XV

La directora McGonagall los guió hasta la torre de Premios Anuales en completo silencio, solo podían escuchar el sonido de sus pasos retumbando en los pasillos y de vez en cuando lo que parecía una palabra malsonante en labios de la anciana.

La puerta de entrada estaba oculta tras el cuadro de un paje que removía ansiosamente las manos a medida que ellos se acercaban. La directora intercambió algunas palabras con el hombrecito pintado al óleo y este asintió varias veces con actitud nerviosa. Finalmente la mujer se giró hacia ellos.

"La contraseña es «tolerancia»" Los miró fijamente a ambos, obviamente ella misma acababa de elegir la palabra pensando en que se llevarían mal y que sería bueno recordar ser tolerantes con el otro cada vez que entraban a su sala común.

El cuadro descubrió una puerta por la que pasaron. La sala común era espaciosa y muy agradable, el piso era de parquet, con una alfombra blanca frente a la chimenea bajo un juego de tres sillones negros, dos eran individuales y el otro para dos personas. Una pequeña mesa ratona de vidrio frente a los sillones. Al costado, una pared estaba repleta de libros con lomos negros, rojos y verdes. Un escritorio largo con una silla a cada lado era ideal para que dos personas compartieran tiempo de estudio. Del otro lado se podía ver una muy pequeña cocina que se separaba de la sala con una barra y sillas altas. Finalmente tres puertas a la derecha que suponían eran las habitaciones y el baño.

Sus baúles estaban fuera de las puertas y la anciana les indicó que una vez que se fuera podían elegir cuarto y su equipaje se ordenaría por sí solo.

"No quiero saber que tienen problemas" Les advirtió. "Entiendo que hasta ahora se comporten educadamente entre ustedes porque compartir tiempo es una imposición mía, pero a la hora de la convivencia espero que el mismo trato cordial sea mantenido y sean un ejemplo de unión entre casas. Si no son capaces de llevarse bien, usted señor Malfoy tendrá problemas con el Ministerio por no respetar a su guardiana y usted señorita Granger tendrá una gran mancha en su expediente académico".

Hermione jadeó llevándose las manos a la boca como si de verdad le preocupara. El rubio simplemente frunció el ceño.

McGonagall salió sin decir nada más y la chica corrió tras ella. "¡Profesora!" La llamó.

La mujer giró en redondo y la miró bajo sus gafas. "¿Sí, señorita Granger?".

"No es mi intención cuestionar sus decisiones" Comenzó. "Pero esta mudanza es realmente inesperada y no comprendo las razones. ¿A qué se refería la Señora Gorda al decir que no pertenezco a Gryffindor?".

La directora la miró por unos segundos en silencio como si estuviera comprobando que realmente no supiera el trasfondo de la cuestión. "En noches de luna llena el castillo hace cambios, renueva la mayoría de sus hechizos buscando alteraciones o amenazas. Posiblemente haya habido un error y al no encontrarse en su cama no la reconoció como alumna de Gryffindor".

La chica levantó las cejas. ¿En serio pretendía que se creyese ese cuento ridículo? De cualquier modo, decidió seguirle el juego.

"¿Pero podré seguir asistiendo a clases con mis compañeros de Gryffindor?".

"Sí, por supuesto" Contestó la bruja. "Solo sus aposentos han cambiado. Que tenga buena noche señorita Granger".

Emprendió su camino de nuevo dejándola sola en el pasillo sin posibilidad de hacer otra pregunta. Bruja astuta. Hermione bufó. Era increíble como no le temblaba la voz para mentirle tan descaradamente. ¡Un error por no estar en la cama! Por favor, aquello era ridículo.

Cuando entró de nuevo a la torre, encontró a Malfoy revisando los títulos de los libros. "¿Algo interesante?" Preguntó cerrando suavemente la puerta. El chico giró a mirarla.

"Ahora sí" Murmuró Draco.

La miró de pies a cabeza, recorriendola sin pausa, como si ella fuera una obra de arte que admirar. La chica bajó los ojos y se sonrojó ante su respuesta. Él sonrió para sí. Le gustaba la idea de compartir torre, él podría tenerla más tiempo y además siendo familia le correspondia protegerla, lo que sería más fácil si ella estaba cerca. Pero al mismo tiempo le preocupaba que ella siendo familia estuviera demasiado cerca.

"¿Elegimos habitación?".

