Cuenta regresiva

Sumario: Desde que era muy joven, Draco sabía que sólo sería cuestión de tiempo para que el Señor Tenebroso fuese a buscarlo.

Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.

Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


1993

—...conservar a un Basilisco debajo de un colegio donde los niños más pequeños tienen once años y hay algunos que jamás tocaron una varita en su vida ni vieron la magia. Sí, claro. ¿Por qué no? Mi madre tenía cabezas de elfos pegadas a las paredes y una colección tétrica de astillas de varitas de cada uno de los antepasados Black, y no es como si Sirius y yo hubiésemos salido demasiado traumatizados, no, nada de eso...

—Severus me dijo que mi padre criaba pavos albinos —Comentó Draco, de pasada, cuando el mago se detuvo al final de la pendiente resbaladiza que llevaba a la entrada de la Cámara y le ofreció los brazos. Se sujetó de Regulus con fuerza y se dejó bajar, sin oponer resistencia—, ¿es verdad?

—Los Malfoy criaban pavos albinos —Le corrigió Regulus, pasándole un brazo por encima de los hombros al reemprender la marcha, a través de los pasadizos húmedos hacia su verdadero destino—, a tu padre le parecía que sólo servían para presumir. Como esa vez que nos hizo perseguir a uno de los pavos para tomar una pluma y hacerle una vuelapluma a Cissy, sólo para pedirle que lo dejase estudiar con ella...

El niño ahogó la risa contra la palma de su mano.

—Severus también me dijo que padre hacía las cosas más raras para llamar su atención.

Regulus asintió, con absoluta solemnidad.

—Mi prima no podía estar menos interesada. Por aquel entonces, tu tía Andrómeda ya conocía a Ted y estaban en ese proceso de "¿estamos juntos? ¿No estamos juntos?", Cissy lo había conocido también y le agradaba, a pesar de sus...diferencias. Luego escuchó a Lucius hacer un comentario sobre la pureza de sangre —El hombre meneó la cabeza—. Le tomó mucho tiempo darse cuenta de que Lucius era un pequeño cretino, repitiendo las palabras de tu abuelo Abraxas, y que si no hubiese sido por la valentía de Meda al salir con uno de ellos, nosotros seguramente hubiésemos terminado igual.

—Aun así, padre estuvo de su lado. En contra de los muggles y todo eso.

Regulus guardó silencio por un largo rato. Para el momento en que volvió a abrir la boca, el pasillo de la Cámara, que finalizaba en la cabeza de Salazar Slytherin, ya estaba a la vista.

—No existe nada, ni nadie, que sea todo blanco o todo negro en el mundo, dragón —El niño-que-vivió soltó un débil quejido cuando el hombre tiró de una de sus mejillas—. Que no se te olvide, ¿bien?

Draco asintió, apartándose antes de que fuese a jalarle las mejillas de nuevo, o a abrazarlo.

La Cámara estaba vacía a simple vista, el lejano correr de agua y un goteo distante eran los únicos sonidos perceptibles, más allá de sus respiraciones. Regulus avanzó por delante de él y giró sobre sus talones, examinando el lugar. Tenía las manos unidas por detrás de la espalda, la varita preparada entre los dedos.

—Hogwarts no tuvo sistema de cañerías por muchos años. Fue una adquisición muggle que las familias sangrepura jamás se explicaron. Bastante lógica, por cierto; nos ahorra tener que ocuparnos de la limpieza con hechizos después de ir al baño —Draro arrugó la nariz, en señal de desagrado, él dejó escapar una risa áspera y entrecortada—. A pesar de que su propio veneno bastó para paralizarlo por un tiempo, Ariadna está segura de haber captado signos de él por allí. Si un Basilisco puede deslizarse a través de ellas, todavía supondría un peligro inmenso para los estudiantes. ¿Estás seguro de querer hacer esto?

El niño no dudó en asentir.

—La profesora A está segura de que puedo controlarlo. Debería seguir a los descendientes de Slytherin, pero el único que quedaba por aquí era el Riddle del diario, así que...—Se encogió de hombros—. Puedo hacerlo. que puedo hacerlo.

Regulus lo observó por un instante, luego asintió. Los dos comenzaron a caminar hacia el fondo de la Cámara.

