Capítulo 15.

Una noche memorable.

Harry no tenía ni idea cuando era su cumpleaños. A pesar de ser el favorito de Perséfone, jamás había celebrado una fecha como aquella. A los inmortales no les interesaban niñerías como estar contando el paso de los años.

El solo sabía su edad por el brazalete de cuentas negras que llevaba atado en la muñeca. En cada solsticio de invierno, cada guerrero recibía una cuenta. Aquello era lo más cercano a un obsequio de cumpleaños. Una cuenta negra por cada año. Harry tenía veinte, y si regresaba con vida al inframundo el próximo solsticio, recibiría la número veintiuno.

Era algo deprimente. Los demás guerreros no entendían lo que significaba, pero él sí. Una cuenta por cada año de esclavitud.

Pero eso acabaría. Nunca obtendría la pieza número veintiuno. Lo había decidido la noche que dejó el inframundo para cumplir su misión. No regresaría. Seria libre o moriría. Todo por la libertad, como había dicho elocuentemente Carrie.

Pensaba que tal vez le preguntaría a Albus sobre su fecha de cumpleaños mientras bajaba los escalones de daban al sótano del Canto del Fénix, donde los hermanos de Tabitha habían montado su fiesta de cumpleaños después de pagarle a los dueños del lugar un muy generoso alquiler. Harry no tenía mucha idea de cómo funcionaba todo aquello, pero estaba seguro que un sótano no era el lugar idóneo para algo así.

Se lo había comentado a Astoria, pero ella, que ya había bajado, simplemente le sonrió de forma divertida.

Cuando al fin entró al lugar entendió porque Taby estaba emocionada. Era tan amplio como la parte de arriba. Parecía un inmenso salón con techo encorvado y columnas de ladrillo rojos expuestos. Al fondo había un pequeño escenario donde una banda de magos vestidos con ropas brillantes cantaban y tocaban instrumentos extraños. Había mesas llenas de comida y bandejas que volaban solas por el lugar llevando bocadillos a las mesas donde charlaban los invitados. Había otra mesa llena de poncheras y todo estaba de colores violetas. Los manteles, los globos y hasta una nieve mágica que caía desde el techo brillaba con suaves destellos violetas.

—¿No es bonito?—Astoria lo miraba con una sonrisa

—Vaya, los hermanos de Taby no escatimaron en nada.

Había un ambiente de alegría genuina. Todos parecían divertirse, yendo de aquí para allá mientras hablan y reían. El centro de completa atención en aquel momento era sin duda Tabitha. Con su vestido color lavanda con una falda corta que parecía flotar a su alrededor, parecía resplandecer con luz propia. Hacía tiempo había notado aquello, la chica parecía verdaderamente feliz cuando era el centro de atención. Contrastaba bastante con Ginny, la cual enrojecía cuando demasiadas miradas se podían sobre ella.

Se acercó a la celebrada para darle las felicitaciones correspondientes, y pronto se encontraron conociendo y estrechando manos de todos los amigos y hermanos de Taby. Todos parecían interesados en los tres nuevos amigos del círculo de Tabitha. Aunque Hermione logró escabullirse sin muchos problemas, dado que su amargo carácter solía repeler a las personas. Harry y Astoria fueron rápidamente rodeados por un grupo que parecían verdaderamente interesados por cualquier cosa que pudieran decir.

Astoria era popular entre los chicos, pero para sorpresa de Harry, la guerrera mantenía a saludable distancia a todos aquellos que intentaban invitarla a bailar o a tomar un trago. Algo verdaderamente sorprendente dado que la chica no paraba de adsorber emociones que la incitaban a unirse a la fiesta y a los bailes.

—¿Tu novio no vendrá, Taby?—le preguntó una de sus amigas que bebía alegremente mientras miraba a Harry sin dejar de pestañar coquetamente.

Harry era un novato en el arte de saber que decir en las reuniones sociales, pero estaba seguro que aquella pregunta no era muy acertada en ese preciso momento.

Lo comprobó al instante al ver la cara agria de Tabitha, que parecía querer estrangular a su amiga.

—No, me ha enviado una lechuza para avisarme que le ha salido un compromiso inevitable.—masculló, escupiendo cada palabra como si estas fueran amargas.

Estaba más molesta que desilusionada, y Harry sintió que era mejor callar. Taby no le gustaba que las cosas no fueran como ella esperaba. Quería controlar todo para que fuera de su gusto. Pero lamentablemente no podía. Su novio la había plantado y Astoria llamaba la atención de los chicos. Taby no le gustaba eso, una ola de celos salió de ella cuando dos muchachos de facciones agradables se pararon a cada lado de Astoria buscando su atención.

Harry la observó con atención. Su falsa hermana era guapa y los hombres lo notaban, pero ella solo atinó a cambiar su posición, parándose a su lado. Se abrazó a su brazo con una sonrisa irrompible, mirándolo con complicidad. Desde aquella noche en que Harry se había sincerado con ella, Astoria había adoptado una actitud mucho más afectuosa con él. Al principio le había resultado raro, hasta incomodo, pero más rápido de lo que hubiera esperado, descubrió que su tacto no le resultaba desagradable, y aunque no hacía que su corazón enloqueciera como cuando Ginny lo tocaba por accidente, había descubierto que las muestras de cariño de su hermana de mentira eran tan agradables como un abrazo de Perséfone o una palmada en la espalda de Albus.

Uno de los hermanos de Taby, un tal Mark comenzó a contarles la fortuna que les había costado toda la fiesta y lo poco que le importaba haberla gastado si su hermanita era feliz. Harry tardó un rato en comprender que todo aquel discurso era para impresionar a una muy poco impresionable Astoria.

A Harry le causaba gracia esa forma que tenían algunas personas de llamar la atención del género opuesto. Reprimió una risita cuando vio a Astoria rodar los ojos con evidente impaciencia.

El hermano de Tabitha seguía hablando pero un certero codazo de Astoria lo sacó de la conversación. Miró a la chica con mala cara mientras se sobaba a él costado. Ni se disculpó al tiempo que mirada a de forma significativa hacia las escaleras. Al voltear se quedó sin palabras.

Había conocido a las ninfas más hermosas, diosas menores que habían hecho que el mismísimo Zeus voltear a verlas una segunda vez. Hasta una vez había llegado a ver a la mismísima diosa del amor y la belleza… pero ninguna de ellas había logrado dejarlo sin aliento como lo estaba haciendo Ginny Weasley en aquel momento parada en el último escalón, con un bonito vestido azul oscuro, el cabello rojo fuego cayendo a ambos lados de su rostro y una sonrisa dulce en los labios.

Sus pies se movieron sin que él se diera cuenta y llegó ante ella en un suspiro. Seguro que no sabría qué decir.

—Hola—le saludó Ginny con una sonrisa nerviosa.

—Estas perfecta—dijo, y se sintió estúpido y un completo torpe al hacerlo.— Te ves hermosa… no digo que no te veas hermosa siempre, pero ahora estas mucho más y…. y yo mejor me calló ahora.

Ginny en un arrebato de valentía se inclinó y le plantó un pequeño beso en la mejilla

—Gracias. Tú también te ves bien.

Harry sonrió mientras su mejilla ardía en el lugar que había posado sus labios la pelirroja. No tenía ni idea que debía decir o hacer. Con desesperación intentaba pensar como interactuaban las personas en esas circunstancias. Sin duda había visto a muchas parejas teniendo citas en el bar, pero jamás le había puesto la atención necesaria, tachando el asunto de poco importante. Gran error.

