¡Hola! Aquí les traigo nuevo capítulo. De verdad me gustaría que en estas plataformas hubiera un modo de mandarles un mensaje para hacerles saber en que proceso va el capítulo que escribo. Ya sea aqui o en wattpad varias personas me preguntan si ya terminé de escribir mi historia, si sé cuantos capítulos voy a hacer, si tardaré en publicar y me angustia no poder responderles sino hasta que publique un capítulo nuevo.
Créanme que cuando llegue al fin de la historia ustedes serán las primeras en saberlo. Aun no sé cuantos capítulos tendrá mi historia y crránme que la publicación de cada uno representa un trabajo arduo ya que el trabajo y asuntos personales no siempre me permiten escribir tanto como yo quisiera.
De corazón les vuelvo a agradecer cada review. No duden que cada uno me saca una gran sonrisa.
El significado del título del capítulo de hoy es "un sólo corazón"
Capítulo 15. Cor unum
Las fiestas decembrinas han culminado, y junto con ellas, los únicos días de descanso que tendré en un tiempo.
¡Me siento tan feliz, que soy incapaz de quejarme al respecto!
Creé maravillosos recuerdos que atesoraré en mi corazón, y todo, gracias a la compañía de mi familia, de mis amigos, pero principalmente de Candy.
Ella es mi razón de vivir. Mi todo.
En mis casi 28 de edad, no recuerdo haber iniciado un nuevo año al lado de la mujer que amo, y mejor aún, con sueños en común que realizar.
Me siento tan positivo y lleno de ilusiones, que tengo la impresión que esta vida no es mía.
¡Pero increíblemente lo es!
Deseo que este remolino de felicidad perdure siempre.
Desafortunadamente, aun existe algo que oscurece mi dicha.
Su nombre siempre será Susana.
Me gustaría decir que todo lo vivido a su lado por fin lo he enterrado en el pasado, pero no puedo. No sería solamente falso, sino además ingenuo. Prueba de ello es que noche tras noche revivo el momento en que se quitó la vida después de que en un ataque de locura, finalmente desconectó su mente de la realidad.
Quizás todos tienen razón.
Quizás no fue mi responsabilidad que perdiera su pierna.
Quizás no había nada que pudiese haber hecho para impedir que ella enloqueciera.
Quizás no es culpa mía su muerte.
Quizás…
Con todas mis fuerzas quiero creer que esas afirmaciones son verdaderas, pero por el momento, ni mi corazón ni mi cabeza las acepta como tal.
Se que el proceso para superar todos mis fantasmas y demonios será largo, aun así, estoy decidido a vencer cada uno de ellos. Por mí, por Candy, por nuestra vida juntos que confío muy pronto seremos capaces de disfrutar.
Mi sueño, es recorrer de su mano el camino que hemos elegido, hasta que nuestra existencia en este mundo terrenal llegue a su fin.
No creí que algún día volvería a sentirme tan feliz de seguir vivo.
Estoy tan optimista ante las perspectivas que 1924 me depara, que no quiero decirlas en voz alta por miedo a que alguien escuche y me despoje de mis sueños una vez más.
Los pronuncio tan bajo, que ni siquiera Dios _en caso de existir_ es capaz de escucharme.
Aun cuando fantasear me causa ilusión a la vez que un profundo pánico, cierro los ojos e imagino el día en que por fin contraeré matrimonio con Candy y, por qué no, me permito estirar mi suerte al visualizar la familia que muy probablemente formaré al lado de ella.
Niños sonrientes corriendo a nuestros brazos, frutos del amor que nos tenemos.
Una familia feliz como cualquier otra.
¿Seré merecedor de eso? Quiero creer que sí.
Estoy trabajando arduamente para convertir esas imágenes en una bella realidad.
El primer proyecto realizable dentro de mi lista, lo retomé una vez transcurrieron los primeros días del año.
Finalmente vería la luz mi libro titulado Nocturno.
Me vi obligado a posponer su lanzamiento después del terrible incidente con Susana, mi hospitalización, y posteriormente, el problema que tanto Candy como yo enfrentamos con la prensa.
