Disclaimer: Algunos de los personajes no me pertenecen, Stephenie Meyer los creo en su preciosa cabecita, yo solo juego un poquito con ellos. La historia es mía.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)


La vida volvió a la normalidad como si nada hubiera pasado tras lo que ocurrió en el bautizo. Clarissa, Benedict y el resto de los Brandon volvieron a Jackson con la cola entre las patas, de nuevo. Isabella pidió que Benedict se mantuviera en Jackson, alejado de ella y del resto de su familia, además que le dio el golpe de gracia al obligarlo a donar una importante suma de dinero a la fundación, en vez de darle a ella esa gran indemnización que Elise pidió.

En otro momento, Alice diría que la abuela estaba loca, pero ¿honestamente? Clarissa y Benedict se lo merecían.

Ese lunes, Cynthia llegó del colegio botando su mochila en la primera superficie plana que se le apareció y subió a su habitación peleando por quitarse los zapatos. Jasper, que ese día decidió trabajar desde la casa, se rio de ella, acompañado por Madeleine.

—¿La viste? Ni siquiera saludó —rio él.

—Supongo que está emocionada, señor —respondió Madeleine.

Por más que Cynthia insistió en que fueran a esa cita con el diseñador en la mañana, Isabella le dijo que no debía perder clases, por lo que podían ir después de la escuela. Y sí, la chica estaba extasiada, emocionada, nerviosa, feliz… Quería tener el vestido perfecto, simplemente eso.

Alice llegó poco después, saludando a Jasper y Madeleine con un asentimiento.

—¿Vendrás con nosotros? —le preguntó Jasper.

—Sí, ¿por qué no? Elise no canceló la fiesta, así que…

—No hagas ruido al subir. Los niños están durmiendo.

—Okey —musitó Alice, quitándose los altos tacones.

Cynthia bajó unos minutos después. Se había cambiado el uniforme del colegio por unos simples jeans, sudadera y tenis.

—¿Aún no llega? —preguntó, desesperada.

—No, aún no —dijo Jasper, reprimiendo unas risitas.

—Dijo que nos vería aquí, ¿cierto? —musitó, asomándose por la ventana.

—Eso dijo, pero recuerda que está trabajando. Aún tiene Año Nuevo por planear…

—Cierto, cierto. Sí. Tienes razón. No hay problema si se retrasa por unos minutos… A pesar de que ella es muy puntual y…

—Cynthia… —rio. Inmediatamente, Cynthia se sentó en el brazo de uno de los sillones, haciendo brincar uno de sus pies. Jasper sacudió la cabeza con diversión.

Isabella tocó su claxon. Jasper se puso de pie y fue a abrir la puerta, sonriéndole a su hermanita.

Iban sus guardaespaldas con ella, obviamente, más alerta que antes. Nadie podía juzgarlos, atacaron a la primera dama del emporio frente a sus narices… Los pobres debían estar aterrados de que ocurriera de nuevo.

Pero Isabella se veía bien. Cubrió la cortada de su frente con el fleco que había comenzado a recoger y usaba suéter para tapar los rasguños y los moretones que dejaron los dedos de Benedict. Jasper suspiró. Hubiera dado su vida entera para que su hermanita no pasara por eso nunca.

—Hola —saludó Isabella, entrando a la casa.

—Hola. ¿Cómo estás?

—Estoy bien.

—¿Sí?

—Sí. Aún estoy un poco nerviosa, pero bien.

Cynthia apretó los labios. Se sentía demasiado avergonzada. Fue su padre quien lastimó a Isabella, los dedos del hombre que le dio la vida estaban marcados en su brazo… No entendía cómo no habían cancelado la fiesta solo para no tener más relación con la familia Brandon…

—¿Puedo ver?

—Claro —respondió Isabella, sorprendida. Se corrió un poco el fleco, revelando la pequeña cortadita rosada, parchada con dos pequeños trozos de cinta en forma de moño.

—La cabeza sangra mucho, ¿no es cierto?

Bella y Cynthia lanzaron unas risitas.

—Lo mismo le dije a Edward ayer —musitó—. Se veía catastrófico el sábado, hasta yo me sorprendí.

—¿Y los brazos?

Los brazos se veían espantosos. Las marcas que el sábado eran rojas, ese lunes habían tomado una tonalidad púrpura escabrosa, incluso había hecho gestos al mover ese brazo. El otro lucía como si hubiera sido un tigre el que la atacó. Alice, que bajaba las escaleras en ese momento, agachó la cabeza porque no pudo soportar ver eso.

Jasper asintió.

—Está sanando todo.

—Sí —respondió Isabella, reacomodándose el suéter sobre el top negro—. De acuerdo, ¿están listos?

—Desde hace horas —saltó Cynthia, levantándose de un brinco.

—Muy bien, andando.

Se fueron en el auto de Isabella, seguidos por la camioneta negra de los guardaespaldas.

