Ladrones

Miroku entrecerró los ojos bajo la luz del sol de la tarde hacia el barco que se dirigía directo hacia ellos. Cabello largo, color carbón apareció a la vista en la proa, y se relajó. Kagome e Inuyasha. La presencia de Inuyasha combinado con el poder que Miroku sintió la noche anterior de Web, además de los varios Maestros yokais que Web llevaba con él, quizás se habían encargado de que Miroku le dejara saber a Inuyasha lo que había en la sangre de Sango.

Aún así, Miroku no se fiaba de hablarlo en un lugar donde pudiese ser escuchado, lo que significa la totalidad de Mónaco. ¿Quién sabía cuántos de la gente de Web acechaba cerca, en busca de chismes para reportarle a él? Pero aquí fuera en el Mediterráneo, con música a alto volumen y más de un kilómetro y medio entre su barco y el más cercano, era lo más seguro que podía ser.

- Necesitas más protector solar otra vez. - Sango subió desde debajo de la cubierta, su mirada paso por su camisa sin mangas.

- ¿Buscando una excusa para acariciarme? No es necesario, querida. Quiero que lo hagas. - Bromeó él.

- ¿Por qué no iba a buscar cualquier excusa para tocarte? Tienes el cuerpo más asombroso que he visto nunca. - Ella sonrió mientras se acercaba.

Él se alegró de que la constitución física que había sido congelada a permanente cuando él trabajó en los campos como un convicto fuera agradable para ella. Una vez, su magro y musculoso marco era considerado un estigma de las clases bajas, pero los tiempos habían cambiado, y Sango era una mujer moderna.

- Sabes… Si Web tiene gente vigilándonos, no va a creer que estamos aquí porque tuviste un repentino deseo de obtener un bronceado. - dijo Sango, frotándole más protector solar en los brazos y los hombros.

- Los yokais no se broncean. Sin la protección UV, nos quemamos, nos curamos, y se repite el proceso una y otra vez. - Sus manos eran tan suaves, e incluso más calientes que el sol sobre él con la brisa fresca.

- Entonces Web sabrá que estás tramando algo. - Ella le dirigió una mirada pensativa.

- Él lo sospechara. Pero no sabrá qué, y hacer un viaje en bote es menos sospechoso que salir abruptamente de la ciudad. - acordó Miroku.

- No sé por qué le dijiste a Inuyasha después de que los dos habíamos decidido dejarlo fuera de esto - murmuró.

- Inuyasha sabía que un demonio había estado en tu casa. Sabía que estabas evitando el mundo de los yokais, y sabía que yo normalmente no tomo posesión de humanos. Una vez que me encontró, no habría dejado de cavar hasta que le digiera la verdad… y es posible que necesitemos su ayuda, por así decirlo. - Miroku apartó la botella de bloqueador solar y cruzó los brazos alrededor de ella.

- No tienes ninguna intención de abandonar la búsqueda de Nathaniel, ¿verdad? - Sango tomó un respiro profundo, su aroma salpicado de ansiedad.

- No. - dijo él suavemente.

- No importa si exitosamente te escondo a ti y a tu familia de Raum, siempre y cuando tengas esas marcas, cambiando tu sangre en lo que es ahora, no estarás a salvo, y no voy a aceptar eso. - Él pudo sentir como la mandíbula de ella se tensó contra su pecho.

- No dejaré que te maten por mí culpa - dijo Sango.

- No tengo intención de perder la vida. Nunca había tenido más por lo que vivir. - Miroku se alejó para mirarla a los ojos, tentado de decirle a Sango exactamente lo que sentía por ella, pero se detuvo. El bote de Inuyasha estaría aquí en cuestión de minutos. Prefirió no declararse e inmediatamente tener que cambiar de tema, sobre todo si ella sentía lo mismo. No, este no era el momento adecuado. Sango vio el barco que se aproximaba y suspiró.

- Ahí está Kagome. Wow, no la he visto en meses. - La lancha se detuvo al lado de ellos momentos después. Kagome tenía una enorme sonrisa en su rostro mientras saltaba a su bote, sin esperar a que Inuyasha atara la línea de amarre.

