Landline
Una adaptación a Crepúsculo por Redana Crisp
Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rainbow Rowell. Yo sólo los mezclo y juego con ellos.
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Capítulo 17
En el momento en que Bella se detuvo en la calzada de su madre, se encontraba cien por ciento segura de que si llamaba a Edward esta noche desde el teléfono amarillo, él contestaría en el pasado.
O al parecer, eso era lo que se suponía debía ocurrir.
Y se encontraba mil por ciento segura de que lo llamaría. A pesar de que podía ser peligroso. (Si fuera real.) (Bella tenía que escoger un lado, real o no real, y mantenerse en él.)
Tenía que llamar. No puedes sólo ignorar un teléfono que llama al pasado. Ni puedes saber que está ahí y no llamar.
Bella no podía, de todos modos.
Sea lo sea que estuviese pasando, este papel se lo habían dado a ella. Edward no era el que tenía un teléfono mágico que podría llamar en el futuro.
(Dios, tal vez debería probar esa teoría, podría pedirle que llamara a su yo del pasado... No. De ninguna manera. ¿Y si su madre respondía, y empezaba a hablar de Alice y Bree y el divorcio? ¿Qué pasa si Bella contestaba el teléfono en 1998 y decía algo horrible e inmaduro, y lo arruinaba? Claramente no podía confiar en la Bella de mil novecientos noventa y ocho.)
Rosalie abrió la puerta de la casa antes de que Bella pudiera tocar.
— ¿Hay una pizza en camino? —preguntó Bella.
—No.
Bella se quedó afuera en el porche.
—En el horno —dijo Rosalie, rodando los ojos—. Sólo entra.
Bella lo hizo. Su mamá y Phil cenaban en la cocina.
—Estás en casa temprano —dijo su mamá—. Hice una ensalada cesar, si tienes hambre, y hay Puppy Chow (9) para el postre.
Los perros empezaron a ladrar debajo de la mesa.
—No es para ti, mamita —dijo la mamá de Bella, inclinándose para hacer contacto visual con la embarazada—. Este puppy chow es para las mamás y los papás mayores. Las pequeñas mamás no pueden tener chocolate… lo juro, Kenny, entienden lo que decimos.
Rosalie se encontraba de pie a un lado de la puerta principal, tirando de la cortina, por lo que podría asomarse en un ángulo.
Todos eran conscientes del hecho de que Bella se hallaba aquí. Incluso los perros seguían cada movimiento con sus pequeños ojos.
Bella probablemente podría volver a casa sin tener que hablar con su mamá al respecto. Su madre acababa de empezar a descongelar otra chuleta de cerdo para la cena y quejarse cuando Bella dejó su bolso sobre la mesa, tal vez su madre pensó que regresaría a casa.
—Gracias —dijo Bella, en dirección a su habitación—. No tengo mucha hambre.
— ¿Vas a venir más tarde? —preguntó su mamá.
—No —gritó Bella—: ¡voy a llamar a Edward!
— ¡Dile que mandamos saludos! ¡Y que todos todavía lo amamos! ¡Dile que siempre será parte de esta familia!
—No le voy a decir nada de eso.
— ¿Por qué no?
Bella se encontraba a mitad de camino por el pasillo.
— ¡Porque va a pensar que estoy loca!
Abrió la puerta de su dormitorio, y rápidamente la cerró, pensó un momento, y luego empujó un aparador contra ella. Corrió hacia el armario y empezó a vaciar las cosas de su habitación. Había enterrado el teléfono en la parte inferior, bajo un viejo saco de dormir, un par de rollos de papel de regalo, con los patines de la escuela primaria...
Ahí estaba. Ahí.
Bella cayó sobre sus talones y se quedó mirando el teléfono, sin estar segura de si debía tocarlo, o debía frotarlo tres veces y pedir un deseo.
Tomó el auricular y lo acercó a su cabeza. No había tono de marcado.
Bueno, por supuesto, que no había tono de marcado, ya que no se encontraba enchufado. No estaba enchufado al portal de espacio/tiempo que había en la pared detrás de la cama (risa maniática.)
Ella se arrastró hasta su cama y miró debajo para conectar el teléfono. Luego se levantó de nuevo, desenredó el cable de los resortes de la cama y se apoyó en la cama con el teléfono en su regazo.
