DÉCIMO SEXTO AÑO
El señor Loud miró con cierta inseguridad la puerta del consultorio frente a él. Tragó saliva. La idea no terminaba de gustarle. Tras soltar un suspiro el cual pensó no tendría nada que envidiarle a los de su hija de seis años, entró al llamado del doctor tras haber tocar a su puerta lleno de dudas.
Una vez adentro, el médico comenzó a explicarle en qué consistía el procedimiento, asegurándole lo seguro que era, recordándole que era lo mejor para su familia, que tan pronto se recuperara, ni siquiera notaría que había algo diferente con él. Lynn asintió a todo cuanto escuchaba consiguiendo disimular su desdén. El médico finalizó entregándole una carpeta con una serie de formularios y documentos junto con un bolígrafo para que los firmara en cuanto terminara de leerlos.
A pesar que sus dudas se despejaron, toda la seguridad que había conseguido reunir hasta ese instante lo abandonó.
Rita trataba de dar algún sentido a las anotaciones que su hija había hecho sobre la última idea que había tenido.
—Es... interesante, cariño.
—¿Entonches eshtas de acuerdo conmigo?
Sabía que ella no lo hacía intencionalmente, pero siempre que le mostraba aquellas nuevas fórmulas matemáticas buscando su aprobación sobre la viabilidad de las mismas, ya sea en el campo de la física o de la química, se sentía como una estúpida, una sensación que se negaba a compartirle por el orgullo de madre que se supondría sabría más que ella.
—¡Por supuesto! —Le aseguró con convicción y sin tener idea de qué significaban todos aquellos números y símbolos superpuestos toscamente escritos que abarcaban tres páginas de la libreta—. Es más que obvio que esto tiene... ¿lógica?
—¡Lo shabía! —Lisa volvió a acomodarse los anteojos que se suponían fueron fabricados a su medida. Estaba más que satisfecha, de verdad se sintió muy feliz porque su madre se mostrara de acuerdo con ella, a diferencia de la profesora con quien discutió al respecto—. ¿Y esha mujer se hace llamar a shí mishma dochente? ¡Llamó a mi trabajo un shin shentido inentendible! Me ashe cueshtionar cómo obtuvo shu cargo.
—No es cómo si te hubiera reprobado, cariño —trató su madre de salir en defensa de la pobre mujer al imaginársela discutir con una niña de escasos dos años—. Te dio un "aceptable" por creatividad. Además, no deberías esperar que sepa mucho de esto. Es sólo tu maestra de dibujo.
—Pero tu shabesh de ecuachionesh físhicas y eresh notablemente másh joven que ella, madre.
Rita sonrió ante el cumplido, antes de recordar que en realidad sólo fingía entenderla.
—Bueno… Primero, ya te he dicho que puedes llamarme "Mamá" o "Mami". ¿Puedes hacerlo?
—Por shupuesto que puedo, madre. Esho no represhenta ningún deshafío en mi vobuculario.
La mujer se cubrió la boca para sofocar una risa. Lisa la observó desconcertada.
—¿Qué esh tan grachiosho?
—No, nada. ¿Qué mencionaste hace un momento? ¿Qué eso no es un desafío para tu qué?
La pequeña rodó los ojos. A momentos su madre la desconcertaba cuando parecía desconocer palabras que ella a su corta edad podía comprender ya.
—Mi vobuculario. Tu shabes, lash palabrash que conozhco. "Vobuculario".
La mujer tuvo que levantarse un momento para tomar aire y terminar por contener la risa. Aunque breves, apreciaba esos momentos en que Lisa cometía errores, mismos que igual podrían parecer pequeños e insignificantes si los comparaba con los de cualquiera otra niña ordinaria de tan solo dos años, pero que en ella se volvían únicos al contrastar con su actitud pretenciosa.
En ese momento un niño de nueve años con el cabello blanco, entró a la habitación de su hermanita con un vaso de entrenamiento lleno de leche chocolatada.
—¿Que hay? —Las saludó pasándole el vaso a la niña, quien enseguida con un brillo en los ojos apuró la bebida con gusto sujetando el vaso con ambas manos, mientras que Rita sonriente les hizo una seña para hacerles entender que necesitaba un instante, enseguida salió de la habitación para tomar un poco de aire—. Lisa, ¿sabes qué le ocurre a mamá?
Tras sorber ruidosamente lo que quedaba de la chocolatada y alzara los brazos para que Lincoln la cargara y palpara su espalda, la niña eructó antes de contestarle.
—Shi tuvieshe que shuponerlo, aparentemente el que mi vobuculario she haya enriquecido, esh motivo de grachia.
—¿Vobuculario? ¿No querrás decir "vocabulario"?
La pequeña iba a replicarle, cuando una sombra de duda apareció en su rostro.
—Por favor alcánzhame el dicchionario, hermano mayor.
Tras acomodar a su hermanita para sujetarla bien con una mano, fue al estante de juguetes, el cual parecía estar ocupado únicamente por unos pocos libros infantiles y muchos más libros viejos de sus hermanas de cursos pasados de la primaria y algunos de secundaria. Con la mano libre tomó el diccionario. Comprendiendo lo que buscaba averiguar, por ella encontró la página donde estaba la palabra y se lo mostró. La pequeña enrojeció al comprobar su equivocación, incluso Lincoln que la conocía tan bien como sus padres, dudaba si era por coraje, vergüenza o ambas.
—Cometí un error garrafón.
—Se dice "garrafal" —La niña hizo un quejido de frustración—. No te sientas mal. Todavía estás aprendiendo. Cuando Lucy tenía tu edad, ni siquiera sabía decir "suspiro". Ya es increíble que sepas tantas cosas que nosotros no a tu edad... incluso ahora.
