Cronopios del autor: Gracias por leerme.

ADVERTENCIA: Yaoi.

Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera.

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Hyakkoryōran

Por St. Yukiona.

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Verbena

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No intentes vivir tan sabiamente.
No llores porque tienes tanta razón.
Que no te sequen las falsedades o los miedos,
Porque te odiarás al final
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Wind —Ending Naruto

Chihoko está sentada en la larga mesa junto a los otros seis Daimyos que ese año presentan candidatos para hacer el examen. Hay dos mujeres más a parte de Chihoko, el resto son hombres. Todos ellos llevan el atuendo tradicional de su región y el sombrero distintivo con atabios y perlas que caen, sin embargo Chihoko se presenta con especial arreglo pues no sólo usa el tocado en su cabeza que la designan como Daimyo sino que también lleva flores que desprenden un delicioso aroma y es el centro de atención, sumado a su condición y avanzado estado de embarazo.

—Creo que será niña —dice emocionada la regente del país de los pájaros.

—Sea niña o niño lo voy a amar mucho —responde con modestia la mujer mientras que se acaricia el vientre.

—Chihoko, es bueno que fortalezca la posición de la familia real dando un heredero, sin embargo nos causa curiosidad quién es el padre del futuro príncipe del país de los Vegetales —dice el daimio del país de la Cascada.

—Oh, es alguien a quien amo mucho.

Los señores se sorprenden y empiezan a hablar sobre sus amores de juventud. Yuuri los observa en silencio de reojo y piensa que son unos malditos, mientras ellos engordan su ego con pláticas intrascendentales jóvenes y niños se están asesinando cruelmente en el bosque delante de ellos. Yuuri conforma parte de la guardia especial que custodia un rango entorno a los señores feudales. No obstante, ese es un trabajo que él podría hacer solo y los otros shinobis que están con él lo saben, por eso lo miran de reojo, por eso han aceptado sin chistar en absoluto que él sea el líder de ese particular escuadrón conformado por shinobis de todos los países que participan: El País de la Cascada, el País de las Aves, el País de los Vegetales, el País del Arroz, el País de la Nieve y el París de la Nube.

—La perra de Konoha lo está haciendo bien —murmura el shinobi que está más cercano a Yuuri, él sabe que hablan de Mila pero no caerá en provocaciones—. Y tú también... ¿Qué trama Konoha lamiéndole el culo a un país de quinta como Vegetales? A

La postura de Yuuri es firme con sus manos detrás de su espalda y la mirada al frente, ni siquiera pestañea ante sus comentarios.

—¿Quién iba a decir que de ser la puta del hijo del Hokage terminarías siendo la puta de la Daymio? ¿qué hiciste, Katsuki para que te degradaran así?

—Nube —lo llama de esa manera porque es el país al que pertenece—. Hay movimiento a las seis averigua qué es y avísanos por el comunicador —ordena y el shinobi chasquea la lengua ante la indómita actitud del otro, una indómita y tranquila actitud de Katsuki Yuuri.

El moreno no puede mentir y decir que se siente más aliviado ahora que se ha quedado solo pero las risas estruendosas de los Daymio lo irritan y quiere que todo termine. Sus ojos penetran en el bosque desde donde provienen gritos, explosiones y el crujir metal contra metal. Era cierto que esa primera parte es bastante simple: Los que sobrevivan al final de cada categoría eran los ganadores pero el chiste es que no sabes quiénes son los ninjas de encriptación o sellado o infiltración, no llevan una marca distintiva y sólo eres tú con tu instinto y ojos de conocedor.

—Un encriptador siempre llevará pergaminos para hacer sus invocaciones —dijo Yuuri un día explicándole a Mila cómo identificar a otro encriptador—. Y junto con el médico, si es una misión de alto rango, el encriptador siempre se va a mantener al margen de la palea, siempre deberá ser el último en caer, durante la gran guerra ninja los encriptadores eran los que enviaban la información desde el campo de batalla hasta la base y viceversa —explicó—. Por eso el encriptador más hábil es aquel que sobrevive y encripta más rápido. Tu ventaja es que el elemento con el que tú haces tu encriptación no necesitas llevarlo, lo puedes encontrar en todos lados —sonrió.

Mila sonríe, no llevar pergaminos para encriptación la han salvado de un enfrentamiento directo con su propia categoría, y de hecho, la ha salvado de un enfrentamiento directo de todos pues nadie identifica a qué categoría pertenece y pasan de ella.