- ¡Sango! - exclamó ella, agarrándola en un abrazo. Sango lucía sorprendida por el saludo de Kagome.

- Pensé que estarías enfadada conmigo - dijo ella, su voz ya sea ahogada por la emoción, o Kagome había olvidado su fuerza y estaba apretándole demasiado fuerte.

- Por supuesto que no. - Kagome le dio a Sango otro apretón y luego su mirada cayó como un láser achocolatado sobre Miroku.

- Estoy enojada contigo - dijo claramente. Inuyasha captó su mirada y se encogió de hombros, ¿Qué esperabas?

- No te enojes con Miroku, le hice prometer no contarles a ustedes - dijo Sango de una vez.

- Realmente te he extrañado, Kagome. Sé que es mi culpa, pero... - Luego sus ojos color avellana se iluminaron.

- No. - Kagome la abrazó de nuevo.

- Entiendo, créeme - susurró. Una aparición nebulosa apareció por encima del hombro de Kagome, haciéndose cada vez más sólida hasta que la forma traslúcida de un hombre de unos cuarenta años apareció.

- Fabián ¿Cómo fue eso? - saludó Miroku al fantasma que Kagome había, de una manera moderna, adoptado.

- Ugh. Odio viajar por agua. No hay nada a lo que anclarme. - respondió el fantasma, estremeciéndose.

- ¿A quién estás hablando, Miroku? - Sango miró a su alrededor.

- A mi amigo Fabián, pero… no puedes verlo porque es un fantasma - explicó Kagome en forma de disculpa. Sango miró a su alrededor de todos modos, con los ojos muy abiertos. Miroku estuvo divertido hasta que otro montón de pelo negro y largo le llamó la atención cuando una tercera persona salió de dentro de la lancha.

- Hola, amigo - dijo Koga, dando a Miroku un saludo alegre. Miroku sintió una sonrisa estirar sus labios.

- ¡Koga! - Exclamó con una voz igual de alegre. Luego saltó a través de la embarcación y lo golpeó con fuerza suficiente para enviarlo catapultado al océano. Sango jadeó. Kagome escondió una sonrisa.

- ¿Era eso necesario? - Inuyasha rodó los ojos.

- Ciertamente lo era - Miroku respondió con frialdad.

- Está bien, ya sacaste eso de tu sistema. ¿Puedo volver al barco sin que me golpees de nuevo? ¿O debo permanecer aquí disfrutando de la vida marina? - Koga flotó en el agua, viéndose ni en lo más mínimo sorprendido.

- ¿Por qué no nadas hasta que encuentres un tiburón? Entonces pueden discutir cuánto ustedes dos tienen en común - disparó Miroku.

- Él sólo se preocupaba por ti - dijo Inuyasha.

- ¿De veras? Entonces debería haber encontrado su conciencia quebrando la confianza de alguien más - dijo Miroku brevemente.

Koga nadó hacia la orilla del otro barco, evitando la lancha donde Miroku seguía en pie. Sus labios se curvaron cuando vio a Koga poniéndose de pie al lado de Inuyasha, Kagome, y Sango. Puedes ocultarte detrás de ellos, pero aún así llegaré a ti. El fantasma sabiamente se hizo a un lado.

- Estabas actuando enloquecido, Miroku. Encaprichándote con una humana, saltando sobre todo el que la miraba con interés. Susurrando sobre chantaje y marcas. Buscando Dragón Rojo. Matando a la persona que te dije lo vendía… sí, oí que Black Jack terminó asesinado. ¿Por qué no iba a estar malditamente preocupado? - Koga miró a su alrededor antes de hablar.

- Entonces, deberías haber venido a mí - rechinó Miroku, juzgando si podía alejar a Inuyasha de Koga sin que Sango fuese sacudida en el proceso.

- Lo hice. Te negaste a confiar en mí. - Koga le dio a Miroku una mirada insondable.

- Por una buena razón, de lo contrario Inuyasha no estaría aquí - replicó Miroku con un resoplido de incredulidad.

- Um, muchachos... - Kagome comenzó.