Esto último lo dijo tomando la libreta donde la pequeña había apuntado sus ecuaciones. Eso pareció restaurar el orgullo de la niña.
—Muchash graciash hermano mayor. Agradezhco tush intentosh por shofocar mi tribulachión.
Lincoln se rascó el mentón sin saber qué decirle. Esta vez por iniciativa tomó el diccionario y buscó la palabra "tribulación". Sorprendido, le sonrió al comprenderlo.
—¡Oh! Es esto. No hay por qué, Lisa.
Aunque le hubiese gustado que la cargara por más tiempo, se conformó con que Lincoln le diese un beso en la frente y la dejara en la cama, a la vez que su madre regresaba agradeciéndole que le diese una mano con la pequeña. Rita volvió a tomar la libreta y su atención en la pequeña.
—Perdón, cariño. Solo… olvídalo. ¿Pero no estábamos de hecho ensayando cómo dibujas tus flores?
Lisa suspiró. Esperaba que el periodo vacacional de la universidad concluyera para continuar sus "clases especiales" dado el fastidio que para ella representaba la guardería. Estaba segura que los doctores encontrarían más fascinantes sus teorías matemáticas que sus dibujos. Con el lápiz trazó una flor con sus pétalos que se suponían deberían de ser redondos como su centro, pero que todos le quedaron chuecos y apretados. Rita miró con una sonrisa a su hija que se apresuró a justificarse.
—Dedosh regordetesh. Dificultan mi pulsho.
Con dificultad cuatro jovencitas caminaban de regreso a casa cargando unos frondosos arreglos de flores cada una. Estaban cansadas y las más pequeñas de mal genio. La adolescente de trece años con el cabello castaño corto no dejaba de rezongar.
—¿No hubiera sido más fácil pedirle a papá que nos llevara al centro a comprarlas en vanzilla?
—Entonces literalmente esto hubiera dejado de ser una sorpresa, Luna. —Contestó la hermana mayor de quince años.
—¿Cuál es el punto? Será mamá quien aprecie más el regalo que papá. Es a ella a quien le gustan las azucenas.
La jovencita rubia de catorce años pareció pensativa.
—¿Y cuál es la flor favorita de papá?
—No creo que tenga una flor favorita, Leni.
La adolescente castaña más joven de doce años agregó.
—Estoy segura que su "flor" favorita es la de mamá, ¿entienden?
—¡Luan!
Enrojecidas y un tanto asqueadas por imaginárselo, Luna y Lori le llamaron la atención sintiéndose incómodas al comprender en efecto a lo que se estaba refiriendo.
—Que coincidencia —señaló Leni—. Si también le gustan las azucenas, entonces será sin duda el regalo de aniversario perfecto para ambos.
Lori frunció el ceño cuando vio quiénes se acercaban al andar por la misma acera.
—Tenían que ser esos torpes. Por favor ignórenlos y hagamos como que no los vimos.
Por su hermana, las dos castañas se mostraron de acuerdo, pero Leni no entendió a qué torpes se refería, solo vio a esos chicos que sabía cursaban clases con Lori.
—¡Hola Bobby! ¡Hola Carol! ¿Cómo han estado? Mira Lori, es Bobby y Carol.
Si no fuera porque llevaban con ambas manos las flores, las tres se hubiesen golpeado la frente con la palma de la mano. El chico latino de dieciséis años se detuvo junto con la chiquilla rubia que parecía brillar con luz propia.
—¡Oh! Hola Leni, hola chicas. ¿Qué están haciendo? ¿A dónde llevan esas flores?
Viendo perdidos sus intentos por pasarlos de largo, Lori suspiró antes de responderle.
—Son para el aniversario de nuestros padres. Tenemos prisa. No te quitamos tiempo con tu "cita".
—¡No estamos en una cita! —el chico enrojeció—. Solo acompaño a Carol a su casa. Estaba cuidando a mi hermana antes que llegara con mi mamá del hospital.
Lori se avergonzó por su arrebato.
—Yo… lo siento, Bobby. ¿Todo está bien?
—Sí, sólo le hacíamos una visita a mi abuelo Héctor por una apendicitis, pero ya está mejor. Es seguro que en un par de semanas regrese como nuevo a la ciudad.
—Me alegro. Espero que se mejore.
Carol admiraba las azucenas que las chicas llevaban. Luna carraspeó ligeramente sonrojada.
—Si quieres puedes tomar una flor, adelante. Llevamos muchas, por lo que no creo que una haga gran diferencia.
—¿En serio? Gracias amiguita.
Aunque Lori hubiese preferido que no tocase nada, no pudo opinar mucho al respecto si Luna ya le había ofrecido una de su arreglo. Tras despedirse de la pareja, las chicas reanudaron su camino.
—Entonces… ¿creen que la novia de Bobby es bonita?
Lori gruñó.
—Por supuesto que no es bonita, Luna. Al menos no es más bonita que yo.
—Yo creo que le gustas a Bobby —sonrió Leni—. ¿No viste como te miraba?
La chica se sonrojó.
—¡Yo no le gusto a ese torpe!
Luan sonrió.
—Por supuesto que no le gustas, si le gustaras, te pediría a ti que fueras su niñera.
Su hermana se encogió de hombros.
—Lo dudo mucho. La hermanita que tiene es muy difícil de tratar. "Literalmente" y lo digo en serio, tiene casi el mismo carácter de Lynn, o al menos a mí me recuerda mucho a ella.
—No me refería a que fueras la niñera de su hermana, sino la de él, ¿entiendes?
Las chicas comenzaron a reír para disgusto de la mayor.
—¡Ya cállense! Démonos prisa.
—Iríamos más de prisa si le hubiéramos pedido a Lynn que nos acompañara para ayudarnos.
—Luan, ella literalmente hubiera maltratado los arreglos con lo brusca que es.