Bien. Aquí estamos. Es hora de llamar a Edward.
Edward…
Bella contuvo el aliento mientras marcaba su número y después lo expulsó cuando contestó al teléfono en el primer tono.
— ¿Hola?
— ¿Edward?
—Hola —dijo. Podía oír la sonrisa en su voz. La que sólo movía apenas un poco su mejilla—. Pensé que podrías ser tú.
—Así es —dijo—. Soy yo.
— ¿Cómo estás?
—Estoy…—Bella cerró los ojos y se dio cuenta de que todavía no había exhalado correctamente. Lo hizo ahora, abrazando sus rodillas y poniendo el teléfono en el suelo a su lado. Este era Edward, todavía allí. Todavía tomaba sus llamadas—. Mejor ahora —dijo, frotándose los ojos en la parte posterior de la muñeca.
—Yo también —dijo, y Dios, era bueno escuchar eso. Dios, era bueno escucharlo.
Bella y Edward nunca pasaron tanto tiempo separados, no desde que se casaron.
Ella se volvía loca, sin hablar con él todos los días, sin estar con él. En el presente. En la vida real.
¿Era eso lo que pasaba aquí? ¿Alucinaba Bella estas llamadas telefónicas porque extrañaba Edward? ¿Porque lo necesitaba?
Lo necesitaba.
Edward era hogar. Era algo básico.
Edward se encontraba siempre con Bella, sincronizados, y empezando juntos todos los días. Él era el único que la conocía exactamente como era. Debería decirle acerca de esta mágica locura del teléfono. Ahora mismo.
Podría decírselo, siempre podía decirle a Edward cualquier cosa. Bella y Edward eran malos en un montón de cosas, pero eran buenos para estar al lado del otro. Edward era especialmente bueno en estar al lado de Bella, estar allí cuando ella lo necesitaba.
Pensó en todas las veces que se quedó hasta tarde para ayudarla con un guión. La forma en que estuvo a su lado después de que Alice nació (cuando Bella se encontraba deprimida y con dolor y luego, en la terrible lactancia materna). La forma en que nunca la hizo sentirse loca, incluso cuando actuaba como una loca, y nunca la hizo sentirse como un fracaso, incluso cuando ella fallaba.
Si había alguien con quién podía hablar de esto, era con Edward.
— ¿Bella? ¿Te perdí?
—No —dijo ella. Jesús. No podía decírselo a Edward—. Estoy aquí.
—Háblame de tu día.
Bueno, primero desconecté mi teléfono con magia, entonces me metí en el auto eléctrico…
—Trabajé con Jasper en Passing Time —dijo, porque era lo único verdadero que Bella podía decir con seguridad.
Inmediatamente deseó poder cambiar lo que dijo. Mencionar a Jasper era como una desconexión con Edward; eso era tan cierto en aquel entonces como ahora. (Bien, entonces, tal vez no podía hablar con Edward acerca de todo.)
—Ah —dijo, con la voz notablemente más fría.
— ¿Qué hay de ti? —preguntó.
—Yo... —Se aclaró la garganta. Lo oyó conscientemente dejar que el enojo se fuera. Edward todavía hacía eso, también. La irritación se congelaba en su rostro, y a continuación, la quitaba de encima—.Ayudé a mi madre a hornear más galletas —dijo—. Hizo unas pocas para ti.
—Gracias.
—Entonces me las comí.
—Bastardo.
Rio.
—Y luego... conocí a ese hombre que mi padre quería que conociera, el tipo que era el policía del ferrocarril.
Le tomó un segundo para comprenderlo. El amigo del padre de Edward, el policía del ferrocarril. Cierto. Hubo un trabajo que Edward pensó hacer, nunca seriamente, en Forks.
—Sigo pensando que lo has inventado —dijo
—No lo estoy inventando.
—Detectives del ferrocarril. Suena como un drama de una hora en la CBS.
—Suena muy interesante —dijo Edward—. Como las mejores partes de la labor policial, el pensamiento y la resolución de problemas, pero no tener que caminar o contestar las llamadas al 9-1-1.
—Esta semana en Detectives del ferrocarril —bromeó Bella—, el equipo descubre un alijo de vagabundos somnolientos…
—Algo por el estilo.
