Capítulo 18: El fuego de un atardecer


Ambos habían terminado de comer y cada uno dejó de lado su plato para ir a degustar el postre, pero fue Viktor quien rompió el silencio.

Fui un «imperator».

Yuuri vaciló ante la confesión de Viktor mientras arreglaba los platos.

Era una palabra en latín con el fascinante significado de ser un emperador. En el caso de Viktor, era el emperador de la sensualidad pura y dura, porque la verdad es que Viktor es un tipo magnético.

—Y...

Yuuri terminó de ordenar la mesa y apartó la vista de su plato, posando así sus ojos avellanos en la azulina mirada del ruso, dudando en preguntar sobre el origen de esa palabra y del por qué él mismo se atribuyó dicho apodo.

El japonés pensó que a lo mejor Viktor hizo eso por ponerse un juego él mismo, o por el contrario, solo fue casualidad.

Yuuri apenas podía imaginar que algo oscuro rodeaba esa palabra, tal vez no tanto.

—¿Y?

Viktor sostuvo la insistente mirada de Yuuri, la cual estaba dudosa, parece que Yuuri quería decirle algo más al ruso, pero que claramente no se atrevía. Sin embargo, con su valentía y la insistente mirada de Viktor sobre él, Yuuri no tuvo más remedio que preguntar.

—¿Qué es un imperator? —Y allí estaba la gran pregunta de Yuuri.

—Bien, antes de responder, lo que te iba a contar es que todo comenzó hace tres años, aparte de hacer esquí, vendía mi «compañía» a hombres o mujeres de alto rango que deseaban estar conmigo, y sí, lo hacía por más dinero —confesó con miedo a la reacción de Yuuri, dado que fue solo una manera más rápida de vender marcas y llenar sus arcas para hacerse más rico de lo que ya era, claro que no gastaba casi en nada, lo ahorraba—, y cuando hablo de compañía, me refiero a ser acompañante de alguien, sin haberme acostado con él o ella. El hecho es que ellos pedían algo más, algo que les generará un placer más profundo.

¿Hombres y mujeres? Viktor era bisexual. Fue la primera noticia de la cual se enteró Yuuri, ¿acaso debía temer a preguntar? No. Así que iba a ir al grano.

—Viktor: Perdona que interrumpa con otra pregunta, pero, ¿eres bisexual?

Viktor se desconcertó ante la misma, pero luego respondió sin problema alguno.

—No sé cómo identificarme sin sonar absurdo, pero soy casi bisexual, y casi porque realmente me gustan mucho más los hombres, pero de ser mujer tendría que ser un caso muy especial. ¿Y tú, Yuuri? ¿Qué eres? —Yuuri al oír la pregunta lo miro curioso—, y vaya cambio de tema Yuuri. ¿Esto es importante para ti saberlo?

—No, es solo que tenía curiosidad —Viktor sonrió y sintió los nervios en Yuuri—, yo... antes no me gustaba nadie, pero fui explorando una parte de mí y me di cuenta que me gustan los hombres solamente. Me da miedo decirlo, no todo el mundo lo va a tomar igual o bien.

—Oh, ya veo mi vida, y eso está bien, no le prestes importancia a los demás, lo importante es que sabes amar a quien amas, y debes sentirte bien contigo, no con lo que otros puedan decir de ti —Yuuri se estremeció al sentir las caricias de los dedos de Viktor sobre su mejilla—, y yo me alegro de haberte encontrado, Yuuri. Gracias por confiar en mí, todo esto que me dices me libera de un gran peso también.

Aparte de interrumpirlo, a Yuuri sin duda le pareció ambicioso lo de querer más dinero, y por mucho, no podía creer que a Viktor le gustara mucho darse lujos, aunque estaba claro que a la gente le gustaba desperdiciar su dinero, porque algunos necesitaban comprar una vida, dado que sus vidas eran muy monótonas o ellos eran muy ambiciosos también.

Y Yuuri sabía que Viktor no era de ese tipo, Viktor era alguien con gustos especiales. Era diferente al resto de los hombres y mujeres de ese mundo.

