante él, — dijo Lady Black. — Es un hombre peligroso, y no puedo creer que esté advirtiendo a un sangre sucia...

— No lo soy, en realidad, — dijo Harry, las palabras involuntarias salieron de su boca. Lady Black se calló y entrecerró los ojos hacia él con una expresión que Harry no sabía cómo describir. En cambio, continuó — Bueno, según sus estándares, podría ser. Soy mestizo, sabe. Mi padre era un Potter.

— Eso ya es mejor de lo que pensé que podría ser, — dijo Lady Black, su tono mucho menos helado de lo que había sido antes. — Puedo ver el parecido. ¿Por qué ocultar algo como esto? ¿Por qué negar su sangre?

Harry hizo una pausa por un segundo, tratando de encontrar las palabras correctas que decir para cumplir con la compulsión de la poción sin revelar demasiado. Sabía que nadie podía escucharlos ahora, e incluso si dudaba de que ella compartiera sus secretos con alguien más, no podía contar con eso. — Tengo... una misión secreta. Los Potter no saben de mí, y así es como quiero que sea.

— ¿Y cuál es esta misión secreta? — Preguntó Lady Black, la incredulidad se mantuvo a raya solo por la confianza que tenía en la poción de la verdad. — Le aseguro que no compartiré la información con nadie. Satisfaga la curiosidad de una mujer moribunda, Sr. Potter.

— Por favor, solo llámeme Ryddle, — respondió Harry, apenas creyendo que esa fuera la persona a la que terminaría diciendo la verdad. O al menos parte de la verdad. — Tom, mi pupilo, es un descendiente directo de la línea Slytherin. Prefiero esperar hasta que sea unos años mayor antes de permitir que el mundo conozca de su... estado.

La mano de Lady Black se congeló sobre su bebida por unos momentos antes de continuar buscándola. Tal vez fue para controlar su sorpresa, pero bebió en silencio durante casi un minuto sin siquiera mirar a Harry. Finalmente, dejó la taza, respiró hondo y dijo— Arcturus nunca debe saberlo.

— Por supuesto, — estuvo de acuerdo Harry, pero la mujer sacudió la cabeza.

— No entiende la gravedad de esa información, — dijo. — Arcturus encontraría una manera de impugnar su custodia si descubre que el chico que está criando es un Slytherin. Un Slytherin real. La fama y las reliquias que traería el nombre... No merece nada de eso. Merlín, Creo que esta es la primera vez que me impresiona un Potter.

— No planeo usar su nombre para mi ventaja, — dijo Harry. — Todo lo que quiero es criar a Tom en un ambiente seguro...

— Mientras Arcturus esté interesado en usted, no puede confiar en que en ningún lado esté a salvo, — interrumpió Lady Black, y por primera vez desde el comienzo de su reunión, su voz tembló. — Es cruel y despiadado y no hay una línea que no cruzaría. Apenas conoce a sus hijos, no tiene amigos o familiares a los que realmente les agrade; el hombre es completamente incapaz de mantener una relación duradera con nadie.

— Bueno, ¿qué puedo hacer al respecto? — Harry preguntó, frunciendo el ceño. — Dijo que no puedo solo... esperar, ¿qué puedo hacer?

— Hay una cosa, — respondió Lady Black. — Pero necesitaré algo suyo a cambio.

— Mientras no ponga a Tom en peligro, — dijo Harry, tratando de pensar en todo lo que tenía que la mujer pudiera pedirle. — Al menos haré lo mejor que pueda para intentarlo.

— ¿Qué tan familiarizado estás con las 'verae amicitiae'?

— ¿Con qué?

— Para nada, entonces, — suspiró Lady Black. — Es un voto de amistad prometido a un viudo o viuda afligidos. El hechizo se desarrolló hace unos siglos cuando la hermana del Duque de Glanmore Pinkstone fue asesinada por la amiga y amante de su esposo. El propósito del hechizo es asegurar que nada íntimo pueda ocurrir entre la persona viuda y la amistad durante al menos tres años. Se hizo habitual hacer ese voto para disipar los rumores o para garantizar la lealtad.

