Capítulo 16: La Llegada de Katie Bell
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Theo estaba sentado en una celda del calabozo de la Mansión Nott, tenía los dedos acalambrados y el olor a humedad lo asqueaba. Un tenue halo de luz se filtraba por el escueto tragaluz de la celda contigua, la luna brillaba orgullosa en lo alto del cielo, bañando cada rincón con su angelical luminosidad.
Todo lugar menos el calabozo, claramente.
Un débil rayo de luz no podía dar pelea a tal oscuridad, aunque si ayudaba a Theo a saber que era de noche, ¿Cuántas habían pasado ya? ¿Cuatro? ¿Cinco?
La mente es poderosa, eso siempre lo había sabido, en estos momentos lo comprobaba a su pesar. Su padre lo estaba poniendo a prueba, de eso estaba seguro.
Desde el momento que había puesto los pies en la Mansión familiar el Sr. Nott lo había atacado con comentarios despectivos e insultos impropios de un padre. No era que aquello impresionara a Theo, pues era su dinámica familiar desde que tenía memoria. Su padre se avergonzaba de él, sentía asco de llamarlo su hijo. Él, uno de los más despiadados y sanguinarios mortífagos que había existido, tenía un insulso como hijo, una vergüenza a su apellido y el legado familiar que éste intentaba formar.
Fue el repentino deseo de Theo el que colmó el vaso, su padre no podía creer que éste quisiera, de una vez por todas, ponerse los pantalones y aceptar gustoso su legado por derecho. Era muy bueno para ser cierto, por lo que optó por el mejor camino para hacerlo hablar de sus reales intenciones, torturarlo y encerrarlo hasta que enloqueciera o cantara como un pajarito.
La que primero sucediera.
Los Cruciatus de su padre eran despiadados, uno tras otro, para detenerse en el punto que Theo comenzaba a sentir que podría perder la cabeza. El dolor era agónico, casi al punto del delirio, pero Theo era fuerte, estaba decidido a lograr su cometido y su voluntad era mucho más fuerte que la naturaleza maligna de su padre.
Es por eso que se hallaba impasible, recostado en las duras y gélidas rocas que le calaban el frío hasta los huesos y no había soltado grito alguno al momento en que tuvo que vendar sus fracturas con remiendos de ropa. El agua goteaba por una grieta en el techo de la celda, gracias a eso Theo pudo asegurarse de no morir deshidratado.
Un sordo golpe lo saco de sus pensamientos e intento sentarse a duras penas, soportando el dolor que esto le provocaba apretando la mandíbula tan fuerte que temió llegar a cortarse los músculos de ella. Una figura oscura, alta y de desordenado cabello negro azabache se acercaba riéndose de manera ronca, casi gutural.
Un espectáculo escalofriante.
-Aún vives, niño – la voz produjo un eco oscuro que retumbó por alguno segundos en los oídos de Theo, una voz cargada de desprecio y unas pinceladas de burla – Pensaba que podrías haber muerto, lástima-
-Tendrás que hacer… mucho más… para poder acabar… con…conmigo – respondió Theo intentando hacer uso del odio que sentía hacia aquel ser para darse más coraje – No cambiaré… mi parecer… padre.
-No pensarás que las palabras de un crío podrían convencerme- dijo el Sr. Nott volviendo a reír – No, claro que no. Tengo planes para ti, niño – se acercó y abrió la celda con un rápido movimiento de su varita- Quizás si sobrevives a esto podría llegar a creerte, podría llevarte hasta el Señor Tenebroso para que tomes la marca, aunque …entre tú y yo- dijo tomándolo de sus ropas y acercándolo a su rostro con claro tono de amenaza - espero que mueras ahogado en tu propia mierda, disfrutaría mucho aquel espectáculo… para luego dejar tu cadáver descomponerse en este inmundo calabozo.
-Me conmueves… padre- le respondió Theo sin bajar la mirada ni un solo segundo, conteniendo las ganas que tenía de quitarle los ojos con sus propios dedos – Lamento no… poder darte… el placer de verme… muerto.