Pensó en Hades y en Perséfone, la única pareja que había visto interactuar alguna vez. Pero tampoco servía de mucho. Hades podía estar completamente enamorado de su esposa, pero le cortaría las uñas de los pies a su hermano Zeus antes de mostrarse afectuoso con ella en público.

Aunque para el observador más suspicaz, la mirada de Hades hubiera sido más que suficiente para saber que el dios del inframundo no necesitaba darle una muestra de afecto pública para lograr que su esposa supiera cuanto la amaba.

Ellos lo sabían. Una mirada bastaba para comprenderse, para amarse. Harry había envidiado aquella conexión, pensado que jamás la sentiría o seria digno de algo como aquella maravilla. Pero en aquel momento, por un instante creyó poder comprender las palabras de Albus. Entender porque Hades (un dios malhumorado que no podía estarse quieto ni cinco minutos) podía permanecer inmóvil por horas mientras solo se dedicaba a mirar a Perséfone mientras ella cuidaba de sus flores en su jardín. Un lugar hermoso y lleno de vida que él mismo había creado para ella, con la única intensión de verla sonreír.

Por un momento, mientras Ginny sonreía y hablaba de la decoración en la que allá también había colaborado, Harry se perdió en sus ojos color chocolate, tan oscuros y brillantes. Todo era perfecto… hasta que una pregunta lo atravesó como un rayo, haciendo que perdiera el curso de sus palabras. Él estaba ahí para cuidarla. Pero cuando la misión llegara a su fin ¿Qué pasaría? Él había mentido. Ella creía que era el primo de su mejor amiga ¿Qué ocurriría cuando descubriera que todo eso era una mentira? Un burdo engaño creado para protegerla si, pero una mentira a fin de cuentas. ¿Lo perdonaría?

Por horas se había preguntado porque había aceptado la propuesta de Ginny de ir juntos a esa fiesta, cuando muy bien hubiera podido ir a vigilarla a la distancia.

Pero quería estar cerca. Le había dicho a las guerreras que la cita era solo una escusa para estar cerca e Ginny sin levantar sospechas. Astoria no le había creído ni media palabras, pero no dijo nada, limitándose a poner los ojos en blanco. A Hermione ni siquiera le había importado.

Luna le había dicho que Ginny sentía algo por el… y al escucharla sencillamente había sido más feliz de lo que podía recordar haber sido nunca.

Su corazón acelerado, el saberse apreciado por alguien como ella parecía un milagro producido por la mismísima Afrodita.

Estaba fascinado con su naturalidad y su sonrisa alegre. La vida la había golpeado en innumerables ocasiones, pero ella seguía en pie, más fuerte cada día.

¿Cómo no admirarla? ¿Cómo no enamorarse de ella?

Estaba enamorado, lo supo en cuanto ella con su sonrisa lo persuadió para que bailara, haciendo que el agradeciera la predilección por el baile de Perséfone y su terca misión de enseñarle a él a bailar. Estaba enamorado de Ginny, de su dulzura. De esa capacidad que tenia de querer a todo el mundo, desde un fantasma malhumorado, hasta tres desconocidos que un buen día aparecieron en su puerta pidiendo hospedaje. Quería a Astoria con su excentricidades, y hasta le comenzaba a tener cariño a los modos toscos de Hermione. Ella miraba más allá de todo el mundo. Y lo veía a él… ¿se asustaría si supiera quién era en realidad y lo que hacía?

No quería pensar en todo aquello esa noche. Faltaba mucho para qué llegara ese momento, que amargar aquel instante con esas preguntas era un desperdicio.

Se había decidido que esa noche la disfrutaría y nadie jamás podría robársela de su memoria, ni Hades ni Calixto.

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Ginny supo que el momento estaba estropeado en el instante que vio por el rabillo de ojo una mancha pelirroja acercarse. Ahí estaba, su adorable hermano mayor aproximándose a la mesa de dulces en que Harry y ella tomaban un respiro llenándose la boca de dulces bañados en el chocolate derretido que caía de una fuente que flotaba en medio de la mesa.

—¿No sientes que a veces lo bueno dura poco? —bufó Ginny.

—En más ocasiones de las que puedo recordar—le respondió Harry, aunque ella supo que no lo decía por Ron, ya que ni siquiera lo había notado. Frunció el seño, parecía triste al decir esas palabras.

—Hola

Solo Ron podía saludar de aquella forma, con una sonrisa aparentemente amable mientas su manota destrozaba el hombro de Harry, aunque este no daba muestras de estar sintiendo ningún dolor.

—Hola Ron.—masculló Ginny, intentando sonar amable a pesar de estar lanzándole una mirada que hubiera hecho que Molly Weasley se sintiera orgullosa.

Ron conocía esa mirada, pero ni se inmutó al tiempo que apretaba con fuerza el hombro de aquel tipejo que al parecer no podía despegarse de al lado de su hermanita.

—¿Qué tal la noche? ¿Se divierten?—trataba de mostrarse despreocupado, pero cualquiera con dos dedos de frente se hubiera dado cuenta del tono y la postura amenazadora que tenía el pelirrojo al mirar a la cita de Ginny.

Pero por lo visto el tal Harry no tenía muchas luces, pensó Ron al ver al chico responder la pregunta con una sonrisa. El pelirrojo era muy consciente de su altura y del cuerpo que había obtenido luego de años de entrenamiento en la academia de aurores, y el hecho de que aquel enano no se inmutara y continuara mirando a Ginny con aquella sonrisa boba era casi insultante. Otros pretendientes de Ginny habían salido huyendo con mucho menos.

—Basta Ron—le regañó Ginny. Ron simplemente la ignoro.

—Basta nada, Ginevra, Taby ya va por su tercera copa y ha cantado como un canario. ¿Con que una cita, eh?

Intentaba mantenerse controlado, pero le sacaba de sus casillas ver aquel idiota mirándolo como si no entendiera lo que estaba pasando.

Ginny estaba preciosa, y todo era por aquel tipo. El hecho que ella pusiera tanto empeño le preocupaba. Ginny había pasado por tanto como para que un aparecido le hiciera ilusiones y luego la lastimara.

Sabía que era el primo de Luna e intentaba no pensar en el hecho de que estaban viviendo bajo el mismo techo. Por esas razones que estaba decidido en tener unas palabras con él. Que supieran muy bien donde se metía y lo que pasaría si hacia llorar a su hermanita adorada.

—No es asunto tuyo Ron—Ginny tenía las mejillas encendidas.

—Claro que si, hermanita

—Déjalo, Ginny—Harry la calmó con tono conciliador, posando una mano en su hombro. —Lo entiendo. Te quiere y se preocupa por ti. Yo en su lugar también quisiera saber con quien anda mi hermanita.

Aquel discurso no amortiguó demasiado a Ron y estaba listo para soltar su trabajado discurso de hermano mayor, cuando un muy sonoro: "ejem ejem" hiciera que los tres voltearan a ver al que lo había producido.

Ron se quedó con las palabras en la boca al encontrarse con Hermione parada al otro lado de la mesa, con una cerveza en la mano y los ojos fijos en el.

Lo miraba como si estuviera atravesándolo por un momento. Luego solo tomó un bocadillo y sin decir nada se marchó hacia el otro lado del salón.