"No gastaremos tiempo en una mierda" Piensan cuando la ven sin equipo médico o pergaminos.

No es que evite el contacto, pero a veces ser una buena kunoichi no se necesariamente ser la más fuerte o de la técnica más poderosa, sino ser la más inteligente. Brinca de rama en rama. Ha pasado la mitad del tiempo de la prueba y tiene más de la mitad del chakra por eso cuando alguien detrás de ella lanza kunais ella tiene la capacidad suficiente como para esquivarla y contrarestarla con estrellas ninjas.

—¿Quieres pelea, eh? —pregunta en su fuero interno la chica mientras el otro ninja, más grande que ella utiliza un ninjutsu de tierra—. Pues peleemos —piensa Mila contratacando con una llamarada de fuego. El otro chico se esconde detrás de una pared de tierra que le cubre y le salva de las flamas de tierra, pero cuando el fuego se agota y derriba la pared buscando a su oponente pero Mila está sobre su cabeza con un sello explosivo en su mano que le coloca en la frente antes de que él pueda reaccionar. Ella rueda varios metros y activa sin mirar atrás el pergamino. La explosión la hace temblar y le deja ardiendo los oídos. Yuuri se lo advirtió: Si no atacas a matar, tú vas a acabar muerta. Pero el hombre sólo era un clon y de la tierra emerge el verdadero. Mila lo recibe con una llamarada de fuego que escupe con fuerza.

En la lejanía Yuuri puede ver la enorme cortina de humo que se eleva hacia el cielo y sonríe de medio lado. No debe preocuparse de nada. Mila va a estar bien.

Apenas se deshace de ese hombre hay dos oponentes más al frente: Una kunoichi y un shinobi, ambos parecen de su edad y al parecer son de la misma aldea pues llevan la misma banda en su frente. Mila se prepara sacando su katana en una mano y en la otra una kunai, se agazapa relamiéndose la sangre que sale de su labio cortado antes de correr hacia los otros dos que sin miramientos también se lanzan al combate.

El shinobi ha saltado para hacer combate desde las alturas mientras que la otra kunoichi la ataca de frente. Pobres estúpidos, quizás no sea tan sorprendente como Yuuri-sensei pero es rápida. Rápida como Viktor-sensei le ha enseñado a ser y ella se ha encargado de entrenar. Así que cuando la lluvia de armas ninjas amenaza con asesinarla Mila salta apresurada hacia un lado muerde su dedo para hacer un par de sellos, la sangre es la llave y el tributo para la invocación y en una enorme nube de humo aparece Akabarai. El hermano menor de los cuervos gemelos Kurooi y Shirooi.

Los dos shinobis que le están atacando no se amedrentan ni se opacan por la presencia de aquella bestia que grazna fuerte.

—Ayúdame —ordena demandante el cuervo negro con la punta de sus plumas enrojecidas.

—¡No me ordenes horrible mocosa! —grita el cuervo pero acata las órdenes y se va en picada hacia el shinobi mientras Mila se encarga de la kunoichi.

Se maldice porque aún no tiene la suficiente fuerza como para invocar a los dos cuervos maestros que Yuuri invoca, pero de eso al penoso polluelo de cuervo que invocaba al principio de su entrenamiento es bastante avance. Se ha dado cuenta que mientras se encuentra bajo presión es capaz de hacer grandes hazañas y ahora no será diferente. Se sepa el sudor y tuerce la sonrisa cuando empuja a la otra kunoichi y sin tregua sigue atacando.

Yuuri lo sabe, Yuuri sabe lo genial que es Mila y por eso con calma observa hacia el bosque, después a los señores feudales y hace oído sordos a los comentarios.

Cuando el final del día llega, hay menos de la mitad de competidores. Sonríe suavemente cuando ve caminar entre los supervivientes a Mila que con los estragos de la pelea agita su mano para hacerle saber a su sensei que está bien. Yuuri sonríe suavemente y afirma, para girar hacia Chihoko que aplaude emocionada. Regresan seis shinobis de Vegetales de los diez que han sido enviados al examen, es un número bastante decente en comparación del País de las Aves donde no regresa ninguno.

Los equipos médicos se internan en el bosque a buscar a los heridos y sacar los cuerpos de esos que no volverán a abrir los ojos. Puede sentir la frustración de más de un ninja ahí pero es la vida que les tocó vivir y los débiles no tienen cabida alguna. Cuando tiene a Mila delante de sí no le pasa desapercibido como sus manos tiemblan y sus ropas están manchadas de sangre, probablemente suya o de otros, para ese momento no importa pues ella ha salido victoriosa y el resto no.

