Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.
Junto a Ti
CAPITULO XVII
Confusiones, dudas y enfrentamiento
Después de aquella dolorosa conversación entre Candy y Albert, este quedo muy afectado con la petición de su pequeña, que ya no deseaba ser una Andrew, que él no siguiera siendo su protector. Eso le dolía profundamente, como ella le podía pedir algo así, si todo lo que había hecho por ella, fue con un solo objetivo que fuera feliz.
Esa noche no pudo dormir, se la pasó en su cuarto caminando de un lado para otro, tratando de entender que era lo que realmente le pasaba a su amiga, porque para él ella seguía siendo su mejor amiga, a pesar de que no podía sacarse de su mente sus crueles palabras y aquella mirada de resentimiento, un resentimiento que él no podía comprender.
—¡William! -lo nombró Elroy entrando al cuarto del rubio.
—¿Que deseas tía? -le preguntó.
—Te estamos esperando para desayunar.
—No voy a tomar desayuno, no tengo hambre.
—¿Que te ocurre, William? -le preguntó la anciana viendo la cara de preocupación que tenía su sobrino.
—Anoche fui hablar con Candy y me dijo que ya no desea seguir siendo mi hija adoptiva.
—¡Pero eso es maravilloso! -exclamó Elroy eufórica -¡Es la mejor noticia que me puedes haber dado!
—Tía por favor, tú sabes que eso me duele mucho. Yo no quiero quitarle el apellido Andrew a mi pequeña.
—William, ella te lo está pidiendo. Deja de preocuparte de Candice, ya no es una niña. Ahora debes ocuparte de ti, no olvides que tienes muchas responsabilidades que cumplir. Una de ellas tu matrimonio con Luisa. Eso es lo que te debe de preocupar, no esa chiquilla malagradecida.
—¡Candy no es una mala agradecida! Algo le sucede para estar actuando así.
—Yo sé lo que le ocurre.
—¿Y según tú que le pasa a mi pequeña? -le preguntó cruzando los brazos.
—Anoche me llamó Sara Legan, contándome que vio a Candy con el hijo del señor Drummond.
—¡Eso es imposible! Candy no conoce al hijo del señor Drummond.
—Sara y Elisa los vieron juntos.
—¿Y si fuera así? ¿Qué tiene que ver que mi pequeña, ya no quiera ser una Andrew?
—Que encontró a ese muchacho, para que le de todo lo que nunca ha tenido.
Albert negó con la cabeza.
—Esas son especulaciones tuyas, Candy no es esa clase de chica.
—Oh, William que ingenuo eres, se nota que no conoces a tu protegida.
—¡Vasta tía! -replicó alterado -¡Te voy a pedir que no hables mal de mi pequeña!
—Y yo te voy a pedir, que te olvides de ella de una vez por toda y pienses en preparar tu boda con Luisa -Elroy alzo la voz lo más fuerte que pudo.
—No voy a casarme con Luisa, hasta que solucione todo con Candy -le aclaró el rubio con palabras muy seguras.
—¡Te volviste completamente loco! No puedes postergar tus planes de matrimonio con Luisa, por culpa de Candice. Comprende que ella no se lo merece, ella ha deshonrado a esta familia.
—¡Por favor, tía, no exageres!
—¡No estoy exagerando! Tú no sabes que ella estuvo viviendo con un vagabundo aquí en Chicago y después se lo llevó a vivir al hogar de Pony.
Albert negó con la cabeza.
—Eso no es verdad, tía.
—Claro que lo es, pregúntaselo a Stear y Archie. Candy vivió con un desconocido, según ella para cuidarlo porque el hombre había perdido la memoria, pero yo pienso que tuvo una relación amorosa con él, cuando se iba a comprometer con Niel, el la vino a buscar.
En ese instante Albert sintió un fuerte dolor de cabeza que lo obligó a tomársela.
—Tía, déjame solo…
—¿Te sientes mal, William?
—Un poco, voy a descansar.
—¿Quieres que llame un médico?
—No…voy a estar bien.
El señor Steel había estado escuchando la conversación, que antes que la tía abuela saliera de la recamara de Albert, bajo al comedor para reunirse con su hija que estaba desayunando.
—Buenos días, Luisa -la saludó sentándose a su lado.
—Buenos días, papá -contestó ella bebiendo una taza de café -Estoy esperando a William.
—Él no va a bajar a desayunar.
—¿Hablaste con él?
—No, está discutiendo con Elroy.
—¿Como sabes eso, papá?
—Estaba escuchando la discusión.
—¡Papá, eso no se debe hacer! -lo regañó Luisa.
—Eso da lo mismo, hice muy bien en escuchar esa conversación. William no va a casarse contigo, por que según él tiene problemas con esa chiquilla que adoptó.