— ¿Busca oceanógrafos el ferrocarril?
—No. Gracias a Dios. Emmett, el amigo de mi papá, dijo que no importaba el grado en que estuviera, que cualquier experiencia con las ciencias ayudaría.
—Oh —dijo Bella—. Eso está muy bien. —Trató muy duro de decirlo en serio.
—Fue bueno —dijo—. Luego vine a casa, encontré a Tanya, y acabé comiéndome un helado con ella.
Jesús, todo el día de Edward sin Bella había sido un ensayo general.
—Tanya—dijo ella—.Eso es... estupendo. Apuesto que Tanya piensa que debes convertirte en un detective de ferrocarril.
— ¿Y tú no? ¿Qué estás diciendo? —Sonaba frío otra vez.
—Nada. Lo siento. Sólo...Tanya.
— ¿Estás celosa de Tanya?
—Hemos hablado de esto —dijo Bella.
—No, no hemos hablado. —Edward estuvo en desacuerdo.
Estaba en lo cierto; en 1998, no lo hicieron.
—En realidad no estás celosa de Tanya —dijo.
—Por supuesto que sí. Ella era tu prometida.
—Sólo algo así. Y rompí con ella por ti.
—No se puede tener algo así como una prometida, Edward.
—Sabes que yo nunca quise proponérmele…
—Eso lo hace peor.
—Bella. No puedes estar celosa de Tanya, es como el sol estando celoso de una bombilla.
Ella sonrió. Pero se mantuvo discutiendo.
—Puedo estar celosa de cualquiera que sea que te tuviera primero. Si fuera a la tienda de batidos y compartiera un batido de leche con mi ex novio-barra-casi prometido, estarías celoso.
—Cierto. —Edward resopló—. Pero yo no debo estar celoso cuando tú pasas todo el día con Jasper.
—Jasper no es mi ex-novio.
—Dios, no, él es peor.
Reglas, quería gritar Bella. ¡Reglas, reglas, reglas! ¿No existían todas sus reglas en 1998?
—No se puede comparar a Jasper con Tanya —dijo—. Nunca dormí con Jasper.
Hubo un fuerte chasquido, alguien tomando otro teléfono. Bella se llenó de pánico, como si estuviera en la secundaria y hubiera pasado su toque de queda en el teléfono, y casi colgó.
— ¿Bella? —Su mamá sonaba vacilante. Quién sabe cuándo fue la última vez que había tomado el teléfono fijo.
—Sí, ¿mamá? ¿Necesitas usar el teléfono?
—No… me preguntaba si querías algo de puppy chow.
—Gracias. Todavía no.
— ¿Es Edward?
—Sí soy —dijo Edward—. Hola, Liz.
Bella hizo una mueca. Su madre solía insistir en que Edward la llamara "Liz." Y luego, después de que él y Bella se comprometieron, había insistido en que la llamara "mamá", lo que al principio lo puso muy incómodo.
—Siento como que estoy engañando a mi mamá—había dicho.
—Sólo intenta no decirle nada —le aconsejó Bella—. Me enojé con ella una vez, cuando tenía catorce años, y no la llame "mamá" por un año.
—Oh, cariño —la mamá de Bella susurró en el teléfono—. Todavía es "mamá". Todavía somos familia. Se suponía que Bella te lo dijera. Nada de esto afecta a nuestros sentimientos por ti.
Bella se dio cuenta de que Edward se quedó sin habla.
—Está bien, mamá —dijo Bella—, gracias. Voy a hablar contigo más tarde.
—Gracias, Liz —dijo Edward.
Su madre suspiró.
—Ahora, Edward, dile a tu madre que dije hola…
Oh Dios, oh Dios, oh Dios. En 1998, la madre de Bella y Esme ni siquiera se conocían todavía.
—Mamá —Bella la cortó—. Edward y yo hablábamos de algo realmente importante, y necesito que cuelgues ahora.
—Oh, por supuesto. Edward, cariño…
—Ahora, mamá. Te lo ruego. —Si esto se prolongara mucho más tiempo, Bella retrocedería todo el camino de vuelta a la niñez temprana.
Su madre suspiró.