Al final del día Mila es alzada en lo alto por el resto de los ninjas del país de los Vegetales pues ha hecho lazos a lo largo de los meses y se ha vuelto en una pequeña celebridad, mucho más ahora que ha pasado la prueba. Ha vencido a quienes se le han parado al frente y que le chupen un ovario, es la mejor kunoichi que se ha visto en un tiempo. La segunda parte del examen será en una semana en el País de la Nieve.

Pasan la noche en el campo mientras los señores feudales se quedan en una casa que les acondicionaron, temprano partirán a sus respectivas naciones.

Yuuri se esmera en curar las heridas de la niña, la tiene desnuda de espaldas a él mientras él le da el tratamiento médico correspondiente pues todas las heridas son leves, ninguna de gravedad: raspones, rasguños, cortadas superficiales y hematomas que desaparecerán con los días. Le ayuda a lavarse con una esponja y su trató es austero pues aunque Mila es una niña todavía no deja de ser mujer y no le gustaría que la pelirroja se vea incomoda. Normalmente haría que ella lo hiciese sola pero entiende que está cansada así que le asiste con gesto serio.

—¿Quieres que te cargue? —pregunta Yuuri cuando termina de hacer las curaciones, y señala con su mentón hacia el futón pero la niña niega, se incorpora y en pasos tambaleantes camina hasta donde pasará la noche. No es ni por asomo igual de suave y cómodo como el futón que tiene en casa de sensei pero en esos instante cualquier cosa es buena, se tumba bocabajo y suspira. Yuuri sonríe al verla y empieza a recoger las vendas, gasas, se lleva el balde de agua sucia.

—En el campo... —habla Mila y Yuuri se detiene—. Había muchos cadáveres —comenta en voz baja y Yuuri la observa.

—Lo sé... —sus ojos viajan hacia el agua teñida de rojizo y la mueve pensativo, no sabe si decirlo o no, pero al final deja el balde del agua y se acerca a Mila, se sienta a su lado y le acaricia con cuidado el cabello rojo—. No han sobrevivido todos los que debían... —masculla—. Eres de las kunoichis más fuertes entre seis países diferentes, Mila, es algo digno de poner en curriculum —empieza a trenzar el cabello rojo de la niña y recurda cuando Viktor se le llegaba a acostar en las piernas, así de golpe sin importarle lo que estuviera haciendo para que empezará a trenzarle el cabello. Esos recuerdos le endulzan el alma que se le ha empezado a podrir desde hace un tiempo hasta la fecha.

—Sí... pero me preguntó qué hubiera pasado si me hubiera equivocado en un jutsu o en un sello o me hubiese tardado dos segundos —azuza ella cerrando sus ojos.

Yuuri entiende ese sentimiento y sonríe para tranquilizar a la menor.

—No debes pensar en ello, sino en el presente, en lo que sí hiciste y en lo que vas a lograr... te espera un gran futuro por delante Mila, y ahora debes de practicar tu encriptación, tienes una semana para estar lista... y confío aún más en tus habilidades técnicas —dice él retirando algunos mechones que quedaron sueltos.

—Tengo un regalo para ti —agrega el sensei, sin alejarse saca de su propio kimono una bolsita más pequeña que un puño y la deja sobre la frente de Mila, ésta se queja pero lo coge con una sonrisa.

—¿Qué es? —pregunta curiosa.

—Son pastillas del soldado, son una especie de suplemento alimenticio, cuando te quedes sin chakra y energía puedes comer solo una y tu chakra se va a restablecer.

—¡Genial! ¿Por qué no me las dio antes?

—Porque una vez que se acaba ese chakra, que es una especie de imitador de chakra tu cuerpo se sentirá más pesado, y estarás el doble de débil, esto solo se debe de usar en caso de emergencia extrema... ¿de acuerdo?

Los ojos claros de Mila no pueden evitar llenarse de brillo y aunque esa noche tiene pesadillas con los cadáveres que ha visto, cadáveres que fácilmente podían hacer una pila, puede descansar y se siente mejor al día siguiente.

El lugar donde fue el examen es un punto en medio de los seis países, y está a un día de distancia de su hogar en el País de los Vegetales. El camino de regreso es agradable y Mila no para de hablar acerca de cómo venció a tal o cual enemigo, como había uno que manejaba el agua y otro el rayo y otro la tierra, y luego cuando invocó al cuervo. Está demasiado animada pero de reojo Yuuri observa el cuerpo que cargan los otros shinobis de Vegetales, entre los cuatro shinobis que no lograron completar el examen, uno ha muerto y es fatal porque ese es el hijo, el hermano, el padre de alguien, y seguramente una familia va a llorar, pero enseguida vuelve su atención a Mila que sigue parloteando.