—¿Qué harás cuando tengas bajo control a un Basilisco gigantesco? ¿Qué comerá? ¿Gryffindors por el desayuno, Hufflepuffs en la cena? —Draco le dio un codazo y le frunció el ceño, reprendiéndolo, pero Regulus tenía una media sonrisa que hacía imposible que cualquier persona con su visión intacta pudiese molestarse.

—Tiene que encontrar su propia comida, o ya habría muerto, ¿cierto? Es decir, lleva aquí miles de años —Se detuvo y emitió un breve "hm", pensativo—. Podría decirle a la profesora A que lo congele, como- ya sabes, como petrificado, pero- pero vivo. No come y no duerme, y no le hace daño a nadie, pero sigue ahí...por si acaso. Tampoco quiero dejar que maten el legado de Salazar Slytherin.

—Sabia decisión. Lucius también lo habría conservado —Se burló él, dándole una palmada sin fuerza en la espalda. Y aunque no hubiese sido el comentario ideal, le sacó una pequeña sonrisa a Draco.

Cuando alcanzaron el pasaje secreto, Regulus lo hizo levitar hasta una de las sobresalientes de la escultura de Slytherin. Él lo siguió y ambos se sentaron, con la mirada puesta en el punto en que se abría la entrada para que el Basilisco volviese dentro de la Cámara.

Las salidas de tuberías aún estaban cerradas, gracias a los encantamientos escudo de la profesora A, renovados cada semana por esta misma, desde afuera de la Cámara. El Basilisco no debía estar tan lejos. Su padrino todavía insistía en que una llamada vía flu al Departamento de Control y Regulación de Criaturas Mágicas era lo lógico. En teoría, sí. El problema serían las preguntas al director y el resto del personal, las investigaciones de lo ocurrido el año pasado, lo que podía salir a la luz.

Las consecuencias. Draco no quería imaginarse el tipo de consecuencias que podría acarrear para Dumbledore. O Potter. Las personas tendían a malinterpretar cosas que los asustan.

Además, Hogwarts era su hogar. Debía verlo como si se tratase de una simple limpieza, una plaga. Así fue cómo ella se lo explicó cuando le habló de la idea que tenían, poco después del comienzo de las vacaciones de verano, momento idóneo para llevarla a cabo, porque no pondría en peligro a nadie que no tuviese conocimiento de lo que pasaba.

Y bueno, si a Draco le resultaba divertida la idea de controlar un Basilisco, era otro asunto. Su motivación principal era tan noble como cabría esperarse. O algo así.

Regulus le hizo una seña para indicar que estaba listo. Tenía los brazos en alto, la varita en ristre. Si perdía el control, si ocurría cualquier suceso inesperado, él los sacaría de ahí tras lanzar un hechizo a la gigantesca serpiente. El director había retirado los campos antiaparición, desde su oficina, en esa área, con dicha finalidad de escape para ambos. Luego se había ofrecido a acompañarlo, pero Draco decidió que prefería realizar su tarea con Leonis.

Sal. Sal. Sé que me oyes, sal. Tu Señor se ha ido, pero necesitas de alguien que te guíe.

Un siseo, un sonido de arrastre. El desliz del instante en que la compuerta de la escultura de Slytherin abría la boca y le cedía el paso a la descomunal figura escamosa y grisácea.

El Basilisco se movía, buscaba. Tenía los párpados dobles caídos, así que no había riesgo de mirada mortal, a menos que decidiese abrirlos de pronto. No lo creía.

Me llamo Draco Malfoy. Yo te voy a cuidar.

La serpiente giraba la cabeza, despacio, reconociendo la lengua familiar que le hablaba. Se dio la vuelta y se alzó sobre su cuerpo entero, erguida. Los ojos aún estaban cerrados.

Él tragó en seco.

No más miedo, Draco. No tengas miedo, no tengas miedo. Es una serpiente. Sólo una serpiente.

Yo te voy a cuidar —Insistió, más fuerte. El Basilisco le siseó, elevándose más. Cuando Regulus hizo ademán de lanzar el hechizo, agarró su brazo y lo frenó utilizando toda su fuerza; ignoró la mirada inquisitiva que le dio, para no despegar la suya de la serpiente—. Morirás aquí. Si yo te cuido, un día saldrás, a un sitio donde no te cacen, donde no tengas que vivir con miedo.