—Yo… Bueno, espero que lo estén pasando bien. Los veo luego.

La cara de Ginny era un poema cuando Ron solo le dio una palmadita amable en la espalda a Harry y se fue.

La realidad le había dado un buen bofetón a Ron. Por un momento había estado apuntó de darle un sermón amenazante a Harry como si él estuviera libre de pecados.

Harry era el hermano de Hermione. Lo había olvidado por completo, y ahora que la chica de cabellos castaños se lo recordaba con esa mirada fría; No tenía cara para decirle nada al chico de gafas, no después de todo lo que le había hecho a Hermione lo otra noche.

Sin muchos problemas la encontró en un rincón apartado y poco iluminado, bebiendo mientras vigilaba a todos a su alrededor, como si los estuviera analizando. El pelirrojo titubeó por un momento. Cuando estuvieron juntos ella se había marchado antes que despertara y luego lo había tratado como si ni siquiera lo conociera. Cuando habían coincidido en el bar ella ni había volteado a verlo, como si no fuera importante.

Al principio Ron se había molestado. Pero luego Sirius le había hecho ver lo ventajoso de la situación. Tal vez actuar como si nada hubiera pasado era lo más sensato. Ante eso había decidido actuar con madures y respetar su decisión…. Tarea que pronto descubrió que era muy difícil. No podía sacarse a Hermione de la cabeza.

Se había descubierto en numerosas ocasiones rememorando aquel momento. Hermione había sido increíble, sin una pizca de vergüenza, ni ningún tabú en la cabeza. Se había entregado completamente, como nunca nadie había hecho con él.

Estaba como loco. Quería volver a sentirla, repetir el encuentro y volverlo aún más memorable. Quería sentir ese fuego que lo había abrasado, dejándolo sin sentido y completamente embriagado.

El problema era que no tenía idea lo que ella quería. Su rostro era de mármol y nunca dejaba entrever lo que sentía. Y mientras la observaba ignorándolo en el bar esos últimos días, se había preguntado si ella también había quedado tan fascinada como él con la inesperada química sexual que habían tenido.

—¿Podemos hablar?—se acercó a ella , ya ignorando a cualquier otra persona. Hasta Harry y sus intensiones quedaron momentáneamente a un lado cuando al fin llegó ante ella.

—¿Qué quieres?—le preguntó con la vista fija en la pista de baile. No había emoción alguna en su voz. No estaba enojada, pero tampoco feliz de verlo.

—No hemos vuelto a hablar desde la otra noche…

Hermione frunció el seño, al tiempo que volteaba a verlo. Ron notó como parecía extrañada.

—No es como si la otra noche hubiéramos hablado mucho—soltó como si nada.

Ron intentó calmar su libido. No sabía si Hermione era consciente de lo mucho que le gustaba esa actitud desentendida e independiente. Se preguntaba si ella notaba lo que le provocaba.

Le dio toda la razón. Al fin y al cabo aquella noche no habían intercambiado mucho más que monosílabas. Así que decidió actuar como lo había hecho y sin preocuparse que alguien los viera, sujetó su rostro con fuerza, besándola con la misma ferocidad con la que lo había hecho ella la primera vez.

No estaba pensando. Eso era bueno, las mejores cosas solían pasarle cuando no lo hacía.

Hermione le mordió el labio con ninguna gentileza.

—Eso duele—le recriminó sin apartar sus manos de la cintura de la chica.

Lo miraba como si quisiera asesinarlo de la manera más dolorosa posible, y con un rápido movimiento lo apartó de ella.

Ron pensó que lo había mandado al cuerno mientras sentía el sabor de su propia sangre en la boca. Pero cuando Hermione llegó a las escaleras, volteó a verlo.

El pelirrojo no necesitó más para aceptar esa muda invitación y la siguió.

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A Carrie todo aquello le daba mala espina. Aunque amaba profundamente a su hermano menor, no podía evitar sentir que acudir al cementerio esa noche no era su idea más brillante.

Con una mano en el mango de su espada se escurrió entre las lápidas y las tétricas estatuas de ángeles protectores. El cielo nublado y la falta de faroles descompuestos en el sector más antiguo del cementerio, convertía aquel lugar en una boca de lobo.

Eso no la preocupaba demasiado. La oscuridad no la molestaba, todo lo contrario, caminaba con agilidad sin dejar huella alguna en la nieve recién caída, completamente en su elemento. Desde que había dejado a su familia había aprendido a vivir escondida y siempre mirando sobre su hombro. Había aprendido a sobrevivir y ahora vivía de eso, espiando y vendiendo secretos al mejor postor.

Había sido la información que con tanta dificultad había obtenido esos últimos meses lo que había hecho que regresara por su hermano. Cuando Snow le contó que el clan de su familia se había unido voluntariamente a Calixto, supo que todo acabaría mal. No se sorprendió al oír sobre sus muertes. Nunca habían sido demasiado listos. Jamás, ni siquiera si ella se lo hubiera advertido, ellos hubieran comprendido el error que estaban cometiendo al aceptar a Calixto como su amo.

Pocos lo sabían, pero los planes de aquel tipejo llevaran meses cocinándose. Solo Snow le había creído cuando ella se lo dijo… solo él.

Agudizó el oído en busca de algún otro ser vivo en el lugar.

Los dioses no querían interactuar con nadie que fuera inferir, por esa razón habían abandonado a los humanos hacia milenios. Si para ellos los humanos eran cucarachas, un demonio y su palabra de que el fin del mundo se acercaba, eran menos que nada.

Pero Snow la había escuchado, y no solo eso. Por primera vez en siglos tenía un verdadero aliado, un amigo. Al menos hasta que él no se aburriera de ella. Los inmortales solían hacer eso.

Seguía las indicaciones de Evan, pero al llegar al sitio señalado por su hermano simplemente encontró la quietud habitual de una noche cerrada de invierno.

Estaba planeando ya en como patearía el trasero de aquel mocoso, cuando el inconfundible rose de una capa llamó su atención. Fue un segundo, alguien acaba de escurrirse por la puerta enrejada de uno de los mausoleos. No dudo ni un segundo, y espada en mano le siguió. Si Snow hubiera dicho que fuera más lista, pero estaba confiada y creía que podía confiar en su hermano… no se dio cuenta que se había metido en una trampa hasta que ya estaba en ella.

Vio a su hermano parado en medio de la cripta esperando, pero en cuanto puso un pie dentro del antiguo resiento la figura se desapareció. En la oscuridad escuchó el chirrido de la reja al cerrarse y al voltear vio a su hermano del otro lado, con aquella mirada culpable que tantas veces le había visto de niño.

—Lo siento.—murmuró.

—Qué diablos…—cuando avanzó hacia donde estaba Evan, una fuerza invisible la lanzó por los aires, haciendo que chocara con la pared de mármol que tenía detrás. Tirada en el suelo polvoso, fue consciente del frío que había allí y del asqueroso olor a humedad que parecía impregnarse en ella misma.—Me la vas a pagar, imbécil.

—Aunque no lo creas, intento ayudarte—le aseguró—podrás salir en la mañana, cuando todo haya acabado.

Señaló las paredes, y Carrie notó al fin los símbolos que la rodeaban, pintados con sangre en las columnas. Antiguas runas creadas para alejar a los demonios, o para encerrarlos y aislarlos.