El atelier del diseñador estaba en Rodeo Drive. Ya los esperaba, por supuesto. Saludó a Isabella con efusividad.

—Supimos lo que ocurrió —le dijo. ¡Oh! ¿La noticia salió a la prensa? Eso era… un caos—. ¿Cómo estás?

—Bien, gracias. ¿Recuerdas a mi hermano Jasper?

—Por supuesto. Es un placer verte otra vez.

—Igualmente.

—Alice, su esposa. Y la hermana de ella y nuestra debutante: Cynthia.

—Cynthia, mi cielo, eres aún más hermosa de lo que Isabella me dijo —halagó. Cynthia lanzó unas risitas, sonrojándose—. Déjame verte de lejos… Sí, tengo el estilo perfecto para ti. ¿Comenzamos a divertirnos?

—¡Sí! —respondió Cynthia, emocionada.

—Vamos. Ustedes pónganse cómodos, volveremos en unos minutos.

Mientras esperaban, los tres hablaron de lo que querían ver. Tenía que ser un lindo vestido que la hiciera lucir como el centro de atención que sería, nada que la opacara.

Cynthia volvió después de un rato con un diseño de dos piezas, con una falda de organza verde menta y top de lentejuelas plateadas, cuya separación dejaba ver algo de su abdomen.

Alice hizo caras al verlo. Era lindo, pero no podía imaginarse a su hermana siendo presentada en sociedad con él.

—¿Qué opinan? —preguntó Cynthia, con las manos en la cintura.

—Luce divertido —soltó Jasper como el único cumplido que se le ocurrió.

—Está bien. Si quieres, puede ser tu vestido para tu baile de graduación —le dijo Isabella.

—Nop —respondió la chica, girándose para mostrarles el escote en la espalda.

—Vuelve al probador —ordenó Alice.

La siguiente vez que salió usaba un vestido menos revelador, sin escote y con mangas largas. La falda era enorme, tanto que necesitó la ayuda de dos asistentes para caminar y subirse al pedestal.

Los tres la regresaron al probador casi de inmediato. Si no podía caminar la corta distancia del probador a la sala, claramente no podría bailar. ¡Otro!

Pero Cynthia dijo que ya sabía lo que quería. Tenía la idea de un escote barco, no de hombros caídos, con una gran falda como de princesa. Se imaginaba el vestido que usó Isabella en su boda religiosa, pero con mangas más cortas y sin encaje. Más brillos, sí, muchos más brillos. ¿Y la tela? Una preciosa organza rosa palo que incluía el brillo que Cynthia quería y el toque de originalidad en su diseño rayado.

—Edward está viniendo —avisó Isabella después de hablar con su marido por unos cuantos minutos—. ¿Está bien?

—¡Por supuesto! —respondió Cynthia.

—¿Todo bien? —preguntó Jasper. Isabella asintió, encogiéndose de hombros.

—Nuestras primeras fiestas —dijo—. Entonces, guantes. Blancos, de seda, hasta el codo.

—Muy bien. ¿Segundo vestido?

—¡Oh! ¡Sí! Pero, Brenda me dijo que quería hacerlo…

Alice rodó los ojos ante la mención de la prima malvada. No podía creer cómo su hermana no veía la asquerosa persona que era Brenda Swan, parecía que la tenía como hechizada gracias al impresionante poder que tenía la familia Swan de parecer encantadores antes de sacar su verdadera cara.

Estaba por decir en dónde Brenda podía meterse el "segundo vestido" cuando Edward la interrumpió, enlistando las bondades de tener a un familiar entre los diseñadores de los vestidos de Cynthia, mientras ingresaba al atelier con un asistente.

—En ese caso, ¿no debería hacerlo yo? —inquirió Alice.

—Si quisiera que tú diseñaras mi segundo vestido, te lo diría, Alice —soltó Cynthia. Alice iba a responderle a su hermana, pero Isabella fue más oportuna al desviar la atención hacia el chico que había llegado con Edward.

Ocurrió algo divertidísimo, al menos para Alice. Cuando Isabella le pidió al chico su pluma para firmar el papel que llevaba, este se retiró el bolígrafo de la curva de la oreja, una mala costumbre que la Princesa consideraba asquerosa, por lo que le dirigió al pobre muchacho una mirada de frustración antes de estirar la mano hacia Edward. El pasante guardó la pluma en su camisa, claramente avergonzado. Alice soltó unas risitas, porque eso fue Isabella a pleno y era sumamente divertido verla en su esencia… Claro, siempre y cuando no fuera contra ella.

—Largo —musitó, devolviéndole la carpeta.

—Sí, señora… Señorita. Con permiso —dijo, alejándose rápidamente con una reverencia.

—Pobre chico. No tenías que tratarlo así —la regañó Jasper.

—¿Viste de dónde salió su pluma, Jasper?

Él lo sopesó, sabiendo que su hermanita tenía razón.