El Basilisco se detuvo. Despacio, comenzó a enroscarse en el suelo, bobinas escamosas de metros de largo, relucientes y empapadas por la humedad de la Cámara desde que las tuberías la atravesaban.

No quiero lastimarte. Sólo cuidarte, evitar que dañes a alguien, y que te dañen a ti.

Esperó, tenso, los dedos todavía cerrados e inmóviles sobre la extremidad del otro mago. Regulus contenía la respiración. Puede que él también, no estaba seguro; todos sus sentidos se hallaban en el Basilisco.

Le siseó, lento, bajo. Como si hubiese contestado a una pregunta no formulada, movió la cabeza más cerca.

Hubo un segundo en que Regulus estuvo a punto de hacerlos Aparecerse tan lejos de ahí como la libertad de la barrera se lo permitiese, en que Draco pensó que abriría los ojos, y pasaría a la historia la tragicómica muerte del niño-que-vivió por intentar domesticar a una de las criaturas más peligrosas del mundo mágico.

Estaban sentados en lo alto de la escultura de Slytherin, el Basilisco se alzaba justo frente a ambos. El aliento cálido los golpeó en la siguiente exhalación.

Pero él ya no sentía tanto miedo.

Draco extendió un brazo, la palma hacia abajo. Lo dejó en el espacio reducido que aún los separaba.

Tu amo no te tomó en cuenta. Sé que quieres seguir sus impulsos y matar, pero creo que tú también preferirías vivir libre y que no te amenacen; eso sólo va a pasar si me sigues a mí.

El Basilisco inclinó la cabeza por debajo de su mano. El tacto con las escamas era frío, un poco resbaladizo, duro. Draco lo rozó con los dedos, inseguro, como solía hacer cuando le tocaba la cabeza a Leonis, y escuchó un ligero siseo que respondía.

Sonrió.

—Tienes la misma cara que ponía tu padre cuando un nuevo pavo albino llegaba a la Mansión —Soltó Regulus, todavía con la varita en mano. El niño sólo atinó a reírse.

Por supuesto que conservar a un Basilisco en secreto era una tarea sólo un poco más complicada de lo que la pintaban. Después de que la profesora A le hubiese enseñado a mantenerlo tranquilo, Dumbledore lo llamó a su oficina para hablar de qué comería. La carne estaba descartada, a menos que pudiesen conseguir un sustituto decente.

A Draco se le ocurrió escabullirse a las cocinas con Leonis, de noche, para preguntarle a los elfos qué le darían a un Basilisco. Leales como eran, no hicieron preguntas, sino que comenzaron a dar sugerencias.

Al día siguiente, el niño tenía una lista de sustitutos y el plan de tomar pequeñas porciones apartadas de la cocina y dejar que los elfos las agradasen y multiplicasen, de acuerdo al Principio de la Magia, de que sólo se podía crear más a partir de algo ya existente, en caso de los alimentos. El director sacudió la cabeza con una sonrisa y sabía bien por qué. Era un concepto que Dumbledore le enseñó años atrás.

Tres o cuatro comidas a la semana, visitas cada dos días, y luego descubriría que prefería las lamidas de Leonis que las de la lengua viscosa y enorme del Basilisco, que le ensució más de la mitad de la ropa. Tuvo que explicarle por qué debía mantener los ojos cerrados y aplicarle un hechizo para que no le incomodase permanecer así, por qué las tuberías estaban prohibidas, y por qué no debía dejarse ver.

En un día particularmente extraño, la profesora A y él terminaron metidos dentro de su boca abierta; la bruja recolectaba muestras de veneno para el laboratorio de pociones, Draco le limpiaba los colmillos inmensos con uno de los cepillos para monstruos que Hagrid le prestó.

En otra ocasión, estuvo a punto de morderlo. Tuvo que congelarlo y extraer más de su veneno en baldes, y castigarlo con los vegetales que no le gustaban en la comida. Le pareció que aprendió la lección.

0—

—Draco, ven arriba un momento.