Ninguna discutió eso, en todo caso parecía que este año había preferido comprar un balón para que sus padres jugaran en sus ratos libres entre ambos, desoyendo las constantes réplicas de sus hermanas al respecto que ese era un regalo inapropiado, ni siquiera Lincoln pudo convencerla de lo contrario y eso había sido increíble incluso para ellas.
—Entonces… si es verdad que no salen juntos, ¿significa que está disponible?
Lori hubiese preferido que cortaran el tema, sin embargo el comentario de Luna activó una alarma dentro de ella.
—Luna, literalmente eres muy chica para salir con Bobby. Creo que no deberías de pensar siquiera en esas cosas todavía.
—No tienes que celarte, Lori —intentó Leni de serenar las cosas—. Luna, no está bien que te fijes así en el novio de tu hermana.
—¡Que no es mi novio!
Las chicas continuaron riendo, Luna evitando señalarle Lori que con trece años ya podía pensar libremente en cosas así si lo deseaba. Nerviosa, además pensaba que lo mejor era terminar ya con el tema, para no aclararle que con lo que le preguntó, en realidad se estaba refiriendo a Carol.
Bobby era guapo, por supuesto, pero Carol tenía algo atrayente al momento en que ondeaba esa cabellera rubia que le llamaba bastante la atención. Cortó los pensamientos al sentirse confundida al respecto.
Los chicos le gustaban, eso lo sabía y estaba bien con ella, más le extrañaban esas ocasiones en que a veces miraba a alguna que otra chica con la misma intensidad en que lo hacía con un chico guapo. Esperaba que no se tratara de un complejo de hermana, pues casi siempre le sucedía con las chicas rubias. Incluso de años atrás recordaba lo mucho que le complacía más la atención de sus compañeras en las clases de música que la que conseguía de los chicos.
—Esto es tan inapropiado.
La niña de once años golpeó el hombro de Lincoln con fuerza.
—¡Cállate, nerd! El que a ti no te gusten los deportes no significa que a papá o a mamá no les gusten.
—¿Es que alguna vez los has visto hacer ejercicio?
Los señores Loud, sentados en el sofá de la sala frente a sus hijas e hijo, se sintieron incómodos al respecto. Lo mejor sería detenerlos antes que fuesen más lejos con su discusión y se hicieran ideas inconvenientes acerca que necesitaban quizás alguna actividad deportiva.
—Bueno, ya corten eso —les pidió su padre pasándole el balón de futbol a su esposa—. Nos gustó mucho el regalo, hija. De verdad lo apreciamos.
Rita observó el ovoide compartiendo con su esposo e hijo el pensamiento de lo inapropiado que resultó ser como obsequio. Ambos hubiesen preferido más carne como el año anterior.
Lynn le mostró la lengua a Lincoln haciendo un gesto de superioridad.
—Lo que sea —se desentendió Lincoln—. Papá, mamá, Lucy y yo les daremos nuestros regalos juntos.
Hasta que se dieron la vuelta sobresaltados, la pareja no se había dado cuenta de la niña de seis años detrás de ambos de piel pálida con los ojos cubiertos con su cabellera negra, entre sus brazos llevaba una caja que les entregó inexpresiva. Después que Rita la tomara, Lincoln pasó su mano sobre el hombro de la pequeña albina.
—Y ella hizo las suyas solita y sin ayuda.
La pequeña agradecida por el mérito, recargó su nuca contra el pecho de Lincoln haciendo que su brazo la rodeara mejor. Enternecidas por la pose, las mayores les tomaron una foto, con excepción de Lynn que por algún motivo que ni ella podía explicarse, el gesto la disgustó.
Los padres entusiasmados retiraron al celofán de la caja, pensando que éste podría ser el primer aniversario donde no recibirían por parte de Lincoln aquellas... esta vez se trataban de cuatro tazas de café, por supuesto. Lincoln sonreía orgulloso de su proeza. Lucy atenta a la reacción de sus padres, no creía que se vieran genuinamente entusiasmados como su hermano le prometió que lo estarían cuando viesen sus obsequios.
—Son muy lindas, hijos —Rita mantuvo muy bien su papel—. ¿De verdad las hicieron los dos?
—¡Por supuesto! —Lincoln estaba a rebosar de orgullo—. Lucy fue una gran alumna. ¿No es fantástico su trabajo?
Señaló las tazas menos toscas. Los padres hubieran pensado que esas eran las qué hizo su hijo y que le estaba adjudicando el crédito de las mismas a la pequeña para no hacerla quedar mal, de no ser porque encontraron un patrón familiar en las otras tazas menos logradas semejantes a las que Lincoln solía entregarles en años pasados.
—Ciertamente son muy bonitas —asintió el padre—. Muchas gracias, chicos. Nos encantan.
—*Suspiro*.
Lucy no parecía no habérsela creído. Sólo el reconforte de su hermano a su lado le evitaba entristecerse. La niña de seis años decidió que para el próximo año intentaría hacerles algo diferente por su cuenta.
El resto de sus hermanas mayores no habían dicho nada al respecto, aunque algunas ya se imaginaban la impresión que sus padres realmente tuvieron.
Dos pequeñas niñas rubias de cuatro años intentaron entregarles al mismo tiempo sus tarjetas de felicitaciones que ellas mismas habían hecho, pero entre empujones no se decidían sobre quién acercarse primero para hacerlo.
—¡Lana, se supone que yo debo de darles mi tarjeta primero!
—¡No es cierto! ¡Es mi turno!
Ambas comenzaron a empujarse adrede entre sí para buscar conseguir la atención deseada, por lo que Lori y Lincoln tuvieron que intervenir tomando a cada una para separarlas.
—¡Lana! —le reprendía Lincoln—. No deberían de pelearse de esa manera en el aniversario de nuestros papás. ¡No está bien!