—Al menos no salió de…

—Mira mi vestido, Edward —interrumpió Cynthia, mostrándole el boceto. Edward tomó el pesado pedazo de papel, entre risitas.

—Es fantástico, Cynthie. ¿Esta será la tela? —preguntó, tocando con suavidad los pequeños retazos de organza y seda rosada engrapados al papel.

—Sí, está bonita, ¿verdad?

—Es preciosa.

Después de tomarle las medidas a la chica y acordar la cita para la primera prueba, salieron del atelier, solamente para encontrarse con el asistente esperando fuera del auto de la empresa.

Jasper se carcajeó sin pena subiendo a la camioneta de Isabella.

—Déjame adivinar: ¿es nuevo? —preguntó cuando Edward e Isabella subieron al auto después de despachar al asistente.

—Es su primer día —masculló Edward, más hacia Bella que hacia Jasper. Ella asintió.

—Eso explica mucho. Creí que Delfina estaba a cargo de su entrenamiento.

—¿En serio? ¿Dijiste "entrenamiento"? —inquirió Jasper, incrédulo. Bella le rodó los ojos, mirándolo por el retrovisor.

.

.

.

La profesora de modales azotó su apuntador contra la mesa, haciendo brincar a Cynthia. La pobre chica enderezó la espalda, más avergonzada que asustada. Ilaria torció el gesto, disculpándose con la mirada. Esa mujer con cara de bulldog había sido su profesora antes de volver con los Swan, la que los Parker le recomendaron. Ella la llevó para Cynthia, pero no recordaba que fuera tan exigente…

—¡La espalda siempre recta! —le gritó la mujer—. ¡NO CRUCES LAS PIERNAS!

—Tal vez debimos pedirle a Bella que se encargara —musitó Jasper, viendo con espanto como la profesora ataba a Cynthia a la silla como en El Diario de la Princesa.

—Ella la hubiera tratado mejor —respondió Alice, mostrándose de acuerdo con Jasper. Ilaria sacudió la cabeza.

—Fueron órdenes de Elise. De hecho, iba a enviar a la profesora que tuvieron ustedes, pero Brenda se adelantó, resulta que la otra es peor.

Jasper lanzó unas risitas.

—Yo tuve un profesor, pero si Brenda lo dice, entonces debe ser verdad.

El señalador volvió a resonar en la mesa, haciendo brincar a Alice.

—¿Y si llamas a Isabella?

—Solo si quieres que me desgarre la garganta por interrumpir sus preparaciones para el viaje a Londres.

—¡Oh! Eso me recuerda que yo también iré —soltó Ilaria, poniéndose de pie. Alice la volvió a sentar, presionándole los hombros.

—Tú te quedas hasta que esa cara de bulldog deje en paz a mi hermana.

Ilaria apretó los labios, reprimiendo unas risitas.

—Estamos listas para los platos —musitó la profesora. Jasper asintió hacia Madeleine, quien se apresuró a colocar un servicio formal completo, con los cubiertos y las copas incluidos.

Estaban preparados. Jasper le había pedido a su cocinera que hiciera una cena completa, así Cynthia tendría una preparación con todas las de la ley, un requisito de Elise y la misma Isabella. Si iban a hacer ese debut, lo harían bien.

Durante la cena, la profesora le hizo algunas preguntas sobre etiqueta y protocolo, intercalándolas con instrucciones sobre cómo comportarse en la mesa. La mujer era bastante inteligente, pues estas preguntas las hacía cuando Cynthia comía, así ponía a prueba sus modales más básicos.

Cynthia era una alumna brillante y dedicada, ponía atención a las instrucciones y recibía los regaños con dignidad, aceptando que cometía errores. Su objetivo era hacer sentir orgullosos a los Swan y que no se arrepintieran de darle esa fiesta.

—¿Puedo desatarme ya? —preguntó Cynthia, cuando la profesora se comenzaba a despedir. Jasper no pudo evitar soltar unas risitas antes de acercarse a ella y deshacer los nudos.

—Nos veremos la próxima semana —prometió la profesora.

—Gracias, señora Jefferson —respondió Jasper, acompañándola hasta la puerta. Al cerrar la puerta detrás de ella, se giró hacia Cynthia—. Ve por tus cosas, rápido.

Cynthia se levantó de un salto y subió a su habitación corriendo.

—¿Y ahora a dónde van? —preguntó Alice.

—Primero a casa de mis padres por Seth y después a las clases de baile. ¿Quieres venir?

No le agradaba la idea de sentarse dos horas en un estudio de baile sin nada que hacer más que ver a Cynthia y Seth dar vueltas por todo el salón pero eso era mejor que quedarse sola con los niños y la niñera. Así que subió al auto con Jasper, Cynthia e Ilaria.

Ya iban un poco retrasados, por eso Ilaria les dijo que enviaría a Seth, ella tenía que prepararse para el viaje a Londres por fin de año en Cullen's, por lo que no podría acompañarlos. Seth salió corriendo, con una mochila al hombro. En cuanto el chico estuvo dentro del auto, Jasper salió acelerando de la propiedad hacia el estudio en Woodland Hills.