La voz de su padrino se escuchó de todas partes y de ninguna, a la vez, cuando utilizó un encantamiento para que fuese proyectada dentro del cuarto oculto del castillo. Draco se estiró y se sentó, dejando atrás su almohada cálida y peluda, que era el vientre de Leonis, echado boca arriba y profundamente dormido.

Se deslizó fuera de la cama y arrastró los pies por el suelo de las mazmorras sub-subterráneas. La verdad era que podía quedarse en la Torre de Gryffindor, pero la habitación de cinco camas le resultaba demasiado grande y solitaria, sin sus compañeros. Podía optar por un espacio en el dormitorio de su padrino, mas sabía que algunas noches, a Regulus le gustaba subir, y él no tenía ganas de estar en medio cuando hiciesen lo que fuese que hacían que les tomaba tanto tiempo.

Se había adormecido pensando en qué responder a la última carta de Neville. El pobre pasaba por un verano agotador, en constante pánico, sin atreverse a decirle a su abuela lo que ambos sabían que era, o lo que hizo al menos, y le escribía con frases estúpidas y mensajes entre líneas, difíciles de descifrar, que tenía que responder del mismo modo, porque la señora Longbottom podía leer el correo en cualquier descuido.

Supuso que no haría gran diferencia si se demoraba sólo un poco más, un par de horas. A los estudiantes aún les faltaba casi un mes para el regreso a clases, según el calendario.

Se olvidó de tocar la puerta del dormitorio del profesor, luego pensó que en verdad no había problema si era él quien lo llamaba en primer lugar. Asomó la cabeza, lo buscó, y entró sin más miramientos, tirándose sobre uno de esos sillones largos y curvos en que Snape se sentaba a leer El Profeta y sus libros de Artes Oscuras y calderos, a los que apreciaba más que a Regulus y a él.

Ese día, sin embargo, su padrino estaba frente al escritorio donde corregía los ensayos que más le disgustaban durante los períodos de clases, y tenía un pergamino entre las manos. Pero no podía ser lo que creía, porque Draco era el único estudiante en Hogwarts en ese momento; cuando Dumbledore no estaba siguiendo las pistas de un Horrocrux, de viaje o en alguno de sus asuntos importantes de los que no le contaba hasta su regreso, reforzaba sus lecciones más viejas y añadía contenido nuevo a su programa de verano, y podría jurar que tenía buenas notas todavía. Sino, el director se lo habría dicho, ¿cierto?

Snape contestó sus dudas no expresadas cuando se dio la vuelta en el asiento y agitó el pergamino ante sus ojos. Draco hizo un esfuerzo, en vano, por reconocer lo que decía. Sólo alcanzó a distinguir que era su letra la que lo ponía.

—McGonagall me envió esto ayer —Comenzó, antes de que pudiese acribillarlo a preguntas—, ¿sabes lo que es? —Él negó—. Es tu informe de optativas, tu respuesta al qué quieres estudiar en tercero. Y según esto, quieres entrar a Runas Antiguas, Aritmancia, Cuidado de Criaturas Mágicas —Le dirigió una mirada que decía que sabía por qué lo quería. Draco le mostró su expresión más inocente, para no iniciar una discusión sobre por qué perdía su tiempo con un monstruo como el que habitaba en la Cámara, misma discusión que le oyó tener en varias ocasiones con Regulus— y...Estudios Muggles.

Si le molestaba que intentase domesticar a un Basilisco que perteneció a Tom Riddle siendo un poco mayor que él, que hubiese optado por Estudios Muggles, lo dejó aturdido. Snape devolvió el pergamino a su escritorio, y luego se volvió hacia él, a la espera de una explicación.

—Bien, sé que Estudios Muggles tal vez no sea la más interesante de las materias —Opinó, gesticulando para que lo dejase hablar y se mantuviese tranquilo—, pero creo que la necesito. Debo saber sobre su mundo como ellos saben sobre el nuestro, ¿o cómo puedo defenderlos frente a los seguidores de las ideas sangrepura? Puedo hablar de ser sangrepura, por mí, por lo que sé de mi familia, por Regulus incluso. Puedo hablar de los mestizos porque mi tutor, mi ejemplo a seguir —El profesor rodó los ojos, consciente de lo que pretendía para ablandarlo—, es uno. No puedo hablar por los muggles. Matarlos está mal, como estaría mal matar a cualquier mago o bruja, pero más allá de eso- yo no tengo ningún argumento que ponga en su lugar a los sangrepura cretinos que se creen mejores, porque nunca tuve contacto con muggles hasta que conocí a los padres de Hers y-

Snape lo silenció con un gesto. Se miraron por un instante, el niño apretó los labios.