-Eso está por verse, pedazo de mierda- le escupió en la cara y luego lo arrojó con todas sus fuerzas contra la pared de la celda- ¡Crucio!
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~2 semanas más tarde~
Draco Malfoy frotaba entre sí sus manos en busca de calor, diciembre solía ser un mes muy helado en los terrenos de Hogwarts.
Se maldijo a sí mismo por no tener los cojones suficientes como para pasar tiempo con Hermione a solas en la Sala de los Menesteres, la bruja lo miraba ceñuda la mayor parte del tiempo desde el día en que ambos casi habían caído en las garras de la lujuria y el no podía soportar su esencia más tiempo del completamente necesario.
Su olor se había calado hasta lo más hondo de sus fosas nasales y no parecía querer darle tregua, cada vez que inhalaba profundamente su fragancia a naranjas y canela podía evocar a la perfección sus ojos marrones entrecerrados, sus mejillas ruborizadas, su respiración agitada y sus labios hinchados por su beso.
Era una imagen excitante, embriagadora y a la vez un poco perturbante.
No podía simplemente comentarle a la susodicha como ésta pareciera haberse colado en su mente, para invadir sus pensamientos y colmarlo de emociones muy contradictorias. Se sentía un idiota, el solo hecho de pensar que de alguna forma había conectado con Granger más de lo que lo había hecho con ninguna persona antes y que existiera la posibilidad de que ella no se encontrara en la misma situación le dolía profundamente en su ego.
-Estúpida Granger, con sus estúpidos planes- repetía el Slytherin mientras apuraba el paso por los terrenos de Hogwarts para entrar en calor – Si no quisieras ser la gran heroína de Potter no estaría en esta maldita situación.
Su vida se había convertido en un laberinto sin sentido, el camino simplemente giraba incansables veces en direcciones aleatorias, le llevaba a pasadizos sin salida, lo desesperaba y desconcertaba. Cada vez que creía estar seguro de algo, ésta se encargaba de restregarle en la cara que ya no tenía el control de la situación, que lo había perdido hacía bastante tiempo y se encontraba a merced de las circunstancias.
-No puedo creer que me haya tenido que quedar en esta maldita escuela con… esa bruja- dijo el rubio con la voz ronca, cargada de resentimiento – Ya han pasado dos semanas desde ese maldito momento y la idiota no ha hecho más que mirarme como si tuviese un maldito hipogrifo parado en la cabeza – Se detuvo junto al Lago Negro, que en aquellos momentos se encontraba semicongelado y contempló el bello paisaje invernal que tenía en frente – Todo sería más fácil si jamás hubiese aceptado esa ridícula propuesta… oh si, claro que lo sería.
Malfoy se llevó instintivamente la mano a su pecho, aquella conexión con Hermione le hacía sentir un caudal de emociones a las que no estaba acostumbrado, incluso podría jurar que la Gryffindor en estos momentos se encontraba melancólica, algo dentro de sí mismo se lo decía. Era ridículo pensar que entre ellos podría existir algo más que una rivalidad, ya que estaban acostumbrados a los insultos y las peleas, se había convertido en parte de la vida diaria en Hogwarts, pero no podía ignorar la necesidad de tenerla cerca, de disfrutar de su aroma, de su inteligencia, su valentía y la paz que le hacía sentir.
Si, Hermione Granger se había grabado a pulso en su cerebro, no podía dejar de conectarla con cada pensamiento que tuviera, lo cual lo hacía odiarla y odiarse a sí mismo. En teoría estaba traicionando no sólo todo lo que le inculcaron en su hogar, sino también todo lo que él había creído ser.
La castaña había entrado en su vida como un huracán, destrozando sus ideales y sus creencias, dejando en ruinas aquél mimado chico que tanto se esforzaba por ser, pero también era calma dentro de la tormenta, la chica sabía exactamente que hacer o decir para aliviar sus miedos y dolores, como si lo conociera íntimamente desde que tuvieran uso de memoria, no existían los silencios incómodos con ella, sólo la suave paz que traía la introspección.