—Pero bueno, ya estamos claros en esto y volviendo al tema, eso que me dices, ¿eso no sería como ser un Daddy o en tu caso eras un Baby?, además, es muy ambicioso de tu parte, sobre todo si tienes dinero —Yuuri no se cortó en decirlo—, aparte de que... ¿Sabes? Es que solo alguien que vive en «yupilandia» creería eso de que los suggar daddy solo regalan su dinero a cambio de compañía.

Viktor soltó una sonrisa ladina de lado a lado, pero a la vez se sintió terrible por la sinceridad que Yuuri mostraba ante estos temas.

—Es verdad, los daddies pueden pedir muchas cosas, no te van a financiar así por así solo porque les gustes o quieran un poco de compañía —Viktor se sinceró—. Al menos debes ser una persona con objetivos o metas en común, porque ahora la mayoría te pide hacer más cosas que antes, y pues ya no es tan divertido buscar un daddy, dado que a los adultos les gusta mucho la gente con algo de materia gris en la cabeza, sobre todo a los europeos. Que somos personas con mucha cultura. Créeme, lo digo desde la experiencia, aunque no me guste este tipo de cosas, hablo por experiencia.

La sociedad y las necesidades cambian, lo que antes estaba de moda, pronto deja de serlo, más cuando las personas cada vez exigen más y más. El mundo nunca estará satisfecho.

Quizá por eso algunos tomen otros caminos y dejen eso de lado, porque quizá se den cuenta que no toda la vida es lujo, la vida significa muchas cosas, cosas que la hacen divertida y triste a la vez.

—Yo sabía que había más requisitos, y no puedo estar más de acuerdo con ese tipo de daddies, pero Viktor, tú eres el sueño húmedo de una gran masa de gente.

Confesó el japonés, riéndose, pero poniendo en tela de duda ese pensamiento acerca de los papis de azúcar, dado que él mismo era una parte de esa masa ahora, pero dada la circunstancia, Viktor estaba lejos de ser ese prototipo, teniendo así el potencial para serlo.

Así que, muchas veces lo que para algunas personas pueda significar una gran necesidad de alcanzar sus sueños, mediante alguien que tiene la disposición de ayudar, ha de ser derrumbado por el orden natural de las cosas, si esta persona no demuestra ser la persona adecuada que dice ser.

—Yuuri, cuando Chris dijo que yo tenía una parte oscura, no es tan oscura realmente, solo fue un placer culposo de mi pasado que sucedió por pura curiosidad —y de nuevo captó la atención de Yuuri, quien parecía absorto ante tal historia—. Mi lado eros es una combinación de aquel placer, porque que un imperator es una palabra en latín que significa emperador, que sería el título supremo para el señor rey de reyes. Es una forma de marcar territorio.

Luego de esa confesión Yuuri tenía una cara de sorpresa. ¿Viktor, un rey de reyes? Vaya, eso sí que era nuevo, entonces Yuuri se empezó a interesar más en la vida del ruso, no sólo porque estuviera intrigado, sino porque tenía miedo a las sorpresas desagradables.

Y esas sorpresas solían ser personas del pasado que aparecen en el presente. ¿A quién no le ha pasado? Bueno, Yuuri nunca, pero no quería que eso destruyera su corazón con lo frágil que era.

Tener un corazón frágil es de humanos, nadie está hecho de piedra, sino los humanos no serían lo que son ahora, ni tienen diferentes ideales.

—A ver, me estás diciendo con todo esto que me has explicado que pudiste haberte acostado con esas personas si hubieses querido —fue la primera cachetada directa a la cara confusa de Viktor—, y si estoy entendiendo bien, un imperator es algo así como un tipo de dominatrix que adopta las conductas sexuales del BDSM, pero a la vez, es algo como un daddy, ¿o me equivoco? Vale, pero la contraparte de una dominatrix sería un maestro, digo según lo que he investigado.

A Yuuri le dio vergüenza seguir hablando de más, es que ya había metido la pata hablando del tema y desafiando a Viktor, pregunta tras pregunta, y palabra tras palabra.

La cara de Viktor parecía un dilema, ¿Yuuri había investigado sobre esos temas? Eso sí que llenó al ruso de sorpresa, es que no salía de su asombro tras semejante revelación. No se imaginó que su cerdito era tan curioso.

Luego de enterarse de esos detalles, Viktor no dijo nada, solo siguió pensando en cómo iba a terminar de contarle la historia de modo más suave, sin que Yuuri sienta incomodidad alguna.