—¡Si lo ayudas morirás!

Evan solo la miró un segundo, luego se marchó, dejándola sola.

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Ginny estaba alucinada al ver que Ron los había dejado en paz con tanta rapidez, y sin dejarle caer a Harry su estúpido sermón de hermano mayor. Tal vez al fin había madurado y comprendido que ella ya no era una niña de diez años.

Pero aunque festejaba la desaparición de Ron, no podía dejar de desear que otros también los dejaran a solas.

Los hermanos de Taby estaban interesados en Harry, ya que su hermana no había dudado en contarles como él y Ginny se habían conocido. Así que estaban llenos de curiosidad y chico de gafas intentaba responder sus preguntas con toda la educación del mundo. Aunque eso sí, no daba mucho detalles, ni tampoco permitía que se ondeara mucho en el asunto.

Desde hacía semanas Ginny había notado lo hermético que era Harry al hablar de su trabajo de cazador de aquellas cosas que parecían Demonios.

Él le había asegurado que la gente era más feliz sin saber nada, y Ginny, que aún tenía pesadillas con Zay, no podía evitar pensar que estaba en lo cierto.

Notó su incomodidad ante las insistentes preguntas de William, el hermano del medio de Taby. Estuvo a punto intervenir para salvarlo, cuando la cumpleañeras llegó para horror de Ginny, ya que rápidamente notó como su amiga había pasado su tercer trago hacía rato.

Aunque aún permanecía erguida en sus tacos finísimos y escandalosamente altísimos, sus movimientos comenzaban a ser un poco torpes. Se colgó del brazo de un Harry que la miraba con las cejas enarcadas.

—Tú eres mucho más valiente que Cam—le aseguró con una sonrisa para nada feliz—Te enfrentaste a Ron sin parpadear, eso hacen los hombres de verdad.

Harry miró a Ginny con la pregunta en el rostro, pero la pelirroja se limitó a rodar los ojos. En la tarde Taby había recibido una lechuza con escusas de Cam, el muchacho con que había salido un par de veces. Desde entonces no hubo fuerza en el mundo que la convenciera que el chico no había faltado esa noche solo para evitar conocer a sus hermanos mayores.

—Ay Taby—intentó sonar amable Ginny, pero la muchacha agitó las manos, como si ahuyentara una mosca molesta.

—Son tan bonitos cuando están juntos—cambio de tema, rodeando con los brazos los hombros tanto de Harry como los de Ginny, en un abrazo en que ambos se sintieron incómodos.—Ustedes son perfectos juntos, deberían casarse y tener un millón de bebés hermosos.

—¡Taby!—Ginny no se atrevió a mirar a Harry a la cara, muerta de vergüenza.

La chica rió risueña pero casi de inmediato regresó a sus amargos refunfuños sobre los hombres cobardes que no se atrevían enfrentarse a los hermanos mayores. Ginny no dudó en tomar la mano de Harry y desaparecer entre la gente que bailaba en cuanto Tabitha se distrajo con un grupo de amigas que parecía mucho más dispuestas que ella a escuchar por décima vez todas sus lamentaciones amorosas.

En otras circunstancias Ginny se hubiera quedado también, pero había pasado la tarde entera escuchando esa pedorreta, y su cerebro pedía a gritos un descanso.

—Taby tiene razón—le dijo a Harry en cuanto estuvieron al otro lado del salón.

—¿De qué deberíamos casarnos y tener un millón de bebés?—Harry rió al ver el rostro furiosamente enrojecido de su acompañante— Aunque la verdad no creo que sea posible tener un millón de bebés… aunque si adoptamos.

—¡Harry!

El chico rió con más fuerza, Ginny lo había escuchado pocas veces reírse a sí, y se sorprendí al descubrir lo mucho que le gustaba oírlo. Sus ojos verdes brillaban junto a la sonrisa de sus labios.

Por un momento había esperado que el comentario de Taby le molestara o algo así, pero parecía demasiado feliz y despreocupado como para enojarse por las palabras de nadie.

—No me refería a eso, sino a lo de saber llevar a Ron. Mi hermano siempre ha espantado a cuanto chico a intentado, bueno ya sabes…

—¿Salir contigo?

—Si… tú has sido el primero que no salió corriendo.

—¿Hay premio por tan valiente actor?

—Debería darte una medalla, Vryzas

—El solo quiere protegerte ¿lo entiendes, verdad?—le miró con seriedad pero sin dejar de sonreír.

—Lo sé y lo amo—sonrió—¿Sabes? A veces me pregunto qué pasaría si aún estuvieran mis otros hermanos. Supongo que sería igual que Ron, aunque seguramente mamá los mantendría a raya.

Ginny se quedó callada y no notó el nudo en su pecho hasta que la mano de Harry tomó la suya. Se sintió una idiota. Estaban en una fiesta y hablaba de su familia muerta ¿qué tan patética podía ser? La mano de Harry alzó su mentón para poder verla a los ojos.

El no parecía incomodo. Sus ojos verdes jamás le parecieron más hermosos como en ese momento, y sin saber porque le resultaron familiares, como si los hubiera visto un millón de veces antes. Tal vez fuera así. Había soñado con Harry un montón de veces los últimos meses. Su extraña forma de predecir el futuro le había presentado aquel muchacho mucho antes de encontrarse cara a cara en aquel callejón luego del ataque de Zay. Lo había visto junto al río que corría no muy lejos de la casa de su infancia. Siempre en verano y su sonrisa era tan brillante como el sol. Todo era un vistazo del futuro, de su futuro, el de ambos. Porque ambos estaban en aquella orilla, riendo y siendo felices como hacía mucho que ella no era.

—Háblame de tu familia, Ginny.—tomó dos cervezas de una bandeja y sin soltarla de la mano la llevó a una mesa vacía.

Lo hizo. Le contó cómo le gustaba cocinar a su madre y siempre estaba tejiendo suéteres para todos. Como su padre llegaba cada noche y se sentaba en su sillón de la sala y aunque estuviera agotado, igualmente tomaba un libro y se los leía. Eran siete niños en la casa, así que cada uno tenía un día de la semana para elegir el cuento de la noche, a Ginny le tocaba los domingos. Le contó lo triste que se sintió cuando Bill se marchó a al colegio y como le gustaba leer sus cartas que llegaban religiosamente cada sábado por la mañana. Sonreía y movía las manos mientras describía los dragones que estudiaba y tanto amaba su hermano Charlie. Rodó los ojos y rió al contarle lo pomposo que actuaba Percy cuando aún no sabía ni atarse los cordones. Y finalmente ambos rieron cuando los gemelos, Fred y George, se volvieron los protagonistas de su relato.

Harry la escuchaba sin perderse una palabra, con los ojos puestos en ella y solo en ella. Parecía maravillado con todas las anécdotas que podía recordar, como si las historias de una familia normal le resultaran algo sencillamente increíble.

Fue cuando acababa de terminar la historia de cómo los gemelos habían convertido el osito de peluche de Ron en una horrible araña, cuando la música cambió y captó su atención. Una melodía suave y conocida la hizo mirar hacia el escenario donde un muchacho cantaba con gran sentimiento.

Cerró los ojos un segundo mientras escuchaba los primeros versos de Only You de The Platters. Era una canción muggle que llevaba sin escuchar muchísimos años. Sintió su corazón dar un vuelco al pensar que no la oía desde la muerte de sus padres. Al parecer esa era la noche para recordarlos una y otra vez.

