Orgullo y tradición – El comienzo. CAP 18

El hielo en el jugo de frutas comenzó a derretirse, creando una capa cristalina en la parte superior del vaso.

-Hoy hace mucho calor- opinó Yamcha, buscando un tema de conversación.

-Según dijeron en el noticiero, este verano será muy caliente- respondió Bulma tomando una cuchara para agitar el líquido frutal en su vaso.

Yamcha se acomodó, cambiando la pierna cruzada por tercera vez. La tranquilidad que todos transmitían en la corporación le daba cierto confort, la ausencia del saiyajin se podía percibir en cada uno de los muros de la propiedad.

Desde el fatídico día en que vio con sus propios ojos a la que fue su novia en brazos del saiyajin, se propuso no volver a buscarla, pero entonces, le surgieron dudas que no lo dejaron dormir. Cabía la posibilidad de que la mujer se viera forzada a sucumbir ante los caprichos del mercenario, que fingiera atracción para salvar su vida y la de otros. Bulma no era una mujer fácil de dominar, eso lo sabía por experiencia, la única manera en que ella accediera a estar desnuda al lado de ese despreciable hombre, debía ser porque no tuviera otra alterativa.

Y había un elemento más; Vegeta parecía esperarle en aquella ocasión, de haberlo interrumpido, en lugar de sonreírle, le hubiese gritado y lanzado algún ataque mortal. Pero no, se limitó a sonreírle con burla, con sorna. Como si le diera gusto ser sorprendido en tan íntimo momento.

"Estoy seguro de que el principito de cuarta sabía que yo iba en camino, no puedo estar equivocado"

-Y bien- la científica rompió el silencio, -¿cómo va tu entrenamiento?

-He logrado tener interesantes avances en el desierto.

Bulma entrecerró la mirada, conocía la poca disciplina del guerrero terrícola, muy diferente a la obsesión de Vegeta por superarse constantemente.

-El tiempo nos está pisando los talones, no te confíes y tampoco confíes del todo en Goku- le reclamó a modo de regaño.

El guerrero de la cicatriz desvió la mirada, Bulma sí que lo conocía. En su viaje al desierto no logró dedicar tiempo completo al entrenamiento, en parte porque tenía todas sus esperanzas puestas en el saiyajin amable criado en la tierra.

-Tuve que hacer un par de trabajos para comprar víveres. Se están acabando los ahorros que junté con los últimos juegos de beisbol- se excusó rascando su cabeza. -Para vivir en el desierto, se requieren de varias cosas para sobrevivir, y las tiendas se encuentran a cientos de kilómetros de distancia…

-Tú puedes volar más rápido que cualquiera de mis naves…- sorbió de su jugo para luego agregar en un duro reproche. -Sé de sobra lo que es el desierto, recuerda que solía viajar cuando era una inofensiva jovencita y sin poseer tus cualidades de guerrero, no era una llorona delicada.

-Recuerdo haberte visto llorando y quejándote en varias ocasiones, inclusive tuve que salir cargándote del castillo donde estuvimos presos, no dejabas de quej…

El vaso de la mujer se estrelló contra el rostro del lobo del desierto, quebrándose y dejando su camisa blanca manchada de rojo, con una que otra fruta como ornamento.

-Ahora por tu culpa tendré que prepararme otro.

-Pero fue tu mamá quien lo preparó…- se encogió de hombros levantando las manos en son de paz, al ver que la agresiva científica estaba a punto de lanzarle el plato con pastelitos. -Ya entendí, ya entendí. Si quieres yo te lo preparo, es más… te prepararé mi súper especial cóctel lobo del desierto- le cerró un ojo con la esperanza de que baje la furia de la mujer.

-No, prefiero mi jugo de frutas- se levantó para pedirle a su madre otro delicioso brebaje tropical, como lo llamaba la simpática rubia.

-Pero siempre te gustó mi cóctel especial- alegó limpiándose con una servilleta, no le convenía reprocharle a la mujer el baño frutal que le había dado. Conocía de sobra su temperamento y no le convenía provocarla, menos ahora que se encontraban limando asperezas.

-Será en otra ocasión- respondió cortante. Por el momento no le diría los motivos por los cuales no podía beber alcohol. Sin decir más se dirigió hacia la cocina, donde su madre lideraba la preparación de la comida del día.

Yamcha la vio alejarse moviendo las caderas al caminar, entonces le pareció extraño que vistiese una blusa holgada, pues siempre se le distinguió a su ex novia por su extrema coquetería y por mostrar sus curvas con ropa entallada. Le restó importancia y continuó retirando los restos de jugo de su atuendo.

-Maldición… espero que la mancha no sea permanente, aun no termino de pagar la camisa- masculló maldiciendo su mala suerte.

Al poco rato, Bulma estaba de regreso con el semblante tranquilo, eso significaba que ya no se encontraba molesta.

-Ya casi esta lista la pasta con espinacas y queso- le dijo a su visita.

Yamcha arrugó la nariz. -¿Espinacas?

-No hagas esa cara hasta probarlo- le espetó sentándose frente a él, con un nuevo jugo de frutas naturales. Se fijó en su ex novio y al verlo con la ropa manchada sintió remordimiento, se mordió las mejillas internas con deseos de disculparse, pero por orgullo declinó.

-Es solo que me parece extraño que tu mamá no prepare carne con alguna salsa- se encogió de hombros justificándose.

-Nos hemos cansado de tanta carne en las comidas- bebió de su jugo mientras se acomodaba en su silla, moviéndola un poco hacia la sombra para que el sol no le pegara en las piernas, una vez que la gran sombrilla de la mesa la cobijaba con su sombra, miró de nuevo al terrícola con cierto aire de melancolía.