En esos momentos no tenía cabeza para nada, pero ahora no existe obstáculo que me impida seguir con mi plan original.
En cuanto Nocturno salió a la venta, fue aclamado por la crítica especializada, mientras que la aceptación del público, fue abrumadoramente positiva.
Pese los constantes argumentos que Albert me dio para que lo publicara con mi nombre, continué usando el seudónimo de John Arden.
No me siento seguro de revelar mi identidad, después de todo, cada libro representa parte del dolor más hondo y oscuro que mi corazón ha cargado durante años.
Un aspecto que disfruto del seudónimo John Arden es el anonimato.
Puedo realizar un trabajo que tantas satisfacciones me da sin verme acosado en la calle con preguntas que no sabría como contestar.
Si me fuese posible esconder mi identidad en cada película u obra que protagonizo, lo haría sin titubear un sólo instante.
No es un secreto para mis seres más cercanos, que la fama, el acoso constante de los medios y el reconocimiento público que deja como resultado ser actor, son aspectos de mi profesión que me incomodan en demasía.
La gira de la obra La Tempestad inicia en dos semanas, por tal motivo, me ausentaré un par de meses de Nueva York. Excusa perfecta para darle una sorpresa a Candy usando como coartada una invitación a comer.
Algo que no predije fue que el primer sorprendido de la tarde sería yo.
Al salir del restaurante, Candy me llevó prácticamente corriendo por las calles de Nueva York cuando divisó en una esquina una librería.
Mi asombro fue aún mayor cuando vi que adquiría con gran júbilo el libro Nocturno, cuya autoría es mía.
Ignorando a las mujeres que chillaban entusiasmadas mi nombre, Candy me observó con una tímida sonrisa sin ocultarme la emoción que le provocaba tener ese ejemplar entre sus manos.
"Estoy ansiosa por leerlo. He seguido a John Arden desde que publicó su primer libro" sin hacer ningún comentario al respecto, tomé su mano para salir de este lugar con ayuda de los guardaespaldas que ahora me veo en la necesidad de llevar conmigo a todas partes.
Agradezco el apoyo que el público nos brindó a Candy y a mi después de la rueda de prensa que di. Desafortunadamente, la excitación que se generó a mi alrededor a raíz de ese momento, creció tanto, que no puedo poner un pie en la calle sin que una frenética multitud me impida dar un paso.
"¿Tanto te gustan sus libros?" pregunté.
No se si fui capaz de ocultar la emoción que sus palabras desataron dentro de mi pecho.
Ahora que estoy al tanto que Candy es asidua lectora mía, necesito conocer sus pensamientos acerca de lo que escribo.
Su sonrisa iluminando sus facciones mientras subimos al auto y Hans nos lleva a nuestro destino _aun secreto para ella_ fue la respuesta que mi ansiedad requería para poder respirar tranquilo.
Aun así, me era urgente oír sus palabras, aunque mi corazón sobrecogido por el júbilo, ya las adivinaba.
"¡Me fascinan! Cada pasaje que escribe es tan cercano a mis propias vivencias, que no puedo dejar de leerlo" un tierno sonrojo coloreó sus mejillas mientras hablaba "Su narrativa respecto al dolor, el desamor y la despedida es tan profundo e intenso, que imagino John conoce la agonía del alma después de vivir una gran pérdida. Me siento extrañamente unida a él y a cada libro que ha publicado" abrumado por su franca respuesta, la sujeté entre mis brazos mientras besaba con un toque de desesperación sus labios.
No sabes hasta que punto estás unida a él, pensé sin despegar mis ojos de los suyos.
"Si continuas hablando con tanto entusiasmo de esa persona, me pondré celoso" susurré ronco de la emoción.
"No tienes motivo alguno para estar celoso, y menos de un desconocido. Además, permíteme confesarte un secreto" una dulce sonrisa se dibujó en sus labios mientras acercaba su boca a mi oído "tú eres el único hombre al que amo profundamente. Eso jamás cambiará" pronunció lentamente cada palabra. Como si su intención fuese que esa frase se grabara como letra escarlata en mi alma y en mi corazón.