Abrió los ojos al sentir la mano de Harry sobre la suya. No dijo nada, solo la tomó de la mano y poniéndose de pie, la invitó a bailar con una sonrisa que solo se notaba en sus ojos.

Habían bailado ya, pero esa vez era diferente. Sus manos en sus hombros y las de él en su cintura. Se mecían girando con suavidad en el mismo lugar. La nieve mágica había bajado su brillo y todo parecía tomarse un respiro. Apoyó su mejilla en el hombro de Harry y solo cerró los ojos mientras se mecían.

—Mamá decía que esta es la canción más hermosa del mundo…—murmuró, no muy segura de que él llegaba a oírla. Hacía muchos años, cuando todo estaba bien, su padre había hecho sonar aquella canción en la sala de su casa, y su madre, que tan poco le entusiasmaban las cosas muggles que coleccionaba su marido, solo había sonreído al escuchar la letra de la canción. — "Solo tú puedes hacer la oscuridad brillar…"

Harry se detuvo. Ginny alzó el rostro. Hasta entonces no había reparado en el hermoso tono verde de sus ojos que parecía cambiar dependiendo sus emociones. Parecía decir cosas. Cosas que ella quería comprender.

—"Solo tu…"— Susurró antes de inclinarse para atrapar su boca con la suya.

Por un segundo Ginny quedó atónita mientras los suaves labios del chico presionaban contra los suyos, tímidos al principio, pidiendo permiso con cada roce. Cuando logró que su cerebro derretido volviera a funcionar, una ola de valor y decisión la hizo entre abrir los labios, dándole vía libre. Se abrazó a sus hombros, mientras las manos de Harry subían y bajaban en su espalda. En algún momento comenzaron a bailar nuevamente, pero los movimientos los hacían sin proponérselo. Sentía el sabor de su boca y su aroma inundando sus fosas nasales. Ya no estaba en la pista de baile, ya ni escuchaba al cantante, solo estaban ellos dos. Solos los dos y ese beso que había destruido todo pensamiento lógico.

En algún momento las luces volvieron a brillar de manera estrambótica y la música más alegre y movida remplazó a la dulce balada.

Sus labios se separaron mientras intentaban recuperar el aliento entre jadeos. Su abrazo no se deshizo y sus miradas se encontraron. Rieron tontamente por un momento antes de que Harry volviera a besarla tan dulcemente como la primera vez.

—Me gustas Ginny Weasley… me gustas—dijo con voz ronca contra su oído.

Ginny cerró los ojos. Quería que aquel momento durara toda la vida.

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Luna casi perdió el equilibrio cuando Tabitha tropezó con ella junto a la mesa de bebidas. Para ser la celebrada, su rostro no mostraba precisamente alegría. Taby tomó otra copa y se la bebió de un solo trago. Antes que pudiera tomar otra, Luna la paró sujetándola de la muñeca.

—Ven querida, vamos a comer algo—le aconsejó alejándola de las bebidas. La chica estaba tan desorientada que ni siquiera protesto, pero hizo una mueca de asco cuando Luna intentó darle un bocadillo de carne.

—¿Por qué todos los hombres son unos idiotas?—le preguntó su amiga arrastrando las palabras.

—No lo sé, querida—le aseguró mientras miraba alrededor en busca de ayuda. Los hermanos de Tabitha que tanto amor le habían tenido para pagarle su fiesta no estaban a la vista, seguramente ocupados con algún ligue del momento que tratarían peor de lo que Cam trataba a su hermana. También buscó alguna otra amiga de la chica, pero parecía que todo el mundo estaba en la pista de baile o besuqueándose con alguien. No le sorprendía eso último, no después de ver al mismísimo Eros echar un hechizo de amor con su estúpida canción. Hasta ella había sentido un roce de su efecto, y su corazón intentó convencerla de que fuera corriendo a besar a Nick. Suerte para ella, su posición como semidiosa la hacía casi inmune a todas esas tonterías.

—¿Acaso tengo un cartel que dice "juega con mis sentimientos"? —lloriqueó como una niña.

—Claro que no, Taby—su mirada se encontró con la de Nick, el cual frunció el seño por un segundo. Rodó los ojos al verla señalar significativamente a su amiga. Resopló y se desvaneció. Menos de un minuto después, Ginny apareció entre la gente. Su semblante de preocupación por Tabitha no podía ocultar la felicidad que hacia brillas sus ojos chocolate.

—Vamos arriba, necesitas aire.

Ambas amigas ayudaron a Taby a subir las escaleras y cuando llegaron al bar el rostro verdoso de la chica hizo que el destino de aire fresco fuera cambiado por el baño de damas. Taby se lanzó a uno de los cubículos en cuanto cruzaron la puerta.

Ginny miró a Luna intentando no parecer demasiado cansada. Taby era una de sus más grandes amigas, pero últimamente su comportamiento se estaba volviendo cada vez más desesperante. O tal vez su paciencia y buena disposición a ayudarla había recibido un revés al descubrirse incapaz de permanecer allí más tiempo.

Se sintió fatal al comprender lo egoísta que se estaba comportando al querer abandonar a su amiga sólo porque sabía que Harry la esperaba abajo. Era una terrible amiga al pensar así, aunque una vocecita (muy parecida a la de Nick) le recordó que de ser al revés los papeles, Taby no hubiera dudado en regresar con su cita.

Era verdad. Pero eso no hacía que Ginny se sintiera mejor

Apretó los dientes reprimido una arcada mientras Tabitha volvía a vomitar. Quería decirle que el desprecio de un chico que apenas conocía no valía aquella escena. Pero acabo callando mientras Luna sacaba de su bolso una pequeña botellita de cristal llena de un líquido verdoso. A Ginny le pareció triste pensar que Luna había llevado una poción de ese tipo solo porque una parte de ella presentía que su amiga terminaría la noche así.

Tabitha se lo bebió sin hacer preguntas. Por un momento permanecieron en silencio las tres sentadas en el frío piso del baño de damas.

— ¿Qué tanto lo he estropeado? — les preguntó con una voz de completa sobriedad, pero con las mejillas rojas y la mirada agacha.

—Nadie lo ha notado. —le mintió Luna intentando ser amable.

Taby soltó una risita sin humor.

—¿Por qué dejó que me afecten? ¿Por qué soy incapaz de aceptar que me han dejado?

—El no te ha dejado, simplemente no pudo venir.

—Pero es mi cumpleaños — protestó como una niña. Ginny miró a Luna en busca de ayuda.

—¿Sabes Taby? el es un idiota, y tu también por ponerte así por un tipo como él. — le soltó la rubia con una firmeza y severidad que pocas veces ponía en uso.

Ginny le lanzó una mirada sorprendida, preocupándose por la reacción de Taby. Pero al aparecer esas duras palabras eran lo que necesitaba escuchar. Se enderezó y alzando la barbilla sacó un pedazo de pergamino con forma de avioncito del diminuto bolsito de terciopelo que llevaba colgado de la muñeca.

—Me lo mandó hace un rato. Quiere que nos veamos ahora mismo en su casa —bufó.

Ginny le echó un vistazo a su reloj. Eran casi las doce de la noche. ¿Qué tipo de soquete falta a la fiesta de cumpleaños de una chica y luego le mandaba un mensaje para hacer algo que seguramente no sería charlar? Se mordió la lengua para no decir lo que pensaba. Tabitha tenía talento para elegirlos.