La chica asintió. Él le gustaba tanto que sentía que tenía un cartel pegado en la frente y que Malfoy se daba cuenta de cuan tonta se volvía cuando él la miraba.

Había tres puertas una al lado de otra, luego de abrir todas descubrieron que la última de la izquierda era el baño. Las habitaciones eran idénticas, no había ninguna diferencia entre ellas a no ser por las ventanas ubicadas en extremos diferentes de cada cuarto.

"Puedes tomar la que quieras" Dijo Hermione cuando ambos se asomaron a la segunda puerta.

"Entonces creo que me quedaré con la primera" Respondió el chico.

"Bien" Contestó a su vez la bruja.

Se quedaron en silencio observando el interior del cuarto por unos segundos. Finalmente Draco carraspeó e hizo que ella levantara la mirada. Él se la sostuvo. No quería despedirse de ella pero tampoco sabía qué podía decirle. «¿Viste qué facilidad la de McGonagall de mentir? Podría ser una slytherin». La chica se mordió el labio y él suspiró.

"No hagas eso" Susurró él, estirando la mano para tocarle el mentón con el pulgar, haciendo presión suavemente bajo el labio inferior para que dejara de morderselo.

Hermione soltó lentamente el labio mirándolo intensamente a los ojos. Estaban tan cerca, a tan solo dos pasos de distancia, ambos apoyados bajo el dintel de la puerta sin ninguna razón en concreto para mantenerse allí que no fuera solamente disfrutar del aire del otro. Su mirada se alternó entre sus ojos y su boca, tan apetecible bajo la luz opaca del pasillo y la oscuridad de la habitación frente a ellos.

Los ojos impenetrables de él la observaron largamente. Draco se pasó una mano por el pelo, indeciso. Ella quería besarlo, cada partícula de su ser gritaba que él la besara y él realmente quería hacerlo. Pero no era correcto. ¿Qué rayos hacían detenidos al lado de la puerta sin despedirse ni seguir su camino?

Finalmente él entró en razón y carraspeó, alejándose de ella. Pudo ver la decepción cruzar los ojos de la bruja pero lo ignoró.

"Buenas noches Granger".

Hermione asintió sin contestar, sintiéndose bastante desamparada ante el plantón que él le habia hecho por segunda vez en el día, aunque en realidad ella se lo habia montado en la cabeza rogando internamente que él la besara. ¡Familia! ¿Era tan difícil de recordarlo?

Se metió a la habitación que ahora le correspondía y aunque tuvo ganas de cerrar con un portazo para que él oyera desde la suya lo indignada que la había dejado, se abstuvo y cerró suavemente, ya había pasado suficiente vergüenza mirándolo como un cachorro hambriento como para que él también se entere cuánto la afectaba.

Acostumbró sus ojos a la oscuridad. Una de las cosas que más extrañaba del mundo muggle era la energía electrica, por más que estuviera familiarizada con las antorchas y la iluminación mágica, velas y candelabros, nada se comparaba con 100 watts de potencia en una habitación a mitad de la noche.

Se acostó en la cama y se preguntó si Malfoy se ducharía antes de dormir o ella podría usar libremente el baño esa noche. Casi como si hubiera respondido a su pregunta, escuchó el agua corriendo justo al lado de una de las paredes. Cerró los ojos e intentó apartar la mente de la idea de un Malfoy desnudo y mojado a tan solo metros de ella. Casi cuando logró dejar de pensar en la posibilidad de tocar una de las gotitas de agua con la punta de sus dedos, un brillo tras sus párpados cerrados hizo que abriera nuevamente los ojos en la oscuridad y la encontrara tenuemente iluminada por un resplandor.

Se sentó y su mirada voló a su bolso sobre el escritorio que estaba brillando en su interior. Se acercó al mueble y metió la mano dentro del bolso, sacando un par de cosas que seguían igual de aburridas que siempre, hasta que finalmente encontró al libro de tapa verde que era el causante de tal alboroto visual.

El libro de los Black brillaba con una luz plateada que refulgía entre sus hojas cerradas. Hermione sintió que el estómago se le revolvía de anticipación ante la posible respuesta de Bellatrix. Abrió el libro y allí con una caligrafía no muy fácil de entender y que parecía ser temblorosa, estaba la respuesta de la bruja a su misiva anterior.

Para Hermione.