—Muy bien, puedo entender. Adiós, Edward. Ha sido bueno escuchar tu voz.
Si ella hubiera mencionado a las niñas, Bella empezaría a gritar. Lo haría. Debía averiguar cómo explicarlo después.
—Adiós, mamá.
Su madre suspiró en el receptor hasta el segundo en el que colgó.
Bella no estaba segura de cómo recuperarse.
—Entonces —dijo Edward—,supongo que tu madre piensa que rompimos.
Ella tomó un segundo para sentirse totalmente respaldada por su pensamiento, entonces dijo—: También pensé que lo hicimos, hasta hace unos pocos días.
— ¿Pero no ahora?
—No —dijo Bella—, ahora no.
—No importa lo que pase —dijo—, nunca voy a llamar a tu madre "Mamá". Es muy raro.
—Lo sé —dijo ella—. Te cubriré.
Edward comenzó una oración, luego se detuvo. Entonces empezó otra vez.
— Bella, yo… bueno, nunca dormí con Tanya.
—Pero… —Bella se detuvo—. Sí, lo hiciste. Se comprometieron.
—Nunca me acosté con ella. —La voz de Edward cayó—. Ella quería esperar hasta el matrimonio. Su primer novio fue un monstruo, por lo que ella reclamó su virginidad.
— ¿Reclamó su virginidad?
—Déjalo, Bella. Puede hacer lo que quiera con su virginidad.
—Cierto —dijo Bella, asintiendo—. Cierto... no suena como una mala idea, en realidad. Tal vez reclame la mía antes de que vuelvas. En el nombre de la Reina Elizabeth.
Edward sonaba como si se estuviera riendo.
—Porque ella era la reina virgen (39)—dijo Bella.
—Lo entiendo.
Bella estaba tranquila. Edward nunca se acostó con Tanya. Siempre asumió que tuvo sexo fabuloso y joven con Tanya. Recién descubierto sexo adolescente. "Comer hot dogs picantes afuera del Tasty Freeze" (40), etcétera.
¿Significaba que nunca tuvo sexo con nadie más que con Bella?
Pensó en su primera vez. En el apartamento de Edward, en medio de la noche.
Riendo y buscando a tientas el condón, y Bella quería superar esta primera vez juntos, para que pudieran llegar a estar juntos, lo que sea que eso significase.
¿Era la primera vez para Edward?
Eso era exactamente el tipo de cosas que él no le diría. A Edward no le gustaba hablar de sexo. Y no le gusta hablar del antes. Antes de que estuvieran juntos, antes de Bella. (A él no le gustaba hablar del ayer.)
Pensó en Edward. Prácticamente un adolescente, pálido como el papel. Concentrado, riendo entre dientes y tocándola como si estuviera hecha de vidrio.
Edward.
—No puedes estar celoso de Jasper—ofreció Bella en voz baja.
—De verdad —resopló.
—En serio. Eso es como el sol estando celoso de…
— ¿Un sol de tamaño comparable?
—Iba a decir la luna.
—El sol, probablemente está celoso de la luna —dijo Edward—. Está un infierno mucho más cerca.
—Jasper y yo solo somos amigos —dijo. Era cierto, siempre había sido cierto. Mejores amigos, pero sólo amigos.
—Tú y Jasper no son sólo nada.
—Edward…
—Es tu alma gemela —dijo Edward. Y por la forma en que lo dijo, sonaba como si ya lo hubiera pensando, como si lo hubiera pensando una y otra vez, como si hubiera escogido esas palabras de forma intencional.
La mandíbula de Bella cayó contra el recibidor.
—Jasper. No. Es. Mi alma gemela.
— ¿En serio? ¿No estás planeando tu vida en torno a él?
—No. —Bella se inclinó hacia delante. Incluso en 1998, eso no era verdad—. No. Dios. Planeo mi vida en torno a mí.
— ¿Hay alguna diferencia?
—Edward…
—No, Bella, admitámoslo. Soy optativo para ti, lo sé. Sé que me amas. Sé que quieres estar conmigo. Pero puedes imaginarte una vida sin mí. Si me voy ahora, si no vuelvo, no tendrás que modificar tu gran plan. Jasper es tu gran plan. Es obvio. No creo que puedas imaginar pasar veinticuatro horas sin él.