-Era de esperarse, con Vegeta como visita, imagino que ya acabaron con todas las vacas de las carnicerías- el beisbolista se animó a soltar con una risa nerviosa. -¿Sigue entrenando como si quisiese matarse en el proceso?

-No lo sé- respondió. -Salió del planeta para entrenar en condiciones que aquí no podía- le informó omitiendo la verdadera razón. A pesar de encontrarse molesta con el príncipe, entendía que él quisiera guardar su transformación hasta el momento oportuno, también estaba el detalle de que no deseaba crear pánico entre los guerreros terrícolas, o provocar un enfrentamiento entre los dos saiyajines de raza pura, por lo menos no antes de la llegada de los androides, esa era su prioridad por el momento, sobrevivir a esa terrible amenaza que se avecinaba.

-Ahora que lo dices, no siento su desagradable ki- dijo cerrando los ojos, como intentando percibir la energía del guerrero saiyajin. No quería decirle a Bulma, que sintió la energía de su enemigo alejarse hacia el espacio exterior, quedaría como un cobarde por acercarse a la corporación a sabiendas de que el príncipe no estaba. -¿No será que está huyendo de la batalla? Lo creo capaz de irse, para luego regresar esperando que los androides hayan sido derrotados por Goku.

La científica arrugó automáticamente el entrecejo, le molestó que consideraran un cobarde a su pasada aventura y padre del hijo que esperaba. Él podía ser un cínico imbécil, pero nunca un cobarde.

-A diferencia de ti, él sí ha estado entrenando para derrotar a los androides- espetó sin ocultar su molestia.

-¿Cómo no? Él no tiene que trabajar para comer, aquí tiene todo gratis- reprochó lo que tenía tiempo retenido y nunca se había animado a decir.

-Te quejas porque quieres- entrecerró los ojos, -¿acaso no tenías tus ahorros? Supongo que gastaste una gran parte apantallando a tus nuevas conquistas.

-No sé de qué me hablas- desvió la mirada, la plática tomaba un rumbo que no le beneficiaba en absoluto.

"¿Por qué lo defiende?"

Un escalofrío le recorrió la espalda, ante la sola idea de que la mujer se hubiera enamorado del extraterrestre.

"Bulma no es tan ilusa. Es probable que Vegeta la tuviera amenazada con algo"

-Bulma- le habló con seriedad, aclarándose la garganta. -¿Vegeta te ha amenazado o forzado a algo?- preguntó temeroso.

La pregunta de su primer amor la tomó desprevenida, principalmente porque había preocupación en la manera que lo dijo. No era solo odio hacia el príncipe lo que orillaba al beisbolista a escupir veneno, Yamcha se encontraba preocupado por algo.

"¿Sabrá algo que yo ignoro?"

-¿Por qué me preguntas eso?- recargó los codos sobre la mesa, poniendo toda su atención a los gestos de su ex pareja, no lo quería aceptar, pero ahora le obsesionaba todo lo que tuviera que ver con el orgulloso príncipe.

-¿Te parece poco el hecho de que morí por su culpa?- inquirió colocando ambas palmas de sus manos sobre la mesa. -Es un asesino, obvio que me preocupa, es por eso que lo creo capaz de aprovechar su estancia para tomar ventaja contra Goku y en el proceso…- apretó los labios autocensurándose.

-¿En el proceso qué?

Yamcha negó con la cabeza, los ojos azules que tanto conocía, de pronto lucían un brillo diferente, aunado al fiero que reconocía y temía, le dio la impresión de que la mujer enfrente de él no era la misma que fue su novia por varios años, solo esperaba que el engreído extraterrestre no tuviera la culpa.

-¿Acaso estas celoso de él?- Se recargó de nuevo con una sonrisa burlesca en sus labios. Aunque nunca tuvo la intención de utilizar al príncipe para vengarse de las infidelidades de Yamcha, encontraba enormemente gratificante despertar los celos en su ex novio.

El beisbolista reconoció de inmediato el tono burlón en la voz de la científica, conociéndola, lo más probable era que aún le guardara cierto rencor por haberla engañando con otras mujeres.

"Tal vez por eso sucumbió a los caprichos de Vegeta, por despecho"

De pronto sintió esperanzas, posiblemente no estaba del todo perdido lo que hubo entre ellos, después de todo, fueron años los que compartieron, nadie en el mundo entero podría borrar la huella que se dejaron en las memorias del otro.

-De ese enano petulante… bah. No creo posible que una mujer con tu inteligencia se fije en él- respondió atento a la reacción en los gestos de la mujer, quería descubrir qué fue lo que la orilló a prestarse para ser la diversión del príncipe, porque podría apostar su vida a que para el saiyajin ella no significaba nada, y cabía la posibilidad de que todo hubiera quedado en caricias externas, que aquella escena que presenció, no fuera más que un burdo montaje por parte del guerrero extraterrestre.

-Ese enano petulante es muy guapo- dijo levantando una ceja. Le divertía despertar los celos en el beisbolista, se lo merecía.

-Es inestable, dudo que alguna vez en su vida tome en serio a ninguna mujer.

-¿Y quién pretendería tomarlo en serio a él?

Yamcha iba a contestar con alguna frase sobre la frialdad del guerrero, pero llegó la madre de la científica con una charola en las manos.

-Les traigo un delicioso aperitivo en lo que sale el plato principal… Ya extrañaba verlo por aquí, joven Yamcha- le sonrió al invitado y depositó la charola sobre la mesa.

-No te hubieras molestado mamá, pudiste haber enviado a cualquiera de las personas de servicio- dijo saboreándose el dip de queso crema con piña, mientras que su invitado babeaba por los bocadillos de jamón ahumado.