-Quien lo diría, Draco Malfoy pensando en Hermione Granger, la Sangresucia – dijo Draco mientras se despeinaba el cabello con enojo – Sinceramente excelente… como si no tuviera otros problemas de los que preocuparme, como si no estuviéramos al borde de una guerra que nos podría matar a todos por igual – Rodó los ojos con desprecio y se dio la media vuelta en dirección hacia el castillo mientras maldecía en voz baja. El rubio sabía lo que aquello significaba, sabía lo que podría desencadenar a futuro y no podía creer que en vez de asco le produjera ansiedad, una ansiedad que lo carcomía cada día.
Era frustrante no poder quitársela de la cabeza, no poder pretender que las cosas eran igual de jodidas que antes y lo peor, no poder dejar de pensar que, si tuviera la posibilidad de hacer volver al pasado, repetiría cada maldita cosa con tal de volver a sentir esos tibios labios contra los suyos una vez más.
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Severus Snape caminaba a paso lento por el amplio jardín de la Mansión Nott, aunque no estaba muy seguro de que ese lugar pudiera considerarse siquiera como un jardín.
Las estatuas mohosas se erguían tétricas, formando escalofriantes sombras con la luz de la luna, el césped estaba descuidado, y no había flor alguna, sólo altos arbustos que tapaban en gran parte el acceso de luz.
Ya habían transcurrido dos semanas desde que habían dado comienzo las vacaciones de invierno y el joven Theodore Nott se había encaminado hasta la mansión de su padre, el muy hijo de puta Sr. Nott, con el fin de solicitarle que lo presente al Señor Tenebroso para así poder recibir la marca. Dos semanas desde que no tenía noticia alguna de su alumno y por órdenes explicitas de Albus, él debía ir a averiguar qué sucedía y si el mocoso estaba vivo aún, cómo si él no tuviera mejores cosas que hacer que andar salvándole el trasero a un chiquillo de 16 años.
-Severus – dijo una voz rasposa e inexpresiva – Que gran sorpresa, ¿A qué vienes?
-Nott- Saludó Severus con un asentimiento de cabeza – He venido por órdenes del Señor Tenebroso, no has acudido al consejo semanal.
-En efecto- respondió este sin más.
-¿Se puede saber cuál es el motivo? ¿Qué es más importante que las redadas a los impuros?
-Ese no es tu problema- le dijo con un semblante escalofriante que podría haber hecho temblar hasta al más valiente, pero Severus mantuvo la calma, después de todo por algo había logrado engañar a uno de los mejores magos de todos los tiempos, él no era un idiota, sabía exactamente como acabar con sus enemigos.
-Es problema del Señor Tenebroso, por lo tanto, también mío- le contestó Severus con malicia – Ahora me dirás tus motivos o lo llamaré – se posó la mano sobre su antebrazo izquierdo y espero pacientemente la respuesta del hombre.
-Bien- respondió el Sr. Nott con enfado, dirigiéndose a paso firme hacia la Mansión, no sin antes dedicarle la más profunda mirada de desprecio.
La entrada de la Mansión era una antigua puerta estilo medieval de madera oscura, se abrió grácilmente al momento que su dueño se apresuraba a entrar. El Sr. Nott lo dirigió sin mirar hacia atrás ni un solo segundo y Severus escudriñaba cada rincón de las habitaciones en busca del joven. Caminaron por interminables pasillos y escaleras hasta llegar a lo que él creía era un calabozo.
-Ahí está la gran razón, Severus- dijo el Sr. Nott apuntando hacia una celda tragada por la oscuridad de la noche.
Severus se acercó cuidadosamente, con la mano sujetando firmemente la varita, realizó una floritura con ella y abrió la celda, el hedor era insoportable, una mezcla de sudor, humedad, sangre y desperdicios llegó de golpe a sus fosas nasales y tuvo que contener las arcadas que le siguieron.
Con una segunda floritura de varita el lugar se iluminó y pudo divisar un bulto en el suelo de la celda. Theodore Nott estaba desparramado como si lo hubiesen arrojado con violencia al suelo, estaba demacrado y su piel estaba inundada de sangre seca y hematomas de todos los colores. El bastardo de Nott había estado torturando a su propio hijo y lo había mantenido en una celda, esperando a que muriera.