La inteligente deducción de Yuuri era buena, pero aparte de eso, había algo que estaba molestando a Yuuri, y Viktor lo dedujo tras ver su rostro de confusión.

—Primero, no me acosté con nadie, y durante esos tres años si he salido con un par de personas, unas cuatro, lo recuerdo bien, pero no llegamos a esos términos de tener sexo, dado que nadie soportaba a Julio Caesar Viktor —Yuuri tomó un suspiro intentando no reírse por la comparación con el emperador romano—, bueno, sí, es como ser un maestro, pero con dos diferencias. Un imperator está a un nivel más allá de ser un maestro, un imperator usa su encanto para poner al mundo bajo sus pies. Dentro de su práctica sexual, el emperador incluye el amor y el espíritu, por eso la persona que desea recibir los favores del imperator, debe conquistar su espíritu. El imperator domina de forma pasiva, indirecta o directa, el domina con las palabras, los versos, y el resto de juegos BDSM vendrán con más cautela. El imperator es romántico y a la vez malo como el Caesar. Es como un bonus, pero si logras conquistarlo y obtener su amor, él o ella te tratará como su igual y tendrás todos sus favores.

Yuuri al oír tal confesión no aguantó y se echó a reír porque se sintió un poco mal por la falta de experiencia, sin embargo, también estaba fascinado cuando dijo que podía poner el mundo a sus pies y vaya, Viktor hacía que los demás se enamoraran de él.

La percepción de Yuuri no estaba muy afinada en ese momento, o no estaba muy convencido del todo, sobre todo de que Viktor no había tenido sexo. Bueno, eso entendió, porque los juegos eran otra etapa de eso.

—Es que... Vitya, es casi imposible creer que no tuvieras sexo con ninguno de ellos —Viktor pegó un respingo por el golpe tan directo de Yuuri—, perdón es que tienes 40 años, Viktor, y no se lo has metido a nadie o al revés, no sé...

Y sin duda eso fue un golpe todavía más duro, directo al pecho del ruso. Es que, si Yuuri no le daba con un bate en la cabeza, era capaz de agarrar la máquina de lanzar pelotas y ponerla en forma automática para golpearlo hasta el cansancio.

La curiosidad de Yuuri era enorme, pero Viktor podía lidiar con eso.

Sin embargo, el ruso se cuestionó algo. ¿Era tan malo ser virgen a los 40? Realmente no hay gente que ha llegado a esa edad sin necesidad de que el sexo sea algo crucial en su vida.

—¿Eh? Yuuri, pero... ¿Quién te ha dicho eso? Que tenga 40 años no quiere decir que vaya «happy metiendo» mi pene en cualquier hoyo, o que vengan y me la claven por el culo —de repente Yuuri se sintió como un tonto—. Yuuri: Sucede que no quiero hacerte sentir incómodo contándote mis relaciones con las personas de mi pasado, no es bueno, no es cómodo, porque se supone que este momento ahora es nuestro momento, Yuuri.

Y Yuuri lo entendía, pero es que Yuuri era un inexperto de mierda ahora que viene a darse cuenta. ¿Era importante para Yuuri saber lo que sucedió en el pasado del ruso? Pues sí, Yuuri debía entender las emociones de Viktor para saber en qué terreno se estaba metiendo.

—Entonces, si de verdad me quieres, solo dime la verdad y no me ocultes nada, solo quiero saber que tanta experiencia tienes —pidió el japonés sin miedo alguno, pero ya empezaba a romperse.

Viktor vio el semblante de preocupación de Yuuri y se acercó a él para agarrar sus manos y besarlas.

—De acuerdo, tú lo pediste. Mira, Yuuri, las dos únicas veces que tuve sexo, es cuando era más joven —confesó el ruso—. Sí tuve mucho sexo y me arrepiento de eso, lo peor es que fue con mi primer y difunto novio, a quien se supone que amaba, y sí te hace sentir más curiosidad, él me daba muy duro, pero yo también le daba a lo bestia, era puro placer, pero después de lo que sucedió, ni siquiera con mi segunda pareja tuve sexo, y mucho menos ahora con estos desconocidos, yo impuse mis reglas y ninguno pudo conquistar al imperator, porque sus almas estaban vacías y su libido más elevado que una montaña rusa. Al final, este es un juego de perder o ganar, y ellos perdieron.