-Para mí es un gusto consentirlos a ti y a mi nietecito. Ohh…- colocó ambas manos sobre sus mejillas al recordar que dejó el horno prendido, -no olvides comer también jamón, recuerda que mi nieto saiyajin necesita carne para crecer fuerte y poderoso como su guapo padre- dijo antes de dar media vuelta y caminar con prisa hacia el interior de su enorme hogar, por preparar la bandeja de bocadillos, olvidó las galletas que ya deberían estar listas, se había propuesto igualar la receta de una panadería que tenía poco de haber cerrado, debido a que el panadero y dueño del local, murió a causa de su avanzada edad, lamentablemente nunca tuvo hijos y sus famosas recetas se las llevó a la tumba.

La alegre rubia se alejó canturreando, fingiendo inocencia, ya que a pesar de que su hija nunca lo dijo, ella intuía que el guerrero terrícola tenía la culpa de que su Bulma no quisiera verlo los meses anteriores. Podía ser despistada en muchas cosas, pero no dejaba de ser madre, por lo que disfrutó en silencio la cara de confusión que puso el beisbolista, era una pena que se perdiera lo que seguía, de cualquier manera, conociendo a su hija, seguro que le pediría hablar a solas con el joven.

"Es una pena, él también es muy guapo" Suspiró con picardía. "Yo me hubiera quedado con los dos" Sonrió para sí misma mientras apuraba sus pasos hacia la cocina, donde ya comenzaba a oler a galletas quemadas.

-Creo que a tu madre se le botó un tornillo- dijo un incrédulo Yamcha.

Bulma se limitó a sonreír encogiéndose de hombros, no lo negó ni se ofendió por el comentario hacia su madre, en cambio sus mejillas se tornaron de un encendido color rosáceo.

Yamcha tardó unos segundos en dilucidar lo dicho por la siempre amable Panchy.

-¡¿Te has vuelto loca?! Dime que no es cierto, no puedes estar embarazada de ese engendro… no, ni siquiera es de nuestro planeta- exclamó levantándose de su silla, con las manos en la cabeza en señal de negación.

Bulma lo observó con la boca entre abierta, su madre le había ganado la primicia. Ella tenía pensado esperar hasta tener a su bebé en brazos para presumirlo a todos, principalmente para no escuchar reproches durante su embarazo, era de esperarse que cada uno de sus amigos, en especial el que fue su novio, pudieran tildarla de traicionera o lo que es peor, de ingenua y tonta por dejarse embaucar por alguien que solo jugó con su inteligencia.

-¿No me digas que fue aquella vez en tu laboratorio?- lo escuchó decir.

-¿Qué?

Yamcha respiró hondo con calma, ya no tenía caso ocultar lo que sus ojos habían visto.

-Hace tres meses que vine a ver cómo estabas, ya era de noche, pero no demasiado- hizo una pausa para tragar saliva y de pasada humedecer su lengua, que por extrañas razones comenzó a secarse, -tu madre me dejó pasar y ella misma me dijo que todo el día estuviste trabajando en un nuevo proyecto, por eso fui directo a tu laboratorio. Cuando entré, estabas desnuda sobre el sofá… con… con Vegeta en igual condición- le temblaron los labios al rememorar la escena, tan fresca como si hubiera sido un par de días atrás, -rodeándote con sus brazos, como si fueses de su propiedad… y lo peor fue… fue su mirada fría y burlona al saberse sorprendido por mí- finalizó entre dientes.

Bulma se llevó las manos al pecho recordando aquella noche, la última vez que estuvo en los brazos del príncipe, la vez que casi cae de nuevo en su trampa. Yamcha no podía estar equivocado, a nadie le comentó lo sucedido en el sofá, y Vegeta no era del tipo de personas que corre a contar algo, por lo que su ex novio no mentía al decir que él mismo los presenció, pero algo no cuadraba, ¿por qué ella no se dio cuenta?

"Estaba dormida" Recordó que al despertar ya se encontraba sin ropa, no tenía recuerdo de cómo la despojaron de su vestido, porque tenía el sueño pesado, debilidad de la que se aprovechó Vegeta.

-Yamcha, ¿por qué no lo dijiste antes? Vegeta no me comentó nada- dijo lo último en un hilo de voz.

-Entonces es verdad- afirmó con amargura en cada una de sus palabras, -esperas un… lo que sea de ese asesino.

-¡Oye! Mi hijo no tiene la culpa del pasado de su padre- espetó con la mirada endurecida.

El beisbolista caminó hacia la científica fijando su vista en el vientre que antes solía ser plano, pero ahora mostraba una ligera redondez que pudo apreciar gracias al vientecillo que sopló, haciendo que se le pegara la blusa holgada a su figura.

-Supongo que la verdadera razón de su huida es esa- apuntó hacia el vientre, -¿lo hiciste por despecho? ¿Te vengaste de mí, acostándote con mi asesino?

-Vegeta no metió ni un solo dedo cuando moriste, de tu muerte él no es culpable- se alejó un par de pasos.

-Entonces explícame cómo fue que decidiste entregarte, a menos que te amenazara- se acercó de nuevo, esta vez, tomándola por los hombros. -Solo dilo si te ha amenazado…

-Nadie me amenazó- alejó las manos del terrícola de su piel como si le quemaran. -Se me antojó y lo tomé. Quería saber lo que era tener una aventura con un príncipe- cruzó los brazos sobre su pecho con altanería.

-Pero, pero él es nuestro enemigo- insistió dudando de la salud mental de su ahora amiga.

-Aliado, yo me estoy encargando de que pelee de nuestro lado- volvió a sentarse, cruzando una pierna con total tranquilidad.

-¿Estas segura?- Le dolió la confianza que la mujer depositaba en el guerrero saiyajin. Eso significaba una cosa, se había enamorado o se estaba enamorando.