— ¿Estás pidiéndome que lo haga?
—No. —Edward sonaba abatido—. No. Sé… lo que tienen juntos. Nunca te pediría que escogieras entre nosotros.
Nunca lo hizo.
A Edward nunca le agradó Jasper, eso no cambió con los años. Pero tampoco se quejaba de él. Nunca se quejaba del tiempo que Jasper y Bella pasaban juntos. De las largas horas o los mensajes de texto en medio de la noche, o los días cuando Edward y Bella llevaban a las chicas a Disneyland, y Bella terminaba sentada en el bordillo de la atracción de Critter Country, hablando con Jasper sobre algún guión de emergencia por teléfono.
Y Bella estaba tan agradecida por ello. Por la aceptación de Edward. (Incluso si era sólo resignación).
A veces se sentía como si estuviera caminando por una fina y precaria línea entre ambos. Como si no hubiera suficiente de ella para ser quien necesitaba ser para ellos.
Si Edward la presionaba, o le exigía algo —si alguno de ellos lo hacía— todo se vendría abajo.
Bella se vendría abajo.
Pero Edward nunca lo hizo. Nunca pareció celoso. Enojado, resentido, cansado, molesto, perdido: sí. Pero no celoso. Siempre confió en ella en lo que a Jasper respectaba.
¿Qué haría Bella si Edward le pedía escoger entre ellos?
¿Qué habría hecho si se lo hubiera preguntado en 1998?
Estaría molesta. Podría haber escogido a Jasper sólo porque no era él quien le pedía que tomara tal decisión. Y porque conoció a Jasper primero — cronológicamente. Lo conocía desde que su abuelo aún vivía.
Bella no sabía en ese entonces lo mucho que llegaría a necesitar a Edward, en cómo se convertiría el aire para ella.
¿Era debido a la codependencia? ¿O sólo por el matrimonio?
—Podrías —dijo.
— ¿Qué?
—Podrías pedirme que eligiera.
— ¿Qué? —Sonaba sorprendido—. No quiero hacerlo.
—Yo tampoco quiero que lo hagas —dijo—. Pero podrías.
—Bella, los he visto juntos. Ni siquiera puedes terminar una broma sin él.
—Sólo son bromas.
—En serio que se te ha pegado la palabra "sólo", ¿no?
—Podrías pedirme que escogiera —insistió.
—No quiero hacerlo —dijo, prácticamente gruñendo.
—Ni siquiera tendría que pensarlo, Edward. Te escogería a ti. Te escogería una y otra y otra vez. Jasper es mi mejor amigo, creo que siempre será mi mejor amigo, pero tú eres mi futuro. —Sin importar que eso no fuera verdad en 1998. Iba a ser verdad. Era algo inevitable—. Eres toda mi vida.
Edward exhaló. Podía imaginarlo negando con la cabeza, parpadeando. Apretando la mandíbula.
—Por favor, no estés celoso de Jasper—susurró.
Permaneció en silencio.
Bella esperó.
—Si me prometes que no tendré nada de que estar celoso —dijo Edward finalmente—que nunca tendré que estar celoso, entonces no lo estaré.
—Nunca tendrás que estarlo, lo prometo.
—Bien —dijo. Luego más firmemente—: Bien. Voy a confiar en ti.
—Gracias.
—Ahora tú tienes que confiar en mí, Bella, porque por Dios santo, no estoy enamorado de Tanya. La verdad es que nunca lo estuve. Incluso si rompieras conmigo y destrozaras mi corazón, nunca volvería con Tanya. Sé que el mundo ya no es plano, no voy a volver con ella.
—Así que, estás diciendo que si rompemos, definitivamente encontrarás a alguien mejor que Tanya. ¿Se supone que eso debe hacerme sentir mejor?
—Me arruinaste para Tanya. Eso se supone que debía hacerte sentir mejor.
—Edward, quiero arruinarte para todas.
—Cristo. —Su voz sonaba cercana, como si estuviera presionando el receptor contra su barbilla—. Ya lo has hecho. No tienes que estar celosa de nadie. En especial no de Tanya, ¿vale?
—Vale —dijo.
Él suspiró.
—Nunca hagamos esto de nuevo.