- Sé que soy un podrido bastardo, pero hay cuatro personas en el mundo que nunca podría soportar ver dañados, aun a costa de mi propia vida… Dos de ellos están aquí, pero ninguno de ellos confía en mí. Créeme, incluso imbéciles despiadados como yo pueden sentirse afectados por eso. - dijo Koga con voz firme, su clara mirada turquesa.

- Sin embargo, mientes, Koga, y manipulas, incluso a nosotros dos - dijo Inuyasha en voz baja.

- En cosas pequeñas e insignificantes. Nunca en algo que podría significar sus vidas. Caray, bestia, me humillaste por Kagome, pero ¿Busqué venganza? No. ¡Fui a la maldita guerra contigo menos de un año después! Soy lo que soy, pero no me etiqueten de lo que no soy en lo que se refiere a cualquiera de ustedes. – gruño ofendido.

- Saben que no me gusta el hombre, pero tiene un punto. Él estuvo allí para Inuyasha cuando nunca pensé que estaría, y terminó casi muerto un par de veces. - dijo Kagome, moviendo la cabeza.

- Muchas gracias por los elogios, Parca Negra - dijo Koga en un tono cáustico.

Miroku pensó en su larga historia con Koga. Desde que había sido una espina cuando lo conoció al principio en el barco de convictos, a cuando Koga le había convertido en yokai por llamarlo un favor, a pesar de que Miroku no quería. Durante los siguientes siglos, hubo un sinnúmero de otros incidentes cuando Koga fue más propenso a morder la mano que Miroku le tendía en lugar de tomarla, pero cuando las cosas fueran realmente terribles... Koga no le había traicionado. Tenía razón acerca de eso.

- Si insistes en seguir adelante buscando a Nathaniel, vamos a necesitar toda la ayuda que podamos conseguir. - Sango le llamó la atención.

- Si me traicionas en lo que estoy a punto de decirte, es probable que termine muerto. Y si no es así, te encontraré y te mataré - Miroku le dio una a Koga una mirada deliberada.

- Condiciones aceptables, amigo. - Koga se encogió de hombros.

- La fuente de Dragón Rojo de Web es probablemente un tío marcado por un demonio llamado Nathaniel. Robaré a Nathaniel de Web con el fin de devolverlo al demonio que lo marcó, y tengo que hacerlo antes de que nadie se dé cuenta de Sango es ahora una fuente, también. - Miroku miró a Sango nuevo. Su cabello castaño oscuro mezclado con las hebras carmesí del atardecer en el viento, por un segundo, viendo ese flash de rojo por la cara de Sango le trajo el recuerdo de la imagen sin vida de Giselle empapada en sangre. No Sango, se prometió. No esta vez.

Sango trató de no pensar en la última vez que estuvo en una casa con Miroku y Kagome bajo circunstancias peligrosas… sin mencionar, que había un fantasma, también. Ella estaba lo suficientemente nerviosa, sin los recuerdos terribles convirtiéndose en un TEPT. Por enésima vez, miró el reloj. Casi las 2 a.m. ¿Qué estaba retrasando a Koga? ¿O a Inuyasha?

- ¿No quieres algo de comer? - preguntó Miroku, apretándole la mano

- No, estoy bien. - Su estómago soltó un aullido afirmativo, pero con lo tensa que estaba, Sango tenía miedo de que si comía algo, podría devolverlo.

Kagome estaba claramente rara, también. Había querido ir con Inuyasha, pero él dijo que era mejor si se quedaba atrás. No porque estuviese preocupado por ella, pero la vista de Kagome despertaría demasiadas sospechas. Solo, con su poder encubierto, tenía una oportunidad de no ser reconocido acechando por las calles cerca de la propiedad Web. Con Kagome, las probabilidades disminuían.

Y Kagome no podía leer mentes, como Inuyasha podía y saber si Koga estaba en peligro cuando se dejara caer en casa de Web bajo el pretexto de estar en el vecindario. Era posible que Koga hubiese venido a Mónaco para ver Miroku, e Koga conocía a Web por un par de tratos oscuros en el pasado. Sango puso en duda la sabiduría de Koga haciendo reconocimiento en la casa de Web, pero él lo descartó.

- Web me conoce como un sinvergüenza - Koga había dicho con una sonrisa sesgada.