Incapaz de expresar mis sentimientos en voz alta, deposité un beso en su boca mientras llenaba mis pulmones del suave aroma que baña su piel.
"Estoy segura que John Arden es un señor muy mayor, calvo pero de barba muy larga y con la piel muy arrugada. Incluso imagino es casi imposible ver sus ojos a través de sus arrugas" Candy no había terminado de hablar y el estómago ya me dolía de tanto reír.
¿Acaso así me imaginan mis lectores? me pregunté sumamente divertido al tiempo que veía como Candy arrugaba la piel que recubre sus ojos.
"Eres tan ocurrente, Candy" abracé mi torso adolorido al tiempo que caía en la cuenta que sólo ella me hace reír de esta manera tan libre.
Ahora es el momento idóneo para confesarle que yo soy John Arden, pensé.
Quise revelarle que escribir para mí se convirtió en el método menos autodestructivo que encontré para lidiar con el dolor que su ausencia me provocaba, pero cuando estaba a punto de confesarle mi secreto, la voz de Hans me interrumpió al informarnos que habíamos llegado por fin a nuestro destino.
Dejaré el tema de John Arden pendiente para otro momento.
"¿Dónde nos encontramos, Terry?" sonreí repentinamente esperanzado.
Tomé su mano sin contestar a su pregunta, y juntos atravesamos el gran portón de acero de una vasta propiedad, al tiempo que la fría brisa invernal quemaba con su gélida temperatura nuestra piel.
Sin desaprovechar la oportunidad de estrecharla entre mis brazos, la pegué contra mi cuerpo para protegerla del inclemente clima de Nueva York.
"¿Acaso estamos visitando a alguien?" esta vez su tono de voz fue más apremiante.
Mejor que nadie conozco el alma curiosa que tiene mi amada.
Lo más irónico de todo, es que le fascinan las sorpresas.
No le daré la respuesta a su pregunta de manera inmediata.
Quiero disfrutar la serie de expresiones que esboza su bello rostro en este momento; duda, admiración, alegría, entusiasmo.
Está disfrutando mi silencio tanto o más que yo.
"¿Qué te parece este lugar? ¿Te gusta?" un resoplido escapó de su boca mientras daba unos pasos al frente.
Con beneplácito, vi que ella se hallaba bajo el influjo de este suntuoso jardín que nos rodeaba.
Y de verdad que es un espectáculo que encanta la vista, me dije al tiempo que admiraba por primera vez al lado suyo la belleza natural de este lugar.
Gigantescos árboles cuyos nombres desconozco, yacen formados a nuestros costados, creando caminos a lugares que nuestros ojos no alcanzan a vislumbrar. Amplias colinas se levantan en el horizonte, mientras que las fuentes, los lagos artificiales y las bardas donde seguramente florecen brotes de todo tipo, le dan un toque místico a este lugar que parece no pertenecer a Nueva York en absoluto.
Tuve la extraña sensación de que nos encontrábamos en un lugar muy apartado, y que aquí, el mundo jamás podrá dañarnos.
"Es hermoso ¿de verdad todavía nos encontramos en Nueva York?" la pregunta casual de Candy sacudió mi corazón.
Sin hacer audible mis propios pensamientos, ella de algún modo estaba siempre conectada con los míos.
Estreché su mano con fuerza al tiempo que deteníamos nuestro andar.
Frente a nosotros, la majestuosa entrada principal de una mansión nos daba la bienvenida.
Su fachada recubierta en su totalidad de pomposos ladrillos rojizos, me recuerda mucho a los tantos castillos que alguna vez visité durante mi infancia y adolescencia en Londres.
A través de los ventanales vislumbramos movimiento.
Gente de servicio movía cajas y muebles sin percatarse en ningún momento de nuestra presencia.
"Sigo sin comprender que hacemos aquí, Terry" dijo sin dejar de admirar ni un instante la enorme propiedad.