—¿La señorita Granger te convenció de tomarla con ella?

—Yo le pregunté si la tomaba conmigo —Aclaró, en voz baja—. Ella ya sabe todo lo que nos dirán, pero dijo que estaría ahí para ayudarme si me hacía falta. Los dos creemos-

De nuevo, lo calló.

—¿Es tuyo ese razonamiento acerca de los muggles y sus ideas?

Draco asintió.

—Regulus dice que no debo odiar algo que no conozca. Pero tampoco puedo valorar algo sin hacerlo —Vaciló, intentó apartar la mirada y recordó que, siendo Snape con quien trataba, aquello suponía un grave error—. Sólo- quiero saber por lo que voy a pelear. Quiero saber por lo que mis padres murieron, Severus.

—Tus padres murieron porque Lucius se dejó atrapar por los ideales de tu abuelo y Narcissa se negó a entregarte al Señor Tenebroso. Por eso murieron. Lucius Malfoy jamás tuvo contacto alguno con un muggle, Draco, y tu madre sólo...—Snape resopló y negó. Le dio otro vistazo al pergamino con sus opciones y tamborileó con los dedos sobre una en particular—. Imagino que no vas a dejar Cuidado de Criaturas Mágicas, ni aunque sea ese...ese semigigante quien la dé.

Draco sacudió la cabeza. Lo vio apretarse el puente de la nariz y darle otro repaso al pergamino.

—¿Cuál prefieres entre Aritmancia y Runas Antiguas?

—Ambas —Tuvo que abstenerse de encogerse bajo la mirada que le echó. Suspiró—. Quería tomar Alquimia, como Dumbledore y tú hicieron, pero el director dijo que no hubo suficientes estudiantes este año para abrir una sección. Estoy muy seguro de que las Runas podrán ayudarme un día y la Aritmancia es un arte importante para los magos que-

—Son demasiadas materias, Draco, no puedes asistir a todas esas clases al mismo tiempo.

El niño-que-vivió empezó a hacer pucheros quejumbrosos a su reticente padrino, hasta que Snape se recargó en el borde de la mesa y lo observó un rato, con una expresión pensativa.

Mientras Draco intentaba hacerse a la idea de que cuatro materias optativas, las troncales, el Quidditch y el club de duelos de la profesora A no serían suficiente para que se agotase (y comenzaba a tener serias dudas al respecto, también), en Godric's Hollow, Harry Potter bajaba de su escoba y dejaba el partido con su padrino y Peter a la mitad, cuando sus amigos llegaban por flu y Lily lo llamaba desde adentro.

Pansy se le colgó del cuello nada más verlo. Él le palmeó el hombro y no luchó por apartarse, porque no tenía sentido gastar energías en ello. Avanzó con la niña a cuestas, ambos balanceándose como Sirius cuando se pasaba con el whisky de fuego, y ella riendo sobre su oído al saludarlo.

—¿Sabes que tu madre hace las mejores galletas del mundo? —Puntualizó Theo, al verlos entrar a la sala. Nott, el tranquilo Nott, tenía un par de galletas con chispas de chocolate en un plato pequeño, y apuntó hacia un lado, donde Crabbe y Goyle devoraban la bandeja que Lily dejó sólo un momento atrás. No podía decir que estuviese sorprendido por su forma animal de comer y la falta de un recibimiento adecuado; eran peores que Padfoot cuando se ponía inquieto—. Por cierto, ¿para qué querías que viniéramos todos?

Harry se sacudió a Pansy de encima, guiándola hacia el otro sillón y dejándole un plato de galletas en el regazo, para que se quedase quieta unos segundos, y se paró frente a su pequeño y caótico grupo de amigos. Carraspeó. Ya que no bastó para llamar la atención de los dos mastodontes del grupo, elevó la voz.