El natural paisaje salvaje de eternos huracanes continuaba tal y como lo recordaba. Esa parte del océano del enorme planeta, se caracterizaba por su tormenta de huracanes, los cuales no bajaban de veinte ocurriendo al mismo tiempo, el lugar perfecto para entrenar convertido en súper saiyajin.

"Es todo por hoy"

Regresó a su estado natural con la respiración agitada, cerró y abrió sus puños un par de veces, conforme con los resultados de su entrenamiento de ese día.

"Las estúpidas tormentas de la tierra no son nada a comparación de las de aquí. Nada en ese pedazo de escombro se compara con lo que hay en el resto de la galaxia"

La imagen de la terrícola de ojos azules vino a su mente, como lo único que valía la pena del planeta azul, pero no se atrevió a pensarlo con palabras, sería como aceptar que ella le importaba de alguna manera.

Gruñó molesto. "Calienta bien la cama" Fue todo lo que se permitió expresar en su mente antes de volar hacia la nave. Entró dirigiéndose con prisa hacia la ducha, donde tomó un rápido baño y se vistió con un cómodo pantalón de ceñido en color azul oscuro, una playera de manga larga del mismo color y unas botas negras. Ropa casual que iba con su personalidad, la madre de la científica había acertado en darle gusto con atuendos que no fueran para el combate, y que tampoco fuera humillante utilizar.

Se acomodó en la consola con aburrimiento, el día aun no terminaba y estaba agotado de entrenar, y cómo no, pues al ser un planeta mucho más grande que la tierra, los días duraban más horas. Recargó un codo sobre la mesa y su barbilla en la palma de su mano, mientras que con la otra, apenas tocaba los botones de la consola, tentado en presionar las coordenadas, pero desistió de la idea, ya que tenía dos semanas de haber entablado comunicación con la vulgar mujer, con el pretexto de preguntar si no había señales de los androides, ya que al estar en el espacio, podría perder la noción del tiempo, lo cual era imposible, pues era un viajero espacial consumado y en caso de equivocarse, era por un par de días o una semana a lo mucho, en trayectos muy largos.

Por fortuna para él, en la ocasión que se comunicó con la tierra, Bulma le informó sobre el estado de su embarazo, que era lo que realmente le importaba saber y no tuvo que preguntar por ello, pues la parlanchina mujer le informó todos los detalles del desarrollo del feto, inclusive le mostró una fotografía del ultrasonido, a lo que él hizo como que no le interesaba mucho, solo el resultado final, después de todo, continuaba con la versión de usar al crío para mofarse del llorón que tuvo su rival.

-No… no hace falta llamar. La vulgar está haciendo todo lo necesario para que mi plan se lleve a cabo- sonrió ladinamente, -aunque ignora los verdaderos motivos de mi plan.

Suspiró reclinándose con aburrimiento, inclusive bostezó con letargo. Aun no quería irse a dormir, pero tampoco le apetecía quedarse en la nave, por lo que decidió salir a merodear por el gran mercado principal, tenía algunos años que no lo visitaba. Tomó su chaqueta de cuero negra y salió rumbo a la enorme metrópolis que se encontraba a unos pocos minutos de la montaña donde reposaba la nave.

Todo seguía tal y como lo recordaba, las mismas carpas viejas y polvorientas repartidas a lo largo de varias cuadras a la redonda. El mismo bullicio, los mismos mercaderes ofreciendo sus productos con hábil labia, las mismas baratijas a la vista del comprador, y probablemente, la mercancía interesante se mostraba a escondidas, ya que con frecuencia se suscitaban robos. Una ligera sonrisa adorno sus duras facciones, él lo sabía mejor que nadie, en el pasado solía llevar joyas de valor, sustraídas de las purgas para cambiarlas por la moneda del imperio, y al parecer la caída del emperador no afectó en casi nada a las transacciones monetarias, ya que a pesar de la derrota del emperador Freezer, se mantuvo el valor de su moneda en la mayoría de planetas de la galaxia, con el fin de evitar más caos y el quiebre de grandes empresas que dependían de dicha moneda.

Caminó por las polvorientas calles del gran mercado en el que se manejaba mucho dinero, pero sus avaros habitantes no invertían ni un centavo en la infraestructura del lugar, se mantenía igual que siempre, ni una carpa o construcción de otro color que no estuviera en la paleta de colores tierra, la mayoría en beige, con letreros viejos de metal oxidado en donde ya no se leía el mensaje escrito años atrás.

Pasó frente a una construcción pequeña, parecida a una cueva, iba a pasar de largo, pero la curiosidad le ganó y se asomó al interior.

-¡Príncipe Vegeta! Ya lo decía yo que usted debió haber sobrevivido- exclamó el dueño del local. Un macho de su especie con forma humanoide, pero con gran barriga, baja estatura y facciones arrugadas, con una melena de pelo delgado y escaso que le coronaba el centro de su gran cabeza.

-¿Acaso lo dudabas?- inquirió cruzando los brazos, entrando por el umbral. El hombrecillo de color marrón, era de los pocos con los que llegó a cruzar más palabras de las que acostumbraba formular con extraños.

-Por supuesto que no, pero…- dudó agachando la cabeza, el príncipe no tenía buena fama entre los soldados, y en más de una ocasión lo llegó a ver molesto por querer pagarle menos a cambio de las joyas que llevaba, así que para evitar represalias, terminaba pagando lo que el príncipe pedía, no solo conservaba su integridad física, también a un buen cliente, pues el saiyajin solo llevaba objetos de gran valor, que eran fácil de fundir y desmontar para luego venderlos a más del doble. Por lo que a pesar del temperamento del guerrero, ambos terminaban ganando siempre.