"Que dirías si te dijera que esta mansión puede ser nuestra si tu así lo deseas" bruscamente, Candy giró su rostro hacia mi con la sorpresa dibujada en sus facciones "me gustaría que este fuera nuestro hogar cuando contraigamos matrimonio. ¿Qué opinas?"
Aun impactada, Candy se tomó unos minutos antes de contestar.
"¿Dijiste nuestro hogar? imaginé que cuando nos casáramos viviríamos en la casa que compartiste con Susana" fruncí el ceño al recordar esa propiedad maldita.
"Jamás podría llevarte a vivir al lugar donde pasé los 9 años más oscuros de mi vida. No puedo considerarlo ni siquiera mi hogar. Las paredes de esa propiedad guardan solamente malos recuerdos" no fui consciente de la amargura de mi voz, hasta que terminé de hablar.
Con un intento de sonrisa, giré mi rostro hacia ella y clavé mi mirada sobre la suya.
Hay tanta tristeza en su expresión, que sin pensarlo, sujeté su cuerpo contra el mío mientras besaba lentamente su boca, sus mejillas, sus párpados.
Me gustaría disipar la oscuridad de nuestro pasado con mis caricias.
"Borra esa expresión de tu rostro, te lo pido. Este es un momento que no debe verse mancillado con el pasado. Quiero que esta casa represente un nuevo comienzo para ambos"
Pegué mi frente contra la suya, y asintió al tiempo que me regalaba una deslumbrante sonrisa.
"Desde hace unos meses me puse como objetivo encontrar el lugar perfecto para nosotros. Quería que nuestro hogar tuviera el espacio perfecto para formar una gran familia juntos. Pero si a ti te desagrada, compraré la propiedad que llene tus expectativas" no había terminado de hablar cuando, inesperadamente, saltó eufóricamente hacia mi rodeando con sus brazos mi cuello.
"¿¡Estás bromeando?! Es perfecta, Terry. Quiero casarme contigo ya mismo. ¡Ansío estrenar nuestro hogar en este instante!" envolví con mis brazos su cintura y la levanté al vilo consiguiendo que su pelvis y la mía estuviesen a la misma altura.
"Créeme que si pudiera iría al registro civil para casarme contigo en este instante. Es mi anhelo más preciado. Deseo mostrarte de todas las maneras humanamente posibles, lo mucho que te amo" susurré en su oído, y seductora como siempre, Candy inclinó su cabeza hacia un lado para que continuara el camino de besos de su cuello hasta su escote.
Pecosa golosa. Cuando nos casemos, haremos el amor en cada rincón de nuestra casa, pensé mientras la besaba castamente en los labios y la colocaba a un lado mío en el suelo.
Cerré la compra de la mansión inmediatamente en el estudio.
A distancia, veía a Candy recorrer ensimismada el recibidor, el salón, el comedor.
Absorta, dirigió su mirada hacia el alto techo con incrustaciones y vigas doradas que dejaban en evidencia la mezcla del estilo rococó francés que sin duda se aprecia en cada rincón del lugar, pero cuando sus ojos se posaron en las escaleras dobles de mármol que conducen al primer piso, se quedó cautivada.
En cuanto hubo terminado la reunión con mis abogados, me acerqué a ella por la espalda y rodeé sus hombros angostos con mis brazos.
"Todo está firmado. La casa es oficialmente nuestra" tomó mi mano y en silencio recorrimos los amplios pasillos de la mansión.
"Debió salirte en una fortuna, Terry. ¿De verdad está bien?" sin detener nuestro recorrido, besé su mano y le sonreí.
"Ahora puedo darme estos lujos. Mi trabajo como actor, así como inversiones que tengo en diferentes sectores en el extranjero, me permiten tener la vida privilegiada que ahora gozo" sin importarme ser visto por la servidumbre que camina a nuestro alrededor, detuve mi andar y acaricié lánguidamente sus labios con los míos. El néctar de su boca es tan adictivo como su aroma a rosas que desprende su cuerpo al andar "además, nada me hace más feliz que empezar a realizar nuestro sueño. Este es sólo el primer paso" con la ilusión brillando en sus ojos verdes, le mostré el resto de la casa.