Chihoko en su carruaje debe de ir tensa pues una muerte en un examen significara dar explicaciones a un público que empieza a caer en cuenta que no es la blanca paloma que en un principio creyero que eran, y aunque no se ha obligado a ninguno de esos shinobis en presentar el examen (a excepción de Mila) Yuuri sabe perfectamente que la situación en el país con respecto a la simpatía de Chihoko con la gente va en decremento. En pocos meses, calcula Yuuri que tendrán que decir que los "refugios" donde según Chihoko tiene "escondidos" a los niños de la aldea ha sufrido un ataque y todos han muerto, porque en realidad ninguno de esos niños abandonó el pueblo principal del país. No. Esos niños fueron encerrados en uno de los dos castillos secundarios del Palacio de las Camelias donde fueron sometidos a toda clases de experimentos para lograr que los bebés de Chihoko sobrevivieran. Esos niños, todos, están muertos o convertidos en bestias que mantienen encerradas en calabozos debajo del castillo azul. En algún momento esas bestias serán asesinadas pero están esperando a que nazca el bebé de Chihoko, si éste nace con las características propicias, todas las bestias serán liberadas en los alrededores de Konoha para que esas hermosas criaturas "ajusten cuentas" por ella. Durante todos esos meses Chihoko ha convencidoa Yuuri acerca de la importancia de hacer que su nivel militar con Konoha sea igual, y la única forma de nivelarlo es diezmar a Konoha. ¿Traición? No, en lo absoluto. Justicia. Eso es.

Antes de entrar al territorio del País de los Vegetales, Yuuri hace una invocación y envía un mensaje a Konoha:

Mila aprobó el examen. Felicidades. K.

Ve colar a su cuervo por sobre la caravana de la Daimyo y suspira, desde el punto en el que se encuentran Konoha está a mitad del camino. El cuervo seguramente llegará antes del anochecer. Después vuelve sus ojos a Mila que conversa con otro de los chicos que han presentado el examen pero que no lo han pasado.

Cuando llegan a los Vegetales es casi de noche y el pueblo se ha vestido de manteles largos para recibir a sus valientes genin que ahora son chuunin y para aquellos que aunque no lograron pasar la prueba hicieron sentir orgullosos a sus padres y familias. Mila al no tener familia en el pueblo es acogida por todos y de pronto se ve rodeada del cariño y agradecimiento de todos en el pueblo por dejar el nombre de Vegetales muy en alto. Yuuri se queda entre las sombras observando a su alumna.

—La daimyo le manda esto, señor Katsuki —susurra alguien detrás de Yuuri que recargado de un árbol solo extiende la mano, le entregan un pergamino—. También desea ver el reporte completo del progreso...

—Por donde lo vea ha sido mejor que con el de sus otros embarazos según el reporte —responde Yuuri sin dejar de apreciar la sonrisa sincera y alegre de su alumna que es la estrella esa tarde noche.

—Ella lo quiere.

—Se lo enviaré en cuanto lo tenga listo... —dice por último antes de apresurar el agua de fruta que bebía para guardar el pergamino en su ropa.

—Cómo diga... —la presencia se va así como llegó y Yuuri suspira, tiene trabajo que hacer, pero traga saliva.

¿Vale la pena hacer todo ese esfuerzo?

Los combates son como la vida, piensa Yuuri: Un constante vivir esperando el golpe. Todos acabamos siempre un poco destrozados y él no se siente ya capaz de dar otro paso más. Observa a Mila y hay un fuego que se extingue en su interior. Sonríe de medio lado acercándose al festejo que se ha creado entorno a la pelirroja, porque ha roto todos los parámetros, ha impuesto su propia fuerza y seguramente algún día su nombre sería tallado en piedra como una kunoichi excepcional, y que ahí, en una de las pruebas más terroríficas que existen en el mundo shinobi ella ha marcado su línea de inicio. Jamás volverá a ser comparada con nadie más, al contrario, ella será punto de comparación para el resto y Yuuri enjuaga sus ojos. Se flexiona un momento apretando más y más fuerte los ojos, no quiere hacerlo, no debe de hacerlo pero sus lagrimas se derraman sobre sus pálidas mejillas y su mano aprieta el árbol donde se sostiene. El cuerpo sufre de espasmos y siente como si sus huesos fueran rotos desde su interior e implotarán aún dentro de su piel. Es un dolor que agoniza pero que nada tiene que ver con su cuerpo, sino con su conciencia, con sus decisiones y se muerde la mano para acallar los violentos sollozos.