Jasper envió a Cynthia y Seth al interior del salón mientras él estacionaba el auto. Cuando él y Alice entraron, se encontraron con los muchachos preparándose. Cynthia llevaba un par de zapatos altos que igualaban, o se acercaban, a la altura que tendrían los zapatos que usaría en la fiesta; además, Isabella le había aconsejado que preparara también una falda. No le importaba que fuera exagerado, Cynthia necesitaba estar completamente preparada. Sería su gran noche, la mejor de toda su vida, quería que fuera perfecta.

Los instructores estaban listos para ellos. Antes de reproducir la música, les enseñaron los pasos básicos, después harían la coreografía.

—¿Qué significa que Seth sea quien la escolte y no alguien más? —le preguntó Alice a Jasper—. Hasta donde yo sé, el debut es mucho más que presentarla en sociedad.

—No con nosotros —respondió Jasper, guardando su Blackberry en el bolsillo de su camisa—. Para la abuela todo gira en torno a la familia, así que es prácticamente su presentación para nosotros —dijo. Alice abrió los ojos de par en par, sorprendida. ¿Eso quería decir que Cynthia se convertiría en una Swan después de esa fiesta?—. Que Seth sea quien la escolte es muy obvio. Es el debut de ambos, no solo el de ella.

—¿Y qué? ¿Ya no va a ser mi hermana, sino la tuya?

Jasper se incomodó. Isabella y Elise le habían dicho que manejara con cuidado esa situación, el problema es que él creyó que Alice no sería así de curiosa. No sabía cómo explicárselo…

—De nombre, seguirá siendo tu hermana —le dijo. Alice asintió—, pero, oficialmente, será parte de nuestra familia. Habrá algunas cosas que no podrá hacer porque no tiene el apellido, pero fuera de eso…

Alice alzó una mano, deteniéndolo. No quería escuchar más. Cynthia era lo único que tenía, por quien continuaba ahí después de enterarse de la verdad en el bautizo de Jacqueline, y ahora la iban a convertir en una copia de Isabella…

¿Es que acaso eso estaba en el contrato pre nupcial?

—Lo sabías. Cuando nos lo propusiste, cuando le diste la idea, sabías que me la iban a quitar.

Jasper suspiró.

—Alice, he pasado los últimos dos años escuchando tus quejas sobre tu familia, viendo de primera mano la clase de personas que son… ¿No es nuestro principal objetivo protegerla a ella de ellos? ¿No es por lo que la sacaste de la casa de tus padres? Te prometí que la iba a cuidar y eso es lo que estoy haciendo.

—La estás convirtiendo en tu hermana. No es exactamente a lo que me refería…

—Es exactamente a lo que yo me refería. La única manera de protegerla de tus padres es hacerla parte de mi familia. —Se puso de pie, suspirando. Tomó a Alice de los hombros y la giró hacia la ventanilla del estudio para que mirara a Cynthia—. Queremos que siga siendo tu hermana, Alice, no podemos quitarles eso a ambas, pero…

—Ella estará mejor siendo oficialmente parte de los Swan.

—Créeme, si hubiera una manera más fácil de hacerlo sin tener que recurrir a algo tan público como es el debut, lo haríamos, desgraciadamente, no la hay. Tiene que debutar para que la sociedad la considere parte de nuestra familia.

Alice tendría que repetirse por el resto de su vida que eso era lo mejor. Cynthia no podía pertenecer socialmente a una familia codiciosa y violenta. Ser una Swan era la cúspide de todo el sacrificio que ella estaba haciendo al quedarse ahí. Por Cynthia, solo por ella.

.

.

.

—¿Estás seguro que es lo suficientemente grande? —se burló Raoul cuando las ramas del enorme árbol de navidad natural se extendieron en la casa. Alice torció el gesto.

—Yo creo que exageraste un poco —musitó Edward.

—Bastante —masculló Alice. Jasper le rodó los ojos.

—Tonterías, es perfecto —respondió—. Solo tenemos que mover algunos muebles…

—Esta casucha apenas puede soportar un árbol de bolsillo con luces integradas.

—Basta ya, Alice —la regañó Cynthia.

No estaba tan mal. Tenían demasiados muebles que solo servían de estorbo, así que era el momento perfecto para una limpieza profunda, aunque debían aceptar que, después de todo, fue una buena idea hacer que Ilaria y Renée distrajeran a Isabella porque si ella veía que estaban justos de espacio, haría el drama del año y mudaría Navidad a su casa, porque era la Princesa y, honestamente, Jasper le tenía un poco de miedo.

—Raoul, después de todo sí vamos a necesitar la ayuda de tu amigo —le dijo Jasper.

—Estoy en eso.

—¿De dónde sacaste tanta baratija, Jasper? Ya ni tu hermana es así de acumuladora, y mira que ella tiene todo lo que se encuentra de Elizabeth cada vez que va a Seattle.