14 habitaciones, 12 baños, un salón que alberga a más de 200 personas, elevadores motorizados que llevan al sótano, una alberca techada de 12 metros de largo, así como varias hectáreas de jardín, es tan sólo una parte de nuestro nuevo hogar.
Me sentí entusiasmado ante la perspectiva de hacer mi vida al lado de ella en este lugar.
Aquí nacerán y crecerán nuestros hijos, me dije.
La mera idea me llenó de un gozo que antes no había experimentado.
Por desgracia, llegó el momento de despedirme de ella.
"Mi amor, los días siguientes me será imposible verte" fui incapaz de ocultar la agonía de mi voz.
Me senté a un lado de ella en el auto y sentí como la mano de Candy acariciaba distraídamente la superficie de mi brazo.
Busqué en su mirada algún signo de malestar, pero contrario a mi, la noté serena.
Besé sus falanges y continué hablando.
"Mañana iniciarán los ensayos finales de la obra. El estreno y la gira es en dos semanas. Robert quiere que esta puesta en escena sea todo un éxito. Generalmente estamos un mes en Nueva York antes de iniciar la gira, pero por algún motivo quiere hacer las cosas diferentes este año. Al parecer, tener una puesta en escena en Londres lo llena de tanto entusiasmo que decidió cambiar el esquema este año"
Por primera vez la perspectiva de una gira tan larga, aunque es una excelente oportunidad en mi carrera, me desmoralizó.
No me gusta la idea de separarme tanto tiempo de Candy. Algo puede pasar.
Deseo estar a su lado, pero ahora, la profesión que tanto me apasiona, me separa de ella.
"Es tu trabajo, mi amor. No te preocupes, además, el tiempo transcurre rápidamente. Cuando menos te imagines, ya estarás de regreso. Pero eso sí, cuando pongas un pie en Nueva York serás sólo mío" sonreí ante la perspectiva de esa promesa.
"Eso no lo dudes ni un momento" musité mientras acariciaba la palma de su mano con mi pulgar "¿De verdad estás bien? No me dices esas palabras para que me vaya tranquilo ¿verdad?" con mi visión periférica vislumbré que rápidamente nos acercábamos a la propiedad de los Andley.
Muy pronto me separaré de ella.
No la veré en varios meses.
La ansiedad gobernó despiadadamente mi pecho.
Tuve la impresión que no podía respirar.
De inmediato, supe que todo era producto de mi imaginación, pero eso no hizo que este momento fuese menos real.
Separarme de Candy me angustia tanto, que inseguridades añejas tomaron presa a mí corazón.
"Te extrañaré cada segundo del día, pero deseo impulsarte a cumplir tu sueño, no a atarte a mi lado. Eres un actor, Terry, y no cualquiera, sino el mejor de nuestra época. Me siento tan orgullosa de ti que quiero ayudar a realizarte profesionalmente. Por mi no te preocupes. Te estaré esperando aquí con los brazos abiertos. No temas. No me iré a ningún lado sin ti" con un dejo de desesperación, tomé sus manos entre las mías al tiempo que las colocaba sobre mi rostro.
Necesito sentir su piel.
"Te amo Candy. Eres mi vida entera. No podría seguir existiendo sin ti" dije y grabé la sonrisa que me regalaba en mi corazón.
En menos de lo que dura un suspiro, Hans detuvo el auto frente al vestíbulo de la mansión.
Con mi pecho más ligero, me despedí de Candy prometiéndole en silencio, disfrutar al máximo esta gran oportunidad que se presenta en mi carrera.
¿Cómo no hacerlo si ella me impulsa a ser la mejor versión de mí mismo?
La mujer que amo me apoya incondicionalmente.
¿Qué otra razón necesito para ser inmensamente feliz? Ninguna. Así de sencillo.
Londres.
Después de tantos años regresaré a mi país natal.
Ya no soy el adolescente que huyó del Colegio San Pablo con unos cuantos dólares en el bolsillo y grandes aspiraciones por delante. Ni siquiera soy el bastardo al que alguna vez repudiaron.