-¿Pero qué? ¿Sabes algo que se diga de mí?- entrecerró los ojos, conocía bien a los de su clase, conocía sus debilidades. -Podría pagarte por la información- se encogió de hombros, -pero si no tienes nada que ofrecer, me marcho de tu pocilga polvorienta- dio media vuelta con intenciones de salir.

-No es eso, príncipe- hizo una escueta reverencia, ya que su enorme barriga le impedía agacharse debidamente. -Es solo que, la información que tengo de quienes lo robaron, es muy escasa.

Vegeta levantó las cejas en señal de confusión.

-¿Qué acaso no viene a eso?

-No tengo idea de lo que hablas, a mí nadie me ha robado nada- levantó un puño en señal de amenaza, -de lo contrario, estaría hecho cenizas.

-Ahh, ya veo…- respiró aliviado, -entonces usted pagó algún servicio con el krubik que le di hace tiempo.

-¿El krubik?- arrugó el entrecejo recordando la valiosa piedra que algunos años atrás, el hombrecillo se la ofreció, al no tener las suficientes monedas para cambiarlas por un par de enormes cilindros, con un combustible líquido muy codiciado por los habitantes de dicho planeta, en donde escaseaba, pero se encontraba raramente en otros. En ese entonces, con tal de hacerse del preciado combustible, el comerciante le ofreció al príncipe, una valiosa piedra, la cual valía una gran cantidad de monedas del imperio, dicha piedrecilla azulada, estaba tallada en forma de triángulo, y tenía unos patrones de manchas blancas, perfectamente simétricas. Lo que la hacía única e inolvidable.

-Sí, aquel que usted se llevó a cambio de…

-Lo recuerdo perfectamente, ¿qué hay con eso?- ladró perdiendo la paciencia.

El mercader se encogió de hombros caminando hacia detrás de su amado mostrador. -Hace ya…- intentó recordar la fecha, pero no tuvo éxito, -no lo recuerdo bien, pero lo que si recuerdo es, a dos soldados de los más comunes.

-Insectos debiluchos- opinó Vegeta.

-Sí, así mismo- asintió con la cabeza.

El saiyajin se acercó al mostrador y puso ambas manos sobre la mesa. -No me digas que esos insectos rastreros poseían mi krubik, ¿estás seguro que no era otro?

El hombrecillo se estremeció con el golpe en la vieja superficie de metal achatado. -Puedo jurar que era el mismo, fue tallado por una civilización que extinguió el gran Freezer, ¿lo recuerda? Nadie más ha podido darle forma a ese escaso material sin dañar la piedra, y mucho menos hacerle un grabado, es una pieza única, probablemente elaborada a pedido, ya que el emblema que tenía era de la casa real principal de su planeta de origen.

El príncipe cerró los ojos y apretó la mandíbula, sabía que sus pertenencias habían sido saqueadas durante su ausencia, lo vio con sus propios ojos el día en que fue al hotel en donde estuvo residiendo. Su habitación ya estaba siendo ocupada por otro sujeto, ya no quedaba nada de lo que alguna vez le perteneció, incluyendo su caja fuerte. El gerente recién contratado no sabía quiénes fueron los causantes de sustraer las pertenencias de los tres saiyajines que vivían en el hotel, ya que el anterior gerente y una parte del personal, fueron asesinados durante el gran saqueo que protagonizaron soldados de bajo rango del extinto imperio.

Gruñó al recordarlo, lo que más le irritaba era la ofensa, no tanto lo perdido, sino el haber sido burlado por soldados de tercera.

-¿Sabes quiénes eran?- Preguntó rechinando los dientes, visiblemente molesto.

El mercader, como hombre de muchos años a cuestas, supo que en efecto, el príncipe fue víctima de robo, al igual que un gran porcentaje de guerreros que alguna vez pertenecieron al imperio del ahora fallecido Freezer.

-Los recuerdo bien, pero eso no ayudará a dar con su paradero- tragó saliva apurándose a seguir con su relato, pues el guerrero siempre le causó temor, a pesar de que siempre ganó con los objetos que le vendió, eso no quitaba el miedo que el príncipe podía infundir en un ser con nulo poder de pelea. -No me mal interprete- agitó las manos en señal de negación, -en un momento sabrá a qué me refiero… verá, eran dos soldados de la raza zectoor…

Vegeta rodó los ojos. Sabía a dónde iba el mercader, la raza a la que pertenecían esos soldados, era una en donde todos sus integrantes eran prácticamente clones, sus rasgos eran casi idénticos, salvo raras excepciones.

-¿Te lo vendieron?- Inquirió con voz autoritaria.

-No, lo reconocí de inmediato, y como no pudieron acreditar su legal adquisición, yo…

La estruendosa risa burlona del saiyajin lo interrumpió.

-No me hagas reír… como si no supieras la procedencia de todo lo que Nappa, Raditz y yo te traíamos.

-No es lo mismo- acercó un banco para sentarse, su gran peso le impedía estar mucho tiempo de pie, -lo que ustedes traían, era producto de la purgas, trabajo legal para el imperio, todos ganábamos… al menos, todos los que formábamos parte de los territorios pertenecientes al emperador. Pero después, todo fue caos, ya no se respetaron las alianzas, no importaba si se estuvo anexo o no a unión intergaláctica, inclusive yo sufrí un par de atracos.

El príncipe cruzó los brazos de nuevo. -Si es así. Me sorprende que todo siga igual a como estaba antes de la muerte de la lagartija.

-Ja, ja, ja… lagartija- sobó su barriga con humor, -usted es de los pocos que dice lo que piensa del finado emperador, la mayoría aun le teme y hasta creen posible alguna represalia por parte de sus más allegados, a pesar de que ya no se han visto, posiblemente estén muertos.

-Lo están- sonrió de lado, -yo mismo los eliminé- presumió con voz calmada, disfrutando de cada palabra dicha.