— ¿Hacer qué?
—Ponerse celoso y desagradable con el otro.
—Es más fácil para ti que para mí —dijo ella.
— ¿Por qué?
—Porque tienes razón. Jasper no es un ex novio. Jasper nunca será algo más.
— ¿Tengo alguna razón para estar celoso de Jasper?
—No.
—Entonces no lo estoy. Fin de la historia.
Bella le preguntó a Edward más cosas sobre los detectives del ferrocarril. Podía decir que quería hablar de ello.
Aparentemente, estuvo considerando el trabajo más seriamente de lo que se dio cuenta.
Intentó no prestar atención al obvio problema con ese plan: significaría mudarse a Forks. Y Bella nunca iba a mudarse a Forks.
Iba a trabajar en la televisión; Edward lo sabía. Y la televisión significaba ir a Los Ángeles.
Parte de ella sólo quería decirle:
No pasará. Nos quedaremos aquí en California. Lo odias. Pero tendrás tus propios aguacates. Algo es algo.
Te gusta nuestra casa. Tú la escogiste. Dijiste que te recordaba a tu hogar, algo sobre las colinas, los altos techos y el único baño.
Y estamos cerca del océano —lo suficientemente cerca— y no lo odias, no como solías hacerlo. A veces hasta creo que te gusta. Te encanta caminar junto al océano. Y a las chicas. Lo dices para endulzarnos. Sonrojas nuestras mejillas y ondulas nuestro cabello.
Y Edward, si no regresas, nunca verás cuán buen padre eres.
Y no será lo mismo si tienes hijos con alguna otra chica, porque no serán Alice o Bree, e incluso si yo no soy tu pareja perfecta, ellas sí que lo son.
Dios, ustedes tres. Ustedes tres.
Cuando me despierto los domingos por la mañana —algo tarde, ya que siempre me dejas dormir un poco más— salgo a buscarte, y estás en el patio, con barro en las rodillas y dos pequeñas niñas girando a tu alrededor en una perfecta órbita. Trenzas sus cabellos, y les permites usar lo que sea que quieran. Alice plantó un árbol de frutas, y Bree comió una mariposa, y lucen como yo porque son redondas y doradas, pero brillan para ti.
Y nos construiste una mesa de picnic.
Y aprendiste a hacer pan.
Y has pintado un mural en cada pared que enfrenta al oeste.
No es tan malo, lo prometo. Te lo juro.
Puede que no seas enérgicamente y pensativamente feliz del 70 al 80 por ciento del tiempo, pero quizá de todos modos no lo serías. E incluso cuando estás triste, Edward—incluso cuando te quedas dormido al otro lado de la cama— sigo creyendo que eres feliz. Por algunas cosas.
Prometo que no es tan malo.
— ¿Bella? ¿Sigues allí?
—Sí.
—Creí que te dormiste.
—Estoy despierta. Recién son las diez.
—Te decía que si tengo que usar un arma… ¿te molestaría?
—No lo sé —dice ella—. Nunca pensé en eso. Es difícil imaginarte con un arma. —Edward ni siquiera mata a las arañas. Las hacía subir a un pedazo de papel y luego las dejaba con cuidado en el pórtico—. ¿Te molestaría a ti?
—No lo sé —dijo él—. Quizá sí. Nunca me gustaron las armas.
—Te amo —dijo ella.
— ¿Por qué no me gustan las armas?
—Por todo.
—Por todo. —Casi oyó a Edward sonriendo. Casi podía verlo también.
No...
Bella se imaginaba a su Edward. Su Edward a los casi cuarenta años. Más sencillo. Más perspicaz. Con el pelo más largo y patas de gallo y la barba un poco más gris.
—Es lo que pasa en el invierno —diría él—. Mis hijas nunca tendrán que saber cómo es llegar del frío y sentir el calor abrirse camino hacia sus dedos.
—Parece que estás diciendo que nunca van a congelarse.
—No puedo tener esta conversación con alguien que nunca ha construido un muñeco de nieve.
—Nuestras hijas han visto la nieve.
—En Disneyland, Bella. Son sólo burbujas de jabón.
—No reconocen la diferencia.
— ¿Y si Perséfone fue quien secuestró a Hades...(41)?