Yuuri hasta que tembló cuando Viktor le contó todo. Yuuri se quedó mirando fijamente a los ojos de Vitya, y Viktor también lo miró a los suyos, arrepentido.

—¿Está todo bien? No quiero que esto te afecte, amor —Yuuri reaccionó con un sonrojo y asintió, parece que no se lo tomó tan mal como esperaba— ¿Yuuri?

Yuuri vio la hora y la noche había caído.

—Sí, estoy bien, es que... —Viktor frunció el entrecejo con un dejo de preocupación—. ¡Fue intenso todo lo que me cuentas! Viktor, soy un idiota muy virgen, y solo me hago pajas cuando estoy caliente, incluso hasta he intentado meterme el dedo en el culo, pero he pegado un chillido al ver que me duele, y peor, ni siquiera sé poner un condón a mis 24 años, y doy asco, lo sé en serio, estudié medicina y ni siquiera presté atención a las clases de educación sexual, porque esperaba que mi pareja me enseñara los caminos del buen andar, en serio, ahora me arrepiento de no haber tenido un novio tampoco, Viktor, ¿soy un desastre, no lo ves? ¡No entiendo cómo se puede querer a alguien como yo!

Yuuri luego de haber confesado todo eso a una velocidad sin precedentes quería esconderse, su nivel de vergüenza había llegado al límite.

Pff~ hahahahaha, tranquilo, mi Yuuri —Viktor besó sus manos y delineó una dulce y coqueta sonrisa en su rostro—. No es nada del otro mundo, yo te voy a enseñar lo que sea, si así lo quieres claro.

Yuuri apenas pudo sostener su mirada, tenía los ojos llorosos.

—Viktor, yo —dejó escapar una respiración profunda—, ¿podemos dormir juntos hoy? Digo no vamos a tener sexo, solo quiero, ya sabes...

Viktor entrecerró los ojos, sonriendo de medio lado, como dudando de lo que quería Yuuri.

—¿Qué quiere mi Yuuri? —El japonés estaba como un tomate en plena maduración al oír esa pregunta—, ¿quieres que nos masturbemos?

¡Eh? ¡Nai Nai Nai! —Viktor soltó otra carcajada, le gustaba poner a Yuuri nervioso—, yo quiero sentir nuestros cuerpos tibios, solo eso, quiero que nuestros cuerpos se abracen toda la noche y se conozcan porque para mi tradición en el camino del budismo, es esencial decir, solo eso, pues, lo demás, tal vez surja, pero...

—Yuuri está bien, sin muchas explicaciones y peros —Viktor llevó una de sus manos al hermoso y fino rostro de Yuuri—, por algo debemos empezar, bebé, y mi corazón está listo para amar de nuevo, ya no le des más vueltas, esto era todo lo que quería decirte, no quiero que estuvieses preocupado por nada. Vamos a dejar que las cosas fluyan.

Yuuri estaba que parecía gelatina cuando Viktor lo agarró de la cintura y lo alzó con sus fuertes brazos.

—Te tengo una sorpresa, amor —Yuuri se estremeció al oírlo—. Antes de que llegáramos aquí, hice una petición especial porque mañana partiremos a Capadocia.

Los ojos de Yuuri se iluminaron y ahora estaba el doble de nervioso.

—¿Cuál petición especial, Viktor? —Yuuri se veía tan adorable ante los ojos de Viktor.

—¿Me dejas vendarte los ojos un momento, Yuuri?

—Maldición, Viktor, te juro que has sonado como un jodido Christian Gray —Viktor soltó una carcajada que no la detuvo nadie—, no es gracioso, porque detesto esa novela, pero amo la perversión que hay en ella, aunque hay mejores novelas. Así que, está bien, puedes taparme los ojos.

—Oye, pero quien quita que hasta soy mejor que ese tipo de la novela —claramente Yuuri se echó a reír porque sabía que Viktor estaba bromeando—. Ya está.

Yuuri lo siguió de manera torpe, casi que se tropezaba con las cosas, de no ser porque Viktor le estuviese agarrando las manos, no hubiese dado muchos pasos, pero allí estaba, lo había seguido hasta la habitación principal en donde se quedaría Viktor.