Por fin, me he convertido en el gran actor que algún día soñé, llegaría a ser.
_Candy_
No recuerdo haber sido presa de nerviosismo semejante en ningún acontecimiento importante de mi vida.
Ni siquiera cuando presenté mi primer examen para convertirme en enfermera en el Hospital de Mary Jane, me sentí tan agitada.
¡Pero este no es cualquier momento! me reprendí severamente a mí misma.
Hoy, es uno de los días más importantes en la vida profesional de Terry.
Después de arduo trabajo y complicaciones personales, se estrena la obra La Tempestad, que él protagoniza.
Mi corazón se hincha de orgullo al ver lo lejos que ha llegado en su carrera mientras admiro su rostro en los panfletos y carteles que tapizan las calles nocturnas de Nueva York.
Estoy tan feliz por él, que estúpidamente siento sus logros como míos.
Después de casi 10 años, volveré a ver al amor de mi vida desenvolverse sobre un escenario.
Nadie que conozca de cerca nuestra historia, puede culparme por desear que al auto le salgan alas y vuele rápidamente al Ambassador Theatre.
Aunque veré a Terry en su camerino tan sólo unos minutos antes que parta hacia la estación de trenes, quiero que sepa que estoy ahí con él. Apoyándolo a llevar su sueño tan lejos como le sea posible. No importa que eso signifique sacrificar nuestro tiempo juntos.
Estoy segura que a su regreso lo compensaremos.
"Te aseguro que te sorprenderá gratamente lo mucho que ha crecido Terry como actor. No defraudará a su audiencia" asentí distraídamente al oír las palabras de Albert.
No quiero que ninguno se dé cuenta lo nerviosa que me siento, así que continué viendo fijamente a través de la ventana de la limusina, que nos lleva con paso demasiado lento a nuestro destino.
Albert, Archie y Annie viajaron desde Chicago exclusivamente para asistir a este estreno.
Los tres pospusieron reuniones importantes de trabajo y se dieron el tiempo de acompañarnos en esta noche tan especial para ambos, además, tengo la firme sospecha que Terry se coludió de algún modo con Albert para que este último me hiciera compañía el mayor tiempo posible durante la larga gira que mi amor emprenderá.
Son estos pequeños detalles los que hacen que me enamore aun más de él.
Me mima tanto que me malcriará.
"Tranquilízate pequeña. Si sigues haciendo eso, dañarás tu hermoso vestido" con suavidad, Albert colocó una de sus manos tibias sobre las mías.
Tan ensimismada estoy en mis propios pensamientos, que no me percaté en que momento comencé a jugar nerviosamente con las lentejuelas que decoran mi atuendo.
"Teniéndote a ti de espectadora, seguramente Grandchester pulirá su presentación. Querrá lucirse contigo presente. Sabes perfectamente que a él no le importa nadie en este mundo más que tú" reí ante el honesto comentario de Archie.
Creo que me he de haber sonrojado un poco con su aseveración, ya que comencé a sentir calor en las mejillas.
"Además Candy, luces bellísima. Estoy segura que captarás la mirada no sólo de Terry, sino de la prensa y el público masculino también" dijo mi amiga con vehemencia guiñándome un ojo.
"¿Crees que le guste como me veo?" pregunté repentinamente ansiosa.
"Grandchester sería un estúpido y además ciego si opinara lo contrario. Ese vestido corte sirena de encaje rojo con la espalda descubierta que llevas puesto luce magnífico en ti"
"Archie y Annie tienen razón, pequeña. Este vestido te sienta de maravilla. Ten por seguro que sin importar en que parte del escenario se encuentre, Terry no apartará su vista de ti" quizás era mi ego el que hablaba, pero al escuchar a mis amigos me sentí más tranquila.
De mi bolso de mano saqué un espejo y observé en que estado me encuentro.
La diadema joya está en su lugar, me dije al tiempo que percibía que por primera vez en muchos años, las ondas de mi cabello lucían uniformes, más sorprendente aun, es ver que ningún rizo está fuera de su lugar como usualmente me sucede.