—Eso es verdad papá, hay problemas entre ellos.
—Pero eso no tiene nada que ver con la boda de ustedes. A mi todo esto me parece muy raro, ten cuidado hija, no será que…
—¿Que estas tratando de decir, papá? -lo interrumpió Luisa indignada-Cuida tus palabras, no hables cosas que no son o tendré que pedirle a William que te diga que te vayas de aquí.
El la miró frunciendo el ceño.
—¡Serias capaz de hacerle eso a tu padre!
—Papá, tú sabes que te quiero mucho, pero no voy a permitir que te entrometas en mi relación con William. Espero que te quede claro -dijo la joven parándose del comedor -Me voy a mi habitación.
—Lo siento mucho hija, pero me voy a meter hasta que te vea casada con William -murmuró tomando un sorbo de café.
Luisa subió a la planta alta de la mansión y antes de dirigirse a su recamara paso al cuarto de su prometido, ya que lo que le había contado su padre la había dejado preocupada.
—¿William, podemos platicar? -le preguntó desde de la puerta.
—Claro que sí, Luisa -le respondió el con una sonrisa.
Ella camino hasta él.
—¿Mi amor, que te ocurre? ¿Por qué no bajaste a desayunar?
Albert le tomó una mano.
—No me siento muy bien.
—Es por Candy, ¿verdad?
Él se apartó de ella y dio unos pasos.
—Si…me tiene muy inquieto su actitud.
—Ella me prometió que iba hablar contigo.
—Luisa, yo anoche fui a ver a Candy y hablé con ella.
—¿Y qué te dijo? -le preguntó mirándolo atenta.
—No quiere seguir siendo una Andrew.
—¿En serio te dijo eso?
—Si…
—¡Vaya! No pensé que Candy estuviera tan molesta contigo para que tomara esa decisión. Ahora comprendo por qué estas tan afectado.
—No sé qué realmente le pasa, es como si fuera otra persona.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Le vas a quitar el apellido Andrew?
—No Luisa, eso nunca. Tengo que volver a conversar con ella y hacerla recapacitar.
—William, yo creo que tienes que darle tiempo, para que ella piense mejor las cosas.
—Tal vez tengas razón -dijo pensativo - Luisa quiero hacerte una pregunta.
—¿Dime, amor?
—¿Cuándo estuviste viviendo en el hogar de pony, Candy estaba con un hombre que cuidaba?
—No, él ya se había marchado cuando yo llegue.
—Entonces era verdad que ella vivió con ese hombre.
—Si…¿tú no lo sabias?
—No…mi tía Elroy me lo acaba de contar. ¿Como se llamaba ese hombre?
—No lo sé, nunca se lo pregunte a Candy. Deberías hablarlo con ella.
—Gracias Luisa, por apoyarme con esto -la abrazo.
—Es mi deber, como tu futura esposa.
"Mi futura esposa", pensó Albert sintiendo tan ajena esas palabras, como si ya no sintiera el mismo entusiasmo de casase con su prometida.
...
En la residencia Legan, Elisa convenció a su padre para que ese día invitara a cenar a los Drummond, en especial a Joseph, del cual estaba muy enamorada o mejor dicho encaprichada. Desde que lo conoció en una reunión social con sus amigas, se propuso que él se convirtiera en su novio y ahora con mayor razón que lo había visto con Candy. Así que como diera lugar tenía que conquistarlo.
Cerca de las ocho Joseph llegó en compañía de su padre, un conocido banquero americano.
—Henry, Joseph bienvenidos -los saludaron los señores Legan.
—Gracias a ustedes por la invitación -contestó el señor Drummond.
—¿Y su esposa? -le preguntó Sara.
—Ella está de viaje en Nueva York.
—¡Oh que envidia! Hace tanto tiempo que no voy a Nueva York.
—A mi mamá le encanta viajar -comentó Joseph.
—Pero tomen asiento -le indicó el señor Legan uno de los sillones de la sala -¿Henry algo de beber?
—Un wisky.
—¿Y tú Joseph?
—Nada, señor Legan. Yo no bebo.
En eso bajo Elisa, luciendo un bonito vestido en tono turquesa que se había comprado especialmente para la ocasión. Se había arreglado el cabello y colocado un maquillaje un poco exagerado para su color de piel, haciéndola ver bastante llamativa.
—Aquí está mi hija Elisa -dijo Sara llevándola hasta Joseph.
Él se levantó para saludarla.
—¿Como esta señorita, Elisa?
—Muy bien Joseph, me alegra tanto que hayas venido -le dio un coqueto beso en la mejilla y un fuerte abrazo, que Sara tuvo que sacarla a tirones.