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—Ah... nadie va a soportarlo cuando regrese, dirá que siempre tuvo razón... —susurra Viktor con el cuervo en una jaula mientras lee el mensaje de Yuuri, ha capturado al cuervo antes de que llegue con el hokage.

Le da una mirada al cuervo y ríe.

—Porque... ¿pronto va a regresar, cierto?

El cuervo grazna y Viktor mira hacia el cielo que empieza a ganar estrellas. Hacia el norte se ven algunas nubes de tormenta pero está seguro que no va a llover, o al menos eso quiere creer, las temporadas de lluvias ya terminaron y dejaron bastante desastre en las zonas de cultivo de la aldea y sin los Katsuki por ahí, sin Yuuri por ahí, es complicado que las hortalizas se repongan por sí mismas. Ojala vuelva pronto las plantas, los ANBU y Viktor lo extrañan a muerte, así como cada rincón de Konoha que escuchó la risa del moreno.

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Yuuri suspira al ver culminado su reporte sobre la gestación de Chihoko así como el seguimiento del crecimiento de las bestias. En detalle ha redactado los errores en el procedimiento de las bestias que han salido de control, esas que acabaron por atacar Konoha y otros lugares, esas que tuvo que cazar, y a su vez, redactó cuál sería la forma adecuada para hacer que las bestias fueran plenamente controladas. No es algo que él hizo solo, fue trabajo en equipo por parte de un grupo de eruditos que dedicaron los últimos años en los estudios genéticos del chakra en las plantas, y ahora esos estudios los aplican a los seres vivos. Estas personas que además simpatizan con el ideal de Chihoko, parecen maravilladas con el kekkei touta y han propuesto un estudio a fondo del alcance de ese kekkei touta una vez terminen la investigación de los hijos de Chihoko, donde si todo marcha como debe, escribe Yuuri en el reporte, será en tres meses más.

Sólo después del nacimiento del producto, redacta Yuuri, podríamos hacer la prueba en Konoha, primero con una tropa de dos o tres bestias, y posterior una horda de diez. Nuestra capacidad actual es de 20 bestias que siguen en crecimiento en las incubadoras subterráneas, su crecimiento y desarrollo terminaran justo en tres meses cuando esté dando a luz a su hijo.

Yuuri suspira tallándose el rostro. El pergamino que Chihoko le envió es el primer vistazo a los planes para el atentado contra Konoha, como quiere enviar a tres de las bestias que ya concluyeron su desarrollo a una especie de prueba, sin embargo con el informe trata de disuadirla. Es tarde, está cansado, apenas llegó de la fiesta se sentó a redactar, irá a cambiarse y volverá para seguir trabajando en las anotaciones del laboratorio donde estará desempeñándose el día siguiente.

Mila se va a quedar en casa de una conocida que tiene una hija de la edad de Mila, ambas niñas se han vuelto grandes amigas y confía en que nada pasará. Esa niña es una de las poquísimas sobrevivientes a la loca idea de Chihoko de "poner a los niños a salvo de la guerra". Y se ha salvado pues desde su embarazo Chihoko ha dejado de pedir secuestros de niños, se ha ido reformando poco a poco. Sube las escaleras con pereza y se quita la ropa, se viste con algo más cómodo pero se queda congelado en su lugar mirando a la nada. Desvía su mirada hacia la puerta y suspira maldiciendo en voz baja.

Con calma recorre el pasillo, desciende por las escaleras y con cautela se dirige a la cocina donde Mila se encuentra de pie junto a la barra donde antes él estuvo trabajando. La observa, sus ojos oscuros se quedan clavados en la figura inerte y rígida de la menor. En su mano un ramo de flores que aprieta, y es tal el silencio que claramente puede escuchar Katsuki el crujir de los tallos de aquellas flores. A Katsuki se le ensombrece el mundo y a Babicheva se le cae a pedazos. Sus manos dejan caer las flores que le ha llevado a su sensei como regalo de agradecimiento y sus manos temblorosas toman los pergaminos porque no cree lo que está leyendo, mira el otro pergamino que está encriptado y teme desencriptar el contenido y descubrir que en efecto... su sensei es un traidor.