- Él no va a pensar nada de mí pidiendo una sustancia ilegal, mientras que Miroku o Inuyasha le pondrían bien nervioso. Pero, ¿Quién alguna vez me confundiría con un hombre de honor? - Tenía un buen punto.

- Tengo que decir, que yo si me estoy poniendo hambrienta - señaló Kagome, poniéndose de pie mientras lo decía.

- Oh, Miroku tiene una tonelada de comida que quedó de la fiesta… ¿Qué? - dijo Sango, deteniéndose con la mirada que le dio Kagome.

- Mierda, se me olvidaba que no sabes... - comenzó Kagome.

- ¿Qué? - Preguntó Sango con más énfasis.

Los ojos cafés de Kagome cambiaron a rojo. Eso no era nada inusual, era una marca de su lado medio yokai que Sango había visto infinidad de veces. Pero entonces Kagome abrió la boca en una sonrisa tímida para revelar dos colmillos superiores que nunca había estado allí antes.

- Mierda. Lo hiciste. En realidad lo hiciste. - susurró Sango.

- Hace unos meses - dijo Kagome, los colmillos retrayéndose hasta que sus dientes normales se mostraron una vez más.

- Al principio las cosas fueron demasiado locas para mí, para contarte al respecto, pero entonces... - Sango miró hacia otro lado. Sí. Entonces no estaba tomando las llamadas de Kagome.

- Lo siento - murmuró.

- Está bien, sabía que necesitabas más tiempo. – respondió Kagome en voz baja.

- Será mejor que seas bueno con ella. - Ella le dio a Miroku una mirada más dura.

- ¿O me meterás algo de plata donde el sol no brille? - Miroku preguntó, sonriendo a Sango. Ella apartó la mirada en vergüenza ante la amenaza que había lanzado contra él esta mañana.

- Lo tienes, compañero. - Kagome asintió con la cabeza.

- Y lo mismo para ti con Inuyasha, Parca Negra - replicó Miroku en un tono suave. Sango sofocó un resoplido. Como si la caballería de Miroku le permitiera hacer cualquier cosa a una mujer. El castigo más duro que podría imaginar impartiendo a Kagome era que se negara a abrir una puerta para ella.

- Shh… - dijo Miroku de pronto. Sus ojos se estrecharon.

- Escucho algo. - Sango tensó sus oídos, pero se quedó sin nada.

- ¿Es eso, alguien cantando? - Kagome ladeó la cabeza y luego echó una mirada incrédula a Miroku.

- Así parece. - Miroku dejó escapar un resoplido. Sango aún no podía oír nada, para su frustración. Una vez más maldijo sus marcas por no darle ninguna habilidad útil. Finalmente, después de unos sólidos cinco minutos, captó el sonido a la deriva desde el exterior.

"...Yo soy el modelo de un Mayor-General moderno..." La voz de Koga, fuerte y fuera de tono.

- ¿Es eso un código? - Sango parpadeó.

- No. Es Piratas de Penzance - Miroku sacudió la cabeza con disgusto. Inuyasha sin hacer ruido entró por la puerta un momento después, asombrándola.

- Está tan malditamente encabronado, que apenas puede caminar - anunció.

Sango sabía suficiente argot británico ahora para saber que no quería decir Koga estaba enojado, y sólo había una cosa que podía embriagar a un yokai. ¿Estaba Nathanial en casa de Web? ¿O había Koga conseguido el Dragón Rojo de un vial, como Black Jack lo distribuía?

"Soy muy bueno en cálculo diferencial e integral," continuó cantando Koga, interrumpido por un golpe y, a continuación,

- ¿De dónde salió esa maldita estatua? Er, es una imitación de todos modos. "Yo sé los nombres científicos de los seres animalculados..." -Después de más ruidos de tropiezo, el yokai cantando opereta apareció. Los ojos de Koga estaban inyectados en sangre, tenía una mancha de suciedad en su rostro, y su camisa estaba mal abotonada.

- ¡Hola a todos! Esha fue una noshe de primera.- Anunció Koga alegremente.

- Koga, compañero, te ves un poco peor para el uso. Vamos a tener que meterte en la cama antes de que rompas nada más. - Miroku se rió, mirándolo.