No te imaginas cuan grande es mi alegría al estar escribiéndote por fin, he pasado noches enteras en todos estos años guardando memorias y soñando con poder comunicarnos. Como bien has descubierto, tu nombre real es Hermione, es el nombre que te puse cuando naciste, pero nunca esperé que Dumbledore lo supiera y te mantuviera con el mismo nombre, de lo contrario jamás habría ignorado todas las veces que oí «Hermione Granger, la amiga de Harry Potter» en boca de los mortífagos y el Señor Tenebroso. No sé si podría resumir a una página solamente lo que pasó con nosotras, podrías leer mis memorias para entender mejor y podríamos vernos nuevamente en estos días para conversar sobre eso. ¿Qué te parece el sábado en Hogsmeade?

Con amor, Bella.

Hermione leyó varias veces la despedida con los ojos aguados. ¡Con amor! No sabía cómo sentirse al respecto, no entendía aquella sensación de emoción y conmoción que le llenaba el pecho. Ella no quería otra madre, ya tenía a la suya que había sido una mujer ejemplar más allá de no haberla parido, aparentemente. Jane la había críado con amor y valores, la había hecho una persona de bien. ¿Qué podría tener Bellatrix Lestrange? Se enjuagó las lágrimas que se le escaparon de los ojos y leyó una vez más las líneas. Ella la había pensado todo este tiempo alejadas, ¿La había buscado también?

Bellatrix le había dado permiso de leer lo que había escrito anteriormente, así que decidida a cargarse con información antes de aceptar volver a verla -aunque ya sabía que aceptaría de todos modos- se acomodó en la silla del escritorio y abrió la primera página del libro. Tomó pluma y tinta y escribió «índice» al inicio de la hoja, la palabra desapareció en el papel y automáticamente cientos y cientos de entradas de distintas fechas fueron apareciendo. Hermione abrió mucho los ojos al leer fechas desde el siglo XVI. Abrió el libro por la mitad y aún no alcanzaba ni siquiera el siglo XVIII. Por más que le picara la curiosidad para saber qué decían sus antepasados femeninos, estaba más interesada en saber de su línea más directa, por lo que volvió a la primera hoja y escribió «Índice Bellatrix» para especificar que quería leer solo lo que la bruja había escrito.

Las memorias de la mujer fueron apareciendo por orden cronológico y Hermione nuevamente sintió un retorcijon de anticipación en el vientre. La primera entrada era del 1 de septiembre de 1962, cuando la bruja debía haber tenido 11 años, por lo que dedujo que había sido su primera noche en Hogwarts. Casi tocó la fecha con la pluma para poder leerla, ¿Pero qué encontraría en las memorias de una niña que le sirviera de algo? Cuando tuviera más respuestas podría descubrir más quién había sido.

Las entradas de 1979 -su propio año de nacimiento- llamaron su atención. Se fijó primero en algunas de marzo, cuando Bellatrix debía tener 3 meses de embarazo. Tocó suavemente una de las fechas con la pluma y la misma se iluminó, borrando las demás entradas y trascribiendose en la hoja. La letra era parecida a la misma con la que Bellatrix le había escrito a ella, pero los trazos eran más seguros y las líneas más definidas.

16 de marzo de 1979

Hoy fue aún más difícil que ayer y sospecho que aún así mejor que mañana. El Lord Tenebroso me ha preguntado en dos ocasiones si aún no siento náuseas, y aunque me duele en el alma mentirle lo he negado en ambas oportunidades. ¿Cómo puedo decirle que sí? Rodolphus sabe que ha obrado mal al tomarme a la fuerza, lo hemos hablado varias veces. Yo misma he obrado mal al dar rienda suelta a mis emociones con alguien más. Tengo una semilla que crece en mi vientre y mis días contados, si este hijo no es del Lord ¿Qué será de mí?

Hermione jadeó y volvió a releer. ¿Rodolphus Lestrange, su propio esposo, la había tomado a la fuerza? ¿Y ella lo había conversado con él? ¿Y quién rayos era ese alguien más?

Volvió atrás y leyó la siguiente entrada.