Pero salta en su lugar sin soltar los pergaminos regando sin querer la tinta y manchándose un poco pues los pasos de Yuuri lo delatan intencionalmente. Los ojos de ambos se encuentran y por la expresión de Yuuri, una expresión que nunca antes ha visto Mila, sabe que algo anda mal aún peor de lo que ha leído.

—Se-sensei... —murmura Mila con el pergamino entre sus manos. Aferrándolo a su pecho, asustada, aterrada. Traga saliva en seco mirando con ojos desorbitados cundidos de dolor y decepción a su maestro.

Yuuri usa un kimono, siempre un kimono de colores claros. El de hoy no es la excepción y se ve precioso en él. A Viktor-sensei se le detendría el corazón en definitiva de verlo ahí parado como una preciosa muñeca de porcelana y sus facciones que carecen de cualquier emoción.

—Mila —habla Yuuri—. ¿Recuerdas el jutsu que te enseñé?

—¿Ah? —está confundida y asustada, por lo que acaba de leer y por el tono sombrío que de pronto está utilizando Yuuri. Se siente aturdida como si todo fuera una marea que le ahoga.

—Mila —la vuelve a llamar—. ¿Recuerdas el último jutsu que te enseñé?

Yuuri mueve apenas las manos haciendo el primer sello manual para activar un jutsu y la chica aprieta los labios, con sus piernas temblando.

—Sí... —baja la mirada porque es precisamente ese jutsu.

—Es el único jutsu que es capaz de vencer mi kekkei touta, Mila, al menos el único que tú conoces y puede detenerme —infiera y avanza un paso. Ella lo retrocede y se cubre la boca—. Has descubierto información que no puedo permitir absolutamente nadie sepa... —ella fija sus ojos claros en los de su maestro que lucen más oscuros que antes, como si estuviera bajo algún tipo de hechizo pero por el modo en que se mueve sabe que ese es Yuuri, es la forma precausoria en la que actúa antes de atacar—. Cosas que nadie debe de saber, ni siquiera tú, Mila —concluye y la pelirroja siente como el alma se le va.

—Sensei...—suplica y da dos pasos hacia atrás sin notarlo.

Yuuri saca una kunai que hace girar en su mano para después apretarla en su puño, sus pasos retumban contra la fina loseta que ha guardado los mejores meses en la vida de la niña, los mejores y los más duros porque se ha esforzado como nadie y probablemente muera como muchos: Presa de su terror.

—Sensei —ruega en un tono sordo parecido a un sollozo una vez más, aprieta el pergamino contra su pecho, compungida—. Usted...

—Es lo que ves, Mila... —afirma Yuuri y ladea el rostro, se quita los lentes de lectura y pasa su mano por su cabello haciéndolo hacia atrás al tiempo que ladea el rostro y tuerce los labios en una sonrisa macabra que le hacen estremecer, la piel de sus sienes ahí en el nacimiento de su cabello se vuelve ligeramente verde al igual que la piel que se alcanza a ver del cuello, los ojos de sensei se ven enrojecidos por una extraña y silenciosa cólera que aterran a la niña—. Nadie más... tendrá que salir de sus casas para ir a una aldea más grande a entrenar, si mi familia no se hubiera ido a Konoha jamás habría muerto, hubiera podido detener esta locura, Georgi... no estaría mu-

—¡No diga eso, sensei! —grita Mila armándose de valor—. No diga eso por favor —las lagrimas brotan de sus mejillas redondas—. Si sensei no hubiera ido a Konoha... no hubiera conocido a Viktor-sensei, ni a Phichit-sensei... ni... ni lo hubiera conocido yo... y —jadea asustada su espalda se pega contra uno de los pilares que sostienen el techo de la casa de los Katsuki—. Sensei...

—Me decepcionaré de que mueras fácilmente, Mila —dice Yuuri mientras une sus manos y Mila salta apenas lee el flujo de chakra de Yuuri, ha aprendido a hacerlo con el arduo entrenamiento al que el hombre le ha sometido, es capaz de esquivar unas especies de lanzas hechas de maleza y hiedra que se clavan en la madera donde antes ella estuvo recargada, y estas por la fuerza rompen ese pilar.