Theodore levantó la vista entrecerrando los ojos, intentando adaptarlos a la luz, sus ojos recorrían todos lugares como si quisiera confirmar que lo que estaba viviendo era cierto, que si se encontraba en una celda de su propio calabozo y luego los enfocó en su profesor y jefe de casa en Hogwarts.
-Pro…profesor Snape- dijo el chico forzando la voz- ¿Qué lo… trae por… aquí? – preguntó Theodore intentando ser irónico.
-Joven Nott- saludó Severus intentando no demostrar cuanto quería golpear al bastardo de su padre por hacerle eso a su propio hijo- Obviamente no estoy dando un paseo nocturno por los calabozos de su Mansión.
-Me alegro… en… estos momentos… no… no está habilitado… el… el tour de visitas- respondió Theodore riendo con la voz desgastada y tan rasposa que Severus frunció el gesto- Se encuentra… cerrado por problemas… familiares.
-Ya veo- le dijo alzando la ceja izquierda con cinismo y se volteó a mirar al Sr. Nott – Me han informado que tu hijo quiere servir al Señor Tenebroso, ¿Es cierto?
-Este asqueroso cobarde no tiene las agallas, no es más que un inservible pedazo de…
-Suficiente – le cortó Severus con un tono imponente, que ni siquiera al Sr. Nott le dieron ánimos de desafiar – tú no eres quien para decidir quién es digno y quien no, el chico irá.
-¡¿Cómo te atreves a contradecirme en mi propia casa?! – le gritó el Sr. Nott con las venas del cuello hinchadas de ira – ¡Asqueroso mestizo hijo de puta! – Severus sacó en menos de un segundo la varita y se la clavó en el cuello del mortífago mientras con su otra mano sujetaba las solapas de su abrigo.
-No eres más que un bueno para nada Nott - siseó Severus con repugnancia mientras le clavaba más la varita al mortífago – Eres un enfermo cobarde que tortura un niño de 16 años, no eres ni la mitad de lo que ese chico es y deberías agradecer hasta al mismo infierno que no te mataré por tu insolencia – Severus lo soltó con violencia y se dirigió hacia Theodore - ¿Puedes levantarte?
-S-si – respondió Theo apretando los dientes al momento que intentaba levantarse, apoyando el peso de su cuerpo en su pierna buena.
-¡No te lo llevarás, bastardo!- le gritó el Sr. Nott por detrás – Morirás por tu insolencia, asqueroso hijo de… - pero no alcanzó a decir más, Severus se había girado de inmediato y lo último que logró ver antes de caer en la inconciencia fue un rayo de luz roja.
-A ver si así aprendes a mantener la boca cerrada – le siseó rodando los ojos – Busquemos su varita Joven Nott y nos largamos de aquí, hay bastante que hacer y muy poco tiempo.
-Ya veo…- le respondió Theodore con una sonrisa ladeada en su rostro – Profesor ¿Me haría… el favor de… arreglarme esta… pierna? – el cansancio era evidente en su voz, se notaba a leguas que estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para poder mantenerse estoicamente de pie.
Severus Snape asintió levemente y buscó en su levita su bolsillo secreto con pociones en casos extremos, tomó un vial con un líquido dorado y se lo entregó, Theo apuró el contenido de éste inmediatamente por su garganta, frunciendo el ceño ante el amargo sabor de la poción. Severus lanzó un Ferula hacia su pierna y le hizo el gesto de que lo siguiera, ya era hora de marcharse.
Theo comprobó que era capaz de apoyar su peso sobre la pierna fracturada y sonrió con malicia, avanzó los pasos necesarios hasta quedar parado junto al cuerpo desmayado de su padre y luego de escupir con asco su cuerpo, le propició una patada en pleno rostro, provocando un chasquido fuerte y un chorro de sangre salpicando su túnica.