—Huele muy bien, ¿estás usando velas?

Yuuri hasta podría afirmar que era un olor suave, parecido a olor de la habitación de una chica.

Para Yuuri el hogar o cualquier lugar tiene que tener un aroma esencial para cada persona, un aroma que evoque un sentimiento en especial, ya sea de felicidad, añoranza, calma, o quizá algo del pasado.

Y Yuuri podía sentir muy bien el aroma que Viktor usaba, el cual tenía un gran poder de transmitir su pasado, su desamor y su amor, y era tan fascinante y extraño a la vez.

Yuuri sabía mucho de olores y velas, dado que suele usar mucho los aromas mixtos para hacer sus terapias junto al calor conciliador de las velas. Era algo esencial para el japonés, dado que eso relajaba a los clientes.

—Sí, estoy usando velas, de hecho, unas velas especiales, son esas velas que siempre fueron mis favoritas porque me recuerdan a los inviernos de Rusia —añadió Viktor, provocando que las entrañas de Yuuri se removieran inquietas—. Ya estamos aquí, ahora, mira.

De forma lenta, Viktor fue quitando las vendas de los bonitos ojos de Yuuri, quien con entusiasmo fue abriendo por completo los ojos, vislumbrando así uno de los sueños más lindos que cualquiera podría tener.

Una habitación iluminada de forma diferente y romántica, una enorme cama bien decorada, velas con aromas dulces y olor a madera con pino alrededor del hombre, es todo lo que una velada mágica y relajante provocativa.

...

Yuuri quedó impresionado.

—Oh wow, Viktor —el ruso sonrió y abrazó a Yuuri por la espalda—, no dejas de sorprenderme, en serio, no sé qué más darte aparte de mis cuidados a tu cuerpo y a tu rodilla. Siento que no te doy lo suficiente, tanto que a veces me pregunto, ¿de verdad hago feliz a Viktor con tan poco?

—Mi muñequito, lo que haces por mí ya es suficiente para hacerme feliz, muy feliz mi Yuuri, y solo el hecho de compartir contigo este momento y muchos otros es suficiente para mí —Yuuri soltó un suspiro, ¿cómo no caer enamorado de ese hombre tan hermoso?—, yo solo necesito que tengas presente en este tiempo que llevamos juntos, que eres muy especial para mí, y por eso he aprendido a amarte, Yuuri, y ya te lo dije, pero te repito por segunda vez. A veces siento que te he buscado y amado durante toda una vida, sin saber que estabas allí esperando por mí, cuando nunca pensé que alguien realmente estuviese allí para mí en el lapso más pesado de mi vida.

Y así aquellas palabras de amor, llenas de un sentimiento indescriptible y bonito, fueron suficientes para desarmar el corazón de Yuuri y poder expresar sus sentimientos hacia Viktor.

Para Yuuri era el momento de dejar salir sus sentimientos sin miedo a lo que pueda pasar, porque no podía seguir callando o reprimiendo lo que deseaba decirle a Viktor, puesto que Yuuri también necesitaba creer en un mañana para ambos, creer en que la felicidad plena existía sin olvidarse de amarse a sí mismo y cuidar de su amor.

—Viktor, yo también quiero compartir contigo estos sentimientos que tengo en mi pecho, porque yo también te amo y correspondo a ese amor que me profesas, y sí, yo también siento que te he estado buscando desde antes que llegaras a Japón —confesó Yuuri totalmente ruborizado, ganándose el cariño de aquellos ojos azules que lo miraban atentos—, ¿y sabes? Soy algo tímido para expresar mis sentimientos, pero lo hago porque realmente te amo. Siento no darte más de lo que necesitas porque estos detalles pequeños es todo lo que puedo darte por ahora, y es esta forma de sanarte la manera en que mi corazón y mi alma te ofrecen mi cariño. Viktor: Nada me hace más feliz que estar a tu lado y que puedas aceptar todas esas partes imperfectas de mí, sabiendo que puedo fallar como cualquier otra persona normal.

Fallar es de humanos y Viktor lo sabía, porque él ha fallado muchas veces y era algo que no le importaba, él sólo ansiaba estar con Yuuri y no dejar que cayera, y si caía, quería estar allí para tenderle la mano.