—¿Quién crees que heredó las baratijas de mi abuelo? Ciertamente, no fue ninguno de sus hijos.

—¿Cosas que van de generación en generación?

Jasper rio.

—No somos como tu familia, Edward, que hasta se pasan una sillita de bebé.

—En mi defensa, nunca le hablé de ella a Bella. La vio y decidió que iba a ser para Vanessa y los que le siguieran. Créeme que yo pensé que me iba a mandar al demonio como lo hizo con el faldón de bautizo y las alianzas de matrimonio.

—¿¡Estás hablando en serio!? —gritó Raoul—. ¿Hasta las alianzas se pasan?

—No exactamente las alianzas. Tenemos algunos lingotes de oro puro destinados especialmente para eso, pero Isabella es de plata o de oro blanco… Tuve que negociar mucho para que pudiéramos usar los lingotes de plata reservados para las placas de identificación de las oficinas.

—BrujiBella está loca —soltó Raoul—, pero tú estás más loco por casarte con ella.

Jasper chocó manos con Raoul. Edward se encogió de hombros.

—Ella solo sabe lo que quiere, y el cómo y el cuándo. Yo estoy dispuesto a facilitárselo por el resto de nuestras vidas.

Alice rodó los ojos. Eso era tan cursi.

Jasper palmeó la espalda de su cuñado.

—Vamos a continuar antes que BrujiBella se escape de mi mamá e Ilaria y nos sorprenda sacando muebles.

Sacaron un gran librero que estaba casi vacío, no aportaba nada a la casa. Raoul lo pidió para su departamento, así que en cuanto el mueble estuvo en la camioneta, él se despidió. Edward tampoco se quedó mucho tiempo, le había prometido a Isabella que irían a cenar.

Era como si todos supieran que ella ya estaba enterada del verdadero motivo de su matrimonio con Jasper, todo el tiempo restregándole en la cara que entre ellos sí había amor y compromiso… Los odiaba. Los odiaba con toda el alma.

Jasper y Cynthia se dedicaron a decorar el árbol con hermosas esferas blancas, plateadas y transparentes, y luces blancas que parecían estar integradas al árbol. Tyler fue quien colocó la estrella en el tope.

Los siguientes días continuaron con los demás adornos del interior y el exterior. Para Nochebuena, la casa destacaba del resto por sus resplandecientes luces que incluían a un Papá Noel y un Rodolfo en el pasto, al que, por cierto, tenían que estar cuidando porque Tyler quería subirse a él todo el tiempo.

Esa tarde, Jasper y Cynthia volvieron a casa a las prisas, la chica cargando con un protector de ropa negro que no dejaba ver nada de su interior.

—Creía que solo habían ido a la primera prueba… —musitó Alice.

—A eso fuimos —respondió Jasper.

—Pero ¿y ese protector?

—Es mi vestido para las fotografías —dijo Cynthia, bajando el zipper del protector para mostrarle un vestido corto color verde bosque con los hombros caídos y bellísimos bordados de encaje—. Elise lo envió. ¿No es precioso?

—Es muy lindo. ¿Ya te lo probaste?

—Le queda como un guante —afirmó Jasper—. Ve a dejar eso al clóset de mi habitación y baja, tenemos mucho que hacer.

—Okey —cantó Cynthia, subiendo las escaleras de dos peldaños a la vez.

—¿Llamó el catering?

—Sí. Ya no tardan en llegar. A tu hermana no le va a gustar eso... Recuerda que ella fue quien cocinó en su primera Navidad con Edward.

—Tendrá que vivir con eso. Ninguno de nosotros cocina, y no iba a tener a Madeleine aquí en Nochebuena.

Colocaron una gran mesa redonda en el comedor, que cubrieron con un mantel blanco. Ya estaba planchado, pero aun así Jasper pasó las manos continuamente sobre él para deshacerse de las marcas de los dobleces y las arruguitas que se hubieran formado.

El servicio de catering llegó cuando estaban por acomodar los centros de mesa. Mientras Cynthia y Alice se encargaban de eso, Jasper comenzó a dar las instrucciones a los meseros. Antes de subir a ver a sus hijos, envió a Alice y Cynthia a cambiarse, mientras los meseros terminaban de colocar la linda vajilla blanca.

Jasper vistió a sus hijos para después dejarlos con Cynthia y así poderse cambiar.

Al bajar, la casa estaba casi lista para recibir al resto de la familia.

No iban a tardar. Ilaria ya le había enviado un mensaje para decirle que estaban en camino.

Pero los primeros en llegar no fueron sus padres, ni siquiera la Princesa y su familia, sino los Cullen. Alice los recibió sorprendida de verlos ahí. Isabella nunca les confirmó que iban a ir, ¿acaso tendrían suficiente espacio?

—¡Feliz Navidad! —saludaron Irina y Kate.