—No está bien pelearse en ningún momento —fue lo que le dijo Lori a Lola mientras la sujetó de los hombros hasta que se calmara—. Tú entrégale la tuya mamá y deja que Lana le dé la suya a papá.
Soltaron a las niñas después que ambas hicieran un puchero de inconformidad, aunque ya de acuerdo que tampoco querían molestar a sus padres. Obedeciendo a sus hermanos, se acercaron una a cada uno de ellos forzando una sonrisa y evitando tocarse entre sí.
—¡Feliz cumpleaños de casados, papá y mamá!
Los padres quienes habían contenido el regaño a las gemelas gracias a la intervención de sus hijos, omitieron el suceso para ver las tarjetas, ambas muy grandes y pesadas debido a que estaban llenas de macarrones y pintura, entre otros materiales.
De manera tosca, Lana había escrito "Felis Añoversaurio" usando un distinto color en cada letra, por encima de un dibujo que se suponía los representaba a ambos con sus respectivos señalamientos de "Papá" y "Mamá". La tarjeta de Lola estaba mejor adornada con arreglos de brillantina, macarrones secos, pegatinas decorativas y un mejor dibujo de ambos a comparación con el de Lana, aunque a diferencia de la tarjeta de su gemela, Lola no había escrito nada en ella.
—Son muy bonitas, hijas.
Cada uno le dio un abrazo a la respectiva niña que les entregó la tarjeta, para después cambiarla y darle también otro abrazo a la que había sido dejada de lado.
Las mayores desde Luan hasta Lori se acercaron al mismo tiempo dejando sobre la mesita frente a ellos sus arreglos de azucenas y felicitándolos cada una por su aniversario. El padre les agradeció el presente, pero como de esperarse, fue Rita quien se mostró notablemente más entusiasmada por los detalles.
—¡Son hermosas, hijas! Realmente recordaron que los lirios son mis flores favoritas.
Leni dio un respingo por la impresión.
—¿Lirios? Creí que eran azucenas.
Lisa entonces se les adelantó a su madre y a Lori explicándole a Leni la relación.
—De hecho lash Liliumcandidum comparten ambosh nombres, aunque esh verdad que los denominados liriosh o lilium tienen divershash razhash, que pertenecen igualmente a la familia de lash monocotiledóneash, liliaceash.
Rita nuevamente como en la mañana, no tenía mucho que decir al respecto. Lori dudó un momento hasta resignarse y encogerse de hombros. La misma expresión se podía ver en todos los miembros de la familia. Lincoln rascándose la cabeza le preguntó.
—¿Quieres decir básicamente que de cualquier manera ambas son casi la misma flor?
Lisa gimió frustrada por la manera tan superflua a la que fue reducida su explicación.
—Shí. Esho quishe dechir.
Esta vez fueron expresiones de conformidad las que se manifestaron de forma general. Lisa esperaba que no se hiciera una costumbre el tener que rebajar su "vobuculario" para hacerse entender. Si se suponía, al menos para ella, que las definiciones técnicas esencialmente funcionaban para facilitar la comprensión del entorno.
—Bueno, ahora y dado que el reshto de mis unidadesh familiaresh han concluido en la repertachión…
—"Repartición" —la corrigió Lincoln arrepintiéndose de haberlo hecho, dado que por ello se ganó una mirada amedrentadora—. Bueno, ah… tú sabes. Supongo que me equivoqué yo… y sea quienes escribieran el diccionario.
Su hermanita rodó los ojos.
—…"La repartichión" de losh preshentesh, queda mi turno de hacherlesh mi reshpaxtiva entrega.
Aunque captó el "respectivo" error, esta vez Lincoln no tuvo ánimos de señalárselo. De alguna manera le molestaba bastante que una bebé de dos años le intimidara de esa manera.
De debajo de la mesa de la cocina, con un poco de dificultad Lisa arrastró lo que parecía una caja con ruedas de su altura cubierta con su mantita hacia la sala, todo bajo la expectante mirada de su familia. Algo parecía agitarse de su interior y Lana intrigada se puso de pie al notar una cola peluda asomarse a un lado, pero con un mal presentimiento en mente, Lola tomó su mano para frenar cualquier intento que tuviese de acercarse a "eso". Cliff y Charles se inquietaron gruñendo por lo bajo. Walts se alejó volando de ahí rápidamente al segundo piso.
—Lesh preshento el amanecher de una eshpecie. La mashcota perfecta.
Retiró la mantita y la jaula quedó al descubierto. Los gritos no se hicieron esperar.
Los miembros del laboratorio de biología en la universidad no parecían ponerse de acuerdo entre sentir molestia por ver interrumpido su descanso y la fascinación que sintieron por el espécimen al que estudiarían y que habían tenido que ir a recoger tras la inquietante llamada de Rita Loud, la madre de una niña a quien de una forma distinta tenían sujeta bajo constante estudio por su elevado coeficiente intelectual a tan temprana edad.
El doctor a cargo les sirvió en persona dos tazas de un buen café a los padres para que se tranquilizaran, quienes agazapados en los escalones del pórtico de su casa abrazaban a sus asustadas hijas e hijo con las mascotas del hogar, todos tratando de bloquear en sus mentes el incidente.
Leni sostenía entre sus brazos con fuerza a Charles, cerciorándose constantemente que sólo tuviera una cabeza, acción que podría resultar absurda, de no ser porque Luna hacía lo mismo con Cliff. Lola acariciaba constantemente a Waltz que se había posado en su regazo temblando como la niña. Luan revisaba que el conejo que le habían comprado hace un par de semanas estuviese bien sin ninguna sorpresa "adicional" en su cuerpo, algo semejante a lo que hacía Lana con esa rana que consiguió en una charca la última vez que la familia salió de paseo a campo abierto. Lisa estaba visiblemente molesta.