— ¿Asegurar lealtad?

— Si hace el voto, estará obligado a pasar un tiempo en presencia de Arcturus durante los tres años. Reunirse de vez en cuando, hablar como lo hacen los amigos.

— ¿Por qué habría de hacer eso? — Pregunto Harry. — Pensé que el punto era no interactuar con él.

— Pierda una batalla pero gane la guerra, señor Potter, — respondió Lady Black. — Puede terminar pasando tiempo en su compañía, pero no podrá acercarse a usted de manera desagradable durante tres años completos. Eso le dará a su pupilo más tiempo para crecer antes de que Arcturus vuelva a ser una amenaza.

Harry guardó silencio por un momento, pensando en sus opciones. — ¿Dijo que quiere algo a cambio de esta información? Y por favor, insisto, llámame Ryddle o Harry.

— Señor Potter, — dijo Lady Black, ignorando su pedido. — Tengo dos hijos, Orión y Lucrecia. Dos hijos cuyo padre no los cuida y cuyo tío no tiene sus mejores intereses en el corazón. Necesito saber que hay alguien a quien puedan contactar, si alguna vez desean hacerlo. Con las 'verae amicitiae', como amigo de Arcturus, estará en la posición ideal para estar allí para ellos.

— ¿Quiere que... cuide de sus hijos?

— Una vez que esté muerta, sí. De cualquier forma que pueda.

Harry consideró la idea de rechazar la solicitud de Lady Black por unos momentos antes de dar un profundo suspiro, sabiendo que no podía dejar que los niños sufrieran de la manera en que probablemente lo harían sus hijos. — Está bien. Lo haré.

HPHPHPHPHPHPHPHPHPHP

La primera semana de regreso en la escuela pasó rápidamente. Los estudiantes mayores estaban concentrados en prepararse para sus TIMOS y EXTASIS, mientras que otros estaban ocupados entrenando para la próxima Copa de Quidditch anual. Tom no tenía de qué preocuparse, sin embargo, pasaba la mayor parte de sus horas libres en la biblioteca, leyendo sobre numerosos temas diferentes que le parecían interesantes. Era justo como Harry le había dicho antes: la biblioteca de Hogwarts tenía más libros para leer de los que podía haber imaginado.

Fue en uno de los libros de historia más antiguos que vio por primera vez una mención de una cámara construida por Salazar Slytherin, escondida en algún lugar del castillo. Se dijo que este lugar, conocido como la Cámara de los Secretos, albergaba una criatura bestial con una misión sagrada que le había dado el propio Slytherin.

'Aunque todo es especulación,' Tom concluyo ojeando las páginas del libro que sostenía, esperando encontrar algo más sobre esta cámara. 'Ni siquiera hay prueba de que existe. Al fin encuentro interesante y resulta ser ficción.' Aunque si resultaba ser cierto, ¿dónde estaría?

'Parece poco realista que no haya magia que pueda localizar la cámara ahora ', pensó el niño. 'Lo que probablemente significa que no es cierto, después de todo. Es mejor dedicar mi tiempo a leer otras cosas'. Quizás era demasiado temprano para que él comenzara a estudiar para los exámenes de fin de curso, pero no era como si no pudiera hacerlo. Quizás sería beneficioso y lo ayudaría en lo que quería, clasificarse primero entre sus compañeros. Había sido bastante fácil ver que el éxito académico era algo que la mayoría de las personas, sin importar cuán prejuiciosos fueran, luchaban por conseguir.

Era la ventaja de Tom, y no quería perderla por nadie.