Viktor estaba más que complacido con tanta sinceridad, aquella que dejaba entrar con confianza a su corazón.

Para Viktor, Yuuri era como esa tinta negra elegante que escribía con felicidad sus aventuras, plasmadas en versos de amor dentro de un lienzo blanco llamado «alma», en donde los horizontes del mañana se dibujan con cautela, y que al final del trayecto se aprecia el arte de un arcoíris reluciente de paz que reflejaba el verdadero amor.

Yuuri era de esos chicos que sacaban sonrisas cuando tocaban a la puerta con amor y te abrían su corazón. Para Viktor Yuuri simplemente era perfecto como era.

—Gracias por decirme que me amas, Yuuri, yo ya estoy dispuesto a que esto perdure mientras tenga vida —dijo Viktor apretando los nudillos de Yuuri, los cuales besó con deseo, haciendo que Yuuri esbozara una tierna sonrisa que el ruso quería ver dibujada para siempre en su rostro—. Gracias por darme la oportunidad de quererte, es por esto que te mereces ser parte de mi mundo, por favor nunca te sientas menos por cómo eres mi amor, yo quiero que seas tú mismo, sin máscaras, con todos tus defectos, Yuuri, que sepas que siempre te voy a querer, así me pase algo o no pueda estar en el momento contigo, así no estemos juntos, yo no te olvidaría jamás.

El hecho de que una relación termine mal es cuestión de cada persona si quiere que termine mal. Igualmente es un hecho al que Yuuri no se remitirá, porque él tiene como meta no solo sanar bien a Viktor, sino hacerlo feliz mientras él mismo sea feliz con lo que hace.

Yuuri era un hombre apacible consigo mismo y con las personas a las que ama, como también con aquellos que lo rodean, porque así era su trabajo, así era Yuuri Katsuki.

—Gracias a ti también por llegar a hacer de mi aburrida vida algo más divertido y lleno de experiencias, gracias por oírme y por quedarte a mi lado —para Yuuri nunca era demasiado temprano, ni demasiado tarde para dar las gracias por cada cosa buena de la vida—, y por cierto, ahora que estamos más cercanos, yo nunca te he visto competir en el esquí. Por eso, me gustaría a fin de año que estés sano y te cuides más, porque la verdad que yo deseo verte una última vez hacer lo que tanto amas, Vitya.

—Yuuri —los ojos de Viktor tenían un brillo inusual luego de oír la noble petición de Yuuri—. Te prometo que voy a competir una vez más para que me veas, te mostraré incluso todos los vídeos de las competencias que gané. Te enseñaré también, si quieres aprender claro, un poco sobre el esquí y los deportes de invierno.

—Oh Vitya, claro que sí, deseo aprender un poco más de tu mundo, seguramente es tan mágico el invierno que ya estoy deseando poder verte —algo en el interior de Viktor se encendió de inmediato, y era esa ilusión que Yuuri reflejaba en su rostro—. Por cierto, antes de irnos a Capadocia, tengo que hacerte tus masajes.

Yuuri nunca se olvidaba de cuidar de Viktor.

—Buen amor, podemos empezar ya si quieres —sugirió Viktor mirando la cama, captando la curiosa mirada de Yuuri—. ¿No estaría mal, no?

—Claro, ¿por qué no? —Viktor sonrió ante el pequeño empujón que le dio Yuuri hacia la cama—, pero primero, como todavía es algo temprano y la noche apenas empieza aquí, podemos jugar un rato, no sé. Enséñame algo...

—De acuerdo, pero vas a tener que vendarte los ojos una vez más —pidió Viktor con voz sexy al oído de Yuuri, haciendo temblar a cierto japonés hasta los huesos—, dijiste que querías conocer bien mi cuerpo, así que, podemos desnudarnos y...

—Hacer lo que un imperator sabe hacer.

Yuuri sentía más curiosidad, a pesar de estar algo nervioso.

—Yo te enamoré y tú a mí, ahora solo falta que Yuuri, me haga caso, y podamos jugar un rato.

Yuuri se puso como los mil demonios y empezó a calentarse a medida que el ambiente se ponía peor que el infierno de sofocante, deseando quitarse la ropa de una buena vez.


canción cortesía de

Firestone - Kygo ft. Conrad