El hombre más bajo abrió los ojos a todo lo que le permitieron sus enormes cuencas redondas.

-¿Usted estuvo allí?- inquirió sumamente impresionado, -No me diga usted lo vio caer… a…

Vegeta suspiró con fastidio, odiaba no poder admitir que él mismo había derrotado a Freezer, colgarse de triunfos ajenos era vergonzoso para un ser tan orgulloso como él, aunque pudiera hacerlo, no caería en semejante humillación.

-No hablaré al respecto, lo único que te diré, es que tienes frente a ti, a quien ocupará el lugar que dejó esa ridícula lagartija- aseveró con los puños cerrados hacia los lados. -No hay guerrero que sobrepase mi poder- elevó su ki, logrando que algunos objetos levitaran y se levantara el polvo a su alrededor, lo cual, alertó al asustadizo hombrecillo.

-Lo entiendo príncipe, por favor, no se enfade... Juro que aquí solo encontrará aliados- levantó las manos en son de paz, lo que funcionó, pues el orgulloso guerrero reguló de nuevo su energía. -Supongo que su visita por aquí se debe a que está reclutando soldados, conozco un…

-Mi visita aquí es de otra índole que no te interesa- espetó cortante. Había olvidado lo parlanchín que era el hombre, siempre tratando de congraciarse con él a través del habla, era muy obvio que le temía, eso gracias a la fama que tenían los saiyajines, en especial, el príncipe de esa raza guerrera.

-No lo entiendo, aquí se encuentran los soldados más fieros y fieles que podría reclutar. Usted mismo dijo que le sorprendía encontrar el planeta igual que su última visita, es gracias a que nuestro ejército…

-Hablas mucho- se quejó entre gruñidos, -me voy… no hay nada interesante en esta pocilga- escupió con intenciones de salir del lugar.

-E… espere, su alteza- se levantó con trabajo de su banco. -¿Qué piensa hacer aquí? Me refiero, en el planeta, ¿tiene planes para nosotros?- preguntó temeroso del volátil carácter del guerrero.

-Aun no lo decido- caminó un par de pasos hacia la salida.

-¡Espere! Déjeme demostrarle mi incondicional apoyo. -Caminó con pasos torpes hacia una repisa que estaba a unos cuantos pasos, presionó un interruptor escondido en una moldura y en respuesta, la repisa se recorrió lo suficiente para mostrar una puertecilla oculta, la que abrió con una llave que sacó de una bolsa en su chaleco. -Permítame hacerle un presente, en vista que no pude recuperar su krubik…

-Olvida el maldito Krubik. Eso ya no tiene importancia- agitó una mano en señal de despedida.

-¡Su presente! Su majestad- sacó con prisa un objeto plateado que llamó la atención del príncipe.

"No pierdo nada por echar un vistazo. Después de todo, el insecto está haciendo un esfuerzo por tratarme como es debido" Se acercó a ver lo que se le ofrecía.

-Mire usted esta pieza única, es de oro raniano, su raro y pulcro color plateado, aunado a la dureza del metal, lo convierten en uno de los más codiciados, pues es sumamente difícil de destruir y para grabarlo, se requiere de una punta de diamante. Sobra decir que es una pieza muy valiosa- mostró la joya con gran orgullo.

Vegeta la observó con desinterés.

-¿Una joya para hembra?- arrugó el entrecejo mostrando indignación.

El hombre de la gran barriga le sonrió con picardía. -Tal vez su majestad piensa tener una reina a su lado- levantó ambas cejas escasas con presunción, -tengo amplio conocimiento de las demás especies, y sé que los saiyajines entregaban alguna pieza de joyería a la hembra con la que se querían unir.

-¿Acaso ignoras que ya no hay hembras de mi raza?- ladró molesto.

-Lo sé, lo sé. Pero hay muchas de otras especies… en lo personal, prefiero de otra especie, ya sabe…

-Aaahh, pierdo mi tiempo contigo- respiró hondo, dispuesto a salir de una vez por todas de esa pocilga polvorienta.

-Siento haberlo ofendido- el hombre más bajo insistió. La mirada dura y energía despedida minutos antes por el saiyajin, le advirtió sobre lo peligroso que podía llegar a ser, era mejor tenerlo de su lado, y más, en esos tiempos de anarquía. No dudaba que el huraño guerrero hubiera eliminado a Freezer, pues una de las versiones que corrían, era de que un saiyajin fue el causante de la muerte del tirano, posiblemente el príncipe de esa raza, pero al ser un hombre tan reservado, era lógico que no lo gritara a todos los vientos, también por precaución.

-Entiendo que no sienta deseos de unirse con otra raza… pero eso no excluye que desee divertirse- se relamió los labios con exageración, -podría servirle como pago en el mejor burdel de la ciudad. Con esta exquisita joya, podría tener a todas las hembras que se le antojen por varios días- se rascó una mejilla sonriendo con presunción, -hay un par de magníficas hembras con tentáculos, se las recomiendo ampliamente.

El saiyajin no pudo evitar hacer una mueca de asco.

-Ja, ja… no tiene idea de lo que se pierde, esas hembras son mis favoritas. Pero si no son de su agrado, le aseguró que encontrará a más de una para su placer.

Vegeta lo escuchó con fastidio, observando de cerca la bella pulsera brillante, no pudo evitar imaginarla en la muñeca de la terrícola.

"Puedo jurar que le queda a la perfección"

Sacudió sus pensamientos avergonzado de haberlo considerado.

"Ni loco me uniría de por vida a una terrícola"

-Con confianza, tómelo. Le aseguro que su valor le servirá para algo.

-Sé lo que vale el oro raniano, no es la primera vez que lo veo- dijo entre gruñidos, ubicando con la vista, el lugar en donde quedaría perfecto el emblema de la casa real saiyajin.