"Sé nuestra historia mítica, la del Rey Arturo y la de Sir Caradoc…" siguió cantando Koga. Kagome miró a Inuyasha y soltó un gruñido.

- Inútil - murmuró. Miroku cogió a Koga, siseándole algo al oído que Sango no oyó.

- Miroku, amigo, te preocupas demasiado. Soy un hombre adulto, lo soy, y puedo sangre mi manejar. - Fuera lo que fuese, Koga se echó a reír.

- ¿Manejar tu sangre? - Inuyasha ofreció secamente.

- Exactamente. - Koga sonrió. Sango suspiró. Estaba claro que no recibirían ninguna información esta noche de Koga.

- Antes de que te vayas, compañero, enciende la tele. Algo obsceno, también. Creo que me sacudiré una antes de dormir - Ella, Inuyasha, y Kagome siguieron a Miroku mientras sostenía a Koga, casi cargándolo por las escaleras hasta volcarlo en la cama en una habitación de huéspedes.

- ¡Dios, eres asqueroso! - se quejó Kagome. Sango estuvo de acuerdo. Para su sorpresa, Inuyasha atravesó la habitación, cambió los canales, y se detuvo en algo pornográfico, subiéndole el volumen. Gemidos, gritos y gruñidos llenaron la habitación. Koga se incorporó como un títere de un tirón a la acción.

- Tiene a alguien allí con Dragón en su sangre - dijo bajo, la confusión considerablemente disminuyendo en sus palabras.

- No podría decir si él coincide con tu descripción, muñeca, porque le tenían cubierto a excepción de los muslos, el culo y la polla. Lástima que no describieras uno de ellos, o sabría inmediatamente si se trataba de tu tipo. - La boca de Sango cayó, tanto en su sorpresa por la recuperación brusca de Koga, como por oír el estado en que Web tenía al hombre que podría ser Nathaniel. Miroku no se vio sorprendido por eso. Su boca se puso en una línea sombría.

- Ofertas con el paquete - murmuró, echando un vistazo en su dirección. El estómago de Sango se volvió pesado, alegrándola por no haber comido antes. Ella miró a Koga en horror. ¿Él no había, no había...?

- Digo, mira los melones en esa muchacha… Y está dotado como un semental. - exclamó Koga, su mirada ahora en la TV.

- Céntrate, amigo - murmuró Miroku. Koga le dio a Miroku una sonrisa ladeada que le dijo a Sango que podría no estar tan afectado como había pretendido, pero que lo que había bebido había dejado su huella.

- No follé con el tío contra su voluntad, por supuesto, así que tomé un trago de su muslo y eso fue todo. Costó un lujoso poco de libras por un probada directa, también, versus la embotellada y mezclada versión que Web vende. - Sango se estremeció. Habría sido expuesta en esa posición indefensa y humillante a cualquier yokai para morder o violar, si Black Jack la hubiese llevado a Web como lo había planeado.

- ¿Qué tan seguro es el cuarto en que está? - preguntó Inuyasha, absorbiendo todo sin un cambio en su expresión.

- ¿Hmm? Ah, muy protegida. Prácticamente un condenado calabozo, aunque más elegante. Web, me vendó los ojos, así que no sé por qué puerta pasamos, pero está en el sótano. Cinco yokais en la sala, uno de ellos un Maestro. Al menos siete Maestros más en la casa, además de Web. Y muchas malditas armas de plata. - La mirada de Koga vagó de regreso a la televisión antes de que se volviera hacia Inuyasha. ‖

- ¿Te vendó los ojos? No debe confiar en ti tanto como pensabas - reflexionó Miroku.

- Todo el mundo actuaba como si fuera el procedimiento normal. Me sorprendió al principio la facilidad con que Web admitió tener una fuente en su casa, pero debe considerar que sólo su gente sabe cómo de raras son las fuentes. Si no fuera por ella, ninguno de nosotros sabría qué le causó al tío tener Dragón Rojo en sus venas, ¿no? Otros yokais deben pensar que es un producto químico que Web hace y sólo inyecta humanos al azar. Web fue sacudido por ti mudándose en la casa de al lado, sin embargo... y ¿Esta habitación está girando, o soy yo? - Koga hizo una pausa para mover la cabeza.