—¡Vicent Crabbe, Gregory Goyle! —Ambos dieron un brinco y levantaron la cabeza hacia él; expresiones idénticas de estupefacción, acompañadas de mejillas llenas de chocolate y migajas en las comisuras de la boca, fue lo primero que vio de ellos. Rodó los ojos y señaló el sofá de dos plazas. No dejó de mirarlos con el ceño fruncido hasta que estuvieron sentados. Volvió a carraspear—. Bien, hoy tengo tres cosas importantes que decirles.

Pansy se enderezó de inmediato en su asiento y dio un ligero golpe en el reposabrazos del sofá, con la varita que les era inútil si no estaban dentro del colegio, pero que ella llevaba de todos modos.

—Al día seis de agosto de 1993, se abre la sesión número dieciocho de los Caballeros de Walpurgis. La junta es precedida por Harry Potter, nuestro Merlín —Y procedió a apoyar los codos en el mueble y recargar el rostro en las palmas, observándolo con una sonrisita que lo hizo aclararse la garganta de nuevo.

—Recuerdo haberles dicho que no íbamos a ser los Caballeros de Walpurgis porque Riddle tuvo un grupo que se llamaba así cuando estudiaba en Hogwarts —Oh, sí, había preguntado y leído bastante al respecto en los últimos meses. Al menos, sobre ese tema. No pensaba volver a caer, aunque todos asegurasen que no fue su culpa, James lo hubiese llevado con medimagos y psicomagos, y lo hubiesen mimado más que nunca ese verano.

—Tienes un error histórico —Añadió Theo, al terminar su última galleta, y se inclinó hacia un lado, para susurrar a Pansy—. Merlín ya no estaba cuando se formaron los primeros Caballeros de Walpurgis.

—Pero Historia de la Magia Oscura dice que Merlín fue el iniciador del Walpurgis, entonces...

—¿Por qué "caballeros?" —Intervino Crabbe, con el entrecejo arrugado, y apartó su mirada lastimera del plato de galletas para apuntar a Pansy—. Hay una niña aquí. A menos...que no seas una niña, Pansy...

—¿Eres una niña? —Inquirió Goyle, con tal solemnidad que Harry tuvo que apretar los labios para contener la risa cuando notó que su amiga enrojecía de pura indignación.

—¡¿Qué clase de pregunta es esa?! —Chilló, apretando las manos en puños—. ¡Por supuesto que soy una niña, idiotas! Harry, ¡diles algo! ¡No te quedes ahí parado, dejando que me hablen así!

Podía oír la risa histérica de su padrino en la distancia, siendo silenciado sin éxito por Remus. Debían estarlos mirando desde el pasillo que daba hacia las escaleras, probablemente con sus padres.

Sintió que el rostro le enrojecía un poco y les chisteó hasta recobrar el orden. Pansy aún lucía más que dispuesta a jalarle el cabello o atinarle una patada con su pequeño tacón de las zapatillas al primero que hablase. Era divertido cuando se ponía así, incluso más que cuando era pegajosa.

—Las tres cosas importantes que tengo que decirles —Levantó la voz lo justo para que los cuatro lo observasen y se olvidasen de su absurda discusión sin terminar—, comienzan ahora. Primero, Callejón Diagón. Sirius me va a llevar a un partido de Quidditch en Irlanda, con asientos VIP, los últimos días de agosto, así que tenemos que ir antes, y no me gusta estar apurado para comprar mis cosas.

—¿Qué equipos?

—Irlanda contra España —Le respondió a Nott, que asintió. Los otros dos niños lo imitaron.

—Sí, Irlanda y España son una buena razón para adelantar las compras.

—Lo sé —Hizo un gesto vago para dejar el tema de lado—. La segunda semana de agosto, mi familia va con los Parkinson —Pansy levantó los brazos, altiva y sonriente, para señalarse a sí misma con gestos amplios— a Alemania, a algunos de los festivales mágicos de verano y a ver cómo mi padrino se bebe los barriles de cerveza completos. Va a ser divertido. Yo digo que la semana del veinte, debería ser cuando vayamos.