21 de marzo de 1979

Hoy he amanecido en brazos de él, mi amor, el joven ni tan niño ni tan adulto. Me he dicho tantas veces que sería la última vez, que no podía seguir exponiendome al peligro de esta forma, pero él siempre es tan deseable y está tan dispuesto a correr peligro por mí. ¿Cómo puedo negarme a sus encantos? Me ha pasado la mano por el vientre mientras dormía, y casi le he gritado que dentro crece quien podría ser hijo suyo, un hijo nuestro, el fruto de nuestro amor. Pero me he cosido la boca. ¿Qué esperanzas puedo darle? En su juventud e inocencia posiblemente insista con sus mismos planes de escape y una nueva vida lejos de la oscuridad. Pobre niño ingenuo, si solo supiera que el mundo en toda su enormidad jamás bastaría para alejarme de las tinieblas. El Lord Oscuro me ha llamado luego y lo tuve que dejar, sé cuánto le molestan mis huidas y que siga respondiendo a los llamados de mi Lord, no es capaz de entender que la causa es todo lo que conozco y le debo fidelidad. Sigue soñando con nuestra libertad y con la posibilidad de vivir este amor, y yo nunca lo contradigo aunque sé bien que no son más que sueños.

La chica frunció el ceño. ¿Bellatrix estaba o no estaba enamorada de este joven ni tan niño ni tan adulto? ¿Cuántos años tenía él entonces? Pero más importante aún, ¿Quién era él?

Llevó el libro a la cama, se acomodó en las almohadas y alumbró las páginas con su varita.

25 de marzo de 1979.

Los días de ocultar la verdad han llegado a su fin. El Lord Tenebroso le ha pedido a Cissy que usara el hechizo de gravidez en mí para ver si al fin he quedado embarazada, como ambas ya sabíamos el hechizo dió positivo y ella no pudo mentirle. Él se ha alegrado y le ha ordenado organizar una gran fiesta a Rodolphus, quien no ha dicho nada y solo ha bajado la cabeza para asentir, pero por un par de segundos he visto la humillación en sus ojos, el dolor de tener que presentar en sociedad con supuesto orgullo a su esposa usada por alguien más y sobre quien no puede poner una mano, al menos teóricamente. A veces me pregunto si Rodolphus realmente quiere permanecer en la causa, si realmente quiere al Lord tanto como en los primeros años, o su entusiasmo se ha apagado con los desplantes y los abusos. A veces me hago la misma pregunta sobre mí, pero temo descubrir la respuesta.

Hermione parpadeó lentamente como un búho ante las palabras de la bruja. ¿Realmente estaba leyendo lo que estaba leyendo? No quería agrandarlo ni darle más valor del que ya tenía. Bellatrix tenía sentimientos encontrados hacia la causa de Voldemort hace 18 años, pero aún así después de tantos años seguía a su lado. ¿Qué le decía eso?

Presionó una fecha más del mismo año pero las letras se volvieron borrosas mientras se le cerraban los ojos y se entregó irremediablemente a los brazos de Morfeo mientras su mente elucubraba diferentes teorías acerca de su madre recién hallada.

Draco despertó al día siguiente con un terrible dolor de cabeza, consecuencias de no dormir en su cama. Cuando había empezado Hogwarts le costó bastante acostumbrarse a su cama nueva en las mazmorras, hasta que finalmente con los años lo que le costaba era dormir en su cama en Malfoy Manor, finalmente se había acostumbrado a las mazmorras frías y oscuras, y ahora la luna se colaba por su ventana, lo cual significaba que de la misma forma el sol haría acto de presencia y lo molestaría en su descanso.

Se levantó y se dirigió al baño, le dolían los hombros y el cuello. Tal vez podría volver a la sala común de Slytherin a buscar su almohada o bien pedírsela a algún elfo que limpiara por ahí. Se dió una ducha rápida pensando en que seguramente Granger querría ocupar el baño pronto y no tendría el mejor humor por las mañanas. En realidad no tenía el mejor humor a ningún momento del día. Rió con su propio chiste y cuando terminó de ducharse fue hasta la pequeña cocina para hacerse un poco de té.

Encontró a la gryffindor sentada a la barra con una taza humeante de té frente a ella y el libro de los Black abierto. La chica levantó los ojos y le dedicó una sonrisa. Él sintió una cálida sensación que hizo que quisiera golpearse el pecho.

"Te hice un poco de té" Saludó ella empujando una nueva taza vacía frente a él y señalando la tetera. "No sabía si tomabas café o..."

"El té está bien" Contestó el chico. Se sentó a su lado y la vió pasar frenéticamente las hojas del libro. "¿Qué haces?".

Los ojos de la chica se iluminaron como si hubiera encontrado un regalo de Navidad y Draco hizo un pequeño gesto de miedo. ¿Qué podía ser tan interesante que le emocionara meterlo a él?