—¿No entiendo por qué llamaron a la univershidad para que she llevaran a fluffy? Esh un eshpéchimen inofenshivo, ademásh nunca pushieron objechiones por lash mashcotash adicionalesh que mish congéneresh fraternosh obtuvieron.
—"Obtuvimos", Lisa. Literalmente "obtuvimos" es distinto a "fabricarlos".
Aunque Lori no consideraba que tenía una mascota personal como tal (ocasionalmente en broma decía tener ya nueve para disgusto de sus hermanas y resignación de su hermano), igualmente estaba inquieta por lo acontecido.
—Supongo que hubiera sido más fácil de enseñarle trucos —opinó Luan tratando de destensar el ambiente—. ¿No suelen decir que dos cabezas piensan mejor que una? ¿Entienden? —pareció que en esta ocasión ella fue la única que le encontró gracia su broma—. Bueno, ya en serio. Reconozco que eso fue aterrador.
—¡Los ratones no son divertidos, sino asquerosos! —exclamó Lola molesta.
Leni trataba de hacer memoria a los rasgos que captó de fluffy antes de desmayarse.
—¿Qué no era un perrito?
—Lo era —señaló Lincoln—, pero solamente de los cuellos para abajo. Aunque realmente ambas parecían ratas, de no ser por las alas. Se parecían un poco a las del murciélago que encontré aquella vez en el ático.
Lucy, la única que había permanecido indiferente durante todo el suceso hasta el momento, de pronto se interesó en lo que escuchó.
—Espera Lincoln. ¿Realmente hay murciélagos en el ático y hasta ahora voy sabiéndolo?
—Es porque no quiero que subas ahí por lo peligroso que puede ser, cariño. —Le recordó su madre.
La pequeña se llevó la mano al mentón pensativa.
—Me gustaría ver a ese murciélago. Tal vez sea un vampiro de verdad.
Su padre la miró con severidad.
—Eso no ocurrirá. Esos animales pueden ser muy peligrosos.
Lynn junior gimió.
—No pueden ser más peligrosos que aquella cosa.
—¡Esha cosha tiene un nombre! —Lisa continuaba indignada. Se había tomado la molestia de llamarlo "Fluffy" al anticipar que nadie podría recordar el nombre técnico que le había dado.
—¿Pero en qué estabas pensando, Lisa?
—En que sholo nosh hachía falta una mashcota pertenechente al orden de los roedoresh para tener un mueshtrario más completo de la divershidad animal en el hogar, shi tomamosh en cuenta que contamosh con un miembro de losh canesh, felinosh, lepóridosh, ovíparosh aviares y variosh eshpechímenes de anfibiosh y reptilesh.
Lincoln negó con la cabeza.
—¿Tanto te costaba pedirle a cualquiera que te comprara un hámster y ya?
Lisa no dijo nada. Ciertamente era una opción que no pareció tener en consideración cuando comenzó a jugar inyectando el ADN extraño en ese embrión alterado de doble núcleo, o cuando reforzó el resultado con algunos elementos quirúrgicos para que sobreviviera. Miró con tristeza su obra a quien con dificultad cargaban los empleados de la universidad dentro de su jaula al interior de una camioneta oficial del gobierno. La creatura sabría defenderse bastante bien de no estar encerrada, ¿o sería mejor referirse a él como "creaturas" independientemente que compartiesen el mismo cuerpo? Una pena que sus alas no fuesen aptas para volar como esperaba, de serlo estaba segura que podría escapárseles sin problemas. Aunque le costaba trabajo entender aún qué tenía de malo lo que hizo, reconocía tal vez que se había extralimitado cuando le realizó a Fluffy la última operación para que su columna vertebral consiguiera retraer ambos cuellos como lo haría una tortuga.
—Bueno… felizh déchimo shexto anivershario, padre y madre.
En señal de haberla escuchado, ambos adultos gimieron con cierto enfado.
Ya por la noche, alegremente la familia disfrutaba de la suntuosa cena que el señor Loud había preparado para su celebración de aniversario con Rita.
—Entonces, familia. ¿Pasó algo interesante en el día?
Leni lo pensó un poco.
—¿Dices además de lo que sucedió en la tarde?
—Sí —le contestó entusiasta emitiendo un suspiro—, además del incidente de en la tarde que acordamos pretender a partir de ahora que nunca sucedió.
Lisa en su sillita especial y sintiéndose ya muy grande para seguir usándola, indignada infló las mejillas cruzándose de brazos. Leni trató de reconfortarla con una caricia en la cabeza y dándole un bocadillo haciéndole el avioncito. Luan alzó la mano para tomar la palabra.
—La mamá de uno de mis compañeros, me ofreció dinero para que el próximo fin de semana vaya a repetir el acto de payaso que hice en el concurso de talentos el mes pasado. Va a ser el cumpleaños de otro de sus hijos.
Lynn pareció enorgullecerle esto.
—Vaya, parece que estas incursionando en el mundo de los negocios, tesoro. ¿No es así?
—Sí, se podría decir que son negocios graciosos, ¿entiendes?
Solo ellos dos se rieron del chiste. Luna tomó la palabra.
—Conocí a un chico llamado Chuck en el centro comercial. Dice que puede arreglar que sea parte de una presentación de música el siguiente mes ahí mismo.
Rita estaba complacida.
—Eso es genial, hija. ¿Ese Chuck va a tu escuela también?
Luna se puso nerviosa.
—No lo creo, mamá.
—Yo tampoco —Leni pensó al respecto—. Como que es muy grande como para que todavía vaya a la escuela.
Los padres y Lori se quedaron con el bocado en sus utensilios a medio camino de sus bocas, siendo el señor loud el primero en hablar.