-Dulces sueños… bastardo- le dijo Theo mientras se dirigía pausadamente hacia la salida de los calabozos, la noche había mejorado considerablemente.
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La pierna de Hermione se movía sin cesar, su cercanía la descolocaba, el aroma maderoso, con notas frescas de menta y té que su piel desprendía descaradamente se había alojado en su nervio olfativo y no parecía tener ganas de irse. Realmente se estaba comenzando a volver loca.
Desde el momento que se besaron apasionadamente Hermione no era capaz de mirarlo sin querer lanzarse a sus brazos y comenzar a lamer cada centímetro de su exquisita piel de mármol, era adictivo, enloquecedor y ridículamente abrumador. Además, Malfoy había logrado demostrarle en esos meses que no era el idiota de primera que había conocido en primer año, había mucho más detrás de esa máscara de frialdad y racismo, era un hombre perfectamente sensible en cuanto se refería a su madre, Hermione podía notar cuanto se preocupaba por ella y por sus dos amigos, era increíblemente inteligente y no es que antes haya considerado que el Slytherin fuese un troll como su amigo Ron, sólo que su personalidad arrogante y odiosa lograba opacar cualquier aspecto positivo de él. Hermione sabía perfectamente que el rubio era excelente en pociones, pero la había sorprendido su manera de razonar y su sentido común, no todas las personas estaban provistas de esas cualidades y ella siempre se había sentido atraída por personas así.
No podía negar que Draco Malfoy había logrado sacudir su vida, jamás, ni en un millón de años hubiese imaginado que producto del plan que había trazado en vacaciones de verano podría nacer algún tipo de atracción salvaje hacia el Slytherin, era ridículo tan solo pensarlo y potencialmente problemático para sus fines, pero ahí estaba, sentada frente a él en la Sala de los Menesteres incapaz de concentrarse en su lectura por estar embobada pensando en él o lanzándole miradas furtivas, rogando a Merlín y Morgana que no se diera cuenta.
Dos semanas habían pasado y ella había logrado con éxito el evitar caer en la tentación, se había mantenido lo más humanamente posible alejada de él, le hablaba lo justo y necesario y terminaba su entrenamiento antes de lo normal para poder correr hacia su habitación cuanto antes, hubiese sido mucho más fácil si no tuvieran que verse todos los malditos días. Debido a vacaciones de invierno y no tener deberes más allá que un par de ensayos que había redactado los primeros dos días, se encontraban estudiando y entrenando en aquella sala casi día por medio. Draco no se lo ponía nada fácil, había vuelto a tener esa actitud arrogante y despreciable en ciertas ocasiones y aunque esto podría haber ayudado a Hermione a odiarlo y lograr mantener a raya sus deseos, no hacía más que encender sus hormonas y no dejar que se concentrara debidamente en sus cometidos.
Si pudiera golpearlo, lo haría sin dudar, estaba increíblemente molesta con él.
Ese lazo que se había formado entre ellos había estado alertándola de cómo se sentía el Slytherin y muchas veces había sentido que él se encontraba en su misma situación, podía haber jurado que él la extrañaba, que quería sentirla igual que ella lo quería a él. Aunque fueran deseos de piel, carnales y pasionales, la necesidad existía.
Pero ahora era todo diferente, desde que se habían distanciado ese lazo se había debilitado, ahora ya no podía entender con tanta claridad sus emociones, ya no lo sentía dentro de sí misma, sólo quedaba su aroma impregnado en ella y el recuerdo de sus grandes manos recorriéndola y tocando su piel afiebrada de deseo.
-¿Qué miras, Granger? – la pregunta del rubio la saco de sus pensamientos y pudo darse cuenta que estaba mirándolo fijamente, se puso roja como un tomate ¿Cuánto tiempo había estado mirándolo como una idiota? - ¿Te has vuelto sorda?
-N-no, para nada – le contestó ella con las mejillas aún enrojecidas – Sólo estaba pensando.
-¿En qué? – le preguntó con un tono de voz cargado de burla.
-Eso no te incumbe, Malfoy – le respondió ella comenzando a enfadarse.