Al menos ahora podía estudiar en paz, ya que todos sus amigos estaban atrapados en Quidditch y la extraña noción de tener que 'estar allí' para un equipo del que no formaban parte. Los que no lo estaban, como Prince y Pucey, estaban ganando deudas y favores de estudiantes mayores que estaban demasiado ocupados estudiando para los exámenes como para molestarse en cosas como corregir sus propios ensayos. Pucey en particular, que parecía disfrutar genuinamente arreglando errores lingüísticos, había logrado llegar a ser bastante popular últimamente.

A Tom no le importaba estar solo en absoluto, y estas nuevas actividades mantenían a sus amigos ocupados y lejos de él, permitiéndole la libertad de estudiar lo que quisiera sin tener que explicarles sus intereses.

Era grandioso. Lamentablemente, no estaba destinado a durar.

— Disculpa, — dijo una voz vacilante, y Tom se volvió para ver a dos chicas vagamente familiares paradas detrás de él.

— ¿Si? — pregunto, molesto por ser interrumpido. ¿Por qué el acto de sostener un libro no se consideraba un signo de estar ocupado? ¿Seguramente no era irracional pedirle a la gente que lo dejara solo si lo veían leer? La chica que le había hablado se movió un poco, tiró nerviosamente de su corbata de Gryffindor y dijo:

— Nosotras... bueno, tenemos algunas clases contigo, y... um... sabemos que eres muy inteligente. Y nos preguntamos si podrías... ayudarnos un poco.

— Solo un poco de ayuda, no queremos copiar tu tarea ni nada, — se apresuró a decir la otra chica, una Hufflepuff. Las dos lo miraron con caras esperanzadas, recordándole mucho a Tom algunos clientes que frecuentaban la boutique de Maggie. Por un momento, el chico consideró negarse. Lo habría hecho, si no hubiera pensado en los beneficios a largo plazo. Si cualquiera de estas dos chicas era una sangre pura, entonces ayudarlas sería una inversión que Tom no podía esperar para obtener después un beneficio.

— Está bien, — dijo, dejando el libro que había estado sosteniendo. — ¿Qué temas?

— Encantamientos para mí, — dijo la chica Gryffindor, sentándose y sacando un pedazo de pergamino enrollado y una botella de tinta, antes de hurgar en su bolso para encontrar una pluma. — Soy Ramona, por cierto. Ramona Prewett.

— Soy Fabia Cornfoot, — dijo la Hufflepuff, tomando asiento justo al lado de su amiga. — Estoy tratando de entender la tarea de Pociones, pero estoy luchando con eso. Eres realmente bueno en Pociones, me di cuenta. Todos lo han hecho, realmente. Quería escribir mi ensayo sobre la diferencia entre cortar en cubitos y rebanar ingredientes, pero el libro de texto en realidad no lo discute mucho.

— Echa un vistazo al libro de Metodología de Filbert Ink, — dijo Tom, preguntándose si ese era realmente el grado de ayuda que ambas necesitaban. Honestamente, ¿por qué las personas no podían comenzar a pensar por sí mismas y resolver sus propios problemas? — Se trata de los aspectos prácticos para hacer pociones.

— Mi encantamiento de levitación es muy inestable, — dijo Prewett, luciendo ahora mucho menos nervioso que antes. — Realmente quiero terminar con esto, pero sigo lanzándolo a las cosas y simplemente... no funciona.

— Déjame ver", le dijo Tom, acomodándose en su silla. — Trata de levitar uno de los libros que tengo aquí. Luego podemos tratar de descubrir qué estás haciendo mal.

Realmente, él era demasiado amable, ¿no? Todo lo que podía hacer era esperar que eventualmente esto demostrara ser más que una pérdida de tiempo. Si nada más, al menos era algo que podría contarle a Harry.

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Encontrar un nuevo lugar para vivir era más difícil de lo que Harry había pensado.

No habían muchos lugares disponibles en el periódico, pero el mago no sabía dónde más buscar. Quizás toda la experiencia de buscar una casa nueva donde mudarse sería más fácil si tuviera amigos en el mundo muggle que lo ayudaran. Sin embargo como estaban las cosas Harry estaba como lo había estado por años, completamente solo.