El maestro se gira para buscarla al moverse por toda la cocina. Se relame el labio y se prepara. Yuuri le sobrepasa en la velocidad para realizar los sellos pero Mila se mueve rápido y no deja de esquivar la seda que trata de capturarla. Guarda el pergamino con el informe que antes ha leído en su kimono para detenerse por dos segundos, inflar su pecho y soplar fuerte produciendo una llamarada larga que consume la seda. Yuuri se hinca dejando ambas manos sobre el piso de la habitación, el suelo de madera se rompe liberando poderosas y peligrosas lías con espinas de rosas. Mila sigue soplando para contrarrestar el ataque pero es inútil, debe saltar hasta una de las vigas que sostienen el techo. Y Yuuri manipula una de las raíces hasta el techo. Mila salta esquivándola y la raíz rompe el cielo de la cocina, arriba en la habitación el suelo se parte y Mila aprovecha para subir.

Ve la ventana y la usará para escapar si no es porque más lías rompen el suelo y la chica esquiva apenas con suerte. El llanto le impide ver donde pisa y una de las grandes astillas del piso se le encaja en la pierna, pero la rompe en lugar de sacarla porque la adrenalina cura el dolor de momento y no tiene tiempo para lidiar con ello. No quiere usar ese jutsu porque eso significaría herir a Yuuri y nada es cien por ciento seguro, pero tampoco quiere morir. Y grita llorando cuando el piso se rompe en una furiosa llamara por donde sale Yuuri, el hombre la observa como si fuera una basura, como si fuera una paria, un estorbo para su brillante plan.

Mila observa a Yuuri con las piernas recogidas y se ha agazapado contra una esquina, debe atravesar a Yuuri porque detrás de él una ventana, sabe que cruzando la ventana al menos podría ganar más tiempo huyendo, porque en un enfrentamiento... está muerta. Y todo plan es bueno en ese instante de desesperación. Pero se orina encima apenas ve como Yuuri, sin moverse de su sitio, alza la mano la extiende y se empieza a formar algo que perfectamente reconoce la niña, algo que ha visto en acción y ella misma puede hacer pero lo de ella es una copia cutre de ese que es el original.

—Lanza del diablo... —murmura Yuuri mientras la lanza se afina de fuego ardiente y convulsivo.

—Sensei... por favor...

—Deja de llorar —pide el moreno—. Me da asco pensar que desperdicie todo este tiempo en ti...

A la niña las energías se le van y cierra los ojos, está muerta desde el momento en que la curiosidad le pico y leyó lo que no debía pero, si se rinde: Konoha estará perdido, y Mila se mueve más rápido lanzando kunais hacia la mano de Yuuri. Éste lanza kunais de regreso para esquivar las de la niña, y ha perdido de atención a la menor por dos segundos y esos dos segundos son necesarios para que Mila haga un jutsu, Yuuri no pierde tiempo en lanzar el ataque pero una barrera de fuego consume a la lanza. Es poderosa y Mila grita de dolor mientras que se mantiene fuerte para que la barrera no ceda y vuelve a gritar para empujar la barrera hacia Yuuri que debe de saltar al agujero para protegerse en un capullo que crea al instante, pero el capullo es consumido por el fuego y vuelve a hacer otro, repite la acción.

Es el jutsu más fuerte que tiene la menor y siente como el chakra se le agota por completo, pero al no sentir a Yuuri aprovecha para salir por la ventana, internarse de inmediato al bosque. Está exhausta, cansada, totalmente desecha y con un pie en la segura muerte, pero da un paso a la vez y la esperanza de poder hacer algo por Konoha es lo que la motiva. Mete su mano a su kimono y encuentra la bolsita con pastillas de soldado que Yuuri le ha regalado antes, mete una a su boca y la mastica tan rápido como puede, una tras otra, y consume las diez pastillas, lo más probable es que cuando ese chakra artificial se le termine ella convulsione y muera, pero confía en que eso ocurrirá en un territorio seguro. Ahora de momento el chakra artificial le servirá para disfrazar su propia estela de chakra y arranca algunas hojas de Caonis Abetus que restriega debajo de sus axilas sin dejar de correr y el resto las mete en su ropa.

Momentos desesperados requieren medidas desesperadas y Mila no deja de correr, intencionalmente se tira en un lago que le queda de paso y siente como las hojas de las Caonis Abetus le queman con el agua, pero al salir para seguir corriendo el hedor de la planta es mucho más potente. Se restriega el rostro. Sigue su escape, no tiene de otra.

Las heridas en Yuuri se regeneran porque es parte de su kekkei touta, sus ojos opacos observan por la ventana. La madera que se quema chirria y le basta con hacer un jutsu para disipar el fuego. Varias sombras aparecen detrás de él con la cabeza gacha esperando por ordenes.