—Hija, contrólate -le murmuró -¿Porque no pasamos a cenar? La cena debe estar lista.
Durante la cena el señor Legan y el señor Drummond conversaban de negocios, mientras que Elisa no dejaba de coquetearle a Joseph, con sonrisitas y fulminantes miradas, que no dejaban ni comer al pobre.
Elisa disimuladamente le hiso una seña a su madre, para que le hiciera una pregunta a Joseph como habían planeado.
—¿Joseph y cuéntanos tienes novia? -le preguntó Sara.
—No, señora Legan -respondió él.
—Que extraño que un joven tan guapo como tú no tenga novia.
Él sonrió.
—Pero pronto la voy a tener.
Elisa lo miro atenta.
—No me digas que tienes una chica en mente -le preguntó pensando que era ella.
—Si…es una chica muy bella, desde que la conocí me enamoré de ella.
—Hijo, no me habías contado nada -le dijo su padre asombrado por la declaración del joven.
—Era un secreto, papá.
—¡Esa chica soy yo! ¿verdad? -exclamó Elisa con sus ojos iluminado.
El negó con la cabeza.
—Lo siento, señorita Elisa, pero la joven que me interesa se llama Candy.
El rostro de Elisa se puso tan rojo que parecía que iba a explotar.
—¡No! -gritó como loca tirando su plato de la cena -¡Tú no puedes estar enamorado de esa huérfana!
Todos la miraron asustados con su reacción.
—¡Elisa, que comportamiento es ese! -la regañó su padre parándose de la mesa -Pídeles ahora mismo disculpa a los invitados.
—¡No lo voy a hacer, papá! ¡No pienso hacerlo!
—¡Elisa Legan, vete a tu habitación! ¡Más tarde vamos a arreglar cuentas!
La chica envuelta en llanto salió corriendo del comedor. Sara de inmediato la siguió.
—Henry, Joseph mil disculpas por la actitud de mi hija, no sé qué le ocurre. Ella no es así -le dijo el señor Legan muy avergonzado.
—No te preocupes, se ve que tu hija está enferma de los nervios -le dijo el señor Drummond -Yo tengo un amigo psiquiatra que te puedo recomendar.
—Espero que no sea necesario -sonrió con incomodidad.
…
Una semana después…
Candy también quedo muy afectada con la última conversación que tuvo con Albert, que decidió regresar al hogar de Pony. Era el único lugar donde podía estar tranquila y pasar sus penas, junto a sus madres que eran su único consuelo.
Al llegar les conto todo a la señorita Pony y hermana María, dejando muy sorprendidas a ambas mujeres, que con mucho cariño la consolaron, dándoles las fuerzas para que continuara con su vida, aunque Candy sabía que sin Albert nada sería lo mismo.
Aun así, retomó su trabajo con el doctor Smith y su amistad con Tom, que ya estaba más recuperado de la desilusión que había sufrido con Luisa, sin embargo, Candy sabía que tenía que contarle a su amigo que el tío William y Albert eran la misma persona, aunque eso significaba causarle otro dolor.
Candy después de su trabajo se fue al rancho de Tom, donde paso una agradable tarde, buscando el momento para hablar con su amigo, pero lo hiso cuando el la fue a dejar al hogar de Pony.
—Tom, hay algo que debo contarte -le dijo Candy antes de bajarse de la carreta.
—¿Sobre qué Candy? -le preguntó el vaquero.
—Tom...yo...no te conté como me fue con mi padre adoptivo.
—Verdad no me has hablado nada sobre eso. ¿Cuéntame cómo te recibió el señor Andrew? ¿Es un viejo muy serio?
Ella suspiró.
—Él no es un viejo.
—¿No?
—No, mi padre adoptivo resultó ser un hombre joven.
—¿Cómo que es un hombre joven?
—Tom, el señor Andrew es Albert.
El vaquero soltó una carcajada.
—Jajajajaja, que broma es esa, Candy.
—No es ninguna broma. El tío William y Albert son la misma persona.
—¿Me estás hablando en serio?
—Lamentablemente sí.
El rostro de Tom palideció.
—¡No puedo creerlo! ¿Eso significa que Luisa y Albert son novios?
—Así es...amigo. No te imaginas como me sentí cuando la tía abuela lo presentó en la fiesta. Me quería morir, Albert, mi Albert era el tío William y lo peor de todo el prometido de Luisa, con la que pronto se va a casar.
—¡Desgraciado! -exclamó Tom con rabia -¿Ósea que todo este tiempo que estuvo viviendo aquí se estuvo burlando de ti?
—Si...el muy cobarde no fue capaz de rebelarme la verdad, por eso cuando recupero la memoria se fue sin decirme nada, claro si es que en realidad había perdido la memoria.