—Feliz Navidad, familia Cullen —respondió Jasper, entre risas. Las chicas Cullen estaban usando los más bizarros suéteres navideños que se hubieran visto jamás. Alice no pudo evitar reírse, así como la chica del catering que recibió los abrigos—. Adelante, por favor. ¡Oh! No tenían por qué… —musitó él al tomar la botella de coñac que Carlisle le tendió.

—Por favor. Nos estás recibiendo en tu casa. Debíamos traer algo. Y pensé que, de todos nosotros, tú apreciarías un buen trago.

—Gracias —respondió Jasper—. Tomen asiento. Bella, Edward y mis padres no deben tardar en llegar.

Saludaron a Cynthia y Tyler antes de sentarse. En cuanto Irina vio a Jacqueline en su sillita saltarina, la tomó en brazos y no la soltó.

Charlie, Renée e Ilaria llegaron minutos después. Seth decidió que ese año pasaría Navidad en Seattle y Raoul se fue a Nueva York, ambos estarían de vuelta para la gran cena.

—Delfina me avisó que Bella tuvo que quedarse unos minutos más en la oficina. Están un poco retrasados —dijo Ilaria cuando Esme preguntó por los Cullen-Swan.

—¿Y Raoul? Creí que…

—Sí. Es más importante que esté en la cena, así que acordamos que regresaría a Nueva York para Navidad y volvería para Año Nuevo. Por cierto, vendrá toda su familia.

—Eso deberías decírselo a la Princesa.

—No. Jasper, no la has visto en las últimas semanas. Algo ocurrió en nuestro viaje a Londres, no me quiere decir qué, pero desde entonces está… no sé, molesta —murmuró.

Jasper frunció el ceño. La llevó a la cocina, que era un burbujeo de actividad con los cocineros y los meseros paseando por ahí.

—¿Crees que tiene que ver con…?

—¿Esme? Sí. Definitivamente. Tuvieron un almuerzo. Me dijo que iba a ser para hablar de la fundación, por lo que obviamente yo también tenía que ir, pero cuando llegamos Esme me dijo que solo la necesitaba a ella y me fui… Cuando volvió nos hizo empacar a los cuatro e irnos a Londres.

—Espera, ¿no estaban en Londres?

—Ellos decidieron que Carlisle, Esme y las chicas se quedaran en la casa de Londres porque estarían aquí. Cada vez que viajaran ellos estarían la villa, pero nos fuimos a Londres, y BrujiBella estaba más insoportable que nunca.

—Entonces, será una Navidad complicada.

—Mucho. No me sorprende que Bella haya hecho tiempo en la oficina, seguramente no quiere ver a su suegra.

Jasper suspiró. Detuvo del brazo a uno de los meseros.

—Asegúrense de recibir a mi hermana con una copa de vino.

—No, champagne —aconsejó Ilaria. Los hermanos se miraron.

—Whisky —dijeron al unísono.

—Entendido.

—Jasper —lo llamó Cynthia, asomándose por la puerta de la cocina—, ya llegaron.

Ilaria tronó los dedos hacia el mesero mientras salían de la cocina. El chico se apresuró a servir los vasos de todos.

—Buenas noches. Perdón por el retraso —saludó Edward, llevando a Vanessa de la manita. Una gran exclamación de sorpresa se levantó en la sala.

—¡Pero miren quién camina ya! —vociferó Charlie.

—Sí —respondió Isabella—. Por suerte todavía no corre, así que estamos bien, por el momento. Gracias —musitó, tomando el vaso de whisky que le ofrecía el mesero—. Espera, ¿qué?

—Fue su idea —dijo Alice, señalando a Jasper. Isabella la miró con las cejas alzadas, casi sorprendida de verla ahí.

—¿Y también fue su idea ese espantoso vestido?

Ilaria, Kate, Irina y Cynthia se cubrieron la boca para no soltar unas risitas. Alice rodó los ojos.

—Está de buen humor —rio Jasper, dirigiéndose a Edward.

—Un poco, sí —respondió él—. Gracias por hacer esto, Jasper. No sabes el peso que le quitaste de encima.

—En lo absoluto. Es hora que nos hagamos responsables de estas reuniones —dijo.

Ahora que Vanessa ya caminaba, prácticamente podía seguirle el paso a Tyler a todos lados. Fue increíble ver a los dos niños jugar y divertirse, totalmente ignorantes del drama de adultos que tensaba el ambiente esa noche.

La cena estuvo bien, el problema fueron Isabella, Alice y Esme, o bueno, Alice y Esme que encontraron la manera perfecta de molestar a Isabella, ella les respondía con ese cinismo que tanto la distinguía. Fue una batalla dura, de la que no se supo el ganador.

La casa comenzó a vaciarse pasadas las doce de la noche. Los niños ya estaban dormidos y los adultos con unas cuantas copas encima. Era hora de terminar la fiesta.