—Mila lleva información que puede comprometer a la misión —dice Yuuri sin dejar de observar hacia el exterior—. Atrápenla e elimínenla se ha ido por los campos de arroz, no vuelvan sin su cabeza —masculla y las sombras se mueven saliendo por el agujero en el techo.

Algo en Yuuri acaba de morir junto con el último resquicio de paz.

Se gira por fin para ver hacia su hogar que ha sido destruido y entrecierra la mirada antes de volver sus ojos hacia el exterior, esta vez se fijan en el palacio que se alza sobre la colina más cercana. El palacio de la Camelia se está vistiendo de fiesta, al día siguiente comenzaran las fiestas de la vendimia. Sería mejor que fuese ayudar e informará a Chihoko-dono las últimas noticias. Aunque no le gustaría estaba seguro que algo se le iba a ocurrir a la mujer, siempre se le ocurría algo. Suspira y sólo recoge lo esencial en su hogar, sube las escaleras para recuperar de su cuarto que ha quedado intacto varios pergaminos. Hace varios sellos para invocar a sus cuervos que graznan fuerte. Los mira fijamente.

—Guarden esto —pide a Kuroi, el cuervo traga el pergamino—. Y tú esto —Shiroi serio traga sin oponerse otro pergamino más.

—¿Es algo peligroso, Katsuki-sama? —pregunta respetuosamente Shiroi.

El menor ríe y niega.

—Tan peligroso como siempre es la vida de un shinobi, Shirooi —acaricia los pechos de sus cuervos—. Deben de proteger lo que les he dado...

—¿Y la llave? —pregunta Kuroi.

—Viktor la tiene... —señala su propio corazón cerrando sus ojos y los cuervos entienden. Yuuri se incorpora lentamente—. Umi, Ren —Masculla dándole las espalda mientras empezaba a buscar en su clóset ropa limpia, y la caja laqueada que guarda el kimono que usará al día siguiente—. Es lo que falta de la llave.

Kuroi mira a Shiroi y ambos asienten.

—Ahora, pueden volver, han sido los mejores, gracias.

—Es un honor servirle, Katsuki-sama —dice Shiroi antes de que ambos cuervos desaparezcan en una nube de humo. Yuuri acomoda su equipaje ligero para ir al Palacio de la Camelia, ahí empezará a vivir de ahora en más.

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Mila lleva corriendo... ni siquiera sabe cuántas horas, ni siquiera sabe si han pasado dos o tres días, ni siquiera es consciente de sí misma, o del entorno que la rodea, o de si la siguen o no. De hecho siente que da pisadas en el aire, siente que no es tierra sobre lo que anda, sino nubes que se deshacen debajo de sus pies. No es capaz de ver más allá de su nariz y la respiración copiosa apenas le sirve para soportar lo mínimo y al borde. Al grado que cuando se desploma no es capaz de oponer resistencia, sencillamente se deshace como una paca de paja a la que han azotado contra el suelo y toda se desparpaja.

—Llamen al hokage —ordena el chuunin que alcanzó a sostener a Mila antes de que se dejara caer a la inconsciencia, y como antes lo predijo ella misma, su pequeño cuerpo empieza a convulsionarse, tiene una sobredosis producto del esfuerzo más allá de lo humano. El chuunin la deja en el suelo mientras hace en ella los movimientos de resucitación adecuados. Los otros dos chuunin que están ahí como centinelas en la puerta se apresuran a recorrer el perímetro para asegurar que la zona es segura. Pero no perciben un solo movimiento.

La puerta del hokage se abre de golpe, Yakov y Min-So alzan la mirada, el chuunin que fue enviado por el otro agitado aprieta sus rodillas por la carrera que ha dado.

—La puerta... Mila... Babicheva —anuncia.

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La orden se da apenas media hora más tarde apenas cuando el Hokage y su grupo de expertos terminan de leer el pergamino.

El escuadrón ANBU número uno y tres irían en apoyo al grupo 27 liderado por el jounin Viktor Nikiforov, han sido seleccionados cuidadosamente pues su misión lo amerita totalmente.

Su objetivo es sencillo: Neutralizar a la gente de los Vegetales, arrestar a la Daimyo Chihoko Kin, y arrestar a Yuuri Katsuki en calidad de traidor.

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St. Yukiona.

Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.

(Por cierto, ¿Ya me siguen en mis redes sociales? Facebook donde comparto cositas de anime: /tiayukiona y mi Insta donde les platico de mis viajes: Styukionna, espero me sigan y poder compartir más tiempo juntos. ¡Saludos y besotes, Mazapanes!).