- Eres tú, ahora continúa - dijo Miroku brevemente.

- Web seguía hablando acerca de por qué tú te levantarías y dejarías tu hogar ancestral. ¿Sabía yo por qué lo que hacías? ¿Quién era la mujer contigo? Pegado en eso, estaba. Está suficientemente fastidiado como para mover la fuente pronto. – murmuro Koga, la verdad no podía decir si estaba ebrio o fingia.

- Maldición. Tendrá que ser ahora. - juró Miroku. Se encontró con la mirada de Inuyasha.

- ¿Ahora? - Espetó Sango, olvidando susurrar. Miroku se acercó a ella y la acarició con la mano por los hombros.

- El amanecer estará aquí dentro de unas horas así estarán terminando, lo más fuera de guardia que van a estar. Esperar sería más riesgoso. - ¡Es demasiado pronto! Sango quería gritar, pero apretó los labios y asintió. Ella nunca se sentiría cómoda al dejar a Miroku en esa situación, y si era más seguro ahora, mejor ahora que después.

- Tienen cámaras fuera de la casa, alarmas, probablemente dentro de la misma, también. No será un ataque sorpresa, amigo. ¿Tienes algún otro yokai aquí lo suficientemente fuerte y digno de confianza como para unirse a nosotros? - Inuyasha señaló.

- Uno. - Miroku asintió.

Miroku se ató el resto de sus cuchillos de plata. Inuyasha, Kagome, Koga, y Alten hicieron lo mismo. El metal escondido en vainas en las piernas y en los brazos o en las fundas de la espalda eran los únicos destellos de color en sus conjuntos completamente negros. Fabián no llevaba armas, por supuesto, pero iba también. Podía no ser capaz de luchar, pero el fantasma sería un gran beneficio de otra manera.

Miroku sintió una oleada de gratitud al verlos. La lealtad de Inuyasha era interminable, la presencia de Kagome era testimonio de eso. Inuyasha odiaba ponerla en peligro, no que su esposa necesitara mimos. Koga, ahora que había drenado el Dragón Rojo de sí mismo y bebido profundamente sangre humana para reponer esa pérdida, estaba tan letalmente centrado como siempre. En cuanto a Alten, Miroku ni siquiera había necesitado explicar las circunstancias antes de que su amigo accediera a ayudar. Miroku estaba agradecido por ese día hace ochenta años atrás, cuando había convertido a Alten. Alten sería un buen Maestro de su propia línea, cuando decidiera irse.

La sangre contaminada de Nathaniel hacía atacar a Web más fácil y más difícil a la vez. En el lado positivo, Miroku no tenía que preocuparse acerca de la ley contra el robo de la propiedad de otro yokai. ¿Con quién iba a quejarse Web? No con los Guardianes de Ley, los que masacrarían a Web en el momento en que se enteraran de lo que había estado haciendo con Nathaniel. Web no podía arriesgarse a decirle a otros yokais tampoco, por temor a que uno de ellos informara de sus actividades.

En el lado negativo, Web no dejaría que la fuente de su industria de millones de dólares huyera fácilmente por la puerta. Web era un poderoso yokai Maestro. Además de él, Koga había informado también que había otros ocho yokais Maestros en la casa, además de otros guardias no-muertos. La mejor manera de asegurarse de sacar a Nathaniel con vida era un ataque rápido y brutal. El amanecer vería sangre derramada, de eso, Miroku no tenía ninguna duda.

Razón por la cual había enviado a Sango hace media hora a los muelles. Ella había querido ir con ellos, insistiendo en que su presencia era necesaria porque ella era la única que sabía cómo lucía Nathaniel. Miroku contrarrestó diciendo que si había más de un tipo con Dragón en la sangre, lo agarrarían, también, pero no tenía sentido llevar a Sango a asaltar la casa sólo para hacer una identificación. No quería asustarla haciendo hincapié en lo peligroso que era para ellos, todos yokais fuertes, atacar la casa bien resguardada de un yokai Maestro. Por todo lo que sabían, Web podría haber fortificado su casa con trampas explosivas. Así que ¿Dejaría a Sango, en su mayor parte humana, ir con ellos? La matarían o conseguiría que lo mataran a él protegiéndola. O las dos cosas.