Alice subió, quitándose los tacones blancos. Ya no quería estar más ahí abajo, rodeada de personas a las que odiaba… Nunca tuvo una Navidad buena, que valiera la pena recordar, esperaba que las siguientes mejoraran.

—Alice —la llamó Esme. Al girar, se tropezó por la sorpresa. ¿Qué hacia ella ahí?

—Señora Cullen —respondió.

—Dime Esme, querida. Me impresionaste allá abajo. Ustedes dos tienen una historia complicada, ¿no es cierto?

—¿Qué le hizo a usted? —le preguntó.

—Solo me quitó toda mi vida —respondió—. Cuando ella apareció, Carlisle tuvo esas ridículas ideas de retirarse, como si algo en ella le convenciera de que Edward estaba listo, cuando la realidad es que no. Amo a mi hijo, pero todavía es muy tonto y no es lo que yo considero que sería bueno para el éxito de la empresa familiar. Tal vez nunca esté listo, ¿sabes? Ni siquiera aunque se haya casado con una princesita americana. Mi objetivo es demostrarle eso a Carlisle, y si tú me ayudas, yo también podría ayudarte.

—¿Y cómo me ayudaría usted?

—La presión de no tener todo ese poder, va a terminar con su matrimonio y, eventualmente, con ella. Y así tú tendrás todo lo que siempre quisiste.

—Pero, Ilaria…

—¿Quién? Ah, sí. La gemela. Ella no importa. ¿Tenemos un trato, Alice?

No tenía nada que perder, la verdad, y Esme le estaba dando la oportunidad de acabar de una vez por todas con Isabella y todo lo que ella representaba…

—Tenemos un trato —respondió Alice, antes de estrechar manos con Esme. Y hacer ese trato con el diablo.

.

.

.

—¡Por fin llegas! —gritó Brenda al ver a Cynthia llegar a la casa de Edward e Isabella para la fiesta de Vanessa.

—Tuvimos que ir por la pintura —explicó Cynthia—. Si no la traíamos…

—Sí, sí, Bella se los comía vivos. Vengan conmigo, les quiero enseñar algo —dijo, tomando a Cynthia de la mano. Jasper dejó el cuadro de Vanessa con Victor antes de animar a Alice a que los siguiera. A regañadientes, ella subió detrás de ellos. En la habitación de Edward e Isabella estaba colocado un sencillo maniquí de torso que tenía sobre él un hermoso vestido rosa palo corto con brocados dorados, escote en V y tirantes espagueti—. ¡Ta da! —exclamó Brenda, haciendo un ademán hacia el modelo.

—¿Acaso no duermes? ¡Es hermoso!

—Bueno, ya estaba casi listo cuando te dije que quería hacerlo. Es de los pocos diseños que no he tenido que dibujar, todo lo hice a la par que me lo imaginaba.

—Por instinto —musitó Jasper. Brenda asintió—. Julie, es precioso. ¿Ya lo vieron Bella y la abuela?

—¿Quiénes crees que me dijeron que se los mostrara hoy?

Alice suspiró, rindiéndose.

—Brenda, no me agradas…

—Gracias —respondió Brenda. Jasper rodó los ojos.

—Pero tengo que aceptar que es un vestido maravilloso. Gracias.

—Yo haría lo que sea por Genie, incluso tolerarte, prima. Y hacer un vestido para ti —masculló. De su portafolio de diseño sacó una carpeta, que le ofreció a Alice. Estaba su nombre escrito en la tapa y tenía dentro algunos dibujos con sus respectivas muestras de tela.

—No me quieres envenenar, ¿cierto?

—Desgraciadamente, no —soltó. Jasper la regañó con la mirada—. Bella y la abuela se volvieron locas. Literalmente, tengo un mes para hacer tu vestido, los del dúo dinámico, el de tía Renée, el de la abuela y el mío, así que en vez de pensar esas cosas de mí, agradécemelo.

—Está bien. Gracias. Este —dijo, mostrándole el dibujo de un vestido de sirena con escote ilusión.

—¿No quieres pensarlo mejor?

—Deja de hacerte la modesta. Sabes que todos tus diseños son hermosos, no importa cuál escoja, sé que me voy a ver bien. Así que si solo tienes un mes para hacer seis vestidos, mejor te hago más fácil la vida. Aunque, si quieres, puedo elegir el princesa de satín con esas mangas y los bordados y…

—Sí, sí. Ya dame eso —dijo, arrebatándole la carpeta. Con una pluma hizo una marca en el dibujo para recordar que ese fue el que eligió Alice. Bajaron a la fiesta, recibidos en el vestíbulo por una parlanchina Vanessa que daba pequeños pasitos con Isabella detrás de ella.

—Tío Jasper, Vanessa quiere agradecerte por su pintura.

Jasper lanzó unas risitas, tomando a la niña en brazos.

—Fue un placer, preciosa —musitó, dándole un beso en la mejilla regordeta—. ¿Mamá y papá ya están aquí?

—Síp. Con tus hijos, no te preocupes.