"¿Sabías que Bellatrix pensó en desertar de las filas de Voldemort en 1979?"

El chico se removió ante el nombre del mago oscuro cuando ella lo pronunció, la bruja a su vez se removió en la silla. "¡Lo siento!" Se disculpó. Él le hizo un gesto para sacarle importancia.

"¿Estás segura de que quería desertar?" Le preguntó Draco.

Ella asintió. "En marzo escribió un poco sobre eso, solo una línea cuestionándose su propia lealtad, y finalmente para junio, más o menos, pensaba seriamente en desertar por su bien y el mío".

"¿Sabés más sobre tu origen?" Preguntó él.

Ella tomó un sorbo de su té. "No mucho. Creo que ella no sabe quién es mi padre, se debate entre tres posibles candidatos".

Draco tosió. "¿Tres?" ¡Vaya con su tía!

Ella volvió a asentir. "No sé si le gustaría que te lo contara, pero menciona varias veces que tu madre lo sabe. Solo que no sé de quién habla, nombra a Rodolphus Lestrange, el señor Oscuro y alguien más que parece ser un amor de verano".

El rubio bufó. "Bellatrix no tendría amores de verano".

"¿Por qué no?"

"¡Porque no!" Le dijo él, riendo un poco. "¿No sabes que está loca? Es una de las mortífagas más sádicas del Señor Tenebroso, no tiene tiempo para amor ni aventuras".

Vió como ella fruncía el ceño y tomaba una inhalación para lo que parecía ser una posible defensa. Él sonrió levemente cuando escuchó el tono indignado de Granger colándose en sus oídos.

"¿Nunca se te ocurrió pensar que nadie nace malvado? Tal vez Bellatrix sea una sádica y una asesina, pero no lo fue siempre, su comportamiento puede ser producto de sus vivencias. Hace 18 años solo era una bruja que no sabía si le habían gustado las decisiones que tomó siendo muy joven, se debatía entre caminos nuevos que tomar, además era víctima de violencia y abuso, y vivía bajo presión permanente".

"Tal vez le guste saber que la defiendes" Murmuró él.

"¿Qué?" Exclamó ella. "Yo no la defiendo".

"No, claro que no" Se burló Draco levantándose y llevando su taza al fregadero donde le aplicó un hechizo de limpieza. Caminó hasta su cuarto para recoger sus cosas mientras escuchaba a la chica despotricando en su contra en la cocina. Era agradable compartir espacio con ella, al menos los poco minutos que habían convivido. Cuando tuvo todo listo, salió a la sala para dirigirse a clases.

"¿Ya te vas?" Preguntó ella apurando su taza de té. Él asintió. "¿No me esperas?". Se levantó corriendo y fue a su habitación. "¡No te vayas!". Le gritó desde adentro.

Draco suspiró. ¿Realmente tenía que hacerle caso? Estuvo tentado a rodar los ojos -que lo hizo- y marcharse sin esperarla pero pensar en que ella querría caminar con él hasta la siguiente clase hacía que se sintiera bien, por lo que dió pequeños pasos lentos hasta la puerta para que pareciera que se iba cuando ella salió de su cuarto.

"¡Te dije que me esperaras!" Se quejó la chica mientras se ataba el pelo en una coleta y corría hacia él.

"¿Desde cuándo soy tu dama de compañía, Granger?" Le dijo él mirándolo de reojo. Ella bufó.

Caminaron en silencio por los pasillos hasta que escucharon la voz de Weasley y Potter antes de doblar una esquina. Granger no detuvo el paso sino que caminó más decididamente hacia ellos, pero Draco no tenía ganas de un enfrentamiento y era muy probable que eso fuera lo que pasara si los encontraban juntos. Así que tomó del brazo a la chica y la estiró hasta un nicho. Le puso una mano sobre la boca y la pegó mucho a su cuerpo.

Hermione se removió en brazos del muchacho. ¡No necesitaba esconderse de Harry y Ron! No hizo sonidos para no llamar la atención del par, ya que al fin y al cabo si Malfoy no quería que los vieran no sería ella quien haría el papel de damisela en peligro.

Cuando finalmente dejó de luchar, el rubio la soltó pero le tomó la mano. Casi había olvidado el gran poder de afinidad que compartía con Malfoy cuando un torrente de su magia se dirigió hacia sus venas. Él le presionó los dedos sintiendo la misma descarga mágica y ella sonrió en respuesta, se recostó contra su pecho disfrutando la cercanía y del latir agalopado del corazón del rubio.