—Estás hablando de fantasías de nuevo.
Su Edward perdió sus rollitos de bebé, su vientre suave y su pequeño indicio de papada.
Una vez que nació Alice, Edward empezó a hacer ciclismo. Ahora iba a todas partes en bicicleta, arrastrando un remolque de color amarillo brillante. Llevando a dos niñas, bolsas de comestibles, animales de peluche, pilas de libros de la biblioteca…
El trabajo de maternidad dejó a Bella sin forma y flácida, y de aspecto perpetuamente cansado. Ya nunca dormía lo suficiente. Nunca recuperó la cintura y evitaba salir a comprar ropa para esta nueva (o no tan nueva) realidad. Ni siquiera se cambió el tamaño de su anillo de boda después de que le apretara demasiado para usar durante su último embarazo. Permanecía en un platillo de porcelana en su tocador.
Mientras que Edward mejoró con el paso de los años, más guapo, más perspicaz, Bella perdió su propio reflejo en el espejo.
A veces, cuando tenía un día libre, salían a caminar al parque, los cuatro, y Bella vería cómo las niñeras y las mamás, amas de casa, miraban a Edward. Ese papá guapo con los ojos azules y hoyuelos sin afeitar.
— ¿Bella? ¿Te estoy perdiendo?
—No. —Presionó el teléfono en su oreja—. Estoy aquí.
— ¿Tenemos mala conexión?
Esta persona en el otro extremo de la línea era Edward. Antes de que fuera de ella. Cuando todavía no era seguro el futuro con Bella. Este Edward era más duro. Más intolerable. Tenía mal carácter. Pero este Edward todavía no renunciaba a ella. Todavía miraba a Bella como si fuera algo completamente nuevo y sobrenatural. Él todavía se sorprendía por ella, encantado con ella.
Incluso ahora, tan frustrado como se sentía.
Incluso ahora, diez estados lejos y medio cansado de ella, este Edward todavía pensaba que ella era mejor de lo que merecía. Más de lo que había esperado que le daría la vida.
—Te amo —dijo ella.
—Bella, ¿estás bien?
—Sí. Estoy bien. —Su voz se quebró—. Te amo.
—Solecito. —Edward sonaba cariñoso y preocupado—. También te amo.
—Pero no lo suficiente —dijo ella—, ¿es eso lo que estás pensando?
— ¿Qué? No. Eso no es lo que estoy pensando.
—Es lo que has pensado —dijo ella—. Es lo que pensaste desde California a Colorado.
—Eso no es justo...
— ¿Y si tenías razón, Edward?
—Bella, por favor, no llores.
—Es lo que dijiste, y dijiste que era en serio. Y nada ha cambiado, ¿verdad? ¿Por qué no hablamos de esto? ¿Por qué pretendemos que todo está bien? No está bien. Estás en Washington y yo estoy aquí, y es Navidad, y se supone que debemos estar juntos. Me amas. Pero tal vez no es suficiente. Eso es lo que estás pensando.
—No. —Edward se aclaró la garganta y dijo otra vez—: No. Tal vez lo pensé. De California a Colorado. Pero entonces... me cansé. Literalmente y peligrosamente me cansé, y allí estaba la cosa con los alienígenas. Y después el amanecer. Y el arcoíris. Te hablé de los arcoíris, ¿verdad?
—Sí —dijo—, pero no entiendo el significado.
—No hay ningún significado. Me cansé. Me cansé de estar enojado. De pensar en callejones sin salida, y todo lo que no es, o podría no ser suficiente.
— ¿Entonces no romper conmigo pareció una mejor idea después de estar despierto durante veinticuatro horas?
—No.
— ¿Y si tenías razón? ¿Y si no es suficiente?
Suspiró.
—Últimamente he pensado que es imposible saberlo.
— ¿Saber qué? —presionó.
—Lo que es suficiente. ¿Cómo alguien puede saber si el amor es suficiente? Es una pregunta estúpida. Al igual que, si te enamoras, si tienes esa suerte, ¿quién eres para preguntar si eso es suficiente para hacerte feliz?
—Pero sucede todo el tiempo —dijo—. El amor no siempre es suficiente.
— ¿Cuándo? —Exigió Edward—. ¿Cuándo es cierto eso?