Vanessa comenzó a pelear en los brazos de Jasper para que la bajara, a lo que él respondió de inmediato dejándola otra vez en el suelo. Isabella la tomó de la manita para salir al jardín.

La fiesta estaba en una gran tienda transparente, porque los inviernos en Los Ángeles resultaban ser realmente lluviosos. Isabella y Edward no querían arriesgarse a que la lluvia arruinara el día de su hija, pero tampoco quisieron hacerla en el interior, así que estaban muy bien preparados.

Las mesas ya estaban ocupadas casi en su totalidad, cuando un apresurado Raoul llegó. Ilaria lo saludó con un abrazo y un beso antes de dejarlo saludar al resto de la familia.

—¿Qué te pasó? —le preguntó Seth, entre risas.

—El vuelo se retrasó doce horas. Prácticamente pasamos toda la Navidad en el maldito aeropuerto. Nunca había odiado tanto mi ciudad… ¿De qué me perdí?

—Vanessa ya camina —respondió Alice.

—Lo hizo en Gales, ¿algo más?

—Debieron ver las caras de pánico de Edward y Bella cuando se puso de pie —rio Ilaria—. Puedo jurar que les dio un mini infarto.

—Y luego empezó a caminar y casi se desmayaron.

—No se lo esperaban —dijo Renée.

—Nop, para nada —musitó Isabella, escondiéndose detrás de Raoul—. ¡No te muevas! —ordenó, tomándolo de los brazos.

—¿Y ahora qué te pasa?

—Vinieron Clotilde y Siobhan. No tengo nada de ánimos de contarles cómo fue que terminamos yéndonos a la casa de Londres, ¿de acuerdo?

—Si no les dices tú, lo hará Edward —le dijo Ilaria.

—Por cierto, ¿cómo fue que lo decidiste? —inquirió Raoul, mirándola de reojo.

—No tengo ánimos de contárselo a nadie.

—¿Ni siquiera a tu cuñado favorito?

—Eres mi único cuñado.

—Mejor aún.

—Cállate y escóndeme.

—¿Tan malo fue? —preguntó Charlie.

—No tienes idea.

Edward se acercó, preguntando con un gesto dónde estaba Isabella. Raoul señaló a su espalda.

—Nena, ya las dejé con Vanessa. Puedes salir.

—Nop. Estoy muy bien aquí. Gracias, mi cielo.

Edward se rio, sentándose.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Jasper. Edward miró a Isabella, pidiéndole su permiso para contar la historia completa. Ella rodó los ojos, haciéndolos reír a todos.

Resultó que la tía y la abuela consideraban que las reglas que ya habían roto eran más que suficientes y que el hecho de que no vivieran en Inglaterra no quería decir que la casa principal no fuera suya por derecho. Isabella tuvo una gran pelea con Esme, quien pensaba que era ella quien los estaba sacando de su casa y no Clotilde y Siobhan.

—Bueno, eso lo explica —dijo Ilaria.

—Sí, y muchas gracias por decírselo a Jasper.

Los hermanos se miraron, torciendo el gesto. Ah, qué bien. ¿Tenía cámaras en la casa o qué?

—Pero ¿a poco no te gustó el whisky?

Isabella rodó los ojos, con diversión.

—Amor, aquí vienen —avisó Edward entre dientes, viendo como su abuela y su tía se acercaban, llevando a Vanessa de las manos.

—Creo que a esta pequeñita no le gusta estar lejos de sus papitos —dijo Clotilde—. Buenas tardes, Isabella.

Raoul se llevó una mano a la boca, simulando una tos, mientras se hacía a un lado.

—Hola, Clotilde. Siobhan. Qué gusto que vinieran —les dijo, con una sonrisa que provocó risitas en la mesa de la familia Swan.

—No podíamos perdernos el primer cumpleaños de la heredera. Es una fiesta muy linda.

—Gracias.

—Iremos con Carlisle, Esme y las niñas. Gusto en saludarlos a todos, familia Swan.

—Igualmente, señoras —respondió Charlie.

—Esas dos mujeres oficialmente son mis ídolos —soltó Alice. Isabella la miró de reojo.


Hola, hola, ¿como están? Ahora si me tarde más, una disculpa. ¿Qué les pareció este capítulo? ¿Les gusto? Una de las cosas que me están gustando de Lady Alice es que he podido desarrollar mucho más la dinámica entre los hermanos y los cuñados de lo que pude hacerlo en Realeza, algo que sirve de mucho para entender, por ejemplo, por que durante la boda de Ilaria y Raoul, Alice no fue incluida en el "abrazo grupal" o por qué, de alguna manera, la Princesa se convirtió en la matriarca de la familia.

Gracias a Katie D. B, Yoliki, Guest, Guest, Pili, Guest, Tecupi por sus reviews en el capítulo anterior y al resto de ustedes por leer. Nos leemos en los reviews y en el siguiente.

Annie. xx