Miroku trató de calmarla diciendo que la necesitaba para que se encargara del bote de escape donde se encontrarían, pero Sango vio a través de la mentira, porque se había alejado en frustración. Egoístamente, Miroku esperaba que esta fuera otra razón por la que Sango le daría la bienvenida a convertirse una vez que se liberara de sus marcas. Ser un yokai tenía algunos inconvenientes, pero esos eran eclipsados por los muchos beneficios, en su opinión.

- La presencia de Fabián será invaluable para búsquedas y advertencias, pero si las cosas se ponen feas, Kagome, ese nuevo poder de piroquinesia tuyo será muy útil, también - dijo Miroku, poniéndose un último cuchillo.

- Sí, sobre eso... ya no lo tengo. - Ella hizo una mueca.

- Hace sólo unos meses, hiciste explotar una casa entera y la cabeza de un yokai Maestro justo sobre sus hombros. ¿Estás diciendo que esa habilidad se ha ido? - Las cejas de Koga se elevaron.

- Debido a que era una mestiza antes de cambiar, al destino le pareció divertido que me alimentara de sangre de yokai en lugar de sangre humana. Absorbo la energía de la sangre de no muertos cada vez que bebo… y, a veces, eso significa cualquier poder especial que el yokai tenga, también. Un poco como los yokais normales absorben la vida de la sangre humana cuando beben. Pero al igual que los yokais necesitan seguir alimentándose de forma regular para mantener la vida en ellos, el poder que absorbo de la alimentación de yokais se desvanece con el tiempo. Así que la pyrokinesis que absorbí después de beber de Sesshomaru era sólo temporal. Para todo los que mis manos son buenas ahora es para lanzar cuchillos. O hacer aparecer chispas. – Kagome se miró las manos y suspiró.

- Si eso no es de conocimiento común, todavía podríamos ser capaces de utilizarlo para nuestro beneficio. La amenaza de que eres pyrokinetica podría ser suficiente para invertir la situación, incluso si ya no lo eres. - Miroku digirió eso.

- ¿Quieres que farolee si las cosas se ponen feas? - Preguntó ella con incredulidad.

- Si estamos en graves problemas, ¿Qué se pierde por intentarlo? - Él se encogió de hombros.

- Esperemos que no nos encontremos en tantos problemas, amigo. - Inuyasha resopló con gravedad.

- Estoy de acuerdo - murmuró Koga. Miroku miró el reloj. Casi 3 a.m. Ya era hora.

- Recuerden, el humano tiene que ser capturado con vida. Pero todos los demás pueden morir. - dijo. Entonces su voz se endureció.

Sango se quejó en voz baja mientras ella, Bootleg, y otro yokai llamado Lyceum llegaban al muelle de Fontvieille. ¿Qué tan estúpida pensaba Miroku que era ella? Oh, por supuesto, que contaba con ella para tener el barco en las coordenadas correctas en el Mediterráneo. Por eso había enviado a dos otros yokais con ella.

- Hueles molesta - comentó Bootleg de forma conversacional.

- ¿Qué tan estúpida piensa que soy? - Sango espetó en voz alta esta vez.

- Oh, por supuesto, soy tan necesaria aquí. ¡A excepción de la parte en la que ni siquiera se cómo manejar un barco! - Lyceum no hizo mucho por sofocar su risa.

- No sé lo que están haciendo, chéri, y si Miroku no me lo dijo, es peligroso. No esperarías realmente que te llevara, ¿verdad? Eres humana. - El yokai lo dijo de la misma forma que quizás lo habría dicho con la palabra idiota. Sango apretó lo puños. El elitismo yokai cuando se trataba de humanos era tan rampante como era exasperante.

- Humanidad no significa inferioridad. Y tú no dejas a tu único testigo atrás cuando estás buscando al perpetrador. - dijo ella.

- Lo haces si puede haber peligro - dijo Bootleg con un encogimiento de hombros.