Lo único que me hizo falta retocar fue el brillo de mis labios, después de todo, gracias a los halagos de mis amigos, mis mejillas ahora mismo lucen un sutil color carmín que difícilmente desaparecerá a lo largo de las próximas horas.
Dejé escapar una fuerte exhalación cuando vi que finalmente habíamos llegado a nuestro ansiado destino.
Incapaz de contener mis nervios y mi emoción, estiré el cuello con la falsa esperanza de divisar a Terry por algún sitio.
Tonta Candy. Él está adentro preparándose para salir a escena, pensé.
Cuando la limusina aparcó en la entrada del teatro, una turba exaltada de reporteros nos rodeó casi al instante. Por un momento creí que no podríamos salir del vehículo, pero cuando Albert le dirigió unas palabras al chofer, sus escoltas alejaron a la multitud lo suficiente para que pudiéramos salir de la limusina.
Annie y Archie consiguieron entrar al teatro sin problemas.
Albert y yo no corrimos con la misma suerte.
En cuanto los reporteros me vieron bajar del auto con su ayuda, se abalanzaron sobre nosotros como felinos persiguiendo a su presa, aun cuando los custodios no se apartaron de nuestro lado un sólo instante.
Protectoramente, Albert rodeó mis hombros con sus brazos en un intento de blindarme de la turba enloquecida que nos rodeaba sin clemencia.
Los reporteros lanzaban una serie de preguntas al aire a la espera que las contestara, pero no era capaz de distinguir una sola de sus palabras. Por si eso no fuera poco, los deslumbrantes flashes de sus cámaras estallaban una y otra vez directamente en mis ojos, cegándome continuamente.
Por un momento comencé sentir pánico.
No conseguía ver nada entre este tumulto de gente que, en su agitación, me impedía entrar al recinto donde la obra la Tempestad iniciaría en unos minutos.
¿Es esto lo que Terry se ve en la necesidad de soportar todos los días?
Jamás experimenté en carne propia este nivel de empatía.
Ahora comprendo mucho mejor porque se ha tornado tan hermético con la prensa.
Y aun así se atrevió a enfrentarlos, en pro de mi bienestar.
Escuché la voz apremiante de Albert dirigirse a la multitud que nos impedía avanzar.
Voces desconocidas chillaban en mis oídos, y yo, sin poder distinguir nada, opté por cerrar los ojos mientras cubría mis oídos en un inútil intento por acallar mi entorno.
De pronto, un par de brazos me despegaron del suelo, alejándome de la turba enloquecida que por un momento, pensé me asfixiaría.
Al cabo de unos segundos de preciado silencio, me atreví a abrir los ojos.
A mi alrededor se encontraban mis amigos.
Todos me observaban acongojados a la espera que pronunciara una palabra. Lo que fuera.
Necesitaban cerciorarse que yo me encontraba bien.
¿Lo estoy?
"Espero no haberme despeinado mucho" Annie comenzó a reír y llorar al mismo tiempo, mientras que Albert y Archie me dirigieron una franca sonrisa.
"Muchas gracias por tu ayuda Loyd. Si no hubieses llegado con personal de seguridad del teatro, seguramente Candy y yo seguiríamos atrapados dentro de esa masa de gente"
¿Loyd?
Levanté la vista hacia la persona que me sostenía protectoramente en sus brazos y ahí estaba él, sonriéndome casualmente como si nada malo hubiese pasado entre nosotros, cuando la realidad es que nuestra relación no terminó en los mejores términos.
"Agradezco tu ayuda Loyd, pero ya puedes bajarme. Soy capaz de caminar sola" Albert frunció el ceño cuando me escuchó hablarle con tanta sequedad al que a sus ojos era amigo íntimo de la familia.
Detrás de mi agria actitud existen razones de peso que justifican cada una de mis palabras, después de todo, no olvido que días antes de mudarme a Nueva York, Loyd usó todo tipo de argumentos mezquinos en un fútil intento por detenerme.