—Entiendo. Es una pena que tengas que rechazar su invitación y no puedas volver a verlo, cielo.
Aunque sabía que Leni no tuvo ninguna mala intención al irse de lengua, la chica de trece años no pudo evitar verla de mala manera un instante antes de increpar a su padre.
—Vamos, no es lo que piensas, papá. Chuck es un tipo legal.
—Pero tú no hasta dentro de los próximos cinco años, Luna. Y ni siquiera así.
Ambos padres chocaron sus palmas. Luan rió felicitando a su padre por el chiste. Luna no desistió.
—Sabes a lo que me refiero.
—No es no, hija.
—Les puedo demostrar que es recto. ¿Qué tal si lo invito a comer a casa un día? Él mismo mencionó que le gustaría conocerlos para saber de dónde saqué el gusto por la cultura británica que tanto le encanta también.
Para el padre de familia eso sin duda le sumaba puntos al chico, aunque quizá no los suficientes. Su esposa también parecía comenzar ya a dudar en su negativa.
—¿Pero qué edad tiene? —Esto continuaba inquietando a la mujer—. No quiero que ninguna de mis hijas salga con un chico mayor.
—Nadie va a "salir" con nadie —aclaró la joven rockera—. No me interesa de esa manera. Es algo estrictamente profesional.
—¿Y él pensara igual?
—Pues sí, al menos no me dio ninguna señal de que buscara algo distinto de mí. Sé de esas cosas, tú misma me enseñaste bien a cuidarme, mamá.
A Rita le complació mucho escuchar eso. Lori estaba segura de haber también contribuido a enseñar la mayor parte de esas cosas a Luna, pero por supuesto comprendió que su hermana no lo mencionaría. Ambos padres compartieron una mirada. Al final la madre dio la sentencia.
—Está bien, pero primero queremos conocerlo.
Luna se sintió complacida porque el asunto tuviese de primera instancia un buen camino. Cuando creyó que nadie se dio cuenta, le guiñó un ojo a Lincoln, aunque Lori sí lo notó, por lo que aprovechando que lo tenía a su lado y mientras sus padres ahora hablaban con Lynn Junior sobre cómo le fue en su último partido, fingió que el tenedor se le cayó pidiéndole ayuda a su hermano para buscarlo bajo la mesa.
—Muy bien, enano —le recriminó la rubia hablando en susurros—. ¿Ahora qué hiciste?
—No sé de qué me hablas.
—Lincoln…
El chico tragó saliva al ver en su hermana una expresión que le auguraba algo muy malo después de la cena si no confesaba nada en ese instante.
—¡Está bien! —exclamó manteniendo el tono de voz muy bajo—. En realidad, fui yo quien le sugirió a Luna el que le pidiese a su amigo, a papá y a mamá el conocerse primero. Pero antes que digas algo, primero me aseguré que Luna dijese la verdad y que el tal Chuck no le gustara de esa forma —antes que Lori dijese algo más, se apresuró a añadir—. También lo investigué a él y tampoco parece gustarle Luna como te imaginas.
—¿Y tú cómo sabrías algo así?
—Tengo mis métodos.
—¿Cómo? ¿Jugando a ser ese tonto superhéroe de las cartas?
—Entre otros. También he visto programas de televisión acerca de detectives y misterios.
El chico sonriendo volteó a otro lado fingiendo superioridad. Aunque a Lori le pareció algo altanero, tenía que admitir que cuando se lo proponía, su hermano con todo y sus nueve años salía ser más observador en los detalles que ella misma o cualquiera de la familia. Por el momento confiaría en que lo que averiguó era verdad, o ella misma se encargaría del tal Chuck de un modo u otro si intentaba lastimar a su hermana. De pronto el peliblanco enrojeció por lo que vio e intentó levantarse aprisa, consiguiendo solamente golpearse en la cabeza. Lola golpeó la mesa en respuesta.
—¡No sean tan escandalosos cuando hablen a nuestras espaldas ahí abajo!
Lori no comprendió el porqué de la reacción de su hermano, hasta darse cuenta de lo que estaba viendo.
—¡Dónde tienes esos ojos!
Con brusquedad le movió la cabeza para apartar su mirada de debajo del vestido de Leni, que al tener las piernas semi abiertas sin querer se había expuesto. Lincoln volvió a sonrojarse cuando en ese momento Luan, en la dirección en que Lori le dejó la mirada, trató de acomodarse en su asiento cambiando de postura y alisando su falda frente a él. Al darse cuenta de eso, la adolescente volvió a moverle la cabeza con violencia a otro lado. Lincoln sintió que estaba al límite de su paciencia.
—¡Oye, que me vas a romper el cuello y…! Ah…
Finalmente, la chica le tapó los ojos con las manos, aunque esta vez culpando mentalmente a Luna por sentarse con desfachatez igual que un chico con las piernas abiertas. Si al menos usara pantalones.
—Ya sigamos comiendo antes que te pongas a espiar a Lola o Lucy, pequeño degenerado.
—¡No me interesa verles nada a ellas!
—¿A ellas? —Sintió preocupación al no poder creer lo precoz que ese niño a su edad se estaba volviendo.
—¡A ninguna! ¡Quise decir a ninguna!
Lori decidió dejar de darle tantas vueltas al asunto. Todo se trató de un… bueno, varios accidentes que ella misma ocasionó si tenía que reconocerlo. Se preguntó si fue una figuración suya o Lincoln realmente pareció frustrado cuando dio un vistazo rápido detrás de él hacia el short de Lynn por un breve segundo.
Casi sujetando del cuello a Lincoln para que la acompañara, regresaron juntos a sus asientos.
—Encontramos la cuchara.
—Creí que buscaban un tenedor.
—…y un tenedor también, Luan.