-Así que he vuelto a ser Malfoy para ti ¿Ah? – soltó junto a una risa ronca y se levantó de su asiento para acercarse a ella – No sabía que era un factor tan distractor para ti, Granger. Has pasado media hora leyendo la misma página y mirándome como si fuera comestible.
-¡Eso no es cierto! – le gritó Hermione aún más enrojecida y furiosa por la desfachatez del rubio de sacar aquel tema de conversación.
-Claro que lo es y te informo que es descortés mirar a una persona de esa forma si no has sido capaz de entablar una conversación con ella por casi dos semanas – le contestó con voz fría e impersonal, haciendo énfasis en las palabras "dos semanas".
-No sabía que te importara tanto que no me molestara en dirigirte la palabra, Malfoy – le dijo ella dispuesta a jugar su mismo juego.
-Ni siquiera me importa que no me dirijas la palabra en toda tu vida, no eres tan importante como te crees, Granger – le dijo Malfoy comenzando a apretar los puños claramente enfadado.
-Entonces, ¿Por qué lo mencionas? – le contestó Hermione cruzándose de brazos sobre su pecho – ¡Tú no eres más que un cobarde que a pesar de todo no has sido capaz de sostenerme la mirada desde que pasó lo que pasó! – Aunque no quiso Hermione sonó muy resentida y aquello la enfureció aún más, sus ojos se llenaron de lágrimas de rabia contenida.
-Retira eso- le contestó Malfoy con el cuello rojo, tenía una vena que se hinchaba cada vez más y amenazaba con explotar bajo su piel – Retira lo dicho, ¡Ya!
-No lo haré, eres un cobarde y un imbécil Malfoy – Hermione vio como el rostro del rubio se contrajo de dolor y se sintió inmediatamente culpable.
-¿Cobarde?- le preguntó con la voz baja – Tú has sido la que ha escapado los primeros días, la que no ha sido capaz de responder alguna de mis preguntas, ni siquiera has pensado en Theo… Eres una egoísta, Granger, ¡una maldita egoísta de mierda! – le gritó el Slytherin avanzando hacia ella con rapidez y tomándola fuerte del brazo.
-Suéltame – le advirtió ella.
-No hasta que me des explicaciones- Malfoy fue tajante, lo cual a ella la asustaba, no quería verse en la obligación de confesar como se sentía la mayor parte del tiempo con respecto a él y su presencia. El Malfoy furioso desprendía un aroma aún más embriagador que el que estaba acostumbrada a sentir, sus pupilas se dilataron y su respiración comenzó a acelerarse, estaba muy malditamente cerca de ella.
-Que me sueltes ahora mismo o no respondo, Malfoy – le dijo con tono claro de advertencia.
-No- le espetó acercándose un poco más.
Hermione no supo muy bien lo que sucedió a continuación, ella lo abofeteó con toda la fuerza que pudo, pensando que con eso podría soltarse e irse rápidamente hacia la salida, antes de que cometiera algo de lo que no se sentiría muy orgullosa.
Pero no sucedió.
Luego de la bofetada, lo único que pudo hacer fue soltar una exhalación de asombro cuando sintió sus labios calientes presionados con fuerza contra los suyos y su mano sujetando con fuerza su cintura. La piel de Hermione ardió bajo su tacto, sus sentidos volados kilómetros por encima de lo que estaban acostumbrados a trabajar y comenzó nuevamente a sentirlo.
Sentía su ira, su deseo y su necesidad, lo sentía por completo a él, sus manos fuertes y duras la apretaban hasta el punto de lastimarla, pero ella necesitaba más, más cercanía, más contacto, más dolor si era necesario para fundirse en su piel.
Se subió de un salto a su cintura y el rubio la tomó rápidamente del trasero, apretándola lo más posible a su cuerpo, sus bocas estaban sedientas, hambrientas del otro, el beso se había vuelto desenfrenado, era una danza de lenguas que buscaba consumir al otro completamente o morir en el intento.
Ya nada más importaba, sólo el uno y el otro.