—¡Al diablo! Que le den y que no le guste. — rompió el mensaje con determinación y desbordando orgullo. —Ahora— exclamó cómo si nada hubiera pasado, aunque necesitó del pañuelo que le ofrecía Ginny para limpiarse las lágrimas del rostro. —Cuéntenme algo bonito.

Luna se encogió de hombros sin saber qué cosa bonita decir. Ginny dudó, pero conocía lo suficiente a su morena amiga, como saber que "lo bonito" que ella podía contarle en ese momento, no le molestaría, sino todo lo contrario.

—Harry me ha besado.

Taby soltó un chillido de alegría mientras aplaudía como si aquel fuera un suceso de gran importancia. Luna por su lado la miró solo un poco sorprendida.

—Cuéntame todo. Y no te dejes nada—le exigió Taby olvidando momentáneamente todas sus desgracias. — ¿Cuando fue? ¿Cómo? ¿Besa bien? Seguramente si, tiene toda la pinta. Vamos, habla

Ginny sintió la cara arder. Entendía porque Taby se emocionaba tantísimo. Al fin y al cabo era la primera vez que les hablaba de un muchacho. Pero eso no quitaba el bochorno que le provocaba el incisivo interés de su amiga.

—Estuvo bien….

Taby la miró con una ceja arqueada, hasta Luna parecía interesada.

—¿Bien? ¿Solo eso?

Ginny resopló

—Vale, fue el mejor beso de mi vida ¿está bien?... Aunque dio la impresión que Harry no ha dado muchos besos, no sé si me explico…

Tabitha rió contenta. Ni Luna pudo reprimir una sonrisa.

—Dudo que Harry haya dado muchos besos antes de esta noche—soltó Luna con una malicia que era muy inusual en ella

Ginny la miró sorprendida. Harry era atractivo y muy amable, era casi lo que muchas de sus amigas buscaban. La idea de que no tuviera experiencia con las mujeres le parecía absurdo. Pero le había dicho en una ocasión que había pasado la vida con la nariz en los libros, con un profesor particular increíblemente estricto que sólo le permitía descansar cuando lograba la excelencia….Tal vez…

—¿Te imaginas que haya sido su primer beso? —Taby le dio un juguetón codazo a Ginny.

La pelirroja se enrojeció aún más. La simple idea parecía fantasiosa. Pero aún así….

—¿Te sientes mejor, Taby? —intentó cambiar de tema, pero sus amigas no iban a dejarle.

—Mira a nuestra pequeña, Luna. Ahora pregunta si estoy bien solo para poder irse con la consciencia tranquila. —fingió dramatismo—A crecido tanto que ya quiere abandonarnos para poder ir corriendo a los brazos de su noviecito. ¡La traición, hermana!

Ginny rodó los ojos con fastidio, aunque no dejo de sonreír.

—El no es mi novio. —se puso de pie mientras se alisaba la falda con las manos, intentando no sonar demasiado molesta por tener que decir eso. —Pero si tan bien estas que ya vuelves a decir tonterías, mejor me voy. Mi acompañante es un hombre atractivo y seguramente tu prima Cho ya lo tiene acorralado e intenta robarle la virtud.

Luna rodó los ojos, pero Taby le dio toda la razón.

—¿Segura que estas bien? —le preguntó con seriedad, agachándose para tener sus ojos a la misma altura

Tabitha sonrió. Tomó su mano y también la de Luna y les dio un pequeño apretón.

—¿Saben que son las mejores del mundo, verdad?

—Claro que lo sabemos, pero es bonito que se lo recuerden a uno—Ginny le plantó un beso en la mejilla antes de ponerse de pie.

—Gracias —sus mejillas estaban sonrosadas y el maquillaje corrido. —Ahora vete Weasley, y asegúrate de darle más experiencia en besos a ese cuatro ojos.

Miró a Luna, y la chica sólo asintió. Ella podía sola con la alocada de Taby.

Tranquila y alegre salió del baño de damas casi dando saltos, dispuesta a regresar a una fiesta que seguramente no se había percatado de la desaparición de su anfitriona.

—Ginny

La pelirroja se sorprendió al ver a Harry en la zona del bar, apoyado en la barra y con las manos en los bolsillos de su chaqueta. La estaba esperando.

—No tenías que dejar la fiesta por mí.

—No es interesante sin ti.

La sencillez con la que podía decir algunas cosas, como si no viera lo tierno que sonaba….

—¿Fue tu primer beso? —Se quiso dar un golpe por lo bocona que podía llegar a ser cuando vio aquellos ojos verdes abrirse más de lo normal.

—¿Tanto se notó? —susurró con un poco de rubor en las mejillas.

—A mi me gustó. —No quería hablar más, tener la boca ocupada era lo mejor para evitar meter la pata. Rodeó su cuello con los brazos y lo besó. Con ganas y torpeza, ella tampoco era una experta. La única vez que había besado a un chico con anterioridad había sido en el colegio, y lo único que había hecho el idiota mientras la besaba había sido preguntarse si ella le dejaría tocarle los pechos.

El silencio mental de Harry era algo delicioso, no entendía porque días atrás eso mismo le había provocado tanto temor. Solo estaban ellos y lo que fuera que pudieran sentir.

De Harry sólo sentía sus labios moldeándose a los suyos y sus manos, una en su cadera y otra acariciando su cabello.

El saberse deseada y correspondida por un lenguaje que era simple y complicado a la vez, era la perfección. No le importaba si él también se preguntaba si podía tocar sus pechos. Todo lo contrario, sus hormonas estaban tan alborotadas que la idea de que el deseara tocarla la emocionaba más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Un ruido proveniente del depósito la trajo a tierra. Se apartó un poco mientras Harry seguía buscando sus labios con ansias.

—No otra vez.

—¿Qué pasa? —preguntó antes de robarle otro beso.

—Siempre es la misma historia en cada cumpleaños. —resopló apartándose a regañadientes. —Dame un minuto, tengo que echarle agua a unos adolescentes hormonados.

Harry la miró extrañado, pero la siguió sin decir nada cuando esta se dirigió al depósito. Cada vez que los chicos permitían que alguien hiciera una fiesta privada en el bar, siempre alguna pareja encontraba excitante meterse en el depósito para divertirse. Ginny no era ninguna amargada que disfrutará cortarles el momento a los demás, pero estaba harta de siempre tener que limpiar el desastre luego, porque obviamente nadie se molestaba en dejar las cosas como las habían encontrado. Además, en la última ocasión, no sólo habían desordenado sino que también se habían birlado unas botellas de hidromiel muy costosas. Draco había puesto el grito en el cielo aquella vez.

Harry iba detrás de ella y por un segundo se imaginó poder ser ellos los que se divirtieran haciendo travesuras en aquel lugar oscuro. Sintió un calor en el cuello que le subía, pero nada tenía que ver la vergüenza.

Abrió la puerta del depósito con un movimiento de varita y también encendió la luz.

—Bueno chicos se acabó la hora feliz, por favo….

Las palabras quedaron atoradas en su garganta. No era la primera pareja que atrapaba en plena faena y siempre le había causado gracia las caras que ponían. La gente teniendo sexo se veía graciosa y para nada sexy…. Pero en aquel momento no le encontró la gracia a nada de eso. No cuando al que atrapaba infraganti era a su hermano mayor con los pantalones abajo.