- Sobre todo porque eres tú. - Sango lo miró con curiosidad y molestia.

- ¿Por qué especialmente yo? - Era considerada extra indefensa por ser mujer humana, ¿O le había dicho Miroku a Bootleg lo que había en su sangre?

- Debido a Giselle - respondió Bootleg.

- Muy cierto - intervino Lyceum.

- ¿Quién o qué es Giselle? - Sango sentía como si estuvieran hablando en otro idioma. Los dos yokais intercambiaron una mirada que dejó de Sango en seco.

- No se les ocurra guardarse eso, o yo... le diré a Miroku me dejaron escapar… - improvisó.

- ¡Y que me asaltaron! - agregó por si acaso. Gritos de "¡Mon Dieu!" y "¡Eso no es justo!" Se hicieron eco inmediatamente de los dos yokais.

- Soy una mujer humana loca, saben que lo haré - les advirtió Sango, su sistema de alerta interior le decía que esto era importante.

- Tu sacaste el tema. Tú díselo. - Lyceum le dio a Bootleg una fea mirada.

- Giselle fue la amante de Miroku durante la guerra Franco-Prusiana. Tenía la intención de casarse con ella, excepto que ella seguía siendo humana. Tienes que ser un yokai para casarte como uno, y Giselle se resistía a cambiar. - Algo así como un suspiro salió de Bootleg. Lyceum murmuró algo en francés que hizo a Bootleg asentir. Sango no necesitó traducción para adivinar que era algo despectivo sobre la elección de Giselle.

- ¿Y? - preguntó ella, premoniciones deslizándose hacia arriba por su columna.

- Miroku fue llamado por su sire para ayudar en alguna disputa. No llevó a Giselle en caso de que la guerra estallara entre su sire y el otro Maestro. Ella debía quedarse en su palacio. Pero semanas más tarde, cuando Miroku mandó a decir que todo estaba bien y que regresaría pronto, Giselle decidió ir a él en su lugar. Envió un mensajero delante para anunciar su llegada. - Bootleg lanzó una mirada de reojo a Sango que le dieron ganas de pegarle en la impaciencia.

- Continúa - dijo ella.

- En el camino, su carruaje tuvo un accidente o fue atacado, no lo sé. Pero si sé que Giselle fue violada por un grupo de desertores franceses… ya fuera antes o después que la mataran - resumió Bootleg sin rodeos.

- Miroku fue a buscarla cuando no llegó en el momento que su mensaje describía. Encontró su cuerpo en el bosque. - Sango se sintió enferma cuando muchas cosas hicieron clic en su lugar.

¿Por qué tenías que matarlo? le había preguntado hace meses a Miroku, de pie sobre el cuerpo de su atacante en el estacionamiento. Por lo que intentaba hacer. Nadie merece vivir después de eso. Y el comentario de Koga, No he visto a Miroku ser así de atento con un humano en casi ciento cincuenta años... ¿No te ha hablado de ella aún? Luego, la semana pasada en Nevada, No tienes idea lo mucho que sí entiendo...

Miroku conocía el horror de descubrir el cuerpo roto de alguien que amaba, al igual ella. Era la sensación, más terrible, más indefensa, más desgarradora, e inducidora de rabia en el mundo. ¿Por eso Miroku nunca se relacionaba con humanos? Realmente tenían mucho en común. Miroku rechazaba relaciones con humanos a causa de Giselle, y Sango había evitado el mundo no-muerto a causa de Randy. Qué irónico que hayan sido atraídos el uno al otro a pesar de estas reservas.

- Chéri, no llores - dijo el Lyceum en voz baja.

- Eso fue hace mucho tiempo. - Sango se rozó la mejilla, dándose cuenta entonces que estaba mojada.

- Lo siento. Yo sólo... sé lo que se siente - concluyó ella, limpiándose la otra mejilla.

- Estamos contentos de que hayas aparecido. Es bueno ver a Miroku feliz de nuevo. Vaya, apuesto a que va a hacer volteretas una vez que cambies a yokai. - dijo Bootleg, sonriéndole.

- ¿Qué te hace pensar que voy a hacer eso? - Por segunda vez, Sango se detuvo en seco.

Continuara…