Tres asentimientos simultáneos le respondieron. Miró a Nott al final, cruzándose de brazos. Alzó una ceja.

—¿Y tú qué?

—Vuelvo del viaje a Noruega después del veintidós.

—Bien —Bufó—, iremos después del veintidós. Sólo por esta vez.

Fueron cuatro asentimientos entonces.

—Segundo punto, Quidditch. Crabbe, Goyle y yo vamos a entrenar todo el mes de septiembre en el campo de Hogwarts si hace falta; este año, tengo que estar en el equipo, aparezca otro monstruo en el colegio o no.

—¿Qué haremos nosotros? —Preguntó Pansy, pensativa. Él lo consideró por un momento.

—Ustedes dos irán por el tercer punto de inmediato. La Copa de las Casas. No quiero, por nada del mundo, que Gryffindor se lleve otra, ¡el año pasado sólo nos faltaron veinte puntos, chicos! —Sacudió la cabeza. Todavía le indignaba que hubiesen atrasado algunos partidos de Quidditch por la lesión de Malfoy, y cuando un Bateador Sly tuvo un simple resfriado, les quitaron la oportunidad de jugar completos—. Quiero ver a Slytherin de primero en todas las materias optativas también. El que saque la peor puntuación este año, va a pasar una noche en el Bosque Prohibido.

Tres de ellos dieron un brinco y ahogaron un jadeo. Theo, en cambio, arqueó las cejas.

—¿Como un castigo?

Represalia —Corrigió. Había oído a Remus utilizar la palabra unos días atrás y decidió adoptarla; sonaba bastante elegante—. Nott, tendrás que empezar a contestar a las preguntas de los profesores. Sé que no te gusta, a nadie aquí le gusta, pero Granger se lleva puntos fáciles en las materias en que tú también sabes mucho.

—Haré lo que pueda.

—Noche en el Bosque Prohibido —Canturreó, a modo de recordatorio. Él rodó los ojos y cabeceó hacia Crabbe y Goyle, que intentaban tomar más galletas bajo sus narices, como si le dijese "no me puede ir peor que a ellos". Harry no tenía argumentos para contradecirlo—. Pans, tú harás algo muy importante por mí, algo que ni yo, ni los chicos, podemos hacer.

A medida que lo oía, la niña se inclinaba más hacia adelante, con expresión solemne.

—Dime, Harry.

Hizo una pausa sólo para efectos dramáticos.

—Escuché que las chicas tenían pijamadas el año pasado —Ella asintió— y te hiciste amiga de Greengrass, Bulstrode y Davis, ¿no?

—Sí, y de la Greengrass pequeña también.

—Quiero que...agrandes —Gesticuló con ambas manos, para darse a entender— tu lista de invitadas.

Pansy arrugó un poco el entrecejo.

—¿A quién quieres que me acerque?

—A todas las chicas de Slytherin que puedas. Cuando tres de nosotros estemos en el equipo de Quidditch, pasaremos más tiempo con los estudiantes mayores, pero Slytherin no tiene chicas en el equipo. Ahí entras tú —La señaló—. Hazte su amiga, maneja nuestras influencias entre las chicas, guíalas. Serás como...la reina de mi tablero.

Los ojos le brillaban al oír el término. Harry sonrió y se tragó los quejidos cuando su amiga se levantó para lanzarse sobre él y lo abrazó. Bien, podía soportarlo.

Él no jugaba ajedrez. Lo aburría. Pero si algo comprendió de los fallidos intentos de Remus por instruirlo, era que a pesar de que el rey fuese la pieza más valiosa, era la reina la más útil.

Harry estaba más que satisfecho con su corona imaginaria en ese momento.


¿Les digo la verdad? Estoy terminando de escribir un libro y no sé ni en qué mundo vivo, pero les juro que creí haber actualizado ya esta semana, djdkdk. Cuando me di cuenta de que no, tenía la cara del meme de Pikachu ¿?

Este capítulo es un poco loco, jAJAJA. Me gusta muuuucho la forma de relacionarse de los Sly. Claro, también el Draco que intenta ser un buen elegido ¿?

Sólo diré que la trama del tercer año es…rara ¿?

Como siempre, ¡gracias por leer!