Hermione sintió algo duro bajo ella y haciendo un esfuerzo sobrehumano separó sus labios de los de Draco y vio que estaba sentada sobre la mesa con el Slytherin entre sus piernas, éste no perdió el tiempo y comenzó a besar y lamer cada centímetro de su cuello, a lo que Hermione no pudo reprimir un gemido, todas sensaciones eran tan intensas, tan abrumadoras y ardientes que tuvo que cerrar los ojos, se sentía mareada del deseo.
Pronto se unió a Draco y comenzó a lamer la línea de su mandíbula, arrancándole un jadeo sensual, que la impulso a seguir jugueteando mordiendo la piel de su cuello, en un punto bajo su oreja.
Cuando Hermione comenzaba a arrancarle el abrigo, un repiqueteo los sacó de su burbuja y la bruja lo aprovecho para intentar pensar con la cabeza fría y recordarse el por qué no debían estar sucediendo aquellas cosas, lo empujó y se bajó de la mesa rápidamente, con las mejillas tan coloradas que las sentía arder, comenzó a arreglar su ropa y tosió levemente para intentar romper el silencio incomodo que se había formado. Cuando alzó la vista se encontró con un cuervo negro y majestuoso, estaba chocando su pico contra la ventana de manera persistente y Hermione se dio cuenta que traía una carta amarrada en su pata.
-Maldita ave- dijo Draco enfadado.
-Que extraño…- murmuró Hermione mientras abría la ventana para que el ave entrara y cuando se posó sobre la mesa le desató la dichosa carta – No tiene remitente.
-Es el cuervo de Snape, dámela- dijo Draco con molestia. Hermione rodó los ojos y le entregó la carta al Slytherin, que procedió a leerla en voz baja – Snape está con Theo e irán mañana por la noche a ver al Señor Tenebroso… Algo me pinta mal dentro de todo esto.
-Theo no ha dado señales de vida en dos semanas, ni siquiera una- dijo Hermione mientras se arreglaba el pelo en una coleta – ¿No te parece extraño que sepamos de él cuando Snape lo encuentra?, ¿Se habrá metido en problemas?
-Es exactamente lo que estaba diciendo, Granger- dijo Malfoy rodando los ojos.
-Eres insoportable – le contestó ella con los brazos en jarras.
-Igualmente – le contestó éste mientras tomaba su bolso y se dirigía hacia la salida – Debo ir a averiguar qué sucede, te veo mañana en el gran comedor, esperemos tener noticias para ese instante – dicho esto se marchó y Hermione se quedó con la despedida en la boca.
-Imbécil – susurró con molestia y se pasó los dedos sobre los labios, intentando quitar el sabor del rubio que aún yacía en ellos.
Al día siguiente Hermione se levantó aún molesta por lo sucedido con Draco la tarde pasada, pero a pesar de eso cumplió su promesa y luego de una larga ducha fría y tomar lo primero que encontró en su armario, se dirigió hacia el Gran Comedor.
Los estudiantes eran pocos así que las mesas se habían juntado para generar un ambiente más íntimo y familiar en los que no hubiesen podido viajar a su hogar. La Gryffindor se sentó junto a unos pequeños de Hufflepuff de segundo año y se dispuso a tomar unas tostadas y jugo de naranja.
Dumbledore se hallaba como siempre en la mesa de profesores, en la silla central, conversando alegremente con los profesores que pasaban la navidad, al igual que él en el castillo. De pronto Madame Pomfrey entró como alma que se lleva el diablo al Gran Comedor, ocasionando que todos los alumnos se dieran vuelta hacia ella, Dumbledore se levantó de su silla y se dirigió a hablar con ella.
Hermione sintió curiosidad e intentó agudizar el oído, tratando de captar la conversación que se daba entre ambos.
-…¿Estás segura Poppy?
-Claro Albus, les he escrito personalmente pero aun así la han enviado de vuelta – dijo Madame Pomfrey indignada.
-Bueno… la señorita Bell puede volver al Colegio, en eso no hay problemas – le respondió Dumbledore tomando su mano para tranquilizarla – La tendremos vigilada, Poppy. No debes preocuparte.