Muchas veces me he preguntado si él siempre fue así y supo ocultarme su verdadera naturaleza, o fue nuestro rompimiento el causante de que se tornara tan agresivo y mezquino conmigo.
Quizás jamás conoceré a ciencia cierta la respuesta. Me encuentro tan feliz realizando paso a paso mi sueño al lado de Terry, que puedo vivir con esa interrogante en mi vida sin problemas.
Alaridos y exclamaciones jubilosas nos obligaron a dirigir nuestra atención hacia el pie de las escaleras, pero mi sorpresa fue mayor al ver a Terry caracterizado ya como Próspero, acercarse presurosamente a nosotros.
"Candy, ¿¡estás bien!?" la preocupación que había en su pregunta me dejó claro que de algún modo, se enteró del incidente que Albert y yo pasamos "por favor, dime que no te lastimaron" inquieto, comenzó a analizarme con su mirada.
Estoy bien, mi amor, quise decirle, pero inesperadamente, rodeó mis hombros con sus brazos al tiempo que escondía su rostro en mi cuello.
Está tan cerca de mí, que puedo sentir el ritmo de su respiración agitada sobre mi piel.
Los latidos de su corazón se encuentran tan acelerados al haber sido presa del pánico minutos atrás creyéndome lastimada o herida, que conociéndolo como lo conozco, imagino ahora mismo se está culpando por lo sucedido.
"Gracias a que llegué oportunamente con los guardias del teatro, ni Candy ni Albert sufrieron más daño que el susto" solemne, Terry levantó su mirada hacia Loyd.
Dio un paso en su dirección y estiró su mano hacia él al tiempo que le agradecía profundamente su intervención.
Por la reacción de sorpresa que se dibujó en su rostro, intuí que Loyd imaginó todo tipo de escenas en su mente, excepto el agradecimiento sincero de Terry.
"Sr. Grandchester, el Sr. Hathaway lo busca con urgencia" Terry asintió sin despegar su mirada de mí.
"Ve mi amor. Te estaremos viendo desde nuestro palco"
Sin decir una sola palabra, tomó mis mejillas entre sus manos y depositó un beso sobre mis labios.
Todos nos veían, pero la mirada de una persona en particular la sentía pesada sobre mi espalda.
Loyd.
Debe resultarle incómodo verme de esta manera.
Quizás lo estoy haciendo sufrir innecesariamente.
Quizás debería apartarme de Terry y pedirle que no me bese en público, y menos si él está presente.
Quizás merezco el infierno, porque a decir verdad, no me preocupa en absoluto que la persona que algún día quise con el alma, pero jamás amé, me vea feliz en los brazos de otro hombre.
Lo peor de todo, es que no me siento culpable por amar a Terry como lo amo, ni mucho menos me preocupa que Loyd o la prensa lo sepan.
¡Que nos vean!
Que me juzguen de fácil, ligera, frívola. No me importa.
Si por amarlo de esta manera descomunal, obsesiva e ilógica me gano esos adjetivos, los cargaré con orgullo el resto de mi vida.
Te amo, susurró su corazón directamente al mío antes de desaparecer por un pasillo escoltado de cerca por guardias de seguridad del teatro.
Se acaba de ir y ya me hace falta, pensé.
Indiferente, giré mi rostro a mi derecha y ahí estaba Loyd.
Lo noté atormentado. Desolado.
Hasta el corazón más frío se compadecería de su dolor.
Debo ser un monstruo insensible entonces, porque sin mirar atrás ni siquiera para esperar a mis amigos, me dirigí con paso seguro hacia el palco para tomar de una vez mi lugar.
Continuará...
Notas de la autora
Como siempre agradezco quienes me siguen capítulo tras capítulo y esperan con ansias la publicación del siguiente. Como siempre les prometo que procuraré no hacerlas esperar tanto, pero obligaciones laborales y personales me tienen despegada muchas veces de mi hobbie que es escribir.
Para las que no lo saben, tengo una cuenta en wattpad. Ahi también publico este fic. Si quieren seguirme ahí las esperaré gustosa. Mi nickname es Loreley2525
Saludos y nos leemos pronto.