—Por el tiempo que tardaron, parecían estar buscando también el resto de la vajilla, ¿entienden?
Todos con excepción de Lincoln gimieron ante el mal chiste. Al menos abochornado el peliblanco fingió una sonrisa nerviosa, pensando que realmente a la comediante le gustaba mucho en su ropa el color amarillo.
Inquieta por otros asuntos, Rita le preguntó a su esposo.
—Entonces, cielo. ¿Fuiste a eso que te pedí?
El hombre se mostró abatido.
—Sí y… aunque la idea sigue sin gustarme, te prometo que voy a considerarlo.
No parecía ser lo que Rita hubiese deseado escuchar.
—Lynn…
—Dije que voy a considerarlo, eso ya es algo, ¿no te parece?
—Creo que vas a odiarme por lo que voy a hacer, pero creo que es necesario darte un incentivo.
—¿De qué hablas?
—Algo que también es una buena noticia en realidad. —O al menos esperaba que se la tomara así.
Se puso de pie y golpeó su vaso con una cuchara consiguiendo obtener la atención de todos los presentes.
—Familia, quiero brindar por un nuevo año que paso en compañía del mejor hombre del mundo y de la familia tan maravillosa que me ha dado —su marido sonrió ante el cumplido al igual que sus hijas e hijo por sus padres—. Es por eso que quiero darles a todos ustedes una noticia que será una vez más un presente que representa el amor que su padre y yo nos tenemos.
—¡Uy! Espero que sea un mini coche rosa malibú con motor de verdad —exclamó Lola expectante—. Siempre he querido uno de esos.
A Lana la idea no le parecía del todo mal, pues por el contrario, a ella le serviría para satisfacer su curiosidad de querer saber cómo es que los coches se mueven. Un par de veces su padre la había reprendido por asomarse al motor de Vanzilla, quizá en un coche pequeño no pondría tantas objeciones. Aun con toda su inteligencia, Lisa no sabía qué podría ser la sorpresa de su madre, a diferencia de su hermano y el resto de sus hermanas que impactadas parecían ya hacerse una idea al igual que su padre de a dónde iba esto.
—Mucho mejor que eso, cielo —Rita hizo una pausa para lograr un efecto dramático antes de soltarlo—. ¡Voy a tener a otro bebé!
Cuando el señor Loud abrió los ojos, se dio cuenta que estaba en el sillón con toda su familia a su alrededor.
—¿Quieren que oficie su funeral?
—¡Eso no es gracioso, Lucy!
Parecía increíble escuchar que Luan realmente no encontrara gracioso algo.
—¡Que lindo! —opinaba Leni—. La noticia lo hizo tan feliz que hasta se desmayó.
—No digo que no le hiciera feliz —nuevamente, era lo que Rita esperaba—, pero no creo que por eso se desmayara.
—Me enseñaron una técnica de resucitación —intervino Lynn Junior—. Puedo intentarla con papá. Ya la dominé gracias a Lincoln.
—¡Por favor no lo hagas! —le advirtió su hermano—. Te recuerdo que al final cuando te ayudaba terminaba más muerto que vivo.
—Parece que ya está despertando —les señaló Lola—. Ya no es necesario que le arrojes ese balde con lodo, Lana.
—¡Rayos!
—Entonchesh el deshfribilador también queda descartado, shupongo.
Luna volvió a llamarle la atención a Lisa.
—Hermana, ni siquiera lo pienses.
—Vamos, chicas —las apremió su madre—. Denle espacio a papá para que regrese en sí y procese la noticia.
Poco a poco Lynn consiguió volver en sí, aunque seguía sintiéndose muy mareado.
—¿Te encuentras mejor, cielo?
—Sí, cariño. Yo… ¿acaso…?
—No fue un sueño. De verdad estoy embarazada.
—¿De…?
—…nuevo.
—¿No será…?
—Ya está más que confirmado.
—¿Cuánto…?
—Dos meses y medio.
—¿Y es…?
—Ni idea aún.
El hombre rompió en llanto y abrazó a su esposa. Conmovida, ella lo acompañó y pronto se reunió toda la familia tan impactada como su padre, que durante el abrazo grupal no dejaba de rumiar cosas como: "Pero ya son diez", "¡Once!", "¡Once!", "¡Once!".
Aunque no comprendía del todo la situación, Lisa estaba feliz por ellos, así como intrigada ante una duda que guardaba desde el mediodía cuando se llevaron a Fluffy.
—¿Entonchesh shi van a tener otro hijo… realmente yo puedo tener un hámshter?
El día por increíble que les pareciera, había llegado a su fin. Lynn terminó de bañarse y fue al encuentro de su esposa que estaba repasando en la cama las últimas páginas que escribió de su libro durante la semana. La habitación se sentía agradablemente perfumada gracias a las Azucenas, Lilas, Lirios o como sea que Lisa las nombrara.
—¿Todo bien, cielo? —Le preguntó Rita ante la mirada de incredulidad que todavía tenía su esposo.
—Creo que se me volvió a caer más cabello.
Bien, Rita se tranquilizó al ver que no se trataba por el bebé.
—Sigues siendo apuesto.
—No es normal. Mi padre tenía cuarenta y cinco años cuando comenzó a quedarse calvo y yo apenas tengo cuarenta y uno. ¿Sabes lo que eso significa?
—¿Qué Lincoln corrió con suerte en heredar el cabello del lado de mi familia?
El hombre gruñó antes de recostarse a su lado.
—Y en cambio tú sigues luciendo fantástica para la edad que tienes.
—Eso no te lo discuto —le dedicó una sonrisa—. Nadie imaginaría que tengo treinta y seis y mucho menos que tengo nueve hijos.
—Son diez, cielo.
—¡Oh! —se sintió apenada— Siempre me pasa por las gemelas por contar un solo parto.