-Está bien, Albus – dijo resignada ella.
-¿Dónde se encuentra la señorita Bell? – le preguntó el Director con una sonrisa, buscando a la chica entre los alumnos.
-Afuera- dijo Madame Pomfrey- ¿Katie?, ya puedes entrar cariño – la llamó la enfermera.
Hermione sorprendida miró hacia la entrada del Gran Comedor y vio a Katie Bell entrar pausadamente, la examinó con la mirada y se dio cuenta que ya se encontraba perfectamente bien, lo cual la hizo exhalar con brusquedad, hasta ese momento no se había percatado que estaba contiendo la respiración.
En sí Katie era una buena chica, bastante amable, pero tampoco era muy cercana a ella como para preocuparse de esa manera por su bienestar, estaba preocupada por Draco, Hermione estaba al tanto lo mucho que haber atacado indirectamente a Katie había causado en el Slytherin, había visto su sufrimiento y sentido su remordimiento en carne propia. Draco había hecho aquella terrible acción no por puro placer o seguir órdenes. No, Draco había actuado por temor a las represalias a su familia.
-Buenos días, director- dijo Katie un poco avergonzada por haber captado la atención de muchos de los presentes.
-Buenos días, señorita Bell, ¿Cómo se encuentra? – le respondió este con una amable sonrisa.
La conversación entre ellos siguió y Hermione volvió a perderse en sus pensamientos mientras tomaba unos tragos de su jugo de Naranja, estuvo así un par de minutos hasta que una punzada le atravesó el pecho e instintivamente dirigió su mirada hacia la entrada del comedor.
Lo que vió la dejó sin palabras.
Draco Malfoy estaba parado en la puerta del Gran Comedor, prácticamente petrificado viendo a Katie Bell como si alguien hubiese visto un fantasma. Las facciones de su cara se habían contraído por el horror y la culpa, Hermione sintió dolor, un dolor que no sabía de donde provenía, lo sentía como propio, pero también sabía que éste provenía del Slytherin que había comenzado a hiperventilar a unos diez metros de ella.
Draco no podía apartar su mirada de esas tres personas conversando ajenos a su presencia y luego de un par de minutos se dio vuelta con violencia y sólo reaccionó en salir apresuradamente del lugar, Hermione dudó unos segundos y optó por escabullirse del Gran Comedor para ir en busca del rubio, impresionantemente el verlo así, vulnerable, atemorizado y culpable, le había dolido hasta lo más hondo de su alma.
Salió sigilosamente del Gran Comedor y comenzó a correr sin rumbo fijo, esperando encontrárselo en algún rincón, detrás de alguna armadura, de algún salón de clases, pero no lo veía por ningún lado.
Draco Malfoy no estaba por ningún lugar y Hermione comenzaba a desesperarse, se apoyó en la pared del corredor del ala oeste y puso sus manos en las rodillas, intentando recuperar el aliento, necesitaba despejar su mente para poder pensar claramente.
¿Dónde podría haberse ido Draco?
Y como por arte de magia se le vino un lugar a la mente, el baño de prefectos, no estaba segura si era una idea de ella o simplemente era producto de aquel extraño lazo que ahora compartía con el Slytherin, pero corrió nuevamente con todas sus fuerzas en busca de él.
Lo encontraría, claro que lo haría.
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Hola bellos lectores,
lamento no haber subido el capítulo ayer, tuve un problema con la conexión a Internet de mi hogar y no pudo subirse.
Espero sigan teniéndome esa bella paciencia 3
+AnnaDramione: Bella me encanta que me comentes todo lo que quieras, amo los comentarios, de verdad :D. Me pone muy contenta que te guste y disfrutes lo que escribo, te doy las mil gracias de darte el tiempo de leerme y comentar las teorías y tus impresiones de los capítulos 3, me hace sentirme más conectada contigo!
Feliz cumpleaños atrasado, si hubiese sabido de esto créeme que te hubiese hecho una maratón de capítulos, pero te tendré en consideración la próxima vez que suba contenido, tan sólo espera y verás jejejeje, nos leemos pronto!