Ni siquiera parecía notar su llegada. Tenía a una chica contra una de las estanterías y las finas piernas de la joven estaban enredadas en su cintura mientras no paraba de gemir con cada embestida.

Dio un paso atrás conteniendo una maldición cuando le vio el rostro a la chica. De todas las mujeres con las que podía encontrarlo teniendo sexo, no podía creer que fuera precisamente la hermana del chico que le gustaba.

—¿Pero qué carajos? ¡Hermione!

Ginny dio un respingo al escuchar la voz de Harry. El, que siempre hablaba con amabilidad y parecía incapaz de perder los estribos, estaba furioso. Con la cara roja y los ojos verdes echando chispas.

La pareja se separó con brusquedad y Ginny desvío la mirada al techo para evitar ver más de lo que ya había visto.

—Mierda…

"Si Ron, mierda" pensó la pelirroja rodando los ojos

—¡¿Qué se supone que estás haciendo?!

—En principio meter su pene en mi vagina—le respondió Hermione a Harry con descaro. Ginny la miró boquiabierta. Mientras que su hermano se había apresurado a ponerse los pantalones con la cara como un tomate, Hermione seguía parada junto a la estantería con el rostro sin el más mínimo sonrojo y una blusa medio desprendida cuyo largo apenas ocultaba su sexo. Por un segundo sintió completa admiración por esa muchacha. Nada la amedrentaba, Ginny en su lugar hubiera muerto de vergüenza hacía rato.

—¡¿Cómo te atreves?!

—No sea mojigato general—chaqueó la lengua. Ginny frunció el seño al oírla llamarlo así—Hay pocas cosas buenas en este lugar y el sexo es una de ellas. Deberías probarlo, estoy segura que ella aceptaría si se lo propones.

Ginny quedó petrificada ante la obvia mirada que Hermione le lanzaba.

—Oye Hermione, no te pases. —le advirtió Ron, pero la chica ni siquiera lo miró. Aquella pelea era entre Harry y ella, el resto estaban de más.

—Este no es el comportamiento adecuado para un… para alguien como tú. —Harry intentaba controlarse.

Aquello era una jodida locura. Hermione era un soldado de Hades como él, pero ella era mucho peor. Ron no tenía ni idea de con quien se estaba metiendo. Si se estaba enamorando e intentaba algo más con ella que fuera solo sexo, Hermione lo haría pedazos.

Ella no tenía alma, no comprendía lo fácil que algunos humanos pasaban de lo físico a algo más. No podía permitir que Ron terminara lastimado, era demasiado importante para Ginny.

—¿Y quién diablos decide cómo debo comportarme? ¿Crees que él jefe se enojara con nosotros si cogemos con humanos? —Le espetó la guerrera —No seas hipócrita. Veo como la miras, la deseas más de lo que yo lo deseaba a él hace cinco minutos. —Rodó los ojos y una sonrisa cínica adorno sus labios enrojecidos — Al menos yo no finjo ser uno de ellos, con toda esa mierda moral. Pura basura hipócrita.

—De todos los tipos con los que te podías meter ¿tenía que ser precisamente él? ¡¿Con él, Hermione?! —Soltó haciendo una mueca de asco y haciendo mucho énfasis. —Te prohíbo que sigas con todo esto. Tu comportamiento es inaceptable.

Ron parecía furioso y por el rabillo del ojo lo vio acercarse, pero el verdadero ataque vino por otro lado.

—Mi hermano no es ningún paria para que lo señales tan despectivamente—el dedo índice de Ginny se clavó en su pecho como si lo apuñalara con cada palabra. Al verla a la cara dio un paso atrás, estaba pálida y sus ojos parecían fuego. Estaba furiosa. Furiosa con él.—Y Hermione es suficientemente grandecita como para acostarse con quien se le antoje. Por muy hermano que seas no tienes derecho a decirle o prohibirle algo.

—Ginny tu no entiendes…—Harry bajó unos cuantos tonos al dirigirse a la pelirroja, pero esta no se suavizó. Harry quería explicarle que solo quería proteger a Ron. ¿Pero cómo hacerlo sin tener que contarle la verdad?

—Te aseguro que lo entiendo. —Bufó— Eres otro idiota más.

La mirada de Ginny le dijo a Harry que algo se había roto. Lo que acababa de empezar entre ellos se había roto. Sintió el corazón contraerse en su pecho.

—Ginny…

—Vete a la mierda Vryzas y deja a tu hermana en paz.

Sin más salió del depósito echando chispas. Harry sintió el estómago en los pies. Volteó a ver a Hermione furioso.

—Muchas gracias —le soltó con sarcasmo.

Hermione se encogió de hombros antes de agacharse para recoger su pantalón del suelo.

—Síguela, no puede salir del bar sola.

Harry la miró con odio por última vez antes de hacer lo que le decía. Seguramente era la última persona en la tierra que quería ver Ginny en ese momento, pero no tenía más remedio. Corrió y soltó una maldición al oír la puerta que daba al callejón cerrarse de un portazo.

El bar era zona segura gracias a la magia de Hestia, y sintió como cruzaba la barrera de protección en cuanto salió al callejón.

Nunca había tenido verdadero miedo, como en el momento que vio la melena pelirroja de Ginny agitarse mientras forcejaba para deshacerse de la masa de músculos que era Zay. Por un segundo Harry quedó petrificado mientras la puesta que daba al bar se cerraba detrás de él. Se llevó la mano al bolsillo del pantalón donde escondía su espada, pero dos demonios aparecieron a sus lados entre las sombras y lo sujetaron con fuerza impidiendo que se moviera.

El mundo se agitó y sintió como los huesos de sus brazos se quejaban al ser obligados a ir detrás de su espalda. Uno de los demonios le dio una patada en el peroné, obligándole a ponerse de rodillas.

"¡Hermione!" Gritó en su cabeza, abriendo aquella vía de comunicación que hasta entonces había odiado tanto.

—Hola Harry ¿me extrañaste?

Alzó la cabeza lo suficiente para ver a Calixto parado a pocos metros. No había cambiado nada. Seguía teniendo aquella sonrisa petulante y esos andares que hacían creer al mundo que él era dueño de todo. Jamás creyó poder odiarlo más de lo que lo odió en el inframundo, pero en aquel momento… quería su cabeza en una bandeja.

Ginny puso en pausa sus intentos de liberarse cuando aquel sujeto de cabello rubio y sonrisa ladina se aproximó a ella. Sentía el hedor del aliento de Zay en su hombro y le provocaba nauseas. Sintió como todo lo que tenía en el estomago subía por su garganta pero la manota de Zay tenía su boca tapada.

—Hola hermosa.—el tipo rubio le sonrió casi con dulzura y su voz era amable. Ginny lo estudió con una mirada furiosa. No le importaba lo guapo y lo tranquilo que pareciera, sabía que era el que mandaba en aquella locura. Miró de reojo a Harry que había sido reducido por dos seres con alas de murciélago que parecían sacados del infierno. Dio un respingo cuando el jefe de aquellas cosas acarició su mejilla con su dedo índice. El brillo de sus ojos oscuros al mirarla le daba miedo.

—¡No la toques Calixto!—gritó Harry y uno de los demonios que lo tenían sujetó le dio un puñetazo en el estomago.