—Y pronto serán… once.
Con cierto recelo, Rita le hizo la pregunta.
—¿Realmente estás feliz por esto, Lynn?
—Por supuesto que sí, es solo que… fue una impresión muy fuerte.
—¿Y qué has decidido?
El hombre se incorporó hacia ella para besarla con intensidad.
—He decidido como todos los años permanecer a tu lado y al lado de nuestro gran equipo.
Otro beso y este fue más intenso.
—¿Y? —prosiguió Rita.
—Y será mejor que la próxima semana vaya a que me los corten de una buena vez.
—¡Lynn!
—Vamos, sólo era una broma. Pero ya en serio, tienes razón. Creo que es tiempo que me haga ese… "procedimiento".
Porque el pensar en ello como una "operación" lo ponía de los nervios.
Trataron de olvidarse de todo por ahora y entregarse de lleno a la pasión que les llamaba, quizá en parte motivados por la futura llegada de quien esperaban se tratara ya del último miembro a su gran familia. Con un poco de suerte y entre tantas niñas, Lincoln finalmente podría tener un compañerito de juegos.
Justo a mitad del momento, un ruido semejante al de un aleteo demasiado fuerte como para que se tratara de Walts, los sobresaltó tras escucharlo brevemente tras la puerta principal.
—¿Qué fue eso? —Rita sintió mucho miedo al igual que su marido.
—¡Creo que "Fluffy" regresó!
Ambos temblaron al pensar en la posibilidad, cuando de pronto escucharon a Lincoln exclamar.
—¡Bien hecho, Lucy! Conseguiste una mascota.
—*Suspiro*. No pensé que fuera tan difícil hacerlo salir del ático.
En otro momento quizás les hubiese inquietado la perspectiva que su hija de seis años se haya hecho con un murciélago como mascota, pero terminaron suspirando de alivio al pensar que pudo ser mucho peor.
—Lynn…
—Mañana llevaré al veterinario a esa rata con alas para que la vacunen y Lucy pueda conservarlo… y creo que también le conseguiré un hámster a Lisa por las dudas a que se le ocurra "fabricar" algo más otra vez.
Rita se mostró de acuerdo. Lo último que necesitaban era que esa niña volviera a intentar algo así de atroz. No quería ni imaginarse el escenario cuando concibió a aquella creatura, o el cómo es que no se dieron cuenta antes de lo que estuvo haciendo.
Suspirando por todos los acontecimientos del día, intentaron retomar lo que dejaron; Rita con la idea de darle mañana la noticia a su padre.
—Feliz aniversario, cielo.
—Feliz aniversario, querida.
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Pensaba traerles esta entrega hasta mañana, pero no me pude resistir a hacerlo desde ahora.
Y así termina este comienzo rumbo al final (ironía) que abre mi propósito de año nuevo de a partir de hoy el publicar todos los viernes un capítulo de una de mis historias pendientes (dos en contadas excepciones tal vez). Una disculpa por la muy larga ausencia que tuve. Mis asuntos aparentemente ya están en orden de forma definitiva, por lo que de lleno me verán aquí con cierta regularidad, pues no solo necesito, sino que de corazón deseo retomar mi hábito de escritura, así sea que tenga que sacrificar un poco mi tiempo de lectura (pero no del todo).
Por favor, háganme saber en la encuesta cuál fic quieren que actualice en los próximos quince días. La encuesta que pueden encontrar en mi profile la cerraré el viernes de la próxima semana justo a las 12:01 am (Hora de Ciudad de México). ;-)
Sobre Fluffy (veamos cuantos captan la referencia) no pude contenerme de recrear una imagen canónica (si se pueden contar los cómics oficiales como tales) que vi de la niña con lo que parecía ser uno de sus primeros experimentos usando su batita, su pañal, tras una pizarra donde trazó una imagen de su obra y con el animal cubierto bajo una manta (aunque sin jaula). Para quienes no tenga los cómics, también pueden buscarla en la galería de imágenes de Lisa en la wikia de la serie en inglés hasta el final. ¿Me salió bien? ¿Fui demasiado lejos? Comenten sin pena.
Gracias por todo su apoyo hasta el momento, colegas. Siento que no los merezco. Un saludo en especial a quienes dejaron su review en el capítulo anterior.
Guest gracias. Espero que también te haya agradado esta actualización. Saludos.
Sam the Stormbringer gracias. También había notado esa contradicción, pero preferí irme por la versión de Hermanos que quieren rockear, dándole más peso que al podcast; el cual, aunque interesante, no estoy seguro de qué tan conocido sea por muchos. Parece que aquí Lisa de lejos resultó ser adorable. Espero te haya agradado, colega. Saludos.
Julex93 gracias. No es que los padres se sorprendieran tanto por lo que ocurre en las secuelas de esta historia, siendo que tenían ya aquí unas bases que anticipaban lo que se avecinaría, a pesar de ignorarlas en su momento. Me alegra que te gustara la secuencia de los nombres. Supongo que Lisa superó por mucho al regalo que les hizo el año pasado. Espero que te hayan agradado las referencias en esta ocasión a ciertos detalles de los personajes canónicos a futuro, así como el contar con tus maravillosos comentarios este año también, colega. Saludos.
Ficlover93 gracias. Descuida, que de tiempo como vez incluso yo estuve bastante apretado el último tercio de año, aunque espero mejorar eso. Muchas gracias por tu comentario acerca de cómo desarrollé al señor Quejón. Dado que no soy muy bueno en cuanto a la composición musical, preferí dejar a la interpretación personal lo que Luna pudo haber tocado, aunque en todo caso las canciones de Mago de Oz son geniales y no veo problema para que la tonada hubiese sido similar. Espero te haya agradado este capítulo, colega. Saludos.