'Merlin, ¿Por qué cada vez que Tom se marcha termino sintiéndome deprimido?' pensó el hombre, suspirando mientras caminaba por la calle sin rumbo, con la esperanza de encontrar nuevas casas disponibles para la venta. O incluso una agencia inmobiliaria de algún tipo, ¡seguramente debe haber alguna! Se sentía bastante tonto ahora, habiendo pensado antes que encontrar un nuevo hogar para él y Tom sería fácil.

Harry caminó por un buen rato, no tenía prisa por volver a casa todavía. No encontró ningún signo de casas en venta cerca, y finalmente sus pensamientos volvieron a su reunión con Melania Black. O, más específicamente, la conversación que habían tenido. No había pensado que le contaría a nadie la herencia de Tom y su propia identidad, pero no era como si Lady Black realmente se lo fuera a contar a alguien. Se había vuelto considerablemente más amigable, o bien, menos hostil, y más servicial tan pronto como descubrió que ni Harry ni Tom eran nacidos muggles.

Fue... fue extraño. Ese prejuicio, y cómo cambiaba a las personas. Era fácil para Harry imaginar a Lady Black como una madre querida y una amiga, pero solo en función de la forma en que lo trató después de descubrir su estado de sangre. La persona que había sido antes de eso, sin embargo... Circe, era como una mujer completamente diferente.

'Bueno, al menos me advirtió sobre su marido,' Harry pensó, cruzando una calle y encontrándose en un distrito con negocios completamente desconocido. 'Por Merlín, ¿Cómo un hombre puede ser tan extraño?' Arcturus Black había resultado ser el tipo de peligro que Harry no había encontrado antes en su vida. No estaba seguro de qué podía hacer para mantenerse a salvo, y lo más importante, mantener a Tom, a salvo.

Había tenido una buena cantidad de tratos con asesinos y torturadores: Mortífagos y otros delincuentes de todo tipo. Pero Arcturus Black... ese hombre le recordaba más a los asesinos en serie muggle de los que a Dudley le encantaba ver documentales. Harry recordaba vagamente la fascinación de Dudley con el Estrangulador de Sunderland, quien había sido arrestado durante el tercer año de Harry en Hogwarts, y era tan fácil imaginar que alguien como Arcturus Black hiciera algo igualmente terrible.

'Además, ¿ella quiere que me encargue de sus hijos?' Harry meneo la cabeza, preguntándose si eso era algo que podía hacer. 'En realidad puedo estar disponible para ellos, pero dudo que Black tome con amabilidad el que yo quiera interferir con sus hijos. Tome o no el voto.' Ah, hablando de eso, tendría que pasar por una de las librerías del Callejón Diagon para encontrar información relacionada con el voto que Lady Black había mencionado.

Era bien entrada la tarde cuando Harry finalmente decidió regresar a casa. No había encontrado ninguna casa potencial para la venta, pero estaba decidido a volver a intentarlo al día siguiente. Por lo menos, podría aparecer más lejos de Deptford y echar un vistazo allí, o incluso podría pedir una agencia de bienes raíces que lo ayudara a encontrar el tipo de casa en la que él y Tom quisieran vivir.

En casa, Harry suspiró, cerró la puerta de un puntapié y se adentró en el pequeño apartamento. Estaba en el proceso de quitarse los zapatos cuando vio un pequeño búho posado en una rama afuera, mirándolo de una manera que era demasiado crítica para un pájaro. Después de un momento de vacilación, Harry lo dejó entrar. Con un fuerte grito, la lechuza dejó caer un sobre oficial en la mesa de Harry antes de robar una galleta de un plato y volar de nuevo, asegurándose de golpear la cara de Harry con un ala en su camino.

Harry, tal vez, habría pasado unos momentos mirando al pájaro, si el sello del Ministerio en el sobre no le hubiera llamado la atención. Tal como estaba, lo hizo, y él sabía de qué se trataba esta carta.

Su primera misión.