—Tú no das las ordenes, mocoso—le lanzó una mirada envenenada Calixto antes de volver su atención a Ginny, que volvía a retorcerse en los brazos de Zay. Su varita se había caído en algún lugar, si tan solo pudiera recuperarla.

—Te lo advierto Calix, morirás. Si sigues con esta locura morirás.

—Oh seguro que sí. Déjame adivinar ¿tu lo harás?— se rió de Harry sin apartar los ojos de Ginny. —Preciosa, no tienes porque tenerme miedo. No estoy aquí para hacerte daño, lo aseguro.

Harry intentó escapar del agarre de sus captores y estos no dudaron en golpearlo hasta volverlo a poner de rodillas.

Ginny mordió la mano que la amordazaba con todas sus fuerzas. Sintió un sabor amargo en la boca mientras Zay maldecía en algún extraño idioma.

—¡No lo lastimen! ¡Déjenlo!—chilló.

Calixto rió y otros tanto rieron con él. Fue en ese momento en el que desde su posición Ginny comprendió que cualquier intento de escapar era imposible. Entre las sombras del callejón, desde las azoteas de los edificios alrededor y hasta de la boca que daba a la calle principal, había decenas, cientos de criaturas tan terroríficas como Zay o los seres de alas de murciélago. Aquello era una jodida locura con todas las letras.

—Mira Harry, le preocupas. —Calixto dio unos pasos hacia el—¿Lo puedes creer? El mundo humano es increíble ¿no? Hasta un ser tan asqueroso como tu puede ser amado aquí. —Se estaba burlando, pero Ginny notó envidia en su voz— Me preguntó si te seguirá queriendo si supiera la verdad.

Sin más, le dio una patada en la cara a Harry. Ginny gritó mientras la sangre salía de la boca del muchacho.

—Por supuesto que no que querrá si supiera la verdad. ¿Quieres ver?—Volteó a ver a Ginny, pero algo lo detuvo. Un rayo de luz cegadora hizo polvo a un grupo de demonios que obstruían la salida del callejón. Todos voltearon a ver asombrados a Astoria con su ropa de colores y la varita en alto, lista para un segundo golpe.

—Que comience la fiesta, Calix.

Zay la tomó con más fuerza, haciendo que sus huesos crujieran mientras un grupo de otros seres hacían una barrera para protegerlo.

Por un segundo todo era una confusión de alas, pieles quemadas y garras filosas. Maldijo como un marinero mientras intentaba dar patadas a todo lo que se le ponía enfrente. Zay la zarandeó molesto y volvió a taparle la boca con una mano.

Escuchaba el sonido del metal chocándose y vio el resplandor de la magia de Astoria. Podía escuchar la voz de Harry dando órdenes y hasta le pareció oír la de Draco. Todo era un lío, pero antes que pudiera dar otra patada al demonio que tenía enfrente, los seres alados tomaron vuelo, dejando a Zay desprotegido. En la tenue luz de los faroles pudo ver una nueva escena. Habían desaparecido más de la mitad de los demonios que había al principio. Harry estaba libre y con su espada en la mano, aunque su rostro estaba lleno de sangre. Vio Astoria junto a unos Draco y Ron que aunque tenían las varitas en alto no parecían muy seguros de lo que estaban haciendo. Hasta vio a Nick, más pálido que nunca detrás de una Luna que empuñaba un extraño bastón muy largo.

Lo que más le asombró fue ver a Hermione con una daga contra la garganta de Calixto, que a pesar de lo mortal que parecía la situación no había perdido la sonrisa.

—Dile a tu perro que la suelte.—le ordenó Hermione haciendo un pequeño corte en la piel del hombre. Una extraña sangre roja y dorada comenzó a manchar el borde de su camisa. Aún así no dejó de sonreír.

—Debería matarlos a ustedes tres. —Sonrió —Pero quiero que estén aquí para ver el nuevo mundo que planeo crear. Además— miró directamente a Harry— quiero que tu muerte sea un gran espectáculo, quiero que Perséfone vea como la luz desaparece de esos ojos que tanto ama.

Harry lo miró furioso.

—Ella también te ama a ti ¿Cómo puedes odiarla tanto?

Calixto soltó una carcajada.

—No te equivoques, los dioses no nos aman, menos ella.

—Se acabo, Calixto.

—Esto se acaba cuando se acaba, mocoso.

Alzó las manos y dos bolas de luz salieron de ellas. Revolotearon en el aire como si fueran mariposas, pero rápidamente desaparecieron. En el acto Hermione y Astoria cayeron al suelo de rodillas, gritando como si las estuvieran torturando.

Harry reconoció los signos, asombrado completamente. Aún así se sobrepuso, alzando su espada, listo para atacar. Draco y Ron corrieron a ayudar las guerreras momentáneamente incapacitadas, y hasta Luna parecía no saber qué hacer mientras Calixto se apartaba con una enorme sonrisa en el rostro.

El guerrero que quedaba en pie dio un paso hacia delante, completamente confiado al saberse inmune a aquel ataque que había acabado con Astoria y Hermione.

—No puedes hacerme lo mismo que a ellas—le sonrió con petulancia—No puedes debilitarme devolviéndome mi alma, lo sabes.

La sonrisa de Calixto no perdió su fuerza, todo lo contrario, parecía cada vez más divertido.

—¿Eso crees?—chasqueó la lengua de forma despectiva—Oh Harry, a veces eras tan inocente.

—Y tampoco puedes vencerme en un mano a mano, no eres tan bueno.

Calixto continuó con su sonrisa irrompible, pero sus ojos llamearon de pura rabia.

—Esto no es el inframundo, guerrero. Ni tampoco una clase de entrenamiento.—seseó.

—Igualmente te hare pedazos.

—No podrás—le aseguró—Tu alma esta allí, dentro de ti desde siempre. ¿Crees que eso es bueno? ¿Qué te hace especial?—agitó la cabeza como si le tuviera lástima— Un alma humana es fácil de tentar y corromper, amigo mío.

—No tienes nada que pueda tentarme. Jamás me uniré a ti.

—¿Eso crees? Tal vez lo hagas sin ni siquiera date cuenta.

Chaqueó los dedos y Harry se detuvo con brusquedad. Ginny miró a ambos sin entender nada y casi sintió que perdía toda esperanza de salir de aquel lío, cuando los ojos de Harry se oscurecieron y la espada que hasta entonces sostenía con firmeza comenzaba a resbalarse de sus dedos.

—¡Harry, nooo!

Pero era tarde.

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Hola gente! ¿Qué les pareció el capitulo? Tengo que decirles que ame a la Hermione fría aquí, y casi lamente tener que devolverle el alma, pero bueno, era necesario para que la historia siga avanzando. ¿Qué les pareció las escenas Hinny? Me salieron medio cursis pero a mí me dan la vida. Quiero escuchar sus opiniones, me alegra ver que aun hay lectores para este enredo. Muchas gracias por sus comentarios.

Hasta el próximo viernes!

Elly

PD: Busquen Only You de The Platters si no la conocen, es amor puro!

PD2: No sean muy duros con Ginny por su reacción con Harry en el asunto de Hermione y Ron. La situación le toca demasiado cerca, ya que por culpa de Ron y su sobreprotección (en parte) ella nunca ha podido tener una relación con ningún chico. Así que le molesta ver que Harry hace lo mismo con su hermana.