-Bueno… espero haber servido de algo a mi señor príncipe, le aseguro que nuestro planeta le será de gran ayuda en su reinado.

"Nunca dejará de der un lambiscón, solo le falta ofrecerse a lamerme las bolas"

Guardó la aparentemente delicada pulsera en una bolsa de su chaqueta. -Me la quedaré con tal de que cierres la boca- dio media vuelta y caminó hacia la salida, deteniéndose en el marco de la puerta, -eres muy inteligente al congraciarte conmigo, haces bien en temerme- le dedicó una gélida mirada y salió sin decir más, dejando al mercader convencido de haberse ganado la confianza del próximo emperador.

Vegeta continuó con su recorrido sin ningún otro contratiempo, al parecer, las mercancías que se ofrecían en el enorme planeta, eran de mayor importancia que las rencillas surgidas a partir de la caída del imperio. Caminó con pasos firmes por las calles sin pavimentar, observando con ojo crítico a los habitantes y visitantes, debía tener conocimiento de la situación si quería tener éxito en su plan de reinar, para lo que estaba destinado, según su percepción. Sin proponérselo, llegó hasta el burdel que le mencionó el mercader, recordó haberse gastado allí, gran parte de sus ganancias cuando era un joven que apenas pasaba la pubertad.

Con sus dedos acaricio el valioso objeto que reposaba en la bolsa derecha de su chaqueta.

"Si lo cambio por servicios será un desperdicio, además, no necesito de hembras por el momento, mi prioridad es incrementar mi poder de pelea… mmn… será mejor conservarlo, sé que me será de utilidad en algún momento"

Se elevó y voló hacia la nave, ya contaba con suficiente información sobre la situación del planeta, podía relajarse y entrenar a sus anchas sin contratiempos. Los soldados que residían no eran el menor problema, aunque se distinguían por su fiereza y lealtad, su poder no estaba a la altura del príncipe de los saiyajines, principalmente porque dependían de sofisticadas armas, pero con la velocidad que había adquirido el guerrero, no tendría impedimento para desarmarlos de ser necesario.

Pasaron poco más de tres meses terrícolas, en los que mantuvo contacto con la tierra en dos ocasiones, en ambas, Bulma logró encontrarlo en la nave, con el fin de informarle sobre el progreso de su embarazo, también para tener conocimiento de los avances del arduo entrenamiento de su ex amante, y en parte, para regodearse de lo hermosa que lucía aún con la abultada barriga que sobresalía visiblemente, no obstante, la piel de su abdomen se mantenía tersa y firme, gracias a las cremas que comenzó a aplicarse desde que descubrió su estado. Para sorpresa del príncipe, la mujer lucía más atractiva de lo que recordaba, su rostro se mantenía igual, con la diferencia de un sano rubor natural y un brillo diferente en sus orbes de cielo terrícola, sus brazos no se encontraban más anchos, inclusive sus pies, eso lo supo gracias a que la presumida y vulgar terrícola lo mencionó en más de una ocasión. Lo que si llamó su atención por medio de la video llamada, fueron sus senos, era imposible ignorar que se encontraban más llenos, y cómo no verlos, con el escote que la mujer usaba en el momento de la llamada. Vegeta estaba seguro de que la vulgar hembra escogía esos atuendos a propósito, inclusive se llegó a preguntar si los usaba exclusivamente para provocarlo a él, o si se paseaba por toda la corporación así, pensamiento que le incomodó, no le agradaba la idea de ella mostrando sus atributos a otros machos, no por ser ella, sino porque cargaba a su descendiente. Al menos con ese pretexto disfrazaba los celos que le invadían.

En cuanto a los resultados de su entrenamiento, ya podía mantener sin problemas su transformación, inclusive logró incrementar el ki que desprendía. Pensaba hacer una épica aparición en el momento menos esperado, golpear con su imponente energía, el orgullo de Kakaroto y de las sabandijas que tenía por amigos. Casi lo podía palpar, pero su venganza no terminaba ahí, ya quería mostrarle a su crío, restregarle en la cara su formidable poder de pelea. Le había dado forma en su mente, lo visualizaba parecido a él, al igual que sus antepasados, le enorgullecía, tenía altas expectativas en el feto que Bulma cargaba en su vientre.

Se acomodó frente a la consola de la nave, dio un largo suspiro y encendió el motor.

-Al regresar, ya tendrá poco de haber nacido- sonrió con orgullo. Con el paso de los meses, fue creciendo la ansiedad en su pecho, le emocionaba tener un hijo, mucho más de lo que podía admitir. Era la primera vez que tendría algo realmente suyo, era la continuación de su legado, algo que creyó que moriría con él. Finalmente, tendría un compañero digno para entrenar y continuar fortaleciéndose, no tendría más a la soledad como compañera, y no es que le molestara, pero a veces extrañaba la camadería que llegó a tener con Raditz y Nappa.

La nave despegó sin ningún problema de por medio, durante el trayecto de regreso, continuaría con su entrenamiento, pero con la limitación de minimizar la energía que su cuerpo despedía, de lo contrario, causaría la destrucción de la nave, y por ende, su repentina muerte. Tronó los dedos de sus manos con emoción reprimida, no lo admitiría en voz alta, pero sus entrañas comprimiéndose le recordaban que se aproximaba la tan ansiada batalla y lo que más le emocionaba en el fondo, era conocer el resultado de su experimento con la intrépida terrícola.

El piso le pareció frío al contacto con sus pies desnudos, no sabía si era porque todo le incomodó durante la noche, o en realidad estaba más fresco de lo habitual.

-Al fin salió el sol. Creí que jamás amanecería- masculló apretando los dientes por el repentino dolor que la hizo doblarse debido a su intensidad. Los calambres comenzaron desde la noche anterior, siendo pequeños en las primeras horas, pero durante la madrugada se fueron incrementando, en duración e intensidad, hasta ser realmente insoportables.