Todo en lo que Bella podía pensar era en el final de Casablanca (42), y Madonna y Sean Penn (43).
—Sólo porque amas a alguien —dijo ella—, no significa que tus vidas van a encajar.
—Nadie encaja en la vida del otro porque sí —dijo Edward—. Eso es algo en lo que se trabaja. Es algo que logras, porque hay amor.
—Pero... —Bella se detuvo. No quería convencer a Edward de esto, incluso si él se equivocaba. Incluso si ella era la única que sabía de su equivocación.
Sonaba exasperado.
—No digo que todo va a funcionar por arte de magia si la gente se ama lo suficiente entre sí...
Si nos amamos lo suficiente, escuchó Bella.
—Sólo digo —continuó él—, tal vez no hay tal cosa como suficiente.
Bella permaneció en silencio. Se secó los ojos con la camiseta de Edward.
— ¿Bella? ¿Crees que me equivoco?
—No —dijo ella—. Creo… oh Dios, yo sé… que te amo. Te amo mucho. Demasiado. Siento como si me sacaras de mi eje.
Edward se quedó callado por un segundo.
—Eso es bueno —dijo.
— ¿Sí?
—Dios. Sí.
— ¿Quieres colgar el teléfono ahora?
Él resopló una carcajada en el receptor.
—No.
Pero tal vez sí quería. Edward siempre era bueno para hablar con ella por teléfono, pero no era una chica de quince años.
—Ni siquiera un poco —dijo—. ¿Tú?
—No.
—No me importaría prepararme para la cama. ¿Puedo llamarte luego?
—No —dijo ella, demasiado rápido. Entonces mintió—: No quiero despertar a mi madre.
—Bueno. Entonces llámame tú. Dame veinte minutos. Quiero tomar una ducha rápida.
—Está bien —dijo.
—Voy a tratar de atender al primer timbrazo.
—De acuerdo.
—Está bien. —Él sopló un beso rápido en el teléfono y Bella se rio, porque Edward parecía el último hombre en la tierra que besaría a través de un teléfono. Pero no lo era.
—Adiós —dijo ella, esperando el clic.
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39- Elizabeth I sentía una aversión por el matrimonio y quiso ser recordada como la Reina Virgen, pero su vida estaba llena de misterios y dramas y su virginidad era muy cuestionada, por eso el chiste.
40- "Comer hot dogs picantes afuera del Tasty Freeze" es una expresión coloquial del idioma inglés y hace referencia a una canción algo obscena. Se puede decir también "Jack y Diane", ese es el nombre de la canción. Es algo asqueroso pero igual lo voy a explicar. La línea de los hot dogs es la letra de la canción y hace referencia a practicar sexo oral después del sexo cofanalcof (asco). La traducción literal es "chupar" y no "comer". Un ejemplo con lo de Jack y Diane puede ser: "Apuesto que ella le dio una Jack y Diane a su novio" o sea, que los tortolitos cochinos hicieron eso. Espero haberme explicado. Y borren esa imagen de sus mentes. Por favor. Jajaja.
41- Perséfone y Hades es un mito griego. Perséfone es hija de Zeus y Deméter y Hades es su tío. Él se enamoró de ella y la raptó. Que miedo, ¿no? jaja
42- El final romántico de Casablanca es cuando Rick, el protagonista, le dice a Ilsa que escaparían juntos a Lisboa, pero en último momento, él le pide que regrese con su esposo.
43- Madonna y Sean Penn se casaron pero luego de cuatro años se divorciaron. Hubo rumores de violencia y dramas.
Oww, que capítulo más intenso. Confieso que se me salieron algunas lágrimas. Espero que les haya gustado. Me encantó la parte donde Bella quiere decirle todas esas cosas que pasarán pero se queda callada. Un esposo como él. No se limiten a más jaja. Por cierto, ¿están casadas, tienen familia? No me imagino las cosas que les cruzan por la cabeza al leer esto a aquellas que ya formaron una familia.
Yo estoy muy lejos de hacerlo (ESPERO). Apenas voy a cumplir 20. Yo todavía ando suspirando por cositas tiernas y por lo cansada que termino de hacer tareas jaja.
Muchas gracias por sus comentarios. Las amo.