—Luisa no puede casarse con Albert, tienes que contarle lo que él te hizo después de todo a las dos las engañó.
—En eso te equivocas Tom, a mí me engañó porque Albert a la que ama en realidad es a Luisa, yo para él soy solo una amiga, el mismo me lo dejo claro con la conversación que tuvimos.
—¡Cuando vea a ese desgraciado de Albert juro que lo voy a matar! -expresó Tom apretando los puños.
—Tom, por favor no digas barbaridades -le pidió Candy -No voy a permitir que le hagas daño a Albert.
—¡Eres una tonta! Tu todavía lo amas, ¿verdad?
—Si y por ese amor, te imploro que olvides todo lo que te conté.
...
Sin embargo, Tom no hizo caso a la petición de su amiga de la infancia, y a la mañana siguiente, se levantó muy temprano y tomó un tren con dirección a Chicago. Lo que Candy le había contado lo había dejado enfurecido, que para sacarse toda esa rabia que tenía por dentro era enfrentarse a ese canalla llamado William Andrew. Él no iba a permitir que se burlara de Candy, que era como una hermana para él y ni de Luisa la mujer que él amaba.
Varias horas después, Tom se bajó del tren y tomo un carruaje que lo llevara a la mansión Andrew, él no sabía dónde quedaba aquella residencia, pero tuvo la suerte que el cochero la conocía muy bien.
—Gracias por traerme, señor -se despidió del cochero al bajarse.
—De nada, joven. Que le vaya muy bien.
—Gracias...-dijo despidiéndose del cochero.
Tom se acercó a la reja que envolvía a la mansión y se quedó por varios minutos observando el hermoso lugar, cuando a lo lejos vio a Albert en el jardín, que había salido a platicar con George.
—¡Ahí está ese canalla! ¡Ahora va a saber quién soy yo!
En ese instante un lujoso automóvil se estacionó frente de él, donde precisamente bajo Luisa.
—¡Tom! -lo nombró la joven asombrada de verlo en la mansión Andrew.
Él se puso nervioso al verla.
—¡Luisa!
—¡Tom que alegría de verte! -le dio un abrazo -¿Qué haces aquí?
—Yo...vine...haberte -respondió mintiendo, ya que no podía decirle que había viajado para arreglar cuentas con el prometido de ella.
—¿Haberme?
—Si...mi padre me mandó a Chicago y quise pasar a saludarte. Candy me conto que estabas aquí.
—Entonces, ya que estas aquí te voy a presentar a mi prometido William Andrew, me imagino que Candy te habló de él.
—Si...me contó todo sobre él.
—Anda, entremos a la mansión, para que conozcas a William -le dijo Luisa tomándole el brazo -No sabes lo feliz que estoy, pronto me voy a casar con él.
—¿Quién es este muchacho, Luisa? -le preguntó el señor Steel que apareció antes de ellos, al ver que su hija estaba hablando con un desconocido.
—Papá, él es Tom Stevens y es un buen amigo de Michigan, se crio con Candy en el hogar de pony.
—Mucho gusto, señor Steel -lo saludó Tom estirándole la mano, pero el padre de Luisa no se la dio.
—Muchacho, has el favor de retirarte de aquí.
—¡Papá no trates así a Tom! él es mi amigo.
—¿Tu amigo? Por favor, hija, este vaquero no puede ser tu amigo -comentó el señor Steel mirando a Tom con desprecio -Muchacho, mejor que te retires, no creo que al prometido de mi hija, le guste que tu estés aquí.
—¡Papá! -exclamó Luisa entre enojada y avergonzada -Tom disculpa a mi papá. Tú no tienes por qué irte.
—No te apenes Luisa, tu padre tiene razón, es mejor que me vaya.
—No Tom…
—Hija, deja que este muchacho se marche, comprende que vas a hacer la esposa de un Andrew, no puedes tener este tipo de amistades. ¿No piensas lo mismo, Tom? -se dirigió al vaquero.
—Eso me quedo claro, señor Steel, nunca más voy a volver a molestar a su hija -dijo Tom marchándose de la mansión, alejándose para siempre de la chica que amaba con todo su corazón.
Continuará…
Hola lindas chicas
Espero que se encuentren muy bien. Aquí les dejo otro capitulo de este fic, espero que les gusten y lo comenten como siempre.
Muchas gracias por todo su apoyo hacia la historia, que con mucho cariño comparto con todas ustedes.
Saludos y agradecimientos a :
Stormaw, Elbroche, Bunny, Yessy, Balderas, Fiore, pivoine3, elenharket2, Guest, Sandra Carreo, Rosario escoba, Guest, tutypineapple, Kecs, LovlyArdley, Maribel.
Un cariñoso abrazo para cada una de ustedes.