Respiró con calma, como le había sugerido su madre en algunas charlas sobre sus experiencias en los dos partos que experimentó. Se dirigió a orinar una vez que bajó el cólico, revisó su ropa interior buscando algún rastro del tapón mucoso, el cual debería hacer su aparición, pero no, ni una sola mancha de nada, eso significaba que aún no dilataba. De nuevo la sorprendió otra fuerte contracción.

-Ya son cada cinco minutos, no puedo esperar más- limpió los rastros de orina y se colocó una bata que olvidó abrochar, apenas recordó calzarse sus pantuflas antes de salir de su habitación, tratando de mantener la serenidad. Ella no era una llorona, quería mostrar valentía y entereza, le había fanfarroneado al príncipe que tendría a su hijo de manera natural, y todo porque él mencionó que las hembras saiyajines parían sin anestesia, que solo las razas débiles la utilizaban, como los debiluchos de los terrícolas, que hasta para el dolor de un parto se acobardaban.

-Yo y mi bocota- gruño al recordar haber dado su palabra cuando dijo que no utilizaría nada para aminorar el dolor. Apuró sus pasos encorvándose cada vez que la atacaba una contracción, la que duraba segundos, que para ella eran insufribles minutos. Después del agonizante recorrido, al fin llegó a la habitación de sus padres, donde tocó la puerta con discreción, pues era muy temprano y la pareja solía mostrar actividad en la cocina una hora más tarde, pero Bulma ya no podía esperar más, en cualquier momento se rompería la fuente, era de carácter urgente correr al hospital.

En la nave, el príncipe tomaba un baño relajante cuando escuchó que sonaba el timbre de llamadas, con el sonido característico de campana telefónica. Pensó en correr a responderla, tal vez los androides habían aparecido antes, o el crío había nacido, pero desechó la idea de salir con prisa y desnudo de la ducha. En caso de que los androides estuvieran atacando, él no podía hacer nada desde donde estaba y eso lo estresaría, en caso de ser la segunda opción, igualmente incrementaría su ansiedad, por lo que tomó la decisión de no responder ninguna llamada y continuar con su trayecto hacia la tierra, enfocándose en su entrenamiento.

...

Ya casi comenzaba a anochecer y el pequeño híbrido continuaba torturando a su madre desde el interior de su vientre. Una enfermera se acercó a revisar a la cansada científica, para confirmarle con una amable sonrisa, que ya faltaba poco para terminar de dilatar. En esos momentos de dolor, Bulma maldijo el instante en que decidió dejar en las manos de Vegeta, la responsabilidad de evitar un embarazo, se sintió estúpida y cobarde, no estaba preparada para dicho suceso. Aunque había aprendido a querer al pequeño ser que crecía dentro de ella, el inmensurable dolor le nublaba la mente y le hacía sentir arrepentimiento por continuar con su embarazo.

"Maldito Vegeta"

Tomó aire apretando los costados de la camilla, su mente se encontraba agotada, su cuerpo, hasta su espíritu aventurero. Inclusive deseo morir antes de continuar experimentando semejante agonía. De pronto su organismo respondió de una manera que no esperaba, apenas alcanzó a encorvarse hacia el lado derecho antes de vomitar un líquido verde que se derramó en el piso. Un par de enfermeras la ayudaron a limpiar de su boca los rastros de bilis, mientras que otra se apuraba a limpiar lo que yacía manchando el pulcro piso.

Una hora después, cuando el sol recién se había ocultado, sintió unas enormes ganas de pujar, finalmente había dilatado y sorpresivamente no rompió la fuente durante todo el día. Pujó instintivamente con las pocas energías que le quedaban, y entonces sitió que algo viscoso salió de entre sus piernas. Por fin comenzaba el trabajo de parto.

La enfermera se acercó con el pequeño bulto en brazos. Lo primero que pudo distinguir, fue una pelusa en color lila coronando la pequeña cabeza de su bebé, estiró los brazos para recibirlo con una enorme sonrisa. Al sentirlo contra su pecho, desechó los malos pensamientos que la invadieron durante todo el rato que sufrió las contracciones, la extenuante experiencia le trastornó la mente, pero la intrépida Bulma estaba de regreso, con un motivo más en la vida para enfrentarse a lo que amenazara la paz de la tierra.

-Trunks, mi pequeño guerrero- le besó la frente con ternura y en respuesta el recién nacido abrió sus ojitos, tan azules como los de su madre, pero con el característico ceño arrugado de su padre.

Al momento que sus miradas se cruzaron, supo que él sería su más grande logro. Todo ese dolor que experimentó, había valido la pena.


Feliz año lectores.

Después de salir de viaje y festejar, al fin he publicado mi primer capítulo del año.

Como ven, no quise atorarme mucho en el embarazo, pues nuestros protagonistas estuvieron separados todo este tiempo y Vegeta necesitaba entrenar, pues ya tuvo muchas distracciones. Ha llegado el nacimiento del bello Trunks y la saga de los androides con ello.

Aviso desde ahorita, que no narraré lo que ya se ha visto en el manga y anime, pues ya todos sabemos lo que sucede. Me enfocaré en los momentos que no mostró Toriyama, y así espero no aburrir describiendo escenas bastante conocidas.

Los que ya leyeron Orgullo y tradición, es probable que ya sepan lo qué sucederá con la pulsera que obtuvo Vegeta.

Sin más por el momento, me despido deseándoles un grandioso 2020.

Agradezco mucho a quienes se toman el tiempo para dejarme un review, aunque no los mencione porque soy una cabeza dura, pero los leo todos y me animan a continuar esforzándome.