"¿Estás seguro que no está mintiendo?" Escucharon que preguntaba Harry al cruzar la esquina.

Hermione intentó hacerse más pequeña para que ninguno de los dos notara que estaban ahí. Era más facil explicar qué hacía caminando con Malfoy camino a clases que explicar qué hacía pegada a Malfoy en un minúsculo nicho en la pared y para más tomados de las manos.

"¿Por qué Lavender mentiría?" Decía Ron quien sonaba muy indignado ante la idea de una Lavender diciendo falsedades. "Además no lo inventó ella, lo dijo la Dama Gorda".

"Pero Hermione jamás se cambiaría de torre solamente porque está enojada con nosotros" Insistía Harry.

El par ya se estaba alejando cuando oyeron a Ron decir "Hermione por sí sola no, pero por consejo de Malfoy quien está manejado por Voldemort sí".

La corriente de magia de la marca recorrió las venas de ambos y los dos se removieron ante la mención del nombre y la sensación desagradable. Una vez que los gryffindor estuvieron lejos, salieron del hueco en la pared. Malfoy se sacudió las ropas y siguió su camino como si nada hubiera pasado, Hermione caminó tras él. No esperaba que él comentara cada detalle de lo que pasaba ni que fuera un cotilla como serían sus ex mejores amigos si algo así sucedía.

Estaba indignada por la indiscreción de la señora Gorda. ¿Cómo explicaría ahora que se había cambiado de torre? Bufó para sí, igualmente no tenía a nadie a quien rendirle cuentas y todos en Gryffindor sabían de antemano lo chismosa que podía ser el cuadro de la entrada. Además ella siempre podía dar la misma estúpida explicación que le había dado McGonagall a sí misma, no era problema suyo si no le creían, esa era la versión oficial.

Cuando llegó a clase de Transformaciones, que compartía con Slytherin, aún no todos habían llegado al aula. Harry y Ron no estaban allí aún, por más que estaban caminando antes que ellos. Tomó su lugar en la fila de Gryffindor como era habitual y esperó que la profesora llegara. Con los minutos, la clase se fue llenando y pudo oír a Harry y Ron cuchicheando tras ella, sabía que en cualquier momento le hablarían y estaba haciendo ejercicios mentales para poder disimular la rabia que les tenía.

A mitad de la clase, cuando estaban transformando un botón en una tetera que debía ser bellamente adornada para conseguir los puntos de la clase, la directora McGonagall entró al aula. No era algo que sucediera a diario pero tampoco era tan raro de ver, la anciana solía supervisar la que había sido su materia al menos cada tantas clases. Tomó asiento frente a la nueva profesora y observó en silencio cómo se desarrollaban los hechizos.

La escuchó dar un bufido cuando Ron convirtió su botón en una tetera de lodo, y le dió a ella un leve asentimiento de cabeza al ver su tetera con dibujos de flores azules y acabado con líneas doradas que simulaban ser oro.

En un momento, cuando iba por su tercer botón, sintió una punzada en su brazo izquierdo. Bajó la varita para tomarse el antebrazo pero un nuevo dolor hizo que tuviera que encorvarse un poco en su lugar cuando algo le ardió en la piel y el dolor iba en aumento.

Un quejido al fondo de la sala hizo que todos giraran a ver qué sucedía. Pudo ver a Malfoy sostenerse a su mesa con los ojos fuertemente apretados y una mueca de dolor que le deformaba el rostro.

"¡Señor Malfoy!" Exclamó la directora. "Acompáñeme a la enfermería".

El muchacho no contestó, solamente se encorvó más sobre su mesa y se apretó el brazo izquierdo con fuerza.

Hermione sentía que su propio brazo estaba a punto de explotar, así que tomó asiento aprovechando la distracción que le brindaba Malfoy y se levantó la manga de la túnica. Allí sobre su piel, al rojo vivo estaba la causa de su dolor.

"¿Señorita Granger?" Preguntó McGonagall mirándola desde una distancia prudencial.

Oh, no. Merlín. ¿Qué estaba pasando? ¿Y cómo lo explicaría ahora? La serpiente se movía por su piel burlándose de ella. La marca tenebrosa se marcaba en su brazo con un color rojo intenso.